En 1986, tras ayudar a redefinir el género superheroico con “Batman: El Regreso del Caballero Oscuro”, Frank Miller había regresado a Marvel -aunque ya no trabajando desde Nueva York sino desde Los Ángeles-. Y lo hizo con el universo del personaje que le había lanzado al estrellato, Daredevil, en tres obras memorables en las que sólo ejerció de guionista. Por una parte y con dibujos de David Mazzuchelli, escribió un arco en la colección regular que sería conocido como “Born Again”. Y con el siempre sorprendente Bill Sienkiewicz, la novela gráfica “Daredevil: Amor y Guerra” y la miniserie de ocho números “Elektra Asesina” (agosto 86-marzo 87).
Miller y Sienkiewicz se habían conocido en las oficinas de Marvel y no tardaron en hacerse

En esa misma línea, Miller propuso a Sienkiewicz y a Shooter hacer una miniserie sobre Elektra, una Elektra mucho más dura no sólo de la que había sido presentada en la cabecera de Daredevil años atrás sino del tipo de personaje que habitualmente poblaba los comics mainstream. A pesar de que Elektra era un personaje creado por Frank Miller durante su estancia en la colección regular

A mediados de los años ochenta resultaba evidente que aunque el sello Epic había albergado obras interesantes y de calidad, no había conseguido lanzar personajes con entidad suficiente como para sostener colecciones regulares y de éxito (con alguna excepción, como “Dreadstar”, que su autor, Jim Starlin, se llevó a First Comics precisamente en 1986). Su propósito original, el servir de plataforma para que los autores propusieran conceptos atrevidos conservando sus derechos de autor, había ido asimismo diluyéndose. Las ventas de las publicaciones del sello eran bajas y Shooter esperaba con la inclusión del proyecto de Miller y Sienkiewicz mejorar la situación.
Archie Goodwin no estaba inicialmente de acuerdo con esa nueva política editorial (acabaría abandonando el puesto de editor de Epic en 1989), pero finalmente accedió a publicar “Elektra Asesina”. Ello tuvo dos consecuencias para los autores: por una parte, el cobro de royalties más sustanciosos y, por otra, una libertad más amplia con la

Miller aprovechó el ecléctico y expresionista estilo de Sienkiewicz para narrar esta historia de forma subjetiva a dos niveles: a través de la mente emocionalmente herida de la protagonista, y desde el punto de vista, cansado y cínico, de Garrett. Éste es un personaje de nueva creación y el que mayor recorrido tiene en el curso de la miniserie, hasta el punto de que bien podría considerársele el auténtico protagonista de la misma. Agente de SHIELD encargado inicialmente de perseguir y atrapar a Elektra, acaba cayendo bajo su

Cuando por fin se cruzan sus caminos, Garrett se ve totalmente superado por Elektra y atrapado en un edificio que explota. Ni siquiera tiene el privilegio de morir tras ese encuentro y, en cambio, es reanimado por Extechop, la división tecnológica de SHIELD, y reconstruido con partes mecánicas, transformado, por tanto, en un ciborg. SHIELD todavía tiene planes para él. Elektra se cuela silenciosamente en la habitación donde Garrett se recupera. “No me dejarán morir, sabes”, piensa el agente. “A los chicos de investigación se les cayó la baba cuando les

Estaba previsto que Garrett muriera al final del capítulo dos pero Sienkiewicz empezó desde el número 1 y por su cuenta a modificar el guión tratando de mantenerse fiel al espíritu del mismo pero convirtiendo las imágenes en contrapuntos del texto. Y una de las cosas que hizo fue no sólo conservar a ese personaje con vida sino convertirlo en punto focal de toda la trama en lugar de otorgarle el rol de adversario puntual en un solo episodio. Miller, totalmente sorprendido y entusiasmado por lo que Sienkiewicz había destilado de su guión, abandonó su aproximación inicial a la historia y adaptó el tono de las sucesivas entregas al visceral estilo de aquél. La flexibilidad creativa que desarrollaron ambos autores durante su colaboración permitió que Garrett sobreviviera toda la miniserie y se convirtiera en un personaje con tanto o más protagonismo que la propia Elektra, pasando de ser su oponente a su rendido amante, de marioneta de SHIELD a pelele al servicio de la ninja.
Garrett es un misógino degenerado y malhablado que se siente simultáneamente excitado e irritado por la naturaleza sexualmente provocadora de Elektra y, de hecho, algunos de los

