El de la holandesa Aimée de Jongh es uno de esos casos de alguien que parece nacer para ser autor de comic y que desde sus primeros pasos parecía destinada a subir hasta lo más alto. A los 14 años, llevada por su pasión por el manga, se integró en el circuito doujinshi de su país (colectivos de dibujantes que autoeditan y venden sus propias obras de estética manga), donde pulió su técnica de dibujo, el diseño de personajes y la narrativa visual mucho antes de entrar en el mundo profesional.






