(Viene de la entrada anterior)
El nº 108 (febrero 73) cierra este confuso arco argumental destinado tanto a recuperar para el Capitán América su identidad secreta como a consolidar a la Visión como personaje.
Como vimos en el episodio anterior, el Segador y el Fantasma
del Espacio h
an capturado a Pantera Negra, Ojo de Halcón, Iron Man y la Bruja
Escarlata como parte de su plan para destruir a los Vengadores. El Segador ha
convencido a su "hermano" Visión para que se una a ellos a cambio de
transferir su mente al cuerpo del Capitán América, a quien el Fantasma lleva
mucho tiempo preparando para el proceso. De esta forma, el androide dejará de
serlo para transformarse en un humano completo, algo que en el fondo anhela
para poder establecer una relación sentimental con la Bruja Escarlata. Tras
matar a los Vengadores presentes, los villanos perseguirán al resto que no se
encuentra en Nueva York, sobre todo Thor, que en esos momentos está en Vermont (nº
207). El Segador lamenta no poder vengarse del Hombre Hormiga y la Avispa dado
que, aparentemente, murieron en “Marvel Feature” nº 6 (noviembre 72).
Cuando se quedan solos, el Segador reprende a Visión por su
actitud poco entusiasta, ya que el Fantasma sospecha de él por mucho que parte
de ello pueda explicarse por la neutralidad robótica de la voz del androide.
Aparece
entonces el Capitán América que, junto a Visión, reduce al Segador.
Resulta que cuando, en el número anterior, Visión accedió a participar en el
plan del Segador, fue solo porque vio al Capitán entre las sombras, justo detrás
del villano, indicándole que siguiera la corriente. Steve Rogers explica que ya
había estado antes en esa antigua base de Hydra, pero que el Fantasma del
Espacio había ocultado el recuerdo en lo más profundo de su mente. (Visión ya
lo sabía porque el Segador se lo contó en el último número).
El dúo localiza y libera rápidamente a los camaradas
cautivos solo para tener que enfrentarse a continuación al Segador y el
Fantasma, el cual, ataviado ahora como Hydra Supremo, dirige un escuadrón de
secuaces. Su presencia allí se explica porque nunca llegó a confiar en la
Visión, por lo que decidió quedarse y esperar a ver cómo se desarrollaban los
acontecimientos. Ahora, decide matar al androide, contraviniendo el acuerdo al
que había llegado con el Segador. Ya ha obtenido de éste todos los
conocimientos que necesitaba sobre los Vengadores y no requiere más de su
participación. Pero el Segador, que en s
u enfermiza mente considera a Visión
como su hermano –recordemos, el cerebro del androide fue modelado con las
pautas cerebrales de Simon Williams, el hermano biológico del villano-, evita
el ataque del Fantasma. Cuando un soldado de Hydra intenta dispararle, es
Visión quien se interpone salvándole la vida.
Estalla entonces un combate general que se detiene cuando el Fantasma ordena a sus hombres que salgan del lugar y activa a continuación unas “ondas de choque ultrasónicas” que dejan inconscientes a todos excepto a Visión. Éste, sin embargo, se rinde ante la amenaza del Fantasma de liquidar al también desvanecido Segador. Regresan los matones de Hydra y encierran a Visión en una jaula especialmente diseñada para retenerlo incluso en su estado intangible.
Solo entonces el Fantasma del Espacio se da cuenta de que la
Bruja Escarlata se ha escabullido durante la pelea. Piensa corr
ectamente que se
dirigirá a la Mansión de los Vengadores con la intención de avisar a Thor, y la
sigue en una nave. Cuando la alcanza, ella se gira y lanza un hechizo a su
perseguidor, pero sin éxito. Un rayo tractor la sube a la nave. A continuación,
el Fantasma entra en la Mansión para encargarse de los cabos sueltos. Aturde a
Jarvis y Rick Jones y los lleva de vuelta a su base secreta, donde los Vengadores
ya se encuentran de vuelta en sus jaulas de antigravedad.
