El género más popular en el comic de principios del siglo XX –que, recordemos, sólo se publicaba en prensa- fue el llamado “kid strip” o tiras con niño. Su origen puede encontrarse en el “Yellow Kid” (1895) de Richard F.Outcault y entre sus principales representantes de la época pueden citarse los “Katzenjammer Kids” (1897) de Rudolph Dirks; “Buster Brown” (1905), también de Outcault; “Little Nemo” (1905) de Winsor McCay; los “Kin-der-Kids” (1906) de Lyonel Feininger; o “Little Orphan Annie” (1924) de Harold Gray. Según el autor y el momento histórico-social, estas tiras ponían más o menos énfasis en la comedia de situación, el melodrama sensiblero, la aventura exótica o fantástica, la fábula moralista e incluso el simbolismo conceptual.
Fue Charles Schulz quien recuperó el género
tras su hibernación durante los años cuarenta y le dio un nuevo giro,
acercándolo al mundo de los adultos. En su serie “Peanuts” (1950), los
personajes eran mucho más complejos y contrastados psicológicamente y, aunque
infantiles, hacían reflexiones y tenían preocupaciones propias de adultos. Inspirado
en la obra de Schulz, el argentino Quino creó siguiendo pautas similares a su
también inmortal “Mafalda” (1964).
Y entonces, en 1985, cuando el género languidecía, apareció la que quizá fue su última gran estrella: “Calvin y Hobbes”, un comic que cautivó a lectores de todo el mundo y que, dirigido primordialmente a los adultos, los niños también podían entender y disfrutar.
William Watterson nació en 1958 en Washington
DC. En 1965, la familia se trasladó a un barrio rural de Chagrin Falls, Ohio,
que inspiraría buena parte del entorno de “Calvin y Hobbes”. Ya de niño y para
el periódico de la escuela, Watterson dibujaba comics y entre sus influencias
se contaban los ya mencionados Winsor McCay y Charles Schulz así como George
Herriman (“Krazy Kat”) y Walt Kelly (“Pogo”). No eran unos ídolos cualesquiera:
eran autores que habían demostrado que los comics de prensa podían ofrecer un
dibujo maravilloso, historias imaginativas y profundidad filosófica. Del trabajo
de los animadores Tex Avery y Chuck Jones para los cortos de la Warner (Bugs
Bunny, Porky, Pato Lucas, Correcaminos y Coyote…) tomó su dinamismo y
ocasionales distorsiones anatómicas.
Entre 1976 y 1980, Watterson estudió Ciencias
Políticas, aunque siguió dibujando para el periódico universitario. Después de
graduarse, consiguió trabajo en un periódico local, el Cincinnati Post, como
caricaturista político. Pero pronto descubrió que sabía muy poco de aquello de
lo que debía reírse, la política local, y que, además, los editores no
entendían sus ambiciones artísticas. ¿Resultado? Lo despidieron antes incluso
de que su contrato llegara a su fin. Como salvavidas, se incorporó a una
agencia de publicidad para la que durante cuatro años diseñó anuncios de
alimentos. Entró también como dibujante en una revista especializada en
caricaturas políticas llamada “Target: The Political Cartoon Quarterly”.
Simultáneamente, trabajó en la creación de una
tira de comics de corte más tradicional y apolítica. Le costó encontrarle hogar,
pero al final consiguió venderla a Universal Press Syndicate. Y así, tanto la
tira diaria como la dominical a color de “Calvin y Hobbes” debutaron el 18 de
noviembre de 1985 para sorpresa y delicia de unos lectores que encontraron en
ella un humor refrescante y un planteamiento original.
Calvin es un niño de seis años que vive con
sus padres en las afueras de una ciudad mediana, lo que le da fácil acceso al
bosque, su zona de juegos favorita. Inmensamente curioso, precoz, hiperactivo
en su ocio y perezoso en la escuela, su inteligencia y perspicacia se
manifiestan en las conversaciones con sus padres y sus elaborados planes para
su mejora personal, la obtención de beneficio económico o la simple travesura. Como
todos los niños, a ratos puede ser adorable o tremendamente insoportable, una
auténtica pesadilla para los padres modernos.
Su compañero de aventuras y contrincante
dialéctico es un tigre de trapo llamado Hobbes. Todo el mundo ve que el tigre
es un peluche excepto Calvin, que interactúa con él como si fuera una versión
algo más adulta, realista, sensata y precavida de sí mismo. El momento favorito
de Hobbes es cuando Calvin llega del colegio, saltando sobre él de manera
agresiva y convirtiendo lo que debería ser un momento placentero para el niño
en una experiencia terrible. De todas formas y a pesar de esos arrebatos
propios de su naturaleza felina, Hobbes suele evitar que Calvin cometa graves
equivocaciones con sus alocados planes.
