7 abr 2026

1994-HELLBOY – Mike Mignola (4)

 

(Viene de la entrada anterior)

 

Con el cambio de siglo, se había hecho evidente que “Hellboy”, independientemente del carisma de su protagonista, la atmósfera que desprenden sus aventuras y el talento gráfico de su autor, había caído en una fórmula repetitiva. Su “receta gótica” funcionaba, sí, pero siempre y cuando sus historias se leyeran de forma espaciada.

 

Casi todas sus aventuras comenzaban con un flashback o un fragmento de un texto antiguo, ya fuera la Europa de los nazis o la Inglaterra del siglo XVII, estableciendo así que el problema de turno era el eco de un pecado cometido en el pasado. A continuación, llegaba la reunión informativa en la AIDP, donde se aportaba el contexto y propósito de la misión. Luego, Hellboy, solo o acompañado por uno o más agentes de esa agencia, llegaba al lugar en cuestión, habitualmente aislado del mundo moderno, desierto, en ruinas, con abundantes estatuas y/o bajorrelieves ajados por el tiempo y semiocultos entre las sombras. En este punto, Mignola dedicaba varias páginas a crear la atmósfera y presentar algún ente o criatura que proporcionaba más información a Hellboy. Por último, llegaba la gran pelea contra el monstruo, que comenzaba con el protagonista recibiendo una monumental paliza y terminaba con su victoria gracias a la mera fuerza bruta o la utilización de algún objeto de poder místico que alguien le entregó en la fase previa.

 

Mignola usó esa fórmula durante años para cimentar su universo y asentar al protagonista, pero llegó un punto en el que el propio autor sintió que había llegado a un callejón sin salida. Sí, ya sabíamos más cosas de Hellboy que al comienzo; y sí, había registrado cierta evolución en lo que se refiere al descubrimiento de su origen y rechazo a su destino. Pero era necesario dar un giro más pronunciado para que su desarrollo pudiera proseguir. Y ahí es donde entra la miniserie de cuatro números “El Gusano Vencedor” (2001).

 

La historia comienza con la revelación de que los nazis enviaron a un hombre al espacio en 1939, y ahora una cápsula con la esvástica adornando su casco está regresando a la Tierra. Sin embargo, ha realizado tres correcciones de rumbo en las últimas veinticuatro horas, por lo que es evidente que alguien o algo la está guiando de vuelta al castillo austriaco desde donde fue lanzada.

 

Dado el frecuente trato de los nazis con lo sobrenatural y los constantes intentos de villanos de esa adscripción por provocar el fin del mundo mediante una retorcida trama lovecraftiana, la AIDP tiene buenas razones para preocuparse, así que envía al lugar a Hellboy junto con Roger, el Homúnculo que ya había sido presentado plenamente en “Casi un Coloso”. Casi inmediatamente después de llegar al castillo, Hellboy y Roger descubren que nada es lo que parece, que hay grandes peligros al acecho, que ni los ciborgs descabezados ni los gorilas mejorados son fáciles de derrotar en combate cuerpo a cuerpo, que los viejos nazis nunca mueren (sobre todo cuando tienen su cabeza conservada en un frasco), que el fin del mundo vuelve a estar a la vuelta de la esquina y que existió –y todavía existe- un justiciero disfrazado llamado Bogavante Johnson.

 

Si todo esto suena a extraña mezcla de superhéroes, terror y ciencia ficción... es porque así es. Como hemos ido viendo, Hellboy siempre se ha caracterizado por esta ecléctica fusión de géneros, y funciona en gran medida porque Mignola logra crear historias concisas, entretenidas e interesantes a partir de esos elementos tan dispares.

 

Mignola resuelve definitivamente algunos cabos sueltos que venían arrastrándose desde hace tiempo, como el final de Rasputín y Baba Yaga y el misterio de los alienígenas presentados en "Semilla de Destrucción". A partir de aquí, las amenazas a las que tendrá que enfrentarse Hellboy ya no serán productos de la tecnología o el ocultismo nazis, sino entidades puramente mitológicas y cósmicas.

