4 jul 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (30)


(Viene de la entrada anterior)

 

La última batalla en esta Guerra Vengadores-Defensores, librada en el nº 117 de “Los Vengadores”, había terminado sin un ganador ni perdedor claros, ya que el Capitán América y Namor se dieron un tiempo muerto para investigar sus sospechas compartidas de que un tercero en la sombra los estaba manipulando (lo cual, como ya sabemos, es cierto).

 

Pero, tal como se había prometido sin rodeos en el último cuadro de texto de ese número de “Los Vengadores”, cualquier avance en el acercamiento de ambos grupos no llegaría a tiempo de evitar que Thor y Hulk se enfrentaran en la siguiente entrega de la saga, en “Defensores” nº 10 (noviembre 73). Y no podía ser de otra manera porque, si no, los aficionados jamás habrían perdonado a Englehart el haberles hurtado el combate no sólo entre los dos miembros más poderosos de cada grupo, sino quizá los más poderosos –al menos desde el punto de vista físico- de todo el Universo Marvel. Sal Buscema y Frank Bolle serían los encargados de narrar esa épica batalla.

 

Hulk recorre Los Ángeles siguiendo las indicaciones que el Doctor Extraño le ha implantado místicamente en su cabeza y que lo llevan directamente a uno de los fragmentos del Ojo del Mal. Dice que está buscando el objeto porque considera al Caballero Negro como su amigo (aunque le desagradan el resto de los Defensores). No sé a qué viene esa apreciación amistosa porque en sus encuentros previos, en “Vengadores” nº 100 y “Defensores” nº 4, no pasó nada particularmente relevante entre ellos.

 

Desafortunadamente, el Poderoso Thor aparece justo a tiempo para detenerlo e inmediatamente los dos se enfrascan en un combate destructivo que roza lo absurdo. En un momento dado, incluso, Hulk hace girar a Thor tan rápido que se clava en el pavimento. En otras palabras, la invulnerabilidad de los contendientes le permite a Sal Buscema tratar esta pelea casi como un corto animado de Tom y Jerry, en el que seres imposibles hacen cosas igualmente imposibles. También es divertido ver a Hulk incapaz de levantar el martillo de Thor, un ejemplo de que Buscema y Englehart recordaban que es la magia lo que impide que la gente levante el objeto, no su peso. Puede parecer obvio, pero los guionistas y dibujantes -incluidos Lee y Kirby- no siempre lo tuvieron presente.

 

Hasta este momento, la única pelea que habían tenido el dios asgardiano y el gigante esmeralda se había visto en “Journey into Mystery” nº 112 (enero 65), pero fue un añadido de continuidad algo extraño, inserto por Stan Lee y Jack Kirby en mitad de “Vengadores nº 3 (enero 64). Aunque esa historia había mostrado a Thor y Hulk interactuando brevemente como parte de una pelea mayor que también involucraba al resto de los Vengadores y a Namor, resultó que el choque de los dos titanes en realidad duró bastante más de lo que se había podido ver allí. ¿Y cómo salió a la luz ese encuentro? Pues, cuando el propio Thor intervino en una discusión entre dos grupos de jóvenes neoyorquinos que, mira tú por donde, discutían sobre quién de los dos era era más fuerte. Así, la mayor parte de la historia principal de aquel “Journey into Mystery” nº 112, dieciséis páginas, era un flashback en el que el dios nórdico del trueno intentaba responder a esa crucial pregunta relatando a los chicos con todo lujo de detalles la pelea… aunque, al final (y como era de esperar), tuvo que decirles que no hubo un vencedor claro y que, si bien tenía su propia opinión sobre quién era más poderoso, les dejaba a ellos la decisión final.

 

Ahora bien, todos sabemos que hay dos respuestas a esa pregunta. La verdadera es que el ganador sería Thor: es tan fuerte como Hulk, puede volar y, sobre todo, tiene un martillo mágico con el que puede lanzar rayos, transmutar elementos y transportar a voluntad personas a otros tiempos, dimensiones y lugares. Le bastaría enviar a Hulk a otro planeta y se acabaría la pelea. Por supuesto, Thor no haría tal cosa porque implicaría usar la cabeza, y los superhéroes no recurren a ella dado que saben que un buen cerebro nunca será tan eficaz como dos buenos puños. La segunda respuesta es la de Marvel: estamos en la Edad de Bronce, cada personaje tiene su propio cómic y la editorial debe asegurarse de preservar las ventas de ambos, satisfaciendo a sus respectivos lectores. Eso significa que siempre, absolutamente siempre, habrá un empate (al menos en este punto de la historia del Universo Marvel). Por ello, cualquier lector, incluso los niños de la época, ya se podían imaginar que la cosa no llegaría a una resolución definitiva.

