24 feb 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (23)





(Viene de la entrada anterior)

 

El nº 108 (febrero 73) cierra este confuso arco argumental destinado tanto a recuperar para el Capitán América su identidad secreta como a consolidar a la Visión como personaje.

 

Como vimos en el episodio anterior, el Segador y el Fantasma del Espacio han capturado a Pantera Negra, Ojo de Halcón, Iron Man y la Bruja Escarlata como parte de su plan para destruir a los Vengadores. El Segador ha convencido a su "hermano" Visión para que se una a ellos a cambio de transferir su mente al cuerpo del Capitán América, a quien el Fantasma lleva mucho tiempo preparando para el proceso. De esta forma, el androide dejará de serlo para transformarse en un humano completo, algo que en el fondo anhela para poder establecer una relación sentimental con la Bruja Escarlata. Tras matar a los Vengadores presentes, los villanos perseguirán al resto que no se encuentra en Nueva York, sobre todo Thor, que en esos momentos está en Vermont (nº 207). El Segador lamenta no poder vengarse del Hombre Hormiga y la Avispa dado que, aparentemente, murieron en “Marvel Feature” nº 6 (noviembre 72).

 

Cuando se quedan solos, el Segador reprende a Visión por su actitud poco entusiasta, ya que el Fantasma sospecha de él por mucho que parte de ello pueda explicarse por la neutralidad robótica de la voz del androide. Aparece entonces el Capitán América que, junto a Visión, reduce al Segador. Resulta que cuando, en el número anterior, Visión accedió a participar en el plan del Segador, fue solo porque vio al Capitán entre las sombras, justo detrás del villano, indicándole que siguiera la corriente. Steve Rogers explica que ya había estado antes en esa antigua base de Hydra, pero que el Fantasma del Espacio había ocultado el recuerdo en lo más profundo de su mente. (Visión ya lo sabía porque el Segador se lo contó en el último número).

 

El dúo localiza y libera rápidamente a los camaradas cautivos solo para tener que enfrentarse a continuación al Segador y el Fantasma, el cual, ataviado ahora como Hydra Supremo, dirige un escuadrón de secuaces. Su presencia allí se explica porque nunca llegó a confiar en la Visión, por lo que decidió quedarse y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Ahora, decide matar al androide, contraviniendo el acuerdo al que había llegado con el Segador. Ya ha obtenido de éste todos los conocimientos que necesitaba sobre los Vengadores y no requiere más de su participación. Pero el Segador, que en su enfermiza mente considera a Visión como su hermano –recordemos, el cerebro del androide fue modelado con las pautas cerebrales de Simon Williams, el hermano biológico del villano-, evita el ataque del Fantasma. Cuando un soldado de Hydra intenta dispararle, es Visión quien se interpone salvándole la vida.

 

Estalla entonces un combate general que se detiene cuando el Fantasma ordena a sus hombres que salgan del lugar y activa a continuación unas “ondas de choque ultrasónicas” que dejan inconscientes a todos excepto a Visión. Éste, sin embargo, se rinde ante la amenaza del Fantasma de liquidar al también desvanecido Segador. Regresan los matones de Hydra y encierran a Visión en una jaula especialmente diseñada para retenerlo incluso en su estado intangible.

 

Solo entonces el Fantasma del Espacio se da cuenta de que la Bruja Escarlata se ha escabullido durante la pelea. Piensa correctamente que se dirigirá a la Mansión de los Vengadores con la intención de avisar a Thor, y la sigue en una nave. Cuando la alcanza, ella se gira y lanza un hechizo a su perseguidor, pero sin éxito. Un rayo tractor la sube a la nave. A continuación, el Fantasma entra en la Mansión para encargarse de los cabos sueltos. Aturde a Jarvis y Rick Jones y los lleva de vuelta a su base secreta, donde los Vengadores ya se encuentran de vuelta en sus jaulas de antigravedad.

 

El alienígena sabe que no puede matar a Thor, pero está dispuesto a conformarse con la angustia y culpa que sentirá el dios asgardiano al enterarse de que los otros Vengadores murieron mientras él no estaba allí para ayudarlos. Rick intenta hacer algo, pero un agente de Hydra lo detiene. El Fantasma decide entonces que sería irónico presionar el botón que matará a los héroes cautivos mientras asume la forma de Rick, así que intenta imitarlo y enviarlo al Limbo. Pero lo que ocurre es que el Capitán Marvel sale de la Zona Negativa, libera a los Vengadores y todos juntos acaban fácilmente con las tropas de Hydra.

