2 feb. 2016

1975- PUÑO DE HIERRO – Chris Claremont y John Byrne



Bruce Lee murió días antes de estrenarse “Operación Dragón”, la película que iba a convertirse en su presentación triunfal como estrella del cine de acción de Hollywood. Su aparentemente repentino éxito escondía tras de sí una historia de trabajo y esfuerzo que incluía apariciones en la televisión norteamericana en los sesenta y un rápido ascenso al estrellato del cine de artes marciales en Hong Kong. Pero fue “Operación Dragón” la que puso a Lee en el foco de atención de millones de estadounidenses. Su talento marcial, elegancia y carisma cautivaron a un sinnúmero de personas que a partir de su muerte lo adoptaron como icono cultural. Aquel año 1974, Hollywood Boulevard se convirtió en un santuario a la figura de Lee, con su foto colocada en cada escaparate y sus películas proyectadas en múltiples cines. Había comenzado una moda.

Una moda a la que no tardarían en suscribirse los comics. Desde luego, éstos habían aprendido que si querían pervivir a las marejadas del mercado no podían mantenerse ajenos a las corrientes culturales que calaban entre sus jóvenes lectores, especialmente en un momento, comienzos de los setenta, en el que parecía que la segunda era de los superhéroes empezaba a perder ímpetu. A pesar de la explosión de creatividad que se estaba viviendo en Marvel y DC, las ventas no hacían más que bajar y cada vez era menos el volumen de comics que se distribuía a los puntos de venta tradicionales. Tras la Segunda Guerra Mundial, el desplome del interés de los lectores hacia el género de los superhéroes había provocado muchos cierres de editoriales y Marvel no estaba dispuesta ahora a que una tendencia semejante les pillara desprevenidos. Era el momento de ensayar nuevos géneros y temas que pudieran sustituir a Spiderman o Los Cuatro Fantásticos si llegara el caso.



Así que en lugar de nuevos héroes disfrazados, Marvel lanzó títulos de fantasía como “Conan el Bárbaro” (octubre 1970); humor en “Crazy” (febrero 1973); o de terror, como “La Tumba de Drácula” (abril 1972). La relajación de la supervisión censora del Comics Code Authority en lo que se refería a hombres lobo, vampiros y otros monstruos animó a Marvel a continuar en esa línea con colecciones como “Werewolf by Night” (septiembre 1972), “El Monstruo de Frankenstein” (enero 1973) y casi una docena de otros títulos con material “terrorífico”, ya fuera original o reedición, como “Chamber of Chills” (marzo 1972) o “Vault of Evil” (febrero de 1973).

El interés por las artes marciales y el mundo oriental que propiciaron las películas de Bruce Lee o la serie de televisión Kung Fu”, se trasladaron a nuevos personajes como Shang-Chi, creado por Steve Englehart y Jim Starlin en el número 15 de “Special Marvel Edition” (diciembre de 1973), antes de transformarse en “The Hands of Shang-Chi, Master of Kung Fu” unos meses después. De él hablaremos en una próxima entrada.

Ese personaje encabezó asimismo un magacín en blanco y negro para el público adulto, “The Deadly Hands of Kung-Fu” (mayo 1974), dedicado íntegramente a las artes marciales y en la que junto a las peripecias de Shang-Chi se contaban las de un grupo de luchadores: los Hijos del Tigre

Aunque Shang-Chi fue sin duda el artista marcial más famoso y longevo de Marvel, hubo otro, menos conocido hoy, pero que merece la pena recuperar. Con guiones menos ambiciosos que los de “Master of Kung Fu” y poniendo más énfasis en la acción propia de los comic-books de superhéroes tradicionales, “Puño de Hierro” fue el otro tebeo de artes marciales que Marvel incorporó a su catálogo a raíz del éxito de Shang-Chi. A pesar de su recorrido relativamente corto, la colección ofreció algunos ejemplos de cómo hacer un perfecto comic-book de acción. Además, el personaje, en diferentes encarnaciones, ha pervivido hasta el presente. Y, por último, se trató de un momento importante para la historia del comic-book por tratarse de la cabecera en la que coincidieron por primera vez el guionista Chris Claremont y John Byrne, el dúo que cambiaría Marvel gracias a su etapa en “X-Men”.

Según cuenta Roy Thomas, fue una película de artes marciales, “Los cinco dedos de la muerte”, la
que le sugirió el nombre de Puño de Hierro para un posible nuevo personaje de Marvel. Stan Lee le dio el visto bueno y Thomas encontró un hueco para el nuevo héroe en las páginas de una de las colecciones genéricas de Marvel, aquellas que acogían durante una temporada personajes nuevos que, de tener buena acogida entre los lectores, saltaban a protagonizar sus propios títulos dando paso al siguiente aspirante a estrella. Así, en el nº 15 de “Marvel Premiere” (mayo 1974), Roy Thomas y Gil Kane presentaban una historia de origen en la que mezclaban tópicos de diferentes géneros. Un ya adulto Puño de Hierro recuerda antes de iniciar un combate, los acontecimientos de su infancia que le llevaron a convertirse en un maestro del kung fu. Siendo un niño, en compañía de su madre, su padre y el malvado socio de éste, Harold Meachum, se internó en las nieves del Himalaya con el objetivo de encontrar la legendaria ciudad de K´un Lun, una especie de Shangri-La que resultaba accesible desde nuestra dimensión sólo durante un breve periodo cada diez años.

