(Viene de la entrada anterior)
El siguiente arco argumental, “Bajos Fondos”, se desarrolla entre los números 41 y 45 y, continuando lo ya expuesto en “Lugarteniente”, nos narra las luchas de poder entre el mundo criminal de Nueva York para llenar el vacío dejado por la desaparición de Kingpin.
La H.C.M., Hormona de Crecimiento Mutante, es una droga que empieza a pegar fuerte en las

Por otra parte, el propietario del Daily Globe, el responsable de publicar la noticia que desvelaba la identidad secreta de Daredevil y que por

Desde que la identidad de Daredevil quedó expuesta públicamente en el arco “A la Vista”, han pasado muchas cosas. Algunos han creído la noticia pero otros muchos permanecen dubitativos o incluso descartan por ridícula la idea de que ambas personas puedan ser la misma. Bendis intenta responder aquí de una forma un tanto novelesca a una de las cuestiones que planteaba aquel giro radical de guión: si la identidad civil de Daredevil es ahora conocida, ¿por qué sus enemigos jurados no han ido a por él en su despacho o su domicilio? Su vida ha cambiado, normalmente para peor. Además de tener en marcha su demanda, ha de proveerse de guardaespaldas en su identidad de Murdock, concretamente Luke Cage y Jessica Jones. Pero también es cierto que la exposición pública de su secreto es lo que permite que Milla, una muchacha ciega a la que salva de un atropello como Daredevil, lo encuentre fácilmente y ambos inicien una relación amorosa.
“Bajos Fondos” es, como ya es la norma en la etapa de Bendis, un arco entretenido aunque no

Tampoco es que resulte apasionante la relación que Matt establece con su nuevo amor, Milla. Bien, ella es ciega, pero este no es un giro particularmente rompedor y la muchacha no desprende el carisma de Elektra o la Viuda Negra ni tiene la faceta atormentada de Karen Page. Y, por último, otro problema de “Bajos Fondos” es su predictibilidad en lo que se refiere a la identidad del brutal asesino y el regreso de Kingpin. Hay tantas y tan interesantes situaciones que explorar en el mundo del hampa neoyorquina una vez ha desaparecido su líder, que hacerlo regresar tan pronto resulta apresurado e innecesario. De hecho, Daredevil siente por Kingping un respeto, casi un afecto melancólico, que bordea lo absurdo si se considera lo que el segundo le ha hecho el primero en el curso de los años. En una escena, Matt le dice a Foggy: “Con Wilson sabía de qué iba. Conocía las reglas”.

El que Bendis utilice los profusos textos para reivindicar su papel del guionista, se cobra su precio en el dibujo. Y es que Alex Maleev se ve reducido a dibujar páginas y páginas de viñetas con cabezas en la parte inferior y abultados globos de diálogo flotando sobre ellas, una tarea que no debe resultar muy gratificante desde el punto de vista creativo. Quizá sea esa la razón por la que aquí, a pesar de que el dibujante, sin abandonar del todo esas imágenes granulosas que remiten al cine negro, perfecciona y limpia su estilo áspero y fotorrealista (incluyendo algunas secuencias

Al final, “Bajos Fondos” es un arco centrado esencialmente en la caracterización, el diálogo y la angustia que el protagonista ha venido acumulando en los últimos doce episodios. Amigos y enemigos se han enfrentado a Murdock cuestionando su moralidad, su ética, su buen juicio y su identidad: desde Foggy al FBI, del Búho a los medios de comunicación pasando por Luke Cage. Es un personaje sumido en un caldero emocional que acabará estallando en el siguiente arco, cuando se enfrente a Kingpin.

Con el arco “Hardcore” (46-50), Bendis cierra los primeros cincuenta números de esta nueva etapa de la colección y la línea argumental que él mismo había iniciado con “Lugarteniente”. En esta ocasión, la historia versa principalmente en cómo Kingpin restablece el control sobre su antiguo imperio, ajustando cuentas, atando cabos, mandando mensajes, haciendo ofertas y tanteando posibles aliados. Matt Murdock hace lo mismo para enfrentarse a sus propios problemas. Por una parte y públicamente, aparece siempre acompañado de Jessica Jones y Luke Cage (los cuales todavía no parecen compartir la relación sentimental que el propio Bendis había apuntado en la serie “Alias”); por otra, profundiza en su relación con Milla Donovan, que parece sentirse peligrosamente atraída por el aura de nobleza y peligro que rodea a Matt-Daredevil. El agente del FBI Harold Driver, que se había presentado en el arco “A la Vista” y que desde entonces había entrado a formar parte del reparto más o menos fijo de secundarios de la colección, recibe aquí un mayor papel, estorbando con su celo profesional y sardónicos comentarios tanto a Kingpin como a Daredevil.
María Tifoidea, la asesina de múltiples personalidades creada por Ann Nocenti para la