 

Mar-Vell explica entonces que todo fue un plan urdido por el Capitán América. Él (y Visión) se enteraron en el nº 106 de que Rick y el Capitán Marvel habían reanudado su sistema de intercambio entre la Tierra y la Zona Negativa. El Capitán América envió a Wanda a contarle a Rick lo que estaba sucediendo y cuando el Fantasma la atrapó, no estaba yendo a la Mansión, sino saliendo de ella tras haber cumplido su misión. Rick desconectó las alarmas de la Mansión para que el villano pudiera capturarlo fácilmente y, en el último segundo, atrajo la atención del Fantasma sobre sí mismo con la esperanza de que intentara enviarlo al Limbo. Era una apuesta arriesgada a que el alienígena no pudiera asumir la forma de alguien que era dos personas en una. Su maniobra desencadenó el intercambio de Jones y Mar-Vell y el Fantasma fue enviado de nuevo al Limbo.

 

Como su guadaña se ha quedado sin energía, el Segador se rinde y se entrega a los Vengadores. Regresará en el nº 160 (junio 77) después de que su auténtico hermano, Simon Williams, vuelva a la vida en el nº 151 (septiembre 76). Después, continuará amargándoles la vida con cierta regularidad tanto a Visión como al Hombre Maravilla. En cuanto al Fantasma del Espacio regresará en “Giant Size Avengers” nº 4 (junio 75), aunque posiblemente no sea el mismo alienígena, dado que bastantes años más tarde se descubrirá que su especie está al servicio de Immortus.

 

Los Vengadores regresan a la Mansión para encontrarse allí a Thor. Un comentario casual de Ojo de Halcón molesta a Wanda, que aún sigue preocupada por su desaparecido hermano. En este punto, tras muchos esfuerzos y pistas equivocadas que les llevaron de cabeza a trampas dispuestas por villanos, no está más cerca de descubrir qué le pasó.

 

Y es entonces y a tenor de la experiencia que él mismo ha vivido durante esta última aventura, que Visión da el paso adelante que tanto había demorado: “Wanda, hoy he aprendido algo sobre los hermanos. No creo que el Segador sea hermano mío…Pero, en un momento de crisis, tuve que protegerlo. Quizá porque en el pasado sí lo fue. Y para ti, Petro es mucho más todavía. También he aprendido algo…sobre los sentimientos. No puedo prometerte nada con respecto a tu hermano, pero sí puedo ofrecerte mi hombro…si lo quieres”. Ambos se abrazan y el resto de los Vengadores, conmovidos, los dejan solos mientras Thor dice: “Silencio, amigos míos…y dejemos solos a esos dos. Aunque, en verdad, ya no estarán solos nunca más”.

 

El dibujante de esta última entrega de la saga es Don Heck, un caso clásico de “regreso a casa" forzado por la necesidad y la falta de tacto editorial. Aunque Heck fue uno de los arquitectos del Universo Marvel (cofundador de Iron Man y pieza clave en los Vengadores), su salida y regreso tuvieron mucho que ver con la política interna de las "Dos Grandes". Desde mediados de los años 60 y para apoyar la expansión de Marvel, la editorial empezó a fichar a una serie de dibujantes de gran solvencia, algunos veteranos y otros noveles pero que apuntaban grandeza: John Buscema, Gene Colan, Jim Steranko, Marie Severin, Neal Adams, Barry Windsor-Smith o Gil Kane. Todos ellos tenían un estilo moderno y dinámico que superaba con creces al de Don Heck, un dibujante de la vieja escuela a quien, además, nunca le habían gustado demasiado los superhéroes.

