Tengo que decir que el señor Jodorowsky no me entusiasma demasiado. Admiro su imaginación y su talento para crear historias, pero no digiero con facilidad su misticismo barato ni su tendencia a salpimentar en exceso todas sus historias con una mezcla de ocultismo, filosofía oriental y ensoñaciones cósmico-religiosas. Tampoco hace gala de comedimiento en la extensión de sus relatos, dilatando sus ficciones durante álbumes y más álbumes que necesitan años, incluso décadas para ver la luz y en los que la fuerza de la idea inicial se diluye a base de sobrecargarla de personajes e hilos narrativos. Pero por alguna razón, el psicomago chileno goza del favor de una parte de la intelectualidad europea y ha tenido el privilegio de ver sus obras viñeteras ilustradas por algunos de los mejores dibujantes del continente: Moebius, Juan Giménez, Arno, Boucq...
En sus trabajos dentro del ámbito del comic se pueden detectar algunas constantes: el sentido de

La acción transcurre en un Tíbet imaginario de comienzos del siglo XX, una nación amenazada no por los chinos sino por unos británicos erigidos en amos de la vecina India. El Gran Lama experimenta un sueño que le impulsa a dejar morir su ya anciano cuerpo con el objetivo de reencarnarse en un recién nacido que, al madurar, esté en disposición de hacer frente a los desafíos por venir. Su espíritu, efectivamente, acaba reencarnándose pero no en un tibetano, sino en el bebé albino de una viajera occidental asentada con su marido en un pueblo de la región.

Como hemos dicho al principio, Jodorowsky no se sustrae a su atracción por lo sobrenatural. En


Por desgracia, el pulso no se mantiene uniforme en todos los álbumes. Lo que en las dos primeras entregas es una interesante mezcla de drama humano e intriga política bajo la forma de "realismo mágico", se desliza claramente hacia la pura fantasía en los últimos episodios, cargando la historia de palabrería pseudoreligiosa y paratrascendental. Y es que, como le suele suceder a Jodorowsky, intenta verter en la saga tantas ideas, personajes e historias que resulta casi imposible alcanzar en todas ellas un clímax emocional y un cierre adecuado. Las pinceladas

El álbum final se concentra en la iluminación de Gabriel y su elevación al estatus de Buda vivo como ser superpoderoso, pero poco dramatismo e identificación puede el lector encontrar en ello. Ni siquiera al cabo de diez años y seis álbumes, la historia recibe un final definitivo. Los invasores chinos se acercan al Tíbet y uno puede preguntarse si en ese momento Jodorowsky llegó a un callejón sin salida: después de haber creado un personaje inmensamente poderoso capaz de desatar terremotos, reverdecer valles o exterminar a ejércitos, ¿qué posibilidades tiene el invasor chino ante semejantes facultades? ¿Por qué entonces quemar el monasterio y todo lo que contiene y dispersar a la comunidad?

En cuanto al catálogo de personajes, encontramos algunos quizá demasiado tópicos y otros poco desarrollados. Entre los primeros, Migmam, el pérfido monje ávido de poder que sustituye al Gran Lama y que engaña y mata con tal de no abandonar sus privilegios; o el enloquecido misionero cristiano, fanático hasta el histerismo y particularmente repelente al lector -aunque en el tercer álbum de la serie se matiza esa caracterización. Otros, como el maestro espiritual de Gabriel o el maléfico nigromante merecen sin duda más atención de la que se les presta.
Como decíamos al comienzo, Jodorowsky ha sabido rodearse de dibujantes de primer nivel. Y no

Bess nació en Túnez en 1947, se educó en París y allí dio sus primeros pasos en el mundo artístico a través de la escultura, el cine de animación y la historieta. Pero en 1970 se traslada a Suecia, donde realizará comics diversos bajo seudónimo, especialmente y desde 1975 historias del clásico “El Hombre Enmascarado” para su publicación directa en revistas escandinavas. Por fin, en 1987, regresa a París para hacerse cargo de la nueva serie de Jodorowsky, "El Lama Blanco", editado por Humanoides Asociados.
Bess es un dibujante versátil que aúna la tradición europea, británica y norteamericana. Por una

Bess renueva el modelo europeo sin caer en el manierismo y aunque su trazo pueda parecer a primera vista algo aburrido, lo cierto es que cumple perfectamente su función de narrador. A lo largo de los diez años en los que los seis álbumes fueron publicados, se percibe una evolución gráfica hacia la simplificación de figuras y rostros, si bien su retrato de la árida y hostil naturaleza del Tíbet no pierde fuerza evocadora. Mención aparte merece su capacidad para dibujar con convicción lo invisible, lo intangible y lo inexistente, algo en absoluto baladí en una historia como la que nos ocupa: auras, cuerpos astrales, ilusiones y criaturas imaginarias son

En resumen, "El Lama Blanco" es una historia de aventuras sobrenaturales cuyos dos primeros álbumes resultan absolutamente recomendables tanto por el interés y la imaginación de su propuesta argumental como por su sólido dibujo. Los cuatro siguientes son entretenidos e incluso brillantes en ocasiones, pero adolecen de los puntos negros que suelen poblar los trabajos de Jodorowsky y puede que sólo satisfagan plenamente a quien conozca, entienda y disfrute de las ideas de su autor.
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