9 nov. 2015

1979-LOS PASAJEROS DEL VIENTO – François Bourgeon


François Bourgeon es un rara avis en el mundo del comic, miembro de esa élite de autores que, gracias a su éxito, pueden permitirse invertir el tiempo que estimen necesario en terminar cada trabajo. Y esto, en el caso que nos ocupa, puede significar para el lector años de espera entre un álbum y el siguiente, porque Bourgeon disfruta contando historias, pero también e igualmente, recreando minuciosamente el mundo en el que transcurren aquéllas, prestando una atención casi enfermiza a cada detalle.

El largo proceso de documentación que requiere la increíble construcción de lugares y épocas sobre las que se apoyan sus complejas y muy meditadas historias, es en buena medida la fuente del éxito de Bourgeon y lo que le ha colocado en una categoría totalmente ajena a las políticas editoriales o las modas del momento. Pero al mismo tiempo le convierte en un personaje incómodo para los editores, cuyo trabajo consiste hoy en día en presionar a los autores para producir más en menos tiempo. Su peor pesadilla son las devoluciones de material y prefieren un autor que entregue diez álbumes al año que vendan 10.000 copias cada uno que otro que sólo dibuje uno aunque venda diez veces más. El talento de Bourgeon es tan excepcional que incluso en ese entorno poco amigable ha podido ganarse la vida confortablemente con una producción bastante reducida en cuanto a número (15 álbumes en treinta y seis años), que no en cuanto a calidad.



Bourgeon nació en París en 1945, estudió Bellas Artes y se especializó en la decoración y restauración de vidrieras, actividad a la que se dedicó durante algún tiempo reservando los comics para su tiempo libre. Por fin, en 1971, decide hacer de la narrativa gráfica su ocupación principal, iniciándose en una revista católica para niñas, “Lisette”, editada semanalmente por Bayard y para la que trabajó sobre guiones de Henriette Bichonnier. Colaborará tanto en esa cabecera como en otra llamada “Nade” realizando ilustraciones e historietas con guión ajeno, la primera de ellas en 1972, “L´ennemi vient de la mer”, escrita por Cécile Romancére.

En 1973, “Nade” se canceló y “Lisette” se fusionó con otra publicación, “Mademoiselle Caroline”. Para entonces, Bourgeon ya había conseguido establecer algunos contactos con otros editores y estaba preparado artísticamente para dar un salto en su carrera. Entró en el grupo editorial Fleurus donde permanecerá de 1974 a 1975 participando en semanarios como “Fripounet” o “Djin”. Para la primera, dibujará un buen número de historietas cortas y para la segunda, a partir de 1977 y junto al guionista Robert Génin, creará una serie
juvenil de ambientación medieval, “Brunelle y Colin”, de la que firmará los dos primeros álbumes. Esta obra conforma ya casi definitivamente su estilo, convirtiéndose en un autor popular capaz de dar el salto al mercado del comic adulto, algo que sucederá dos años más tarde. Mientras tanto colabora también para “Pif Gadget” y en 1978, dibuja para Univers-Média un guión de Pierre Dhombre, “Maître Guillaume et le journal des bâtisseurs de cathèdrales”.

A finales de los sesenta se produjo una revolución en el mercado del comic francés. Las revistas semanales y mensuales dirigidas a un público juvenil o infantil que habían dominado el panorama viñetero durante casi dos décadas, cedieron terreno ante el empuje de las publicaciones para adultos nacidas a raíz de la toma de conciencia política y artística de muchos autores que empezaron sus carreras en cabeceras como, por ejemplo, “Pilote” o “Tintín”. Por otra parte, el mercado de álbumes empezó a crecer hasta el punto de que las editoriales pasaron a reformular sus revistas periódicas como escaparates o cartas de presentación de los próximos álbumes, tendiendo a marginar todo aquello que no se adaptara fácilmente a ese formato de historia unitaria.

