30 may. 2016

1985- HULKA – John Byrne



Hulka fue un personaje creado por Stan Lee para adelantarse a los productores de la serie televisiva de Hulk, ya que había rumores de que éstos pensaban presentar a una especie de versión femenina de la que Marvel no tendría los derechos (el origen de Spiderwoman también respondió a la misma preocupación). El personaje debutó así, a finales de 1979, en el primer número de su propia colección, dibujado por John Buscema. En él se contaba cómo un fugitivo Bruce Banner encontraba refugio en casa de su prima, Jennifer Walters, una abogada de Los Ángeles. Cuando unos gangsters tratan de asesinarla para evitar que participe en un juicio, Banner no tiene más remedio que transfundirle su propia sangre…con los esperados resultados. Pero a diferencia de su primo, controlaba el cambio entre su estado humano y “verde”, conservando además su intelecto. Este arranque obtuvo una tibia acogida pero, aún así, la colección se las arregló para sobrevivir todavía un par de años –escrita principalmente por David Anthony Kraft- antes de ser cancelada tras una veintena de números sin que para entonces a nadie le importara demasiado su desaparición.



Hulka pasaría luego a formar parte de los Vengadores durante la etapa de Roger Stern como guionista, revelando el verdadero potencial del personaje al convertirla en una mujer extrovertida que en lugar de ver su identidad de gigante verde femenino como una maldición, disfrutaba de sus poderes y las aventuras en las que le permitían participar. Al final de la miniserie de “Secret Wars”, Ben Grimm -La Cosa de los Cuatro Fantásticos- decidió abandonar el grupo para “encontrarse a sí mismo” y el autor de la colección, John Byrne, recurrió a Hulka como reemplazo de aquél a partir del número 265, un papel que desempeñaría a la perfección hasta el retorno de Grimm en el 296 con motivo del vigésimo quinto aniversario del equipo.

El cariño que Byrne sentía por el personaje resultaba más que evidente en “Los Cuatro Fantásticos” y fue él quien consolidó definitivamente la moderna encarnación de Hulka. Desechó definitivamente la angustia existencial que destilaba la versión original y la convirtió en una mujer liberada, dinámica, temperamental y con sentido del humor que despreciaba su alter-ego femenino y carecía de complejos a la hora de exhibir su espectacular físico verde. Tanta afinidad sentía por ella que propuso a Marvel escribir y dibujar una aventura suya en solitario que se publicaría dentro de la línea de Novelas Gráficas. Su proyecto fue aceptado y apareció como nº 18 de esa serie.

Cuando Marvel lanzó inicialmente su colección de Novelas Gráficas a principios de los años ochenta se pretendió que sirviera de plataforma para historias más adultas que las que podían encontrarse en el habitual comic-book superheroico. Sin embargo, el miedo a la controversia, el talante conservador y la falta de material para atender el calendario de publicación acabaron haciendo que muchos de los álbumes no fueran sino versiones alargadas –y no siempre con mejor factura- de los comics de las series regulares (el volumen dedicado a “Los Nuevos Mutantes”, por ejemplo, no fue más que la recopilación de los dos primeros números que debían constituir el arranque de la nueva colección mensual de esos personajes). Byrne quiso que su novela gráfica de Hulka se ajustara al ideario original de la colección y que contuviera material adulto. Que fuera lo adecuado para la historia que tenía en mente ya es otra cuestión.

En el momento de arrancar la historia y en el ámbito de la continuidad Marvel , Bruce Banner,
alias Hulk, había vuelto a perder el control sobre su forma monstruosa y tras destrozar parte de Nueva York –y matar a quién sabe cuánta gente aun cuando esa parte no se mostró- el Doctor Extraño lo exiliaba a una encrucijada dimensional fuera del Tiempo y el Espacio. Estos sucesos llevan al gobierno de los Estados Unidos a reconsiderar el riesgo que suponen los superhombres, especialmente los de piel verde alimentados con radiación gamma.

