27 oct. 2014

1980-LOS INNOMBRABLES - Yann y Conrad




Tras cursar estudios de arquitectura y cinco años de carrera en comunicación audiovisual, el marsellés Yann Lepenetier decide aplicar sus conocimientos y talento al mundo de las viñetas. Empezó como dibujante en 1974 en la mítica publicación “Spirou”, pero pronto abandonó los lápices y la tinta para centrarse en los guiones. En 1978 conoce al joven dibujante –también marsellés- Didier Conrad y ambos crean para aquella cabecera una serie de aventuras titulada “Los Innombrables”.


El primer álbum, “Shukumei” constituye ya toda una declaración de intenciones. Yann conoce, ama y respeta a los clásicos francobelgas que han hecho historia en la aventura en viñetas, desde Bernard Prince a Tintín pasando por Spirou, y está dispuesto a respetar los elementos propios de sus peripecias (entornos exóticos, una misión arriesgada para desvelar un secreto, nativos, puentes colgantes que salvan rápidos, chicas atractivas…) pero adaptándolos a su personal estilo gamberro, irreverente y sarcástico.

Ya en la primera página nos encontramos con el típico militar con aspecto de duro que le pide al general tres hombres “dispuestos a arder en el infierno por su país, héroes que pueda sacrificar sin remordimientos… Este campamento es famoso por sus cabezas cuadradas”. Por supuesto, se trata de una misión trascendental: “De ella depende la salvación del mundo libre”. Los tres individuos resultan ser unos negados inesperadamente eficientes: Mac, un trasunto del coronel Hannibal del equipo A (con
su cazadora blanca y un eterno puro en la boca); Tony, una especie de hippy malhumorado; y Tim, una suerte de diminuto duende infantil de eterno buen humor pero siempre dispuesto a atizar primero y preguntar después. 



El marco temporal elegido por Yann son los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, quizá el momento en el que el género aventurero vivía sus últimas bocanadas. El mundo se estaba convirtiendo en un lugar muy pequeño y complicado. Las selvas pronto serían expuestas al gran público por lujosos documentales y las ciudades antaño exóticas, como Hong Kong, marco de la segunda aventura, estaban en camino de transformarse en versiones aumentadas de metrópolis occidentales. Pero en esos años de transición todavía quedaba un rincón para la aventura al viejo estilo.

Por otra parte, el trasfondo de las narraciones es más sólido y elaborado de lo que pudiera parecer a primera vista. En “Shukumei” , los protagonistas salen a buscar un B-29 estrellado en Borneo cuya misión original había sido la de arrojar una bomba atómica sobre Tokio en los últimos días de la guerra y cuyos tripulantes resultan no estar tan muertos como podría esperarse –lo mismo puede decirse de los japoneses “supervivientes” en la isla-.

El segundo álbum,  “Aventura en Amarillo” (1982), inicia lo que se ha dado en llamar “El Ciclo de Hong-Kong”, un conjunto de cinco álbumes que desarrollan una sola trama: “El Cráneo del Padre Ze” (1994), “Ching Soao” (1995), “En el Loto Púrpura” (1995) y “Alix-Noni-Tengu” (1996).

La acción se traslada ahora al Hong Kong británico mientras Mao Zedong culmina su conquista comunista de la China continental. Los protagonistas son ahora desertores del ejército norteamericano y se ganan la vida como contrabandistas en los bajos fondos de la ciudad, intentando ahorrar lo suficiente para comprar un burdel. Accidentalmente se verán involucrados en una intriga con espías comunistas, sociedades secretas, agentes de Chang Kai Shek, asesinos a sueltos, mafiosos judíos, piratas masculinos y femeninos, prostitutas, jesuitas, fumaderos de opio, empresarios y funcionarios coloniales. Papel central en el drama jugará el personaje de Alix, una seductora y temperamental agente comunista cuyo carisma y eventual popularidad la llevaría a protagonizar su propia serie, “Tigresa Blanca”, de la que hablo en otra entrada.

