El final de la década de los noventa fue un tiempo convulso para Marvel –aunque bien pensado, ¿cuándo no lo ha sido?-. El nuevo consejero delegado, Peter Cuneo, deseaba convertir la editorial en una corporación en la que los comics y sus personajes fueran principalmente carnaza a partir de la cual alimentar a un gran monstruo que escupiera merchandising, películas, establecimientos de comida rápida y demás subproductos comerciales.
Por otra parte, la principal franquicia de Marvel, los mutantes, venía arrastrando desde hacía años graves problemas creativos. La saga de “Onslaught” había puesto fin a una época dorada que se había extendido dos décadas. Tras el fiasco de “Heroes Reborn”, todo el universo mutante entró en un periodo de estancamiento creativo. Los guionistas se sucedían unos a otros con rapidez y todos ellos se quejaban amargamente de ver su trabajo intervenido y modificado por unos editores que respetaban más las caprichosas y volubles opiniones de los fans que el talento o la independencia de los creativos que coordinaban. Para colmo, la continua interferencia de Chris Claremont no hacía sino embarullar las cosas hasta que, finalmente, en 1999, se las arregló para retornar a los guiones de los X-Men.
En 2000, Bill Jemas, un licenciado en derecho por Harvard y ex ejecutivo de la NBA, pasa a


Jemas se arremangó y se dispuso a hacer limpieza. Destituyó a Bob Harras como Editor en Jefe y nombró para el puesto a Joe Quesada, hasta entonces al mando de la exitosa línea Marvel Knights. Uno de los muchos cambios que éste llevó a cabo fue retirar a Claremont de los X-Men y sustituirlo por Grant Morrison, que venía de obtener elogiosas críticas por su trabajo en “Marvel Boy”, un título de Marvel Knigths.
La saga mutante siempre ha acogido bien a guionistas con una ideología liberal que sirviera de molde para unas historias que siempre han tenido a los prejuicios y la marginación como subargumento central. Sin embargo, no hay que olvidar que los X-Men fueron un producto de la Edad de Plata de los comics de superhéroes y aunque su componente social siempre fue más relevante que en, digamos, Los 4 Fantásticos, su universo está tan repleto de alienígenas, viajes en el tiempo y monstruos como de

Por otra parte, la franquicia mutante sufre de un defecto congénito que emana del conflicto existente entre su contenido temático y el formato elegido para exponerlo. El tema que discurre insistentemente bajo las coloristas aventuras de los superhéroes es la evolución: los mutantes son presentados como el siguiente peldaño en la escalera genética humana. Por desgracia, el mundo editorial mutante está estructurado en base a una serie de comic books de largo –larguísimo- recorrido en el seno de un universo compartido con muchos otros personajes. Ello implica que el statu quo debe siempre respetarse, puesto que un cambio radical en el mundo mutante debería, por fuerza, expandirse al resto de colecciones no mutantes y eso derivaría en un lío de los gordos.

Cuando se hizo cargo de la colección de los X-Men (que cambiaría su título al de “New X-Men”), el propio Morrison lo dejó muy claro en la declaración de intenciones que hizo llegar al editor jefe de Marvel: “En la última década, la tendencia en Marvel ha sido intensamente conservadora; comics como los X-Men han pasado de ser osados y manifiestamente pop a precavidos y retro. Lo que fue dinámico ahora es estático. Los personajes muertos siempre regresan, nada de lo que sucede importa realmente al final. El escenario nunca se despeja para que nuevas creaciones puedan desarrollarse y crecer”.
Morrison decide romper ese círculo vicioso. En el primer número, se libra de los ridículos

El mundo real se estaba convirtiendo a pasos agigantados en un lugar mucho más oscuro. Nada más empezar la primera saga, “E de Extinción”, Morrison destruyó la isla de Genosha, habitada sólo por mutantes, sólo un mes o dos antes de los ataques terroristas del 11-S. Más allá de estas casualidades, la serie reflejó la realidad en el sentido de que presentó un mundo que experimentaba grandes cambios, un mundo en el que los mutantes suplantaban a los humanos como especie dominante y los humanos trataban de convertirse en mutantes.

