16 sept. 2016

2007-SCALPED – Jason Aaron y R.M.Guera (y 2)



(Viene de la entrada anterior)

Aunque Cuervo Rojo se convierte claramente en el auténtico protagonista de la serie desbancando a Dash, Aaron no se detiene en él. Casi cada personaje de la serie experimenta su propia evolución, lo que convierte la larga inercia del supuesto protagonista, Dash, en algo aún más frustrante para el lector. Después de que Carol decida abortar y desintoxicarse, empieza a explorar su lado espiritual, siendo adoptada como sucesora por la chamán del pueblo, la Abuela Oso Pobre.



Aparentemente, Shunka no es más que un asesino implacable leal a Cuervo Rojo, pero cuando nos enteramos, bien entrada la serie (nº 36-37), de su homosexualidad continuamente reprimida y el desprecio que ello le hace sentir hacia sí mismo, empezamos a verle a él y a su relación con Cuervo Rojo de una manera completamente diferente: lo que parecía ser un vínculo padre-hijo, se revela entonces como un romance frustrado con Shunka en el papel de amante eternamente rechazado. No es que Shunka cambie mucho en realidad, pero sí lo hace la reacción del lector hacia el personaje en función de los descubrimientos que hace sobre su vida.

Catcher, uno de los militantes raciales que se vieron envueltos en las muertes de los agentes del FBI en los años setenta, también experimenta su propia metamorfosis. El guionista mantiene al lector preguntándose una y otra vez acerca de las motivaciones de sus actos, si tiene un plan definido o es que simplemente está trastornado. Su papel es similar al del coro de una tragedia griega, manteniéndose al margen de la comunidad india pero interviniendo en ella en momentos cruciales.

Baylis Nitz, el agente especial del FBI que supervisa a Dash, también sufre cambios…aunque no en la buena dirección. Incluso un personaje secundario como el sheriff Wooster Karnow, policía del
pueblo de Nebraska adyacente a la reserva india (detalle este importante, porque como en la reserva está prohibida la venta de alcohol, los indios se dirigen a esa población a comprarla) experimenta una epifanía en el nº 43 y se transforma de poli corrupto en defensor de la justicia, un cambio que le supondrá la muerte, pero también la oportunidad de redimirse afrontándola con dignidad. Aaron crea en todos ellos personajes verosímiles, de múltiples caras; e incluso aquellos que no cambian demasiado –el oficial Falls Down, Diesel, Maggie Rock Medicine, la Abuela Oso Pobre- están tan bien llevados que ensombrecen al protagonista nominal, Dash.

Quizá la figura más trágica de toda la serie sea Dino Oso Pobre. En el número 2 se nos presenta
como un muchacho apocado que sueña con escapar algún día de la reserva. Su vida familiar es difícil (vive con sus tíos y su hermana embarazada y fumadora de crack, tiene una hija pequeña y sobrevive a base de trabajos miserables), pero atesora ambiciones de futuro y quiere ofrecerle a su hija algo mejor que la vida en ese ghetto. Sin embargo, como si no pudiera escapar a un destino fatal, se va introduciendo cada vez más en el mundo criminal. Es despreciado por Dash Caballo Loco, pierde un ojo cuando le torturan, se enamora de Carol pero no es correspondido, delata a sus amigos porque cree que es lo correcto… Pero nada sale como él desea. Cada decisión que toma es la equivocada, alejándole más y más de su sueño inicial. La suya es la historia del camino al infierno pavimentado con buenas intenciones. Todo parece conspirar para sumergirle en la vida criminal y al final de la serie se ha convertido en el jefe sanguinario de una banda que aspira a controlar todas las actividades ilegales de la reserva tras la desaparición de Cuervo Rojo. Vemos que se ha convertido en un asesino, pero no podemos sino simpatizar con él habida cuenta de sus trágicas circunstancias. Dino es el contrapunto a la redención alcanzada finalmente por Carol y Cuervo Rojo.

Hicimos mención más arriba a que otra de las cosas que separan a Dash del resto de los personajes es su carencia de historia. En general, Aaron apoya toda la serie en la Historia y es el sentido de continuidad respecto al pasado lo que llena de matices a otros protagonistas. Cuervo Rojo, Gina Caballo Loco, Catcher, Lawrence Belcourt o Wade (el padre de Dash),…todos tienen conexiones con acontecimientos que se remontan décadas en el pasado, por lo que cada una de sus conversaciones tiene un peso y significado añadidos. Los flashbacks que va ofreciendo el guionista dan todas las claves necesarias para comprender por qué los personajes han acabado siendo lo que son. Conocer su pasado no siempre los hará más agradables al lector, pero sí le revelará cómo y por qué la gente puede llegar a convertirse en lo que es. Es más, la historia de cada uno de ellos, individual y colectiva, condiciona las decisiones que han de tomar en el presente; ninguno puede librarse del lastre del pasado.

