(Viene de la entrada anterior)
Con el cambio de siglo, se había hecho evidente que “Hellboy”, independientemente del carisma de su protagonista, la atmósfera que desprenden sus aventuras y el talento gráfico de su autor, había caído en una fórmula repetitiva. Su “receta gótica” funcionaba, sí, pero siempre y cuando sus historias se leyeran de forma espaciada.
Casi todas sus aventuras comenzaban con un
flashback o un fragmento de u
n texto antiguo, ya fuera la Europa de los nazis o
la Inglaterra del siglo XVII, estableciendo así que el problema de turno era el
eco de un pecado cometido en el pasado. A continuación, llegaba la reunión
informativa en la AIDP, donde se aportaba el contexto y propósito de la misión.
Luego, Hellboy, solo o acompañado por uno o más agentes de esa agencia, llegaba
al lugar en cuestión, habitualmente aislado del mundo moderno, desierto, en
ruinas, con abundantes estatuas y/o bajorrelieves ajados por el tiempo y semiocultos
entre las sombras. En este punto, Mignola dedicaba varias páginas a crear la
atmósfera y presentar algún ente o criatura que proporcionaba más información a
Hellboy. Por último, llegaba la gran pelea contra el monstruo, que comenzaba
con el protagonista recibiendo una monumental paliza y terminaba con su
victoria gracias a la mera fuerza bruta o la utilización de algún objeto de poder
místico que alguien le entregó en la fase previa.
Mi
gnola usó esa fórmula durante años para
cimentar su universo y asentar al protagonista, pero llegó un punto en el que
el propio autor sintió que había llegado a un callejón sin salida. Sí, ya
sabíamos más cosas de Hellboy que al comienzo; y sí, había registrado cierta
evolución en lo que se refiere al descubrimiento de su origen y rechazo a su
destino. Pero era necesario dar un giro más pronunciado para que su desarrollo
pudiera proseguir. Y ahí es donde entra la miniserie de cuatro números “El
Gusano Vencedor” (2001).
La historia comienza con la revelación de que los nazis enviaron a un hombre al espacio en 1939, y ahora una cápsula con la esvástica adornando su casco está regresando a la Tierra. Sin embargo, ha realizado tres correcciones de rumbo en las últimas veinticuatro horas, por lo que es evidente que alguien o algo la está guiando de vuelta al castillo austriaco desde donde fue lanzada.
Dado el frecuente trato de los nazis con lo
sobrenatural y los constantes intento
s de villanos de esa adscripción por
provocar el fin del mundo mediante una retorcida trama lovecraftiana, la AIDP
tiene buenas razones para preocuparse, así que envía al lugar a Hellboy junto
con Roger, el Homúnculo que ya había sido presentado plenamente en “Casi un
Coloso”. Casi inmediatamente después de llegar al castillo, Hellboy y Roger
descubren que nada es lo que parece, que hay grandes peligros al acecho, que ni
los ciborgs descabezados ni los gorilas mejorados son fáciles de derrotar en
combate cuerpo a cuerpo, que los viejos nazis nunca mueren (sobre todo cuando tienen
su cabeza conservada en un frasco), que el fin del mundo vuelve a estar a la
vuelta de la esquina y que existió –y todavía existe- un justiciero disfrazado
llamado Bogavante Johnson.
Si todo esto suena a extraña mezcla de
superhéroes, terror y ciencia ficción... es porque así es. Como hemos ido
viendo, Hellboy siempre se ha caracterizado por esta ecléctica fusión de
géneros, y funciona en gran medida porque Mignola logra crear historias
concisas, e
ntretenidas e interesantes a partir de esos elementos tan dispares.
Mignola resuelve definitivamente algunos cabos sueltos que venían arrastrándose desde hace tiempo, como el final de Rasputín y Baba Yaga y el misterio de los alienígenas presentados en "Semilla de Destrucción". A partir de aquí, las amenazas a las que tendrá que enfrentarse Hellboy ya no serán productos de la tecnología o el ocultismo nazis, sino entidades puramente mitológicas y cósmicas.
