Tras luchar duramente durante dos días contra una terrible tempestad en alta mar, un hombre llamado Raúl se ve obligado a buscar refugio con su pequeño yate en un puerto situado en una isla tan diminuta y aislada que ni siquiera aparece registrada en los mapas. Al atracar, descubre un extraño y larguísimo muelle blanco que se adentra en el mar, coronado por un muro igualmente extenso y alto cubierto de grafitis. Un joven le ayuda a amarrar su bote antes de correr hacia la única construcción del lugar: una posada situada a los pies de una gran roca coronada por un faro en desuso.