Pero al llegar a un barranco, Meachum despeña a su socio para quedarse con la totalidad de la empresa. Danny y su madre lo ven todo impotentes, quedando a merced de los elementos…y los lobos. Ella se sacrifica a los animales para que su hijo pueda llegar a salvo hasta K´un Lun, cuyos monjes guerreros lo acogerán y adiestrarán.

El del niño que contempla el asesinato de sus padres no es que fuera un origen demasiado innovador para un superhéroe (de hecho, y más allá del de Batman, Thomas y Kane se inspiraron en el de un personaje de la Edad de Oro, “Amazing Man”, creado por Bill Everett), pero Len Wein, el guionista que sucedió a Thomas en el número 16 (julio 1974) supo aprovecharse razonablemente bien del trauma resultante al convertir a Daniel Rand en un artista marcial motivado por la venganza. Es el odio el que le hace arriesgarse a luchar contra un dragón para robarle su poder místico y, tras vencerlo y obtener el “puño de hierro” –que le permite, mediante la concentración, canalizar toda su energía hacia su puño convirtiéndolo en un arma casi invencible- rehusar a la inmortalidad que le ofrece residir en la ciudad de K´un Lun, abandonarla –a sabiendas de que permanecerá fuera de su alcance durante diez años- y viajar a Nueva York para cobrarse venganza de Harold Meachum, el asesino de sus padres.

Por desgracia, como sucedía a menudo en la Marvel de los 70, el continuo cambio de equipos
creativos que sufrió la serie impidió mantener una dirección clara. Roy Thomas prefería concentrarse en sus guiones de Conan y, junto a Gil Kane, se solía ocupar solamente de dar el empujón inicial a nuevos personajes para dejarlos luego en otras manos (aunque Gil Kane siguió ilustrando bastantes portadas de “Marvel Premiere”). Len Wein sólo duró un número, siendo reemplazado por Doug Moench en el 17 (septiembre 1974). Éste escribió tres episodios muy flojos en los que, quizá por saber que se trataba sólo de un encargo temporal, se limitó a encadenar secuencia tras secuencia de acción con una excusa argumental muy vaga y obviando todo intento de caracterización.

En “Marvel Premiere” nº 20 (enero 1975), Tony Isabella se hace cargo del guión hasta el número 22 (junio 1975), pero ello no supone la menor mejora. Los argumentos siguen siendo meras excusas para mostrar peleas de kung fu que, para colmo, están muy mal dibujadas. Y es que el apartado artístico de la serie aún era peor que el literario. A Gil Kane le había sucedido un Larry Hama que en sus mejores momentos podía ser calificado de mediocre aun con el
entintado de alguien tan sólido como Dick Giordano. Antiguo ayudante de Wally Wood, su estancia en la agencia Continuity de Neal Adams y esporádicos encargos como entintador en el grupo de los Crusty Bunkers o en el mundo underground, no le sirvieron para que su trabajo en “Puño de Hierro” lograra no ya hacer sombra a un veterano como Gil Kane, sino simplemente destacar por encima de la mediocridad.

En el número 20, toma los lápices un novato Arvell Jones, aprendiz de Rich Buckler al que nunca
debieron haber contratado en Marvel. A pesar de tratar de imitar a Jack Kirby y Paul Gulacy, sus dibujos son inexcusablemente malos tanto en las escenas de acción como en las de diálogos y la cierta originalidad de algunas composiciones de página no compensa su torpeza con la figura humana, la expresividad corporal, los fondos y las proporciones. La única aportación relevante del dúo Isabella-Jones fue la de reintroducir a un personaje de raza negra, Misty Knight, que ya había aparecido en “Marvel Team-Up” nº 1 (marzo 1972) y que sólo más adelante y en manos de otro guionista alcanzaría su pleno potencial.

Mientras tanto, la editorial quiso darle un empujón al personaje asociándolo con el popular Spiderman en “Marvel Team-Up” nº 31 (marzo 1975), un episodio escrito por Gerry Conway y dibujado por Jim Mooney y Vince Colletta que, más allá de algunas interesantes composiciones de página, no reviste el menor interés.