Por cierto, que nunca llega a aclararse si
Hobbes es realmente producto de la imaginación de Calvin o, por el contrario,
sí tiene vida propia. Muchos gags sugieren que no es más que un juguete. El
niño suele estar solo cuando habla con Hobbes y nadie salvo él reconoce que el
tigre está vivo. Incluso otros niños lo ven como un mero animalito de trapo.
Sin embargo, hay ocasiones que apuntan a que quizá sea real. A veces, los
adultos lo encuentran en lugares donde Calvin no lo podría haber colocado.
Además, Hobbes a menudo actúa como la voz de la razón, casi como un padre
sustituto, y parece extraño que Calvin pudiera imaginar para él ese papel y sus
correspondientes réplicas dada su edad. A lo mejor Hobbes sólo se convierte en
un objeto inanimado cuando alguien extraño –o sea, todo el mundo menos Calvin-
se encuentra cerca. Watterson dejó todo este asunto deliberadamente poco claro
y, como explicó una vez, fue la razón por la que nunca dio permiso para hacer
ninguna película o adaptación televisiva, ya que habría tenido que tomar una
decisión permanente sobre el particular.
No deja de tener su punto de ironía que
Watterson bautizara a sus protagonistas con los nombres de dos filósofos (Juan
Calvino, teólogo fundador del Calvinismo; y Thomas Hobbes, autor de “El
Leviatán”) cuyas obras carecían por completo de humor. No obstante, el propio
autor ha negado que tuviera más intención que homenajear sus tiempos de
estudiante de Ciencias Políticas-.
Estos dos grandes amigos (no parecen necesitar
a nadie más para pasarlo bien) disfrutan gastándose bromas, peleando o
reinventando a su gusto las reglas de los juegos infantiles para ajustarlos a
lo que les conviene en cada momento. Sin conocer obstáculo ni límite alguno,
bendecido con una inagotable imaginación y un vocabulario sofisticado así como
de un vasto conocimiento de la prehistoria y la tecnología de la ciencia
ficción, Calvin puede transformar un carrito, un trineo o una caja de cartón en
todo tipo de aeronaves que le permiten a él y a Hobbes volar sobre profundos
abismos, descender por empinadas laderas nevadas o viajar por el espacio y el
tiempo. Sus inclinaciones y talento artístico afloran cuando nieva y forma
escenas con muñecos de nieve que presentan una visión pesadillesca del mundo.
Cuando Calvin se encuentra solo (por ejemplo,
en la escuela, a la que odia con intensidad y donde solo recibe malas notas y
castigos de la rancia pero sufrida Señorita Carcoma por interrumpir las clases
con sus ocurrencias o hacer comentarios sarcásticos- o cenando en casa –donde
la comida rara vez satisface sus exigentes estándares-), se refugia en su
imaginación adoptando la identidad del Capitán Spiff, intrépido explorador del
espacio; o quizá de algún dinosaurio jurásico. Sin embargo, siempre acaba
devuelto bruscamente a la realidad por su profesora o sus padres, algunas veces
metamorfoseados –en su imaginación- en grotescas criaturas. De igual modo, en
otras ocasiones se ve a sí mismo como el superhéroe Estupendo Man, Campeón de
la Libertad y Defensor del Libre Albedrío, al que sólo puede derrotar su
“malvada archienemiga”- Mom Lady.
Aunque como él mismo dice, “la infancia es
corta y la madurez es para siempre”, ya el pequeño Calvin demuestra
preocupaciones propias de adulto, como la contaminación o los animales en
peligro de extinción (especialmente tigres), las convenciones sociales y
culturales o incluso cuestiones de altura metafísica, como el sentido de la
vida, la esencia de la felicidad, la incompresibilidad de la muerte, las
consecuencias del paso del tiempo o el significado de la amistad. Sí, puede que
los temas que le preocupan y sobre los que reflexiona con brillantez sean
propias de un adulto, pero es precisamente la manera inocente que tiene de
interpretarlos y su rebeldía a las normas impuestas por sus mayores, a menudo absurdas
y contradictorias, lo que nos recuerda que, después de todo, Calvin es un niño.