Elektra, por su parte, nunca abandona su papel de mujer fatal y misteriosa. Tiene la impasibilidad y la belleza de una estatua clásica pero al mismo tiempo desprende un aroma a sexualidad y muerte. Más que un personaje que evolucione psicológicamente con el relato, una quimera masculina inaccesible por mucho que sea “real”, fantasía a la que Garrett no puede sustraerse. Es, además, una Elektra muy diferente a la canónica –la presentada y desarrollada en “Daredevil”-. Ésta sólo contaba con destrezas atléticas y marciales mientras que aquí sorprende continuamente con sus poderes y habilidades claramente sobrenaturales (poseer mentes, cambiar de cuerpo, proyectar ilusiones). Es una versión del personaje que luego no se reutilizaría, entre otras cosas porque difícilmente tendría cabida en una serie regular del Universo Marvel dirigida a un público convencional. A su manera, Elektra es tan inhumana como la Bestia: fría y amoral por mucho que su misión sea la de salvarnos a todos. Lo que sí hace Miller es matizar su origen de

“Elektra Asesina” es una a menudo confusa mezcla de historia de origen, fábula de resurrección y thriller de acción y espionaje. Debido a su extrañeza rayana en lo estrafalario, desfila por la fina línea que separa el surrealismo de lo incomprensible. La trama discurría de forma lineal, pero esa linealidad se desarrollaba de una manera poco convencional. Por ejemplo, en el número 3, Garrett es suturado tras una operación quirúrgica…utilizando una máquina de coser gigante. Y el número 1 contiene un par de viñetas en las que se puede ver a una Elektra fetal a través del útero de su madre embarazada.
Tras la colaboración reciente de ambos autores en “Daredevil: Amor y Guerra”, Miller y Sienkiewicz habían alcanzado un nivel de sincronía que permitía a ambos complementarse de una forma inusual. El poco ortodoxo arte del segundo queda así puntualmente reforzado por un guión en

Incluso en sus momentos más coherentes, “Elektra Asesina” es una excursión psicodélica, con un pie en la realidad y otra en las enfermas mentes de Elektra y Garrett. Por eso lo mejor es olvidarse del argumento y centrarse en las ácidas y poco sutiles reflexiones que Miller expone en relación a sus temas preferidos. Todo aquí está exagerado y llevado al extremo, rayando el absurdo. Por ejemplo, el principal antagonista, Ken Wind, se retrata como el perfecto demócrata liberal de los ochenta: un amante de la paz que en su juventud encendía velitas en Woodstock y que ahora cautiva a la nación con su carisma y discurso de simulada honradez. Su presencia resulta siempre perturbadora porque, sin

Otro personaje relevante, también en el papel de villano y llevado a la caricatura, es el ciborg Perry, un sociópata violento de la peor especie. Cuando éste y Garrett son presentados en el número 2, trabajan como agentes de SHIELD y ya entonces Sienkiewicz lo representa como un individuo extraordinariamente amenazador aun cuando su físico sea poco imponente. Su cuerpo larguirucho y desgarbado, rictus omnipresente

Tras la explosión que también afectó a Garrett, Extechop lo reconstruye como un ciborg asesino y totalmente chiflado, una sátira del tipo de personaje hiperviolento que empezaba ya a asomar su patita por los comics de superhéroes. Cuando él y Elektra se encuentran cara a cara por fin en el número 8, la narración en primera persona de la asesina resume no sólo la retorcida y malvada naturaleza de Perry sino todo lo que puede salir mal cuando la tecnología aplicada al hombre va demasiado lejos, comparándolo con el arma tradicional que ella blande, una espada: “Hay un hombre al que debo matar. Y hay metal en mi camino. Metal fundido en calderos y mezclado por las computadoras. Metal al que dieron forma máquinas metálicas. Hay metal en mis manos. Metal reblandecido por el fuego, forjado y