 

Poco poco, Heck fue quedando apartado. En 1970, los encargos que le llegaban de Marvel eran insuficientes para llegar a final de mes y empezó a trabajar para DC en colecciones como “Flash”, “Batgirl”, “Wonder Woman” y comics románticos para los que su estilo resultaba más adecuado. Su regreso a “Los Vengadores” en este punto probablemente obedeció más a una necesidad económica que a una petición expresa de la editorial. Y, desde luego, ya no fue recibido como uno de los “padres fundadores”. De hecho, su trabajo en esta nueva y crepuscular etapa en la colección es, como mínimo, mediocre por no decir malo. Figuras rígidas, coreografías de batalla nada inspiradas, fondos ramplones o inexistentes y, en general, una absoluta carencia de sentido épico (como ejemplo, basta revisar la página-viñeta en la que el Capi grita su “Vengadores Reuníos”). No obstante, vendrán episodios todavía peor dibujados que éste, donde, al menos, contaba para apoyarle con el entintado de Dave Cockrum y Joe Sinnott, que contribuyeron a embellecer algo las ramplonas viñetas.

 

El aspecto gráfico es uno de los factores que lastran este arco argumental. En solo tres números, participaron Rich Buckler, George Tuska, Dave Cockrum, Jim Starlin y Don Heck, un grupo de artistas que, independientemente de sus méritos individuales, no encajaban bien. En cuanto al guion, es demasiado enrevesado. Englehart imbricó en él hilos pendientes de números anteriores de Los Vengadores (la relación entre Segador y Visión, la búsqueda de Mercurio), la explicación a un agujero de guion en números del Capitán America de varios años atrás y la recuperación de la dinámica entre el Capitán Marvel y Rick Jones. Demasiados ingredientes y no del todo bien mezclados.

 

Además, los propios Vengadores no hacen un papel particularmente brillante aquí. Son engañados y capturados dos veces y, encima, uno de los villanos, el Segador, es un perdedor de segunda fila que no hubiera sido un adversario a considerar por ninguno de los miembros del equipo a nivel individual. Al final y por pura chiripa, es el Capitán Marvel quien saca las castañas del fuego merced a una treta que tanto podría haber funcionado como no.  

 

Eso sí, cuando Englehart finalizó el número 108, había dado al menos un par de pasos relevantes. Por una parte, el Capitán América había recuperado su identidad secreta; por otra, Visión y la Bruja Escarlata habían manifestado mutua y públicamente sus sentimientos, lo que, con el tiempo, desembocaría en su boda, uno de los hitos principales en la larga trayectoria de los Vengadores. Englehart tenía via libre para retomar sus propios hilos argumentales que habían quedado pendientes y que estaban relacionados con el paradero de Magneto y los X-Men. Pero antes, quería librarse de uno de los personajes: Ojo de Halcón, el cual pensaba que funcionaba mejor como un "agente libre" que cuestionaba la autoridad, una visión que completaría años más tarde cuando escribió los guiones de “Vengadores Costa Oeste”, fundados y liderados por Barton.

 

Y así, el número 109 (marzo 73), arranca poco después del final del número anterior, con Thor observando a Ojo de Halcón sometiéndose a un extenuante ejercicio acrobático de tiro con arco. El asgardiano sabe que Barton intenta olvidar que Visión y Bruja Escarlata se han declarado mutuamente su amor, poniendo fin a sus propias posibilidades con Wanda.

 

La acción se traslada a continuación a California, donde una limusina se interpone en el camino de un avión que carretea por la pista del aeropuerto antes de despegar hacia Nueva York. Del vehículo sale un gigantesco hombretón de dos metros y medio de altura y detiene el avión con la fuerza de sus músculos. Los guardias de seguridad lo dejan subir. Después de todo, tiene un billete y es Imus Champion, el dueño de la aerolínea.

 

De vuelta en la Mansión de los Vengadores, Visión explica el problema que le hacía creerse incapaz de amar. En el nº 105, cuando Lorelei utilizó su canto para hacer que los Vengadores masculinos se rindieran a sus pies, no era que no pudiera afectar emocionalmente a Visión, sino que sus oídos de androide no reaccionaban a sus sonidos de la misma manera que los humanos. En el último número, se demostró a sí mismo que tenía emociones cuando arriesgó su vida para salvar a su malvado "hermano", el Segador.

