20 sept. 2016

1973- CONAN - Roy Thomas y John Buscema (7)


(Viene de la entrada anterior)

Había pasado casi una década de publicar historietas de Conan en una u otra revista y el material original del personaje escrito por Howard estaba agotado. Tras un breve intervalo y una vez Marvel negociara con Conan Properties para hacerse con los derechos correspondientes en la primavera de 1978, Roy Thomas dispuso de una nueva fuente literaria para su adaptación: las novelas escritas por Lyon Sprague de Camp, Lin Carter y John Nyberg. Éstas eran en realidad pastiches que aprovechaban relatos inconclusos de Howard o buscaban huecos en la biografía de Conan para ambientar sus aventuras. En cualquier caso, Thomas siguió realizando una sobresaliente labor de adaptación y la calidad de los argumentos no registró una variación importante.


Fueron estos los años en los que la fiebre por “Star Wars” se convirtió en un fenómeno sin precedentes en el mundo del entretenimiento. Marvel había acertado al confiar en el producto antes de su estreno, cuando compró los derechos para la publicación de comics basados en ese nuevo universo. Tras el estreno de la película, la colección de “Star Wars” vendía tanto que, literalmente, salvó a la compañía. En 1979, seguía siendo el título más vendido de Marvel con casi 280.000 copias por número. Pero los títulos de Conan no andaban lejos. Gracias a Roy Thomas, la salud del personaje seguía siendo envidiable en un periodo muy turbulento en el que los editores se veían obligados a reducir el número de páginas y elevar los precios. El 4 de septiembre de 1978, Thomas y Buscema lanzan la tira de prensa de Conan, una obra que no comentaré aquí por considerarla menor (terminó en 1980). En marzo de 1980 se publicó el primer número de “Conan Rey”, también realizado por el mismo dúo creativo (se cerró en 1984 tras 55 episodios).

En “La Espada Salvaje” nº 36 (diciembre 1978) se publica “Halcones sobre Shem”, un relato de Howard ambientado en las Cruzadas que no se publicó durante su vida. L.Sprague deCamp trasladó el argumento al mundo hiboreo de Conan y lo editó en 1955 dentro de la revista “Fantastic Universe Science Fiction”. Es una historia bien realizada en su argumento y dibujo y aunque se puede considerar como otra peripecia más de venganza en la que Conan aplasta unas cuantas cabezas sin obtener por el camino ni poder ni dinero, sí merece la pena destacarse como muestra de la pericia y compromiso de Thomas con el personaje.

Roy Thomas era, en el fondo de su corazón, un historiador. Trataba la continuidad de los comics como si fuera una auténtica Historia, esforzándose por hacerla más verosímil e interesante. Los universos coherentes que imagina para sus argumentos hacen que uno quiera saber más sobre aquéllos. Pero eso no sería posible si se hubiera limitado, como otros escritores harían en Conan después de él, a escribir el guión del mes sin preocuparse demasiado por lo que había ocurrido antes o lo que debería pasar más adelante en la biografía del personaje ya establecida en la literatura.

En el caso de “Halcones sobre Shem”, la acción transcurre en la ciudad semita de Asgalun, en la
que se está desarrollando una peligrosa lucha política: el rey loco Akhirom (un trasunto de Calígula) gobierna mediante el terror apoyándose en tres ejércitos mercenarios cuyos generales están enfrentados entre sí. De manera fortuita, Conan, que ha acudido en busca de venganza sobre Othbal, uno de esos generales, por un agravio pasado, se ve involucrado en un polvorín de codicia, sed de poder, celos y lujuria.

Pero es que, además, Asgalún había sido la ciudad sobre la que reinó el padre de Belit, la corsaria que formó pareja sentimental con Conan durante un par de años. Aquel mismo mes de diciembre de 1978 se publicó el nº 93 de la colección mensual a color del bárbaro, en el que Thomas narraba cómo Belit ganaba y rechazaba la corona de Asgalún, sentando las bases para la caótica situación política que, veinte años después (aunque el mismo mes para el fan del bárbaro) iba a encontrar Conan en la ciudad. Durante los años que estuvo al frente de las colecciones de Conan en Marvel, Thomas fue introduciendo muchos de estos elementos, personajes, situaciones o pequeños detalles que enlazaban con otros episodios pasados o futuros de la vida del bárbaro, estableciendo una sólida continuidad que, sin duda, fue
uno de los factores que atrapó a multitud de lectores.

