3 may. 2016

1986- LEGENDS – John Ostrander, Len Wein, John Byrne y Karl Kesel





Al comienzo de 1986, DC contaba con un universo de personajes completamente renovado gracias a “Crisis en Tierras Infinitas”, maxiserie cuyo último número, el 12, llevó fecha de portada de marzo de ese año. El multiverso DC, con su gran número de Tierras alternativas, había quedado comprimido en uno solo, con una línea temporal propia creada como amalgama de todas las demás. Algunas colecciones no sufrieron grandes cambios a raíz de ese macroevento, mientras que otras como “Infinity Inc” o “All-Star Squadron”, que se desarrollaban en Tierra-2, hubieron de ser profundamente remodeladas para integrarse en la nueva continuidad.


El editor en jefe, Dick Giordano, hizo llegar a toda la plantilla de guionistas las nuevas reglas que debían seguir en ese escenario post-Crisis: 1) Sólo los héroes recordarían lo que había sucedido en Crisis; 2) La creación del nuevo universo DC era retroactiva, esto es, nunca habrían existido dentro de la continuidad otros mundos alternativos; 3) Las versiones de la Edad de Oro de Superman, Batman, Wonder Woman y Aquaman nunca existieron y no debían utilizarse; 4) En el nuevo Universo DC, todas las historias previas, acontecimientos y personajes no existieron nunca, a menos que el guionista los recupere por alguna razón bien fundada.

Para ayudar a los lectores a “entrar” en esta nueva etapa, DC publicó la miniserie de dos números en formato prestigio “Historia del Universo DC”, escrita por Marv Wolfman y dibujada por George Perez, en la que se repasaba la secuencia de acontecimientos superheroicos desde el amanecer de los tiempos. Sus 96 páginas funcionaron, de hecho, como una suerte de epílogo a “Crisis en Tierras Infinitas”.

Con todo lo osado que pueda parecer este movimiento actualizador por parte de DC, fue menos radical que la idea que Wolfman trató de defender: destruir completamente el Universo DC al final del número 12 de “Crisis” y empezar desde cero. En vez de ello, la editorial optó por limitar los cambios. Algunos personajes, como Superman o Wonder Woman, serían renovados casi por completo, mientras que otros títulos como “The Fury of Firestorm” o “Vigilante”, sólo experimentarían pequeños cambios.

Puede que no fuera un borrón y cuenta nueva total, pero aún así DC había limpiado la casa lo suficiente como para dar cabida a nuevas ideas y oportunidades. Muchos autores entregaron propuestas para antiguos y nuevos personajes y los pasillos y despachos de la editorial hervían con planes para lanzar nuevas colecciones. Aunque muchos de aquellos proyectos jamás llegaron a la página impresa, algunos sí se presentaron a la prensa especializada como nuevos títulos de inminente aparición, por ejemplo, una serie completamente nueva de Flash, un velocista que nada
tendría que ver ni con el anterior (Barry Allen, que había muerto en “Crisis en Tierras Infinitas”) ni con otros ilustres corredores del Universo DC. Este nuevo Flash sería MacKenzie Ryan, un padre soltero que trabajaba como técnico en los Laboratorios S.T.A.R. de Metrópolis. Ryan obtendría el poder de manipular varias formas de energía, como la luz y el sonido, para derrotar a sus enemigos. El equipo creativo que se anunció para este comic fueron Marv Wolfman y Len Wein al guión y “probablemente” Chuck Patton como dibujante. A pesar del anuncio oficial, Ryan nunca llegó a ocupar el puesto de Flash que, en cambio, sería para el ya familiar entre los lectores Wally West, hasta entonces Kid Flash y miembro fundador de los Nuevos Titanes.

Otro proyecto que nunca llegó a ver la luz fue una secuela de “Crisis en Tierras Infinitas” titulada “Crisis of the Soul”, una miniserie de doce números con argumento de Paul Levitz, guión de Len Wein y arte de Jerry Ordway y Karl Kesel. Según se dijo, sería una historia de corte íntimo con
implicaciones galácticas en la que se presentaría al Corruptor, un hombre atractivo, casi un ángel con forma humana pero que en realidad sería un catalizador viviente de la maldad llegado a la Tierra para alimentarse de las almas torturadas. Las acciones del Corruptor desencadenarían una conmoción cósmica que acabaría pervirtiendo la especie humana, volviendo al hombre contra el hombre y destruyendo la sociedad. Algunos de los principales héroes de DC estarían entre las víctimas morales de esa ola de maldad. El Corruptor se aliaría entonces con el Manipulador, un capitalista que trataría de sacar provecho del caos, amplificando todavía más el terror reinante.

Se pensaba que esa saga comenzaría de forma lenta, centrándose en diferentes héroes y sus
respectivos descensos a la corrupción, para ir cobrando fuerza e intensidad hasta convertirse en un auténtico evento cósmico en el que intervendrían incluso, venidos desde el futuro, la Legión de Superhéroes. Unos seres denominados Controladores impondrían una cuarentena sobre la Tierra, separándola del resto del cosmos para evitar el contagio del Corruptor. Durante esa maxiserie Catwoman volvería al crimen; Star City quedaría destruida; el Tio Sam reuniría un nuevo equipo de Luchadores por la Libertad a partir de miembros de los Titanes, la Legión de Superhéroes, los Outsiders, la Liga de la Justicia e Infinity Inc; Creeper probaría la sangre y se transformaría en un ser diabólico; y la Liga de la Justicia –cuyo título había sido cancelado meses atrás- volvería a la palestra dando inicio a una nueva colección mensual.

Tras varios meses de preparación, el equipo editorial de DC canceló el proyecto antes siquiera de que se llegaran a dibujar algunas páginas. Aunque el artista designado para ello, Jerry Ordway, había despejado su agenda de trabajo para encargarse de “Crisis of the Soul” y había dibujado ya gran número de bocetos, nada de todo ello llegó a verse impreso. Pero sí que se aprovecharon elementos de aquella historia para lo que fue el siguiente macroevento DC: “Legends”.

Lanzada en agosto de 1986, tras la abultada lista de éxitos cosechados en los últimos meses y las expectativas puestas en “Crisis of the Soul”, la editorial acabó considerando “Legends” como una relativa decepción, una apreciación algo injusta a tenor de los macroeventos que vendrían después.

Esta miniserie de seis números nació de las discusiones de los directivos de la editorial sobre la forma de continuar el éxito de “Crisis en Tierras Infinitas”. Dick Giordano consultó con el editor Mike Gold, que había llegado a DC tras pasar varios años como presidente de First Comics, sobre la posibilidad de lanzar unas “Crisis 2”. Esta nueva miniserie no tendría necesariamente que ser una secuela directa de “Crisis”, sino que su función sería la de explorar el recién nacido Universo DC desde un ángulo diferente. Así, Gold aprovechó la idea de este evento no para contraer el Universo DC tal y como había hecho “Crisis”, sino para expandirlo. De ello se encargarían John Ostrander en la elaboración del argumento general de cada episodio; y Len Wein en la escritura del guión final. Ostrander era un recién llegado a DC, contratado junto a Mike Gold gracias a su buena labor en First Comics, bajo cuyo sello había escrito algunas de las series más interesantes del mercado independiente como “Starslayer” o “Grimjack”. Len Wein, por su parte,
era ya un veterano de la editorial y su labor consistía en asegurar que los guiones de su compañero tenían el auténtico “sabor” de DC.

En esa línea, “Legends” presentaba un variado –que no multitudinario- reparto que mezclaba a los iconos tradicionales de la casa (Superman, Batman, Wonder Woman) con otros de segunda fila que DC quería reintroducir en el nuevo Universo antes de lanzar sus propios títulos (Capitán Marvel, Flash, Dr.Fate, el Escuadrón Suicida y la Liga de la Justicia). De hecho, uno de los protagonistas de la miniserie ya había recibido su colección: el antiguo héroe de la Charlton Comics Blue Beetle, cuya cabecera, escrita por Len Wein e ilustrada por Paris Cullins, había debutado en marzo.

Darkseid, el perverso dirigente de Apokolips, teje un plan para eliminar a los superhéroes de la Tierra y la influencia inspiradora que ejercen sobre sus habitantes. Su esbirro, Glorious Gordon Godfrey, adopta la identidad de un carismático psicólogo que lanza una campaña mediática contra los superhéroes. Además y paralelamente, Darkseid coloca a sus peones superpoderosos en juego con el fin de desmoralizar y dejar fuera de circulación a algunos de los principales héroes de la Tierra. La desconfianza hacia los superhéroes se transforma primero en animadversión declarada y luego en odio irracional, provocando enfrentamientos que obligan al presidente de Estados Unidos a poner fuera de la ley a los justicieros enmascarados. Algunos obedecen el decreto presidencial, otros deciden seguir interviniendo cuando sea necesario, aunque ello implique enfrentarse a multitudes iracundas.

Mientras tanto, desde Apokolips, Darkseid contempla satisfecho lo que parece ser el camino a su
victoria. A su lado siempre está el enigmático Fantasma Desconocido, que en todo momento mantiene la fe en la Humanidad. Ambos personajes, encarnaciones del Bien y el Mal respectivamente, le dan a la narración cierto carácter de alegoría de la leyenda bíblica de Job: los humanos han de oponer su capacidad para aceptar y acoger a la figura del héroe con su inclinación a la desconfianza y el miedo.

Conforme su plan se va desarrollando, Darkseid aumenta las apuestas y envía monstruosas amenazas como Macro-man o Brimstone, que causan estragos entre los héroes. Con el mundo dirigiéndose a la anarquía y Godfrey acumulando cada vez más poder, los héroes se ven obligados a actuar, reuniéndose para impedir la conquista de la Tierra por las fuerzas del Mal.

Al final, no sólo es derrotado Godfrey, sino que el plan de Darkseid fracasa en todos sus frentes. Tras verse incapaces de derrotar al poderoso Brimstone, la Liga de la Justicia se había disuelto, pero resucita con una alineación completamente nueva para enfrentarse a Godfrey. Mientras tanto, el grupo secreto dirigido por el gobierno americano y conocido como Escuadrón Suicida, entra en acción por primera vez. Tanto el Capitán Marvel como Wonder Woman hacen su debut en la nueva continuidad DC y Wally West (que se había convertido en Flash en “Crisis”) empieza por fin a sentirse más cómodo en su nuevo papel superheroico.

“Legends” fue la confirmación y el reconocimiento por parte de DC de que el enfoque “Marvel”
de los superhéroes era el que debía prevalecer. Desde su creación en los años cuarenta, los héroes DC habían sido en buena medida intercambiables. Los editores entendían que se trataba de tebeos para niños y, por tanto, pensaban que lo que éstos deseaban era ver a su superhéroe favorito en acción, ya fuera salvando al mundo, enfrentándose al villano de turno, combatiendo alguna estúpida amenaza o compitiendo amistosamente con algún otro colega. El lado, digamos, “humano” siempre tuvo una importancia secundaria o incluso nula: las novias eran eternas; la evolución personal o profesional, inexistentes; no había drama íntimo o debilidad secreta que acercara al personaje al lector normal (no creo que la kriptonita de Superman o el color amarillo para Green Lantern acentuaran la humanidad de ambos).

Desde comienzos de los sesenta, Stan Lee cambió la aproximación a la figura superheroica. Empezó a crear personajes que tenían auténticos problemas en su vida personal, y era esto lo que los distinguía entre sí y con lo que los lectores se sentían identificados: los problemas económicos y sentimentales de Peter Parker-Spiderman; la delicada salud cardiaca de Tony Stark-Iron Man; los remordimientos por la muerte de Bucky de Steve Rogers-Capitán América, la frustración y culpabilidad de Reed Richards-Mr.Fantástico por no
poder revertir a su amigo Ben Grimm-La Cosa a su forma humana; el rechazo de la sociedad hacia los mutantes de X-Men… Los héroes seguían siéndolo, puesto que arriesgaban sus vidas desinteresadamente para ayudar a los demás, pero ya no eran perfectos. Sus identidades humanas les acarreaban tantos o más problemas que los supervillanos.

Fueron en buena medida los autores “Marvel” que empezaron a llegar a DC desde comienzos de los ochenta los que insuflaron una nueva perspectiva en aquellas colecciones de las que se ocuparon. Fue el caso, por ejemplo, de Marv Wolfman y George Pérez en “Los Nuevos Titanes”, o de Roy Thomas en “Infinity Inc”. La elección de un autor tan claramente “Marvel” como John Byrne para ocuparse del icono de la casa, Superman, era toda una declaración de principios de hacia dónde querían ir los responsables editoriales. “Legends” lo confirmó.

Así, vemos a un Flash con crisis de identidad que se siente inseguro y atrapado en un uniforme heredado de una leyenda muerta; el recto y disciplinado
coronel Rick Flagg se ve obligado a liderar una banda de criminales; Batman ha de abandonar a Robin en manos de una multitud enloquecida; Billy Batson decide abandonar su identidad heroica del Capitán Marvel al creer que ha matado a su enemigo Macro-man; Superman se pliega sumisamente a un presidente (Ronald Reagan) que le ordena que se mantenga al margen de una situación de anarquía violenta en la que su intervención podría salvar vidas; Kent Nelson permite ser poseído por el Dr.Fate, aunque ello implique renunciar a su propia identidad y poner en peligro a su pareja…Los héroes harán finalmente lo que se espera de ellos, pero no sin dudas o problemas (habrá otros, eso sí, que desde el principio tienen las cosas mucho más claras y que no se dejarán intimidar, como Guy Gardner, Blue Beetle o Canario Negro)

“Legends” fue, por tanto, una fusión de las sensibilidades de ambas editoriales: los héroes problemáticos y psicológicamente complejos de Marvel con las aspiraciones épicas e icónicas del panteón DC. La brecha entre ambas concepciones del superhéroe no tardaría en evaporarse. El mismo año en que se publicó “Legends” apareció “Batman, el Regreso del Caballero Oscuro”, de Frank Miller; y “Watchmen”, de Alan Moore y Dave Gibbons, dos obras fundacionales e inmensamente populares e influyentes. Lo que había nacido en Marvel como un interés por profundizar en la vertiente psicológica de los superhéroes acabó convertido entonces en una abierta desmitificación. Las historias se oscurecieron, los personajes se convirtieron en individuos con graves problemas mentales, el tono violento y pesimista se acentuó… eclipsando la visión aún brillante del héroe que ofrecía “Legends”.

Uno de los aciertos de Ostrander y Wein fue elegir a Darkseid como villano de la historia. Creado
por el gran Jack Kirby tras su abandono de Marvel en los setenta, Darkseid se convirtió pronto en una figura de peso en el Universo DC. Tenía la talla épica y el poder de un Galactus y la mente del Dr.Muerte para los planes maquiavélicos. Podía enfrentarse físicamente sin miedo a alguien de la talla de Superman, pero prefería operar en las sombras sirviéndose de otros seres de los que prescindía cuando le convenía.

La trama de “Legends” es sencilla, pero está narrada con un ritmo excelente y todos sus protagonistas tienen su momento para brillar. Es cierto, no obstante, que adolece de cohesión general. Por ejemplo, la creación de la Liga de la Justicia al final de la historia resulta repentina, como si en lugar de haber sido algo preparado desde el comienzo por los guionistas se hubiera dejado caer rápidamente antes de rematar la miniserie y poder así lanzar inmediatamente la colección regular. Asimismo, tocar temas adultos como son la manipulación mediática o el significado del heroísmo en la sociedad contemporánea no parece casar demasiado bien con una resolución infantil en la que los niños rodean a los héroes para protegerlos de sus enfurecidos padres y demostrando así que son ellos los que verdaderamente comprenden el papel de los superhéroes (¿es acaso un reconocimiento explícito de que el género es en realidad una forma de entretenimiento netamente infantil?). Hay algún que otro fallo de bulto, como que a Batman se le pueda noquear con un simple bote de perfume estrellado contra su cara o que deje a
Robin en manos de una multitud enfurecida para que reciba una paliza y que, cuando éste acabe en el hospital, se eche a sí mismo la culpa; o que las autoridades dejen campar a sus anchas a alguien que predica públicamente el odio y la violencia, como G.Gordon Godfrey…

Todos ellos parecen problemas propios de un proyecto en el que metió mano demasiada gente. El propio Byrne reconoció que rechazó el primer borrador que se le presentó por considerarlo flojo –y dado que él mismo era ya un guionista muy competente, tendría buenas razones para ello- y sólo aceptó dibujarlo si era reescrito completamente según sus directrices. Además, una vez se puso manos a la obra, los guionistas sufrieron continuas interferencias por parte de los editores a cargo de los diferentes personajes, que querían introducir cambios en ellos para orientar de tal o cual forma las futuras colecciones.

La primera elección para encargarse del dibujo de la serie fue Jerry Ordway, quien no sólo había
participado en “Crisis en Tierras Infinitas” sino que, como vimos al principio, había sido el artista seleccionado para la frustrada “Crisis of the Soul”. Sin embargo, para entonces y una vez se canceló esa miniserie, Ordway se hallaba demasiado ocupado dibujando “Los Cuatro Fantásticos” para Marvel. La segunda opción fue, a sugerencia de Dick Giordano, John Byrne, con quien él mismo había colaborado en la muy exitosa “Man of Steel” unos meses atrás.

Byrne era por entonces el artista más popular del mundo del comic book y uno de los más prolíficos. Había comenzado su carrera en Marvel, ofreciendo junto a Chris Claremont lo que hoy sigue siendo indiscutiblemente una de las mejores etapas de los “X-Men”. Su trabajo como autor completo en “Los Cuatro Fantásticos” demostró su capacidad como autor completo, remozando la serie y actualizando de forma impecable toda su particular mitología. Cuando dio el salto a DC para modernizar “Superman”, se
llevó a muchos fans con él. Que se le propusiera ilustrar “Legends”, la miniserie que iba a servir para asentar las bases del nuevo Universo DC, fue por tanto una decisión lógica, un proyecto en el que estuvo acompañado por el entintador Karl Kesel, que comprendía, respetaba y realzaba sus lápices.

John Byrne volvió a demostrar su extraordinaria capacidad como narrador. Maneja bien los tiempos y las composiciones, plasma bien tanto las escenas de acción trepidante como en las que sólo hay dos personajes conversando tranquilamente, sabe subrayar tanto los momentos dramáticos como los cómicos y, como de costumbre, dota a cada personaje de su propia personalidad. Byrne se permite incluso cierto grado de experimentación formal, como la narración simultánea en dos niveles en cada página del número 3, o varias planchas del número 6, con composiciones y número de viñetas poco habituales. También encontramos aquí su particular revancha contra Jim Shooter, el editor en jefe de Marvel con quien mantuvo amargas discusiones y que motivó su marcha de la compañía: en el nº 5 presenta al villano Sunspot, cuyo aspecto físico y grandilocuentes líneas de diálogo (haciendo referencia al fallido Nuevo Universo de Marvel) remiten claramente a Shooter.

