1 mar. 2015

1983- ALPHA FLIGHT - John Byrne (y 2)




(Continúa de la entrada anterior)

Los números 14 al 16 son una trepidante sucesión de acontecimientos y subtramas que Byrne maneja con maestría sin que en ningún momento exista sensación de atropello o confusión narrativa. Así, podemos ver el empeoramiento del estado mental de Aurora; la presentación de Elizabeth, hija de Shaman; la aceptación de Ave Nevada de su lado humano a través de su reconocimiento de los sentimientos que alberga hacia Douglas Thompson, un policía montado con el que trabaja en su identidad secreta; y la presentación de Bochs y Jeffries, futuros miembros clave de Alpha Flight; todo ello contado alrededor de la historia principal, que comienza con Puck y Heather involucrados en la investigación de una serie de asesinatos en la orilla del lago Ontario y que acabará desembocando en una nueva y desagradable revelación para Marrina, la intervención de Namor y otro enfrentamiento de resolución inconclusa con el Amo.



El número 17 es otro guiño a los fans más veteranos de la casa. En él, Heather, aún recuperándose en el hospital de las heridas sufridas en la aventura anterior, recibe la visita de Lobezno. Ambos rememoran los sucesos ya narrados en el número 109 de “Uncanny X-Men”, aquél en el que apareció por primera vez Arma Alpha/Vindicador/Guardián. Pero en esta ocasión, aquellos acontecimientos se narran desde el punto de vista no de los mutantes, sino del propio Hudson. Byrne dibuja las nuevas páginas, mientras que las escenas de la batalla utilizan las originales que él mismo dibujó para los X-Men entintado por Terry Austin. Al final del episodio veremos a Heather asumir su nuevo rol de líder y a Aurora obteniendo nuevos poderes merced a la modificación genética que en sus células realiza su amante, Walter Langkowski.

Los números 18 y 19 servirán de dramática presentación para Elizabeth Twoyoungmen, hija de Shaman, que ahora descubre sus poderes y su herencia mística. Ambos, junto a Puck y Ave Nevada, viajan al pasado para conjurar la amenaza de una de las Grandes Bestias, cada vez más cerca de romper la barrera dimensional que las separa de nuestro mundo. Es un retorno al lado más “místico” de la colección al tiempo que la poco
satisfactoria toma de contacto de Heather con su papel de nueva líder del equipo.

Estrella del Norte había rehusado continuar militando en el grupo por su enemistad con Walter Langkowski y los problemas con su hermana Jean-Marie. Estos últimos son los que protagonizan los dos siguientes números, 20 y 21, en el entorno de una remota isla en la costa occidental donde el primero posee una mansión familiar que creen desierta. Podemos ver a una exuberante Aurora que, aun con nuevos poderes, no puede sobreponerse del todo a sus problemas psíquicos. También se revelan los sentimientos que Puck alberga hacia Heather en una intimista y brillante escena en la que Shaman aconseja al pequeño luchador y en la que Byrne demuestra que no sólo es capaz de narrar con pericia las escenas de acción, sino aquellas en las que “sólo” aparecen seres humanos normales charlando y compartiendo sus sentimientos.

El número 22 es otro episodio de transición, una aventura sin demasiada relevancia que servirá
de antesala para otro de los clímax de la serie. Una trastornada Aurora se reúne con su hermano Jean Paul que, como había hecho en los números 7 y 8, la lleva a conocer otra parte de su pasado, esta vez un circo dirigido por una amiga en problemas a causa de la grotesca Perla Rosa y sus monstruosos colegas. Byrne aportará más pistas sobre el pasado terrorista de Jean Paul además de introducir otros subargumentos que eventualmente conducirán a la reaparición de Guardián y la incorporación de un nuevo miembro: Box.

Los números 23 y 24 –este último un especial con más páginas que conmemoraba el segundo año de vida de la colección- constituyeron un punto de inflexión para el grupo. Sasquatch sucumbía por fin a su verdadera naturaleza: la de Tanaraq, una de las Grandes Bestias de la mitología canadiense ansiosas por pasar a nuestra realidad y destruir a la especie humana. Para vencerlo, Ave Nevada se veía obligada a arrancarle el corazón, asesinando su cuerpo. Pero su alma permanecía atrapada en la dimensión de las Bestias, y hasta allá se trasladará Alpha Flight, por fin actuando como un equipo. Su éxito será parcial, puesto que aunque no consiguen fusionar el espíritu de Walter Langkowski con su cuerpo físico, sí evitan su desaparición definitiva introduciéndolo en el armazón robótico de Box.

De sobresalto en sobresalto. El número 25 nos cuenta la reaparición de Guardián, quien explica su supervivencia a través de una inverosímil historia –aunque bellamente planteada por Byrne- que, sin embargo, sus compañeros asumen sin rechistar.

