14 may. 2015

1977- PANTERA NEGRA – Jack Kirby


Los comics que Jack Kirby creó tras la disolución de su asociación creativa con Stan Lee conforman una mezcla variopinta y difícil tanto de clasificar como de recomendar sin reservas. Su arte se encontraba en su momento más desatado y fantástico, ofreciendo momentos verdaderamente impactantes, pero esas maravillosas páginas producto de su innegable creatividad se estrellaban contra ideas mal desarrolladas y estúpidamente grandilocuentes pobladas de personajes fríos y monolíticos que no conseguían conectar con el lector.



Y es una auténtica lástima. Porque Kirby parecía vivir en un mundo propio regido por esa mentalidad propia del pulp en virtud de la cual todas las ideas tenían cabida y nada estaba sujeto a reglas inmutables. Cualquier concepto valía para como soporte para una aventura de tono épico, desde la prehistoria –“Devil Dinosaur”- a la epopeya cósmica –todas las colecciones incluidas en el Cuarto Mundo- pasando por un drama existencialista protagonizado por un robot –“El Hombre Máquina”- o un escenario postapocalíptico al estilo de “El Planeta de los Simios” –“Kamandi”-. Cierto, no supo establecer coherencia ni continuidad en sus series, sus diálogos eran postizos e irreales y los personajes no tenían profundidad, pero es que no es eso lo que hay que buscar en sus historias. El lector debe abordar su lectura dispuesto a disfrutar del espíritu lúdico, el optimismo y el exuberante dibujo que poblaban sus páginas.

Aunque no fue ni mucho menos su trabajo más experimental o personal, un ejemplo de lo antedicho es su “Pantera Negra”.

Sobre la creación de Pantera Negra en las páginas de los Cuatro Fantásticos (concretamente en su número 52, en 1966), hablaré con detalle en otro artículo dedicado a ese supergrupo. Valga decir aquí que Stan Lee y Jack Kirby firmaron aquel episodio en el que se presentaba a un nuevo superhéroe, el primero de raza negra, que ejercía de rey en Wakanda, una nación importante en el Universo Marvel sobre todo por ser la única fuente conocida de vibranium, el maravilloso metal que junto con el adamantium forma el increíble escudo del Capitán América.

T´Challa, el hombre tras la máscara, era un rey benevolente que había conseguido equilibrar en su reino las ancestrales tradiciones tribales con la introducción de avanzadísimas tecnologías para levantar una suerte de utopía fascinante. Posteriormente, el personaje saltó a los Vengadores de Roy Thomas, en cuyas filas militó durante bastante tiempo como un superhéroe noble y misterioso hasta que se le concedió su propia serie. A partir del nº 5 (Agosto 1973), Pantera Negra se convirtió en el protagonista titular de “Jungle Action”, una colección en la que se benefició de los guiones de Don McGregor y el dibujo de Billy Graham, un artista de raza negra (que luego pasaría a encargarse en otro héroe de color, “Luke Cage,
Héroe de Alquiler”).

Muy poco se había revelado del pasado y circunstancias de Pantera Negra desde su creación ocho años antes, y McGregor aprovechó tal oportunidad para crear en sus historias la cultura, historia, mitología y geografía de Wakanda. Esta etapa del personaje merece también un artículo más extenso, por lo que no me explayaré más sobre ella, apuntando solamente que McGregor la utilizó como plataforma sobre la que reflexionar sobre temas sociales entonces candentes, como el racismo, la discriminación, el patriotismo y la lucha política, convirtiendo a Pantera Negra en un héroe introspectivo e inclinado a los discursos espesos.

A pesar de los favorables comentarios de la crítica, la serie no tuvo buenas ventas y acabó cancelándose en el nº 24 (noviembre 1976). Y he aquí que Jack Kirby acababa de regresar a Marvel tras su decepcionante estancia en DC, donde ninguno de los títulos había conseguido buena acogida. Nada más llegar le encargaron ocuparse de dos personajes que años atrás había ayudado a crear: el Capitán América y Pantera Negra. A éste último se le concedió una cabecera propia de cadencia bimensual cuyo primer número aparecería en enero de 1977.