La trama es tan rocambolesca, repleta de giros y con tantos personajes que no me molestaré en tratar de resumirla. Baste decir que Yann ofrece un sólido trabajo, respetuoso con los puntales clásicos del género de aventuras exóticas pero adaptándola a una sensibilidad y técnica narrativa plenamente modernas. Las historias tienen un excelente ritmo, están bien estructuradas y son capaces de integrar múltiples personajes y peripecias simultáneas. Al mismo tiempo, consigue resaltar los momentos dramáticos con otros de silencio, la acción con la melancolía… Además y como suele ser costumbre en él, Yann se documenta extensamente sobre los temas que introduce en la historia, pero sin que ello entorpezca el ritmo ni de la sensación de pretenciosidad. Así, están perfectamente reflejadas e integradas en la trama la dinámica social en la colonia entre la pudiente y racista élite británica y los chinos nativos, las intrigas familiares y de negocios de los todopoderosos tai-pan, los bajos fondos, las connivencias entre sociedades secretas, facciones políticas y elementos criminales, la inutilidad de la policía colonial y su desprecio hacia los orientales, los eufemismos y proverbios locales, la geografía de la ciudad y las islas circundantes…

La historia de publicación de la serie fue accidentada. Habiendo estirado sus músculos irónicos en “Shukumei”, Yann y Conrad elevaron el tono subversivo en la segunda entrega, “Aventura en Amarillo”: prostitutas, torturas, trata de blancas, asesinatos sangrientos, sexo explícito y un humor negrísimo… eran cosas que no se habían visto nunca antes en el marco de la historieta franco-belga de trazo y tono amables propios de “Spirou”. Esgrimiendo un espíritu provocador e iconoclasta, se habían consagrado como los renovadores no sólo de la revista “Spirou”, sino de una parte nada despreciable de la tradición historietística francobelga. Pero su insolencia resultó demasiado para unos anquilosados editores a quienes la tradición de la veterana publicación seguía pesando en demasía y que no veían con buenos ojos la banalización de la violencia, la crítica política y la continua insolencia. “Aventura en Amarillo” quedó sin serializar, pero en lugar de caer en el olvido, durante más de diez años, los personajes fueron acumulando seguidores de culto y reediciones.

Por fin, en 1994, Yann y Conrad retoman “Los Innombrables” con un nuevo álbum, “El Cráneo del Padre Ze”, esta vez bajo el sello editorial de Dargaud (ésta modificó la numeración y continuó editando la serie hasta 2004, año en el que apareció el decimosegundo y hasta la fecha último álbum).

Conrad, por su parte, puede que sea tan iconoclasta como Yann, pero profesa el mismo afecto que éste hacia los clásicos con los que aprendió a dibujar, empezando por el gran Franquin y siguiendo por Peyo, Walthery o Tilleux. Sin embargo y a diferencia de éstos, se atreve a ensuciar su dibujo a primera vista amable, incluso infantil, para plasmar escenas de fuerte contenido sexual o violento, demostrando por el camino y para desconcierto de muchos lectores, que es posible combinar una línea amable con un tono escabroso. Los problemas narrativos del primer álbum (donde había cierta confusión en determinadas escenas a causa de un montaje poco acertado) se solventan en “Aventura en Amarillo” y aunque “El Cráneo del Padre Ze” supuso un paso atrás (quizá debido al tiempo transcurrido desde el último álbum o por las prisas, el acabado es mediocre, con fondos descuidados y figuras poco acabadas), el resto de los álbumes recuperan el buen nivel.

Los álbumes aquí comentados pueden encontrarse editados en tres integrales por Dibbuks. Quedan por ahora seis volúmenes inéditos reunidos en dos ciclos más, el Ciclo de Corea y el Ciclo de U.S.A.

Yann no tardaría en convertirse en uno de los guionistas más rupturistas, atrevidos y prolíficos del comic francés, capaz de abordar los más diversos géneros, pero siempre desde un punto de vista muy personal. Por su parte, Conrad continuó trabajando –a menudo con Yann- y su prestigio ha subido hasta tal punto que ha sido el encargado de dibujar los últimos álbumes de Asterix.












 

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