(Viene de entrada anterior)
Hacia comienzos de siglo, Hellboy ya era una institución dentro del mundo del comic, un personaje tan famoso como rentable para su autor y la editorial que lo publicaba, Dark Horse. Sin embargo y como ya vimos, en ese punto Mignola sufrió un atasco creativo mientras trabajaba en la historia de “La Isla”, que lo llevó a rehacerla en primer lugar y paralizarla después, centrando a continuación su atención en la producción de la película de Guillermo del Toro.
Sin embargo, obviamente, la editorial quería
más material del demonio ro
jo y Mignola, ocupado como estaba en desarrollar
además otros aspectos de su universo (“AIDP”, “Bogavante Johnson”), sólo
encontró tiempo y ganas para aportar pequeñas historias cortas que aparecían en
diversas antologías de terror. Por otra parte, empezó a escribir guiones para
otros autores de peso que pudieron así dar su propia versión gráfica del
personaje. Ese fue el caso de “El Hombre Retorcido”, publicado originalmente
como una miniserie de tres números entre julio y septiembre de 2008 y en la que
Mignola colaboró con una leyenda del comic, Richard Corben.
Mignola, cómo no, siempre había sido un gran admirador del trabajo que Corben realizó en el género de terror y fantasía durante los años 70 en las revistas de la editorial Warren, así que decidió escribir esta historia específicamente para él, sabiendo que nadie podía capturar con la misma maestría la atmósfera "sucia", rústica y grotesca de las montañas Apalaches americanas.
No era la primera vez que ambos trabajaban juntos.
Su primera historieta había sido “Makoma” (2006), de la que hablaré en otra
entrada. Pero mientras ésta adaptaba mitos africanos con un tono de leyenda
épica, “El Hombre Retorcido” definió visualmente la etapa del Hellboy errante
por los Estados Unidos profundos. Además, el estilo de Corben alcanzó una
simbiosis total con el guion de Mignola, logrando que el lector olvidara que no
era el creador original quien sostenía el lápiz. Fue tal el impacto (esta
historia ganó un Premio Eisner) que Corben se convirtió a partir de ese momento
en el dibujante de referencia para cualquier historia de Hellboy que tuviera un
fuerte componente de terror visceral y rústico.
En el contexto de la biografía de Hellboy, “El
Hombre Retorcido” se sitúa en 1958, el periodo de "los años perdidos"
del personaje, cuando viajaba por el mundo como un investigador, lo que da más
cancha a historias más íntimas y de terror puro, sin la interferencia de la
AIDP y sus otros agentes. Ambientada en las montañas de Virginia, narra la
historia de Tom, quien regresa a casa después de veinte años ausente para
encontrarse con las dos mujeres que co
noció en su juventud endeudadas con el
diablo. Solo una de ellas, Cora Fisher, desea ser liberada; la otra, Effie,
disfruta siendo una bruja y se burla de su sufrimiento. Hellboy acompaña a Tom
y Cora en su viaje montaña arriba, pasando por las minas de carbón infestadas
de brujas, hasta llegar a una iglesia donde enterrar al padre de Tom, muerto a
manos de Effie. Una vez en terreno sagrado y cobijados por el ciego sacerdote
que allí vive, se creen a salvo, pero entonces el Hombre Retorcido y un grupo
de brujas aparecen para reclamar el alma de Tom como pago por los poderes que
le otorgó Effie cuando ambos eran adolescentes, por mucho que él siempre se
hubiera negado a usarlos.
En el momento de escribir “El Hombre Retorcido”,
Mignola ya hacía algún tiempo que había abandonado los nazis y los horrores
cósmicos lovecraftianos que habían marcado los inicios de la serie para
explorar otros rincones del folklore mundial, incluida la tradición terrorífica
estadounidense y, en concreto, la literatura de Manly Wade Wellman, un autor al
que
Mignola admiraba por su fusión de lo sobrenatural con las leyendas
populares del sur de Estados Unidos. Como en los relatos de Wellman, esta
aventura de Hellboy transcurre en un paraje aislado y opresivo donde el tiempo
parece haberse detenido, dominado por los bosques espesos, las minas
abandonadas y las cabañas solitarias.
Otro paralelismo lo encontramos entre el rol de
Hellboy en esta historia y el protagonista más famoso de Wellman, Silver John.