SHIELD juega asimismo un papel importante en la trama. Buscando inspiración visual para dibujar el entorno de esa organización, Sienkiewicz dio con viejos ejemplares de la revista “Life” que le trajeron a la mente la revolución industrial y las grandes y toscas máquinas como oposición a la nanotecnología y los ordenadores. Para él, SHIELD se aparecía como un enorme aparato burocrático, antecesor más sucio, burdo y feo que la pulida y avanzada agencia de espionaje que la mayoría de autores prefiere. El mundo de SHIELD según Sienkiewicz está lleno de maquinaria pesada, cables, óxido y menos personal del que uno podría esperar. A Miller, que por su parte tenía una pobre opinión de las agencias gubernamentales, aquella idea la pareció perfecta. Su Nick Furia es tan competente como

Un agente de SHIELD en concreto, Chastity McBryde, desempeña un papel muy activo en el argumento, sobre todo en los capítulos finales: el de figura contrapuesta a Elektra, la luz que se opone a la oscuridad de ésta. Chastity no es ladina ni asesina, pero sí muy dura y dominante. En el número 5 asistimos al juego del gato y el ratón entre Chastity y el equipo Elektra-Garrett. Chastity recibe sus órdenes de Nick Furia, saludándolo militarmente y contestando con un firme “Como ordene, Señor”. Su presentación en la historia la retrata como todo lo que un agente de SHIELD debería ser: obediente, eficiente

A la altura de 1986, Sienkiewicz ya había demostrado que era un autor al que no le interesaba seguir la senda de otros. Ya al final de su primer trabajo profesional, “Caballero Luna”, demostró sus deseos de experimentar y en “Los Nuevos Mutantes” realizó una de las mejores y más originales etapas de toda la historia de la franquicia mutante. Domina el dibujo clásico, la figura humana, las proporciones, la composición y la resolución, pero no se siente particularmente atado a todo ello y cuando lo estima necesario rompe con la tradición para mezclar técnicas (lápiz, pintura, collage, aerógrafo, acuarela, plumilla…) y estilos (figurativo, humorístico, expresionista, clásico, barroco, sobrio…), dejándose empapar por todo tipo de influencias, desde los museos de arte a las revistas populares, de la ilustración clásica a la publicidad o la moda. Como vanguardista que era, hubo de sufrir la incomprensión de una parte no despreciable de los lectores, incapaces de ver más allá de los formalismos e iconografía

Sus logros en la serie son muchos y variados: la desconcertante cara de Ken Wind; las viñetas que transcurren dentro de la mente de Elektra, en las que las personas se transforman en animales o criaturas estridentes y exageradas; cómo da diferentes versiones de la propia Elektra dependiendo de la perspectiva que adopten los diversos personajes; la inusual rotulación y utilización de onomatopeyas, la ausencia de líneas cinéticas convencionales, el tratamiento de texturas, su representación de la locura, el caos y lo absurdo…
La miniserie contaba con una paleta cromática y un estilo visual únicos para su época. Sienkiewicz pintó enteramente el comic –uno de los primeros en realizarse con esta técnica-, lo que exigió al departamento de producción de Marvel alcanzar un nuevo nivel de sofisticación técnica para poder reproducir masivamente las elaboradas planchas sin perder demasiada calidad. Y lo hizo tan sólo para satisfacer su ambición creativa

Las páginas de “Elektra Asesina” ilustran la forma en que Miller y Sienkiewicz se dejaban espacio mutuamente para ir aportando sus respectivas ideas a la historia. Viñetas grandes y páginas-viñeta son comunes en los comics, pero lo son menos aquellas que se estructuran en forma de diminutas viñetas rodeadas por los frenéticos diálogos de diferentes personajes. El capítulo 6 es un buen ejemplo de este equilibrio. El número empieza con una página-viñeta, seguida de otras planchas con pocos cuadros, subrayando la momentánea tranquilidad que Elektra y Garrett encuentran en su escondite y la obsesión que va apoderándose del segundo respecto a su compañera. En la página diez se produce un brusco cambio de ritmo cuando las páginas pasan a representar una serie de vídeos clasificados de SHIELD. En esta parte, Miller recurre a una herramienta que le había funcionado muy bien en “Batman: El Regreso del Caballero Oscuro”: convertir cada viñeta en una pequeña pantalla de televisión y rodearla de un texto que figura ser el audio. Más adelante,

