Sin el contexto adecuado, hoy es difícil comprender la importancia que en su momento y para el futuro de la animación tuvieron “Los Picapiedra. Sin ellos, difícilmente habrían visto la luz los muy posteriores “Los Simpson”, “South Park” o “Padre de Familia”. Y es que antes de 1960, cuando empezaron a emitirse las aventuras domésticas de ese entrañable conjunto de hombres y mujeres de la Edad de Piedra, los dibujos animados se consideraban contenido exclusivo para niños o programas cortos que precedían a las películas proyectadas en los cines. El estudio de Hanna-Barbera rompió el molde no sólo creando la primera serie de animación emitida en horario de máxima audiencia sino pensándola para que fuera disfrutada tanto por los padres como por los hijos.