 

Por otra parte, se amplía el peso de Roger, que deja de ser una "curiosidad de laboratorio" para convertirse en el espejo moral de Hellboy, demostrando una lealtad y humanidad de los que carecen los directores de la AIDP. Su sacrificio y su voluntad de hierro recuerdan que la humanidad no depende de las circunstancias de nacimiento, uno de los temas centrales de toda la obra. También se presenta oficialmente a Bogavante Johnson (en la continuidad principal, porque ya había aparecido en cameos o historias cortas). Este personaje no solo aporta el toque pulp de los años 30, sino que establece que Hellboy forma parte de una tradición de extraños héroes que operan en las sombras. Es cierto que se echan de menos otros de los personajes recurrentes de historias anteriores, sobre todo a Abe Sapien, el sufrido compañero anfibio del protagonista, pero dado el ritmo de la historia, encajarlos en la misma sólo habría servido para recargar la trama.

 

En "El Gusano Vencedor", el arte de Mike Mignola alcanza lo que muchos consideran su punto más alto, acercándose al expresionismo alemán y dominando como nadie el espacio negativo. Por ejemplo, no dibuja cada ladrillo del castillo, sino una sola mancha negra limitada por unos finos bordes blancos que sugieren profundidad. Esto crea una sensación de pesadez y fatalidad, como si la oscuridad fuera un personaje más acechando a Hellboy y a Roger. Asimismo, el castillo en el que se desarrolla la acción es una mezcla entre el gótico decadente y el brutalismo nazi, conviviendo las estatuas de ángeles decapitados y gárgolas con la maquinaria pesada, tuberías y tecnología retrofuturista oxidada. El artista utiliza formas circulares y patrones repetitivos que evocan el arte de Jack Kirby, pero pasado por un filtro de pesadilla gótica. El contraste entre la piedra antigua y el metal del cohete y el laboratorio, refuerza visualmente la idea de la colisión entre pasado y futuro.

 

Por otra parte, Mignola dibuja a Hellboy con proporciones un poco más pesadas y menos "atléticas" que, por ejemplo, en “Semilla de Destrucción”. Se le ve más cansado, más torpe, lo cual encaja perfectamente con su estado de ánimo justo antes de renunciar a la Agencia. Narrativamente, hay varias secuencias largas sin diálogo y compuestas sólo de “planos detalle”: una calavera, una hoja cayendo, una estatua que parece contemplar la acción... Esto no sólo rompe el ritmo frenético de los cómics de acción tradicionales, sino que le da a la historia un aire de elegía funeraria.

 

“El Gusano Vencedor” bien puede considerarse como el final de la “Primera Temporada” de Hellboy. Y ello por varias razones. En primer lugar, este es el comic en el que el demonio abandona la AIDP. Después de ver cómo la Agencia trata a Roger (poniéndole una bomba en el pecho como "seguro" de lealtad), Hellboy se harta de ser un peón del gobierno y de vivir bajo la sombra de la supervisión humana. A partir de aquí, deja de ser un agente “oficial” para convertirse en un vagabundo y sus historias pasan de lo procedimental a lo existencial, ganando en introspección y carácter mitológico.

 

La génesis de "El Tercer Deseo" se remonta a una época en la que Mignola aún estaba tratando de encontrar su lugar en la industria del comic. En 1983, dibujar su primer encargo para Marvel —una historia corta de Namor escrita por Bill Mantlo—, se convirtió en una experiencia frustrante. Aquel relato, centrado en un caballo ahogado, resultó ser un desafío técnico para el cual Mignola no se sentía preparado. Es más, ya por entonces detestaba representar de forma naturalista elementos de la realidad como barcos o animales, prefiriendo invertir su esfuerzo en la creación de monstruos y rocas de evocadoras formas.

 

raíz de ese desencanto, ideó una continuación para la historia en la que se eliminaba por completo el mundo de la superficie, desarrollando íntegramente la trama bajo el mar. Namor era capturado por un trío de sirenas y entregado a una demoniaca bruja marina. Aunque el autor conservó aquel argumento en su memoria, la propuesta nunca llegó a materializarse en Marvel. No fue sino hasta una década después, tras la creación de Hellboy, cuando Mignola rescató aquel concepto. A pesar de ser consciente de que el relato original necesitaba un desenlace más sólido y una justificación lógica para que Hellboy pudiera sobrevivir en las profundidades, decidió confiar en su instinto y postergar esas soluciones creativas hasta que llegara el momento de enfrentarse al tablero de dibujo.