En el apartado artístico, tras una ausencia de varios números, regresa el equipo ya clásico John Buscema/Alfredo Alcalá. En esta ocasión, el entintador refrena un poco su inclinación al barroquismo, reservándolo para viñetas aisladas y páginas-viñeta de apertura y dejando más espacios en blanco que en trabajos anteriores. Hay una marcada ausencia de tramas mecánicas y otros efectos de aplicación de grises y una mayor atención a las figuras que a los fondos, permitiendo brillar algo más de lo habitual a los lápices de Buscema. Esto hace que la historia resulte algo inconsistente en tanto algunas páginas parecen más “Buscema” y otras más “Alcalá”. Es, de lejos, mucho mejor que cualquiera de los números no realizados por Buscema (exceptuando quizá los de Neal Adams), pero “Halcones sobre Shem” no está a la altura de otras colaboraciones de este mismo equipo gráfico.

El número 38 (marzo 1979) adapta “El Camino de las Águilas”, una historia escrita por Howard
que originalmente había transcurrido en una fecha histórica: 1595. L.Sprague de Camp la modificó para convertirla en un relato de Conan incluido en el libro “Tales of Conan” (1955). Así, el reino de Turan sustituye al histórico imperio turco y los piratas del Vilayet a los del Mar Negro. A todo ello, De Camp añadió un elemento sobrenatural que realmente era innecesario.

“El Camino de las Águilas” (dibujado por Buscema y entintado por Tony DeZuñiga) es un ejemplo típico de historia ajena al mundo de Conan pero modificada para ajustarlo a él: de Camp adapta un relato de ambientación aventurera o histórica de tal forma que actúe como puente entre dos aventuras previas y que, además, subraye un importante acontecimiento político del mundo hibóreo. En este caso en concreto, se nos muestra cómo Conan pierde la capitanía de un barco de piratas que había adquirido en “Sombras de Hierro a la Luz de la Luna” (Espada Salvaje nº 4) y cómo el imperio de Turán pasó de las manos del rey Yildiz a las de su malvado hijo Yezdigerd (mencionado en “El Diablo de Hierro” (Espada Salvaje 15) y “El Pueblo del Círculo Negro” (nº 16-19). Así, en esta historia, la trama desarrolla dos líneas
diferentes: por una parte, Conan busca venganza de un oficial turanio caído en desgracia, Artabán, después de que éste masacrara a su tripulación; por otra, cómo el propio Artabán es convencido para que ayude a un hijo exiliado del rey Yildiz, mantenido prisionero por un jefe de bandidos en las montañas, a convertirse en monarca de su propio imperio.

Entre los números 40 y 43 (mayo-agosto 1979) se serializa una larga aventura, “Conan el Bucanero”, adaptación de una novela firmada por L.Sprague de Camp y Lin Carter y publicada en 1971. Como otros pastiches y “conanizaciones” de la época, trataba de
llenar huecos en la vida de Conan y en este caso, lo hizo narrando lo que ocurrió tras convertirse en capitán del Wastrel al final de la historia de “El Estanque del Negro”. Aunque la opinión general es que no se trata de un buen libro, como historieta funciona bastante bien por cuanto los lectores de este formato están dispuestos a aceptar ciertas coincidencias y atajos que en la novela desentonan.

Su mayor interés para los aficionados al personaje reside en el papel clave que juega en la historia el brujo Thoth-Amon, desvelándose algunos datos de esta némesis de Conan. Thoth-Amon ha sido descrito como el “Doctor Muerte del Mundo Hibóreo”. Robert E. Howard lo mencionó en varios de sus relatos y, de hecho, fue el brujo que amenazó la vida de Conan en la primera historia publicada del personaje, “El Fénix en la Espada”. L.Sprague de Camp decidió convertirlo en el principal adversario del bárbaro, decisión un tanto forzada. ¿Por qué siempre un héroe ha de tener un “villano principal”? Las cosas no funcionan así en la vida real. Es más, en “El Fénix en la Espada”, Thoth-Amon no
parece sentir una animadversión especial por Conan. Roy Thomas trató al personaje bastante bien mientras se ocupó del devenir del cimmerio, manteniéndolo principalmente en la sombra, una presencia formidable que no actuaba de forma directa; aparecía muy raramente y no tenía una “historia de origen”, por lo que cada una de sus intervenciones constituía un acontecimiento. Gracias a eso y a diferencia del Doctor Muerte, Thoth-Amon retuvo su aura de verdadera amenaza durante mucho tiempo.

