Bruce Lee murió días antes de estrenarse “Operación Dragón”, la película que iba a convertirse en su presentación triunfal como estrella del cine de acción de Hollywood. Su aparentemente repentino éxito escondía tras de sí una historia de trabajo y esfuerzo que incluía apariciones en la televisión norteamericana en los sesenta y un rápido ascenso al estrellato del cine de artes marciales en Hong Kong. Pero fue “Operación Dragón” la que puso a Lee en el foco de atención de millones de estadounidenses. Su talento marcial, elegancia y carisma cautivaron a un sinnúmero de personas que a partir de su muerte lo adoptaron como icono cultural. Aquel año 1974, Hollywood Boulevard se convirtió en un santuario a la figura de Lee, con su foto colocada en cada escaparate y sus películas proyectadas en múltiples cines. Había comenzado una moda.
Una moda a la que no tardarían en suscribirse los comics. Desde luego, éstos habían aprendido que si querían pervivir a las marejadas del mercado no podían mantenerse ajenos a las corrientes culturales que calaban entre sus jóvenes lectores, especialmente en un momento, comienzos de los setenta, en el que parecía que la segunda era de los superhéroes empezaba a perder ímpetu. A pesar de la explosión de creatividad que se estaba viviendo en Marvel y DC, las ventas no hacían más que bajar y cada vez era menos el volumen de comics que se distribuía a los puntos de venta tradicionales. Tras la Segunda Guerra Mundial, el desplome del interés de los lectores hacia el género de los superhéroes había provocado muchos cierres de editoriales y Marvel no estaba dispuesta ahora a que una tendencia semejante les pillara desprevenidos. Era el momento de ensayar nuevos géneros y temas que pudieran sustituir a Spiderman o Los Cuatro Fantásticos si llegara el caso.
Así que en lugar de nuevos héroes disfrazados, Marvel lanzó títulos de fantasía como “Conan el

El interés por las artes marciales y el mundo oriental que propiciaron las películas de Bruce Lee o la serie de televisión Kung Fu”, se trasladaron a nuevos personajes como Shang-Chi, creado por Steve Englehart y Jim Starlin en el número 15 de “Special Marvel Edition” (diciembre de 1973), antes de transformarse en “The Hands of Shang-Chi, Master of Kung Fu” unos meses después. De él hablaremos en una próxima entrada.

Aunque Shang-Chi fue sin duda el artista marcial más famoso y longevo de Marvel, hubo otro, menos conocido hoy, pero que merece la pena recuperar. Con guiones menos ambiciosos que los de “Master of Kung Fu” y poniendo más énfasis en la acción propia de los comic-books de superhéroes tradicionales, “Puño de Hierro” fue el otro tebeo de artes marciales que Marvel incorporó a su catálogo a raíz del éxito de Shang-Chi. A pesar de su recorrido relativamente corto, la colección ofreció algunos ejemplos de cómo hacer un perfecto comic-book de acción. Además, el personaje, en diferentes encarnaciones, ha pervivido hasta el presente. Y, por último, se trató de un momento importante para la historia del comic-book por tratarse de la cabecera en la que coincidieron por primera vez el guionista Chris Claremont y John Byrne, el dúo que cambiaría Marvel gracias a su etapa en “X-Men”.
Según cuenta Roy Thomas, fue una película de artes marciales, “Los cinco dedos de la muerte”, la


El del niño que contempla el asesinato de sus padres no es que fuera un origen demasiado innovador para un superhéroe (de hecho, y más allá del de Batman, Thomas y Kane se inspiraron en el de un personaje de la Edad de Oro, “Amazing Man”, creado por Bill Everett), pero Len Wein, el guionista que sucedió a Thomas en el número 16 (julio 1974) supo aprovecharse razonablemente bien del trauma resultante al convertir a Daniel Rand en un artista marcial motivado por la venganza. Es el odio el que le hace arriesgarse a luchar contra un dragón para robarle su poder místico y, tras vencerlo y obtener el “puño de hierro” –que le permite, mediante la concentración, canalizar toda su energía hacia su puño convirtiéndolo en un arma casi invencible- rehusar a la inmortalidad que le ofrece residir en la ciudad de K´un Lun, abandonarla –a sabiendas de que permanecerá fuera de su alcance durante diez años- y viajar a Nueva York para cobrarse venganza de Harold Meachum, el asesino de sus padres.
Por desgracia, como sucedía a menudo en la Marvel de los 70, el continuo cambio de equipos

