20 jun 2022

1995- ASTRO CITY – Kurt Busiek y Brent Anderson (8)


(Viene de la entrada anterior)

El segundo volumen de “Astro City” llegó a su fin en 2010, cuando DC decidió cerrar el sello Wildstorm que lo venía publicando. Durante unos años, el futuro de la colección quedó en el aire y no fueron pocos los que la dieron por definitivamente muerta. Pero en 2013, Busiek, Anderson y Ross la relanzan bajo el paraguas de Vértigo con un nuevo volumen, el tercero, que se prolongará hasta 2018 y que adoptará el mismo formato que ya venía siendo el habitual, a saber: miniseries autónomas y números especiales.

 

El primer arco argumental, “Puertas Abiertas”, reúne los números 1 al 6 (agosto 2013-septiembre 2014) y en ellos Busiek recupera la estructura que tan bien le había funcionado desde el mismo comienzo de la serie casi veinte años antes: pequeñas historias de uno o dos episodios de duración protagonizadas siempre por ciudadanos corrientes de Astro City que se ven de uno u otro modo involucrados con el mundo superheroico que convive con ellos. Los superhéroes aparecen aquí y allá, pero el foco siempre recae sobre la gente normal.

 

La miniserie comienza con un individuo de piel púrpura, el Perturbado, que rompe la cuarta pared e interpela de frente al lector invitándole a visitar su red de historias interconectadas. Es un metapersonaje que bien podría haber salido del magín de Grant Morrison (de hecho, es posible que Busiek esté haciendo con él un homenaje al guionista británico) que aparece en un par de ocasiones en el arco argumental aunque de forma un tanto desordenada y sin aclarar bien cuál es su función más allá de la de maestro de ceremonias.

 

En el nº 1, “A Través de Puertas Abiertas”, nos reencontramos con Ben Pullman, el personaje que servirá de enlace con el lector y al que habíamos conocido en el número 1 del segundo volumen (septiembre 1996), cuando se acababa de mudar a Astro City con sus dos hijas pequeñas y se veía un tanto sobrepasado por toda la actividad superheroica que le rodeaba. Ahora, años después, es un hombre bien establecido, profesionalmente exitoso y con unas hijas mayores que ya viven por su cuenta y que le siguen profesando un gran cariño.

 

Entonces, sobre la bahía de la ciudad, aparece un enorme pórtico dorado muy ornamentado e impenetrable a todo el poder de los muchos héroes locales. Cuando por fin se abren las puertas, emerge un ser humanoide gigante con armadura (claro homenaje a los Celestiales de Kirby, con esos colores llamativos, yelmo que oculta el auténtico rostro y decoraciones a base de círculos y líneas geométricas) que dice ser embajador de un pueblo alienígena y solicita un intermediario: “Nada de superhumanos ni tampoco funcionarios” (…) Debería ser un ciudadano normal quien nos instruyera sobre la Tierra, alguien sin otras motivaciones”. Éste será Ben, que buscando un nuevo desafío que llene su vida, se presentará voluntario para la misión.

 

Los números 2 y 3, “Bienvenida a HumanoGlobal” y “Errores”, conforman una única historia con una premisa muy original y un excelente personaje femenino, Marella Cowper. Aquí se responde a esa pregunta que todo el mundo se ha formulado alguna vez pero que nadie se había atrevido a responder: ¿Por qué no establecer un call center que recibiera y filtrara llamadas de auxilio y les pasara la información a los superhéroes para que actuaran allí donde verdaderamente se les necesitara? Eso es precisamente HumanoGlobal, a uno de cuyos anuncios de trabajo en la prensa responde Marella. La historia la acompaña desde su primer día “en la oficina”, cuando empieza respondiendo a llamadas de auxilio para la Guardia de Honor en un centro de tecnología avanzada. Marella está decidida a hacer bien su trabajo y ascender. Su mayor anhelo es atender algún día un aviso realmente importante, pero no tanto por satisfacer su vanidad y destacar como por el firme sentido moral y de la justicia que le ha inculcado su familia. Cada vez que conecta el intercomunicador y habla con alguien, siente que de verdad está ayudando a proteger a gente como su madre o sus hermanos.