En un plano más general, los guiones de Aaron para “Scalped” tratan la pobreza de una forma que rara vez se ha podido ver en los comics. No comulga con las teorías sociales que reducen a los individuos a víctimas sin cerebro ni voluntad de las
estructuras de clase, pero tampoco perpetua el mito de que “si se tiene lo que hay que tener” siempre se puede escapar de las peores circunstancias. Desde el primer número, Aaron y Guera dejan claro que las carencias que sufren los habitantes de la reserva de Prairie Rose no pueden superarse mediante la fuerza de la voluntad o el trabajo duro. La reserva es un monstruo opresor y explotador cuya transformación o reforma está más allá de la capacidad individual de nadie. Aunque vemos a gente que trata de mejorar las cosas, el mensaje de la historia es que ese lugar se ha establecido y organizado de tal forma que quienes en él viven sólo pueden esperar, en el mejor de los casos, sobrevivir y conformarse con los restos y sombras del bienestar que otros, más allá de la reserva, disfrutan.

Así, “Scalped” no pretende lanzar mensajes positivos que reconforten al lector con la idea de que el individuo audaz puede alzarse por encima de las dificultades si lucha con todas sus fuerzas. Al contrario, sus decisiones están condicionadas por poderes que, por mucho que se empeñe, escapan a su control y oponerse a ellos es agotador, deprimente e infructuoso. Ni siquiera los miembros más enérgicos de la comunidad india, como Cuervo Rojo, pueden escapar a décadas de convivencia con la corrupción y el crimen y, en último término, han de enfrentarse a una alternativa del diablo: o resignarse a vivir como un ciudadano del Tercer Mundo o abandonar cualquier reivindicación de una cultura tradicional que, por principio, se opone a la que la
envuelve, la del hombre blanco. Tal y como Aaron escribe en la primera página de la serie, la Reserva India de Prairie Rose es “donde la gran Nación Sioux vino a morir”. Las páginas de Guera ilustran perfectamente esa desolación, ambientando la acción en una especie de vertedero postindustrial puntuado por coches abandonados oxidándose al sol, calles llenas de desperdicios y viviendas de ínfima calidad, prácticamente chabolas.

“Scalped” destaca en el panorama viñetero norteamericano por su refutación explícita a la idea de que los problemas de ese país son culpa de una masa de individuos egoístas y antisociales. Para Aaron, la pobreza no es la consecuencia de la actividad delictiva de los más insolidarios, sino una situación preexistente, impuesta a ciertos –muchos- ciudadanos y perpetuada por un sistema político fuera de su alcance. Pero ello tampoco es óbice para que descargue de responsabilidad a los habitantes de la reserva. Para él, incluso los mejores hombres y mujeres pueden ser corrompidos en mayor o menor grado si viven en un entorno social y económico lo suficientemente degradado. Interpretar a estos personajes como proletarios nobles e inocentes de toda culpa no ayuda a comprender su situación ni, por tanto, mejorarla.

Aún así, muchos de los protagonistas tienen momentos que contribuyen a humanizarlos y sugieren
que, si el mundo fuera un lugar más justo, serían mejores personas de lo que han terminado siendo. Ello no quiere decir que Aaron y Guera esperen que nos identifiquemos con gente tan reprensible como Cuervo Rojo, pero al mismo tiempo resulta difícil no empatizar con su arrepentimiento por los crímenes que ha cometido. Una y otra vez, Aaron nos presenta personajes a los que sería fácil retratar como individuos marginales, peligrosos e irrecuperables. Dino y sus amigos, por ejemplo, se pasan el día bebiendo en un basurero y arruinan sus vidas sin que se nos sugiera que lo han querido así; en realidad, no parece en ningún momento que tengan otra opción. Ninguno de los protagonistas está construido de forma que pueda rechazar cualquier responsabilidad por sus acciones alegando que “es culpa de la sociedad”. Y, sin embargo, ello también es verdad.

Es difícil imaginar un final feliz para una serie como “Scalped”, ya que la sociedad que describe no permite, en el mejor de los casos, mas que triunfos individuales muy aislados. Así, Aaron opta por una conclusión tan ambigua e incierta como la vida misma. Ambos misterios, el asesinato de Gina Caballo Loco y el de los agentes del FBI treinta años atrás, resultan estar relacionados y aunque ambos se resuelven, los resultados que arroja la investigación son horripilantes. Por otra parte, gente como Carol o el sheriff Fall Down trabajarán para mejorarse a ellos mismos y a la reserva mientras que
las actividades de otros como Dino empeorarán aún más las cosas. Pero no parece haber salida fácil para la comunidad nativa en ausencia de un compromiso total y a largo plazo para restaurar la justicia social por parte de unas autoridades superiores. Mientras tanto, los personajes seguirán actuando como piezas de ajedrez en un tablero, siendo su rango el que marque hacia dónde y cuándo puedan moverse, sujetos a unas reglas inflexibles que coartan sus oportunidades.