Una de las editoriales que siguió ese camino fue Glenat, fundada en 1969 a partir del fanzine
“Schtroumpf” por Jacques Glenat, quien comenzó su andadura editando en formato álbum series prepublicadas en otras revistas, como “Djinn” o “Formula 1”. Dado el relativo éxito de la iniciativa, decide lanzar una nueva colección de álbumes con material completamente nuevo. Es ahí donde Bourgeon presenta la idea para su nueva serie, pero el editor no ve a priori que su temática, el mundo de la navegación del siglo XVIII, tenga el suficiente tirón y decide desviarla hacia el formato de serialización en revista, concretamente en “Circus”, la publicación emblemática de Glenat. Ésta había nacido en 1975 con la vocación de renovar el género de aventuras, aunque pronto acogería historietas de otras temáticas, como la policiaca, el humor o la fantasía y, sobre todo, la histórica, hasta tal punto de que ésta última acabará convertida en su sello distintivo. Y ello gracias a la mencionada serie de Bourgeon, que supuso su definitiva consagración como autor y uno de los comics más importantes de los ochenta: “Los Pasajeros del Viento”, serializada en “Circus” a partir de 1979.

La primera entrega, “Isa” (1980) nos sitúa en el año 1780, a bordo de un navío francés que navega por el Atlántico rumbo a Santo Domingo. A bordo, ocultas en los aposentos del comandante Benoit de Roselande para evitar tensiones entre la tripulación, viajan dos jóvenes damas. Una es Inés, la hermana de aquél, y la otra, Isabel, actúa de dama de compañía de ésta. Cuando Hoel, uno de los marineros, descubre por accidente la presencia de ambas muchachas, se obsesiona con volver a verlas, acabando por delatarse y sufriendo un duro castigo por ello. Su acción, no obstante, llama la atención de Isa, quien le confiesa su tormentoso pasado repleto de traiciones, abusos y castigos, le revela su intención de vengarse por el robo de su verdadera identidad y su deseo de vivir liebre, pretendiendo que Hoel la ayude a conseguirlo. Ambos se convierten en amantes.

Sin embargo, la guerra se interpone en sus planes. La arrogancia e incompetencia militar del comandante le lleva a enfrentarse a una escuadra de navíos ingleses, entablando una sangrienta batalla que tendrá efectos devastadores sobre la tripulación y desatará la tragedia entre los protagonistas. Hoel se ve obligado a disparar sobre Benoit para evitar que éste asesine a Isa. Hoel e Isa huyen del barco sólo para caer a continuación en poder de los
ingleses junto a otro miembro de la tripulación, el doctor Michel de Saint-Quentin.

“Hoel” (1980) comienza con el protagonista del mismo nombre y Saint-Quentin prisioneros de los británicos en una pontón-presidio varado en Chatham. Entretanto, Isa ha hecho amistad con Mary, una descarada jovenzuela de sangre aristocrática que ha quedado embarazada de John, un oficial destinado a bordo de la cárcel en la que se encuentran Hoel y Saint-Quentin. El álbum narra la cruel vida de su cautiverio, su fuga gracias a los desvelos de Isa y Mary y los esfuerzos de las dos parejas, Isa, Hoel, Mary y John, para huir de Inglaterra y esconderse en Francia, pues en ambas naciones son fugitivos. Por fin, los contactos de Saint-Quentin les permiten conseguir pasaje en el “Marie Caroline”, cuyo destino último son las colonias americanas, donde esperan emprender una nueva vida. Pero para horror de Isa, el navío resulta ser un transporte negrero que se dirigirá primero a la costa occidental africana para embarcar esclavos con destino a las plantaciones francesas de Santo Domingo.

“La Mercancía de Judah” (1981) y “La Hora de la Serpiente” (1982) cuentan el viaje del Marie Caroline hasta Dahomey y las aventuras y desgracias que los protagonistas vivirán en África durante las semanas en las que el capitán negocia con el monarca local el precio de los esclavos y prepara la carga para la travesía hacia América.

