25 feb. 2015

1983-ALPHA FLIGHT – John Byrne (1)



La idea de lo que más adelante se convertiría en el equipo de superhéroes canadienses Alpha Flight fue presentada por primera vez en el número 109 de Uncanny X-Men (1977). En aquel episodio, Arma Alpha (más tarde conocido como Vindicador y luego como Guardian) era enviado por el gobierno canadiense para llevarse consigo a Canadá a Lobezno -denominado por el ejército de ese país “Arma-X”- que había trabajado para esa nación y en cuyo exoesqueleto y adiestramiento habían invertido una enorme cantidad de dinero (por entonces el origen del adamantium de Lobezno no había sido aclarado).


Vindicador no era tanto un villano como un agente del gobierno en una misión que no dejaba de tener sentido, puesto que Lobezno era, técnicamente, un desertor. Como curiosidad cabe citar que el personaje había nacido originalmente años atrás para servir como contrapartida canadiense del Capitán América. En 1971, momento en el que las aventuras del héroe vengador estaban siendo dirigidas por Steve Englehart, éste pensó llevarlo a Canadá y enfrentarlo con su homólogo en ese país. Un joven John Byrne fue quien esbozó el aspecto del personaje basado en una idea de sus días universitarios, demasiado parecido, según sus propias palabras, al Ángel de los X-Men diseñado por Neal Adams. Dibujó también varias páginas de la historia que, finalmente, nunca llegó a ver la luz.

Era una idea que llevaba algún tiempo en el aire, algo que había quedado pendiente desde que
cuatro años antes, cuando Len Wein presentó la nueva alineación de los X-Men en el “Giant Size X-Men” nº 1 (1975), Lobezno abandonara bruscamente el ejército canadiense desoyendo las advertencias de uno de sus oficiales. Parecía lógico que en un momento u otro se retomase ese hilo y Vindicador, creación de Chris Claremont y John Byrne, entonces a cargo de la colección, sirvió a ese propósito. En los números 120 y 121 de “Uncanny X-Men” (abril 1979) se revelaba que éste era en realidad el líder de un supergrupo canadiense: Alpha Flight.

Alpha Flight no fue entonces mas que “el villano del mes”, sin vocación de continuidad y cuyo
único propósito era el de servir de dignos enemigos a los mutantes americanos. Ello queda claro por el esquematismo de sus miembros: además de Vindicador, Shaman era una contrapartida de Tormenta, Sasquatch aportaba el elemento físico, Ave Nevada la “cuota femenina” y los gemelos francófonos Estrella del Norte y Aurora dejaban bien establecido con su “exótico” acento su origen canadiense.

Pero había algo en aquellos vecinos del norte, quizá su vistoso diseño, quizá sus poderes, que llamó la atención de los lectores. Empezaron a escribir a la editorial pidiendo una nueva aparición y ésta respondió incluyendo a algunos de
sus miembros en números aislados de otras colecciones. Sasquatch apareció en un Annual de Hulk escrito por Roger Stern; Estrella del Norte y Aurora asomaron dibujados por Steve Ditko en la colección de “El Hombre Máquina”; Sasquatch primero y luego el grupo al completo se unieron a La Cosa en los números 83 y 84 de “Marvel Two-in-One”, Vindicador, Shaman y Ave Nevada volvieron a participar en “Uncanny X-Men” (139-140, noviembre y diciembre 1980); y todos ellos participaron en el “Contest of Champions” (1982).

Esas apariciones como estrellas invitadas no hicieron sino confirmar el interés de los lectores, a lo que se sumó, a comienzos de los ochenta, la colosal fiebre por los mutantes y en especial Lobezno. Cualquier cosa remotamente relacionada con los X-Men recibía su miniserie, número especial o colección. Jim Shooter, entonces Editor en Jefe de Marvel, anunció en el curso de la convención de San Diego de 1982 que aquel mismo año John Byrne se encargaría de un proyecto relacionado con el grupo. Todo el mundo asumió que, dada la carga de trabajo que tenía Byrne en aquel momento (guión y dibujo de Los Cuatro Fantásticos y guiones de La Cosa) se trataría de algún proyecto puntual, como una novela gráfica o una miniserie. Pero no, Alpha Flight aterrizó a lo grande, con su propia serie regular.

