17 ene 2026

1979- STAR WARS: LAS TIRAS DE PRENSA – Archie Goodwin y Al Williamson (2)

 


(Viene de la entrada anterior)

 

Tras la historia “Planeta Kadril”, escrita por Russ Helm, otro equipo artístico iba a hacerse cargo de la tira, catapultándola varios grados de calidad: el guionista Archie Goodwin y el dibujante Al Williamson. Pero antes de que pudieran incorporarse juntos a este rincón del universo Star Wars y por las razones que luego apuntaré, hubo que rellenar un periodo cinco meses, del 6 de octubre de 1980 al 8 de febrero de 1981, en el que se serializó la adaptación de una de las primeras novelas publicadas después del éxito de la película original: “Han Solo at Star´s End” (1979), escrita por Brian Daley.

 

Traducida en su edición española como “Más Allá de las Estrellas”, fue la primera entrega de lo que acabó siendo una trilogía que exploraba el pasado del ya popular contrabandista (no confundir con la escrita por A.C.Crispin, aparecida entre 1997 y 1998). En aquel momento, no se sabía prácticamente nada de la historia pasada de los personajes, por lo que Daley (que, hasta su prematura muerte en 1996, con 49 años, fue uno de los pioneros del “Universo Expandido”, escribiendo además los guiones para las adaptaciones radiofónicas de la trilogía original de Star Wars para la radio pública estadounidense), tuvo una libertad extraordinaria para definir al personaje de Han Solo antes de su encuentro con Luke en la taberna de Mos Eisley. Actualmente, eso sí, esta historia ha sido incluida en la línea "Legends" de Star Wars, donde han ido a parar los productos que desarrollaron el antiguo canon, siendo así eliminado de la cronología actual de Disney, si bien varias de sus ideas influyeron en películas posteriores como “Han Solo” (2018).

 

La acción transcurre dos años antes de los acontecimientos narrados en “Una Nueva Esperanza” y se aleja del conflicto entre el Imperio y la Alianza Rebelde para centrarse en el submundo criminal en los sectores más remotos de la galaxia. Han Solo y Chewbacca necesitan realizar reparaciones urgentes en el Halcón Milenario y acuden al planeta donde tienen su taller una antigua amante de Han, Jessa, y su padre, un excelente mecánico. Pero al llegar allí sin dinero, Jessa les dice que sólo accederá a realizar el trabajo si le ayudan a rescatar a su padre, en poder de la Autoridad Corporativa.

 

Y es que este es un sector del espacio gobernado por megacorporaciones y no por el Imperio, aunque es a éste a quien compran sus vehículos y armamento. El padre de Jessa, Doc, se opuso a la Autoridad Corporativa y fue arrestado y trasladado a una prisión legendaria a la que se conoce como “El Confín de las Estrellas" (Stars' End). La misión de Han y Chewie consistirá en introducir en el Centro de Datos de la Autoridad a un par de androides, Blue Max (un pequeño ordenador cúbico de procesamiento) y Bollux (un baqueteado y obsoleto droide de trabajo que transporta al anterior) para que extraigan de los ordenadores la localización de la prisión. Allí entrarán en contacto con otros renegados que les acompañarán en el viaje, aunque uno de ellos resulta ser un traidor que Han deberá identificar y eliminar no sin que antes cause un gran daño.

 

En esta historia nos encontramos a un Han Solo más cínico, rudo y pragmático de lo que la corrección política permitirá en versiones posteriores en las que se resaltarían más sus virtudes positivas. Por otra parte, esta es una peripecia que mezcla la aventura con el género negro. Hay tiroteos, infiltraciones, huidas, persecuciones de naves, evasiones, estratagemas, traiciones… pero ningún Jedi utilizando la fuerza o esgrimiendo un sable láser.

 

Dado que no he leído la novela original, no puedo valorar la fidelidad de esta adaptación, pero sí lo eficientemente que está contada la historia. Y hay que reconocer, que Archie Goodwin era mucho mejor narrador que Russ Manning. La historia fluye muy bien, encadenando las tiras diarias con las planchas dominicales sin que los breves pero obligatorios resúmenes que se hacen en éstas o las entregas de los lunes sean demasiado evidentes o gravosos para la narración. Se nota la gran experiencia que Goodwin acumulaba como guionista de una tira de prensa, dado que llevaba desde 1967 escribiendo “Agente Corrigan”.