Por otra parte, se amplía el peso de Roger,
que deja de ser una "curiosidad de laboratorio" para convertirse en
el espejo moral de Hellboy, demostrando una lealtad y humanidad de los que
carecen los directores de la AIDP. Su sacrificio y su voluntad de hierro recuerdan
que la humanidad no depende de las circunstancias de nacimiento, uno de los
temas centrales de toda la obra. También se presenta oficialmente a Bogavante
Johnson (en la continuidad principal, porque ya había apa
recido en cameos o
historias cortas). Este personaje no solo aporta el toque pulp de los años 30,
sino que establece que Hellboy forma parte de una tradición de extraños héroes
que operan en las sombras. Es cierto que se echan de menos otros de los personajes
recurrentes de historias anteriores, sobre todo a Abe Sapien, el sufrido
compañero anfibio del protagonista, pero dado el ritmo de la historia,
encajarlos en la misma sólo habría servido para recargar la trama.
En "El Gusano Vencedor", el arte de
Mike Mignola alcanza lo que muchos consideran su punto más alto, acercándose al
expresionismo alemán y dominando como nadie el espacio negativo. Por ejemplo,
no dibuja cada ladrillo del castillo, sino una sola mancha negra limitada por
unos finos bordes blancos que sugieren profundidad. Esto crea una sensación de
pesadez y fatalidad, como si la oscuridad fuera un personaje más acechando a
Hellboy y a Roger. Asimismo, el castillo en el que se desarrolla la acción es
una mezcla entre el gótico decadente y el brutalismo nazi, conviviendo las
estatuas de ángeles decapitados y gárg
olas con la maquinaria pesada, tuberías y
tecnología retrofuturista oxidada. El artista utiliza formas circulares y
patrones repetitivos que evocan el arte de Jack Kirby, pero pasado por un
filtro de pesadilla gótica. El contraste entre la piedra antigua y el metal del
cohete y el laboratorio, refuerza visualmente la idea de la colisión entre
pasado y futuro.
Por otra parte, Mignola dibuja a Hellboy con proporciones un poco más pesadas y menos "atléticas" que, por ejemplo, en “Semilla de Destrucción”. Se le ve más cansado, más torpe, lo cual encaja perfectamente con su estado de ánimo justo antes de renunciar a la Agencia. Narrativamente, hay varias secuencias largas sin diálogo y compuestas sólo de “planos detalle”: una calavera, una hoja cayendo, una estatua que parece contemplar la acción... Esto no sólo rompe el ritmo frenético de los cómics de acción tradicionales, sino que le da a la historia un aire de elegía funeraria.
“El Gusano Vencedor” bien puede considerarse
como el final de la “P
rimera Temporada” de Hellboy. Y ello por varias razones.
En primer lugar, este es el comic en el que el demonio abandona la AIDP.
Después de ver cómo la Agencia trata a Roger (poniéndole una bomba en el pecho
como "seguro" de lealtad), Hellboy se harta de ser un peón del
gobierno y de vivir bajo la sombra de la supervisión humana. A partir de aquí, deja
de ser un agente “oficial” para convertirse en un vagabundo y sus historias
pasan de lo procedimental a lo existencial, ganando en introspección y carácter
mitológico.
La génesis de "El Tercer Deseo" se remonta a una época en la que Mignola aún estaba tratando de encontrar su lugar en la industria del comic. En 1983, dibujar su primer encargo para Marvel —una historia corta de Namor escrita por Bill Mantlo—, se convirtió en una experiencia frustrante. Aquel relato, centrado en un caballo ahogado, resultó ser un desafío técnico para el cual Mignola no se sentía preparado. Es más, ya por entonces detestaba representar de forma naturalista elementos de la realidad como barcos o animales, prefiriendo invertir su esfuerzo en la creación de monstruos y rocas de evocadoras formas.
A
raíz de ese desencanto, ideó una
continuación para la historia en la que se eliminaba por completo el mundo de la
superficie, desarrollando íntegramente la trama bajo el mar. Namor era
capturado por un trío de sirenas y entregado a una demoniaca bruja marina.
Aunque el autor conservó aquel argumento en su memoria, la propuesta nunca
llegó a materializarse en Marvel. No fue sino hasta una década después, tras la
creación de Hellboy, cuando Mignola rescató aquel concepto. A pesar de ser
consciente de que el relato original necesitaba un desenlace más sólido y una
justificación lógica para que Hellboy pudiera sobrevivir en las profundidades,
decidió confiar en su instinto y postergar esas soluciones creativas hasta que
llegara el momento de enfrentarse al tablero de dibujo.