Una de las tretas de Nova es hacer pública la verdadera naturaleza de la Escuela de Xavier,

Por primera vez desde el nacimiento de las colecciones de mutantes, la idea de la evolución dejó de utilizarse exclusivamente como gancho para contar historias de aventuras heróicas (Stan Lee) o melodramas adolescentes (Chris Claremont), para convertirse en el verdadero motor de la serie. La mutación ya no es una simple alegoría, sino algo “real” que va a cambiar el mundo. Así, Morrison introduce desde el principio el concepto de una “bomba de relojería” inserta en el código genético del Homo sapiens: en tres o cuatro generaciones, la especie se extinguirá y el Homo superior heredará la Tierra. Ello ofrece un ángulo completamente diferente al conflicto Homo sapiens/Homo superior, uno de los pilares que han sostenido el devenir de la colección desde sus inicios. Los X-Men se han pasado años luchando para evitar el estallido de una guerra total entre ambas especies. Con esta nueva revelación, la propia Evolución toma parte en el enfrentamiento, determinando su resultado.

Y para sectores aún más extremos, los mutantes llegan incluso a ser un ideal al que aspirar cueste lo que cueste. El mediático John Sublime dirige una secta secreta de fanáticos que capturan mutantes para extirparles órganos e injertarlos a continuación en sus propios cuerpos en un grotesco intento de obtener capacidades sobrehumanas. Sus U-Men se convierten así en una tercera especie, bastarda de las otras dos.
Una parte importante de las diferentes sagas se mantiene circunscrita al ámbito de la Escuela,

No es esa la única diferencia con los antiguos X-Men que pasaron por la Escuela. Muchos de los chicos actuales tienen ahora un aspecto grotesco y sus mutaciones no son siempre benignas ni ofrecen poderes maravillosos. Hace cuarenta años, las alas del Ángel eran consideradas una mutación desagradable. Hoy tenemos a Pico, un chico-pájaro de físico bastante repulsivo que, para colmo,

También tenemos a Marth, cuyo cerebro está en un jarro de cristal; o…. un cíclope de cuerpo grotesco. Las particularidades de otros son de índole diferente, como en el caso de Angel Salvadore, una adolescente latina con alas de insecto, un problema de adicción al tabaco y a la bebida y una actitud de rebeldía sistemática. Estos jóvenes no sólo tienen que aprender a vivir en una sociedad de humanos que les temen y les odian, sino que dentro de la propia escuela están

Desde sus comienzos, como hemos mencionado, los X-Men han versado en buena medida sobre la evolución y los derechos civiles. Morrison lo entendió perfectamente e hizo de la evolución un concepto nuclear alrededor del cual desarrollar toda su etapa en la colección. Desde Cassandra Nova a los nanocentinelas, de los U-Men al proyecto Arma Plus, de Quentin Quire a Fénix… todos los arcos argumentales versaban sobre el crecimiento y el cambio. La idea de una conciencia “bacterial” –o vírica- está en el corazón del universo mutante según Morrison, y la extiende incluso al ámbito

El mundo está sometido a un continuo cambio y ¿quién dice que los mutantes son los únicos susceptibles de evolucionar? Porque si los X-Men son la encarnación de conceptos como la evolución, el dinamismo y el cambio, es necesario presentar su opuesto: la homogeneización, denunciada como una amenaza. Ya sean los intentos de John Sublime de elevar al Homo sapiens al nivel del Homo superior mediante trasplantes ilegales de órganos, o la capacidad de Arma XII para “absorber” a sus enemigos simplemente tocándolos, las grandes amenazas a las que han de enfrentarse los X-Men son aquellas que atentan contra su propia diversidad. Es un enfoque postmoderno cuyos conceptos se ajustan perfectamente al espíritu tradicional del universo mutante.
Los Nuevos X-Men también trataban sobre la ruptura de ciclos. Morrison recurre a elementos


No solo en el contexto, sino en los personajes, Morrison presenta ideas muy inteligentes. El

Emma Frost, antigua Reina Blanca del Club Fuego Infernal y enemiga cruel de los X-Men, se convierte ahora en uno de sus miembros más importantes. Morrison realiza un trabajo sobresaliente con ella, retratándola como una mujer segura de sí misma, inteligente y muy consciente de su atractivo sexual, el cual no tiene reparo en utilizar. A pesar de su apariencia glacial, es impulsiva, dice sin tapujos lo que piensa y se deja llevar por sus impulsos violentos, lo

Resulta llamativo que Morrison no prestara una mayor atención al personaje más popular de los X-Men, Lobezno. El guionista pensaba –con razón-que el mutante de las garras llevaba años sobreutilizándose y ya era hora de retirarlo del podio y hacer de él un personaje más. Eso sí, recuperó algunos de las tradicionales características del temperamental mutante en su papel de hombre-X, como la difícil relación de hostilidad/respeto con Cíclope; y cerró otros, como la eterna tensión sexual con Jean Grey.
También tenemos nuevas aproximaciones a viejas instituciones del universo mutante. En concreto,

Morrison resumió su visión sobre el triángulo amoroso Scott-Jean-Emma: “Emma hace todo lo que Scott desearía que Jean hiciese. Claremont me dio la clave cuando dijo que en realidad Jean es mucho más morbosa que Emma, pero no lo demuestra. Un tipo reprimido como Scott necesita que un extrovertido lo saque de su concha. Jean es sensible y tiende a proteger a Scott de tal forma que no le permite crecer”.