El alienígena sabe que no puede matar a Thor, pero está dispuesto a conformarse con la angustia y culpa que sentirá el dios asgardiano al enterarse de que los otros Vengadores murieron mientras él no estaba allí para ayudarlos. Rick intenta hacer algo, pero un agente de Hydra lo detiene. El Fantasma decide entonces que sería irónico presionar el botón que matará a los héroes cautivos mientras asume la forma de Rick, así que intenta imitarlo y enviarlo al Limbo. Pero lo que ocurre es que el Capitán Marvel sale de la Zona Negativa, libera a los Vengadores y todos juntos acaban fácilmente con las tropas de Hydra.
Mar-Vell explica entonces que todo fue un plan urdido por el
Capitán América. É
l (y Visión) se enteraron en el nº 106 de que Rick y el Capitán
Marvel habían reanudado su sistema de intercambio entre la Tierra y la Zona
Negativa. El Capitán América envió a Wanda a contarle a Rick lo que estaba
sucediendo y cuando el Fantasma la atrapó, no estaba yendo a la Mansión, sino
saliendo de ella tras haber cumplido su misión. Rick desconectó las alarmas de
la Mansión para que el villano pudiera capturarlo fácilmente y, en el último
segundo, atrajo la atención del Fantasma sobre sí mismo con la esperanza de que
intentara enviarlo al Limbo. Era una apuesta arriesgada a que el alienígena no
pudiera asumir la forma de alguien que era dos personas en una. Su maniobra desencadenó
el intercambio de Jones y Mar-Vell y el Fantasma fue enviado de nuevo al Limbo.
Como su guadaña se ha quedado sin energía, el Segador se
rinde y se entrega a los Vengadores. Regresará en el nº 160 (junio 77) después
de que su auténtico hermano, Simon Williams, vuelva a la vida en el nº 151 (septiembre
76). Después, continuará amargándoles la vida con cierta regularidad tanto a Visión
como al Hombre Maravilla. En cuanto al Fantasma del Espacio regresará en “Giant
Size Avengers” nº 4 (ju
nio 75), aunque posiblemente no sea el mismo alienígena,
dado que bastantes años más tarde se descubrirá que su especie está al servicio
de Immortus.
Los Vengadores regresan a la Mansión para encontrarse allí a Thor. Un comentario casual de Ojo de Halcón molesta a Wanda, que aún sigue preocupada por su desaparecido hermano. En este punto, tras muchos esfuerzos y pistas equivocadas que les llevaron de cabeza a trampas dispuestas por villanos, no está más cerca de descubrir qué le pasó.
Y es entonces y a tenor de la experiencia que él mismo ha
vivido durante esta última aventura, que Visión da el paso adelante que tanto
había demorado: “Wanda, hoy he aprendido
algo sobre los hermanos. No creo que el Segador sea hermano mío…Pero, en un
momento de crisis, tuve que protegerlo. Quizá porque en el pasado sí lo fue. Y
para ti, Petro es mucho más todavía. También he aprendido algo…sobre los
sentimientos. No puedo prometer
te nada con respecto a tu hermano, pero sí puedo
ofrecerte mi hombro…si lo quieres”. Ambos se abrazan y el resto de los Vengadores, conmovidos,
los dejan solos mientras Thor dice:
“Silencio, amigos míos…y dejemos solos a esos dos. Aunque, en verdad, ya no
estarán solos nunca más”.
El dibujante de esta última entrega de la saga es Don Heck, un caso clásico de “regreso a casa" forzado por la necesidad y la falta de tacto editorial. Aunque Heck fue uno de los arquitectos del Universo Marvel (cofundador de Iron Man y pieza clave en los Vengadores), su salida y regreso tuvieron mucho que ver con la política interna de las "Dos Grandes". Desde mediados de los años 60 y para apoyar la expansión de Marvel, la editorial empezó a fichar a una serie de dibujantes de gran solvencia, algunos veteranos y otros noveles pero que apuntaban grandeza: John Buscema, Gene Colan, Jim Steranko, Marie Severin, Neal Adams, Barry Windsor-Smith o Gil Kane. Todos ellos tenían un estilo moderno y dinámico que superaba con creces al de Don Heck, un dibujante de la vieja escuela a quien, además, nunca le habían gustado demasiado los superhéroes.
