12 sept. 2016

2007-SCALPED – Jason Aaron y R.M.Guera (1)


El género negro se asocia tradicionalmente con el ambiente urbano: detectives privados, sofisticadas mujeres fatales, callejones oscuros, clubs, persecuciones en automóvil, bandas de mafiosos, sensación de fatalidad, venganzas… Por supuesto, es posible encontrar excepciones, y una de ellas es sustituir la conocida ambientación urbana por la de una reserva india.

Y el caso es que, si se piensa bien, resulta una elección adecuada. Esas reservas se han convertido en muchos casos en callejones sin salida cuyos habitantes malviven de los subsidios, donde no hay medios de subsistencia y donde el alcohol y las drogas esclavizan a muchos de esos infelices. El problema es que no se trata precisamente de un entorno en el que se pueda apelar al glamour o la sofisticación. Aún peor, para los norteamericanos, estas reservas son un continuo recordatorio de las injusticias cometidas en el pasado y prolongadas en el presente, una vergüenza nacional, un fracaso que se intenta barrer debajo de la alfombra.



Por eso resulta tan inusual la propuesta que bajo el sello Vértigo de DC desarrolla el guionista Jason Aaron: utilizar el género negro para mirar de frente la tragedia que se vive en esas reservas deliberadamente olvidadas por la ficción generalista. Igualmente osado resulta abandonar el enfoque romántico habitual de los últimos cuarenta años en virtud del cual los nativos americanos son presentados como un pueblo oprimido por el malvado hombre blanco, pero fundamentalmente noble. Todo lo contrario: en “Scalped” nos encontramos con indios infectados de los peores defectos de ese hombre blanco al que desprecian: gastan un lenguaje soez, ejercen las más variadas formas de violencia contra sí mismos y sus semejantes, roban y saquean a sus propios vecinos, abusan de sus mujeres… En definitiva, no nos encontramos aquí con una exaltación de la grandeza de la nación india y su tragedia, sino con gente normal en un ambiente de tensión y degradación social.

Una de las características más chocantes de este comic es la capacidad de Aaron para construir una historia tan subyugante a pesar de sus fallos y su inclinación a concentrarse en los personajes menos adecuados. Porque “Scalped” es uno de esos casos en los que el guionista cree que la historia trata sobre una cosa y casi la arruina porque en realidad versa sobre otra mucho más interesante.

La excusa con la que arranca “Scalped” es el regreso de Dashiell Caballo Loco a su lugar natal, la reserva india Lakota de Prairie Rose, en Dakota del Sur, tras haberse marchado de allí más de diez años atrás. La madre de Dash, Gina, aún vive allí liderando un movimiento indigenista que se opone a la apertura de un nuevo casino construido por Lincoln Cuervo Rojo, presidente del Consejo Tribal además de sheriff de la policía nativa y otros cargos de relevancia en la comunidad que le convierten en el hombre más poderoso de la reserva. Cuervo Rojo contrata a Dash como guardaespaldas integrado en la policía tribal, pero lo que no sabe es que éste es un agente infiltrado del FBI cuya misión es destapar los negocios sucios de su nuevo patrón.

Este argumento ha llevado a algunos a describir “Scalped” como “Los Soprano de la Reserva”, lo que es una apreciación incorrecta. La gente suele estar desesperada por encajar todo lo que les resulta nuevo dentro de una categoría familiar, estableciendo comparaciones con otras obras. Sí, “Scalped” es una historia coral de género negro, pero la investigación del FBI contra Cuervo Rojo y las penalidades de Dash como agente encubierto son en realidad los aspectos menos interesantes del comic. En parte ello es debido a que Aaron no hace de Dash un personaje demasiado atractivo, por lo que al lector le resulta algo indiferente que tenga éxito o no. Dash va dando tumbos a lo largo de casi toda la historia, tomando decisiones equivocadas y cayendo en un infierno autodestructivo que ya hemos visto muchas veces antes en el cine y la literatura. Inicia una malsana relación con Carol Ellroy, la hija de Cuervo Rojo, de quien estuvo enamorado cuando ambos eran adolescentes. La historia de Carol, al menos durante buena parte de la serie, está plagada de estereotipos y sus disfuncionales relaciones con el padre y Dash se encuentran entre lo peor y más desagradable del comic.