Algo parecido aunque algo mejor llevado sucede con la reaparición de Bullseye, quizá la némesis definitiva de Daredevil si atendemos al sufrimiento emocional que le ha causado como asesino de dos de sus amantes. Aquí lo volvemos a encontrar con un aspecto algo distinto (intentando aproximarle al de Colin Farrell en la película del personaje, si bien el resultado se parece curiosamente a Grant Morrison) pero tan siniestro y amenazador como siempre. Eso sí, una vez más, actúa como peón de Kingpin para mantener distraída la atención de Daredevil. Su introducción en la última página del número 48 hacía pensar en algo intenso, pero a la hora de la verdad, todo se reduce a una tensa escena en la que el asesino amenaza a Milla y un combate cuerpo a cuerpo con Daredevil resuelto gráficamente de forma tan plana e insatisfactoria como el del Búho en “Bajos Fondos”.

Resulta decepcionante aunque comprensible, que Bendis decidiera terminar este largo arco del

Ahora bien, nos guste o no, los comics de superhéroes necesitan de una cierta estabilidad; más importante aún: necesitan villanos. Por tanto, era inevitable que Fisk regresara algún día y recuperara su puesto como ilustre némesis de Daredevil. ¿O no?
Y es que si bien traer de vuelta a una figura relevante para el universo de Daredevil supone una claudicación al continuismo y la naturaleza estática de los comics de superhéroes, Bendis ofrece al menos un final que no se burla de los pasos que había ido dando previamente para cambiar las cosas. Esto es, en el desenlace de “Hardcore”, la situación no revierte exactamente al mismo punto de equilibrio que

Es más, ilustrando el deteriorado estado mental de Matt Murdock, éste se enfrenta a su oponente con una fiereza, rabia y violencia equivalente a la que había utilizado contra el Búho en “Bajos Fondos”. Ahora bien, una cosa era abatir a un eterno perdedor como el Búho, y otra aplastar al formidable Kingpin aun cuando éste ya se halle lejos de sus mejores días. Y es que Wilson Fisk es un hombre cambiado. No aparece de vuelta en Nueva York como si nada hubiera sucedido. Está más delgado, se muestra más ansioso (su mujer ha desaparecido junto a la mayor parte de su fortuna) y dispuesto a ensuciarse las manos. Muchos de sus antiguos lugartenientes ya no confían en él ni le respetan. No encontramos en esta ocasión a ese hombre enorme, sofisticado, con pañuelo al cuello y cigarro con boquilla que habíamos visto en la etapa clásica de Marvel. No se

Daredevil detiene a Kingping, sí, pero Bendis le hace pagar –de manera poco justificada, a mi parecer- un alto precio: presentarse ante los jefes de las bandas arrojando a sus pies el maltrecho cuerpo de su abatido adversario, desenmascararse y proclamar que él es el auténtico “rey” de la Cocina del Infierno, amenazando a cualquiera que delinca en su territorio. Y digo que está poco justificado porque parece estúpido haber invertido tanto esfuerzo en negar públicamente su identidad de Daredevil para luego mostrarse abiertamente como tal ante unos individuos muy peligrosos que podrían atacarle a través de sus seres más próximos. Personalmente, creo que esta historia se le va a Bendis de las manos al final. Es cuestión de cada cual que ese remate diluya lo que por otra parte es una historia entretenida de ritmo cinematográfico.
A pesar de las desaprovechadas intervenciones de María Tifoidea y Bullseye, la ausencia de chispa en el romance con Milla, la marginación de las tramas con los agentes del FBI y la droga HCM y el forzado dramatismo de su confrontación final con Kinping, “Hardcore” es una historia de Daredevil que, como suele ser el caso con Bendis, resulta ligera y agradable de leer pese al abundante texto que incluye. Además, no pretende cerrar limpiamente todos los cabos sueltos. Cuando termina, aún tenemos a un Matt Murdock bordeando la locura, con su identidad menos secreta todavía que antes y con sus relaciones personales y públicas en un estado tan frágil como al principio. Después de todo y a pesar de las apariencias, Bendis no ha recuperado el statu quo y hace bueno ese proverbio que reza “cuanto más permanecen igual las cosas, más cambian”.
(Continúa en la siguiente entrada)
Status Quo es una banda de rock. La expresión latina es statu quo. Es una pena que un articulo de este calibre quede empañado por una pequeñez tal.
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