En el comienzo de la novela gráfica, Nick Furia recibe una siniestra llamada de sus superiores ordenándole encontrar y capturar a Hulka. Las órdenes vienen nada menos que del “Comandante en Jefe”, que por entonces era Ronald Reagan. Furia objeta, argumentando que ella es una ciudadana inocente de crimen alguno, que arrestarla atenta contra sus derechos civiles y que Reed Richards, quizá el mejor cerebro del planeta, no habría dejado unirse a Hulka a los 4F si tuviera alguna duda al respecto. Pero el gobierno insiste y entonces, en lugar de dimitir o insubordinarse, de forma tan inesperada como sorprendente, Furia escurre el bulto diciendo que se toma las vacaciones que se le deben para no participar en una caza de brujas contra alguien que sabe que es una heroína. Para colmo, le deja semejante patata caliente a su subordinado y amigo, Dum Dum Dugan.

La escena cambia a continuación a Hulka que, sintiéndose algo deprimida, decide pasar una noche de fiesta con su novio, Wyat Wingfoot. Éste había sido un personaje creado en 1966 por Stan Lee y Jack Kirby para el nº 50 de Los Cuatro Fantásticos. Heredero de la jefatura de una tribu india de Oklahoma y excelente atleta, Wingfoot había sido aliado circunstancial y amigo del cuarteto durante muchos años. Byrne lo convirtió en compañero sentimental de Hulka y su relación fue una de las mejores ideas que tuvo durante su etapa en la colección. Ambos eran muy diferentes (Hulka, impetuosa y apasionada; Wyatt sereno y reflexivo) pero hacían buena pareja. Además, su relación invertía los tradicionales papeles del varonil héroe y su eterna novia: el masculino y atlético Wyatt se convertía en la “Lois Lane” de Hulka –aunque ni mucho menos estaba tan indefenso-.

En los últimos tiempos hemos visto sobre todo a SHIELD como una organización corrupta
(especialmente bajo la dirección de Norman Osborn y Tony Stark, así como en el cinematográfico “Capitán América: Soldado de Invierno”), pero es en esta novela gráfica cuando por primera vez se muestra que la agencia es algo más que un grupo de heroicos superespías equipados con tecnología ultramoderna en perpetua lucha contra el mal. Los agentes que acuden a secuestrar a Hulka no sólo actúan de forma violenta, sino que carecen de consideración alguna por los viandantes.

Hulka y Wyatt son transportados forzosamente al helitransporte de SHIELD junto a un grupo de transeúntes. Allí, la heroína verde es sometida a numerosas indignidades y abusos mientras su novio y el resto de civiles son mantenidos como rehenes que garanticen su sumisión. Pero sin que nadie se dé cuenta, uno de esos civiles escapa, resultando ser un zombi portador de cucarachas inteligentes que intentan derribar el enorme vehículo sobre la ciudad como declaración de guerra contra la Humanidad.

Como he dicho al principio, Byrne pretendió con esta novela gráfica ofrecer una historia de corte más adulto al que le estaba permitido en sus “Cuatro Fantásticos”. El problema es que no supo cómo hacerlo y tomó las decisiones equivocadas.

En primer lugar, el subargumento acerca de la corrupción en el seno de SHIELD podría haber dotado a la historia de mayor densidad, pero está abordado de una forma tan superficial y ridículamente exagerada que resulta increíble (el mismo tema volvería a tratarse unos años después en la maxiserie “Nick Furia contra SHIELD en el que se revelaba que el consejo rector de la organización estaba compuesto de alienígenas que se habían dedicado a reemplazar a los agentes por autómatas a su servicio, lo que tampoco parecía un intento serio de enfocar la cuestión). El teniente Dooley, símbolo aquí del arribismo y el abuso de poder, consigue ponerse al mando de forma totalmente irregular, humilla a Hulka forzándola a desnudarse en público y luego a someterse a tortura bajo la forma de examen médico –también sin ropa-. Aún peor, no duda en amenazar con asesinar a civiles inocentes –como Wyat Wingfoot- si ella no se aviene a colaborar. Byrne tenía buenas intenciones al tratar de escenificar que el poder corrompe incluso a instituciones como SHIELD, que todo es más oscuro de lo que parece a simple vista; pero Dooley, con sus cicatrices faciales,
sus rictus y su obvia maldad, resulta un personaje tan forzado que roza la caricatura. Y, para colmo, nadie en SHIELD aparte de Dum Dum Duggan parece sorprenderse, escandalizarse o cuestionar los evidentes atropellos en los que están participando.

