Frank Frazetta es conocido hoy en día como icono mundial del arte fantástico gracias a sus ilustraciones y pinturas de poderosos bárbaros y voluptuosas mujeres que aportaron una vida maravillosa a personajes y universos como los de “Conan” o “El Señor de los Anillos”. Pero su carrera fue mucho más diversa de lo que habitualmente se cree e incluyó posters de películas, humor, portadas de álbums, comic-books… y comics de prensa. En realidad, en este último campo sólo aparece acreditado en una serie, “Johnny Comet”, que apareció sin mucho ruido y en formato de tira diaria distribuido por el McNaught Syndicate a partir del 28 de enero de 1952, seguido por la plancha dominical a color, con continuidad independiente, el 3 de febrero de ese mismo año.
Centrados, en principio, en el mundo de las competiciones
automovilísticas de segunda división que se celebraban por el interior de
California, los guiones estaban firmados por Peter de Paolo, un campeón del
volante que en 1925 había ganado las 500 millas de Indianápolis y que se había
retirado de la competición tras salir de un coma de once días a raíz de un
accidente en España. Ahora bien, el deportista no era quien escribía realmente
el comic, sino un guionista de Hollywood llamado Earl Baldwin. De Paolo se
limitaba a poner el nombre con el que se esperaba atraer a los aficionados al
automovilismo, prestar asesoramiento técnico y aportar las pequeñas píldoras de
información que al principio cerraban las planchas dominicales. Bajo su tutela,
el comic consiguió exudar un auténtico aroma a aceite y neumáticos calientes.
Tal y como demuestran las fotos de la época, la apariencia
física de Johnny Comet debe mucho a la del propio Frazetta, él mismo un tipo
inquieto de constitución atlética que practicó el béisbol y participó en
algunos partidos junto a los Gigantes de Nueva York. Comet era el típico
hombretón de físico perfecto y cerebro obtuso cuya pasión por los coches
veloces excluía cualquier otra diversión. Tenía buen corazón, eso sí. Por eso,
la tira comienza cuando, a punto de empezar una carrera, le presta un neumático
a un competidor con mala suerte… que acaba ganando la carrera mientras que
Johnny estrella el coche y lo deja convertido en chatarra, aunque él sale
indemne. Decide entonces comprar una vieja tartana de saldo y ganarse la vida
como mecánico ambulante. Pero la suerte no le acompaña y el vehículo acaba
definitivamente destrozado en Clover, California.
No obstante, no hay mal que por bien no venga y ese
incidente le permite conocer a Jean Fargo, belleza rubia y propietaria de un
taller que, oh casualidad, tiene un bólido que necesita piloto. Jean será el
interés romántico de la serie… o al menos lo intenta. Porque por más que se
esfuerza, nunca consigue distraer la atención del torpe Comet de la siguiente
carrera o de su trabajo en el garaje. En una ocasión, cuando ella le lanza con
toda la intención: “Johnny, tengo algo de frío”, al hombretón sólo se le
ocurre: “Voy a traerte un jersey”.
Es en este punto también donde Johnny conoce al matrimonio compuesto por el mécánico“ Pop” Bottle y su temperamental señora, ambos propietarios de una gasolinera en las afueras de la localidad. Johnny se quedará con ellos para empezar una nueva etapa en su vida que girará alrededor de un pequeño mundo de mecánicos, propietarios de taller, dueños de gasolineras y restaurantes de carretera, pilotos y delincuentes de distinta calaña, promotores de espectáculos, ferias y carreras y exhibiciones automovilísticas.
Lo que verdaderamente hacía destacar a esta serie era la
energía y belleza de sus dibujos. Nacido en Brooklyn, Nueva York, Frank
Frazzetta (posteriormente eliminaría una de las zetas de su apellido) empezó ya
en su infancia a dibujar comics y vendérselos a sus amigos. Su talento era tan
evidente que desde los ocho años sus mayores le llevaron a tomar clases de
dibujo impartidas por el artista de origen italiano –naturalizado americano en
1927- Michele Falanga, en la Academia de Bellas Artes de Brooklyn. A los
dieciséis años, empieza su carrera profesional como ayudante del dibujante John
Giunta en el estudio de Bernard Baily (quien luego crearía para DC personajes
como Espectro o Hourman). Su primer trabajo fue “Man in Black”, un personaje
que apareció en 1944 en las páginas del comic book “Tally Ho”. Después trabajó
brevemente para la editorial Fiction House, donde repasaba y limpiaba las
páginas de artistas como Graham Ingels, Bob Lubbers o George Evans.
Poco después, entró como aprendiz en Standard, donde dibujó
“Louie Lazybones”, una parodia del famoso “Lil´Abner” de Al Capp, y trabajó en
muchas historias de animalitos para comic books como “Barnyard”, “Coo Coo”,
“Happy” o “Superratón” hasta 1950. Su trabajo en esos títulos fue de tal
calidad que llamó la atención de Walt Disney, que le invitó a trabajar para él
en California. Frazetta, que era demasiado joven por entonces, tuvo que
declinar la oferta.
En 1946, se unió a Prize Publications, donde tuvo la
oportunidad de sacar adelante su primer trabajo en solitario dentro de la
cabecera “Treasure Comics”. En los siguientes años, sus encargos no hicieron
sino aumentar. Realizó historietas del Oeste para D.S.Publishing y la línea A-1
de Magazine Enterprises. Dibujó “White Indian” para la colección “Durango Kid”
y “The Shining Knight” para “Adventure Comics” además de contribuir en otros
títulos de aventuras como “Manhunt” o “Blackhawk”. En 1951, Magazine
Enterprises le dio la oportunidad de crear su propio comic-book, uno de
aventuras en la selva que para muchos es su mejor trabajo en el medio:
“Thun´da, Rey del Congo”, cuyo primer número apareció en 1952 pero para cuyo
segundo ya fue sustituido por Bob Powell. Y es que en ese punto le surgió la
oportunidad de entrar en el entonces mucho más prestigioso mundo de los comics
de prensa con este “Johnny Comet”.