 

En cuanto al dibujo, el artista elegido fue, de nuevo, Alfredo Alcalá. Su trabajo con las figuras y los rostros es muy destacable, pero queda claro que el dibujo de tecnología y entornos futuristas no es lo suyo. Los fondos están poco elaborados y las naves, las armas o los robots tienen un diseño muy poco atractivo. Hay incluso algunos cambios bruscos y desconcertantes, como el del personaje de Atuarre, una mujer-gato que, más adelante en la trama, pasa a tener el aspecto de una humana ridículamente disfrazada. Quizá a Alcalá le cansó tener que estar dibujando las complejidades de las cabezas felinas o bien fue responsabilidad de algún ayudante, cuya mano es más que evidente en varias tiras con una resolución mediocre.

 

Y por fin, con “El Cazarrecompensas de Ord Mantell” (9 febrero – 19 abril de 1981), empieza el primer arco firmado por Archie Goodwin y Al Williamson y desde la primera viñeta de la primera tira ya se hace evidente el salto estratosférico que ha experimentado la serie.

 

La asociación creativa de ambos profesionales se remontaba mucho tiempo atrás de tal forma que Star Wars no fue sino la culminación de una larga y distinguida colaboración que había comenzado a mediados de los años 60, en las revistas publicadas por la editorial Warren. De hecho, cuando Los Angeles Times Syndicate consideró inicialmente la tira de Star Wars, contactaron en primer lugar con Williamson y Goodwin para que se encargaran de ella. Juntos, prepararon dos semanas de tiras como muestra, adaptando las escenas iniciales de la primera película. (Cuando finalmente la tira fue encargada a Manning, el sindicato decidió no comenzar con una adaptación y le encargó una historia original).

 

Aquel trabajo de presentación ya indicaba que el duo era perfecto para la tira. Pero incluso antes de ver el excelente resultado, sus nombres ya sonaban como especialmente bien indicados para ello. Archie Goodwin ya había sido una de las figuras más importantes de Star Wars en el ámbito de los comics. Como Editor en Jefe de Marvel entre 1976 y 1978, supervisó el lanzamiento del primer cómic de “Star Wars” en 1977, un ejemplar que vendió más de un millón de copias, marcando un éxito sin precedentes que estabilizó las finanzas de la compañía y la salvó de la bancarrota. Además, se encargó de escribir los guiones de la mayoría de los números de esa colección entre el 11 y el 50, adaptando al comic “El Imperio Contraataca” junto con Al Williamson. En resumen, que estaba más que familiarizado con el material, sabía cómo abordarlo y las limitaciones con las que debía trabajar.

 

En cuanto al apartado gráfico, Williamson ya acumulaba un gran prestigio como dibujante especializado en Ciencia Ficción. Aunque llevaba ya diez años realizando la tira diaria de “Agente Corrigan” –una serie de corte policiaco aunque con ocasiones ramalazos de otros géneros como la aventura pulp-, su forja habían sido los comics de CF de la EC, donde destacó como ilustre continuador del estilo del Alex Raymond, creador de Flash Gordon. De hecho, fue su fijación con ese personaje lo que en primer lugar llevó a Williamson al oficio de dibujante, una aspiración que satisfizo en 1966 ilustrando varios comic-books de Flash Gordon editados por King Features y que enseguida pasaron a considerarse clásicos.

 

¿Y por qué entonces la tira acabó cayendo en las manos de Russ Manning en lugar de las suyas? Pues básicamente porque Williamson se hallaba muy ocupado con “Agente Corrigan”, distribuido por el King Features. A diferencia de Manning (que también se encargaba de Tarzán), él no se creyó capaz de realizar simultáneamente una segunda tira y mantener un nivel gráfico a la altura que se exigía él mismo.

 

Pasaron los años y la situación de Williamson cambió considerablemente. Él y Goodwin habían abandonado X-9 (que fue retomada por otro ex licenciado de la EC, George Evans), y Williamson aceptó un par de adaptaciones cinematográficas al comic que realizó con una maestría extraordinaria: “Flash Gordon” para Western Publishing, y “El Imperio Contraataca” para Marvel Comics. Mientras que el álbum de Flash le supuso un auténtico quebradero de cabeza (por razones que ya comenté en su respectiva entrada), Williamson disfrutó mucho trabajando con el material de Star Wars. A George Lucas, que era conocedor de su trabajo desde hacía mucho tiempo, le encantó el resultado y volvieron a presentarle a Goodwin y Williamson la propuesta de encargarse de la tira de prensa. Esta vez, aceptaron.

 

Entre ese momento y la aparición de la primera tira firmada por ellos, se produjo el antes comentado hiato de Archie Goodwin (que ya tenía su agenda libre) y Alfredo Alcalá. Ello fue debido al compromiso que había adquirido Williamson para terminar la novela gráfica de Flash Gordon. Por fin, el 9 de febrero de 1981, periódicos de todo el país imprimieron la primera de las cientos de tiras de Star Wars que llevarían las firmas de Goodwin y Williamson.

