24 dic 2019

1985- EL ESTANDARTE DEL CUERVO – Alan Zelenetz y Charles Vess


Tras haberse familiarizado con Thor participando en un par de Anuales, en 1983 Marvel contrata a Alan Zelenetz para escribir los guiones de la colección regular del personaje. Sin embargo, el grueso de su corto recorrido en esa serie (nº 329-336) terminó sirviendo sólo para rematar las tramas abiertas dejadas por su antecesor, Doug Moench, sin darle tiempo a imprimir su propia visión. Mientras tanto, Zelenetz empezó a colaborar con el dibujante Charles Vess en un par de proyectos relacionados con la mitología nórdica marvelita con los que tuvo mayor libertad.



En primer lugar llegó el “Marvel Fanfare” nº 13 (marzo 1984), donde apareció “La Balada de los Tres Guerreros”, una historia corta protagonizada por los pintorescos amigos de Thor. La dinámica de separar a los tres asgardianos antes de reunirlos para embarcarse en la búsqueda de un poeta asgardiano, era muy diferente a la que utilizaba para sus historias de Thor. De hecho y gracias al arte de Vess, el sabor de cuento de hadas clásico cobró una mayor preeminencia y contribuyó a darle a la historia un tono de fábula refrescantemente entretenida. A la vista del buen resultado obtenido, su siguiente colaboración, la novela gráfica “El Estandarte del Cuervo”, seguiría una línea similar.

No teniendo que preocuparse de mantener la continuidad vigente en la colección de Thor, Zelenetz tuvo la libertad de jugar a su antojo con la mitología vikinga. A excepción de un puñado de entregas, lo cierto es que la línea de Novelas Gráficas Marvel no aportó demasiados clásicos del comic de género más allá de los superhéroes, por lo que “El Estandarte del Cuervo” supone una obra a recuperar. Quizá la aparición por entonces de nuevas editoriales independientes más abiertas a publicar ciencia ficción y fantasía hizo que los autores interesados en esos géneros y atraídos por las más favorables condiciones contractuales que aquéllas ofrecían, no pensaran en Marvel a la hora de plantearles este tipo de proyectos. En
cualquier caso, a finales de 1983 y gracias a Walt Simonson, la editorial había encontrado una fuerza creativa que logró colocar a Thor en la vanguardia del sello. Siendo aquél un profesional de mucho más peso en la industria, Zelenetz quedó relegado a escribir al dios del trueno únicamente en los Anuales mientras esperaba que Vess terminara el dibujo de la novela gráfica.

Y, por fin, en 1985, “El Estandarte del Cuervo” ve la luz como álbum de 60 páginas a todo color y en un formato algo mayor que el del comic book tradicional, tal y como era la norma en esta línea de novelas gráficas de Marvel. La principal diferencia con lo que se podía encontrar en el título mensual de Thor es que aquí tanto Zelenetz como Vess pudieron ofrecer interpretaciones
distintas de los mitos nórdicos a las que habían la norma en la casa desde que Stan Lee y Jack Kirby “crearon” al personaje allá por 1962. El concepto de Zelenetz para esta historia va también más allá del típico “Cuento de Asgard” que servía de complemento en los primeros tiempos de la colección de Thor y funciona como una narración independiente y con entidad propia, protagonizada en su mayoría por personajes nuevos inspirados en los mitos escandinavos.

Aunque encontramos cameos de Thor y los Tres Guerreros, éstos no son más que guiños que no afectan a la trama y no es necesario conocimiento previo alguno de los entresijos del Universo Marvel para entender lo que aquí se narra. Tampoco hay por qué saber nada del folclore nórdico, aunque tener algunas nociones ayudará a sacarle más provecho a la historia. El héroe Balder (por otra parte, un personaje de la auténtica mitología escandinava) es el único personaje no creado por Zelenetz que juega un papel importante persuadiendo a Odín para que le deje acompañar al verdadero protagonista, Greyval, en su búsqueda del Estandarte del Cuervo. Se trata de una enseña mágica que garantiza la victoria al ejército que lo despliegue durante la
batalla, pero también asegura que su portador morirá en ese mismo enfrentamiento. Muy certeramente, el comic se abre y cierra con escenas de batalla que recuerdan la importancia de lo que está en juego y la épica y violencia de la mitología vikinga.

La historia comienza cuando, tras una dura batalla, una valkiria, Sygnet, transporta al último portador del Estandarte al Valhalla. Su muerte obliga a su heredero –y prometido de Sygnet- Greyval Grimsson, a recuperar el estandarte perdido durante la batalla y conjurar así el peligro de un inminente ataque de los gigantes contra Asgard. Pero a pesar de los ruegos de su amada, Greyval, poco amigo de las complicaciones y amante de la buena vida, se contenta con disfrutar apaciblemente de su recién contraído matrimonio y dejar las mieles y peligros de la gloria a su primo Horskuld, quien se toma mucho más en serio las responsabilidades de un guerrero asgardiano.

