Con las naciones del mundo occidental enzarzadas en un conflicto global, las aventuras de superhéroes combatiendo científicos locos y gangsters parecían fuera de lugar. Después de que en 1940 los periódicos narraran la caída de Francia y la Batalla de Inglaterra, la guerra entró a formar parte de los argumentos de los comics, más aún cuando en 1941 Estados Unidos inició su participación en ella. Héroes ya bien establecidos como Superman y Batman lucharon contra agentes y soldados nazis y las portadas de los comic-books eran a menudo una llamada al patriotismo y a la unión de todos los norteamericanos contra los alemanes y los japoneses.
DC Comics contaba con los héroes más populares y todos ellos “fueron a la guerra”. Pero también otras compañías se apuntaron a la corriente. Quality, por ejemplo, presentó al Tío Sam y al aviador Blackhawk, un personaje inspirado en la serie humorística de Jack Cole “Death Patrol”, junto a la cual se estrenó en “Military Comics” nº 1 (agosto de 1941).
El personaje de Blackhawk había nacido, por tanto, en los sangrientos campos de batalla de la

Aunque aparecieron casi ocho meses después que la Sociedad de la Justicia de América, editada por DC, podríamos reconocerle a los Blackhawks su naturaleza, en sentido estricto, de primer comic heroico de equipo. Mientras que los superhéroes actuaban de forma independiente hasta que el clímax de la aventura los reunía a todos, los pilotos Blackhawk vivían y peleaban juntos, no tenían identidades secretas que los distrajese y su único propósito en la vida era pelear contra a los alemanes.

En el apartado creativo, cabe decir que fue inicialmente un trabajo de estudio. En los primeros tiempos del comic-book, antes de que las editoriales crearan sus propios staff de guionistas y dibujantes, encargaban la creación y realización de sus series a talleres independientes que a menudo trabajaban para varias compañías simultáneamente. En este caso, fue el taller del gran Will Eisner el que recibió el encargo de producir una serie de temática bélica. Escrito inicialmente por Chuck Cuidera y dibujado por el propio Cuidera y Bob Powell, se ha querido a veces incluir al propio Eisner como creador, pero lo más probable es que su contribución se limitara al nombre de la colección

Puede que Blackhawk no fuera una estrella de primer orden, pero sí un superviviente con el suficiente apoyo como para saltar a otros medios, el primero de ellos, el radiofónico. Un serial protagonizado por su grupo de aviadores se emitió los miércoles a las 5.30 pm en la ABC de septiembre a diciembre de 1950. La voz del aviador la ponía Michael Fitzmaurice.
En 1952, cuando los seriales cinematográficos languidecían rápidamente desplazados por la boyante televisión, apareció el último de ellos basado en un personaje de comic book: “Blackhawk”, producido por Sam Katzman, un experto en adaptar de forma pedestre al cine héroes de segunda fila. En esta ocasión, además, Columbia

En 1956, muchos editores de comic books que habían tratado el año anterior de superar el fuerte descenso de ventas de la industria tras la introducción del Comics Code Authority, finalmente se dieron por vencidos. Uno de ellos fue Quality Comics, que tras brillar como una de las principales editoriales del ramo en los cuarenta, echó la persiana tras vender varios de sus títulos y personajes a DC Comics. Uno de ellos fue Blackhawk, cuyo último número

En su nuevo hogar editorial y retomando la antigua numeración (108, 1957), “Blackhawk” se publicó de manera regular hasta el número 243 (noviembre 1968). Las ventas iniciales fueron muy buenas –era una de las razones por las que DC adquirió el título-, pero las vacas gordas no duraron. A mediados de los sesenta el género bélico ya hacía tiempo que había dejado de gozar del favor de los lectores, cautivados ahora otra vez por los superhéroes, y los editores empezaron a dar bandazos intentando encontrar una forma de mantener viva una colección en la que aún tenían fe.
En el nº 133 (1959), por ejemplo, gracias al editor Jack Schiff y el dibujante Dick Dillin, el escuadrón Blackhawk acogía por fin a una mujer en sus filas, la norteamericana Zinda Blake. La dama hizo un primer intento rescatando a uno de sus integrantes del villano Carroñero. Rechazada su solicitud por tratarse de una mujer, Zinda salvó entonces a toda la compañía, hazaña tras la cual no podían negarse a nombrarla Lady

A mediados de los sesenta, Los Blackhawks tampoco pudieron escapar a la horrible moda “camp” de origen televisivo y en el nº 228 (enero 1967), empiezan a trabajar para una agencia secreta llamada G.E.O.R.G.E. que les proporciona trajes con los que adquieren superpoderes de tercera división. El comic pasaría a exhibir en sus portadas el logo “The New Blackhawk

El intento de reciclaje en superhéroes fue un fracaso y, a pesar de que contaban con un apartado gráfico muy notable, en el nº 242 (agosto 1968), los personajes retornaron a sus uniformes originales y a la tarea que mejor se les daba: la de pilotos de guerra. Pero era demasiado tarde. El número siguiente, el 243, sería el último… por el momento.
Hubo que esperar siete años hasta que la situación editorial de DC permitiera la apertura masiva de nuevos títulos. “Blackhawk” reapareció en el catálogo de la casa retomando su numeración