Bourgeon aprovecha aquí para reflexionar sobre la institución de la esclavitud, a partir de la cual los plantadores de la América sureña levantaron todo un sistema económico y cultural. La incapacidad de los europeos para adaptarse a las duras condiciones de trabajo en esas regiones y la merma de la población nativa a causa de las enfermedades infecciosas traídas por aquéllos, hizo que los colonos se decidieran muy pronto a importar mano de obra esclava, retorciendo los dictados de la religión y construyendo una justificación filosófica de tan atroz e inhumano sistema. El autor utiliza a los diversos personajes para exponer diferentes actitudes y puntos de vista sobre el esclavismo, desde los defensores de ese mercado hasta los abolicionistas pasando por aquellos que, sin simpatizar particularmente con él, se pliegan al mismo por consideraciones económicas o indiferencia moral. Tampoco pasa por alto la colaboración necesaria de los propios africanos, que no dudaron en vender a sus semejantes a cambio de
riquezas. El único “pero” que se le podría poner es que quizá Bourgeon carga algo las tintas en la postura de Isa, cuyas ideas abolicionistas resultan algo extemporáneas. Al fin y al cabo, la primera sociedad de ese carácter en Francia se fundó en 1788, años después del momento en que transcurre la acción de estos álbumes. Pero en cualquier caso, se trata de una inconsistencia menor que no estropea en absoluto la calidad de la historia y su capacidad para sumergir al lector en el ambiente físico y humano de la época.

En cualquier caso, la recreación de la vida de los europeos esclavistas en el África Occidental del siglo XVIII es perfecta, desde los fortines en los que trataban infructuosamente de aislarse del hostil entorno hasta las cortes de los reyezuelos locales, de la intensa luz tropical que se abate sobre los protagonistas a la agobiante atmósfera cargada de mosquitos de los pantanos. El álbum muestra también el duro trato que recibían los esclavos y el traumático choque de dos culturas muy diferentes; tanto, de hecho, que ambas resultan prácticamente estancas entre sí y, por tanto, la comprensión mutua es casi imposible. Bourgeon escenifica diversas situaciones en las que tanto los representantes de una cultura como los de la otra se muestran desconcertados por los ritos, costumbres o maneras de entender la vida del extraño prójimo.

El quinto álbum, “Mercado de Esclavos” (1984), narra el tormentoso viaje del Marie Caroline
desde la costa occidental africana hasta Santo Domingo. Los esclavos, transportados en unas condiciones miserables, consiguen liberarse y tomar el control de parte del barco, asesinando a varios miembros de la tripulación y obligando al resto a acantonarse en una sección del navío. De nuevo, las situaciones extremas harán aflorar tensiones y sentimientos y aunque los europeos consiguen retomar el control y conducir el barco a su destino, las cosas ya no volverán a ser las mismas.

Sin embargo, aquella quinta entrega resultó ser la última y, aún peor, dejó a los lectores sin un final definitivo. Las peripecias de Isa llegaban a un punto y aparte en 1782, cuando tras llegar a la isla de Santo Domingo, pierde a todos sus conocidos. El médico Rousellot muere a consecuencia de sus heridas, Mary y su pequeña hija parten hacia Inglaterra para reclamar la herencia de su difunto padre y Hoel ha de huir para evitar caer en manos de la justicia sólo para ser engañado y embarcado contra su voluntad en un navío pirata. Isa, por tanto, se queda sola. Todo lo que había constituido su mundo hasta ese momento ha desaparecido. En la última escena la vemos contemplando pensativa el océano
"Totalmente sola, sin nadie a quien amar ni a quien odiar. ¿Por qué no culpar al mar, que primero te lo da todo y luego te lo quita? Ese día, estuvo a punto de olvidar que, después de todo, yo no tenía más que dieciocho años…y sí en cambio toda la vida por delante”.