Poco
poco, Heck fue quedando apartado. En 1970, los encargos
que le llegaban de Marvel eran insuficientes para llegar a final de mes y
empezó a trabajar para DC en colecciones como “Flash”, “Batgirl”, “Wonder
Woman” y comics románticos para los que su estilo resultaba más adecuado. Su
regreso a “Los Vengadores” en este punto probablemente obedeció más a una
necesidad económica que a una petición expresa de la editorial. Y, desde luego,
ya no fue recibido como uno de los “padres fundadores”. De hecho, su trabajo en
esta nueva y crepuscular etapa en la colección es, como mínimo, mediocre por no
decir malo. Figuras rígidas, coreografías de batalla nada inspiradas, fondos
ramplones o inexistentes y, en general, una absoluta carencia de sentido épico
(como ejemplo, basta revisar la página-viñeta en la que el Capi grita su
“Vengadores Reuníos”). No obstante, vendrán episodios todavía peor dibujados
que éste, donde, al menos, contaba para apoyarle con el entintado de Dave
Cockrum y Joe Sinnott, que contribuyeron a embellecer algo las ramplonas
viñetas.
El aspecto gráfico es uno de los factores que lastran este
arco argume
ntal. En solo tres números, participaron Rich Buckler, George Tuska,
Dave Cockrum, Jim Starlin y Don Heck, un grupo de artistas que,
independientemente de sus méritos individuales, no encajaban bien. En cuanto al
guion, es demasiado enrevesado. Englehart imbricó en él hilos pendientes de
números anteriores de Los Vengadores (la relación entre Segador y Visión, la
búsqueda de Mercurio), la explicación a un agujero de guion en números del
Capitán America de varios años atrás y la recuperación de la dinámica entre el
Capitán Marvel y Rick Jones. Demasiados ingredientes y no del todo bien
mezclados.
Además, los propios Vengadores no hacen un papel particularmente brillante aquí. Son engañados y capturados dos veces y, encima, uno de los villanos, el Segador, es un perdedor de segunda fila que no hubiera sido un adversario a considerar por ninguno de los miembros del equipo a nivel individual. Al final y por pura chiripa, es el Capitán Marvel quien saca las castañas del fuego merced a una treta que tanto podría haber funcionado como no.
Eso sí, cuando Englehart finalizó el número 108, había dado
al menos un par de pasos relevantes. Por una parte, el Capitán América había
recuperado su identidad secreta; por otra, Visión y la Bruja Escarlata habían
manifestado mutua y públicamente sus sentimientos, lo que, con el tiempo,
desembocaría en su boda, uno de los hitos principales en la larga trayectoria
de los Vengadores. Englehart tenía via libre para retomar sus propios hilos
argumentales que habían quedado pendientes y que estaban relacionados con el
paradero de Magneto y los X-Men. Pero antes, quería librarse de uno de los
personajes: Ojo de Halcón, el cual pensaba que funcionaba mejor como un
"agente libre" que cuestionaba la autoridad, una visión que
completaría años más tarde cuando escribió los guiones de “Vengadores Costa
Oeste”, fundados y liderados por Barton.
Y así, el número 109 (marzo 73), arranca poco después del
final del número anterior, con Thor observando a Ojo de Halcón sometiéndose a
un extenuante ejercicio acrobático de tiro con arco. El asgardiano sabe que
Barton intenta olvidar que Visión y Bruja Escarlata se han declarado mutuamente
su amor, ponien
do fin a sus propias posibilidades con Wanda.
La acción se traslada a continuación a California, donde una limusina se interpone en el camino de un avión que carretea por la pista del aeropuerto antes de despegar hacia Nueva York. Del vehículo sale un gigantesco hombretón de dos metros y medio de altura y detiene el avión con la fuerza de sus músculos. Los guardias de seguridad lo dejan subir. Después de todo, tiene un billete y es Imus Champion, el dueño de la aerolínea.
De vuelta en la Mansión de los Vengadores, Visión explica el problema que le hacía creerse incapaz de amar. En el nº 105, cuando Lorelei utilizó su canto para hacer que los Vengadores masculinos se rindieran a sus pies, no era que no pudiera afectar emocionalmente a Visión, sino que sus oídos de androide no reaccionaban a sus sonidos de la misma manera que los humanos. En el último número, se demostró a sí mismo que tenía emociones cuando arriesgó su vida para salvar a su malvado "hermano", el Segador.
Ojo
de Halcón, amargado, intenta estropear el ambiente recordándole
a Wanda que debería seguir buscando a su hermano desaparecido, como lo había
estado haciendo durante los últimos cuatro números. Pero Visión la defiende y apoya.