 

Marella no tarda en entusiasmarse con su trabajo (entre otras cosas porque, como buena ciencia ficción que es, la historia nos dice que la empresa trata maravillosamente a sus empleados). Su ansia por atender la “Gran Llamada” la lleva a ella y a sus amigas recién incorporadas a ver y escuchar amenazas donde no las hay, emitir falsas alertas en base a una incorrecta interpretación de la información o avisar a los superhéroes para que se encarguen de situaciones que bien podrían manejar las autoridades locales. Esto provoca que su supervisora les aparte temporalmente de sus funciones, relegándolos a tareas más veniales.

 

Esa reprimenda nubla los instintos de Marella y cuando una niña de un pueblo de Ecuador llama a la línea para denunciar el maltrato que sufre su madre a manos de su amante, desvía el caso a la policía local. Inmediatamente después, su orgullo sufre otro golpe cuando se compañera hace una excelente labor emitiendo un Código Rojo y contribuyendo a salvar muchas vidas. Prueba de la integridad de Marella es que no siente celos al respecto: “Me parecía bien. De verdad. Éramos tantos que algunos jamás captaríamos un Código Rojo, pero no se trataba sólo de eso. Si yo captaba alguno, fenomenal. Pero hasta entonces, trabajaba a mi ritmo y me ocupaba de las llamadas y los datos. Sabía qué hacer y cómo manejarme. Contribuía a que todo avanzara, y merecía la pena”.

 

Marella es el tipo de persona que todos querríamos tener a nuestro lado. Lo que hace especialmente duro que, durante un viaje de compras a Paris con sus amigas, mientras está viviendo una experiencia inmensamente feliz, se entere de un ataque superhumano en la aldea de Ecuador donde vivía la niña cuya llamada ella atendió. Ataque desatado contra la intervención de la policía local, que acudió a detener al maltratador sólo para encontrarse con que era miembro de una organización de supervillanos ocultos en la zona.

 

Consumida por la culpa, Marella deja el trabajo –no sin antes utilizar incorrectamente parte de su tecnología- y, castigándose, busca de alguna forma mejorar la situación de la que ella se cree responsable. Viaja hasta la aldea ecuatoriana y aunque no puede encontrar a la niña, sí da con la pista de un sospechoso que la conducirá hasta los villanos, poniéndose ella misma en peligro mortal para encontrar su redención.

 

El número 4, “Al Margen”, nos propone otra interesante situación: ¿Qué pasaría si descubrieras que tienes superpoderes pero fueras un torpe superhéroe y aún más nefasto supervillano? ¿Y si decidieras seguir con tu vida y conseguir un trabajo normal?

 

Martha “Sully” Sullivan es una mujer de éxito, alrededor de los cincuenta y tantos, soltera y sin hijos. Le gusta disfrutar de un café al aire libre acompañado de magdalenas caseras con mermelada. Pero es mucho más que esa apariencia de apacible mujer algo entrada en años. Martha desarrolló poderes telequinéticos en su adolescencia y, aunque lo intentó, nunca tuvo el temple necesario para ser una justiciera. Por otra parte, su educación católica le impide ser una supervillana. Como cualquier mutante marveliano, podría haber sucumbido a la autocompasión o la neurosis, pero en vez de eso optó por conseguir un trabajo normal… sin dejar de utilizar sus poderes: “Encontré empleo como camarera. Era una gran oportunidad para utilizar mi telequinesis. Para atrapar copas que se volcaban y para que las cajas de priva pesaran menos: para dar más volumen a mi pelo, para subirme las tetas si conocía a alguien que me gustara”. A través de otro camarero que estudiaba cine, acabó metiéndose en esa industria como técnico de efectos especiales, aplicando sus poderes discretamente para que aquéllos fueran más verosímiles y seguros de lo habitual.