El primer número (marzo 1983) fue un especial de 38 páginas cuya leyenda de portada trataba de conectar con la aureola de los exitosos mutantes: “Exploding From the Pages of the X-Men!”. La ilustración mostraba a los miembros de Alpha Flight abriéndose paso entre un nutrido grupo de otros héroes de la casa, insistiendo en que sólo ellos podrían encargarse de una amenaza no revelada. No es que esa ilustración de portada fuera totalmente novedosa, pero
había algo en su tono desenfadado que presagiaba el factor diferencial que exhibiría la colección.

Así, ya el comienzo es inusual, pues éste no es sino el final de Alpha Flight. “Estás viendo la muerte de un sueño”, reza el texto que acompaña un plano general en picado que muestra una sala desmantelada con Vindicador en el centro. El gobierno ya no dispone de fondos para seguir sosteniendo el programa de entrenamiento de superhéroes, especialmente en un entorno de desconfianza popular hacia los mutantes, y lo cancela. Con él se va el sueño de James McDonald Hudson, alias Vindicador, quien le ha entregado los mejores años de su vida.

Será su esposa, Heather Hudson, una joven de apariencia normal pero con un carácter indomable, la que se niega a dejar morir el sueño, y cuando una terrible amenaza surge en el norte del país, el ser místico conocido como Tundra, activa el protocolo de emergencia y llama a
los héroes para que acudan a enfrentarse con ella. Al término del número, con Tundra derrotada gracias a la acción conjunta de todos ellos, se dan cuenta de que su existencia como grupo puede ser necesaria en casos como el que acaban de vivir, por lo que deciden permanecer juntos de forma no oficial y actuar al margen de las autoridades.

Hacía ya tiempo que Byrne se había desvinculado de los mutantes y se hallaba concentrado en revitalizar los Cuatro Fantásticos. A pesar de que “Alpha Flight” había nacido al albur del éxito mutante, Byrne no quiso relacionarlo con ellos más de lo estrictamente necesario. Y lo consiguió. Byrne sorprendió a los lectores –a algunos los enfureció- introduciendo inesperados giros argumentales y rompiendo algunas de las reglas no escritas del género.

Los comics de supergrupos suelen ajustarse a estereotipos. Por ejemplo, los Cuatro Fantásticos son una familia; los Vengadores, un club exclusivo; los X-Men, un conjunto de amigos asediados por el mundo exterior; los Nuevos Mutantes, jóvenes estudiantes… Probablemente los más iconoclastas fueran los Defensores, el primer “no-grupo” de superhéroes, cuyos miembros iban y venían sin tener ellos mismos conciencia de pertenecer a un equipo regular. Dependiendo de lo identificado que el lector se sienta con el arquetipo, más o menos disfrutará con las aventuras del grupo en cuestión.

Alpha Flight tenía una estructura diferente a la de los comics de supergrupos de la época. En
primer lugar, rechazó el esquema tópico según el cual cada mes el equipo había de luchar unido contra la amenaza de turno. Y es que aunque nominalmente eran un conjunto de superhumanos, rara vez actuaban juntos más de dos o tres de sus miembros. Había razones de peso para ello: todos vivían dispersos a lo largo y ancho del enorme Canadá y el gobierno ya no pagaba sus facturas, varios de ellos ni siquiera se soportaban y, para colmo, todos sufrían en mayor o menor medida complejos, enfermedades y trastornos que iban desde la esquizofrenia a la adicción, desde la homosexualidad oculta a la inseguridad. Entre sus miembros se encontraban científicos frustrados jugando a los superhéroes, monstruos irradiados de rayos gamma, semidiosas, depredadores alienígenas, gemelos con severos trastornos de personalidad y enanos peludos.