Harto y desengañado, Clint decide abandonar la Mansión, deshaciéndose del traje
medieval que venía usando desde el nº 98 y recuperando su uniforme original.
Una vez fuera, reflexiona sobre sus sentimientos: “¿Qué hago ahora? Supongo que en realidad no amaba a Wanda, pero es tan
duro volver a perder… La Viuda Negra me dejó tres veces…primero por los
comunistas, luego por SHIELD y ahora por Daredevil”. Efectivamente, la
Viuda lo abandonó en el nº 76 y desde el nº 81 de “Daredevil” (noviembre 71)
venía siendo la amante y compañera de aventuras del héroe” ciego durante el
tiempo que ambos estuvieron viviendo en San Francisco. En fin, que su interés
por Wanda fue una especie de consuelo ilusorio con el que distraer su atención
y lo que tiene herido no es tanto el corazón como el orgullo.
Las reflexiones de Clint se interrumpen cuando Champion lo
encuentra y le prop
one trabajar para él como entrenador de tiro con arco.
Aunque al principio el héroe se muestra reticente (dice que los Vengadores no
se alquilan y le sugiere probar con Luke Cage, cuyo título bimensual
"Héroe de Alquiler", llevaba unos meses publicándose), el grandullón
ofrece donar un millón de dólares a la organización benéfica que designe. Ojo
de Halcón, que siente que necesita cambiar de aires, accede.
Ambos vuelan hasta la mansión californiana de Champion, un moderno edificio que cuelga sobre un acantilado sobre el océano Pacífico. Aquél le sugiere a Ojo de Halcón que escriba a los Vengadores para contarles lo que está haciendo. Clint, todavía enfadado con ellos, dice que no lo va ha hacer, pero Champion falsifica una carta firmada por el héroe porque no quiere arriesgarse a que los Vengadores lo interrumpan.
Ojo de Halcón pasa semanas enseñando a su millonario pupilo
gigante, hasta llegar un mo
mento en el que éste no tiene nada más que aprender
y decide que es el momento de volver con los Vengadores. Pero entonces, por
accidente, ve a Champion con un disfraz, y éste le explica su plan: ahora que
ha añadido el tiro con arco a sus extensas habilidades, cree haber demostrado
ser mejor que nadie en cualquier disciplina. Así que considera llegado el momento
de atacar. Su objetivo es un barco hundido de la Segunda Guerra Mundial que
transportaba gas nervioso. Como está en las aguas territoriales estadounidenses,
para hacerse con él sin interferencias pretende alejar la costa de California
por el expeditivo método de hundirla. Para ello, detonará una serie de bombas a
lo largo de la falla de San Andrés, desatando un terremoto que asolará todo el
territorio. Ojo de Halcón, por supuesto, no puede consentirlo, pero cuando se
enfrenta a Champion descubre que no es rival para él. Pierde la cuerda de su
arco y escapa de la muerte arrojándose por una ventana al océano.
Aunque le cuesta semanas, la Bruja Escarlata se da por fin
cuenta de que la
carta que recibieron es falsa, porque viene firmada como “Ojo
de Halcón”, algo que Clint no hubiera hecho jamás. Alertados, se ponen en
camino. Mientras tanto, Ojo de Halcón es aprisionado por su adversario y
amarrado a una de las bombas colocadas sobre la falla. Será la primera en
detonar y, para presumir y burlarse de su maestro, Champion pretende activarla
disparando una flecha.
Por supuesto, los Vengadores llegan justo a tiempo para frustrar el plan del villano. Aunque por el momento detienen la detonación, resulta que Champion y sus secuaces no estaban desprevenidos frente a un ataque semejante. Champion electrocuta a Iron Man, los secuaces atacan a Pantera Negra y a la Bruja Escarlata, y otra explosión incluso ciega a Thor. Pero Visión logra defenderse con éxito y libera a Ojo de Halcón.
C
hampion está listo de nuevo para disparar la flecha fatal,
pero Ojo de Halcón agarra su propio arco -que el villano había dejado cerca en
una muestra de desprecio y burla-, rápidamente cambia la cuerda rota por otra
de repuesto que –supuestamente- llevaba oculta en el uniforme y dispara una
flecha que corta la cuerda del arco de Champion justo cuando está soltándola. La
flecha del villano se desvía y el martillo de Thor crea una fisura en el suelo
que atrapa al gigante. Ojo de Halcón remata la pelea con una flecha de gas aturdidor.