En este punto, diciembre de 1985, los seguidores del grupo canadiense vieron aumentada su ración mensual gracias a una serie limitada de dos números en la que Alpha Flight unía fuerzas con los X-Men en una aventura en la que debían tomar difíciles decisiones sobre sus propias vidas y el destino del mundo a causa del plan urdido por un maquiavélico Loki en busca de redención. El proyecto estuvo plagado de retrasos desde el comienzo. La idea había partido de Jim Shooter, quien encargó su coordinación a los editores respectivos de los personajes, a la sazón Ann Nocenti y Denny O´Neil. La intención de reunir al antaño equipo estrella Claremont/Byrne acabó fracasando cuando éste anunció que dejaba Alpha Flight para ocuparse de Hulk y que el exceso de trabajo resultante le impediría ocuparse de más páginas mensuales.

Así, lo que iba a ser una miniserie se recondujo hacia un solo Especial. Y aún había de buscarse
un dibujante. Ann Nocenti llamó por teléfono a Paul Smith, artista conocido por su lentitud que había deslumbrado a público y crítica durante su etapa en X-Men. Había acabado harto de mutantes y rechazó el ofrecimiento. Pero he aquí que –según él mismo contó- aquella tarde vio en un escaparate el último modelo de motocicleta que había lanzado BMW…y se enamoró. Regresó corriendo a su casa, llamó a Ann Nocenti y le dijo que no sólo aceptaba el encargo sino que haría dos números dobles en lugar de uno solo.

Todos estos retrasos hicieron que, aunque inicialmente se había previsto que “X-Men/Alpha Flight” saliera a la venta en la primavera de 1985, no lo hiciera hasta el invierno y para entonces había elementos nuevos en la colección de Alpha Flight que ya no casaban con la historia planteada en la miniserie: Sasquatch ya no figuraba entre sus filas y Guardián acababa
de reaparecer.

A la hora de elegir al villano de la historia, Claremont no sólo prescindió de los ya aparecidos en Alpha Flight sino de los que él mismo solía manejar en los X-Men. Se decantó nada menos que por Loki, el malvado dios asgardiano que por entonces volvía a tener una presencia importante en el universo Marvel gracias a los episodios que Walter Simonson estaba escribiendo y dibujando para “Thor”. Sin embargo, Claremont da una vuelta de tuerca al perfil del villano: quiere ser perdonado por sus pasadas faltas y, para redimirse, ofrece a los humanos un regalo: poder hacer realidad aquello que imaginan. Sin embargo, ese don, otorgado al principio a un reducido grupo de elegidos que viajaban por un paraje desolado de Canadá, conlleva un precio.

“X-Men/Alpha Flight” es una historia interesante y con reflexiones más densas de lo que solía
ser habitual en las aventuras superheróicas. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por mejorar el mundo? ¿Sacrificaríamos a inocentes, incluso seres queridos, por el bien de la mayoría? ¿Merece la pena abrazar la prosperidad material si ello supone extinguir nuestra capacidad para soñar y crear? El guión de Claremont (que acababa con una inverosímil reconciliación de los héroes amargamente enfrentados por sus ideas tan solo unas páginas antes) venía ilustrado por un Paul Smith de trazo elegante que sabe –dentro de su tendencia a estilizar en exceso la figura humana- dotar a cada personaje de su propia entidad gráfica muy en la línea de lo que Walter Simonson estaba haciendo para “Thor”. Las prisas –o el desinterés- con las que finalizó la tarea se notan especialmente hacia el final, cuando su trabajo en figuras y fondos empieza a tornarse descuidado.

Con todo, fue una miniserie interesante que, además, supuso el comienzo de un “ciclo asgardiano” para los mutantes, ya que Claremont, viendo el potencial de un villano habitualmente desaprovechado como era Loki y de un entorno tan sugerente como Asgard, lo convirtió en el centro de una serie de peripecias para los X-Men y los Nuevos Mutantes que se prolongarían en el “New Mutants Special” 1 y el “X-Men Annual” nº 9, dibujados maravillosamente por un Arthur Adams en su mejor momento.

De vuelta a la colección regular de Alpha Flight, las cosas iban a complicarse -¡cómo no!- para el grupo titular con la reaparición de Omega Flight en los números 26 y 27 y la revelación “sorpresa” de que Guardián no era sino un robot construido por Jerry Jaxon que duplicaba los poderes del traje de Hudson. Tras un duro enfrentamiento en el que a punto están de ser derrotados, Alpha sale victorioso, aunque no sin sufrir una víctima: Talismán, extraviada en la bolsa mística de su padre después de que éste falle al intentar salvarla.

