24 jul. 2015

1984- HOMBRE LOBO - Richard Corben


Richard Corben es sin ningún género de dudas uno de los grandes de la historia del comic junto a nombres como los de Frank Frazetta, Neal Adams, Bernie Wrightson, Barry Smith o Jack Kirby. A diferencia de todos estos, sin embargo, Corben siempre se ha sentido cómodo en el mundo del comic underground, campo en el cual dio sus primeros pasos y del que su estilo nunca se llegó a desprender del todo.



Empezó a publicar a finales de los sesenta, pero su verdadero trampolín lo constituyeron sus colaboraciones para las revistas de terror que publicaba Jim Warren: “Creepy” y “Eerie”. Fue entonces cuando Corben empezó a abrirse camino fuera del entorno –por lo demás bastante limitado comercialmente- del underground. El nº 36 de “Creepy” (noviembre 1970) marcó su debut y al poco tiempo disponía ya de una sección fija a todo color que le abrió nuevas posibilidades en el aspecto técnico. Pronto se hizo evidente su enorme originalidad y fuerza creativas, alzándose por encima de los guionistas que le suministraban las historias bajo la imposición del sistema Warren. Para muchos, esta época repleta de historias cortas rebosantes de espontaneidad, ingenuidad, sencillez narrativa y creatividad, es lo mejor que Corben ha dado de sí mismo, teniendo el resto de sus obras posteriores más fuego de artificio y explosiones cromáticas que relatos con sustancia aprovechable.

Y todo ello practicando un género, el del terror, particularmente difícil de llevar a cabo en el comic. El propio proceso de lectura, en el que la mirada del lector recorre, aunque sea inconscientemente, toda la página, hace muy difícil
provocar sobresaltos o sorpresas en el medio gráfico. El terror en el comic ha de apoyarse, además de en la trama, en la creación de atmósferas malsanas mediante la iluminación, la composición y el diseño de personajes y decorados. Y en este apartado, además de Bernie Wrightson, hubo pocos en la década de los setenta –si es que hubo alguno- que superara a Richard Corben.

Sus relatos de terror tocaron diversos temas y ambientes, desde el gótico hasta las adaptaciones de relatos de Edgar Allan Poe pasando por la influencia de autores pulp como Robert E.Howard o H.P.Lovecraft. Los que ahora nos interesan son los que Toutain Editor recopiló en un álbum titulado “Hombre Lobo”, historias que, claro está, tienen en común el estar protagonizadas por licántropos y que fueron tomadas no sólo de las revistas Warren, sino de otras publicaciones más modestas con las que colaboró Corben en su primera época.

La primera de ellas, por ejemplo, “La colina de los muertos”, apareció en “Weirdom” nº 14
(1971) y puede ser la primera historia en la que Corben trató el tema de los hombres lobo. Dibujada a finales de los sesenta, presenta un estilo de factura sencilla que recuerda a los antiguos grabados medievales. Pese a su tosquedad, el trazo presenta ya una gran fuerza y se evidencia un deseo de no limitarse a los estilos narrativos más corrientes.

“La Bestia de Wolfton” apareció en “Grim Wit” nº 1 (1972). En sus veinticuatro páginas se nos cuentan los esfuerzos del caballero sir Hornib de Murond, quien viaja con su mujer Chabita a una aldea aterrorizada por una bestia que está devorando a los granjeros. Sir Hornib ofrecerá sus servicios al noble local para rastrear y acabar con la criatura, que resultará ser un hombre transformado en licántropo por medio de la brujería y consumido por la sed de venganza contra los sajones, quienes exterminaron a su pueblo tiempo atrás. El licántropo secuestra a Chabita para atraer a Hornib a una trampa, pero las cosas no acaban saliendo como nadie espera… Aunque originalmente se
publicó en color, “La Bestia de Wolfton” se reeditó en “Heavy Metal” en 1980, coloreada con esa riqueza de matices y texturas tan característica de Corben y modificada para alejarla de su ambientación histórica a favor de una más fantástica.