En “Marvel Premiere” nº 20 (enero 1975), Tony Isabella se hace cargo del guión hasta el número 22 (junio 1975), pero ello no supone la menor mejora. Los argumentos siguen siendo meras excusas para mostrar peleas de kung fu que, para colmo, están muy mal dibujadas. Y es que el apartado artístico de la serie aún era peor que el literario. A Gil Kane le había sucedido un Larry Hama que en sus mejores momentos podía ser calificado de mediocre aun con el

En el número 20, toma los lápices un novato Arvell Jones, aprendiz de Rich Buckler al que nunca

Mientras tanto, la editorial quiso darle un empujón al personaje asociándolo con el popular Spiderman en “Marvel Team-Up” nº 31 (marzo 1975), un episodio escrito por Gerry Conway y dibujado por Jim Mooney y Vince Colletta que, más allá de algunas interesantes composiciones de página, no reviste el menor interés.
El resultado del trabajo de dos editores, cuatro guionistas, tres dibujantes y cuatro entintadores en esos ocho números de “Marvel Premiere” no era, a la vista de lo dicho, ni mucho menos brillante. Pero al menos sí aportaron un buen número de ideas y personajes interesantes que sólo necesitaban de un escritor capaz de sacarles el jugo. Así, tenemos a la propia ciudad mítica de K´un Lun, su dirigente Yu-Ti y el misterioso entrenador

Ahora bien, la mala dirección editorial, el nulo compromiso de los guionistas y unos dibujantes nefastos (Larry Hama y Arwell Jones) habían abocado a Puño de Hierro a la cancelación. Y entonces, llega quien supo encarrilar al héroe y situar en su lugar preciso todo el universo de personajes y lugares que habían ido surgiendo alrededor de aquél: Chris Claremont, que se hizo cargo de los argumentos desde el número 23 (agosto de 1975).
Claremont era un joven universitario de origen inglés que llevaba viviendo en los Estados Unidos

Los dos primeros números le sirvieron para hacerse con el personaje. No eran historias particularmente interesantes y los villanos eran bastante tópicos: un veterano del Vietnam tronado pero muy hábil en el combate, y el predecible robot activado por terroristas para que mate a una bella princesa de un reino extranjero. Tampoco el dibujo de Pat Broderick merece demasiados elogios, pero al menos supuso una mejora respecto al de Arwell Jones.

Y entonces, en el nº 25 (octubre de 1975), entra en escena el dibujante John Byrne.
Nacido, como Claremont, en Inglaterra, en 1950, John Byrne fue un fan de los superhéroes desde

En 1970, Byrne se matriculó en el Alberta College of Art and Design de Calgary, Canadá, con la intención de convertirse en artista comercial. Pensaba que la mejor manera de ganarse la vida con sus dibujos era a través de los anuncios y las ilustraciones publicitarias. Pero las cosas cambiaron cuando escribió y dibujó un comic-book como proyecto de fin de curso. Desde el mismo momento en que lo

Aunque nunca llegó a ninguna parte en el mundo del comic, Vohland trabajó en Marvel durante algunos años como entintador y ayudante de editor; y fue durante ese periodo cuando insistió en la editorial para que ofrecieran trabajo a su colega Byrne. Consiguió que sus páginas llegaran a manos del editor Tony Isabella, quien le compró algunas ilustraciones para el número 5 de la revista “FOOM” (primavera de 1974).
Meses antes, en 1973, Byrne había enviado a Marvel una historia de Los Cuatro Fantásticos escrita y dibujada por él. Isabella se dio cuenta del talento narrativo y gráfico de Byrne y pensó que era un episodio que la editorial, siempre necesitada de material listo para publicarse en el caso de que los equipos regulares no llegaran a