El final de la etapa de Byrne (nº 28, noviembre de 1985) coincidió con el desarrollo de la nefasta “Secret Wars II”, una ocurrencia de Jim Shooter a la que tuvo que plegarse toda la plantilla de creadores de Marvel. El Todopoderoso fue haciendo acto de presencia en todas las colecciones de la casa de forma harto postiza e innecesaria y ni siquiera el ensalzado Byrne pudo escaparse de aquello. El crossover con el evento tuvo lugar entre los números 27 y 28 y en él Byrne aprovechaba para que el funesto personaje rescatara a Talismán de la dimensión mística en la que había quedado atrapada. Sin embargo, la relación con su padre, Shaman, parecía haber quedado irremediablemente dañada y ella decide, de forma drástica, abandonar el equipo.

Pero aquel número 28 no fue solo un crossover con “Secret Wars”, sino también con “Hulk”, a
cuya colección se marchó Byrne tras dos años y medio al frente de “Alpha Flight”. ¿Qué pasó?

Con todas sus excentricidades, “Alpha Flight” no llegó a ser verdaderamente revolucionario. Su espíritu y diálogos mantenían ese aire grandilocuente y algo kitsch propio de los superhéroes. Sin embargo, el “Alpha Flight” de John Byrne ha sobrevivido bien al paso del tiempo y continúa siendo una de las lecturas más entretenidas de la Marvel de los ochenta. Tiene acción, suspense, buenos personajes, giros inesperados y mucha diversión.

Pero muchos fans no lo interpretaron así en aquel momento. La acogida del primer número de la colección había sido magnífica, contabilizando unas ventas de 500.000 ejemplares. Pero el grueso de los aficionados, desgraciadamente, exigían una lectura más convencional y no acogieron con entusiasmo el posterior enfoque de Byrne. Éste había tratado de hacer un comic de supergrupo diferente, y lo que querían los fans era un comic en el que se narraran las aventuras de un equipo cohesionado, la antítesis de lo que Byrne pretendía. De hecho, sus planes pasaban por ir todavía más allá, privando a los héroes de sus poderes y orientando el titulo hacia la aventura fantacientífica.

Era demasiado tarde para eso. Más adelante, Byrne afirmaría que nunca se lo pasó bien realizando “Alpha Flight” y que cuando los presentó en los “X-Men” no se le había pasado por la cabeza que pudieran protagonizar su propio título. Según él, se pasó los veintiocho números que permaneció al frente de la colección tratando de dar profundidad a unos personajes creados de la nada y sin temple alguno. A ello se añadió la desilusión que sintió al ver que su propuesta no era acogida favorablemente por los lectores.

Así que, tras 28 números, Byrne se marchó y todas sus pinceladas de originalidad e iconoclastia se fueron con él. Se hizo cargo de “Hulk”, donde esperaba seguir ideas más próximas al gusto general de los lectores. A cambio, el equipo creativo que hasta entonces se había ocupado de narrar las peripecias del gigante verde tomó las riendas de “Alpha Flight”: el guionista Bill Mantlo, el dibujante Mike Mignola y el entintador Gerry Talaoc.

La transición se realizó mediante un cruce entre ambas colecciones en aquel número 28. Desde
la destrucción de su cuerpo físico, el espíritu de Langkowski estaba atrapado en la estructura metálica de Box. Buscando un nuevo cuerpo al que trasladarle, Alpha Flight atrae accidentalmente a su plano de realidad a Hulk, que llevaba ya años deambulando por la dimensión de la Encrucijada. El espíritu de Langkowski se pierde al fracasar su intento de controlar a Hulk y éste comienza a destrozar Vancouver. El grupo se une para luchar contra el monstruo, recuperando su espíritu de equipo y decidiendo, por fin, permanecer juntos en lo sucesivo.

En la mejor tradición Marvel, Byrne había sabido ir introduciendo mesuradamente en la aventura principal sucesivos hilos narrativos secundarios que llevarían a ulteriores aventuras, pero siempre sin causar demasiado embrollo, y cerrándolos siempre. Ello animaba a seguir adelante con la lectura de una obra ágil y dinámica, con el grado justo de complejidad. Además, supo mantener una permanente evolución. El lector nunca sabía qué esperar a continuación. Los personajes morían, dimitían, visitaban viejos amigos, reñían, hacían las paces, comían juntos, enfermaban…

El estilo de dibujo que Byrne utilizó en “Alpha Flight” no tiene las finas y precisas líneas de su trabajo en los “X-Men” o la solidez de sus “Cuatro Fantásticos”, y la frecuente ausencia de fondos y el recurso habitual a fotografías retocadas denota el exceso de trabajo que entonces sufría el autor. Pero aún así, estamos hablando de su época dorada y su maestría en la técnica narrativa junto a la originalidad de los argumentos compensa sobradamente el descuido ocasional del grafismo.

