24 mar 2019

1999- LA VIUDA NEGRA- Devin Grayson y J.G.Jones


Natasha Romanova fue una hija de la Guerra Fría, una hermosa y sofisticada espía rusa presentada como enemiga de Iron Man en la colección “Tales of Suspense” allá por 1964. Su papel de mujer fatal estaba directamente inspirado en las revistas pulp y películas de los años treinta y cuarenta pero, como suele ser el caso en el universo Marvel, su carácter y orientación ha cambiado mucho con el curso de los años y los equipos creativos que han ido haciéndose cargo del personaje. Por amor a Ojo de Halcón desertó a Occidente, se fabricó un estrafalario traje, se unió a los Vengadores y luego –con otro uniforme, el actual mono negro- trabajó un tiempo como agente independiente antes de unirse a SHIELD. Se ganó reputación de ser una profesional impecable, eficiente y fría, tan letal como su apodo.



Pese a su veteranía en el Universo Marvel, la Viuda Negra nunca había dejado de ser una secundaria agradecida y sin duda la libertad que esa circunstancia otorgaba fue una de las razones por las que se la seleccionó para su reformulación en 1999, amparada en la todavía joven línea Marvel Knights. En marzo de aquel año, en el nº 5 de otra serie de ese sello, “Los Inhumanos”, había aparecido brevemente Yelena Bolova, una nueva y joven Viuda Negra que trabajaba para los servicios secretos rusos. Tres meses después, se edita una miniserie de tres episodios en la que trataba de dilucidarse si Yelena estaría destinada bien a dar el relevo a la cansada Natacha, bien a convertirse en su némesis.

Mientras Natasha Romanova está en pleno arrebato de nostalgia y reflexión sobre su pasado, recibe una llamada para encargarle una misión. Se trata de viajar a un país del Medio Oriente y destruir una especie de suero del supersoldado que se inocula por vía aérea y que convierte a quien lo inhala en auténticos berserkers que, sin embargo, sufren un deterioro de su cuerpo extremadamente rápido e irreversible.

El país en cuestión, Rhapastan, está gobernado por el típico tirano que pretende servirse de esa arma para conquistar territorios adyacentes. Tan inestable es el equilibrio político de la región que
ninguna de las dos potencias globales, Estados Unidos y Rusia, está dispuesta a que el dictador se salga con la suya. De esta forma, cada gobierno envía a un agente encubierto, una Viuda Negra, para la misión. Y es que Natacha no fue la única en recibir adiestramiento en la Sala Roja del régimen soviético, aunque sí fue la mejor y más famosa de sus alumnas. Una aspirante a arrebatarle el título, más joven e idealista, la mencionada Yelena Belova, la sigue y acaba cayendo en una trampa de la que la salva Natacha. A partir de ese momento se crea una rivalidad entre ambas que amenaza con poner en peligro la misión. Yelena busca recuperar para su país el título de Viuda Negra y, ansiosa por demostrar su valía eliminando a su contrapartida americana, no se detendrá ante nada.

La guionista Devin Grayson debutó en Marvel con este miniserie tras pasar un par de años trabajando para DC tanto en los Titanes como, sobre todo, en distintos títulos de la familia de Batman. Su historia resulta algo confusa o incompleta en algunos puntos (siendo tan brillante como dice ser, ¿para qué sigue Yelena a Natacha al comienzo de la historia? ¿Qué le lleva exactamente a desconfiar de “su” gobierno para decidir actuar de forma independiente y desobedecer las órdenes?), pero aún así supone una buena aproximación al personaje de la Viuda Negra antes de que alcanzara popularidad universal gracias a su inclusión en el universo
cinematográfico Marvel. Natacha es una espía desengañada que sigue luchando por su país pero que no se fía de él y de ahí que en previsión de que la toxina caiga en manos de algún gobierno –incluido el suyo- opta no por ejecutar al científico que la creó sino por secuestrarlo, esconderlo y obligarlo a fabricar una vacuna. Por otra parte, su enfrentamiento con Yelena va más allá del mero orgullo profesional. Ésta aún cree en el idealismo y el servicio a la patria, y considera a su predecesora como una traidora que se pasó al otro bando. Natacha, por el contrario y tal y como trata de hacer entender a Yelena, ha aprendido que la profesión de espía es desagradecida, que la dedicación y el compromiso no se ven recompensados más que con la traición y una vida solitaria. Es, por tanto y a pesar de su abundante acción, un tebeo con una fuerte carga de pesimismo y desencanto en el que se nos presenta una Viuda Negra mejor caracterizada y más emotiva de lo acostumbrado (por partida doble además).

Por su parte, J.G.Jones hace un trabajo espectacular gracias a un estilo muy realista y atento al detalle y las texturas, un ritmo y composición cinematográficos y
un gran sentido de la acción y el movimiento. Sus escenas de peleas o persecuciones tienen un gran dinamismo, utilizando planos y perspectivas originales y jugando con la composición de página.

“Viuda Negra” no es un comic de superhéroes sino uno de espionaje y acción muy al estilo de las películas de James Bond o la teleserie “Alias”. Es la versión más interesante del personaje que había podido verse en años y los lectores así lo supieron reconocer. No se trata de un tebeo esencial o que vaya a cambiar la vida de nadie, pero sí de lectura entretenida, con buenas caracterizaciones y una factura visual elegante.

De hecho, el buen resultado obtenido propició una segunda parte, aparecida un par de años después y co-escrita por Grayson y Greg Rucka, demasiado parecida a mi entender a la película “Cara A Cara” de John Woo y con un dibujante, Scott Hampton, cuyo evanescente estilo –de nuevo según mi opinión- no es el más apropiado para una historia de espías internacionales y alta tecnología.



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