Ambos son forasteros que recorren las montañas y se encuentran con fenómenos
sobrenaturales que los lugareños no pueden resolver. Aunque Hellboy usa la
fuerza física y John una guitarra con cuerdas de plata, ambos actúan como
protectores morales que empatizan con las tragedias de la gente humilde y
deciden intervenir para ayudarlos. Por otra parte, Wellman no inventaba
monstruos genéricos, sino que investigaba el folklore que los inmigrantes
escoceses, irlandeses y alemanes de la zona habían ido integrando en un corpus
propio. Así, el Hombre Retorcido, el antagonista de Hellboy en esta historia,
es el equivalente a los "señores de las brujas" que aparecen en los
relatos de Wellman. La idea de
un avaro del siglo XVIII que regresa de entre
los muertos para cobrar deudas de almas es un tropo clásico del folklore
terrorífico de los Apalaches que Wellman pulió en su literatura.
El uso de amuletos, las brujas que se transforman en animales y la importancia de los cementerios emplazados en terrenos elevados son elementos que Mignola extrajo directamente de las antologías de Wellman. Lo mismo ocurre con la naturaleza del Mal, que no es una entidad abstracta o elegante (como sería el caso de un vampiro europeo), sino algo sucio, deforme y rústico. El Hombre Retorcido es una figura grotesca, casi ridícula en su deformidad, pero terrorífica por su cercanía.
Muchas de las historias de Wellman giraban en
torno a personajes que han cometido errores y buscan protección contra el
diablo bien en la fe, bien en antiguos rituales paganos. Tom Ferrell, el
personaje que acompaña a Hellboy aquí, es un trasunto de aquéllos: un hombre de
la m
ontaña que regresa a su hogar tras años de ausencia, cargando con un pecado
de juventud (su trato con las brujas) y buscando redención.
Gráficamente, “El Hombre Retorcido” supuso un punto de inflexión para el personaje, abandonando –temporalmente- el expresionismo geométrico de Mignola para adoptar el realismo visceral, sombrío y casi tridimensional de Corben, quien supo capturar perfectamente esa cualidad "mohosa" y muy física que Wellman describía en sus relatos. El arte de Richard Corben posee una cualidad inefable que lo hace parecer vivo gracias a la magistral forma de representar las luces y la textura y su extraña fusión de lo realista con lo caricaturesco y grotesco.
Retrocediendo en el tiempo, “La Penanggalan”,
escrita y dibujada por Mignola como una historia corta para el promocional
"Hellboy: Premiere Edition", distribuido durante la San Diego
Comic-Con de 2004, ahonda en el folkore del sudeste asiático. En 1958, Hellboy
se encuentra en Malasia y una niña lo conduce a través de la selva hasta una
cueva de difícil acceso donde, supuestamente, se oculta un demonio local. Pero
una vez allí, el forastero descubre que la niña es e
n realidad una Penanggalan,
una criatura de formas femeninas que puede desprender la cabeza de su cuerpo arrastrando
consigo sus órganos internos para flotar y alimentarse de sus víctimas humanas.
Como de costumbre, se produce el choque entre el demonio y Hellboy, pero lejos
de ser una batalla épica de corte tradicional, es un encuentro sumamente breve
donde no hay realmente ningún forcejeo físico.
Se trata de una historia anecdótica de apenas unas páginas que no aporta nada al canon del personaje y en la que no hay siquiera una trama propiamente dicha. Es, básicamente, una suerte de “postal” de los viajes de Hellboy por el mundo, reforzando la idea de que el personaje es más un testigo que un simple cazador de monstruos. Eso sí, la Penanggalan es uno de los monstruos visualmente más impactantes de la saga. Mignola aprovecha su estilo de sombras pesadas y alto contraste para resaltar la imagen de la cabeza flotante con las vísceras colgando, logrando un equilibrio tan fascinante como perturbador entre lo terrorífico y lo estético.
“La Hi
dra y el León” es otra historia corta
publicada en 2006 en un tomo recopilatorio y, de nuevo, localizada en el pasado
de Hellboy, concretamente en 1961, en un pueblo de Alaska. Tras el entierro del
conserje de la escuela local, los aldeanos se han asustado al ver una enorme
criatura reptiliana que acecha su tumba. Un lugareño le explica a Hellboy que
él y el fallecido trabajaron juntos en un circo ambulante, pero que lo dejaron
para dedicarse a la pesca en Alaska. Hellboy se queda perplejo al leer el
nombre tallado en la lápida: Hércules. El vecino le explica que el fallecido
usó un alias durante todo el tiempo que se conocieron, pero insistió en que se
usara su nombre real para marcar su tumba.
