13 abr. 2016

1983-THOR - Walter Simonson (2)


(Viene de la entrada anterior)

También en el aspecto puramente narrativo cabe destacar el truco que Simonson –o quizá fuera su rotulista John Workman- utilizó para facilitar la integración de dibujo y texto en la lectura. Muchos son los que leen los comics prestando atención a los textos y mirando sólo de pasada los dibujos. Simonson solucionó ese problema colocando globos de diálogo en la parte inferior de las viñetas, a menudo conectando los de un cuadro con los del siguiente. Para que la lectura tuviera sentido, era necesario no sólo leer el texto que pudiera estar situado en el extremo superior sino deslizar la mirada por el dibujo hasta los textos inferiores.


Los números 341 a 343 narrarían la batalla de Thor contra el dragón gigante Fafnir, llegado a la Tierra –concretamente al Bronx neoyorquino- en un arco argumental que se “inspira” claramente en Godzilla. Támbién ofrece un avance del tipo de destrucción masiva y enfrentamientos épicos a gran escala a los que Simonson recurriría varias veces más durante su estancia en la colección. En esta aventura, un superviviente vikingo de una tribu perdida, Eilif, se uniría a Thor para derrotar a Fafnir.

Otro de los propósitos –y aciertos- de Simonson fue otorgar un papel importante a los personajes secundarios, particularmente los asgardianos. En esta ocasión conocemos a Lorelei, la hermana menor de Amora la Encantadora –y cuyo aspecto físico se inspiraba en Deborah Harry, la sexy cantante del grupo pop Blondie-. La bella “joven” se convertía en el centro de un subargumento en el que asumía la
identidad humana de Melodi, se las arreglaba para conocer a Thor y lo engañaba para beber una poción de amor que subyugaba al dios del trueno y le obligaba a cumplir sus deseos. Este asunto se prolongaría durante bastantes números, dando lugar a su vez a conflictos con otros personajes. Fue el intento de Simonson de plasmar a través de Lorelei lo que en su opinión debería haber sido el personaje de su hermana, la Encantadora, demasiado manoseado ya por multitud de autores, y darle un aire fresco, menos perverso e incluso teñido de cierta inocencia juguetona.

Entre los números 344 y 348 se desarrolla la saga de Malekith y el Cofre de los Antiguos Inviernos. Lo primero que hace Simonson una vez bien asentado en la colección y dispuesto a cortar las ataduras con el pasado, es darle otra identidad humana a Thor. Así, eliminó tanto a Donald Blake, el débil alter-ego de Thor en la Tierra, como a su interés romántico, Jane Foster. Simonson consideraba que ambos eran personajes aburridos y con escaso potencial. Dado que la identidad de Blake había sido un castigo de Odín para que Thor aprendiera humildad y que esta lección había sido más que superada tras enfrentarse a Bill Rayos Beta ya no había razón para mantener aquélla.

En cualquier caso, el hechizo que permitía a Thor transformarse en Blake y viceversa fue
transferido a Bill, así que, puesto que el dios asgardiano ya no podía ocultar su espectacular físico a los humanos a los que había jurado proteger, era necesario otorgarle otra identidad. Simonson tomó una decisión arriesgada que no me parece del todo certera: su nueva personalidad humana sería la de Sigurd Jarlson, que mantenía el cuerpo y aspecto de Thor y al que Nick Furia consigue colocar como peón en unas obras. Y digo que no me parece atinada porque resulta poco verosímil –incluso para el universo Marvel- que alguien de físico tan llamativo y conocido como Thor pudiera pasar desapercibido en Nueva York recogiéndose el pelo con una coleta y poniéndose unas simples gafas. El propio Simonson debía ser consciente de ello, porque en un momento dado hace que Sigurd se tropiece con Clark Kent, sobre el cual siempre han recaído las mofas acerca de que nadie sea capaz de identificar a Superman tras unas gafas y un sombrero.

Mientras tanto, en Asgard, Odín ordena a Balder que le entregue un mensaje a Loki, con quien terminará luchando. Balder, el eterno segundón, será otro de los personajes importantes de la serie, rivalizando en protagonismo con el propio Thor. Antaño uno de los guerreros más grandes de Asgard, ahora lo encontramos llevando una vida pacífica. Como su contrapartida mitológica, el Balder del Universo Marvel murió una vez y fue enviado a Hel, donde hubo de enfrentarse a todos aquellos que había matado a lo largo de su vida. No sólo eso: para regresar al mundo de los vivos, hubo de “matarlos” otra vez, una experiencia traumática que le llevó a abandonar la espada y jurar no blandirla nunca más.