La alineación inicial estaba dirigida por Guardian (James McDonald Hudson), personaje por el que Byrne no parecía sentir demasiado afecto, inventor del traje que le dota de poderes magnéticos, pero inseguro en su papel de heroico y sobrevenido protector del país. En cambio, su esposa Heather es decidida y apasionada, si bien cuando el manto del liderazgo recae sobre ella, su ausencia de poderes la sumirá en el mismo dilema que su marido.

Shaman (Michael Twoyoungmen) es el hechicero del grupo; como el Doctor Extraño, es un médico reconvertido en experto en artes místicas aunque no es ni de lejos tan poderoso como aquél; símbolo de la fusión entre modernidad y tradición, entre ciencia y magia, Shaman es maduro, sabio, sereno y digno de confianza, pero vive atormentado por la muerte de su mujer y la desintegración de su vida familiar años atrás.

Ave Nevada (Ann McKenzie) es hija de un hombre y una diosa, designada por los protectores
místicos de Canadá para salvaguardar esas tierras del regreso de las Grandes Bestias que una vez la dominaron; es una mujer de gran sabiduría en virtud de su origen, pero su cuerpo adulto –capaz de adoptar la forma y capacidades de cualquier animal ártico- esconde a alguien cuya experiencia en el mundo humano se reduce a tan sólo seis años.

Sasquatch (Walter Langkowski) es el forzudo del grupo, una versión canadiense y naranja de Hulk aunque sin su rabia ni cortedad mental. En principio es un personaje ligero y sin complejos, un científico impetuoso y algo camorrista, pero Byrne irá dejando pistas de la tragedia que tiene prevista para él, al final de la cual no sólo perderá sus poderes sino su propio cuerpo.

Estrella del Norte (Jean-Paul Beaubier) es de Quebec y, por tanto, franco-parlante. Ha utilizado secretamente sus poderes de supervelocidad para convertirse en estrella deportiva y no es eso lo único que quiere ocultar. A lo largo de los episodios Byrne deja las suficientes pistas al lector avispado como para
informarle de que tuvo un pasado tormentoso en el que participó en grupos terroristas de corte independentista y un presente con una orientación sexual “no convencional”. En los ochenta Marvel hubiera censurado ipso facto la presentación de un superhéroe gay, pero Jim Shooter, a la sazón Editor en Jefe, y el Comics Code Authority dejaron pasar este planteamiento demasiado sutil para un muchacho pero obvio para un adulto. Estrella es orgulloso, egoísta, soberbio y antipático y no siente motivación alguna por pertenecer al equipo más allá de permanecer en contacto con su hermana gemela, Aurora, de la que pasó casi toda su vida separado e incluso ignorante de su existencia hasta que Hudson los reunió.

Aurora (Jeanne-Marie Beaubier) es, como su hermano, franco-parlante. Educada en un
estricto y reaccionario colegio privado católico, se vio obligada a reprimir sus poderes de vuelo y velocidad, desarrollando como consecuencia una aguda esquizofrenia: Jeanne-Marie Beaubier es remilgada, estirada y de mente obtusa, mientras que su personalidad de Aurora es efusiva, sexualmente exuberante y aventurera.

Byrne añadió dos personajes nuevos a la alineación del grupo tal y como había sido presentada un par de años antes en los X-Men: Puck y Marrina. Según declaró el propio Byrne, su inclusión obedecía parcialmente a su interés en presentar personajes exclusivamente suyos que le aseguraran ciertos derechos sobre el merchandising; pero también a que quería que el grupo contara con miembros lo más variopintos posible y no particularmente poderosos, puesto que no tenía intención de enfrentarlos a grandes amenazas cósmicas al estilo de Los Vengadores o los Cuatro Fantásticos. Su ámbito, de hecho, sería local, con escasas incursiones fuera de Canadá.