Fue un “final” conmovedor y, al mismo tiempo, promisorio de nuevas aventuras. Pero éstas nunca llegaron. La editorial, por supuesto, le pidió un sexto álbum, pero Bourgeon sentía ya cierto cansancio de la serie y decidió respetar su propia honestidad creativa por encima de las ganancias económicas. Además, su relación con Glenat había sufrido un bache cuando la editorial rechazó el proyecto del autor de añadir 20 páginas extra a ese último álbum, lo que le dejó –y también a los lectores- con una sensación de conclusión incompleta. Para colmo, autor y editorial iniciaron una contienda legal sobre el dinero
que el primero exigía de acuerdo con su contrato y que afirmaba no haber recibido. Por todo ello, dejó Glenat para firmar con Casterman, para cuya revista “(A Suivre)” comenzó en 1983 un nuevo ciclo de álbumes de corte histórico, “Los Compañeros del Crepúsculo”, ambientado en la transición entre la Alta y la Baja Edad Media y de los que hablaremos próximamente.

“Los Pasajeros del Viento” no sólo fue la primera serie que Glenat publicó con éxito, sino que se convirtió inmediatamente en un fenómeno editorial de dimensiones inesperadas: sus álbumes vendieron más de cinco millones de ejemplares, lo que garantizó la continuidad y crecimiento de la editorial y la consolidación de toda una corriente en el comic franco-belga, la del género histórico. La propia Glenat se zambulliría en la moda que ella misma había propiciado, inaugurando en 1985 una revista, “Vecu”, dedicada exclusivamente al comic histórico y que sobreviviría hasta 2004. El primer álbum, “Isa”, ganó el premio Alfred de Angouleme unos meses después de publicarse.

Las cinco partes de las que acabó constando el primer ciclo de la saga desarrollaban una historia rica en personajes y matices, apasionada, dura y al mismo tiempo bella. Las raíces históricas de la trama eran tan sólidas y se hallaban tan perfectamente documentadas y plasmadas que incluso los historiadores más exigentes quedaron cautivados. Con la meticulosidad de un historiador, Bourgeon buscó y rastreó todo tipo de documentación y testimonios en bibliotecas, museos y archivos, elaboró mapas, construyó maquetas, realizó esculturas para examinar los efectos de la luz… En lo que se refiere a la escenografía, recreación de ambientes, costumbres y lenguaje el autor no dejó nada a la imaginación.

Bourgeon ha admitido que semejante grado de minuciosidad probablemente no era necesario y, de
hecho, si hubiera omitido o inventado algunos elementos de los fondos o del vestuario, nadie lo habría notado. Al fin y al cabo, el comic histórico nunca se había caracterizado por su precisión y los lectores no le iban a exigir un perfeccionismo y fidelidad a la época que hasta el momento nadie había ofrecido. Pero es que el propio Bourgeon disfrutaba en el proceso de búsqueda y aprendizaje de la época histórica sobre la que iba a trabajar, creando un universo propio y privado del que la historieta resultante era solo una sublimación parcial. El realismo se convirtió en una obsesión tanto como en una pasión; y no se trataba de un ejercicio de vanidad o mero exhibicionismo, sino que se servía de esa rigurosidad como verdadero soporte de los personajes y la narración.

Pero es que el afán por conseguir el mayor realismo posible no se limitó a la representación gráfica de la época, sino que lo trasladó a la propia historia que se narraba. Así, Bourgeon no dudó en mostrar desnudos o escenas de violencia, nunca de forma gratuita, sino como parte de la durísima vida de los marineros del siglo XVIII. Temas como la homosexualidad, la crueldad esclavista, el ambiente carcelario, los abusos contra las mujeres… son tratados sin tapujos en unas historias protagonizadas por personajes fuertes y bien definidos. Ello no sólo separó a Bourgeon de una
tradición de comic histórico de tono más “amable”, como el “Príncipe Valiente” o “Alix”, sino que revolucionó el género, dotándolo de un enfoque adulto al que se suscribirían pronto otras series de la altura de “Las Siete Vidas del Gavilán” o “Las Torres de Bois-Maury”.