Resulta fascinante ver la imaginación de Morrison trabajar en la creación de nuevas mutaciones

En contradicción con ese espíritu, sin embargo, no parece haber demasiado sentido en que Xorn resulte finalmente ser Magneto y que éste, a su vez, sea en realidad Sublime. Pese a lo que pueda parecer, no fue un giro sorpresa de última hora. Morrison lo tenía previsto desde el principio. Pero ello no quiere decir que fuera una buena idea. ¿Por qué introducir a Magneto en esta renovada etapa cuando lo mata espectacularmente en el primer episodio durante la destrucción de Genosha? ¿Acaso demostrar al lector veterano que aún se encontraba siguiendo un verdadero tebeo mutante? No solamente está ese juego de identidades Xorn-Magneto mal explicado y desarrollado, sino que

Aún peor es que Magneto resulte ser la maquiavélica mente tras todo lo narrado en la etapa de Morrison. Porque eso no parece compatible con el interesante planteamiento que el propio guionista había adoptado al considerar al personaje más interesante muerto que vivo. Efectivamente, cuando los X-Men visitan Genosha tras la destrucción de la isla, se encuentran que Magneto, a quien se cree muerto tras el ataque del Supercentinela, se ha convertido en mártir y leyenda para una parte de los mutantes del mundo. Se trataba de demostrar que los revolucionarios vivos rara vez son tan efectivos como los muertos que adornan las

Era sin duda una forma nueva de aproximarse a la figura de Magneto, pero sus grandes posibilidades se desvanecen de repente cuando se descubre que el gran revolucionario mutante, no sólo no está muerto, sino completamente, loco. Aún peor, la inclinación de Morrison hacia la ironía le hace socavar la esencia del personaje. El que Magneto perpetre un genocidio es una manera adecuada de ilustrar la idea de que se ha convertido en un monstruo tan horrendo como aquellos que asesinaron a su familia, pero utilizar exactamente el mismo modo de ejecución –los hornos de cremación a los que empuja a los humanos- resulta en exceso forzado. Eso hace de “Planeta X” una saga poco satisfactoria en sus resultados.
Y es que el peor error de Morrison fue volcar sus mejores ideas a lo largo de los primeros dos

La saga final, de cinco números, es un tributo a una de las historias más recordadas del grupo, “Días del Futuro Pasado”, pero sus resultados distan mucho de igualar la calidad de ésta. En “Bienvenidos al Mañana”, la acción se traslada 150 años en el futuro, cuando el Huevo Fénix se convierte en objeto de disputa para los dos bandos de mutantes que han sobrevivido tras hacerse con el control del planeta. El bando de los villanos, curiosamente, no está liderado por Apocalipsis o el Club Fuego Infernal, sino por la Bestia, que quiere utilizar el Huevo para crear una especie mutante superior y destruir a todos los que no se ajusten a su ideal genético. En su contra se alinean algunos X-Men: Lobezno, Pico, Cassandra Nova, Tom Skylark y su Centinela-mascota, tratan de impedir que la

Al final de su recorrido en la colección Morrison conecta entre sí todas las ideas y argumentos que ha ido desperdigando en la colección y sugiere que hay una razón para el persistente odio y miedo hacia los mutantes en el Universo Marvel, en el que los superpoderes son algo tan habitual que casi pasan desapercibidos. Si se desconfía de quien ostenta capacidades sobrehumanas, ¿por qué entonces no tener miedo del Capitán América o Iron Man? Su respuesta puede que no sea perfecta, pero es la mejor hasta la fecha.
En cuanto al apartado gráfico, podemos decir que en términos generales se encuentra dentro de lo correcto. Originalmente, iba a ser el gran Frank Quitely el que dibujara toda esta etapa, pero las cosas

Frank Ethan Van Sciver y Phil Jimenez no son particularmente atractivos, pero tampoco se puede decir que realizaran una mala labor. El feísta Igor Kordey hizo lo que pudo con los brevísimos plazos con los que tuvo que trabajar, dibujando y entintando números enteros en tan sólo una semana. Si se le hubiera dejado más tiempo, probablemente habría realizando un trabajo mucho mejor. Sus influencias europeas se ajustaron bien a la presentación de Fantomex. Personalmente, siempre he encontrado a Chris Bachalo confuso y