Como contrapeso al impulso de gratificación
instantánea de su joven compañero y tras haberle seguido la corriente un rato,
el mejor educado y más maduro Hobbes suele, como un Pepito Grillo, desinflar el
comportamiento imprudente y egoísta de su amigo mostrándole lo incorrecto de su
proceder; lo que provoca a su vez, naturalmente, el disgusto de Calvin. Por
ejemplo, cuando Calvin, autoerigido dictador vitalicio, está cantando el himno
de su club ASCO (Asociación Sin Chicas Obtusas), Hobbes le recuerda que tiene
la voz de soprano de una nenaza. Además de tener él mismo una naturaleza
extrovertida, amable, sentimental y juguetona, Hobbes está muy agrad
ecido de no
ser humano. Prefiere morir de hambre antes de comer comida basura y disfruta de
la vida en la Naturaleza. Y es que, de hecho y a diferencia de otros animales
antropomorfizados de los comics, Hobbes nunca deja de ser un tigre y la tira
nos lo suele recordar mostrándolo actuar y razonar como tal.
Los padres de Calvin, son representantes de la
clase media más convencional. Aunque quieren a su hijo, no siempre tienen éxito
a la hora de reprimir su enfado ante sus continuas travesuras y ocurrencias.
Papá es un abogado de patentes (como el propio padre de Watterson), un hombre
bastante inútil a nivel doméstico y cuya pasión es el camping. Suele preferir
la oficina antes que estar en casa en la irritante compañía de Calvin y a
menudo se pregunta si una prueba de ADN explicaría los negativos resultados en
las encuestas sobre su popularidad que le presenta su hijo junto a peticiones
de dimisión. Mamá, por otra parte, es un ama de casa dispuesta a tolerar o
ignorar las astracanadas de Calvin… hasta cierto punto, más allá del cual sufre
un estallido de ira y frustración. Por eso el precoz Calvin cree que “algunas
mujeres no están destinadas a ser madres”.
Susie Derkins es una vecina y compañera de clase de Calvin, sensata, educada y buena estudiante que se convierte en diana de las bromas machistas de éste. Sin embargo, es también una niña inteligente y resuelta, perfectamente capaz de responder y dejar KO a Calvin, verbal o físicamente. Otros personajes secundarios son Rosalyn, la estricta y comprensiblemente bien pagada canguro de Calvin; la mencionada señorita Carcoma, cuyo único consuelo es la perspectiva de su cercana jubilación; el señor Gargajo, director del colegio; y Moe, el matón de la escuela.
Ha habido quien ha visto en la serie una
cierta tristeza subyacente. Calvin siempre juega solo. No tiene amigos. Susie
vive cerca pero siempre intenta quitársela de encima porque prefiere jugar con
su juguete de trapo. En la escuela, sufre el acoso de Moe; la señorita Carcoma
lo castiga por sus múltiples ocurrencias; sus padres están tan cansados de su
comportamiento y reclamo de atención que a menudo pierden los nervios u optan
por la mentira o el engaño como mezquina venganza. En un gag, Calvin le pide a
su madre un hermanito, pero sólo “para tener a alguien más pequeño del que
abusar”. En la siguiente viñeta, el padre de Calvin habla por teléfono con su
esposa desde la oficina: “Mira cariño, ¿podemos hablar de esa operación en otro
momento?”, dejando claro que ella quiere practicarse la vasectomía.
La única que consigue obligar a Calvin a
obedecer es Rosalyn, su canguro. Pero incluso a ella no le cae bien. Al final,
a nadie le gusta Calvin, lo que lo convierte en un completo paria. Es tan torpe
con los deportes que se inventa su propio juego de reglas flexibles: el
Calvinball. En clase, no es capaz de prestar atención y no comprende las
lecciones. Ello podría explicar su tendencia a escapar de la realidad
sumergiéndose en sus fantasías. Pero Watterson consigue que todo esto no sea un
lastre en la serie y que Calvin, por lo menos, se vea feliz y disfrute con sus
juegos y ensoñaciones. Por cierto, que el propio Watterson es alguien que
prefiere permanecer fuera del foco público y rara vez hace apariciones en los
medios de comunicación o concede entrevistas.
(Finaliza en la siguiente entrada)
Enesimo 'bravo!' para vd, Manuel. No podria ser mas acertada la descripcion de Hobbes como "contrincante dialectico" de Calvin. Y concuerdo plenamente con su opinion de que esta ha sido la ultima gran estrella en el firmamento de las 'comic strips'. Quien sabe si el internet algun dia encontrara un formato a traves del cual ofrecer una mezcla comparable de entretenimiento/reflexion filosofico-moral/celebracion de la infancia/imaginacion. Etc etc. Un saludo, FA (UK)
ResponderEliminarGracias Forest!! De acuerdo con lo que comentas. Tantos años después y en una reciente relectura para escribir esta entrada he seguido riéndome de verdad con Calvin y su tigre. Pero riéndome en serio, no simple sonrisa. Un saludo
EliminarUna auténtica delicia. El cómic que más placer y felicidad me ha proporcionado, sin duda.
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