Y eso sucedió en 2001, cuando, a raíz del atentado del 11-S, desechó el proyecto de una novela gráfica –sin relación con Hellboy- ambientada en una Nueva York en ruinas. A cambio, regresó a su icónico personaje llevándolo hasta África sin equipo de radio, apoyo logístico o amigos en “El Tercer Deseo”, originalmente una miniserie de dos números publicados en 2002.
Habiendo renunciado a la AIDP, Hellboy se
encuentra lejos de la c
ivilización, en el continente africano, buscando
respuestas lejos de la civilización. Allí conoce a un curandero que, tras
sumirle en un sueño premonitorio, le conduce hasta la costa, donde le advierte:
“Estás de pie, frente a la verdadera
encrucijada de tu vida”. A continuación, mientras intenta recuperar de
entre las rocas un amuleto que le ha entregado el brujo, una ola lo engulle y
lo transporta al fondo del océano. En lugar de luchar, parece aceptar su suerte
y se deja arrastrar a las profundidades del océano, donde es capturado por unos
espíritus marinos semejantes a sirenas grotescas, que han hecho un pacto con
una entidad más poderosa que ellas: la Bruja de los Mares. El trato consiste en
entregar a Hellboy a cambio de tres deseos. Inmovilizan al forastero
hundiéndole un clavo místico en uno de sus cuernos limados y lo inmovilizan con
una cadena hecha de huesos humanos.
La Bruja no quiere a Hellboy para devorarlo,
sino por lo que representa. Conoce el secreto de su mano derecha y quiere usarla
para sus propios fines o, al menos, evitar que el destino de ese
demonio se
cumpla de la forma profetizada. El giro “inesperado” llega cuando se revela el
papel de la tercera hermana. Mientras las otras dos han pedido deseos egoístas
(belleza y riqueza, que terminan volviéndose en su contra), ella pide un regalo
que tiene que ver con el honor de su padre fallecido. Sin embargo, duda y se
arrepiente de haber entregado a la muerte a Hellboy.
Aunque en el clímax hay acción y Hellboy se entrega a fondo para aniquilar unos cuantos monstruos abisales, la situación no se resuelve, como era lo habitual en la serie, a base de puñetazos sino con una decisión moral y el uso de ese último deseo para restañar traición de las sirenas. Hellboy logra liberarse, pero no regresa a la superficie. La historia termina con él flotando en la oscuridad del abismo, alejándose de todo lo que conocía. Es un final melancólico y abierto que sirve de puente directo hacia la siguiente historia, “La Isla”, aparecida tres años después.
Pese a las expectativas generadas al final de
“El Gusano Vencedor”, no pue
do evitar sentir cierta decepción ante “El Tercer
Deseo”. Parecía que Mignola finalmente daría un giro de timón al destino de su
creación, pero nos entrega otra historia típica que, si bien es atractiva, no
expande realmente el horizonte del personaje. Aunque es cierto que, en esta
ocasión, Hellboy no usa armas modernas, es derrotado y capturado casi sin
resistencia y sale del apuro de una forma casi poética, la peripecia da la
impresión de ser un mero trámite para mantener la inercia hasta que llegue la
próxima miniserie de peso.
Y esta se haría esperar nada menos que tres años. En 2005, aparecen los dos números de “La Isla”. En ese intervalo, Mignola había comenzado a expandir su universo y delegar funciones en otros artistas. Por ejemplo, fue en 2002 cuando se lanzó la primera miniserie de la AIDP. Mignola pasó de ser un artista de un solo personaje a "arquitecto" de una mitología completa. Así que “La Isla” fue parte de un periodo de experimentación durante el que trató de decidir cómo quería contar el "acto final" de su personaje, continuando su nuevo estilo más oscuro, abstracto y de ritmo más pausado ya ensayado en “El Tercer Deseo”.
Ori
ginalmente, Mignola concibió la historia
como un homenaje a los relatos marítimos de William Hope Hodgson, concretamente
el ambiente que aquél escritor había descrito en “Los Botes del "Glen
Carrig" (1907). Su visión inicial era simple y directa: una aventura que
se desarrollaría en un cementerio de barcos rodeado de monstruos y extrañas
formaciones de hongos. Tras redactar el argumento para una miniserie de dos
entregas y completar las primeras ocho páginas, el autor se vio obligado a
pausar el proyecto para supervisar el final del rodaje de la película de “Hellboy”
en Praga.