Por otra parte, para subrayar su argumento, Byrne decide socavar las bases de personajes ya bien establecidos. Resulta chocante que tras años viendo cómo Nick Furia convertía SHIELD en una eficiente agencia de primer orden en la lucha contra el crimen, nos digan ahora no sólo que sus filas están repletas de cretinos, matones e incompetentes, sino que cuando las cosas no van como a él le gustan, elude su responsabilidad y lo deja todo en manos de ellos. ¿Desde cuándo es un desertor¿ ¿No resultaría más razonable ocuparse personalmente del asunto para asegurarse de que, al menos, no se cometen más abusos de los necesarios? ¿O trasladarse al Edificio Baxter, explicar a los 4F las preocupaciones del gobierno y pedirle a Hulka que acudiera voluntariamente a los exámenes para demostrar que no constituye una amenaza? Tampoco parece que la Hulka
que habíamos visto en Marvel hasta ese momento se prestaría de grado a semejantes abusos. Las razones que se aducen para ello son poco convincentes.

Y luego está el recurso a la sexualidad con la infantil pretensión de convertir un comic en “adulto”, algo que pasa por “desnudar” a la protagonista en dos ocasiones. ¿Alguien puede imaginarse este tipo de escenas protagonizadas por un famoso superhéroe masculino? El propio Byrne no tardaría en hacerse cargo del guión y dibujo de “Superman”. Seguro que jamás pasó por su cabeza que Lex Luthor, Brainiac o alguna malvada villana femenina humillara al Hombre de Acero desnudándolo en público y sometiéndolo a un dudoso examen médico. En cambio, no hay problema en degradar a Hulka de esta forma.

Puede que, aunque en realidad nunca se llegue a ver un auténtico desnudo, ese tipo de sexualidad machista resultara demasiado explícita para los comic-books de la época. Pero hoy parece una inclusión innecesaria que va contra la esencia del personaje y que, además, se antoja inmadura. En pocos años, la sensibilidad de autores, editores y lectores iba a cambiar mucho y este tipo de
cosas ya no escandalizarían a nadie; pero, por desgracia, los creadores seguirían limitándose a alimentar las hormonas de los lectores mediante la exhibición de los cuerpos hipersexuados de las heroínas ataviados con unos inverosímiles uniformes que dejaban poco a la imaginación.

En cambio, paradójicamente, la escena que sí podía haber dado un toque adulto a la historia fue censurada por el editor Jim Shooter. En la última página del álbum se veía a Hulka y Wyatt desnudos en la cama –si bien sus partes pudendas quedaban convenientemente ocultas por las sábanas- tras haber hecho el amor. Era una escena cotidiana dentro de una relación de pareja sana, ejecutada con buen gusto y sin ánimo de provocar. Shooter obligó a Byrne a redibujar la plancha, haciendo que mostrara a Wyatt haciendo un mucho menos polémico masaje a su novia –en una camilla profesional y no en la cama, por si quedaba alguna duda-.

En resumen, que Marvel rechazó una escena de sexo consentido entre dos personas enamoradas mientras que no tuvo problemas en admitir que Hulka fuera obligada a desnudarse repetidamente mientras unos extraños la miraban babeantes o la sometían a humillantes exámenes físicos. Si esto no ejemplifica la hipócrita moral de los responsables editoriales –y, probablemente, la de los lectores a los que iba dirigido este material- no sé qué puede hacerlo.

Y, por último, tenemos el absurdo recurso de las cucarachas inteligentes, otro de los lastres que impiden que esta novela gráfica pueda ser considerada “para adultos”. No se explica de dónde salen, si hay más de las que aparecen en la historia y qué pretendían exactamente, por lo que sólo cabe calificarlo de torpe excusa para desatar la acción frenética de las treinta páginas finales. Tampoco se nos dice cómo consigue Dooley ponerse al frente de SHIELD con semejante facilidad, ni por qué esa agencia parece perder todo el interés en Hulka tras los acontecimientos que se narran. Tampoco los abusos perpetrados contra ella parecen tener consecuencia alguna (podría pensarse que los Cuatro Fantásticos o sus excompañeros Vengadores podrían molestarse mucho por lo sucedido…¿dónde está el Capitán América cuando se le necesita?) En resumen, que se trata de un comic con un argumento insustancial creado para servir de exclusivo lucimiento a Hulka y su espectacular físico.