Como lectura, esta miniserie es, por tanto, una experiencia extraña y exigente para el lector que incluso llevó a algunos a preguntarse si podían calificarla como comic tanta era la distancia que la separaba de lo que Marvel había venido publicando hasta la fecha. Incluye varios estilos gráficos muy dispares, está narrada desde el punto de vista y con las palabras de diversos personajes que se solapan sin solución de continuidad, tiene una trama enredada que requiere bastante atención y se ve punteada por escenas que claramente se le escapan de las manos a Miller. Mezcla lo surrealista con el realismo, lo imposible con lo verosímil, la violencia con el humor.
Es más, el tratamiento maduro del argumento, su osadía visual y diálogos explícitos, suscitaron reacciones negativas y artículos que se quejaban del deplorable estado de los comics. La portada del número 1, por ejemplo, mostraba a Elektra con tacones y un arma de tamaño

Aunque al principio apenas hubo reacciones de los fans ante la obra –probablemente todo el mundo se quedó estupefacto tratando de decidir si le gustaba o no- al final y durante un tiempo pareció que “Elektra Asesina” sería el futuro de los comics, el cambio de paradigma que éstos aguardaban para dar el salto al siguiente nivel. Formó parte de un conjunto de obras de mediados y finales de los ochenta que muchos pensaron que marcarían, por fin, el comienzo de la aceptación del medio como forma legítima de entretenimiento por parte de los “guardianes” oficiales de la cultura junto a la música, el cine o la literatura. Obras como “Batman: El Regreso del Caballero Oscuro” o “Watchmen” llamaron la atención de los críticos y medios mainstream,

Pero aunque los comics más adultos recibieron multitud de alabanzas en esos años, los proyectos de este tipo fueron secándose con rapidez a medida que la industria fue engullida por una marea coleccionista que se decantada por títulos de acción simplona protagonizados por héroes hipermusculados y superviolentos. Conforme los estándares del buen gusto y la ambición creativa eran dejados de lado, también lo fue la memoria colectiva de cómo debían narrarse las historias con viñetas. Hubo incluso quien pensó que los guionistas ya no eran necesarios y durante varios años eso pareció ser verdad: colecciones creadas y desarrolladas en solitario por dibujantes mitificados vendían millones aun cuando no se molestaban en desarrollar mínimamente ninguna historia. Rápidamente, los comics se sumieron en un pozo de violencia extrema, sexo, lenguaje malsonante y arte hipertrofiado.
Y entonces, de repente, los mismos que habían comprado esos comics a toneladas, recuperaron

Pero incluso en la miniserie que nos ocupa, pueden encontrarse las semillas de la futura autodestrucción del género. Frank Miller se regodea aquí en la violencia absurda, la autoparodia y el sombrío cinismo, un tono que adoptarían con menor fortuna otros creadores, quedándose con lo superficial e ignorando sus sutilezas e ironías. Los flashbacks, las frases lapidarias, las viñetas-pantallas de televisión, los flujos de pensamiento y la exaltación –sin ironía ni parodia- de la violencia y el sexo, se convirtieron en recursos tan corrientes como mal usados. Así, obras como “Elektra Asesina”, aunque hicieron evolucionar el comic y el género de superhéroes, también abrieron la puerta a una legión de autores de escaso talento que hicieron carrera explotando los elementos más polémicos y chirriantes de aquéllas.

Como ejercicio de expresión artística, “Elektra Asesina” es una obra valiente y original, un ejemplo perfecto de cómo pueden colaborar con éxito dos creadores muy diferentes en un momento en el que se pensaba que el comic podía evolucionar conceptual y artísticamente mucho más allá del estado en el que se encontraba. Pero como historia, es hasta cierto punto un fracaso.
Dejando aparte la calidad gráfica, la obra tiene momentos divertidos y escenas con gancho,

No he leído este cómic..........aunque se de su existencia claro. A ver si un día cae en mis manos.
ResponderEliminarUn saludo
FRANK MILLER GUIONIZO ROBOCOP 2 LARGA VIDA ALA LEYEN DA DE ESOS YA NO SALEN.
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