Los rumores de una posible película dirigida por Steven Spielberg reavivaron el interés de la compañía por el personaje, que encargó su revival al guionista Mark Evanier y el dibujante Dan Spiegle que, con el número 251 (octubre 1982) relocalizaron la acción en la Segunda Guerra Mundial aunque con un enfoque más moderno en cuanto a la caracterización. Se recuperaron los uniformes clásicos y los enfrentamientos con los nazis, y se

La segunda comenzaría con una remodelación radical del concepto a manos del guionista y dibujante Howard Chaykin, quien firmó una miniserie de tres números en formato prestigio entre 1987 y 1988 y que, como suele ser habitual en las obras de este creador, despertó pasiones y odios por igual. Unos quedaron encantados con el innovador estilo visual y la narración en múltiples capas; otros se quejaron del poco edificante retrato que hacía de uno de los grandes héroes bélicos de la editorial.

Pero detengámonos un momento en el argumento de esta miniserie, argumento que no resulta nada fácil resumir. Para empezar, la acción se sitúa en un marco temporal alternativo, a finales de los cuarenta o principios de los cincuenta, en el que los nazis parecen haber, si no ganado la Segunda Guerra Mundial, sí llegado a una especie de punto muerto gracias a una alianza con los rusos zaristas, que les ayudaron contra Stalin. Gran Bretaña y los soviets todavía combaten contra los fascistas; y Estados Unidos, que se mantuvo ajeno a la contienda, no se ha librado de la histeria

Blackhawk, acusado de comunismo, es requerido para comparecer ante una comisión del Senado y su ciudadanía es revocada. Su popularidad está en caída libre pero entonces la O.S.S. (el servicio secreto norteamericano en su encarnación anterior a la CIA) le pide que colabore con ellos en una misión secreta. Unos gangsters judíos a sueldo del mafioso Emil Bronski han robado el prototipo de una bomba atómica. Cuando Bronski descubre que sus empleadores eran en realidad agentes nazis, rompe el trato y promete vender la bomba a quienquiera que la utilice contra Hitler.
Blackhawk se une a un escuadrón aéreo conjunto anglo-soviético (lo que “confirma” las acusaciones oficiales de ser comunista) y comprarle la bomba a Bronkski. Viaja hasta Teherán para cerrar el trato con el gangster, pero llega segundos después de que éste resulte asesinado por sir Death Mayhew, un británico agente nazi, as de la aviación y némesis del propio Blackhawk. La bomba aún cambiará de manos dos veces más antes de acabar a bordo de un superbombardero con la misión de arrojarla sobre Nueva York.

Está claro que Chaykin no estaba interesado en los Blackhawks y su amplio bagaje clásico, sino

Así que no es de extrañar el encendido debate que se produjo sobre si la versión de Chaykin era fiel al “auténtico” Blackhawk, obviando el hecho de que la exploración de las diferencias entre las versiones idealizadas y “realistas” ha sido un tema central en el comic book contemporáneo.

La historia en general es abiertamente cínica: en su argumento, en su desarrollo e incluso en

En este sentido, “Blackhawk” es una historia de su época, finales de los ochenta, cuando el cinismo y la codicia que impregnaban la sociedad real acabaron reflejándose en la revisión a la que se sometieron muchos de los héroes clásicos de DC, desde “Watchmen” a “Batman”, de “La Liga de la Justicia” al “Escuadrón Suicida”. Pero esta orientación de Blackhawk como un individuo desengañado que tras pasar los mejores años de su vida luchando por un ideal se ve ahora incapaz de distinguir claramente los “buenos” de los “malos”, gustó a muchos otros, los suficientes para que el personaje –ya en otras manos pero en una línea similar- continuara sus peripecias en otras revistas de la casa (un serial en “Action Comics Weekly” primero y una serie regular de corta duración después).

Pero al mismo tiempo, como también era habitual, Chaykin es capaz de disimular sus limitaciones recurriendo a efectos y composiciones que alejaban sus planchas del adocenamiento habitual en el género: integración de artículos periodísticos, anuncios publicitarios o noticieros cinematográficos, viñetas-página que hacen el papel de cubiertas de famosas revistas, transiciones muy bien conseguidas, composiciones de página de gran belleza estética… y por supuesto las tres magníficas portadas, inspiradas en las ilustraciones publicitarias y de propaganda bélica de la Segunda Guerra Mundial.
Cabe destacar la colaboración de tres profesionales que ayudaron a hacer de “Blackhawk” un

“Blackhawk” es, en definitiva, una obra anclada en su época y, al mismo tiempo, muy característica de Howard Chaykin, al menos del Howard Chaykin polémico e innovador que era entonces. Contiene todas sus neurosis, fetiches, defectos y virtudes y por ello resulta algo difícil recomendarla sin reservas. Pero de lo que no hay duda es que supo actualizar un héroe clásico mediante una aventura que podían leer también todos aquellos que desconocieran la trayectoria previa del personaje, y que lo hizo llevándolo a su propio terreno, alejándolo de lo que había sido el entorno habitual del héroe y aportando un estilo visual propio y alejado del clasicismo.
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