Sin embargo, su estancia en el extranjero tomó
un giro inesperado. Afectado por una fuerte gripe, Mignola permaneció recluido
en una habitación de hotel durante una semana. En ese aislamiento forzado, lejos
de casa y sin más distracción que darle vueltas a sus proyectos, comenzó a
dudar de la historia que había comenzado hasta convencerse de que la idea
original carecía de valor. A su regreso a Nueva York, decidió reiniciarlo todo
desde cero. La trama de "La Isla" creció hasta convertirse en una
propuesta de tres números que, au
nque mantenía los barcos y los hongos,
incorporaba ahora una mansión decadente habitada por un anciano y su sirviente.
Mignola llegó a dibujar 19 páginas de esta versión antes de sufrir un bloqueo
creativo. Pese a que el concepto le resultaba atractivo, creyó que la historia
no terminaba de encajar. Finalmente, tras descartar definitivamente a los seres
fúngicos y realizar múltiples intentos de reescritura —pasando de un número
único a una serie de dos—, la obra desembocó en la versión definitiva que hoy
conocemos.
Tras pasar dos años a la deriva después de los
eventos narrados en la aventura anterior (Estuvo muerto o inconsciente? ¿Cómo
sobrevivió? Ya hemos visto a Hellboy sobrevivir a heridas graves, así que quizá
su naturaleza demoníaca le permitió sobrevivir bajo el agua durante tanto
tiempo), Hellboy naufraga en una isla remota, donde encuentra un grupo de
fantasmas que habitan en el pecio de un viejo navío encallado. Tras otro breve
encuentro con su vieja conocida Hécate, divisa las ruinas de una antigua abadía
donde antaño tuvo lugar una colisión entre las fuerza
s de la Iglesia y un
terrible poder primigenio, una de cuyas manifestaciones, un inmenso gusano,
surge de la arena de la playa y le inflige a Hellboy una terrible herida en el
pecho.
Un siniestro anciano asesinado quinientos años antes, resucita de la sangre de Hellboy y procede a narrar toda la historia y cosmogonía secretas de ese universo, origen de Dios incluido. Éste creó a los Guardianes (una suerte de ángeles a quienes ya se había hecho referencia en “AIDP: Tierra Hueca”) para proteger la Tierra. Pero uno de ellos se atrevió a usar su poder para crear a los Ogdru Jahad, las horribles criaturas cuya amenaza ha estado presente en la serie desde su mismo arranque, en “Semilla de Destrucción”. Descubrimos que los Ogdru Jahad, a su vez, crearon a 369 criaturas igualmente horribles, los Ogdru Hem antes de que los Guardianes los encarcelaran y enviaran al espacio profundo. A continuación, se volvieron contra aquél de entre ellos que los había creado: “Cayeron sobre él y lo hicieron pedazos y destruyeron todos los pedazos… excepto uno. Su mano derecha”. Sí, este es el origen de la característica mano de Hellboy.
El anciano continúa narrando el origen de la
primera raza de hombres, for
mada por Dios a partir de los "espíritus
menores", la cual edificó la civilización de Hiperbórea. Su último rey,
Thoth, fue seducido por el mal y atraído al culto a la diosa negra, lo que propició
la caída de ese pueblo. Muchos de los Ogdru Hem sobrevivieron dormidos y sepultados
en la Tierra (su despertar se narrará en otra miniserie de AIDP, “Infierno en
la Tierra”). Finalmente, descubrimos cómo la mano cercenada del Guardián adquiere
la forma de la gran mano de piedra roja de Hellboy.
La isla comienza a colapsar debido al poder desatado. Hellboy logra escapar de las ruinas y del control de los espíritus antiguos, terminando la historia nuevamente en el mar, pero con una diferencia fundamental: ahora conoce exactamente qué es su mano y por qué todos los poderes del infierno y el cosmos lo persiguen.
Y esa será la última vez que veremos al personaje en bastante tiempo y también la última que Mignola dibujaría a Hellboy con regularidad. Dejando aparte algunas historias cortas que iremos repasando, la siguiente gran saga (que se extendería a lo largo de varias miniseries) sería dibujada por otro artista, Duncan Fegredo. Durante la primera década de Hellboy, los aficionados se habían acostumbrado a disfrutar con cadencia anual de una nueva miniserie de su demonio favorito escrita y dibujada por Mignola. A partir de este momento, ya no sería así.
(Continúa en la siguiente entrada)

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