Mientras tanto, Byrne continuó colaborando en fanzines como “Chronicle” o “Epoch” y, sobre todo, “CPL” (“Contemporary Pictorial Literature”), dirigido por Roger Stern y Bob Layton. Byrne les envió el boceto de un robot con su brazo arrancado y Layton y Stern lo utilizaron para ilustrar un editorial. Como en “CPL” colaboraban muchos aficionados llamados Roger, lo bautizaron como Rog-2000. La recepción fue

Y entonces, la suerte sonrió a Byrne. Steve Ditko dejó el dibujo de la historia de complemento de “E-Man” para Charlton Comics, y su editor, Nick Cuti, se vio en la necesidad urgente de encontrar un reemplazo. Por casualidad, Cuti vio la historia de Rog-2000 en “CPL” y contactó con Byrne para preguntarle si le gustaría dibujar una serie regular de ese personaje como complemento para “E-Man”. Byrne aceptó la oferta y “That Was No Lady”, escrito por Cuti y dibujado y entintado por Byrne, debutó como historieta de ocho páginas en

Pero para entonces, Byrne había ido ganándose la confianza de la editorial, que le hizo más encargos. El primer “comic completo” de Byrne fue el cómico “Wheelie and the Chopper Bunch” nº 1 (mayo 1975), basado en los dibujos animados de Hannah-Barbera. Wheelie era el chico bueno –un Volkswagen Escarabajo rojo- y la banda de Chopper eran los malos, siempre planeando como boicotear la intervención de Wheelie en las carreras automovilísticas. Mike Pellowski escribió el primer número, pero Byrne asumió los guiones ya desde el número 2 (septiembre de 1975). Por desgracia, Hannah-Barbera consideró la historia demasiado siniestra y le exigió que moderara el tono. Sintiendo que esas condiciones le quitaban cualquier energía al comic, abandonó el título tras su tercer número (noviembre 1975).

Durante décadas, Joe Gill había sido no sólo el principal guionista de Charlton, sino uno de los escritores de comics más prolíficos de la historia del medio. Él y John Byrne crearon el argumento para el número uno de “Doomsday+1”. Ya comenzada la serie regular, Byrne no tardó en participar de los guiones, reescribiendo lo que le parecía bien de las historias que le pasaba Gill. Fue una experiencia que le sirvió para aprender las técnicas de escritura de guiones y desarrollo de argumentos y personajes.
Para Byrne, una oportunidad conducía a otra. De la misma manera que su caricatura de Rog-2000

Aquella fue la verdadera puerta de entrada de Byrne en Marvel. En el curso del año siguiente, siguió produciendo trabajo para Charlton, no sólo en “Doomsday+1” sino también en las adaptaciones de series televisivas “Space: 1999” y “Emergency!”. Pero el futuro de Byrne no estaba en Charlton. Cuando Puño de Hierro dejó de protagonizar “Marvel Premiere” para encabezar su propia colección en diciembre de 1975, Byrne continuó con el personaje ilustrando los guiones de Claremont.

La calidad del dibujo de John Byrne se hizo patente desde el primer número, aun cuando el entintado de Al McWilliams en los dos primeros episodios le hacía más mal que bien, difuminando su línea y diluyendo la fuerza y elegancia de sus figuras y rostros. Una mejora considerable vino con su sustitución por el más competente Frank Chiaramonte y, sobre todo y a partir del nº 8, de las limpias pero sólidas tintas de Dan Adkins. Byrne, en plena juventud y dispuesto a dar lo mejor de sí, no tiene miedo a arriesgarse, a experimentar con la composición de página, los puntos de vista, los planos y las angulaciones extremas. En muchos momentos, la limpieza de su técnica narrativa permitía seguir la historia sin necesidad de leer los textos de apoyo o los globos de pensamiento.
Tratándose de una serie en la que las artes marciales jugaban un papel importante, Byrne