Simonson empezó exagerando sus características ya establecidas con anterioridad, convirtiéndolo en un individuo depresivo que ha engordado veinte kilos y dejado de ser la encarnación de las mejores virtudes del guerrero asgardiano. La misión encomendada por Odín será para él una suerte de cura a través del sufrimiento, las pruebas y los peligros que le devolverán su antigua figura esbelta y la confianza en sí mismo. Este viaje también reactivará su irregular y difícil relación con la reina Karnilla,
bella, inteligente y maquiavélica enemiga de Asgard a quien Balder tratará de redimir ganándola para su causa. Su peso en la colección no hará sino aumentar conforme avanzan los números e incluso llegará a protagonizar, como veremos, una miniserie inscribible en la continuidad regular de la serie.

Reaparece también un antiguo villano de la colección, el elfo oscuro Malekith, gobernante del reino de Svartalfheim, quien le da al número 345 un tono de fantasía inusualmente oscura y violenta. Este villano, aliado con Surtur, pone en marcha un plan que comienza con el asesinato de varios humanos relacionados con un objeto mágico cuya posesión él anhela: el Cofre de los Antiguos Inviernos, que pretende utilizar para desencadenar terribles tormentas de nieve que asolen la Tierra. Un hombre llamado Eric Willis y, más adelante, su hijo Roger, han actuado como los guardianes del Cofre, una responsabilidad a cambio de la cual reciben el don de no envejecer. Tras la muerte de Eric, Thor y Roger se dirigen a una desierta región de Inglaterra para rescatar a Melodi-Lorelei, que había sido secuestrada por Malekith para atraer al asgardiano.

Mientras esa peligrosa situación absorbe toda la atención de Thor, sobre Asgard también se cierne una sombra. Odín revela que necesita a todos los guerreros reunidos y prestos para la guerra, una guerra que los enfrentará a una misteriosa figura que Simonson había ido mostrando a lo largo de los primeros doce números, un ser de inmenso poder que forjaba una espada cósmica. Éste resulta ser Surtur, a quien Odín y sus hermanos habían derrotado milenios atrás y que según las profecías traerá consigo la destrucción completa de Asgard. Odín aparece aquí retratado como un gran líder tanto en tiempos de paz como en plena batalla: sabio, conocedor de secretos ancestrales y manipulador de sus súbditos en aras del bien común.

Al final del nº 347, ambas líneas argumentales se fusionan. Malekith se prepara para abrir el Cofre mientras el ejército de Surtur se apresta a atacar Midgard. Aunque en el episodio siguiente Thor y Roger consiguen derrotar al elfo oscuro, sus esfuerzos son ya en
vano: las hordas de Surtur llegan a la Tierra mientras el propio demonio entra en Asgard.

La primera gran saga de la serie, “La Balada de Bill Rayos Beta”, había servido de introducción a lo que Simonson quería hacer con el personaje, pero fue la titulada “Ragnarok & Roll”, entre los números 349 a 353, la más épica de todas las historias escritas por el autor durante su estancia en la colección. El propio Simonson ha afirmado repetidas veces que Thor fue su primer “amor” en los comics, la colección que le unió al medio y para la que, además y antes de comenzar su carrera profesional propiamente dicha, imaginó y dibujó parte de un posible Anual que prefiguraba la Guerra de Surtur, pero que abandonó consciente de que se trataba de un material para el que sus habilidades artísticas no estaban aún a la altura. Quince años después, había llegado el momento de recuperar la idea y darle forma definitiva.

A estas alturas, Simonson ya había demostrado su pericia a la hora de ir acumulando suspense número tras número, mes tras mes, planteando y resolviendo tramas al tiempo que insertaba recordatorios de la amenaza que iba cerniéndose
sobre Asgard. Así, ya desde la primera página se fue mostrando parcialmente o entre sombras, la figura de Surtur forjando su espada y aprestando sus huestes. Simonson mantuvo esta tensión durante meses en una época anterior a la explosión del mercado de recopilaciones y los largos arcos argumentales. Para cuando Thor vio a Surtur por primera vez, los lectores ya eran perfectamente conscientes de que el Gigante de Fuego iba a suponer un colosal desafío.

El primer episodio de la saga servía como preludio de la guerra y se presentaba como un flashback al que Odín recurría para ilustrar a Thor y Balder acerca de la inmensidad del desafío que debían enfrentar. Odín ya había luchado contra Surtur en el pasado y sólo consiguió vencerlo a costa de sacrificar las vidas de sus hermanos. Es un capítulo tan épico como emotivo y que sirve para acumular aún más tensión de cara a la guerra que, por fin, estalla en el 350.

La invasión de la Tierra por parte de una horda de demonios era algo de suficiente envergadura como para que Simonson pudiera introducir a otros héroes del universo Marvel que lucharan codo con codo con el panteón asgardiano y Bill Rayos
Beta (aquellos meses otras colecciones se hicieron eco de estos acontecimientos, reconociendo la épica de la historia narrada por Simonson). Supuestamente la invasión tenía diversas cabezas de puente, pero las escenas de acción sólo muestran Nueva York -¡cómo no!- y el desierto africano. La apurada batalla se prolongó varios números, extendiéndose bastante más allá de su inicialmente planeada conclusión en el 350. En este escenario brillará especialmente Sif, la eterna segundona en el corazón de Thor y que ahora adquirirá una nueva dimensión –y aspecto, inspirado en Sigourney Weaver- al transformarla en amante de Bill Rayos Beta y feroz guerrera en la lucha contra las legiones de Surtur.

Simonson fusiona con acierto el mundo moderno con la mitología nórdica, mostrando espectaculares imágenes de los ejércitos asgardiano y norteamericano luchando junto a los Vengadores y los Cuatro Fantásticos contra hordas
demoniacas que evolucionan entre los rascacielos de Nueva York. Cuando Surtur incendia la ciudad, Thor convoca lluvia para extinguir las llamas pero al cesar la tormenta aparece un arco iris. Como el puente que une la dimensión terrestre con Asgard es el Bifrost, el Puente del Arco Iris, el dios del trueno señala involuntariamente a Surtur el camino a su hogar. Cuando el Gigante de Fuego llega a Asgard, destruye el Bifrost haciendo que del cielo de la Tierra lluevan pedazos de brillantes colores. Son detalles como estos los que añadieron un sabor fantástico, mítico, a lo que esencialmente era un comic de superhéroes.

Así, mientras el ejército de Surtur mantenía ocupados a los guerreros asgardianos en la Tierra, el propio demonio llegaba a las puertas de una Asgard desierta dispuesto a sumergir su espada en la Llama Eterna que se custodia en el corazón de la ciudad y luego usarla para incinerar los Nueve Mundos. Sólo Odín le esperaba para hacerle frente tras haberse despedido emotivamente de su esposa Frigga, quien se marchó con los niños de la ciudad para llevarlos a lugar seguro.

La derrota de Surtur se consiguió gracias a una ayuda inesperada: la de Loki. Después de que
Thor se uniera a su padre en la batalla contra el formidable adversario, ambos fueron barridos por el poder del demonio, lo que dejó a Loki temporalmente solo contra el Gigante de Fuego. Sin embargo, su astucia le hizo ganar un tiempo precioso al esconder con sus poderes la espada Crepúsculo codiciada por Surtur y permitir así que Thor y Odín se recuperaran y volvieran a plantar cara, ahora ya junto a Loki, al destructor de Asgard. Antes de Simonson, los seguidores del héroe jamás habrían creído posible que el padre y los hijos pudieran unir fuerzas y, además, en una escena que combinaba el dramatismo épico con el humor: “Por Asgard”, grita Odin, “Por Midgard”, grita Thor; “Por mí mismo”, grita Loki.

El tratamiento de Loki a lo largo de toda su etapa fue otro de los aciertos de Simonson. Es un dios de Asgard con un poder inmenso –aunque no en forma de fuerza bruta, como Thor- y un valor notable que sólo muestra cuando es necesario, por
ejemplo, en la defensa de Asgard. Ahora bien, sus motivaciones son completamente egoístas. No siente un aprecio especial por su hogar, sus parientes o sus compatriotas y lo único que le importa es, primero su supervivencia y después el poder –o, también, la diversión, lo que se traduce en la elaboración de maquiavélicos y perversos planes-. Loki será una figura central en las historias escritas por Simonson, siempre ocupado maquinando planes contra su hermano que tardaban meses en fructificar.