Lo que enfoca mal Aaron en “Scalped” es creer que la historia trata de Dashiell Caballo Loco. Nominalmente es el personaje principal, sí, y Aaron centra en él la continuidad de la serie; pero en realidad es también el participante menos interesante y, a diferencia de otro personaje inicialmente bastante plano, Carol, su atractivo no aumenta conforme avanza la historia. No es sorprendente que Aaron utilice a Dash como herramienta con la que introducirnos en el comic y guiarnos por el claustrofóbico mundo de la reserva, porque Dash proporciona al lector la perspectiva distanciada del forastero que la historia necesita, pero desde el principio queda claro que hay personajes mejor desarrollados que él. Conforme progresa el drama, Aaron no llega a enfrentarse verdaderamente con los problemas de Dash, quien sigue lastrando el avance de la historia. En los capítulos en los que el guionista ignora a su personaje principal, el interés y la calidad del comic aumenta varios enteros. Pero siempre acaba volviendo a él, lo que es al tiempo necesario –pues ha de terminar enfrentándose a sus fantasmas y, de un modo u otro, concluir la misión que le llevó a la reserva en primer lugar- y una molesta distracción para el lector respecto a lo que es más interesante en este comic.

La relación de Dash con Carol responde al cliché: “Te odio pero me gusta follarte” que tanto se da en el género negro, razón por la cual resulta poco convincente, incluso en aquellas escenas con mayor impacto emocional. Otro problema con el personaje de Dash es que es un nefasto agente del FBI, encadenándose cada vez más al oscuro imperio de Cuervo Rojo e incubando todo tipo de problemas psicológicos. Carol es adicta a la heroína y Dash empieza a fumarla en el número 20, pero sus aprietos con las drogas no juegan un papel central en la historia y, además, se recupera de la adicción con sorprendente facilidad. Es como si Aaron hubiera recurrido a un cliché del género negro porque, bueno, “Scalped” es género negro y tiene que haber drogas. Pero cuando se cansa del subargumento, lo despacha con rapidez. Dash es, en último término, un mero recurso narrativo a través del cual presentar otros personajes mucho mejor construidos.

Otro problema con “Scalped” es que Aaron, cuando comenzó la serie, era todavía novato en lo que se refiere a los guiones de comic book, así que tiende a sobreutilizar determinados recursos. El argumento de Scalped es excelente, como también su ritmo –aunque la serie consta de 60 números, se leen con rapidez-, pero hay demasiados “tipos duros” construidos con plantilla y Aaron no termina de fiarse de que los dibujantes con los que colabora sean capaces de transmitir toda la información, por lo que recurre con frecuencia a cuadros de texto innecesarios, por ejemplo, para expresar los pensamientos de los personajes. Un dibujante menos expresivo que Raul Guéra hubiera quizá necesitado ese apoyo literario, pero en su caso esos textos se convierten en reiterativos.

Si “Scalped” no versa –al menos principalmente- sobre Dash Caballo loco y su drama personal en la reserva, entonces ¿de qué trata? Aquí es donde este comic se vuelve no sólo interesante, sino excelente. Porque “Scalped” reflexiona sobre la Historia y cómo el pasado extiende su influencia hasta el presente. Precisamente, uno de los defectos del personaje de Dash es que nunca llegamos a saber exactamente qué le hizo ser como es. Luchó en la guerra de los Balcanes y trabajó como agente del FBI en el sur de Estados Unidos, pero Aaron apenas nos informa de en qué medida esas etapas de su vida conformaron su carácter. Dash está haciendo su propia historia sobre la marcha y quizá por eso no resulte particularmente interesante.

