5 jul 2026

2017- INFINITY 8 – Varios autores (3)


(Viene de la entrada anterior)

 

Nuevo reinicio, el tercero, a bordo de la Infinity 8 en este álbum titulado “El Evangelio según Emma”, para el que Lewis Trondheim cuenta con la estimable colaboración de Fabien Vehlmann, uno de los guionistas más versátiles y prolíficos de la historieta franco-belga moderna, que se ha caracterizado por su talento para revitalizar géneros clásicos mezclando el más puro entretenimiento con temas complejos. Y ese su principal punto fuerte, marca una diferencia en esta tercera entrega de la serie.

 

En los dos últimos intentos del capitán de la Infinity por averiguar la naturaleza y origen de la inmensa necrópolis que bloquea su camino hacia Andrómeda, las agentes Yoko Keren y Stella Moonkicker, consiguieron, en sus respectivas aventuras, aportar información crucial y neutralizar las dos amenazas que surgieron a raíz de ese siniestro fenómeno: los incontrolables carroñeros kornalianos y los aspirantes a nazis.

 

La elegida en esta ocasión para explorar una nueva línea temporal es otra agente de la ley, la Marshall Emma Ô-Mara: pacifista, respetuosa de la jerarquía y las tradiciones, una verdadera leyenda de la aplicación de la ley que extrae su determinación y formidable eficacia de la fe que devotamente profesa. Precisamente, cuando la conocemos, acaba de neutralizar a un traficante de estupalina y se dirige a una reunión con el padre Nirah, la máxima autoridad de la Iglesia Pax-Tholmanista de la que ella es miembro destacado. Parece que está dispuesta a realizar una peligrosa misión que el padre le ha encomendado, cuando el capitán de la nave la reclama urgentemente en el puente de mando.

 

Hacia allí se traslada rápidamente en una moto voladora mientras su traje cambia automáticamente. Entra en el interior del gigantesco acuario donde flota el capitán y el teniente Reffo le informa del imprevisto obstáculo que bloquea el avance de su nave espacial: una necrópolis del tamaño de un sistema solar, compuesta por ataúdes, mausoleos, fragmentos de planetas con cementerios... pertenecientes a cientos de especies alienígenas. Deben descubrir quién es el responsable de esta masa mórbida y por qué. El capitán ha iniciado el tercer protocolo 8, lo que significa que, durante ocho horas, pueden adentrarse en esa línea temporal. En ese tiempo, Emma tendrá que aventurarse en el espacio para estudiar el fenómeno.

 

Hasta aquí, es una repetición de lo ya sabido en los dos álbumes anteriores. El giro inesperado llega cuando Emma desenfunda su pistola laser y asesina a todos los tripulantes del puente, cortando el mecanismo de renovación del agua del capitán y condenándolo así a la asfixia. ¡Sorpresa! En esta ocasión la protagonista no va a ser la heroína salvadora, sino parte de una conspiración que aúna diversos intereses, siendo el suyo religioso. Esta línea temporal debe ser la última y definitiva porque, en algún lugar entre las tumbas flotantes en el vacío, se esconde el último evangelio que escribió Tholman, el fragmento perdido de sus sagradas escrituras que, por fin, unirá las diferentes ramas en que se ha roto su fe y pondrá fin a la Guerra Santa. Para llevar a cabo su propósito, Emma se ha aliado con otros saqueadores de tesoros, cada uno en busca de un objeto singular.  

 

Este tercer volumen de “Infinity 8” es, sin duda, el más sofisticado –que no complejo- argumentalmente. Abandonando el puro ludismo y descarado sabor pulp de las entregas anteriores –que no desaparecen del todo en cuanto al diseño y las secuencias de acción-, Vehlmann explora no sólo la fe, sino el fenómeno religioso en su faceta más perturbadora: la de la manipulación espiritual. Emma es una agente profundamente religiosa en un universo que, a menudo, parece carecer de sentido o moralidad. A diferencia de sus predecesoras en la serie, no es una guerrera impulsiva sino alguien que busca soluciones pacíficas. Pero todos sus principios van a ser puestos a prueba de la forma más cruel cuando, tratando de hacer el bien, acaba desencadenando una masacre.

 

Podría pensarse que, habiendo sido elegida por el Capitán para explorar la necrópolis, Emma bien podría haber aprovechado esa oportunidad para buscar el evangelio perdido. ¿Por qué, entonces, condena a muerte al alienígena? Aunque el guionista no lo explicita en forma de diálogo o pensamiento, el lector reflexivo podrá darse cuenta de que el uso repetitivo de reinicios temporales implica la muerte de millones de seres potenciales. ¿Qué valor tiene una vida si puede ser borrada y reiniciada sistemáticamente? Esto atenta contra la propia fe de Emma. Pero, además y obviamente, en su traición hay otra razón más inmediata y clara aunque no independiente de la anterior: si encuentra el evangelio –y, con él, la forma de arreglar los cismas de su religión- y luego el Capitán reinicia el bucle temporal, jamás se acordará de lo ocurrido y el valioso objeto sagrado quedará olvidado en la necrópolis para siempre.