El resultado del trabajo de dos editores, cuatro guionistas, tres dibujantes y cuatro entintadores en esos ocho números de “Marvel Premiere” no era, a la vista de lo dicho, ni mucho menos brillante. Pero al menos sí aportaron un buen número de ideas y personajes interesantes que sólo necesitaban de un escritor capaz de sacarles el jugo. Así, tenemos a la propia ciudad mítica de K´un Lun, su dirigente Yu-Ti y el misterioso entrenador
de Danny, Lei-Kung el Tronador; Colleen Wing y su padre, especialista en cultura oriental; Joy Meachum, hija de Harold y heredera del imperio industrial que en parte debería ser de Daniel Rand; y la ya mencionada Misty Knight. También es en estos números cuando se completa la transformación de Daniel Rand de individuo traumatizado sediento de venganza a fugitivo de la justicia víctima de un malentendido. El nº 22 marca el final de la primera etapa del personaje: Puño de Hierro decide quitarse por primera vez la máscara amarilla (hasta ese momento sólo se le había visto sin ella en flashbacks de su infancia y adolescencia en K´un Lun) y empezar una nueva vida no ya como Puño de Hierro, el Arma Viviente, sino como Daniel Rand.

Ahora bien, la mala dirección editorial, el nulo compromiso de los guionistas y unos dibujantes nefastos (Larry Hama y Arwell Jones) habían abocado a Puño de Hierro a la cancelación. Y entonces, llega quien supo encarrilar al héroe y situar en su lugar preciso todo el universo de personajes y lugares que habían ido surgiendo alrededor de aquél: Chris Claremont, que se hizo cargo de los argumentos desde el número 23 (agosto de 1975).

Claremont era un joven universitario de origen inglés que llevaba viviendo en los Estados Unidos
desde la primera infancia. Alienado del ambiente deportivo propio de las escuelas e institutos a los que asistió, su refugio fueron los comics y las novelas de ciencia ficción. Cursó estudios universitarios en ciencias políticas, intentó vender alguna novela y se interesó por la interpretación, pensando en combinar ambas inclinaciones para convertirse en director cinematográfico. Aunque inicialmente no había contemplado los comics como una salida profesional a la vista de la escasa calidad de los contenidos y la decreciente tendencia en las ventas, no rechazó el trabajo que se le ofreció en Marvel como ayudante de editor en 1969. Tras unos primeros intentos como coguionista en “X-Men” y “Daredevil”, consiguió que le nombraran guionista titular de la decadente “Marvel Premiere” en el mencionado número 23

Los dos primeros números le sirvieron para hacerse con el personaje. No eran historias particularmente interesantes y los villanos eran bastante tópicos: un veterano del Vietnam tronado pero muy hábil en el combate, y el predecible robot activado por terroristas para que mate a una bella princesa de un reino extranjero. Tampoco el dibujo de Pat Broderick merece demasiados elogios, pero al menos supuso una mejora respecto al de Arwell Jones.

Fue también por entonces cuando Len Wein hizo historia en el mundo del comic book al decidir renovar y relanzar los X-Men, cuya colección llevaba años dedicándose a reimprimir material antiguo dado que a nadie parecía importarle las desventuras de los mutantes. En el “Giant-Size X-Men” nº 1 (mayo 1975), con dibujos de Dave Cockrum, Wein reconstruyó el equipo a partir de nuevos miembros de procedencia internacional, poniendo la primera piedra de lo que prometía ser una interesante etapa. Pero al ser nombrado Director Editorial de Marvel, hubo de dejar los guiones de números subsiguientes en otras manos. Dado que Chris Claremont había trabajado como su ayudante, demostrando dotes para la escritura de guiones, le nombró escritor de la colección “Uncanny X-Men” a partir de su número 94 (agosto 1975). De esta forma, Claremont compaginó sus historias para los mutantes con las del artista marcial de K´un Lun, llegando incluso a entrelazar las tramas de ambas.

Y entonces, en el nº 25 (octubre de 1975), entra en escena el dibujante John Byrne.

Nacido, como Claremont, en Inglaterra, en 1950, John Byrne fue un fan de los superhéroes desde
que en su infancia vio las televisivas “Aventuras de Superman”, lo que le llevó a buscar reimpresiones de los comics de DC. Tal y como él mismo afirmó: “Superman me introdujo en los comics y Batman me convirtió en adicto”. Después de que se mudara con su familia a Canadá, Byrne entró en contacto con los comics de Marvel, sintiéndose especialmente fascinado por los “Cuatro Fantásticos” de Stan Lee y Jack Kirby.

En 1970, Byrne se matriculó en el Alberta College of Art and Design de Calgary, Canadá, con la intención de convertirse en artista comercial. Pensaba que la mejor manera de ganarse la vida con sus dibujos era a través de los anuncios y las ilustraciones publicitarias. Pero las cosas cambiaron cuando escribió y dibujó un comic-book como proyecto de fin de curso. Desde el mismo momento en que lo
terminó, se dio cuenta de que lo que realmente quería era dedicarse a los comics. Su debut profesional tuvo lugar con una historia de dos páginas, “El Castillo”, como complemento del magazine de terror “Nightmare” nº 20 (agosto 1974) de Skywald Publications. Al Hewetson escribió la historia y Duffy Vohland entintó el lápiz de Byrne.