 

Y eso sucedió en 2001, cuando, a raíz del atentado del 11-S, desechó el proyecto de una novela gráfica –sin relación con Hellboy- ambientada en una Nueva York en ruinas. A cambio, regresó a su icónico personaje llevándolo hasta África sin equipo de radio, apoyo logístico o amigos en “El Tercer Deseo”, originalmente una miniserie de dos números publicados en 2002.

 

Habiendo renunciado a la AIDP, Hellboy se encuentra lejos de la civilización, en el continente africano, buscando respuestas lejos de la civilización. Allí conoce a un curandero que, tras sumirle en un sueño premonitorio, le conduce hasta la costa, donde le advierte: “Estás de pie, frente a la verdadera encrucijada de tu vida”. A continuación, mientras intenta recuperar de entre las rocas un amuleto que le ha entregado el brujo, una ola lo engulle y lo transporta al fondo del océano. En lugar de luchar, parece aceptar su suerte y se deja arrastrar a las profundidades del océano, donde es capturado por unos espíritus marinos semejantes a sirenas grotescas, que han hecho un pacto con una entidad más poderosa que ellas: la Bruja de los Mares. El trato consiste en entregar a Hellboy a cambio de tres deseos. Inmovilizan al forastero hundiéndole un clavo místico en uno de sus cuernos limados y lo inmovilizan con una cadena hecha de huesos humanos.

 

La Bruja no quiere a Hellboy para devorarlo, sino por lo que representa. Conoce el secreto de su mano derecha y quiere usarla para sus propios fines o, al menos, evitar que el destino de ese demonio se cumpla de la forma profetizada. El giro “inesperado” llega cuando se revela el papel de la tercera hermana. Mientras las otras dos han pedido deseos egoístas (belleza y riqueza, que terminan volviéndose en su contra), ella pide un regalo que tiene que ver con el honor de su padre fallecido. Sin embargo, duda y se arrepiente de haber entregado a la muerte a Hellboy.

 

Aunque en el clímax hay acción y Hellboy se entrega a fondo para aniquilar unos cuantos monstruos abisales, la situación no se resuelve, como era lo habitual en la serie, a base de puñetazos sino con una decisión moral y el uso de ese último deseo para restañar traición de las sirenas. Hellboy logra liberarse, pero no regresa a la superficie. La historia termina con él flotando en la oscuridad del abismo, alejándose de todo lo que conocía. Es un final melancólico y abierto que sirve de puente directo hacia la siguiente historia, “La Isla”, aparecida tres años después.

 

Pese a las expectativas generadas al final de “El Gusano Vencedor”, no puedo evitar sentir cierta decepción ante “El Tercer Deseo”. Parecía que Mignola finalmente daría un giro de timón al destino de su creación, pero nos entrega otra historia típica que, si bien es atractiva, no expande realmente el horizonte del personaje. Aunque es cierto que, en esta ocasión, Hellboy no usa armas modernas, es derrotado y capturado casi sin resistencia y sale del apuro de una forma casi poética, la peripecia da la impresión de ser un mero trámite para mantener la inercia hasta que llegue la próxima miniserie de peso.

 

Y esta se haría esperar nada menos que tres años. En 2005, aparecen los dos números de “La Isla”. En ese intervalo, Mignola había comenzado a expandir su universo y delegar funciones en otros artistas. Por ejemplo, fue en 2002 cuando se lanzó la primera miniserie de la AIDP. Mignola pasó de ser un artista de un solo personaje a "arquitecto" de una mitología completa. Así que “La Isla” fue parte de un periodo de experimentación durante el que trató de decidir cómo quería contar el "acto final" de su personaje, continuando su nuevo estilo más oscuro, abstracto y de ritmo más pausado ya ensayado en “El Tercer Deseo”.

 

Originalmente, Mignola concibió la historia como un homenaje a los relatos marítimos de William Hope Hodgson, concretamente el ambiente que aquél escritor había descrito en “Los Botes del "Glen Carrig" (1907). Su visión inicial era simple y directa: una aventura que se desarrollaría en un cementerio de barcos rodeado de monstruos y extrañas formaciones de hongos. Tras redactar el argumento para una miniserie de dos entregas y completar las primeras ocho páginas, el autor se vio obligado a pausar el proyecto para supervisar el final del rodaje de la película de “Hellboy” en Praga.