Aunque supongo que a muchos lectores lo que verdaderamente les llamó la atención fue la princesa Chabela, coprotagonista de la aventura y a la que Buscema y DeZuñiga exhibieron en diferentes niveles de desnudez durante toda la narración. Chabela era la hija del anciano rey Ferdrugo de Zingara. Un malvado duque del reino, Villagro, pretende casarse con ella para así acceder al trono. Dado que la muchacha no siente el menor deseo de contraer dicho matrimonio, el noble recurre a los servicios de un brujo estigio de bajo nivel, Menkara, para manipular su voluntad mediante la magia. Así, la chica sufre terribles pesadillas por la noche, pesadillas que la impulsan a viajar a Shem y pedir consejo a su
tío Tovarro. Villagro, entonces, envía a Menkara y su sicario, el corsario Zarono el Negro, para que la capturen y se dirijan al sur, a Estigia, con el fin de reclutar los servicios de un hechicero más poderoso, Thoth-Amon. Pero cuando Zarono y Menkara se encaminan al puerto para embarcar en el navío del primero, se topan con un sacerdote de Mitra que casualmente lleva el mapa de una isla del tesoro para su amigo Conan. Los dos secuaces de Villagro apuñalan al sacerdote y le roban el mapa, lo que desatará la ira del cimmerio y lo llevará a perseguirlos.

Ese es el comienzo de una aventura que llevará a Conan –y a Chabela, a la que acaba rescatando- a una isla desierta con monstruo incluido, la Costa Negra de sus días como Amra, el reino de las Amazonas y, finalmente, de vuelta a Zingara para impedir que Thoth-Amon se haga con el poder del reino.

Entre los nº 47 al 48 (diciembre 1979-enero 1980) se serializó la que para muchos es la última gran historia de Conan guionizada por Roy Thomas para
“La Espada Salvaje de Conan”: “El Tesoro de Tranicos”. Se cuenta –justificadamente en mi opinión- entre las mejores aventuras del personaje. Basada en el relato homónimo de Howard, integra elementos tanto de Fenimore Cooper como de Robert Louis Stevenson sin dejar de ser puro Conan. Hay piratas, salvajes ocultos en la espesura, una antigua maldición, un Tesoro por descubrir, un brujo, promesas y traiciones a cuatro bandas, una dama y una niña en peligro y grandes batallas.

Valenso, un noble zingario, se ha exiliado en una aislada fortaleza enclavada en la costa del territorio picto. Bajo su protección se halla su sobrina Belesa, a la que no duda en utilizar como moneda de cambio cuando a su puerta llegan dos piratas, Strombanni y Zarono, quienes, cada uno por su cuenta, se han enterado de que uno de los hombres de Valenso tenía conocimiento de la localización de un legendario tesoro. El noble nada sabe de todo ello, pero cuando llega a sus oídos que hay un misterioso hombre merodeando por la fortaleza, cae en el pánico y pacta con los filibusteros para que, a cambio de prestar sus hombres para encontrar el tesoro, le ayuden a huir.

Entonces llega Conan, quien ha atravesado todo el territorio picto huyendo tanto de las diferentes
tribus de ese pueblo como de un vengativo rey Numedides de Aquilonia, celoso de su éxito en la defensa de la frontera del reino. El cimmerio, quien ha encontrado el tesoro pero que se encuentra tan atrapado en esa franja de costa como los demás, utiliza aquí más su ingenio y dotes para el engaño que la fuerza bruta, volviendo la delicada situación a su favor…lo que no le librará de tener que participar en una sangrienta batalla, combates singulares y el enfrentamiento contra el monstruo de turno.

“El Tesoro de Tranicos” supuso además la recuperación para el mundo hibóreo de Gil Kane, añorado por los fans desde su aportación para los nº 17 y 18 de la serie mensual a color y el “Giant-Size Conan” 1-4. En realidad, Kane sólo dibujaría las primeras treinta páginas de la entrega inicial, siendo luego sustituido por el siempre más puntual John Buscema.

A destacar también en el apartado gráfico la incorporación para esta historia de dos nuevos entintadores que aportaron una sensibilidad artística distinta a la ya establecida por los filipinos DeZuñiga o Alcalá: Josef Rubinstein, quien demuestra su manejo de las tramas y los pinceles; y, para la segunda parte y sobre lápices de John Buscema, Klaus Janson, cuyo reconocible estilo se adapta perfectamente al formato en blanco y negro, jugando con la luz y las texturas de una forma distinta a la de sus predecesores, rozando casi la experimentación.