Obviamente, el personaje de más fuerza en la serie es Lincoln Cuervo Rojo, uno de los “villanos” más cautivadores de toda la línea Vértigo. En su primera aparición, lo vemos sentado a la mesa de su despacho en el casino que va a inaugurar, fumando un cigarro. Un cadáver sin caballera yace junto a la mesa y el cuchillo de Cuervo Rojo, manchado de sangre, está clavado en ella. Nunca llegamos a saber de quién es el cuerpo o por qué Cuervo Rojo lo ha matado, pero la imagen y el mensaje que transmite no pueden ser más elocuentes.

Cuervo Rojo es un jefe criminal, pero no sólo es eso, algo que queda claro desde el primer número. Cuando le muestra a Dash la reserva, le cuenta sus experiencias en los años setenta, cuando formó parte de un grupo reivindicativo de los derechos indígenas que ocupó la Oficina de Asuntos Indios en Washington. También le habla del asesinato de dos agentes del FBI que tuvo lugar en Prairie Rose en 1975. Cuervo Rojo siente nostalgia por los viejos tiempos, pero también reconoce que nada ha cambiado: “Aquí estamos, todavía olvidados, todavía una nación tercermundista en el corazón de América”. Ésa es la razón por la que ha decidido abrir un casino que, espera, no sólo le llenará los bolsillos, sino que ayudará a cambiar las cosas: “El paseo gratis ha terminado por fin. De ahora en adelante, mejor que el hombre blanco traiga su jodida tarjeta de crédito”. Pero a Dash no le importa nada de eso y contesta: “Las Guerras Indias han terminado y vosotros fuisteis los jodidos perdedores”. Se diría que lo que hace el guionista es construir una escena a partir de la cual Dash podría empezar a sentir de una forma diferente hacia su pueblo, pero, irónicamente, resulta que es Cuervo Rojo el que inicia su propio camino de transformación.

Y es que Cuervo Rojo no es “simplemente” un capo criminal, por lo que las comparaciones de “Scalped” con “Los Sopranos” resultan inadecuadas. También es un político, y hace el tipo de cosas que hacen los políticos, algunas veces incluso desembocando en auténticos beneficios para la comunidad. Al avanzar la historia, nos vamos enterando de más detalles de su pasado: estuvo enamorado de Gina Caballo Loco, la madre de Dash, pero su relación nunca prosperó; presenció el asesinato de los agentes del FBI treinta años atrás y sabe quién fue el responsable; soportó la educación de una escuela cristiana en la que le pegaban si hablaba en Lakota; ha tenido que hacer tratos poco claros con la mafia vietnamita de Minneapolis para ver ahora cómo meten la nariz en sus negocios… Sus decisiones pasadas y presentes nos ilustran sobre su personalidad y lo convierten en un personaje mucho más rico y complejo que el villano de turno.

El foco de la historia va cambiando según el arco argumental de que se trate, desde la investigación de Dash sobre los negocios de Cuervo Rojo al asesinato de Gina, sucedido en el número 6. Su muerte y la forma en que afecta al resto de los personajes se convierte en algo de mayor peso en la colección que el trabajo clandestino de Dash. Por ejemplo, hace que Cuervo Rojo se plantee su lugar en el mundo y de qué forma puede cambiarlo. Aaron, muy inteligentemente, no lleva a Cuervo Rojo demasiado lejos y demasiado rápidamente. Después de todo, es un hombre malvado y su vida no puede cambiar de la noche a la mañana. Es un individuo dividido y al que no resulta fácil entender: espiritual y respetuoso con las tradiciones, considerado con los animales y amante de la Naturaleza. Pero también, si se interponen entre él y lo que quiere conseguir, un asesino de hombres y mujeres. Cree que está haciendo lo correcto, jugando al mismo juego que los conquistadores blancos aunque con ello condene su alma.

Así, “Scalped” es, más que la peripecia policial y personal de Dash Caballo Loco, la crónica de la conversión de Cuervo Rojo, un proceso largo y espinoso porque todo el mal que ha sembrado no es fácilmente compensable. Y aunque sabe que desmantelar el imperio del crimen que encabeza desde hace años le va a convertir en enemigo de sus propios “empleados”, poco a poco trata de ajustarse a unos principios más nobles aun cuando no sepa bien cómo hacerlo. 

(Finaliza en la siguiente entrada)

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