 

Ojo de Halcón, amargado, intenta estropear el ambiente recordándole a Wanda que debería seguir buscando a su hermano desaparecido, como lo había estado haciendo durante los últimos cuatro números. Pero Visión la defiende y apoya. Harto y desengañado, Clint decide abandonar la Mansión, deshaciéndose del traje medieval que venía usando desde el nº 98 y recuperando su uniforme original. Una vez fuera, reflexiona sobre sus sentimientos: “¿Qué hago ahora? Supongo que en realidad no amaba a Wanda, pero es tan duro volver a perder… La Viuda Negra me dejó tres veces…primero por los comunistas, luego por SHIELD y ahora por Daredevil”. Efectivamente, la Viuda lo abandonó en el nº 76 y desde el nº 81 de “Daredevil” (noviembre 71) venía siendo la amante y compañera de aventuras del héroe” ciego durante el tiempo que ambos estuvieron viviendo en San Francisco. En fin, que su interés por Wanda fue una especie de consuelo ilusorio con el que distraer su atención y lo que tiene herido no es tanto el corazón como el orgullo.

 

Las reflexiones de Clint se interrumpen cuando Champion lo encuentra y le propone trabajar para él como entrenador de tiro con arco. Aunque al principio el héroe se muestra reticente (dice que los Vengadores no se alquilan y le sugiere probar con Luke Cage, cuyo título bimensual "Héroe de Alquiler", llevaba unos meses publicándose), el grandullón ofrece donar un millón de dólares a la organización benéfica que designe. Ojo de Halcón, que siente que necesita cambiar de aires, accede.

 

Ambos vuelan hasta la mansión californiana de Champion, un moderno edificio que cuelga sobre un acantilado sobre el océano Pacífico. Aquél le sugiere a Ojo de Halcón que escriba a los Vengadores para contarles lo que está haciendo. Clint, todavía enfadado con ellos, dice que no lo va ha hacer, pero Champion falsifica una carta firmada por el héroe porque no quiere arriesgarse a que los Vengadores lo interrumpan.

 

Ojo de Halcón pasa semanas enseñando a su millonario pupilo gigante, hasta llegar un momento en el que éste no tiene nada más que aprender y decide que es el momento de volver con los Vengadores. Pero entonces, por accidente, ve a Champion con un disfraz, y éste le explica su plan: ahora que ha añadido el tiro con arco a sus extensas habilidades, cree haber demostrado ser mejor que nadie en cualquier disciplina. Así que considera llegado el momento de atacar. Su objetivo es un barco hundido de la Segunda Guerra Mundial que transportaba gas nervioso. Como está en las aguas territoriales estadounidenses, para hacerse con él sin interferencias pretende alejar la costa de California por el expeditivo método de hundirla. Para ello, detonará una serie de bombas a lo largo de la falla de San Andrés, desatando un terremoto que asolará todo el territorio. Ojo de Halcón, por supuesto, no puede consentirlo, pero cuando se enfrenta a Champion descubre que no es rival para él. Pierde la cuerda de su arco y escapa de la muerte arrojándose por una ventana al océano.

 

Aunque le cuesta semanas, la Bruja Escarlata se da por fin cuenta de que la carta que recibieron es falsa, porque viene firmada como “Ojo de Halcón”, algo que Clint no hubiera hecho jamás. Alertados, se ponen en camino. Mientras tanto, Ojo de Halcón es aprisionado por su adversario y amarrado a una de las bombas colocadas sobre la falla. Será la primera en detonar y, para presumir y burlarse de su maestro, Champion pretende activarla disparando una flecha.

 

Por supuesto, los Vengadores llegan justo a tiempo para frustrar el plan del villano. Aunque por el momento detienen la detonación, resulta que Champion y sus secuaces no estaban desprevenidos frente a un ataque semejante. Champion electrocuta a Iron Man, los secuaces atacan a Pantera Negra y a la Bruja Escarlata, y otra explosión incluso ciega a Thor. Pero Visión logra defenderse con éxito y libera a Ojo de Halcón.

 

Champion está listo de nuevo para disparar la flecha fatal, pero Ojo de Halcón agarra su propio arco -que el villano había dejado cerca en una muestra de desprecio y burla-, rápidamente cambia la cuerda rota por otra de repuesto que –supuestamente- llevaba oculta en el uniforme y dispara una flecha que corta la cuerda del arco de Champion justo cuando está soltándola. La flecha del villano se desvía y el martillo de Thor crea una fisura en el suelo que atrapa al gigante. Ojo de Halcón remata la pelea con una flecha de gas aturdidor.