Finalmente, el trío de dioses tuvo éxito en su desesperada resistencia y Surtur fue rechazado, pero no sin que Odín desapareciera junto a él tragado por el abismo de Muspelheim. Mientras tanto, los esfuerzos de los Vengadores y las fuerzas asgardianas lideradas por Bill Rayos Beta y Sif consiguen rechazar las hordas de Surtur. Se ha especulado con que esta idea del ataque masivo de fuerzas extraterrestres contra Nueva York con sólo los Vengadores para hacerles frente fue reconvertida por Joss Whedon para el guión de su primera película de Los Vengadores. Desde luego, las coincidencias son notables.

Los siguientes dos números, 354 y 355, fueron una especie de epílogo a la Guerra de Surtur;
aunque, en realidad, no sería desatinado decir que dos tercios del trabajo restante de Simonson en la colección se alimentaron en mayor o menor medida de las consecuencias de ese conflicto. El problema más inmediato para Thor fue enfrentarse al vacío dejado por la aparente muerte de Odín. Hela, la diosa de la muerte, salió de sus dominios en Hel para reclamar el alma del padre de los dioses y terminó enzarzada en un combate con Thor. Su derrota no le impedirá convertirse en una de las peores enemigas del dios del trueno y en el futuro inmediato le causará graves problemas.

El siguiente número, el 355, supone una suerte de alto en el camino, un episodio en el que la reflexión y el drama familiar tienen más importancia que la acción pura y dura. Thor es rescatado de una avalancha por un misterioso hombre que no sólo le devuelve la salud sino que le sana el espíritu. Los lectores se enteran al final de que se trata de Buri, el abuelo de Thor, si bien éste nunca llega a descubrir su identidad. Mientras tanto, en la Tierra, vemos cómo Sif le confiesa a Bill Rayos Beta que aún está preparada para abandonar Asgard, una revelación
que podría haber alimentado un dramático triángulo amoroso pero que Simonson nunca llegó a explotar. Este número supuso también el debut de Sal Buscema en esta etapa antes de convertirse más adelante, como veremos, en el dibujante regular de la serie.

La desaparición de Thor se convierte entonces en el principal motor argumental, ya que Loki desea aprovechar la ausencia de su hermano para hacerse con el trono de Asgard, una ambición que, tras un número fill-in no realizado por Thor y ajeno a la trama principal (356, por Bob Harras, Jackson Guice y Bob Layton), tratará de hacer realidad entre el 357 y el 359. Aunque el subargumento de Lorelei había pasado a un segundo plano a raíz de la guerra contra Surtur, la joven asgardiana sí se convirtió en una pieza clave del nuevo plan de Loki para conquistar el poder. Pero las maquinaciones de ambos fueron descubiertas finalmente por los héroes de Asgard y Thor recurre a un ingenioso truco para obligar a Loki a liberarle del hechizo de Lorelei.



(Continúa en la siguiente entrada)

2 comentarios:

  1. Hasta ahora no había caído en que el diseño de Fafnir cita a Godzilla. Este Kirby...

    Decíamos el otro día que las historias de Simonson para el Thor marvelita no son muy allá. Y es cierto. Lo bueno de este guionista es como revitalizó y distinguió a unos personajes que apenas habían cambiado en 20 años. Su mejor trabajo en este tema lo hizo con Balder y Loki, que dejaron de ser clichés para ser personajes originales e interesantes, lástima que nadie haya sabido seguir en esa línea, pero el que hizo en todos los demás, Thor, Sif, Lorelei, Kurse, los 3 guerreros... no es moco de pavo. Todos gracias a él ganaron en entidad y parecieron reales. Desde Simonson Volstagg no es el mismo. Creo que eso es lo sobresaliente de este autor. Por otro lado aunque escribiendo historias no es bueno, hay que reconocer que tuvo muchas buenas ideas. En fin, el Thor de Simonson es la típica historia de superhéroes que sólo alcanza sentido conociendo lo anterior y lo posterior. Fuera de contexto sus valores se pierden.

    ResponderEliminar
  2. Como habrás ido leyendo en la entrada, estoy de acuerdo con lo que comentas... No es que sea muy fan de Thor y lo único que conservo en mi colección es el material de Kirby, este de Simonson y la etapa de Straczynski, que comentaré en otra ocasión... Un saludo.

    ResponderEliminar