Aunque nunca llegó a ninguna parte en el mundo del comic, Vohland trabajó en Marvel durante algunos años como entintador y ayudante de editor; y fue durante ese periodo cuando insistió en la editorial para que ofrecieran trabajo a su colega Byrne. Consiguió que sus páginas llegaran a manos del editor Tony Isabella, quien le compró algunas ilustraciones para el número 5 de la revista “FOOM” (primavera de 1974).

Meses antes, en 1973, Byrne había enviado a Marvel una historia de Los Cuatro Fantásticos escrita y dibujada por él. Isabella se dio cuenta del talento narrativo y gráfico de Byrne y pensó que era un episodio que la editorial, siempre necesitada de material listo para publicarse en el caso de que los equipos regulares no llegaran a
las fechas de entrega, podría comprar. Isabella no lo consiguió, pero en 1974 pasó a editar algunas de las revistas en blanco y negro de terror de Marvel, siendo por tanto el encargado de encontrar guionistas y dibujantes para esas publicaciones. Isabella quería darle al joven canadiense una oportunidad, así que durante una convención le pasó a Byrne uno de sus guiones, una historia titulada “Dark Asylum”. No era material particularmente bueno ni algo en lo que Byrne pudiera lucirse, pero aún así esas ocho páginas fueron la primera historieta que Byrne vendió a Marvel (quien la mantuvo en archivo durante un año hasta que finalmente vio la luz como complemento en “Giant-Size Dracula” nº 5, en junio de 1975).

Mientras tanto, Byrne continuó colaborando en fanzines como “Chronicle” o “Epoch” y, sobre todo, “CPL” (“Contemporary Pictorial Literature”), dirigido por Roger Stern y Bob Layton. Byrne les envió el boceto de un robot con su brazo arrancado y Layton y Stern lo utilizaron para ilustrar un editorial. Como en “CPL” colaboraban muchos aficionados llamados Roger, lo bautizaron como Rog-2000. La recepción fue
entusiasta y el robot se convirtió en una especie de mascota del fanzine. Byrne acabaría dibujando una historia escrita por Stern titulada “The Coming of the Gang”, protagonizada por Rog-2000 y que fue publicada en el nº 11 de la revista (1974).

Y entonces, la suerte sonrió a Byrne. Steve Ditko dejó el dibujo de la historia de complemento de “E-Man” para Charlton Comics, y su editor, Nick Cuti, se vio en la necesidad urgente de encontrar un reemplazo. Por casualidad, Cuti vio la historia de Rog-2000 en “CPL” y contactó con Byrne para preguntarle si le gustaría dibujar una serie regular de ese personaje como complemento para “E-Man”. Byrne aceptó la oferta y “That Was No Lady”, escrito por Cuti y dibujado y entintado por Byrne, debutó como historieta de ocho páginas en
“E-Man” nº 6 (enero 1975). La participación de Byrne y su robot durarían hasta que el título se canceló en el nº 10 (septiembre 1975).

Pero para entonces, Byrne había ido ganándose la confianza de la editorial, que le hizo más encargos. El primer “comic completo” de Byrne fue el cómico “Wheelie and the Chopper Bunch” nº 1 (mayo 1975), basado en los dibujos animados de Hannah-Barbera. Wheelie era el chico bueno –un Volkswagen Escarabajo rojo- y la banda de Chopper eran los malos, siempre planeando como boicotear la intervención de Wheelie en las carreras automovilísticas. Mike Pellowski escribió el primer número, pero Byrne asumió los guiones ya desde el número 2 (septiembre de 1975). Por desgracia, Hannah-Barbera consideró la historia demasiado siniestra y le exigió que moderara el tono. Sintiendo que esas condiciones le quitaban cualquier energía al comic, abandonó el título tras su tercer número (noviembre 1975).

Simultáneamente, Byrne realizó un comic con el que no sólo se sentía más a gusto, sino que trataba temas mucho más ambiciosos. “Doomsday+1” transcurría en un futuro postapocalíptico en el que, tras un malentendido entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el holocausto nuclear arrasa casi todo el planeta. Horas antes de que ello suceda, tres astronautas son lanzados al espacio, por lo que consiguen sobrevivir y tras regresar a la superficie se encuentran con un hombre del siglo III que ha despertado del estado de animación suspendida en que había quedado tras caer en el hielo groenlandés. Los cuatro tratarán de sobrevivir en un mundo completamente hostil.