Sin embargo, a pesar de haber salvado el día, Ojo de Halcón está muy lejos de sentirse satisfecho: “Estoy harto de ser el pobre Ojo de Halcón, el Vengador estúpido. ¡Soy bueno, pero nunca he podido demostrarlo de veras en medio de tanta gente! Meter la pata no tiene por qué convertirse en un hábito. Puedo salir adelante solo… si quiero. Tachadme de la lista, gente.. ¡Porque Ojo de Halcón se independiza!”.
La salida de Ojo de Halcón de la alineación regular de “Los
Vengadores” fue
un movimiento osado por parte de Englehart y un ejemplo
perfecto de cómo éste utilizaba la psicología de los personajes para mover la
trama, en lugar de simples "excusas" de guion. La razón de su
abandono no es una pelea con algún miembro o una derrota vergonzosa frente a un
villano, sino una crisis de identidad y orgullo que ya venía arrastrando desde
tiempo atrás y que, por ejemplo, le llevó a asumir la identidad de Goliath (en
el nº 63, abril 69).
Para empezar, siente un complejo de "inferioridad" frente a sus compañeros superpoderosos. Clint Barton siempre ha sido el miembro más humano y rebelde del equipo y se veía a sí mismo como "un tipo con un arco y flechas" rodeado de dioses, supersoldados y seres con poderes cósmicos, mágicos o tecnológicos. En resumen, que sentía que no estaba aportando lo suficiente al grupo. Pero el detonante final fue el rechazo sentimental de la Bruja Escarlata. Ver a la mujer que creía amar en brazos de un androide hería el orgullo de Clint más allá de lo soportable.
Eng
lehart utilizó esta salida para que Clint intentara
encontrar su lugar fuera de la sombra de los Vengadores. Lo primero que hace es
ir a San Franscico esperando que dándole una paliza a Daredevil la Viuda Negra –recordemos,
compañera sentimental de éste por aquel entonces- vuelva con él (“Daredevil” nº
99, mayo 73). Por supuesto, no funcionó. Esto lo llevaría a unirse brevemente a
los Defensores y militar en su bando cuando éstos se enfrentaron a los
Vengadores, saga que veremos a no mucho tardar. Su reincorporación a su grupo
origen, tras varias apariciones puntuales en la colección, no llegaría hasta el
número 172 (junio 78), para participar en la Saga de Korvac.
Englehart demostró aquí su capacidad para manejar a los
personajes sin miedo a llevarlos por direcciones inesperadas pero coherentes
con lo que se sabía de ellos. El problema es que todo lo demás en este episodio
no funciona. Para empezar, el villano es absolutamente soso y genérico, una
mera herramienta para encajar las obligatorias escenas de acción y apuntalar la
decisión que Ojo de Halcón sin duda iba a tomar de todas formas. ¿De verdad un
individuo que se encuentra entre los diez más ricos de la Tierra no puede
encontrar otra forma de recuperar la carga de un
pecio que sepultar bajo las
aguas toda una línea costera? No es de extrañar que nadie en la editorial pensara
en recuperarlo hasta mucho después, concretamente Scott Lobdell para un serial
de Lobezno en “Marvel Comics Presents” en 1993, momento en el cual intentaría
consolidarse como adversario, sin mucho éxito, en títulos como la Viuda Negra o
Conan (sí, el Bárbaro).
El otro aspecto que estropea por completo la lectura es el torpe dibujo de un Don Heck completamente desmotivado que, para colmo, no cuenta aquí con la ayuda de un entintador competente. Aunque Frank McLaughlin, en su momento, fue considerado un profesional eficaz y versátil que había trabajado desde comienzos de los sesenta en todas las editoriales importantes (Charlton, DC, Archie, Marvel o Warren, además de en tiras de prensa populares como “Juliet Jones” o “Brenda Starr”) aquí apenas parece repasar rápidamente unos bocetos apresurados de Heck. Las figuras están rígidas, la expresividad (incluso la de la Bruja Escarlata, a la que siempre le había dado un encanto especial) brilla por su ausencia en un episodio que debiera haber sido emotivo, hay errores de perspectiva, ausencia de fondos… En fin, un desastre.
(Continúa en la siguiente entrada)

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