Como era de esperar, “Scalped” creó cierta polémica, especialmente en su andadura inicial ya que es al principio donde se concentra más violencia y sexo, elementos que, aunque nunca desaparecen de la serie, sí se atenúan. En un entorno cultural en el que se tiende a considerar cualquier obra narrada con viñetas como un entretenimiento sencillo e inocuo, incluso infantil, lo que resultaría sorprendente es que no hubiera surgido controversia alrededor del tema de la violencia. Sin embargo, la violencia de este comic no es un mero recurso fácil con el que hacerse merecedor de la etiqueta de “adulto”, sino que responde tanto a la naturaleza del género en el que está inscrito –la serie negra- como por el contexto geográfico, temporal y social en el que se desarrolla. Prácticamente no hay clase de violencia que no se muestre en un momento u otro de la historia: palizas, asesinatos, torturas, mutilaciones, masacres, violaciones… pero también e igualmente importante, maltratos psicológicos de muy diversa índole: chantajes, manipulaciones, amenazas,
desprecios, insultos, humillaciones, golpes contra la autoestima, remordimientos… También hubo de soportar “Scalped” acusaciones de racismo, igualmente producto de un incorrecto análisis o de una visión romántica del mundo nativo, tal y como hemos visto anteriormente.

Con semejante densidad argumental, puede suceder que se pase por alto el trabajo gráfico del serbio afincado en Barcelona Raul Guera –cuyo auténtico nombre es Rajko Milosevic-. Hay que decir que a primera vista su estilo no resulta en absoluto agradable. Y no porque sea mal artista, sino precisamente porque sus líneas oscuras, gruesas e irregulares reflejan fielmente toda la violencia, desolación y decadencia física y moral que imperan en la reserva. El lector se siente incómodo, incluso agredido, por la dureza del trazo y la tonalidad apagada de los colores, principalmente tonos terrosos, pero también azules oscuros y púrpuras para las secuencias nocturnas y luminosos azules y blancos para las escenas ambientadas en el pasado. La suciedad y los olores casi parecen saltar fuera de la página, tal es su capacidad de plasmar los aspectos más siniestros del Medio Oeste norteamericano.

Dado que el tono general de la serie es muy oscuro, Guéra utiliza extensivamente la iluminación, subrayando con ella la desesperación que tantos de esos personajes sienten al pensar en qué punto se torcieron sus vidas. Es un dibujante que potencia aún más la fuerza del guión de Aaron y, de hecho, si este hubiera confiado más en la capacidad de aquél, habría podido prescindir de parte de los textos, redundantes –como ya apuntamos- con lo que muestra el dibujo. Por otra parte, teniendo en cuenta la gran cantidad de información que es capaz de encajar en cada página sin perjudicar la claridad narrativa, Guéra es un artista rápido que pudo encargarse de 48 de los 60 números de que consta la serie, permitiendo a ésta mantener una línea gráfica propia.

Es esta, en definitiva, una serie que se apoya en los personajes tanto o más que en la acción. El suspense, el ritmo y la fuerza de los personajes hacen que el lector devore número tras número, no sólo para descubrir la identidad de los asesinos, sino para acompañar a los diferentes personajes en sus vidas cotidianas: una mujer que decide abortar, un muchacho rechazado por la mujer que ama, una pareja de ancianos que trata de sobrevivir en condiciones económicas extremas, un niño en busca de venganza por el asesinato de sus padres… Aaron y Guera nos ofrecen, por tanto, una historia de género negro que
combina el drama y suspense criminales con el retrato de la naturaleza humana en unas condiciones de miseria económica.

“Scalped” es uno de los mejores títulos que han pasado por la línea Vértigo, y eso no es poca cosa. Pero dicho esto, no es un cómic para quienes se ofendan fácilmente. Es necesaria cierta disposición mental a la hora de abordarlo porque sus páginas no son agradables, no te sentirás bien leyéndolas ni te confortarán asegurándote que los males del mundo se pueden arreglar luchando dura y honradamente y que, al final, el bien prevalecerá. Con todo, paradójicamente, una vez hayas empezado, no podrás dejar de pasar la página una y otra vez, seducido por la intensidad de unos personajes que viven, aman y mueren atrapados en el fondo más oscuro y olvidado del abismo social.

Aaron pasó luego a escribir comics de superhéroes Marvel, algunos buenos y otros no tanto, pero es probable que quizá no pueda volver a embarcarse en un proyecto tan personal como “Scalped” porque ya a nadie le interese. Una pena.




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