 

Archie Goodwin tenía una visión muy específica de las historias que quería contar y que podía resumirse en conectar las dos películas de la saga ya estrenadas por entonces. En 1981, cuando comenzó la primera aventura firmada por él y su socio Williamson, “El Imperio Contraataca” cumplía un año desde su estreno. Lucas concluido ésta con un final magistral que dejó a todo el mundo expectante y deseoso de averiguar qué iba a ocurrir a continuación. La labor de Goodwin era la de satisfacer esa demanda a la espera del lanzamiento de “El Retorno del Jedi”, narrando peripecias de los personajes principales ambientadas en el periodo comprendido entre “Una Nueva Esperanza” y “El Imperio Contraataca”.

 

Goodwin fue el primer guionista con la oportunidad de adoptar este enfoque, ya que tanto la serie de comic-books de Marvel como la tira de prensa de la época de Russ Manning comenzaron a publicarse poco después del estreno de la primera película y, por lo tanto, solo contaba con ésta como material en el que inspirarse y a partir del cual desarrollar el universo. Dado que Goodwin, como he dicho, había dedicado bastante tiempo a la colección de Marvel, tuvo ahora la oportunidad de volver a un terreno que le era familiar, pero con más elementos con los que jugar. Eso sí, no se excedió tanto como lo hiciera él mismo y otros guionistas en los comics de Marvel, que tendían a la exageración, con personajes y situaciones estrambóticos que no casaban bien con el espíritu de las películas. En las tiras, Goodwin hizo un trabajo mucho más comedido pero sobresaliente recreando las voces de los personajes y escribiendo tramas continuas mucho más atractivas que las de Manning y los demás guionistas que le precedieron.

 

Y así, esta historia de debut del nuevo duo artístico, “El Cazarrecompensas de Ord Mantell”, se emplaza cronológicamente, como he dicho, poco después de lo acontecido en “Una Nueva Esperanza”. La Alianza rebelde, sabedora de que el Imperio conoce la localización de su base en Yavin 4, emprende la búsqueda de un nuevo emplazamiento para su centro de mando; Han todavía tiene sobre sí el peso de la recompensa ofrecida por Jabba el Hutt; y Darth Vader, tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, está más decidido que nunca a aplastar el crecimiento movimiento rebelde.

 

Antes de que los mandos rebeldes decidan esconderse en Hoth, Luke y Leia se encuentran en un mundo selvático valorando su idoneidad para trasladar allí la base rebelde. Sin embargo, las tropas imperiales han llegado antes que ellos y utilizan ese planeta como campo de entrenamiento. No tardan en localizar a la pareja, destruir la nave en la que habían llegado y emprender su caza. En Yavin, los dan por muertos dado que no han informado cuando estaba previsto y no disponen de naves libres para ir a ese planeta a investigar. Pero Han, que no depende de la oficialidad rebelde, decide ir con Chewbacca a bordo del Halcón Milenario para averiguar lo ocurrido. Y llega en el proverbial justo a tiempo para salvarlos de morir bajo los láseres imperiales.

 

Pero al salir del planeta, se encuentran naves imperiales que obligan a Han a realizar una brusca maniobra que, permitiéndoles escapar, también deja al Halcón muy dañado. Así que no tienen más opción que dirigirse a Ord Mantell, un planeta al que por el momento el Imperio ha respetado, para realizar unas imprescindibles reparaciones. Por supuesto, el nombre de ese lugar resultará familiar para muchos aficionados porque durante una de las primeras escenas del Episodio V, Han menciona su encuentro allí con un cazarrecompensas. Goodwin tira de ese hilo para contarnos aquí lo ocurrido.

 

El cazarrecompensas en cuestión es Skorr, que reconoce a Han –ya que se mueve en los mismos círculos que él, a diferencia de Luke y Leia, cuya identidad desconoce- y decide atraparlo para cobrar la sustanciosa cantidad que Jabba ofrece por su cabeza. Sin embargo y sabiendo de la pericia de Han con la pistola, decide no correr riesgos y secuestrar a sus amigos para obligarlo a comparecer ante él solo y en un lugar aislado.

 

Tratándose de un material ajeno –y además mediocre-, la adaptación de la novela de Brian Haley no había sido la mejor carta de presentación posible de Archie Goodwin para los lectores de la tira. Es ahora cuando puede dar rienda suelta a sus ideas –dentro de un orden, claro, dado que este universo no era suyo.