 

Sin embargo, a pesar de haber salvado el día, Ojo de Halcón está muy lejos de sentirse satisfecho: “Estoy harto de ser el pobre Ojo de Halcón, el Vengador estúpido. ¡Soy bueno, pero nunca he podido demostrarlo de veras en medio de tanta gente! Meter la pata no tiene por qué convertirse en un hábito. Puedo salir adelante solo… si quiero. Tachadme de la lista, gente.. ¡Porque Ojo de Halcón se independiza!”.

 

La salida de Ojo de Halcón de la alineación regular de “Los Vengadores” fue un movimiento osado por parte de Englehart y un ejemplo perfecto de cómo éste utilizaba la psicología de los personajes para mover la trama, en lugar de simples "excusas" de guion. La razón de su abandono no es una pelea con algún miembro o una derrota vergonzosa frente a un villano, sino una crisis de identidad y orgullo que ya venía arrastrando desde tiempo atrás y que, por ejemplo, le llevó a asumir la identidad de Goliath (en el nº 63, abril 69).

 

Para empezar, siente un complejo de "inferioridad" frente a sus compañeros superpoderosos. Clint Barton siempre ha sido el miembro más humano y rebelde del equipo y se veía a sí mismo como "un tipo con un arco y flechas" rodeado de dioses, supersoldados y seres con poderes cósmicos, mágicos o tecnológicos. En resumen, que sentía que no estaba aportando lo suficiente al grupo. Pero el detonante final fue el rechazo sentimental de la Bruja Escarlata. Ver a la mujer que creía amar en brazos de un androide hería el orgullo de Clint más allá de lo soportable.

 

Englehart utilizó esta salida para que Clint intentara encontrar su lugar fuera de la sombra de los Vengadores. Lo primero que hace es ir a San Franscico esperando que dándole una paliza a Daredevil la Viuda Negra –recordemos, compañera sentimental de éste por aquel entonces- vuelva con él (“Daredevil” nº 99, mayo 73). Por supuesto, no funcionó. Esto lo llevaría a unirse brevemente a los Defensores y militar en su bando cuando éstos se enfrentaron a los Vengadores, saga que veremos a no mucho tardar. Su reincorporación a su grupo origen, tras varias apariciones puntuales en la colección, no llegaría hasta el número 172 (junio 78), para participar en la Saga de Korvac.

 

Englehart demostró aquí su capacidad para manejar a los personajes sin miedo a llevarlos por direcciones inesperadas pero coherentes con lo que se sabía de ellos. El problema es que todo lo demás en este episodio no funciona. Para empezar, el villano es absolutamente soso y genérico, una mera herramienta para encajar las obligatorias escenas de acción y apuntalar la decisión que Ojo de Halcón sin duda iba a tomar de todas formas. ¿De verdad un individuo que se encuentra entre los diez más ricos de la Tierra no puede encontrar otra forma de recuperar la carga de un pecio que sepultar bajo las aguas toda una línea costera? No es de extrañar que nadie en la editorial pensara en recuperarlo hasta mucho después, concretamente Scott Lobdell para un serial de Lobezno en “Marvel Comics Presents” en 1993, momento en el cual intentaría consolidarse como adversario, sin mucho éxito, en títulos como la Viuda Negra o Conan (sí, el Bárbaro).

 

El otro aspecto que estropea por completo la lectura es el torpe dibujo de un Don Heck completamente desmotivado que, para colmo, no cuenta aquí con la ayuda de un entintador competente. Aunque Frank McLaughlin, en su momento, fue considerado un profesional eficaz y versátil que había trabajado desde comienzos de los sesenta en todas las editoriales importantes (Charlton, DC, Archie, Marvel o Warren, además de en tiras de prensa populares como “Juliet Jones” o “Brenda Starr”) aquí apenas parece repasar rápidamente unos bocetos apresurados de Heck. Las figuras están rígidas, la expresividad (incluso la de la Bruja Escarlata, a la que siempre le había dado un encanto especial) brilla por su ausencia en un episodio que debiera haber sido emotivo, hay errores de perspectiva, ausencia de fondos… En fin, un desastre.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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