En compañía de un dibujante tan capaz, Claremont pudo florecer como guionista. En primer lugar, no necesitaba elaborar un guión técnico completo de cada número, puesto que Byrne pronto demostró que era perfectamente capaz de trabajar sobre sinopsis, secuenciando la historia y estableciendo planos y viñetas según su mejor criterio…que además coincidía con lo deseado por Claremont. Y, en segundo lugar, éste pudo por fin aplicar todo lo que había aprendido en sus estudios de interpretación actoral. Le dio una personalidad a Danny –algo que los guionistas previos habían

Claremont le dio a Danny una filosofía vital e incluso cierto sentido del humor, abriendo nuevas posibilidades argumentales –nunca verdaderamente concretadas en esta etapa- al convertirlo en heredero de la fortuna de su padre. Incluso la ciudad de K´un Lun recibe un enfoque diferente, pasando de utópico paraíso perdido a nido de intrigas, odios y envidias. Claremont nos cuenta que Danny era en realidad un huérfano a duras penas soportado por sus compañeros a causa tanto de su talento innato para las artes marciales como de su arrogancia.
Una de las principales aportaciones de Claremont fue en lo que se refiere a los personajes femeninos. Lo habitual durante años había sido que las mujeres en los comic books, tanto las heroínas y las villanas como las que desempeñaban papeles secundarios (novias, amigas o compañeras profesionales de los héroes masculinos) se ajustaran a estereotipos bien identificables, como los

Marvel también tenía mujeres que caían en los arquetipos más estridentes, como la Chica Invisible o la Avispa, pero de vez en cuando también supo esquivarlos, en parte gracias a Stan Lee y las directrices que marcó a sus guionistas. Ahí estaban, por ejemplo, la Bruja Escarlata o Sharon Carter.
En los setenta, con un movimiento feminista en plena forma, Marvel se decide incluso a lanzar colecciones protagonizadas exclusivamente por mujeres (“The Cat”, “Ms Marvel”, “Spiderwoman”…). Chris Claremont fue uno de los autores que más hizo en la editorial por la construcción de personajes femeninos modernos y autónomos. En los X-Men demostraría sobradamente esa capacidad, pero ya antes, en “Puño de Hierro”, vemos su interés por equiparar las capacidades de las mujeres a las de los héroes titulares, especialmente en las figuras de Colleen Wing y Misty Knight, socias de una agencia de detectives.

Su amiga y socia, Misty Knight era una expolicía a la que un atentado terrorista había arrancado un brazo, siendo reemplazado éste por uno biónico. Al principio, parecía que Claremont y Byrne no sabían muy bien qué hacer con ella. Su brazo artificial le confería una especie de superfuerza, así que la

Como Colleen, Misty es independiente, sujeta firmemente las riendas de su vida y tiene un fuerte y definido carácter. Aunque parecía que Colleen era la candidata más obvia como interés romántico de Danny, John Byrne sugirió a Claremont que ese papel lo asumiera Misty, una idea que al guionista le pareció interesante. Así, en los primeros números de la colección regular, Claremont irá plantando y -en el nº 12- haciendo germinar las semillas de la relación sentimental entre Danny y Misty, una relación que, por su carácter interracial supuso toda una apuesta para la conservadora Marvel.