 

Como he dicho, Goodwin era un experimentado narrador de comics en el formato periodístico. Tanto, de hecho, que la mayoría de sus historias pueden leerse con bastante fluidez, pasando de una tira a la siguiente sin tener que soportar esas obligatorias recapitulaciones para los lectores que se hubieran perdido la entrega anterior. Goodwin no prescinde de los resúmenes, pero en general no abusa de ellos y reformula la información relevante para no limitarse a una aburrida repetición que interrumpa la narrativa.

 

Por otra parte, la historia tiene un sabor mucho más definido a Star Wars en todos los órdenes: el contexto, la premisa, su desarrollo (con persecuciones, evasiones en el último momento, batallas espaciales, villanos pintorescos, añagazas ingeniosas…) y el tratamiento de personajes. Ciertamente y en este punto inicial, Chewbacca y Luke son todavía convidados de piedra, pero Han y Leia están perfectamente definidos. Ambos se comportan y expresan de forma coherente con lo que de ellos se sabía después de “Una Nueva Esperanza” y “El Imperio Contraataca”, a saber, una relación basada en la admiración mutua no reconocida, la tensión romántica sólo ocasionalmente expresada y casi siempre camuflada por intercambios verbales repletos de sarcasmos y comentarios hirientes.

 

Hay que tener en cuenta que Goodwin, como prácticamente todos los guionistas de comic que han trabajado para la franquicia, estaba muy limitado en cuanto a lo que podía hacer con los personajes principales. Podía retratarlos con fidelidad de acuerdo a lo mostrado en las películas, pero no hacerles avanzar en sus respectivos arcos personales, un derecho éste que se reservaba Lucas en exclusiva. El resultado, obviamente, era un perpetuo y poco realista estancamiento en el statu quo. Ahora bien, este era un peaje que los fans de Star Wars, ansiosos de consumir más material de su universo favorito, estaban dispuestos a pagar. Además, e independientemente de su calidad, este era un material de consumo para un público masivo que no exigía grandes niveles de sofisticación argumental o caracterización.

 

También merece la pena destacar la ausencia de los droides, que tan presentes habían estado en las aventuras anteriores (con la lógica excepción de la inmediatamente precedente, dado que transcurría en una época anterior a que Han conociera a Luke en Mos Eisley) ejerciendo a menudo de alivio cómico hasta rozar el abuso. Aquí tan sólo aparecen en una viñeta antes de desaparecer de la trama. Lo que se sí se recupera es la conexión de Luke con la Fuerza (que se fortalecería en “El Imperio Contraataca”, cronológicamente posterior a esta aventura), su sable láser, los continuos achaques del Halcón Milenario y los problemas de Han con Jabba, todo lo cual acerca mucho más la tira a la continuidad de las películas y reafirma, al menos el principio, el compromiso de Goodwin con mantener la coherencia con aquéllas.

 

En cuanto al trabajo de Al Williamson, es simplemente extraordinario y muy alejado en cuanto a calidad de sus dos predecesores, Alfredo Alcalá y Russ Manning.

 

Si bien el dibujo de Manning era menos caricaturesco que el que otros artistas como Howard Chaykin o Carmine Infantino habían ofrecido en los cómics de Marvel, lo cierto es que aquél no se esforzó mucho por capturar el físico de actores como Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford, o el atractivo diseño de otros como Darth Vader o Chewbacca. Cuando Williamson dibujó la antes mencionada adaptación de “El Imperio Contraataca” para Marvel, los lectores tuvieron la experiencia más parecida a ver la película en sus casas antes de su lanzamiento en VHS.

 

Donde Manning y Alcalá se habían mostrado perezosos con los fondos y poco cómodos representando tecnología futurista o, al menos, respetuosa con la línea marcada por los diseños de Lucas, Williamson inserta a sus personajes en entornos meticulosamente trabajados, ya sean las espesas selvas del planeta inicial, con su inmensa vegetación y su fauna autóctona, bien el puerto espacial de Ord Mantell, con una atmósfera muy parecida a la de Mos Eisley. Tanto el interior como el exterior del Halcón Milenario, los destructores imperiales y cazas TIE, los soldados de asalto y la pintoresca variedad de especies alienígenas que transitan por las calles del planeta son coherentes con el universo Star Wars y es evidente que Williamson utilizó documentación gráfica para plasmar con la mayor exactitud posible los diseños y la tecnología. El dibujo de figuras es asimismo impecable. El movimiento y la expresividad están muy logrados y los protagonistas mantienen los rasgos de los actores que los encarnaron en pantalla, pero sin esa sensación de acartonamiento en la que caen otros artistas al calcar o copiar fotos.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario