20 jul 2026

1994-HELLBOY – Mike Mignola (7)


(Viene de la entrada anterior)

 

Entre 2007 y 2011, se suceden tres miniseries, la “Trilogía de la Cacería Salvaje”, que marcarían el épico arco final de Hellboy en la Tierra.

 

Con la primera de ellas, “La Oscuridad Llama”, Hellboy regresa al centro del escenario que había dejado vacante desde hacía años –concretamente, desde “El Gusano Vencedor”, 2001-. Duncan Fegredo se une al equipo como nuevo dibujante de toda esta saga en tres partes. Obviamente, en un mundo ideal, Mike Mignola sería quien ilustrara todas las historias de Hellboy o, en su defecto, al menos las más importantes. Pero hacía ya tiempo que sus múltiples compromisos y la atención que estaba dedicando al desarrollo de su universo particular lo hizo imposible, viéndose obligado a trabajar con un pequeño equipo de colaboradores. Y, desde luego, Fegredo es un artista fenomenal que aquí realiza un trabajo sobresaliente. Aunque más anclado en el naturalismo, su estilo evoca el de Mignola y, al tiempo, añade un grado extra de detalle, dinamismo y profundidad. De hecho, en “La Oscuridad Llama”, hay imágenes que rivalizan con lo mejor de Mignola.

 

La serie comienza recuperando y reuniendo varias tramas antiguas. Igor Bromhead (de "La Caja del Mal") regresa y convoca a Hécate (vista por última vez en "La Isla", donde le dijo a Hellboy que estarían juntos el último día del mundo). Resulta que Bromhead encontró el esqueleto de Vladimir Giurescu (destruido por Hellboy en "Despierta al Diablo"), el cual le reveló el nombre de la humana, Ilsa Haupstein, que ahora formaba parte de esa diosa tras fusionarse en la Doncella de Hierro", otorgándole así a Bromhead poder sobre Hécate.

 

Entretanto, unas brujas han encontrado los cuernos que Hellboy se arrancó en "Despierta al Diablo" y los han usado para crear una especie de figura vudú de aquél. Tras años vagando por el mundo, Hellboy finalmente ha llegado a Inglaterra y las brujas, reunidas en aquelarre, usan esa figurita para invocarlo e intentar convertirlo en su rey, pero él se niega. Entonces, recurren a Baba Yaga, quien busca vengarse de Hellboy por haberle disparado en el ojo (un suceso mencionado primero en "Despierta al Diablo” y que más adelante vimos en el relato corto “Baba Yaga"). Esta hechicera rusa transporta a Hellboy a su reino, las "tres veces nueve tierras en el tres veces décimo reino", donde lanza contra él a su siervo Koschei el Inmortal.

 

Mientras todo esto sucede, va gestándose una amenaza aún mayor que también involucra varias tramas antiguas. Reaparece el Gruagach, quien estuvo atrapado dentro del cuerpo de la criatura porcina Grom en uno de los primeros relatos cortos de Hellboy, "El Cadáver", y que luego reapareció en "El Tercer Deseo". Este grotesco ser arde de furia contra el Rey de las Hadas, Dagda, por haber permitido que su reinado sobre el mundo se hubiera extinguido. Ahora, planeta desatar algo terrible (que no descubriremos hasta "La Cacería Salvaje").

 

Esta miniserie está repleta de momentos brillantes y el lector aficionado al personaje disfrutará volviendo a ver reunidos a personajes ya conocidos, tanto principales como secundarios. En el nº 2, vemos de nuevo a Koku, el sirviente de Baba Yaga (quien le devolvió la Doncella de Hierro a Rasputín en "Despierta al Diablo"). En ese mismo número, también encontramos una descripción intrigante, por parte de las brujas, del padre de Hellboy: “Señor de las brujas de Lancashire y Abbotsbury”. Las brujas también, por fin, aclaran el final de “Despierta al Diablo”, explicando que una parte del espíritu de Hécate estaba en Giurescu, pero luego ella lo abandonó para fusionarse con Ilsa en la Doncella de Hierro.

 

En el nº 3 vemos a Baba Yaga asesinar a un dios aparentemente poderoso llamado Perun, descrito como "Dios de las tormentas. Señor del mundo entero". Se trata del antiguo dios eslavo del trueno, el rayo y la guerra. Fegredo lo representa como un anciano desnudo y cubierto de barro que se encuentra a la orilla de un río, donde está dibujando ramas de rayos en el lodo con un palo. A pesar de su aspecto decrépito, muestra que en realidad es un ser poderoso capaz de cabalgar sobre las nubes tormentosas empuñando una lanza. Baba Yaga ordena a sus soldados que lo asaeteen porque no tolera la existencia de ningún otro dios ruso más que ella misma. Con este deicidio busca consolidar su dominio y eliminar cualquier otra figura mítica o divina que pudiera representar una competencia o alternativa al poder que ella ejerce en el folklore ruso.

 

En el nº 4, presenciamos el memorable encuentro entre Hellboy y el fantasma de una niña y su muñeca, quien ayuda al investigador antes de ser asesinada por Koschei. Se presenta como Basilisa, una figura del folkore ruso que recibe una muñeca mágica de parte de su madre antes de morir. Esta muñeca es la que la ayuda a superar las pruebas impuestas por la bruja Baba Yaga. La pequeña le explica a Hellboy sus orígenes y su conexión con esta tradición eslava.

 

En el nº 5, volvemos al grupo que ha estado observando a Hellboy desde el principio y que ahora parece haberse dividido en dos. Por un lado, están los villanos: Baba Yaga, Koku y una figura esquelética que quizá represente la Muerte. Por otra, el Rey de las Hadas y el duende calvo y fumador, que parecen estar del lado de Hellboy, pero también se muestran sorprendentemente impotentes, reacios o incapaces de intervenir. El Rey de las Hadas predice que no sobrevivirán a lo que se avecina.

 

En el número 6, la figura esquelética hace una dramática revelación: “Ahora, por fin, lo entienden. Hellboy es tan inmortal como Koschei”. Esa es la explicación de que Hellboy haya sido capaz de sobrevivir a tantas heridas mortales a lo largo de su vida. También el Rey de las Hadas recibe finalmente un nombre, Dagda, justo antes de que un esbirro de Gruagach lo mate. Resulta curioso que el Rey no sea capaz de presentar argumentos de peso en contra del evidentemente exaltado Gruagach. ¿Por qué deberían resignarse las criaturas mágicas, simplemente, a desaparecer en la oscuridad sin más? El deseo de Gruagach de volver a ser una fuerza a tener en cuenta es trágicamente comprensible. Tampoco está claro por qué Dagda parece haber visto con tan buenos ojos a Hellboy todo este tiempo, teniendo en cuenta que ha dedicado gran parte de su vida a matar a sus súbditos.

 

“La Oscuridad Llama” tiene dos epílogos. El primero, ilustrado por Duncan Fegredo, arroja una luz completamente nueva sobre el inicio de la miniserie. El segundo, ilustrado por Mignola, es aún más impactante, ya que el enmascarado Sir Edward Grey conversa con Hécate, quien le revela (y a nosotros con él) información de suma importancia. Primero, confirma que ella y la mujer/diosa que sedujo al rey Thoth y contribuyó a la caída de Hiperbórea son la misma persona. Además, se ratifica que la imagen de la Diosa Negra que hemos visto en las historias del universo de Hellboy desde hace tiempo también representa a Hécate. Esta diosa reitera su predicción de que ella y Hellboy se reencontrarán en "el último día", y que pronto Sir Edward ayudará a Hellboy, aunque ese acto lo llevará a su perdición. “Antes de que finalmente te permitan morir, sufrirás como pocos hombres han sufrido jamás”.

 

A Hellboy sigue atormentándole el futuro que, según todos, le espera inevitablemente: convertirse en Rey del Infierno, amo y señor de sus ejércitos malignos. Pero es difícil imaginar a alguien con un sentido tan marcado del bien y del mal, y una tolerancia tan limitada a cualquier injusticia, despertando de repente para transformarse en una fuerza infernal. Y esa, por supuesto, es la gran fortaleza de la narrativa de Hellboy. Mientras todos estos cambios trascendentales en el poder sobrenatural giran a su alrededor, en el centro de todo él permanece como un “tipo normal”, molesto por tener que lidiar con más y más problemas.

 

A primera vista, aun incrementando la escala épica respecto a historias anteriores, “La Oscuridad Llama” parece una aventura muy típica de Hellboy, con un montón de criaturas gigantescas que el protagonista puede destrozar a puñetazos sobre un fondo impresionante en el que menudean inquietantes detalles de arquitectura, escultura y paisajes que, inevitablemente, están a punto de ser arrasados por la violencia desencadenada. Y digo a primera vista porque la siguiente miniserie confirmará que esto no es más que el prólogo al más difícil camino que Hellboy ha tenido que recorrer en la Tierra.

 

La historia continúa en los ocho números que componen “La Cacería Salvaje” (2008), de nuevo con un pletórico Duncan Fegredo al dibujo. Si “La Oscuridad Llama” había sido una aventura épica enraizada en el folclore ruso, este nuevo paso en la evolución de Hellboy, con una escala semejante, introduce las más familiares referencias artúricas, desarrollándose como una partida de ajedrez en la que se va preparando el desenlace que tendrá lugar en el siguiente arco. Este volumen comienza y termina con la muerte. De hecho, prácticamente todo en esta historia gira en torno a la muerte: sucumbir a ella, escapar de ella, visitarla, atraerla…

 

Mientras está en Italia, Hellboy recibe una carta que lo convoca a Inglaterra, donde unos estirados aristócratas lo invitan a unirse a ellos en una cacería de gigantes, tradición en la que el Profesor Bruttenholm, su mentor, había participado también en su día. Siempre dispuesto a divertirse un poco, y animado por la experiencia de su padre adoptivo, acepta sin dudarlo. Sin embargo, no tarda en percatarse de que estos hombres aparentemente tan amigables, albergan segundas intenciones y que nada es lo que parece.