Hay un rumor según el cual a Morrison le ofrecieron escribir “Ultimate X-Men”, pero prefirió

Y para muchos de los lectores que disfrutaron con la iconoclastia de Morrison, lo mejor que pudieron hacer es hacerle caso y no continuar leyendo a continuación. Porque los cuarenta y dos números escritos por él estaban condenados a ser una rareza. Todos sus logros fueron inmediatamente olvidados y enterrados por la editorial en cuanto Morrison abandonó el título. Los protagonistas volvieron a vestir sus uniformes tradicionales y salir a combatir amenazas por el espacio, lo que en lugar de hacer avanzar la serie suponía de hecho una involución. Durante cuatro años, Morrison había querido elevar el tema de la evolución y la proliferación de mutantes a una nueva etapa, más adulta y sensata; en cuanto se fue, los guionistas se las arreglaron para exterminar a casi toda la población mutante en el evento “Decimation”, revirtiéndolos a la condición de minoría oprimida y neutralizando el impacto que Morrison había tratado de lograr. El odio y miedo que Morrison había ocultado tras un fino velo de liberalismo

Ello demostró el miedo al cambio que domina el mundo de los comic books de superhéroes y el cerril conservadurismo de sus consumidores. Buena parte de los aficionados más veteranos denostaron esta etapa al considerar que su guionista estaba arruinando los conceptos y personajes que habían ido tomando forma a lo largo de décadas. En cambio, muchos de los que odiaban a los X-Men por las mismas razones que aquéllos los amaban (continuidad intrincada, personajes de trayectoria casi imposible de abarcar, crossovers continuos…) supieron apreciar el trabajo de Morrison aun cuando éste no hizo ascos a utilizar

Algunos aficionados acusaron a Morrison de “recocinar” cosas que ya habían sido introducidas y desarrolladas en los setenta durante la etapa de Claremont y Byrne: triángulos amorosos, la Fuerza Fénix, villanos embutidos en armaduras… Pero el guionista tiene las ideas claras al respecto: “Se supone que cada pocos años rotan los lectores de comic-books. Cualquiera que siga leyendo o recuerde bien todo aquel material clásico se sentirá decepcionado por la repetición y probablemente debería pasar a leer otro tipo de comics. Después de todo sólo hay seis líneas argumentales en el mundo y en los X-Men probablemente sólo se utilizan tres. Es imposible efectuar cambios radicales en la franquicia. Las empresas licenciatarias de productos Marvel se molestan si el estilo del pelo de Lobezno cambia mínimamente porque les obliga a modificar millones de tazas y mochilas. Cuando los personajes se convierten en franquicias corporativas muy rentables, se ejerce presión sobre la compañía para que nunca cambien las cosas. Siéntanse agradecidos por que el milagro de la creatividad les permita ver aunque sólo sean versiones ligeramente diferentes de Lobezno, Cíclope o la Bestia”.

Una de las intenciones declaradas de Morrison había sido hacer la colección de los mutantes accesible a cualquier lector, especialmente a aquellos que pudieran sentirse interesados por este universo tras ver la película de Bryan Singer. Aunque no creo que consiguiera su objetivo en lo que se refiere a ventas o a un incremento del interés público en la franquicia, sí se puede decir que logró un éxito en términos creativos, superior incluso al de la película y fácilmente clasificable como entre las mejores etapas de la colección en sus cincuenta años de historia. El título puede leerse en solitario, sin necesidad de abarcar otras colecciones del Universo Mutante ni tener un detallado conocimiento de la

La única excepción es la intervención del Imperio Shi´ar, que puede resultar confusa para quienes no conocieran previamente la relación de esos extraterrestres con los X-Men. El resto es o bien nuevo, o bien queda convenientemente explicado. La colección no se apoya en el trabajo de las docenas de creadores que trabajaron en ella durante décadas, pero tampoco lo ignora, consiguiendo un equilibrio muy ajustado entre lo antiguo y lo nuevo. Morrison resultó ser el guionista que los X-Men del siglo XXI estaban pidiendo.
Si te gusta el trabajo de un guionista tan poco convencional como Grant Morrison o eres –o fuiste alguna vez- seguidor de los mutantes, estos números de Nuevos X-Men son algo que debes leer. No sólo acabarían algunas de sus ideas permeando la franquicia pese al disgusto nunca declarado de los editores de Marvel (véase “X-Men Orígenes: Lobezno”, la interpretación en las películas de la “X” de Arma X como número y no como letra, o la mutación secundaria de Emma Frost en “X-Men: First Class”), sino que demostró que un comic de superhéroes también podía evolucionar y madurar.
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