Durante décadas, Joe Gill había sido no sólo el principal guionista de Charlton, sino uno de los escritores de comics más prolíficos de la historia del medio. Él y John Byrne crearon el argumento para el número uno de “Doomsday+1”. Ya comenzada la serie regular, Byrne no tardó en participar de los guiones, reescribiendo lo que le parecía bien de las historias que le pasaba Gill. Fue una experiencia que le sirvió para aprender las técnicas de escritura de guiones y desarrollo de argumentos y personajes.

Para Byrne, una oportunidad conducía a otra. De la misma manera que su caricatura de Rog-2000
le había abierto las puertas de Charlton, su trabajo en esta editorial llamó la atención de otros profesionales de la industria y en particular la del guionista Chris Claremont, a quien había conocido durante una fiesta en 1974. El talento de Byrne le causó tal impresión que insistió para que se le contratara en alguna de las series que escribía. Así que cuando Pat Broderick no consiguió entregar a tiempo su encargo para “Marvel Premiere” nº 25, el editor del título, John Verpoorten lo despidió y, a instancias de Claremont, se lo ofreció a Byrne, que no sólo cumplió con los plazos de entrega sino que desde el primer momento demostró su superioridad respecto a quienes le habían precedido en el título.

Aquella fue la verdadera puerta de entrada de Byrne en Marvel. En el curso del año siguiente, siguió produciendo trabajo para Charlton, no sólo en “Doomsday+1” sino también en las adaptaciones de series televisivas “Space: 1999” y “Emergency!”. Pero el futuro de Byrne no estaba en Charlton. Cuando Puño de Hierro dejó de protagonizar “Marvel Premiere” para encabezar su propia colección en diciembre de 1975, Byrne continuó con el personaje ilustrando los guiones de Claremont.

Por tanto, Chris Claremont y John Byrne, uno de los grandes dúos creativos de la historia del comic-book, dieron comienzo a su asociación en “Puño de Hierro” y la fuerza de su colaboración se hizo notar desde el principio. Inmediatamente después, “Puño de Hierro” obtuvo su propia cabecera en noviembre de 1975.

La calidad del dibujo de John Byrne se hizo patente desde el primer número, aun cuando el entintado de Al McWilliams en los dos primeros episodios le hacía más mal que bien, difuminando su línea y diluyendo la fuerza y elegancia de sus figuras y rostros. Una mejora considerable vino con su sustitución por el más competente Frank Chiaramonte y, sobre todo y a partir del nº 8, de las limpias pero sólidas tintas de Dan Adkins. Byrne, en plena juventud y dispuesto a dar lo mejor de sí, no tiene miedo a arriesgarse, a experimentar con la composición de página, los puntos de vista, los planos y las angulaciones extremas. En muchos momentos, la limpieza de su técnica narrativa permitía seguir la historia sin necesidad de leer los textos de apoyo o los globos de pensamiento.

Tratándose de una serie en la que las artes marciales jugaban un papel importante, Byrne
demostró una facilidad especial para coreografiar las peleas y escenas de acción aunando fluidez, energía y claridad. Pero es que, además, sus personajes parecían igualmente creíbles cuando charlaban o paseaban por la calle, una naturalidad que muchos de sus colegas no eran capaces de transmitir. En lugar de utilizar el mismo esquema para todos los personajes, le dio a cada uno su propio sello visual y llenó las viñetas con pequeños detalles. A destacar especialmente las splash-pages o páginas viñeta con las que abría cada número, rebosantes de vitalidad, claridad compositiva, belleza gráfica y fuerza narrativa. Episodio a episodio, Byrne iba mejorando a ojos vista. Era imposible no darse cuenta que estaba destinado al estrellato.

En compañía de un dibujante tan capaz, Claremont pudo florecer como guionista. En primer lugar, no necesitaba elaborar un guión técnico completo de cada número, puesto que Byrne pronto demostró que era perfectamente capaz de trabajar sobre sinopsis, secuenciando la historia y estableciendo planos y viñetas según su mejor criterio…que además coincidía con lo deseado por Claremont. Y, en segundo lugar, éste pudo por fin aplicar todo lo que había aprendido en sus estudios de interpretación actoral. Le dio una personalidad a Danny –algo que los guionistas previos habían
descuidado a favor de la acción pura y dura- y expandió el pequeño universo de personajes del que se había rodeado al protagonista. También a estos prestó una especial atención, negándose a tratarlos como meras comparsas: les dio sus personalidades específicas, sus motivaciones, sus aspiraciones…

Claremont le dio a Danny una filosofía vital e incluso cierto sentido del humor, abriendo nuevas posibilidades argumentales –nunca verdaderamente concretadas en esta etapa- al convertirlo en heredero de la fortuna de su padre. Incluso la ciudad de K´un Lun recibe un enfoque diferente, pasando de utópico paraíso perdido a nido de intrigas, odios y envidias. Claremont nos cuenta que Danny era en realidad un huérfano a duras penas soportado por sus compañeros a causa tanto de su talento innato para las artes marciales como de su arrogancia.

Una de las principales aportaciones de Claremont fue en lo que se refiere a los personajes femeninos. Lo habitual durante años había sido que las mujeres en los comic books, tanto las heroínas y las villanas como las que desempeñaban papeles secundarios (novias, amigas o compañeras profesionales de los héroes masculinos) se ajustaran a estereotipos bien identificables, como los
de la novia dulce y comprensiva (Gwen Stacy), la heroína poderosa un tanto machota (Wonder Woman) o la mujer fatal (Catwoman). La mujer era la víctima preferida de los secuestros de los supervillanos, el hombro sobre el que llorar o el reclamo sexual para los lectores adolescentes.

Marvel también tenía mujeres que caían en los arquetipos más estridentes, como la Chica Invisible o la Avispa, pero de vez en cuando también supo esquivarlos, en parte gracias a Stan Lee y las directrices que marcó a sus guionistas. Ahí estaban, por ejemplo, la Bruja Escarlata o Sharon Carter.

En los setenta, con un movimiento feminista en plena forma, Marvel se decide incluso a lanzar colecciones protagonizadas exclusivamente por mujeres (“The Cat”, “Ms Marvel”, “Spiderwoman”…). Chris Claremont fue uno de los autores que más hizo en la editorial por la construcción de personajes femeninos modernos y autónomos. En los X-Men demostraría sobradamente esa capacidad, pero ya antes, en “Puño de Hierro”, vemos su interés por equiparar las capacidades de las mujeres a las de los héroes titulares, especialmente en las figuras de Colleen Wing y Misty Knight, socias de una agencia de detectives.

Especialmente profunda fue la transformación que Claremont imprimió sobre Colleen Wing. Había sido creada por Doug Moench en “Marvel Premiere” 19, pero desde entonces, a pesar de haberse convertido en una secundaria habitual, nunca había dejado de ser la típica chica atractiva que solía aparecer en las películas de kung fu. Claremont la convierte, ya en “Marvel Premiere” 24, en una Cinturón Negro Tercer Dan que se entrena con Puño de Hierro y al que no solo da la réplica, sino que, cuando éste se muestra incómodo por entrenar con ella, se encuentra con una lección sobre las aptitudes de la mujer moderna: “Uno, soy una mujer no una niña. Dos, la gente lucha contra gente. El género no tiene nada que ver (…) Ya no estás en K´un Lun sino en la Tierra”. Para cuando Danny invade la fortaleza de Jera´ad Al Din en “Puño de Hierro” nº 6 (agosto 1976) para rescatar a Colleen, no queda claro quién salva a quién.

Su amiga y socia, Misty Knight era una expolicía a la que un atentado terrorista había arrancado un brazo, siendo reemplazado éste por uno biónico. Al principio, parecía que Claremont y Byrne no sabían muy bien qué hacer con ella. Su brazo artificial le confería una especie de superfuerza, así que la
vistieron con un uniforme al estilo superhéroe bastante chillón con un cinturón en cuya hebilla aparecían bien visibles las letras MK (nº 1). Pero esa indefinición no tardó en disiparse y, de hecho, Misty se convirtió en una de las féminas con mayor personalidad de Marvel.

Como Colleen, Misty es independiente, sujeta firmemente las riendas de su vida y tiene un fuerte y definido carácter. Aunque parecía que Colleen era la candidata más obvia como interés romántico de Danny, John Byrne sugirió a Claremont que ese papel lo asumiera Misty, una idea que al guionista le pareció interesante. Así, en los primeros números de la colección regular, Claremont irá plantando y -en el nº 12- haciendo germinar las semillas de la relación sentimental entre Danny y Misty, una relación que, por su carácter interracial supuso toda una apuesta para la conservadora Marvel.

Fue esa también una relación complicada porque Misty se empeñaba en compartir con su amado los peligros a los que debía enfrentarse, algo que no sólo preocupaba a Danny, sino que le hacía sentirse incómodo al chocar frontalmente con el tipo de educación que había recibido en K´un Lun, donde las mujeres tenían prohibido el aprendizaje de las artes marciales. Y, también, porque en su interior Misty escondía un trauma provocado por la pérdida de su miembro que le hacía intolerante hacia el temperamento piadoso de Danny. Así, cuando este le habla de su amistad con Alan Cavenaugh, un terrorista del IRA arrepentido, Misty no puede sino obligarle a elegir entre él y la relación con ella, un ultimátum que Danny no acepta (nº 13)

La ruptura de la relación entre ambos llevará a Misty a aceptar una misión como policía encubierta, convirtiéndose nada menos que en la amante de un mafioso (nº 15), una iniciativa muy atrevida por parte de Claremont que demostraba tanto su capacidad para crear mujeres modernas y liberadas en un medio por lo demás muy tradicional, como los nuevos aires que estaban soplando en el mundo del comic book.

Al transformar a los personajes principales en figuras multidimensionales de gran vitalidad,
Claremont demostró un talento especial del que también se beneficiarían los X-Men. Además, incorporó otros personajes secundarios, no tan desarrollados, pero a los que lo lectores pronto aprendieron a apreciar: el teniente de la policía Rafe Scarfe, viejo amigo de Misty; el exterrorista del Ira Alan Cavenaugh; el abogado de Danny, Jeryn Hogarth…

Consciente de que las ventas de la colección distaban de ser satisfactorias, Claremont realizó la transición de producto de baja calidad destinado a explotar efímeramente una moda, a superhéroe plenamente integrado en el Universo Marvel. Así, ya en el número 1 de la colección regular, enfrentó al héroe con Iron Man, presentando el primero de una serie de villanos superpoderosos típicos del género: Angar el
Gritador (“Marvel Premiere” 25). Le seguirían el Devastador (nº 3), Cimitarra (nº 5), la Brigada de la Demolición (nº 11), Bumerang (nº 13) y, especialmente, Dientes de Sable (nº 14). A pocos se les escapó, incluidos Claremont y Byrne, que éste último era una suerte de versión siniestra y sangrienta de Lobezno. De hecho, el aspecto de su cara era el que Byrne había imaginado para el mutante canadiense antes de que se despojara de su máscara -disipando de esta forma el enigma que le había rodeado- en uno de los primeros números de la nueva etapa de X-Men. Tiempo después, Claremont acabaría recuperándolo para sus historias de X-Men como némesis del propio Lobezno.

Como parte de esa integración “superheroica” de Puño de Hierro en el Universo Marvel también aparecieron en la colección otros héroes como el Capitán América (nº 12) o los X-Men (nº 15) que, como ya he comentado, también guionizaba Claremont. Y aunque éste orientó la trayectoria y tono de la serie hacia el género de superhéroes, también incluyó aventuras de corte fantástico (en un número, el 2, que transcurría como flash-back en K´un Lun) o episodios de ambientación urbana en los que cobraba más importancia el drama social y la intriga policiaca (nº 8-10).

En el último número de la colección, el 15 (septiembre 1977), Byrne dibujó por primera vez a los
miembros de los X-Men, de cuyas aventuras pasaría a encargarse, con guiones de Chris Claremont, tan solo tres meses después, empezando una etapa que haría historia en los comics de superhéroes. Resulta notable lo precisas que resultan ya sus versiones de los mutantes… a excepción, curiosamente, de Lobezno. Y es que Byrne se negó a dibujarlo con el traje marrón que llevó una temporada, por lo que en aras de la continuidad Marie Severin hubo de redibujar las viñetas en las que aparecía, un “retoque” que resulta dolorosamente evidente.

Tampoco es que el comic fuera completamente redondo. Uno de sus características recurrentes eran los textos de apoyo en segunda persona, que Roy Thomas había introducido como algo distintivo en el primer número y que fueron adoptados por los siguientes guionistas como una especie de santo grial. Claremont siguió la costumbre pero abusó menos de ello y tendió a espaciarlo en los últimos episodios. Era una forma de mostrar al lector las interioridades del protagonista de una forma alternativa a los clásicos globos de pensamiento y otorgó a la colección un sabor particular, pero también es cierto que su continua utilización acabó no sólo restándole originalidad sino resultando cansina.

Hay también una excesiva utilización de palabras grandilocuentes a la hora de nombrar los golpes y técnicas supuestamente marciales de Puño de Hierro. Teniendo en cuenta que ninguno de los guionistas implicados tenía idea alguna de artes marciales –y, con excepción de Larry Hama, los dibujantes tampoco, aunque ese conocimiento no le sirvió a Hama para hacer un trabajo aceptable- ese recurso suena a un intento desesperado de darle algo de encanto y exotismo a aburridas escenas de acción. En la veintena escasa de comics protagonizados por Puño de Hierro en esta primera etapa tenemos un catálogo de lo ridículo en el que se incluyen términos como Golpe Aplastarrocas, Mano de la Espada, Patada del Elefante, Golpe del Mono, Patada Relámpago, Cabeza de Carnero, Puño de Dragón, Empujón del Oso, Patada Látigo Giratoria, Venado Saltador… Por no hablar de su poder especial, el Puño de Hierro, que tiene más usos que una navaja suiza: fuerza destructora bruta, autocuración, fusión de mentes, sanación de otras personas…

Dejando estos perdonables defectos al margen y a pesar de su evidente calidad, la colección de
“Puño de Hierro” nunca tuvo demasiados seguidores. Como hemos dicho, fue cancelada en su número 15, pero Claremont y Byrne le habían tomado cariño al personaje y decidieron cerrar las líneas argumentales que habían quedado pendientes en otra colección de la que se venían encargando por entonces: “Marvel Team-Up”, el título en el que Spiderman unía fuerzas con diferentes personajes del universo Marvel. Entre sus números 63 y 64 (nov-dic.1977), Puño de Hierro se enfrentaría a Serpiente de Acero, un renegado de K´un Lun que ambicionaba el poder de Danny y que demostró ser un rival temible. Tanto o más importantes que Spiderman en la resolución de esta trama fueron Colleen Wing y Misty Knight – de regreso de su misión encubierta-. Y es que resulta evidente en estas páginas que Claremont y Byrne utilizaron a Spiderman como mera excusa para resolver unos cabos sueltos que les importaban bastante más que narrar la enésima anodina peripecia del hombre araña, hasta tal punto que ambos números pueden considerarse a todos los efectos como epílogo de la colección de Puño de Hierro.