Puck (Eugene Judd) es un personaje típicamente canadiense –al que denota su acento y sus “Eh?” al final de las frases- que demostraría ser uno de los pilares del equipo gracias a su valor y corazón de oro. Y ello a pesar de sus trabas físicas (es un enano) y su ausencia de poderes (agilidad, fuerza y técnicas de lucha fruto exclusivamente del adiestramiento). Su enanismo, sin embargo, no es una característica de nacimiento y el autor nos deja claro que su actual condición esconde un secreto bastante siniestro.

Marrina, por su parte, es una joven anfibia de piel amarilla y grandes ojos inhumanos que fue
recogida del mar y criada por una familia de pescadores de Newfoundland. De suave carácter y bondadoso corazón, se convertía en heroína a su pesar y cargaba a sus espaldas el peso de un aciago origen que pondrá en peligro a sus compañeros.

En estos inicios de la colección, Byrne se ajustó a lo ya conocido, reciclando ciertos clichés de los X-Men. La inseguridad de Guardián remite a la de Cíclope, por ejemplo; Puck era el camorrista de pasado misterioso que recordaba a Lobezno; y el personaje de Ave Nevada tenía la majestuosidad, serenidad y latente poder de Tormenta. Pero el autor no tardó en desmarcarse de esos esquemas para iniciar una serie de argumentos que desconcertaron a los lectores jugando con sus expectativas.

Marrina se une al equipo en el primer número, pero ya en el segundo destripa a uno de sus compañeros y huye a los mares árticos. En los números 3 y 4 descubre para su horror que en realidad no es una mutante, sino una alienígena programada para matar, miembro de una especie diseminada por el universo para colonizar otros planetas exterminando a sus especies dominantes. No confiando ya en sí misma, se marcha con Namor y se convierte en su amante. Desde luego, no era este el tipo de desarrollo que los lectores estaban acostumbrados a esperar en un comic de supergrupos. Pero la cosa aún “empeoró” más.

Si bien Tundra, la amenaza del primer número, era una criatura mística –cuyo aspecto la emparentaba con aquellos grotescos monstruos de los primeros tiempos de Marvel cuando aún se llamaba Atlas: grande, muy fuerte y algo tonta-, la segunda, el Amo, estaba orientada más hacia la ciencia ficción. Parecía evidente que Byrne pretendió convertirlo en una de las principales némesis del grupo, su particular “Doctor Muerte”. Casi inmortal, manipulador y vengativo, lo cierto es que nunca llegó a tener la personalidad de los grandes “malos” del comic y sucesivos guionistas no consiguieron desarrollar su potencial, encasillándolo a mitad de camino entre lo ineficiente y lo ridículo.

El nº 5 está dedicado en exclusiva a Puck, convaleciente de sus heridas tras el ataque de Marrina en el número 2. Se trata de un episodio de corte policiaco en el que el pequeño héroe descubre y desmantela una red de tráfico de drogas en el hospital en el que se halla internado. Al margen de dos viñetas en las que aparece Shaman en
atuendo civil, no hay intervención alguna del resto del grupo, lo que de seguro desconcertó a muchos lectores. Byrne pretendía utilizar la cabecera Alpha Flight para explorar uno a uno a los personajes que lo componían.

