Hay momentos en los que parece que las propiedades intelectuales milmillonarias impulsadas por los grandes estudios lo colonizan todo cual mala hierba. Películas, series televisivas que se suceden la una a la siguiente obedeciendo más a las métricas que a una inspiración creativa real, comics sosos trufados de efectos digitales producidos sólo para el deleite completista de los aficionados juveniles más entregados…