Hellboy encuentra a la bestia en un claro y,
sobre ella, una niña intentando sacarle un diente. Ésta explica que quiere
añadirlo a su gran colección de reliquias de la mitología griega. Para
impresionar a Hellboy, preocupado como está por despertar al monstruo, ella le
dice que es una leona y emite un rugido, provocando que aquél salga de su
letargo. Después de que Hellboy le parta la cabeza en dos y aparezcan tres en
su lugar, se da cuenta rápidamente de qu
e se enfrenta a una Hidra. En medio de
la batalla, una leona ataca a la criatura y la distrae lo suficiente como para
que Hellboy la derrote y llame a la AIDP para que se encarguen de ella.
De vuelta en el cuartel general, Hellboy, el profesor Broom y otro miembro de la Agencia discuten sobre la posible identidad de la chica. El erudito consultor recuerda que todos los objetos que la chica mencionó provenían de las pruebas de Hércules. El profesor teoriza que la chica era una manifestación física de la culpa de Hércules por todo el daño que causó durante su atribulada vida. El felino sería una referencia al león de Nemea, abatido por el semidios en una de sus legendarias pruebas y cuya piel usó durante la mayor parte del resto de su vida.
Hay un momento cómico en la historia en el que
Hellboy ve de repente al león atacando a la Hidra y, dubitativo, se dirige a él
como “Niña”. Entonces, se vuelve hacia el monstruo contra el que está luchando
y le pregunta “¿Y tú de dónde crees que salió ese león?". Acto
seguido, reanudan
la pelea. Es un breve instante en el que todo se congela y que revela una
suerte de desconexión de Hellboy respecto de su entorno: está tan insensibilizado
por todas las locuras que ha visto, que la aparición repentina de un león para
luchar contra un monstruo mitológico es lo que más le llama la atención. Cuando
más tarde habla con el profesor Broom y le explican la situación, se limita a
golpearse la frente y exclamar “¡Dios!”, como si ya no soportara lidiar con ese
mundo mágico oculto pero paralelo al nuestro.
Este es otro ejemplo perfecto de historia puramente "Mignola": corta, críptica, minimalista y visualmente impactante. No hay grandes diálogos ni largas escenas de acción frenética, siendo el punto focal de la historia el enigma que encarna la niña y la atmósfera que impregna toda la situación. Y, una vez más, Mignola traslada figuras de la mitología griega (la Hidra y el León de Nemea) a un contexto extemporáneo, el paisaje desolado y gélido de Alaska, reforzando de este modo la idea de que los mitos son universales pero también de que estas criaturas son remanentes de un mundo antiguo que ya no tienen cabida en el actual.
“La Bruja Troll” (2004) es otra historia corta
ambientada en las tierras boreales,
concretamente en Noruega. Hellboy se halla
en un pequeño pueblo investigando el asesinato de varios niños. Sus pesquisas
le llevan a una cabaña en las montañas donde vive una bruja a la que culpan los
aldeanos. Al entrar, la mujer, de aspecto grotesco, le llama por su nombre, le
pide que se siente y escuche su relato. Éste trata sobre una mujer que comió
dos flores que le regaló una bruja. La primera, hermosa y amarilla, le permitió
engendrar una bebé preciosa y sana. Pero como quería complacer a su esposo con
un varón, desoyó la advertencia de la bruja y comió la segunda flor, fea y
negra. El resultado fue una hija deforme y con aspecto de troll.
Pese a ser completamente diferentes, las dos
hermanas se volvieron inseparables y años después, cuando los trolls rondan su
cabaña celebrando una festividad local, la hermana bella sale a enfrentarse con
ellos para aliviar la inquietud que siente la otra… sólo para terminar siendo
transformada en vaca. Hellboy interrumpe a la anciana diciéndole que ya conoce
la historia y que tiene un final feliz. La mujer abre u
na caja que contiene la
cabeza de su hermana, revelando que la versión que ha pasado al folclore es
ficción y que la realidad fue mucho más trágica.