Así, el número 6 es el turno de Ave Nevada, cuyo protagonismo sólo se ve interrumpido por dos páginas en las que Byrne inicia el subargumento que llevará hasta el trágico número 12. Aquel episodio apareció publicado en lo que se llamó “Mes del Editor Asistente”, una ocurrencia promocional de Marvel: afirmando que todos los editores se hallaban ausentes en alguna convención y que las colecciones quedaban en manos de sus ayudantes, a los autores se les pidió que se sintieran libres de la supervisión del Editor y que realizaran lo más extravagante o divertido que se les pasara por la cabeza –dentro de un orden, claro-. Algunos títulos no incluyeron más diferencias que una mera llamada en la
portada; otros se entregaron a la pura excentricidad. Byrne dedicó aquel número a Ave Nevada, que lucha contra otra de las Grandes Bestias, Kolomaq, un villano de trámite y escaso interés. Sin embargo, durante cinco páginas, Byrne utilizó la excusa de una tormenta de nieve para dejar las viñetas en blanco, ocupadas tan solo por las onomatopeyas y los diálogos. Como era de esperar, semejante ocurrencia despertó cierta irritación entre los lectores con menos sentido del humor.

Los números 7 y 8 exploraban la relación entre los gemelos Jean Paul y Jean-Marie Beaubier y el turbulento pasado del primero en Quebec. La muerte de Raymond, un antiguo amante de Jean Paul (aunque en el texto no se dice expresamente sino que solo se sugiere) llevará a los hermanos a aliarse con la misteriosa Némesis contra Mortal Ernest, un individuo que ejerce de “Padrino” local y cuyo toque resulta letal.

Los dos siguientes números, 10 y 11, se centran en Sasquatch, enfrentado al Super-Skrull,
tradicional enemigo de los Cuatro Fantásticos, en el marco de una estación polar. Se trata de una historia homenaje-plagio del famoso relato de John W.Campbell, “¿Quién anda ahí” (1938), luego adaptado al cine en tres ocasiones como “El Enigma de Otro Mundo” y “La Cosa”. Lo que es destacable de este número es, en primer lugar, el tratamiento que se hace de un villano a menudo maltratado por otros autores y que Byrne retrata aquí como una criatura realmente peligrosa, asesina y despiadada; y, en segundo lugar, se empieza a apuntar que la rabia de Sasquatch pueda tener consecuencias en el futuro.

De esta manera, utilizando la libertad de la que gozaba como “autor estrella” y la ausencia de una trayectoria previa que condicionara a los personajes, Byrne se tomó tiempo para presentarlos uno a uno, completando los pasados de todos ellos –excepto Puck, cuyo origen constituiría uno de los misterios a aclarar en la serie- mediante varias historias de complemento que acompañarían a las narraciones principales de este primer año de la colección.

Y por si el giro de Marrina al comienzo de la serie no hubiera sido suficientemente chocante, en el nº 12 muere el líder, Guardián, dejando al grupo todavía más desmembrado de lo que ya estaba. Los responsables eran antiguos “pupilos” de Beta y Gamma Flight, los equipos de entrenamiento gubernamentales en los que recalaban los superhumanos antes de unirse a Alpha y de los que salieron Marrina y Puck. El cerebro de la operación era Jerry Jaxon, un ejecutivo petroquímico cuya vida quedó arruinada después de que Hudson abandonara su empresa llevándose consigo el maravilloso traje que había inventado.

Puede que Byrne matara al personaje porque no le tenía demasiado afecto, pero aún así la historia resultó tener un gran impacto emocional, puesto que fue Heather la que, al distraer a su marido en un momento crucial, provocó involuntariamente su muerte. Ello le dio a Byrne la oportunidad de convertir a la joven en un personaje aún más relevante, sumiéndola en un
trauma primero y obligándola a superarlo para hacerse aún más fuerte después.

El número 13 nos presenta, para el funeral de Hudson, el regreso de quien fue la razón primera de la existencia de Alpha Flight: Lobezno; un número en el que once de sus páginas son totalmente mudas y en las que Byrne demuestra el por qué se le consideraba el mejor narrador del mundo de los superhéroes. Es también un episodio de transición, en el que Heather, apoyada por Puck y Shaman, tendrá que encarar una nueva etapa en su vida.



(Continúa en la siguiente entrada)

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