Uno de los motivos por los que Byrne fue considerado uno de los mejores historietistas del
momento fue que siempre orientó su dibujo hacia la claridad narrativa, consiguiendo fundir texto y arte de la mejor forma posible con el fin de contar la historia de que se tratara. El género superheróico solía caer en defectos de bulto como la redundancia: cartuchos de texto explicando lo que el lector ya podía ver por sí mismo en el dibujo. Aunque Byrne no ahorra palabras en sus comics, consigue evitar mayormente esas trampas, utilizando los textos para completar aspectos que ese dibujo en concreto no puede transmitir.

Además, sabía colocar a sus personajes en la posición adecuada dentro de la viñeta, narrar con fluidez, prescindir de efectismos y dejar siempre la acción meridianamente clara. Y eso, dentro de una industria donde abunda la mediocridad, ya
es mucho. A partir del número 15 contará con la ayuda de los entintadores Bob Wiacek y Keith Williams que perfilarán mejor su dibujo, añadirán densidad y realzarán la elegancia del trazo.

Todos los personajes tenían no sólo un cuerpo y un rostro diferenciados, sino gestos, formas de andar o de volar propios de cada cual. Byrne supo utilizar las sutilezas del lenguaje gestual y facial para transmitir emociones de una forma elegante y eficaz, como el cambio que se operaba en Jeanne Marie – Aurora cada vez que pasaba de una personalidad a otra. Todo esto se diría algo básico en el ámbito de la narración dibujada, pero lo cierto es que se puede disfrutar en menos ocasiones de las que debería y, desde luego, no con el acierto con el que Byrne lo realizaba en aquella etapa de su carrera.

Pero ahora era el momento de pasar página y encarar una nueva etapa en la vida de los héroes canadienses.

Byrne no trasladó a Mantlo ninguna de sus ideas sobre el desarrollo que había previsto para los
personajes. No hizo ninguna falta, porque Mantlo no hubiera hecho caso de ninguna de ellas. Es más, inmediatamente -ignoro si por su cuenta o siguiendo indicaciones del editor Carl Potts- se dedicó a desmontar todo aquello sobre lo que se había apoyado Alpha Flight hasta el momento. En su primer número ya aparece un representante del gobierno y amigo del fenecido Hudson, para anunciar que las autoridades han decidido restablecer el estatus oficial del grupo y dotarles de fondos ilimitados y libertad absoluta. Súbitamente, sin indicación previa al respecto, se habían convertido en Los Vengadores canadienses.

Aún más, el grupo pasaba a operar de forma conjunta ignorando las vidas privadas de sus miembros, e incluso se les dotaba de una base de operaciones (una mansión en una isla de la costa occidental) y una nave similar al Quinjet de los Vengadores. A continuación, Mantlo pasó a cerrar –con no mucha gracia, todo sea dicho- algunas de las líneas que Byrne había dejado apuntadas en su etapa: aclaraba la lealtad y pasado de Transmutador, cerraba el asunto de Mortal Ernest y revelaba la identidad de Némesis, solventaba el origen de Puck…

Lo que no hizo Mantlo es librar a sus personajes de la pátina de desgracia y trauma que les acompañaban. Shaman, a raíz del rechazo de su hija, pierde la confianza en sus poderes y, por tanto, el control sobre las energías místicas; Estrella del Norte y Aurora descubren que, debido a los experimentos realizados por Langkowski sobre la segunda, sus poderes quedan anulados si se tocan; Ave Nevada queda embarazada y pierde a su hija…

Mike Mignola no ha sido nunca un dibujante que se haya sentido cómodo con los superhéroes y eso se nota en su dibujo. Además, se encontraba, literalmente, en los inicios de su carrera y, como él mismo declaró: “no tenía ni idea de lo que estaba haciendo”. Efectivamente, el que años más tarde sería el mundialmente famoso creador de “Hellboy”, era ahora un recién llegado cuyo mejor crédito era una miniserie de “Rocket Racoon” a la que nadie prestó atención. Sus portadas estaban compuestas con garra y cierta magia, pero el interior, empeorado por el tan veterano como poco adecuado Gerry Talaoc, resultaba torpe y abigarrado. A Mignola le sucederían el canadiense Dave Ross, Jon Bogdanove y Jim Lee, todos ellos igualmente mediocres…

El volumen uno pervivió hasta 1994, totalizando 130 números, pero de todos ellos, los realmente relevantes son los primeros veintiocho firmados por John Byrne. Resulta curioso –y justo- que tras tres décadas, y aunque las ventas de Alpha Flight mejoraron tras la marcha de Byrne, sea el trabajo de éste, poco valorado entonces, el que siga recordándose con agrado.

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