 

Y, efectivamente, Thor y Hulk se golpean, se lanzan objetos y luego se agarran de las muñecas y se quedan en una postura imposible durante un tiempo ridículo, intentando dominarse mutuamente, antes de que los Vengadores y los Defensores, ahora unidos y sabedores de que han sido manipulados, aparezcan y detengan la pelea.

 

Es el capítulo 10 es donde nos explican cómo han llegado a esa conclusión. Tras su pelea con el Capitán América en Osaka, Namor llega al sanctasantorum de Extraño con la quinta pieza del Ojo del Mal… y acompañado por los Vengadores (excepto Thor). Como era de esperar, sus compañeros Defensores se quedan atónitos, y el impulsivo Ojo de Halcón llega inmediatamente a la conclusión de que Namor es un traidor (“trojan fish”, lo llama). Pero el Príncipe de Atlantis adopta esa actitud imperial que le sale de forma tan natural y sus compañeros se calman lo suficiente como para escuchar su relato de lo que escuchó del Capitán América en Japón. Los dos equipos comparan notas, y los Vengadores se dan cuenta de que el dios asgardiano de las mentiras, cómo no, los había engañado, mientras que los Defensores deben asumir que habían sacado conclusiones erróneas. La ilustración a página completa que muestra ese momento de entendimiento recuerda bastante a una similar dibujada por John Buscema, el hermano mayor de Sal, para “Vengadores” nº 60 (enero 69), aunque aquella tenía un tono más relajado e informal, además de estar más concurrida (al fin y al cabo, tenía lugar en una boda).

 

En la página siguiente, Englehart y Buscema nos permiten escuchar algunos fragmentos de conversación. Por ejemplo, la disculpa de Silver Surfer a la Bruja Escarlata por casi matarla al provocar accidentalmente la erupción de un volcán; la justificación de Ojo de Halcón ante Iron Man por presuponer las malas intenciones de los Vengadores; y la burla del Espadachín a su antiguo alumno por ser "¡tan tonto como siempre!". Todos estos diálogos son buenos ejemplos del tipo de caracterización por la que destacaron las etapas de Englehart tanto en “Los Vengadores” como en “Los Defensores”.

 

En este punto, nadie sabe todavía que Dormammu había engañado a los Defensores en el nº 8 haciéndoles creer que el Ojo del Mal podría devolver su forma humana al Caballero Negro, y que es ese villano extradimensional quien pretende conquistar la dimensión de la Tierra. Es entonces cuando Iron Man y Valquiria les recuerdan a todos que han dejado a Thor y Hulk en el campo de batalla, así que juntos, mediante un hechizo de Extraño, viajan a Los Ángeles a detenerlos. Cuando Thor se entera de que Loki, actualmente ciego, los ha engañado, recuerda la última vez que lo vio, en Rutland, Vermont, en “Thor” nº 207 (enero 73). El Doctor Extraño, por su parte, rememora cómo los Defensores lucharon contra Dormammu en esa misma localidad en “Marvel Feature” nº 2 (marzo 72). Estas “coincidencias” bastan para que sospechen de una alianza entre los villanos.

 

Cuando Hulk, a regañadientes, entrega el componente del Ojo que había conseguido, Asti el Omnisciente, sirviente de Dormammu, aparece de la nada y se lleva consigo todos los fragmentos fusionados en uno. Este mensajero místico (que ya había aparecido en “Strange Tales” nº 144 (mayo 66), logra evadir los esfuerzos combinados de todos los héroes, llevando el trofeo a su amo. A continuación, el paisaje de Los Ángeles comienza a transformarse en un paisaje de pesadilla al mismo tiempo que los humanos se convierten en criaturas grotescas. En ese momento, finalmente, Dormammu se manifiesta jactándose de que la Tierra será a partir de ahora un reflejo de su propia dimensión diabólica (una fusión que, además, le permite eludir el juramento de no invadir la Tierra que le hizo al Doctor Extraño en “Strange Tales” nº 127, diciembre 64). El capítulo termina con los Defensores y los Vengadores preparados para enfrentarse a la diabólica amenaza.

 

Y con esto termina esta entrega de la Guerra de los Vengadores/Defensores, que, a partir de ahora, ya no sera un conflicto entre los dos grupos de héroes, sino otro de todos ellos unidos contra su verdadero enemigo. 

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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