 

Por tanto, Emma, pese a los actos que comete y los aliados de los que se rodea, está tratando de salvar su alma y curar las heridas teológicas que afligen a la galaxia. Su exploración de la necrópolis la lleva a encontrar el evangelio y, con él, una verdad que pone patas arriba todo lo que había asumido en virtud de su fe. Ya no hay marcha atrás. Pero, ¿cómo reaccionarán los líderes de su iglesia, cuyo estatus, privilegios y riqueza se verán amenazados por ese descubrimiento?

 

La situación se complicará todavía más a raíz de la presencia, entre el grupo de saqueadores, de un poderoso telépata, Korkojellan, al que basta entrar en contacto con la masa cerebral de una criatura para controlar a todos los individuos de la misma especie, lo que desata en él una insaciable hambre de poder; y de un robot guardaespaldas que, a la muerte de su dueño, se empeña en seguir las últimas y ambiguas órdenes de su amo y asesinar a Emma y Korkojellan…

 

A pesar de la gravedad de los temas y el tono más oscuro y filosófico respecto a las dos entregas anteriores, Vehlmann y Trondheim mantienen aquí la esencia de la serie. El contraste entre la seriedad de la misión (la búsqueda de la verdad divina/religiosa) y los elementos estrambóticos de la trama (como los "hackeos psíquicos", los múltiples cambios de traje de Emma o la lógica del robot guardaespaldas) sirven para subrayar el tono satírico y absurdo del universo que habitan. Eso sí, más allá de esta sátira paródica, el humor tiene menos presencia (por ejemplo, falta el personaje excéntrico que aporta respuestas ingeniosas o mordaces) y la atmósfera general es más densa. Esto, combinado con que, tras un comienzo trepidante, la narrativa pierde impulso en su segmento central, podría distanciar a algunos lectores.

 

Sin embargo, con lo que tengo más problemas en este álbum es con el dibujo de Olivier Balez. Estudiante de la prestigiosa École Estienne de París y la Escuela Nacional de Arte y Diseño de Dublín, comenzó su carrera profesional en 1997, colaborando con una amplia variedad de guionistas. Su obra publicada en España, sin embargo, es muy limitada (“Robert Moses: El Maestro Olvidado de Nueva York”, con Pierre Christin; “La Quimera del Oro”, adaptación de clásicos de Charles Chaplin).

 

No pongo en duda la habilidad de Balez para jugar con los colores y las imágenes kitsch (las runas tholmánicas escapando del cubo de cristal; o los diseños de robots que recuerdan a las películas de ciencia ficción de principios de los años 50...). Su visión de la heroína está alejada de la sexy pin-up y se acerca más a las mujeres de los años sesenta. Emma es distinguida, elegante y cambia de vestuario en cada página con un estilo ecléctico declaradamente inspirado en Emma Peel, el personaje de “Los Vengadores” televisivos (de ahí su nombre, sin duda).

 

Sin embargo, el clasicismo depurado de Balez, muy alejado de la espectacularidad, limpieza y frescura neopulp de sus predecesores en la serie, le resta impacto visual a una historia que podría haberlo tenido y mucho. Sus cuerpos y rostros están modelados a base de una economía de líneas que recuerda los superhéroes primigenios de los años 40, primando la claridad narrativa por encima del hiperrealismo o el exceso decorativo. Es cuestión de perspectivas, claro, y habrá quien agradezca esta sencillez que permite enfocarse en la acción, pero, personalmente, disfrutaba del ambiente que Bertail y Vatine habían creado con sus estructuras interiores, diseños tecnológicos y variedad de especies alienígenas desfilando por los fondos.

 

También es cierto que el espíritu de la serie fue siempre el de ir ofreciendo en cada nuevo álbum una propuesta gráfica diferente, así que es normal esta “ruptura” de estilo que obliga al lector a readaptar su mirada en cada aventura. Mientras los primeros volúmenes pusieron un listón muy alto en cuanto a complejidad técnica o densidad visual, la aportación de Balez propone una ruptura tonal abrazando el realismo frente a la espectacularidad, la crudeza frente a la elegancia, el minimalismo frente a la artificiosidad. Esto se materializa, por ejemplo, en su contenida forma de representar la violencia.

 

Dicho esto, a pesar de esta aparente simplicidad, el dibujo de Balez no es estático. El artista logra integrar momentos de acción muy eficaces gracias a una planificación y composición bien ajustadas, consiguiendo que la lectura sea ágil y fluida. “El Evangelio según Emma” no necesita de fondos sobrecargados para transmitir la tensión o la escala del conflicto, sino que confía en el lenguaje corporal y la composición de página para mantener el ritmo.

 

“El Evangelio según Emma” es una narración sólida, trepidante y muy entretenida que –pese a que personalmente no conecte del todo con la propuesta estética- se atreve a trascender el mero homenaje a la space opera clásica o al pulp retrofuturista de los álbumes anteriores para adentrarse en territorios más arriesgados e interesantes. A diferencia del espíritu eminentemente lúdico de los dos primeros volúmenes, aquí el trasfondo es considerablemente más grave y los dilemas morales de mayor calado. El arco de la protagonista incluye amargura, decepción, melancolía existencial y búsqueda de redención, nada de lo cual había formado parte de las motivaciones de sus predecesoras en la serie. Es un giro tonal inteligente que enriquece el universo del crucero Infinity, demostrando que la serie tiene espacio para la introspección sin por ello renunciar a la acción pura. 

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 

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