No es el único guiño-parodia-referencia incluido en la historia. En la página tres del primer número por ejemplo, vemos a Darkseid aplastando una figurita del Capitán Marvel, una especie de juguete de acción que refleja el creciente nivel de corporativismo empresarial que habían alcanzado los comic-books (merchandising, licencias a otros medios, lanzamiento de personajes –como Dazzler- destinados desde el principio a protagonizar películas y grabar discos, etc) y que, en último término, había sido una de las razones que habían llevado a Byrne a abandonar Marvel. En la página 19 del número tres, el padre de familia que arroja la figura de Superman de su hijo al fuego tiene cierto parecido con un Stan Lee más joven, quizá una referencia de Len Wein a la falta de apoyo que recibió del famoso editor de Marvel y que lo llevó a marcharse a DC.

No todo es perfecto, sin embargo: se aprecia una clara disminución en la elaboración de fondos y detalles conforme avanza la miniserie hasta el punto de que en el número 6 muchos personajes parecen evolucionar en el vacío. Ello fue sin duda debido a las prisas con las que debió trabajar Byrne, muy ocupado en ese momento escribiendo y dibujando dos series de Superman. En cualquier caso, el dibujo ha aguantado muy bien el paso del tiempo y sigue perteneciendo a la mejor época de Byrne.

Como gran evento que fue, la historia principal, se extendió y afectó hasta a 22 colecciones y
miniseries de la editorial. Varias de sus páginas están pensadas para enlazar con las historias en curso de otras colecciones y crear subtramas que se alejan de la narración principal. Éstas, sin embargo, son limitadas (especialmente comparadas con el siguiente gran crossover de DC, “Millennium”) y no distraen del núcleo de la miniserie en sí, que puede disfrutarse y entenderse sin necesidad de bucear en los spin-offs. Ello no solamente es muy de agradecer desde el punto de vista económico sino que ha contribuido a que “Legends” no haya envejecido tan mal como otros megaeventos que vinieron después.

“Legends”, como ya he mencionado, consolidó el nuevo universo DC y abrió las puertas a las colecciones de varios de los personajes que aparecían en ella. Así, se recuperó el Escuadrón
Suicida, un grupo de finales de los cincuenta, reintroduciéndolo modernizado y estableciendo como su líder a la imponente Amanda Waller, una especie de “Nick Furia” femenina, negra y obesa. John Ostrander escribiría su propia colección, que comenzó en mayo de 1987. “Flash” también inició aquí su nueva e interesante serie regular, guionizada por Mike Baron. Keith Giffen y J.M.DeMatteis lanzaron al estrellato la nueva Liga de la Justicia, cuya formación tenía lugar al final de “Legends”. El Capitán Marvel también tuvo aquí su nuevo arranque, convirtiéndose primero en miembro de la Liga de la Justicia y luego disfrutando de su propia miniserie escrita por Roy y Dann Thomas en la que se modificaba su origen.

Aunque en su momento no consiguió capturar la pasión de los aficionados de la misma forma que había hecho “Crisis en Tierras Infinitas”, “Legends” ha aguantado muy bien el paso del tiempo y sigue siendo una historia que no sólo plantea temas interesantes, sino que todavía sirve a los lectores neófitos como introducción al Universo clásico de DC.

1 comentario:

  1. El cómic va de más a menos para acabar siendo una mediocridad. Como dices está inmerso en una época en que las editoriales reflexionan sobre los superhéroes. Es el final del 2º mandato de Reagan. El tema es que por su nacionalismo y agresividad había contaminado al héroe estadounidense. De la misma época en Marvel tenemos la maxi de El Escuadrón Supremo, mil veces mejor que esta. Este es un cómic muy ochentero: bien hecho a partir de una buena idea pero resuelto de forma mediocre y pueril. Opino.

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