El dibujo de Frazetta habla por sí solo. Aunque tuvo algunos ayudantes no acreditados, el nivel es muy alto. En aquella época podían encontrarse muchos comics de prensa de estilo realista, pero pocos a la altura y elegancia de Frazetta. Sus coches de carreras irradiaban potencia y velocidad y las escenas de acción tenían una cualidad casi épica gracias al acertado uso de la iluminación y la composición. El dinamismo de su arte se extendía también a los personajes, rara vez en reposo y siempre en posesión de una energía inagotable. Eso sí, el realismo derivaba en caricatura en el caso del matrimonio Bottle y en los villanos de turno.
Las historias, por desgracia, no estaban ni mucho menos a
la altura de los dibujos. El mundo del automovilismo tiene un gran potencial
para construir sobre él historias de lo más variadas en las que se mezclen la
acción y la intriga. Además, los pilotos de carreras viajan mucho, así que el
guionista tiene la oportunidad de utilizar las más diversas ambientaciones e ir
presentando continuamente nuevos personajes. Que esto es así lo demostró Jean
Graton, que en 1959 creó a “Michel Vaillant” para la revista Tintín.
Protagonizada por una familia de fabricantes de bólidos y pilotos, es una de
las series más exitosas y longevas del comic europeo (en 2021 ha aparecido el
álbum nº 79).
Por el contrario, Earl Baldwin se limitó, por comodidad o
falta de talento, a seguir un esquema repetitivo en virtud del cual Johnny
Comet se enfrentaba a quienes, entre bambalinas, trataban de impedir que
participara en tal o cual carrera o hacerle fracasar en la pista, ya fueran las
causas los celos profesionales o los intereses económicos. La frescura
potencial de las primeras semanas no tarda en agotarse y los guiones acaban
alejándose de la vitalidad del mundo de las carreras para, como digo, atascarse
en intrigas “criminales” predecibles y de escaso interés que se resolvían con
arrestos fuera de plano o la muerte kármica de los villanos.
Por otra parte, aunque Frazetta dibuja maravillosamente las
secuencias de acción y prescinde mayormente de un texto por lo demás
innecesario, el formato de tira diaria no era en absoluto adecuado para este
tipo de aventuras. De hecho, en su momento debió ser una lectura muy frustrante
porque durante toda una semana laboral, de lunes a sábado, a veces lo único que
se veía en las viñetas era el coche de Johnny dando derrapes, trompos y vueltas
de campana antes de estrellarse (de hecho, para ser un piloto de renombre, el
protagonista no hace más que descacharrar vehículos). Leídas todas las tiras
compiladas en las ediciones modernas que hoy pueden adquirirse, estas
secuencias tienen más ritmo, pero abrir el periódico cada día y ver solo tres
viñetas, sin casi texto, y comprobar que el accidente aún está produciéndose y
que no se registraba avance alguno en la trama, debió ser aburrido. “Michel
Vaillant” tenía también secuencias similares y mucha acción, pero contaba con
la ventaja de serializarse en bloques de cuatro páginas, lo cual permitía
combinar la acción con el desarrollo del argumento. Así que, tanto por las
tramas repetitivas, la falta de ambición temática, los personajes tópicos y los
mentados problemas de ritmo, no es de extrañar que la tira nunca llegara a
encontrar su público y no consiguiera sobresalir de entre el superpoblado
océano de tiras que todos los días se publicaban en los periódicos de todo el
país.
En agosto de 1952, las páginas dominicales dejaron de estar
engarzadas en una continuidad propia para pasar a narrar tontorrones gags
autoconclusivos protagonizados por Johnny y Pop Bottle que nada tenían ya que
ver con el mundo del automovilismo. Y en noviembre y en la tira diaria, el
protagonista, en un torpe intento de darle otro aire a la serie, cambia su
nombre por el de Ace McCoy, retitulando también la tira durante los pocos meses
más que sobrevivió. La excusa fue que, tras ser contratado Johnny por un
estudio de Hollywood para trabajar de especialista, se le cambia el nombre por
uno más llamativo de cara a su prometedor futuro como actor. Pero esta línea
argumental no llega a ninguna parte. Estaba claro que el guionista no sabía a
dónde quería ir y en lugar de aprovechar el entorno del mundo del cine y la
capacidad de Frazetta para retratar el glamour, lo devuelve al pueblucho del
que había salido para seguir ensuciándose las manos con grasa. No es de
extrañar que las tiras diarias se cancelaran sin previo aviso y a mitad de
aventura, el 31 de enero de 1953 y las dominicales, el domingo siguiente.
Hoy, a menos que se sea un rendido apasionado del automovilismo, las razones para recuperar “Johnny Comet” / “Ace McCoy” se reducen a una: el excelente trabajo de un joven Frazetta que con esta serie consiguió un hito en su carrera y que sigue manteniendo las mismas virtudes que entonces. Aunque la mayor parte de su contribución al mundo del comic se circunscribió a los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, su estilo dinámico, realista y elegante influiría a varias generaciones de artistas –y cineastas, como George Lucas o Guillermo del Toro-. Este tebeo nos ayuda a comprender por qué.
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