Es sólo cuando conoce a Balder el Bravo que Greyval empieza a considerar en serio su deber, principalmente para no decepcionar a su esposa. El reacio héroe consigue, gracias al legendario héroe, el beneplácito de Odín para emprender una búsqueda paralela a la que ya está llevando a cabo Horskuld y aunque gana
a su primer adversario no sin engaños y cobardías, es suficiente para ganarse algo del respeto de Balder. Es una lástima que Vess apenas distinga gráficamente a ambos compañeros, Greyval y Balder, en lo que a sus rostros se refiere. Si bien sus páginas tienen una belleza rara vez vista en los comics mainstream de la época y su recreación de los parajes y criaturas mitológicos son sobresalientes, los personajes “humanos” tienen un rango expresivo muy pobre. Queda claro en este álbum que las virtudes de Vess descansan sobre todo en el diseño de personajes, su claridad compositiva, la elegancia de su línea y los conseguidos fondos, todo lo cual, es verdad, basta para obtener una lectura satisfactoria de una obra de Fantasía.

Vess rinde tributo en estas páginas a los trabajos del ilustrador británico Arthur Rackham, el pintor modernista Alphonse Mucha y el gran Hal Foster, padre de “El Príncipe Valiente”. Aunque su trabajo en “El Estandarte del Cuervo” no está todavía al nivel de futuras obras firmadas por él, sigue siendo sobresaliente. Los paisajes son magníficos y legendarios: montañas envueltas por la bruma, espesos bosques, cavernas amenazadoras, puestas de sol sobre campos de batalla
teñidos de rojo… Asgard es al tiempo un universo tangible y fantástico, un escenario de cuento de hadas poblado por leyendas y monstruos. Cada roca, cada raíz no sólo está dibujada con gran cuidado sino que cumple una función compositiva en la viñeta.

Y tan notable como su dibujo es su sentido de la narración. Sabe mover los ojos del lector a través de la página, insertando viñetas mudas que, libres de la distracción de los textos, hacen hincapié en el dramatismo de la escena de la que participan; o utiliza viñetas horizontales para romper el ritmo y permitir un momento de reflexión. Mueve el punto de vista y el plano según se requiera en cada momento, abriéndolo con frecuencia para despertar el sentido de lo maravilloso ante los paisajes legendarios o dar sentido de la escala…

Un componente fantástico más tradicional que aleja esta historia de la épica grandilocuente propia del Thor marvelita lo encontramos en la Nutria Original, ese mamífero antropomórfico que ocupa el lugar de “héroe cobarde” que Greyval, conforme avanza la aventura, va superando, además de proveer de varios momentos cómicos. Los autores consiguen enseguida hacer simpático a esta extraña criatura, sin que sus líneas de diálogo diluyan el sentido trágico de la aventura.

Es después de la visita al Valhalla, donde Greyval se encuentra con su padre a mitad de la
trama, que el ritmo empieza a acelerarse. De hecho, los autores se ven obligados a resumir rápidamente en tres páginas y a base de montajes con viñetas, las peripecias de un Greyval ya en modo heroico y decidido a cumplir su misión: la navegación por el río de Hel, el encuentro con Fenris, el cruce de las catacumbas llameantes, la contemplación del infierno de Hel y el encuentro con la propia diosa de la muerte, Hela (en un interesante rediseño gráfico de Vess). El ritmo pausado y atmosférico se retoma justo después al centrarse en la búsqueda de Horskuld, que toma un giro inesperado (o no tanto, dado que el personaje ya había dado muestras de su arrogancia). La yuxtaposición de ambos parientes y competidores podría haber aportado un mayor contenido psicológico y dramático a la historia, pero Zelenetz prefiere no profundizar en ello consciente de las restricciones de espacio que imponía Marvel y de la narración relativamente lenta a que daba lugar el elaborado estilo de Vess.

Así, la larga subtrama relacionada con los traicioneros trolls sólo empieza a dar frutos en el último tercio del comic, cuando se enfrentan tanto a Greyval como a Horskuld, reaccionando ambos de muy diferente manera. Con la
marcha de Balder, llamado por Odin para defender Asgard, el viaje de Greyval llega casi a su fin. Acompañado ya sólo por la Nutria y con mucha mayor autoconfianza que al principio, se enfrentará a los misterios del Yggdrasil, el Árbol Mundo, y las Nornas que en él habitan.