 

Sin embargo, su estancia en el extranjero tomó un giro inesperado. Afectado por una fuerte gripe, Mignola permaneció recluido en una habitación de hotel durante una semana. En ese aislamiento forzado, lejos de casa y sin más distracción que darle vueltas a sus proyectos, comenzó a dudar de la historia que había comenzado hasta convencerse de que la idea original carecía de valor. A su regreso a Nueva York, decidió reiniciarlo todo desde cero. La trama de "La Isla" creció hasta convertirse en una propuesta de tres números que, aunque mantenía los barcos y los hongos, incorporaba ahora una mansión decadente habitada por un anciano y su sirviente. Mignola llegó a dibujar 19 páginas de esta versión antes de sufrir un bloqueo creativo. Pese a que el concepto le resultaba atractivo, creyó que la historia no terminaba de encajar. Finalmente, tras descartar definitivamente a los seres fúngicos y realizar múltiples intentos de reescritura —pasando de un número único a una serie de dos—, la obra desembocó en la versión definitiva que hoy conocemos.

 

Tras pasar dos años a la deriva después de los eventos narrados en la aventura anterior (Estuvo muerto o inconsciente? ¿Cómo sobrevivió? Ya hemos visto a Hellboy sobrevivir a heridas graves, así que quizá su naturaleza demoníaca le permitió sobrevivir bajo el agua durante tanto tiempo), Hellboy naufraga en una isla remota, donde encuentra un grupo de fantasmas que habitan en el pecio de un viejo navío encallado. Tras otro breve encuentro con su vieja conocida Hécate, divisa las ruinas de una antigua abadía donde antaño tuvo lugar una colisión entre las fuerzas de la Iglesia y un terrible poder primigenio, una de cuyas manifestaciones, un inmenso gusano, surge de la arena de la playa y le inflige a Hellboy una terrible herida en el pecho.

 

Un siniestro anciano asesinado quinientos años antes, resucita de la sangre de Hellboy y procede a narrar toda la historia y cosmogonía secretas de ese universo, origen de Dios incluido. Éste creó a los Guardianes (una suerte de ángeles a quienes ya se había hecho referencia en “AIDP: Tierra Hueca”) para proteger la Tierra. Pero uno de ellos se atrevió a usar su poder para crear a los Ogdru Jahad, las horribles criaturas cuya amenaza ha estado presente en la serie desde su mismo arranque, en “Semilla de Destrucción”. Descubrimos que los Ogdru Jahad, a su vez, crearon a 369 criaturas igualmente horribles, los Ogdru Hem antes de que los Guardianes los encarcelaran y enviaran al espacio profundo. A continuación, se volvieron contra aquél de entre ellos que los había creado: “Cayeron sobre él y lo hicieron pedazos y destruyeron todos los pedazos… excepto uno. Su mano derecha”. Sí, este es el origen de la característica mano de Hellboy.

 

El anciano continúa narrando el origen de la primera raza de hombres, formada por Dios a partir de los "espíritus menores", la cual edificó la civilización de Hiperbórea. Su último rey, Thoth, fue seducido por el mal y atraído al culto a la diosa negra, lo que propició la caída de ese pueblo. Muchos de los Ogdru Hem sobrevivieron dormidos y sepultados en la Tierra (su despertar se narrará en otra miniserie de AIDP, “Infierno en la Tierra”). Finalmente, descubrimos cómo la mano cercenada del Guardián adquiere la forma de la gran mano de piedra roja de Hellboy.

 

La isla comienza a colapsar debido al poder desatado. Hellboy logra escapar de las ruinas y del control de los espíritus antiguos, terminando la historia nuevamente en el mar, pero con una diferencia fundamental: ahora conoce exactamente qué es su mano y por qué todos los poderes del infierno y el cosmos lo persiguen.

 

Y esa será la última vez que veremos al personaje en bastante tiempo y también la última que Mignola dibujaría a Hellboy con regularidad. Dejando aparte algunas historias cortas que iremos repasando, la siguiente gran saga (que se extendería a lo largo de varias miniseries) sería dibujada por otro artista, Duncan Fegredo. Durante la primera década de Hellboy, los aficionados se habían acostumbrado a disfrutar con cadencia anual de una nueva miniserie de su demonio favorito escrita y dibujada por Mignola. A partir de este momento, ya no sería así.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 


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