“El Espíritu de la Bestia” apareció en “Heavy Metal” en mayo de 1980 y fue concebida como secuela del relato anterior. La esposa de Hornib había quedado preñada del licántropo y, recluida en un convento, da a luz a un extraño niño que, al hacerse adulto, se convertirá en Jon Wulv, el “Espíritu de la Bestia” del título. Para el licántropo de estas dos historias, Corben se inspiró en el aspecto que el actor Henry Hull había lucido en “El Lobo Humano” (1935), una de las películas “de monstruos” que la Universal produjo en los años treinta.

“Roda y el Lobo” apareció en el número de febrero de 1984 de “Heavy Metal” y se trata de una versión adulta y macabra del cuento de Caperucita Roja. Historia narrada con muy poco diálogo –que, además, consiste en un lenguaje inventado aunque descifrable-, nos cuenta cómo Roda está a punto de ser sacrificada a un hombre lobo
por parte de una tribu primitiva. Consigue escapar y llegar a la casa de una anciana, quien le da la bienvenida antes de transformarse en un lobo mientras Roda va haciendo comentarios sobre sus crecientes ojos, narices, orejas y dientes…

Para cuando apareció “Lycanklutz” editada en el nº 56 de “Creepy” (septiembre 1973), las revistas de la Warren habían empezado a incluir insertos de 8 páginas a color y Corben supo sacar el máximo partido de las mismas en las muchas ocasiones en las que se encargó de llenarlas. Esta historia es una buena muestra de ello: un hombre lobo está aterrorizando un pueblo medieval y un sabio que recuerda a Leonardo da Vinci ofrece a las autoridades locales la solución: una pulga de aguijón de plata…¡y por sólo 499.95 dólares!. Aunque Corben dijo haberse inspirado para este cuento en la película “El Hombre Lobo” (1941), lo cierto es que, aparte de los nombres de algunos personajes y el poema que para ella escribió el guionista Curt Siodmak, hay poco en esta comedia que la relacione con esa cinta clásica de la Universal.

También en clave humorística está narrada “Cambio a mejor” (Creepy 58, diciembre 1973), escrita por Doug Moench, en el que un hombre lobo descubre a su pesar que no es el único monstruo del lugar.

El volumen se cierra con una historia inédita hasta ese momento titulada “Caza de Pieles”, un cuento de ambientación histórica escrita por John Pocsik, colaborador frecuente de Richard Corben aunque suele firmar con el seudónimo de Simon Revelstroke.

“Hombre Lobo” es, en resumen, un interesante recorrido a la trayectoria de Richard Corben siguiendo una única línea temática, la del Hombre Lobo. Todos los elementos característicos de su obra están presentes aquí: sexo y violencia explícitos, un humor macabro y el deseo de experimentar y alejarse de las formas convencionales. Las historias son de corte muy variado, oscilando entre el “realismo” y la crudeza más descarnada (“Caza de Pieles”) a la sátira (“Roda y el Lobo”), pasando por el humor negro (“Lykanklutz”, “Cambio a Mejor”), aunque las más logradas son aquellas en las que se destaca el lado humano del monstruo, presentándolo como un personaje torturado y perseguido por una maldición de la que no puede librarse, ya sea por elección (la venganza en el caso de “La Bestia de Wolfton”) o por un fatal destino (la herencia familiar en “El Espíritu de la Bestia”). En varias de estas visitas al mito de la licantropía, Corben recoge el modelo de la bella y la bestia: el sino de la criatura suele ir determinado por una mujer (voluptuosa, como todas
las del autor) cuyo papel puede ser bien el de víctima bien de exterminadora.

En definitiva, un volumen de material no de primera línea dentro de la carrera de Corben, pero sí entretenido y ejecutado con una elegancia y energía sobresalientes. Y es que incluso el material de “serie B” de alguien con tanto talento como Corben es merecedor de la atención de cualquier aficionado al comic.

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