Al utilizar muchos de los escenarios más icónicos de la mitología nórdica (Asgard, el Valhalla, el submundo troll, Hel, Yggdrasil) Zelenetz aporta numerosas oportunidades para que Vess se luzca con imágenes de gran belleza, pero sacrifica en el camino cierta coherencia, ya que el lector debe asumir cierta “lógica de los sueños” para unir todos esos entornos tan dispares y alejados en el contexto de una sola aventura. Por otra parte, Zelenetz plantea sus textos y diálogos con esa mala imitación del lenguaje arcaico de los poemas épicos tan característica de Marvel. Habrá quien encuentre problemas en ese pomposo dramatismo lingüístico (cuya intención, al fin y al cabo, es la de aportar atmósfera y separar ese mundo ficticio del auténtico) pero seguramente podrá consolarse con el precioso dibujo de Vess.

El clímax arranca con una intensa escena de batalla entre Greyval y su primo por la posesión del Estandarte así como del amor de Sygnet. Introducir a la valkiria en este punto, que había
demostrado ser una guerrera de carácter, como damisela en apuros parece algo forzado, aunque Zelenetz intenta convencer al lector de la importancia de este giro recuperando la atracción que Horskuld sentía por ella y que había sido apuntada al comienzo del comic. Incluso la Nutria tiene su momento para brillar justo antes de la gran batalla final contra los gigantes y la agridulce conclusión.

“El Estandarte del Cuervo” es una historia muy clásica de honor perdido y recobrado en nombre de la gloria eterna, de asunción de responsabilidades, deber, destino, penitencia, sacrificio y amistad. Sigue las conocidas directrices del “Camino del Héroe” y no estaría fuera de lugar como parte de las Eddas medievales. Y aunque la gesta heroica no deje espacio a reflexiones profundas o a una más elaborada caracterización psicológica, ello no anula en absoluto la diversión que se puede extraer de esta obra. Zelenetz y Vess ofrecen un trabajo sólido y satisfactorio que se aleja de la tradición Marvel de utilizar la excusa de la mitología nórdica para, en el fondo, contar una historia de superhéroes. Ciertamente, es difícil imaginar que pudieran haber contado esta misma aventura utilizando a Thor de protagonista y, de hecho y salvo algunos detalles menores
(un mapa de Asgard que apareció como extra en un Anual; o Gullinbursti, el jabalí dorado de Freya), Zelenetz se distancia de su breve asociación con Thor.

En un momento en el que Simonson estaba obteniendo un gran éxito de público y crítica por su integración del mito escandinavo en la fórmula superheroica de Lee y Kirby, Zelenetz y Vess optaron por dar su propia interpretación en el mejor trabajo posible dadas las circunstancias editoriales y de producción.

La historia es lineal y sencilla, pero se las arregla para encajar multitud de personajes y situaciones en sus 60 páginas. La caracterización, ya lo he dicho, es simple pero efectiva. Greyval va cambiando conforme sus aventuras le acercan a su destino, pasando de ser un inseguro escudero de Balder a heroico ejemplo para todos. La trama se remata con un clímax no tan feliz como podría esperarse de una fábula como esta pero sí fiel al espíritu de las sangrientas leyendas vikingas. Zelenetz bebe de múltiples fuentes que van de Lee y Kirby a Shakespeare pasando por los Edda, los cuentos de hadas clásicos y la fantasía pre-Tolkien. Utiliza elementos y recursos propios del género (animales parlantes, guardianes de puentes, profecías, viajes por lugares
peligrosos que templan el carácter, duelos singulares, monstruos) pero bien encajados en la trama para que ilustren sobre el carácter del protagonista o el tema de la historia.

El dúo creativo volvió a colaborar una vez más en una historia ambientada en Asgard que regresaba a la antología “Marvel Fanfare”, donde entre sus números 34 y 37 (sep.87-abr 88) serializaron otra aventura de los Tres Guerreros, en esta ocasión con coloreado de Elaine Lee. El trabajo de Vess vuelve a sobresalir pero en esta ocasión se trata de una narración mucho más ligera. Siguiendo la misma estructura que la primera entrega de “Marvel Fanfare”, Zelenetz hace que cada guerrero viva su propia peripecia en un escenario de fantasía antes de juntarlos para combatir la amenaza principal. Es una historia entretenida y amable que ofrece preciosas escenas pero que carece de la ambición, épica y sentido trágico de “El Estandarte del Cuervo”.

De alguna forma, retomar a Los Tres Guerreros y, con ellos, al comienzo de su colaboración, Zelenetz y Vess cerraron el círculo en lo que se refiere a pasar la Fantasía a través de la “marca” Thor de Marvel. Desde entonces, ambos realizaran otros trabajos dentro y fuera de los comics pero sin duda “El Estandarte del Cuervo” marcó un punto de inflexión en sus respectivas carreras. Hoy no sólo tiene valor nostálgico como recordatorio de una Marvel más valientel que trataba de experimentar con un formato europeo y un comic más sofisticado, sino como historia de lectura muy recomendable que nada tiene que ver con las actuales estrategias de marketing para explotar multimedia la popularidad de un determinado personaje.

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