Entre los números 49 y 52 (febrero-mayo 1980), siguiendo con la biografía de Conan respecto al anterior arco argumental, se serializó “Conan el Liberador”, adaptación de Roy Thomas de la novela del mismo título escrita por Lin Carter y L.Sprague de Camp. Dibujada por Buscema y
entintada por Tony de Zuñiga, esta es básicamente una historia bélica. Tras luchar contra los pictos en las marcas bosonias y conseguir una fortuna en “El Tesoro de Tranicos”, Conan reúne en torno a sí a un grupo de aliados con los que reúne un ejército y marcha contra el maniaco rey de Aquilonia, Numedides. Hay muchas conversaciones estratégicas, maniobras e intrigas políticas, movimientos de tropas, escaramuzas y batallas, con las esperables dosis de brujería y algo de extraña fantasía -¿unos sátiros?- que parece pertenecer a otra historia. El Conan que encontramos aquí es ya un hombre maduro de unos cuarenta años, que reprime sus impulsos bárbaros consciente de que todo un ejército depende de él y que, al final de la aventura, conseguirá la corona que tanto tiempo atrás se le había profetizado: de ladrón, mercenario y pirata se había convertido por méritos propios en prestigioso general y, por fin, en monarca de Aquilonia, el reino más poderoso y próspero del mundo hiborio. La página final, con un Conan enfrascado en las cuentas del reino, representa el final de toda una etapa de su vida y el comienzo de otra, no exenta de aventuras, pero más centrada en la administración del reino y el sofoco de las intrigas de poder que se tejen a su alrededor.

La aplicación de las tramas mecánicas por parte de Zúñiga no se mostró muy acertada en las dos terceras partes de la historia, estropeando el entintado que él mismo había aplicado y oscureciendo en demasía determinadas figuras o fondos. En el último capítulo, sin embargo, abandona las tramas a favor de la aguada, lo que aclara el dibujo y le permite mayor juego con las tonalidades de grises.

Entre los números 53 y 55 (junio-agosto 1980) Roy Thomas adaptó la novela de Andrew J.Offutt
“Conan y el Brujo”. Se trata de una aventura que transcurre en la juventud del cimmerio, cuando a los 17 años ejercía de ladrón en Arenjún. El frustrado intento de robo de un amuleto de gran poder, el Ojo de Erlik, le pone en manos de un brujo que le roba el alma y le impone una misión como condición para recuperarla. Es una historia entretenida que se beneficia de la presencia de una protagonista femenina de fuerte personalidad, Isparana, una ladrona de la ciudad-estado de Zamboula y una década mayor que Conan.

Es interesante observar el contraste entre la caracterización del Conan, digamos “Marvel” y el imaginado por otros autores. Mientras que en la serie mensual a color de Marvel el cimmerio nunca aparecía retratado como físicamente inepto o torpe en las artes de la guerra (excepto en el tiro con arco, habilidad que adquirirá como soldado del ejército turanio), tampoco resulta demasiado inteligente o interesado por nada que no tuviera que ver con la comida, la bebida, las peleas o las mujeres. En cambio, el Conan de las novelas de Offutt (que según muchos son las mejores del personaje no escritas por Robert E.Howard),demuestra ya una
agudeza mental, dotes diplomáticas y capacidad para navegar en las intrigas de poder que más tarde en su vida lo llevarían mucho más lejos que tan sólo su fuerza o habilidad guerrera. Roy Thomas respeta ese rasgo en su adaptación y convierte al personaje en uno de los más interesantes de la Marvel de los setenta gracias, precisamente, a que ofrecía una evolución, un desarrollo mental (Shang-Chi fue otra excepción).

Gráficamente, Buscema dibuja a Conan con guiños a la etapa de Barry Smith en la serie regular de “Conan el Bárbaro”, tocándole con un casco con cuernos y un colgante con tres medallones. El entintado de Rudy Nebres en la primera parte aporta un barroquismo especial a los fondos y atrezzo, algo que se pierde con el más tosco trabajo de Ricardo Villagrán en el resto de la historia, si bien sus aguadas consiguen interesantes efectos de contrastes o momentos tan conseguidos y agobiantes como el encuentro con el demonio de arena.

Esa aventura continuaría entre los números 56-58 (septiembre-noviembre 1980), en los que se
adaptaba “La Espada de Skelos” a partir del libro homónimo de Offutt. Conan e Isparana viajan hasta Zamboula para entregar el Ojo de Erlik al tirano de esa ciudad. Allí se ven envueltos en las intrigas por el poder y traiciones a tres bandas –que suele ser siempre lo mejor de las historias de Conan- entre el khan, el rebelde que aspira a ocupar el trono y su manipulador mago-visir, Zafra, que ha puesto un hechizo letal sobre dos espadas. Zafra es una interesante variación del tópico brujo. No es un anciano barbudo y susurrante, sino que parece y se comporta como una joven, vanidosa y arrogante estrella del rock: disfruta de la atención, la riqueza, las mujeres y la influencia que sus talentos le proporcionan en la corte del khan.

En esa ocasión, Buscema vuelve a estar entintado con su competencia habitual por Tony DeZuñiga. Por cierto, que en este largo arco argumental de seis números, hay abundancia de desnudos y escenas de corte sadomasoquista más o menos explicito. Puede que ello venga explicado por el hecho de que la mayor parte de la bibliografía de Offutt consista en novelas pornográficas….

(Finaliza en la siguiente entrada)

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