Kirby recibió este último encargo a disgusto. Por una parte, no deseaba regresar a un personaje del que ya había contado todo lo que quería. Su ambición era trabajar conceptos nuevos, como “Devil Dinosaur”, “2001: A Space Odyssey”, “El Hombre Máquina” o “Los Eternos”. Para empezar, decidió ignorar todo lo que McGregor había hecho con Pantera Negra en los años anteriores, despojándole de cualquier contenido reivindicativo y, como también hizo con el Capitán América, aislándolo del Universo Marvel para embarcarlo junto a un catálogo de nuevos y extravagantes secundarios en aventuras autónomas de corte clásico con elementos de ciencia ficción y fantasía: extraterrestres, objetos de poder, reinos perdidos, criaturas imaginarias, científicos locos…

El trabajo crepuscular de Kirby es un gusto adquirido. Sin duda sus comics de los setenta están repletos de acción y destilan una gran energía, pero hay a quien le disgusta su desprecio por las reglas a las que se ajustaban ya por entonces los comics Marvel: continuidad, aparición de otras figuras del universo compartido, momentos de pausa que desarrollaran a los personajes… Efectivamente, la primera página del primer número de la colección ya transporta al lector a un mundo propio: sin presentación previa. Esa primera viñeta nos muestra a Pantera Negra y un grotesco enano que responde al expresivo nombre de
Mr.Little investigando un cadáver relacionado con una rana de latón.

El primer arco argumental vería a Pantera Negra mezclándose a la fuerza con un grupo de coleccionistas de objetos singulares –Mr.Little es uno de ellos- dominados por una desmedida ambición por lo extraño. La rana en cuestión es una máquina del tiempo que traerá a nuestra época un peligroso ser del siglo LXVI que deberá ser devuelto a su origen encontrando la rana gemela que se guarda nada más y nada menos que en la escondida cámara del tesoro del rey Salomón. Y cuando esa aventura toca a su fin en el número 5, lo obligan a continuar su exploración de mundos perdidos, en esta ocasión la ciudad sagrada en la que se custodia la fuente de la eterna juventud.

Esas peripecias tienen lugar en geografías imaginarias y todos los personajes secundarios son enteramente nuevos. En ningún momento Kirby trata de asentar las historias en el marco del Universo Marvel. En ese punto de su carrera, se había cansado de dibujar las epopeyas superheroicas que él mismo había ayudado a crear y es evidente que trataba de alejarse de las fórmulas establecidas junto a Stan Lee diez años antes. Más que el protagonista, la Pantera Negra es aquí un testigo de un enloquecido mundo que gira a su alrededor. Así, en el nº 7 emprende un viaje de vuelta a su
reino amenazado por Jakarra, un general golpista transformado gracias al vibranium en una criatura monstruosa. N´Gassi, el regente, convoca a cuatro parientes de T´Challa para que asuman la identidad de Pantera Negra y se enfrenten al monstruo.

Es cuestión de opiniones, pero el arco argumental de los buscadores de tesoros es el más logrado de los dos que a Kirby le dio tiempo de desarrollar íntegramente, una mezcla entre Indiana Jones y Erich von Daniken, aventura pura rebosante de acción. Los episodios sobre la guerra civil en Wakanda tienen sus momentos, pero dedica demasiado tiempo a los patéticos “Mosqueteros Negros” (los parientes de T´Challa) creados para dar más sustancia a la familia real de la imaginaria nación.

Guste Kirby más o menos, hay que admitir que no estamos ante la mejor etapa del personaje. Pantera Negra reacciona más que actúa y es manipulado y zarandeado por unos y otros, pero al fin y al cabo estamos hablando del auténtico padre del héroe y hemos de respetar su visión del mismo por mucho que entre en conflicto con la idea que nos habíamos formado del mismo o aunque contradiga lo que McGregor había hecho con él en “Jungle Action”.

Que Pantera Negra sea un actor pasivo no quiere decir que haya poca acción. Todo lo
contrario. Kirby lanza contra el héroe todo tipo de adversarios, desde robots a samuráis, de alienígenas a contrabandistas, de monstruos a guardianes de antiguas tumbas despertados por sus codiciosos compañeros de viaje. En todos los episodios podemos encontrar páginas con las escenas de peleas que tan bien se le daban a Kirby. Eso sí, no se puede decir que las tramas contengan mucho más. No hay, por ejemplo, un verdadero desarrollo del personaje, que Kirby plantea desde el inicio como un héroe proclive al pacifismo –aunque no dude en combatir cuando sea necesario- y orgulloso de su herencia tradicional, pero que no experimenta ningún cambio en el curso de los doce números. Su persona reúne los atributos característicos del héroe tradicional: valiente, noble, sabio, compasivo y protector de su pueblo; pero su jactancia, ocasional prepotencia, ausencia de defectos e impasibilidad ante las tentaciones mundanas (ya sean las económicas o las carnales) lo alejan de la mayor humanidad que ya entonces los lectores exigían de los heróes.