No quiero terminar este análisis de la historia solo con comentarios negativos. La trama se
desarrolla con buen ritmo, hay mucha acción, momentos espectaculares y, en general y a pesar de lo dicho, la lectura resulta entretenida. A pesar de que Byrne, como dije más arriba, “doma” excesiva e inadecuadamente a Hulka cuando le conviene, las primeras páginas son un ejemplo de caracterización adulta y sensible. La relación que mantiene con Wyatt Wingfoot, también lo apunté antes, resulta madura y verosímil.

Pero, sobre todo, resulta refrescante leer sobre un héroe Marvel libre de angustias, complejos, remordimientos o quejas sobre la responsabilidad que le otorgan sus poderes, una marca de la casa de la que Stern primero y Byrne después eximieron a Hulka. Ésta es extrovertida, divertida, sexualmente liberada, libre de todo tipo de complejos y que disfruta de sus poderes y su fenomenal aspecto. En este sentido, la penúltima página del álbum resulta reveladora: tras finalizar la aventura, Reed Richards realiza un examen médico a Hulka –esta vez vestida- y le comunica con aire apesadumbrado que su exposición al núcleo de un reactor atómico ha provocado cambios en su organismo que le impedirán transformarse en “humana”, debiendo permanecer para siempre en su forma verde. La respuesta de Hulka es simplemente: “Bueno, ¿y cuáles son las malas
noticias?”. (por desgracia, la manía de Marvel por la retrocontinuidad establecería que ese bloqueo era sólo psicológico, dejando a Richards por un incompetente).

Byrne aprovechó el formato del que disponía –mayor número de páginas, papel de mejor calidad- para ofrecer una narración algo más atrevida que la habitual en los comic-books mensuales. Así, encontramos un par de espectaculares dobles páginas mostrando al helitransporte, páginas-viñeta, composiciones de página en las que se rompen e inclinan las viñetas para expresar movimiento y un uso del color –aplicado por Petra Scotese- con mayor intensidad dramática, si bien adolece de tonos algo chillones y unas gradaciones un tanto extrañas. Siendo autor completo, Byrne no necesitaba reafirmar ante el lector su faceta de guionista y, por tanto, decide prescindir de la innecesaria prosa de los textos de apoyo, dándole así más protagonismo al dibujo y a la técnica narrativa. A ello responde también la eliminación de la mayoría de las onomatopeyas, por considerar que su dibujo ya contenía suficiente energía visual y no necesitaba apoyos gráficos adicionales para expresar golpes, choques o explosiones.

Esta novela gráfica no ha envejecido tan bien como otros volúmenes de su colección dedicados a
los superhéroes (por ejemplo, “La Muerte del Capitán Marvel”, “X-Men: Dios Ama, el Hombre Mata” o “Daredevil: Amor y Guerra”) y probablemente hubiera bastado con haberla publicado como un simple anual de los Cuatro Fantásticos. Con todo y con ello, puede recomendarse a los amantes del género de superhéroes en base al carisma de su protagonista, su relación con Wyatt, un ritmo dinámico que mitiga en parte el argumento implausible y mal concebido, y un dibujo atractivo de un Byrne todavía en su mejor época.


2 comentarios:

  1. Esta no la pillé en su momento y por eso no la he leído. La busco pero no es nada fácil si no la quieres dividida en grapas. En fin, lo que quiero decir es que no me esperaba que fuese como cuentas. Byrne siempre trató de romper la mojigatería de los superhéroes pero se ve que muy moderno no era. Se ve que el tema era que no veía razón por la cual los superhéroes no podían explotar el cuerpo de la mujer tal y como hacía el cine comercial de los 80 estadounidense dirigido al mismo target. Me la leeré antes de seguir buscándola porque la pintas mala, mala.

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  2. Yo no diría que es un mal comic. Solo que no cumple con las expectativas de comic adulto que supuestamente tenía. La historia, con sus fallos e incoherencias -lo cual es, por otra parte, bastante corriente entre los comics de superhéroes- está bien narrada y el dibujo está bien. No es lo mejor de Byrne, pero aún así le saca ventaja a mucha morralla de la que publicaba por entonces -y que se publica ahora-. Un saludo

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