La ruptura de la relación entre ambos llevará a Misty a aceptar una misión como policía encubierta, convirtiéndose nada menos que en la amante de un mafioso (nº 15), una iniciativa muy atrevida por parte de Claremont que demostraba tanto su capacidad para crear mujeres modernas y liberadas en un medio por lo demás muy tradicional, como los nuevos aires que estaban soplando en el mundo del comic book.
Al transformar a los personajes principales en figuras multidimensionales de gran vitalidad,

Consciente de que las ventas de la colección distaban de ser satisfactorias, Claremont realizó la transición de producto de baja calidad destinado a explotar efímeramente una moda, a superhéroe plenamente integrado en el Universo Marvel. Así, ya en el número 1 de la colección regular, enfrentó al héroe con Iron Man, presentando el primero de una serie de villanos superpoderosos típicos del género: Angar el

Como parte de esa integración “superheroica” de Puño de Hierro en el Universo Marvel también aparecieron en la colección otros héroes como el Capitán América (nº 12) o los X-Men (nº 15) que, como ya he comentado, también guionizaba Claremont. Y aunque éste orientó la trayectoria y tono de la serie hacia el género de superhéroes, también incluyó aventuras de corte fantástico (en un número, el 2, que transcurría como flash-back en K´un Lun) o episodios de ambientación urbana en los que cobraba más importancia el drama social y la intriga policiaca (nº 8-10).
En el último número de la colección, el 15 (septiembre 1977), Byrne dibujó por primera vez a los

Tampoco es que el comic fuera completamente redondo. Uno de sus características recurrentes eran los textos de apoyo en segunda persona, que Roy Thomas había introducido como algo distintivo en el primer número y que fueron adoptados por los siguientes guionistas como una especie de santo grial. Claremont siguió la costumbre pero abusó menos de ello y tendió a espaciarlo en los últimos episodios. Era una forma de mostrar al lector las interioridades del protagonista de una forma alternativa a los clásicos globos de pensamiento y otorgó a la colección un sabor particular, pero también es cierto que su continua utilización acabó no sólo restándole originalidad sino resultando cansina.

Dejando estos perdonables defectos al margen y a pesar de su evidente calidad, la colección de


Autores y editorial seguían creyendo que el personaje tenía potencial y que merecía la pena mantenerlo vivo. Pero no podía hacerlo solo. Era necesario buscarle un nuevo hogar. El por entonces Director Editorial de Marvel, Archie Goodwin propuso emparejarlo con otro héroe, Powerman, que había nacido a rebufo de una moda setentera: la blaxploitation. Éste había comenzado su andadura en 1972 bajo el nombre de “Luke Cage, Héroe de Alquiler” y se trataba de un exconvicto gigantón al que un experimento en la cárcel le había dotado de enorme fuerza e invulnerabilidad. Trabajaba como mercenario en la entonces depauperada Times Square y se escondía de la justicia por un crimen que no cometió.
Durante un tiempo, el cambio de título a “Powerman” mejoró algo las ventas, pero en 1977 volvía

A partir del nº 50, la colección pasó a rebautizarse como “Powerman and Iron Fist” y ambos héroes formaron una asociación profesional y personal caracterizada por el contraste: el gigantón negro dependiente de la fuerza bruta y un blanco experto en las artes marciales, la espontaneidad frente a la autodisciplina, la cara más sucia y dura de Nueva York y la sofisticación oriental de K´un Lun, la experiencia y el cinismo de Luke Cage y la inocencia e idealismo de Daniel Rand… Los universos

Puño de Hierro es un ejemplo perfecto de cómo Marvel supo adecuarse a los tiempos, creando nuevos personajes que respondían a las modas de cada momento para luego insertarlos hábilmente en su cada vez más amplio universo de personajes superheróicos; un camino que también siguieron, por ejemplo, las versiones Marvel de Drácula o el Hombre Lobo, o el futurista Killraven. El héroe de K´un Lun continuaría sus aventuras en compañía de su amigo Luke Cage, cambiaría su traje verde y amarillo por uno rojo y moriría en el 125 (septiembre 1986). Veinte años después, en 2006, los guionistas Ed Brubaker y Matt Fraction colaborarían con los dibujantes Travel Foreman y David Aja en la recuperación del personaje en una serie titulada “Immortal Iron Fist”, demostrando que el concepto seguía plenamente vigente.
En cuanto a la etapa inaugural que ahora comentamos, los primeros números de “Marvel

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