También Bourgeon rompió moldes a la hora de elegir a su protagonista. Se había curtido en la figura femenina –que muchos otros autores famosos nunca llegan a dominar- ya en sus inicios, cuando trabajaba para la revista femenina “Lisette”. Ahora, lejos de optar por el más clásico héroe masculino, ciertamente más versátil a la hora de ambientar historias en un pasado en el que la mujer tenía poca movilidad geográfica, social y no digamos laboral, crea una mujer, Isa, rebelde, culta, valiente, inteligente y lenguaraz. Isa sería la primera y la más apreciada de las heroínas que han protagonizado toda su obra: La Bermeja fue la entrañable pícara en la que se centró “Los Compañeros del Crepúsculo” y Cyann la valiente exploradora espacial del ciclo de álbumes que lleva su nombre.

Isa tiene sin duda una vertiente sensual, pero Bourgeon no la retrata como especialmente bella.
Su verdadero atractivo reside en su apasionada personalidad, su resolución, su fuerte sentido de la justicia y su decisión de vivir la vida que ella desea y como la desea, independientemente de los convencionalismos que la sociedad le quiere imponer. No duda en vestirse como un hombre si así se siente más cómoda, utilizar armas de fuego con excelente puntería y expresar siempre su opinión. Igual libertad exhibe en su relación con los hombres. No sólo no necesita estar casada para mantener relaciones sexuales, sino que, a pesar de disfrutar de una sofisticada educación y estar incluida en un círculo social de cierta alcurnia, no tiene inconvenientes en enamorarse de un simple marinero.

El carácter rebelde y reivindicativo de Isa puede parecernos fuera de lugar para la época y, en cierto modo, así es. No se trata de un error de Bourgeon, sino de una decisión plenamente consciente, puesto que su intención era la de vincular al lector actual con el entorno social del pasado mediante un personaje con el que pudiera empatizar, tanto en su personalidad como en las causas que defiende, ya sean personales o colectivas.

El estudio del pasado que realiza Bourgeon no es el de los grandes acontecimientos políticos o militares. La acción de sus historias no implican a nombres conocidos de la Historia ni transcurren entre las intrigas cortesanas o los hechos del campo de batalla. Por el contrario, nos transporta a micromundos claustrofóbicos (un navío en alta mar, un barco-prisión, los aislados puestos mercantiles en la costa africana, las colonias antillanas) que reproducen los
vicios de una sociedad, la francesa previa a la Revolución, en plena descomposición.

En este marco, Isa representa el advenimiento de una nueva época, aún en conflicto con los defensores –masculinos- del viejo régimen que no sólo no la entienden sino que la marginan, la infravaloran física e intelectualmente y adoptan una postura agresiva que llega hasta la mismísima violación física. Isa sirve así también como símbolo de la desigualdad femenina y de la lucha por alcanzar su libertad como mujer, un mensaje humanista que complementa al del nefasto tráfico de esclavos con su racismo de fondo.

Isa es el centro de una compleja y amplia red de personajes que entran y salen de su vida y entre los que se establecen relaciones de amor, amistad, odio, afecto, temor o aprensión. Bourgeon sabe dar a cada uno de esos personajes su propia voz, lenguaje corporal, vocabulario, aspecto físico y vestuario acorde con la edad y la clase social a la que pertenece. A lo largo de los cinco álbumes algunos de esos actores morirán y otros seguirán su propio camino alejándose de Isa, por lo que el lector nunca puede dar por sentado la continuidad de los mismos. Por otro lado, los diálogos resultan dinámicos y agudos, elegantes sin resultar relamidos.