 

Ahora, ya madura y satisfecha con la vida que ha llevado, recibe la visita de un matón conocedor de sus poderes que le hace una oferta de “trabajo”. Cuando la rechaza, es secuestrada y llevada ante un nuevo villano que se hace llamar “El Mayordomo” (análogo chistoso –incluso en su aspecto- del Amo marvelita). Del apuro va a salir con la ayuda de otros amigos suyos con superpoderes que fueron entrando en su vida a lo largo de los años y que, como ella, nunca quisieron entrar en el mundo de los superhéroes, utilizando sus capacidades para los más diversos trabajos.

 

Aunque aparentemente puede resultar problemático para un aficionado a los superhéroes simpatizar con un personaje que deja pasar la oportunidad de ser uno de ellos, Sully es sin duda la excepción. Una vez más (y son muchas ya en la serie) Busiek nos ofrece un personaje femenino perfectamente escrito y perfilado en tan solo un puñado de páginas: una mujer inteligente, honrada y competente. Es imposible no entenderla y ponerse de su parte, especialmente cuando ella y sus amigos derrotan al Mayordomo y sus matones rápida y eficazmente. Sully no sólo está orgullosa de su trabajo en el cine sino de haber sido capaz de encontrar una tercera vía que demostraba que la vida con superpoderes no era una elección binaria entre “superhéroe” y “supervillano”. Incluso se permite contradecir al Samaritano cuando éste critica su pequeña “operación”: “Tú, el de rojo, esos muchachos tienen que aprender. Que hayamos decidido no pelear no significa que no podamos hacerlo si es preciso”. “Al Margen” es una nueva y refrescante muestra de lo innovadora que es “Astro City” para el género, poniendo en el centro a una mujer alejada de la estética pin-up, inteligente, valiente, eficaz y absolutamente independiente.

 

El Perturbado reaparece en la siguiente historia, “Chinchetas y Cuentos”, tejiendo literalmente una red con tachuelas e hilos rojos que conectan portadas de revistas pulp, obituarios y recortes de viejas noticias y a la que denomina Oubor, quizá una referencia al Ouróboros, símbolo habitual en productos de la cultura popular desde “Enano Rojo” a “Millenium” pasando por el tatuaje de Scully en “Expediente X”. Sirviéndose del punto de vista del lector para romper la cuarta pared, aquél es guiado por el estrafalario personaje hacia los objetos e imágenes que introducen cada historia de las que siguen a continuación. Pero está claro que el Perturbado propiamente dicho no tiene recorrido propio y que su papel es simplemente el de presentador de esta miniantología.

 

Esta historia en concreto comienza con la necrológica de un tal Caleb R.Tarrant, líder del Grupo de Trabajo para Anomalías Inquietantes, la Clasificación y la Contención. “Pero como el acrónimo era penoso, el resto del mundo nos llamaba “los Blasfemos” y punto. Destapábamos horrores, cosas que la gente no debía saber, cosas que acechaban por la noche. Les arreábamos y nos los cargábamos”. En resumen, un grupo de agentes gubernamentales en los años 20 del siglo pasado cuya misión era enfrentarse a terrores lovecraftianos. Tras un rápido repaso de una de sus intervenciones en tan solo nueve páginas, el Perturbado irrumpe en la narración y nos traslada a la India de 1947, donde un soldado americano perdido se infiltra en un culto apocalíptico adorador de las serpientes y cuya arma de conquista es una criatura al estilo Cthulhu aprisionada en un contenedor de cristal… que apenas se vislumbra porque el Perturbado vuelve a interrumpir dejando ese hilo inconcluso. Intentando saciar la voraz curiosidad del lector, nos traslada, vía una moneda conmemorativa de su red, a 1903 y un escenario steampunk en el que Dama Progreso intenta atrapar al acrobático Señor Pasarela sólo para descubrir que quien creía su adversario no lo era tanto.

 

Es este quizá el episodio menos satisfactorio de la antología. Se trata claramente de una broma que consiste en tentar al lector con una serie de fragmentos de historias y personajes que podrían haberse expandido perfectamente a todo un episodio (o, ya puestos, incluso una colección entera) para siempre dejarle con la miel en los labios. Busiek demuestra que no le faltan ideas; que, de hecho, tiene tantas que puede permitirse “desperdiciarlas” en un experimento como este, pero inevitablemente, al conjunto le falta algo de solidez.  