 

Para colmo, la situación se complica todavía más cuando una vengativa reina bruja, Nimue, es resucitada mediante el sacrificio de todo un pueblo de inocentes. Corroída por un milenio de ira contenida y el destino de Inglaterra en juego, comienza a planear cómo formar un ejército del mal y ejercer su desagravio, remodelando el mundo a su imagen y semejanza.

 

Hellboy, mientras tanto, descubre que es descendiente de Morgana Le Fay, la hermanastra del rey Arturo, quien ha mantenido vivo el linaje Pendragón a través de generaciones hasta llegar al propio Hellboy. Ahora, con un ejército preparándose para unirse a la Reina de Sangre, Hellboy debe elegir si sacar Excalibur de la piedra, un acto que presagiaría su derecho al trono del Infierno. Preocupado porque empuñar la espada mística sea un paso más allá en el camino que ha intentado evitar toda su vida, se enfrenta a una difícil decisión:  aceptar su papel como legítimo Rey de Inglaterra o abrazar su destino como la Bestia del Apocalipsis que provocará el fin definitivo de todo lo que la humanidad conoce.

 

“La Cacería Salvaje” es la historia en la que, finalmente, el pasado de Hellboy le alcanza y golpea de lleno cuando las profecías dejan de ser un mero telón de fondo y exigen su cumplimiento total. Esto le hace evolucionar y añade una nueva dimensión a la eterna tentación con la que le han seducido las fuerzas de la Oscuridad para que reclame su corona infernal y traiga la perdición al mundo. La fusión con la leyenda artúrica incorpora todavía más drama e intriga al ya rico tapiz que esta serie ha ido construyendo durante quince años. Aquí es donde la narrativa a largo plazo de Mignola da sus frutos. Cada encuentro aparentemente aleatorio y anecdótico de historias anteriores cobra de repente una importancia especial. ¿Aquella bruja “del montón” de hace décadas? Ahora juega un papel relevante. ¿Esas crípticas advertencias sobre la verdadera naturaleza de Hellboy? Ha llegado la hora de afrontarlas. Las semillas plantadas durante años germinan en este arco argumental, en el que cada revelación conecta con historias anteriores que en su momento pasaron por ser meras correrías sin importancia. Nada se siente accidental, forzado ni perezosamente conveniente para la narrativa.

 

El elenco de personajes secundarios incluye rostros conocidos como Alice Monaghan y nuevos personajes como el Club Osiris, pero esta historia pertenece por completo a Hellboy. Su lucha interna entre los valores humanos que le han sido inculcados y el destino nefasto que le acompañó desde su nacimiento, se explora sin explicaciones forzadas.

 

Otro elemento destacable de esta historia es la forma en que Mignola maneja los elementos apocalípticos. No se trata de un fin del mundo para generar un impacto facilón, sino un desastre con peso emocional dado que estos personajes, este universo, han pasado décadas acompañando a los lectores.

El ritmo narrativo crea tensión a través de la construcción de una atmósfera de pavor, en lugar de la acción constante. Los momentos de calma entre los personajes tienen tanta importancia como los violentos enfrentamientos sobrenaturales. Cuando estalla la barbarie, se siente necesaria y justificada, sirviendo a la historia en lugar de ser solo un mero espectáculo.

 

La sensación de escala épica y atención al detalle que el arte de Duncan Fegredo aportó al volumen anterior continúa y se maximiza aquí. Numerosas batallas sangrientas y colosales contra ejércitos de gigantes, trolls y demonios se intercalan con las habituales ruinas, desolación y emplazamientos oscuros y apartados de la civilización. Fegredo conserva el sentido de la composición de Mignola y superpone a esas formas minimalistas un trazo magníficamente intrincado que aumenta la cantidad de información en la página sin sobrecargarla, lo cual supone todo un logro. El color de Dave Stewart también contribuye en gran medida a mantener la atmósfera única de la serie, eligiendo una paleta cromática que no se limita a lucir bien en página, sino a complementar los temas y emociones de cada pasaje.

 

“La Cacería Salvaje” es uno de los capítulos más trascendentales en el viaje de Hellboy hacia su destino final. Representa la culminación de todo lo que Mignola había estado construyendo desde “Semilla de Destrucción”, una historia de autoaceptación, destino y el poder de la voluntad para vencer a la propia naturaleza.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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