La crítica especializada también cayó rendida ante la perfección del dibujo, tan sensual como realista, y la innovadora aplicación de la luz y el color. Su experiencia como vidriero le permitió a Bourgeon sacar el máximo partido de las posibilidades expresivas y estilísticas del color. Tormentas en el mar, puestas de sol y amaneceres, los paisajes húmedos y brumosos de la costa británica en invierno, la intensidad del sol tropical, las penumbras de las bodegas de un navío, la calidez del paisaje caribeño… Cada lugar, cada paraje natural, cada momento del día o del año, no sólo es retratado con minuciosidad y realismo, sino que todos ellos reciben un tratamiento cromático distintivo que contribuye de forma decisiva a la construcción de la atmósfera adecuada a cada escena.

En resumen, “Los Pasajeros del Viento” no sólo fijó definitivamente el estilo del autor, sino que su
particular fusión de la épica histórica, el folletín de aventuras, el documental y la vertiente más literaria del género, dio como resultado un comic innovador, sensual y con toques románticos al tiempo que violento y realista, que aportó una bocanada de aire fresco al comic francés y al género de aventuras con trasfondo histórico.

Durante las siguientes dos décadas, Bourgeon se centró en otras dos magníficas sagas. “Los Compañeros del Crepúsculo”, que ya mencionamos más arriba; y el “Ciclo de Cyann”, compuesto por cinco álbumes de ciencia ficción y en el que junto a Claude Lacroix dio forma a mundos y culturas extraterrestres con la minuciosidad que le caracteriza. Nadie esperaba ya que retomase a “Los Pasajeros del Viento” cuando en 2009, veinticinco años
después de que se publicara el último álbum de la saga, Bourgeon sorprendió a todos retomando la saga de Isa con una nueva entrega en dos partes, “La Niña Bois Caiman”, editada por 12bis. Ésta es en realidad una suerte de largo epílogo a los cinco álbumes anteriores.

El paso de tanto tiempo había de tener un efecto claro en el enfoque del autor sobre su antigua obra. Él se veía más viejo, quizá más sabio, y proyectó ese sentimiento hacia Isa, que aquí reencontramos muchos años después del último álbum. Por otra parte, un viaje de tres semanas a Louisiana en 1993 le sirvió a Bourgeon no sólo para verse cautivado por la fusión cultural y exuberante naturaleza de la región, sino para reavivar su interés por el esclavismo, tema que ya había tratado en el ciclo anterior de “Los Pasajeros del Viento”. Había encontrado una idea que le permitiría retomar la saga y sacarse la espinita de no haber podido concluirla a su gusto en su recorrido inicial. No obstante, por entonces se hallaba ocupado en la creación y desarrollo del Ciclo de Cyann y la continuación de las aventuras de Isa debió esperar nada menos que otros diez años. En 2003, se embarcó en la creación del colosal epílogo en dos partes en el que invertiría nada menos que seis años de su vida y que nada más editarse se situó en la lista de los libros –no sólo comics- más vendidos de Francia.

En un movimiento bastante osado desde un punto de vista narrativo, Bourgeon decidió saltarse la
linealidad que la saga había mantenido hasta el momento para dar un salto cronológico y geográfico que le permitiera estudiar otra faceta del fenómeno del esclavismo en el contexto de un cambio de ciclo histórico: la región de Nueva Orleans de 1863, en plena Guerra Civil Americana. En ese momento, el sur de Estados Unidos está experimentando la conmoción propia del abandono de toda una cultura, un marco de valores y un sistema económico, con la incertidumbre, el miedo y el resentimiento que ello conlleva. Las fuerzas nordistas han tomado la ciudad y saqueado las plantaciones, por los caminos merodean bandidos tanto blancos como negros y los esclavos, ahora emancipados, todavía no saben bien qué hacer con su recién obtenida libertad.

La historia comienza cuando Zabo, bisnieta de Isa e hija de un acaudalado plantador fallecido en la guerra, tras haber perdido sus propiedades y familia, abandona Nueva Orleans en busca de unos parientes de los que hace mucho no sabe nada. Es una muchacha de carácter muy parecido al de su bisabuela: valiente, culta, de espíritu independiente y afilada lengua. Como Isa en su momento, Zabo tiene dieciocho años y toda la vida
por delante, una vida que está dispuesta a saborear en toda su intensidad dejando atrás todo lo que hasta ese momento le era familiar.