 

El último episodio, “A Través de Unas Puertas Abiertas Parte 2” trata sobre cómo Thatcher Jerome, un chanchullero de los muelles de Astro City se las arregla para convencer al gigante que habita tras las puertas doradas presentadas en el primer capítulo, para que lo contrate como proveedor de curiosidades y objetos diversos propios de la cultura humana. Un día, mientras deambula por los almacenes del alienígena, roba un maletín con botes llenos de sorna, una especie de gas mutagénico que proporciona poderes inmensos a quien lo respire.

 

Lo que distingue a Jerome de un supervillano cualquiera y, de hecho, lo convierte en una subversión de ese arquetipo, es que, pese a contemplar los efectos que puede causar el sorna –diseñado originalmente para viajeros estelares de la raza del alienígena-, decide no exponerse al mismo. Y no por cobardía sino porque decide que no lo necesita. Recopila información al respecto, medita los pros y los contras… y decide que está satisfecho con su vida de burgués de los suburbios casado con una mujer que le hace feliz. Un nuevo éxito de Busiek en el plano de la caracterización.

 

En esta nueva etapa de “Astro City”, como no podía ser de otra manera, volvemos a tener a Brent Anderson como dibujante. Recuperado del mediocre trabajo que había hecho en la saga inmediatamente anterior, “La Edad Oscura”, aquí nos ofrece los mismos dinamismo, inventiva, detallismo y riqueza de caracterización que habían marcado su inicio en la colección. Puede que no sea el mejor artista del género y que sus páginas no llamen tanto la atención como las de algunos de sus colegas, pero a estas alturas, está tan indisolublemente asociado a “Astro City” que difícilmente podríamos pensar en alguien mejor que él para dar vida a sus habitantes, superheroicos o no. Y, por supuesto, las portadas de Alex Ross siguen siendo tan asombrosas como siempre. Pocos artistas como él –si es que hay alguno- son capaces de que lo absolutamente maravilloso parezca plausible sin perder en el proceso ni un ápice de su majestuosidad. Sus ilustraciones capturan la mirada gracias a su elegante forma de mezclar lo divino y lo humano en unas composiciones siempre originales.  

 

Uno de los aspectos más atractivos de la serie siempre había sido su aproximación optimista e inspiradora al género de los superhéroes. Busiek y Anderson transportan a los lectores a una época más sencilla en la que no se interponían tantos grises entre el blanco y el negro. Los personajes eran buenos o malos y sus actos correctos o incorrectos; la justicia y el Bien siempre triunfaban sobre el crimen y el Mal. Sí, hay vileza en Astro City, gente que muere, roba y asesina, pero el sendero de la virtud siempre sale victorioso y los villanos nunca acaban saliéndose con la suya.

 

Pues bien, “Puertas Abiertas” no se desvía ni un ápice de esa fórmula que se había abandonado temporal pero nada satisfactoriamente en “La Edad Oscura”. El equipo creativo ha comprendido lo que funciona y por qué y han recuperado su homenaje a unos tiempos menos polémicos a través de historias muy modernas en argumento y caracterización.

 

En resumen, el renacimiento de “Astro City” bajo la égida del sello Vértigo no le ha hecho perder ni un ápice de sus virtudes y su alma originales. De hecho, algunas de estas historias, como la de la joven operadora telefónica o la de “Sully” Sullivan, se cuentan entre las mejores de toda la colección. Puede que cuando se publicaron estos episodios, casi veinte años después de comenzar la serie, ya no aportaran un planteamiento novedoso y llamaran menos la atención que al principio; pero los fans más veteranos del género, aquellos conocedores de las claves, resortes y personajes clásicos que lo soportan y que busquen una historia de corte clásico, autónoma y bien contada, encontrarán aquí un refrescante y siempre vigente desvío respecto de las tendencias modernas que impulsan a los superhéroes.

 

(Continúa en la siguiente entrada)

 

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