Le dice a Hellboy que son los trolls quienes están matando a los niños y le da una cuchara de madera para que la coloque frente a la entrada de su cueva, el mismo utensilio empapado en sangre que usó para derrotar a esas criaturas años atrás. Se burla de él preguntándole cómo se siente al saber que no será su fuerza física sino ese humilde instrumento lo que derrotará a los trolls, impidiéndoles regresar a su cubil cuando amanezca y, por tanto, quedando convertidos en piedra.
La historia funciona como un espejo. La mujer
no es una bruja malvada, sino alguien que entiende lo sobrenatural y vive en
sus márgenes. Hellboy, que suele ser quien elimina a estas criaturas, aquí
simplemente escucha. Hay una camaradería silenciosa entre ambos y,
aunque aquél
entró en la cabaña dispuesto a acabar con la bruja, cuando escucha su relato no
puede sino desarrollar cierta empatía. Al fin y al cabo, comparte con ella algo
muy esencial que ha determinado su vida: llegó a nuestro mundo con la forma de
una criatura pequeña y fea que infundía miedo en quienes no lo entendían, y por
eso fue marginado, guardando un secreto –el de su auténtica naturaleza y misión
en este plano de la existencia- durante la mayor parte de su vida.
La inspiración para “El Vampiro de Praga”
(2007) le vino a Mignola durante su primer viaje a la ciudad del título junto a
Guillermo del Toro para buscar localizaciones para “Blade II” (2002). Allí
conoció una leyenda local, la del jugador fantasma, y años después la adaptó al
universo de Hellboy convirtiéndolo en un vampiro. Inicialmente, su intención
fue la de dibujarla él mismo pero cuando se dio cuenta de que le iba a resultar
imposible, el único autor que consideró apto para la tarea fue P.Craig Russell.
Este guionista y dibujante, famoso por sus elegantes adaptaciones al comic de
óperas pero que ha firmado muchísimos t
rabajos de todo tipo en sus más de
cincuenta años de carrera profesional, ya había colaborado con Mignola
anteriormente, pero siempre como entintador de sus lápices en comics de DC y
Marvel durante la primera etapa de su trayectoria (“Ironwolf”, “Doctor
Extraño”, “Batman”). En esta ocasión, en lugar de aportarle un guion técnico
(esto es, dividido en páginas y viñetas, detallando cada una de ellas), Mignola
le dejó absoluta libertad para montar la historia y enfocarla gráficamente.
“El Vampiro de Praga” es una historia tan
sencilla como descabellada, algo que, por otra parte, es marca de la casa en
“Hellboy”. La historia comienza con el profesor Gustav Kubin explicando que la
capital checa es uno de los lugares más embrujados y hermosos del mundo, hogar
de una gran colección de “almas
atormentadas, fantasmas y espectros”. El peor de esos seres es un antiguo
sacristán de la iglesia de San Pedro que vivió durante la peste. Estaba tan
obsesionado con las cartas que, cuando todos sucumbieron a la epidemia, jugaba
con los cadáveres. Fue por ello maldito y condenado a rondar por las calles de
Praga, alimentándose co
n la sangre de sus víctimas. Eso sí, incluso después de
muerto, siempre tenía que jugar antes a las cartas con ellas. Si ganaban, su
alma quedaba libre. Si lo hacía él, se convertían en su cena.
Si cualquier otro dibujante hubiera ilustrado esta historia, no habría sido más que otra entrega típica de Hellboy. Pero lo que marca la diferencia es, sin duda, el cambio estético que imprime Russell, cuyo estilo más ornamentado, fluido, lineal y detallista que el de Mignola encaja perfectamente con la arquitectura barroca y recargada de Praga. Russell logra capturar tanto la elegancia decadente del vampiro como la contundencia física de Hellboy. En este sentido, es un cuento que prioriza la estética y el ritmo narrativo sobre la sofisticación de la trama.
Una vez más, Hellboy se presenta aquí no tanto como un héroe salvador del mundo como un operario encargado de limpiar la “basura” sobrenatural, en este caso una plaga inmortal que persigue a los vivos. A diferencia de otros vampiros poderosos del universo Hellboy (como Giurescu de “Despierta al Demonio), el de Praga es una criatura casi ridícula en su obsesión, pero no por ello menos peligrosa. Representa la idea de que la inmortalidad a menudo conduce a la locura o a la repetición de vicios mundanos.
(Continúa en la siguiente entrada)

No quiero ser quisquilloso, pero error en la numeración de la entrada, está es la 5
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