Por el camino encuentra a Coustans, un cínico fotógrafo francés que documenta el conflicto bélico y que se unirá a ella en la búsqueda de su antepasada. A pesar de sus discusiones iniciales, ambos se reconocen en el otro y no tarda en surgir una innegable atracción mutua. Los dos son al tiempo actores y testigos del drama de la guerra, individuos solitarios y alienados por la situación miserable que les rodea. Su periplo les lleva primero a través de una serie de episodios condicionados por las devastadoras consecuencias de la guerra y, por fin, a un recóndito meandro del río Mississippi, en el centro del laberinto de pantanos que bordean el final del gran río. Es allí donde por fin encuentran a su bisabuela, una ahora nonagenaria Isa, quien transmitirá a su descendiente parte de su sabiduría mediante la narración de su vida desde el momento en que los lectores la dejamos tanto tiempo atrás al final de “Mercado de Esclavos”.

Como en el ciclo precedente, el autor integra sus personajes en un contexto histórico muy
definido: la Louisiana del último tercio del siglo XIX, que sirve al tiempo de fondo y motor de una narración en la que Bourgeon reafirma su mensaje humanista: la bondad de la mezcla de culturas, apertura de mentes ante quien es diferente, igualdad de todos los seres humanos independientemente de su género o su raza… También el tema del esclavismo vuelve a ocupar una posición central en la narración porque aunque han pasado decenios desde el final del primer ciclo, el problema persiste en Estados Unidos. El esclavismo es, de hecho, el hilo conductor que une el primer ciclo de la saga con el segundo: el tráfico de esclavos por el Atlántico del que Isa fue testigo deja paso a la abolición de la nefasta esclavitud al comienzo de la peripecia de Zabo, siendo también central en la historia de la vida de Isa tanto durante los años que residió en Haití como en su posterior traslado a Louisiana.

Bourgeon añade un nuevo enfoque, el de Zabo Murrato, heroína a su pesar, huérfana de familia y tradición cultural, infeliz por la inminente desaparición del mundo segregacionista en el que ha transcurrido su vida hasta ese momento.
Esto supone un cambio considerable respecto al personaje de Isa, que tenía muy clara la injusticia del sistema esclavista y no temía expresarlo en palabra y obra. Zabo, sin embargo, ha quedado liberada –vía la muerte de su familia y la destrucción de su patrimonio- del peso de la cultura sudista y, a medida que transcurre la historia, conforme haya de tomar decisiones, experimente nuevas vivencias, conozca a su antepasada y reconozca la conexión espiritual que las une, empezará a cuestionarse cosas que daba por sentadas.

La parte final de la historia introduce el contraste y la similitud entre ambas mujeres. Casi cinco décadas separan a Isa de Zabo, pero a ambas les ha tocado vivir en un momento histórico clave en el que sus respectivos regímenes políticos y sociales tocaron a su fin. Isa, nacida bajo el reinado absolutista de Luis XVI, vio
triunfar las ideas revolucionarias y la destrucción del Antiguo Régimen; su tataranieta, que vino al mundo en la democracia imperfecta del Nuevo Mundo, contempla cómo su entorno social, la economía y la forma de vida del Sur esclavista se viene abajo. Aunque tanto Isa como Zabo son mujeres valientes, inteligentes, observadoras e independientes, la primera fue en su juventud más radical y militante en sus ideas, así como una incondicional defensora del abolicionismo. Zabo, por el contrario, inicia la historia con una mentalidad más conservadora y fatalista, si bien dicha actitud, influida por su anciana antepasada, experimentará una transformación hacia el final de la saga.