Autores y editorial seguían creyendo que el personaje tenía potencial y que merecía la pena mantenerlo vivo. Pero no podía hacerlo solo. Era necesario buscarle un nuevo hogar. El por entonces Director Editorial de Marvel, Archie Goodwin propuso emparejarlo con otro héroe, Powerman, que había nacido a rebufo de una moda setentera: la blaxploitation. Éste había comenzado su andadura en 1972 bajo el nombre de “Luke Cage, Héroe de Alquiler” y se trataba de un exconvicto gigantón al que un experimento en la cárcel le había dotado de enorme fuerza e invulnerabilidad. Trabajaba como mercenario en la entonces depauperada Times Square y se escondía de la justicia por un crimen que no cometió.

Durante un tiempo, el cambio de título a “Powerman” mejoró algo las ventas, pero en 1977 volvía
a estar en peligro de cancelación, con una cadencia bimestral. Así que entre sus números 48 y 50 (diciembre 1977-abril 1978), los destinos de Puño de Hierro y Powerman se unían en una aventura guionizada por Claremont y dibujada por Byrne, ya por entonces uno de los equipos estrella de la casa. Fue una aventura en tres episodios en la que se finiquitaba el cabo suelto de la misión encubierta que había realizado Misty Knight y se establecía la inocencia de Luke Cage de los cargos que se le atribuían. No era el primer contacto de Claremont con el personaje (unos años atrás, en octubre de 1976, había escrito el Anual nº 1, Octubre 1976, dibujado por Lee Elias), pero ahora su capacidad como guionista estaba a pleno rendimiento. Así, como era ya habitual en él, otorgó un papel fundamental a las mujeres que rodeaban a los héroes nominales: Colleen Wing y Misty Knight de parte de Puño de Hierro y Claire Temple y Harmony Young del lado de Powerman.

A partir del nº 50, la colección pasó a rebautizarse como “Powerman and Iron Fist” y ambos héroes formaron una asociación profesional y personal caracterizada por el contraste: el gigantón negro dependiente de la fuerza bruta y un blanco experto en las artes marciales, la espontaneidad frente a la autodisciplina, la cara más sucia y dura de Nueva York y la sofisticación oriental de K´un Lun, la experiencia y el cinismo de Luke Cage y la inocencia e idealismo de Daniel Rand… Los universos
de ambos personajes, Powerman y Puño de Hierro, se fusionaron dando como resultado una de las colecciones más populares de comienzos de los ochenta, aunque ya sin el soporte del dúo creativo que puso los cimentos del éxito (Chris Claremont escribiría hasta el 53 (octubre de 1978)). De la trayectoria posterior de la colección quizá hablemos en otro momento.

Puño de Hierro es un ejemplo perfecto de cómo Marvel supo adecuarse a los tiempos, creando nuevos personajes que respondían a las modas de cada momento para luego insertarlos hábilmente en su cada vez más amplio universo de personajes superheróicos; un camino que también siguieron, por ejemplo, las versiones Marvel de Drácula o el Hombre Lobo, o el futurista Killraven. El héroe de K´un Lun continuaría sus aventuras en compañía de su amigo Luke Cage, cambiaría su traje verde y amarillo por uno rojo y moriría en el 125 (septiembre 1986). Veinte años después, en 2006, los guionistas Ed Brubaker y Matt Fraction colaborarían con los dibujantes Travel Foreman y David Aja en la recuperación del personaje en una serie titulada “Immortal Iron Fist”, demostrando que el concepto seguía plenamente vigente.

En cuanto a la etapa inaugural que ahora comentamos, los primeros números de “Marvel
Premiere” son bastante mediocres, pero los guionizados por Claremont y dibujados por Byrne son hoy un clásico, menor pero clásico al fin y al cabo. Junto a Roy Thomas y Barry Smith (y luego John Buscema) en “Conan el Bárbaro” y Marv Wolfman y Gene Colan en “La Tumba de Drácula”, hubo pocos equipos creativos tan longevos y exitosos en la Marvel de los setenta como el de Claremont y Byrne. Su colaboración más recordada –con justicia- fue la que llevaron a cabo en los X-Men, pero ese talento puede verse ya plenamente en acción en las páginas de “Puño de Hierro”.



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