A sus 65 años, Bourgeon demuestra que se encuentra en plena forma, no sólo para escribir y dibujar una historia compleja, sino a la hora de embarcarse en un largo proceso de documentación. En este sentido, su trabajo es otra vez insuperable. Su representación de las figuras humanas y los paisajes avanza todavía más hacia el realismo, dejando atrás ese matiz un poco caricaturesco que a veces traslucían algunos de sus personajes. Vestidos, armas, objetos domésticos, uniformes, edificios... han sido recreados minuciosamente a partir de múltiples fuentes documentales y en cuanto al paisaje, Bourgeon recurrió a su propia
estancia de tres semanas en la zona para empaparse del húmedo ambiente del bayou y tomar fotografías y bocetos del natural. Revisó tanto textos clásicos (de Mark Twain a Tocqueville) como especializados en diferentes materias relacionadas con la época, la región y la cultura en la que estaría inserta la narración; construyó maquetas de los principales emplazamientos que aparecerían en la historia e incluso contactó con el Conservatorio Botánico de la Martinica para que le ayudaran con la representación de ciertos árboles endémicos de la zona tropical. Ni siquiera el lenguaje, que siempre ha jugado un papel clave en toda la obra del autor, fue pasado por alto. Investigó la lengua criolla de Haití, el cajún sureño y el acadiano, haciendo que varios personajes se desenvolvieran en esos idiomas y llegando al punto de enviar los textos a un misionero jubilado para que los revisara y puliera.

Una vez más, su maestría con el color se hace patente al utilizar una amplia gama cromática para reflejar los matices de la exuberante naturaleza de Louisana. Bourgeon trabaja con color directo y aunque considera la informática una buena herramienta, se mantiene fiel a sus acuarelas, con las que siempre existe un factor de imprevisibilidad. “Me gustan los accidentes”, declara con
franqueza. El coloreado de las 96 páginas de le ocupó todo un año de trabajo, pero el esfuerzo se nota. Cada una de sus páginas tiene una textura artesanal muy diferente del efecto que se consigue con la aplicación del color infográfico.

En mi opinión, si algún defecto tienen estos álbumes es su lentísimo ritmo. Bourgeon se toma un tiempo excesivo en presentar a los personajes, introducirlos en la historia y contar sus vagabundeos. Es cierto que todo transcurre en un entorno maravillosamente recreado, un festín para la vista cuidadosamente dispuesto, pero dada la extensión de la obra (casi 160 páginas entre los dos álbumes) pasan pocas cosas y muy lentamente. De hecho, y a pesar de que Zabo se mueve en el ambiente de caos propio de las guerras civiles, rodeada de destrucción, saqueos y forajidos, los momentos verdaderamente dramáticos y con mayor carga emocional son sólo los que narra la propia Isa rememorando pasajes de su antigua vida y éstos se concentran en la última parte de la aventura. Quizá ello se deba a que para los seguidores de la saga, Isa es ya un personaje mucho más formado y al que le hemos tomado cariño. De hecho, lo que la mayoría estábamos esperando página tras página era el encuentro entre Zabo e Isa y la revelación de lo que había ocurrido en el
gran intervalo transcurrido entre el momento en que la abandonamos en Santo Domingo y su reaparición en el bayou de Louisiana.

“La Niña de Bois-Caiman” se editó con gran éxito en Francia a pesar del riesgo que corría el autor trasladando la historia ochenta años respecto al arco inicial y cambiando el plantel de personajes, desafiando el final que cada uno de sus seguidores ya había imaginado para la gran saga de Isa.

“Los Pasajeros del Viento” no sólo consagró a François Bourgeon como maestro del comic, sino que se convirtió en una obra clave en la historia de los comics adultos de los ochenta en su calidad de potenciador definitivo de todo un género: el tebeo histórico. Es una saga de aventuras al tiempo clásica y moderna, sensual, descarnada e intensa que atrapa al lector con sus hermosas imágenes y su equilibrada mezcla de ficción y realidad; una obra que ha fascinado incluso a quienes no leen habitualmente comics gracias a su capacidad para entretener, emocionar y servir de guía, mejor que cualquier libro de Historia, por la edad dorada de la navegación a vela.




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