Tampoco los secundarios revisten mayor interés independientemente de lo pintorescos que puedan resultar. Mr.Little es quizá el más interesante de todos, una de esas creaciones que sólo Kirby podía imaginar: de aspecto ciertamente grotesco (enano, con un monóculo, un peculiar corte de pelo y vestido con trajes de los años treinta), resulta tan carismático como repulsivo. La princesa Zanda y el resto de los coleccionistas están completamente desaprovechados y su papel es meramente instrumental. El arco argumental que se desarrolla en Wakanda queda lastrado por el tono excesivo y relamido propio de Kirby y su creación más peculiar para esta historia, los “Mosqueteros Negros”, son algo difícilmente clasificable que uno no sabe si considerar una idea potencialmente brillante pero mal desarrollada o una metedura de pata integral.

En cuanto al dibujo, nos encontramos con un trabajo que sigue la evolución de síntesis y
estilización emprendida por Kirby desde finales de los sesenta. Las suyas son viñetas más centradas en las figuras que en los fondos y aquéllas tienen un aspecto colosalista, algo rígido, poco realista pero de indudable poder gráfico; abundan las escenas desbordantes de lucha cuya potencia viene subrayada por líneas cinéticas; como de costumbre, la tecnología y los atuendos tienen un diseño tan poco verosímil como fascinante en su barroquismo…. Su estilo se inclinaba claramente hacia el expresionismo y, según algunos, incluso al feísmo, lo que unido a su peculiar sentido de la perspectiva y la anatomía alejó a muchos lectores que habían crecido leyendo comics dibujados por Neal Adams, el otro gran revolucionario del dibujo en el comic-book.

Destacar especialmente las páginas-viñeta con las que abría cada episodio y las ocasionales dobles páginas, ilustraciones repletas de figuras y movimiento. Hay que subrayar también el trabajo de sombreado y delineado de Mike Royer, compañero creativo habitual del Kirby de los setenta y sin duda uno de los entintadores que mejor comprendió su arte junto a Joe Sinnott.

Para ser un trabajo que Kirby aceptó a regañadientes, hay que decir que en “Pantera Negra” realizó una labor notable. Pero su momento había pasado. Para empezar, el propio Kirby había sido adelantado por toda una hornada de nuevos guionistas y dibujantes que, subidos a sus hombros, estaban llevando a cabo una profunda revolución temática y estética en Marvel en la que él ya no tenía cabida. Neal Adams había cambiado la forma de dibujar superhéroes y el estilo de Kirby se había convertido en una especie de isla de la que todo el mundo hablaba bien pero que nadie quería imitar. Es triste, es injusto, pero lo cierto es que su impactante arte, el que ayudó a Stan Lee a crear el Universo Marvel, ya no llamaba la atención de los lectores más jóvenes.

Además, con motivo de la negociación de su contrato para volver a Marvel, Kirby había exigido
condiciones similares a las que ya había disfrutado en DC, esto es, autonomía absoluta, ser su propio editor y poder elegir a sus colaboradores. Quizá las ganas de Marvel de volver a contar entre sus filas a uno de los padres fundadores de su exitoso universo le nubló la perspectiva, porque lo cierto es que la independencia que Kirby había tenido en sus colecciones en DC no había dado buenos resultados. Sin un editor que obligara al autor a modificar el enfoque de la colección si ésta no estaba funcionando bien entre los lectores, Kirby se perdió en su propio mundo, indiferente al devenir de la editorial, las tendencias vigentes o incluso las cifras de ventas. “Pantera Negra” fue un barco que navegó solo y se hundió solo.

Tampoco era el momento idóneo para un título centrado en aventuras ligeras ambientadas en parajes exóticos y con homenajes a la ciencia ficción que no respondían a los parámetros superheroicos al uso (Pantera Negra siempre llevaba su traje de combate, pero lo cierto es que bien podría haber vestido la gastada indumentaria de Indiana Jones y el resultado habría sido el mismo. Como he mencionado, tampoco hicieron aparición otros personajes del Universo Marvel ni había supervillanos al uso). Los comics Marvel eran leídos con avidez en los campus universitarios de todo el país por unos jóvenes que habían
vivido el vértigo de la derrota en Vietnam, la lucha por los derechos civiles, los asesinatos de Estado o el escándalo del Watergate. Tal y como demostró el éxito de la saga del Imperio Secreto del Capitán América, esa nueva generación quería héroes más sofisticados, con los pies en la tierra y que tuvieran que lidiar con la poco amable realidad de los telediarios. Y la épica excesiva y algo desmesurada propia del pulp que ofrecía Kirby era precisamente todo lo contrario.

Kirby se marchó en el número 12 (agosto 1978) dejando inconcluso el arco argumental en curso
en el que la Pantera Negra obtenía poderes telepáticos mientras luchaba contra un científico loco. Jim Shooter, Ed Hannigan, Jerry Bingham y Gene Day terminaron la aventura justo para cancelar la serie en el número 15 (mayo 1979).

Para cuando salió aquel último número, Kirby ya no trabajaba en Marvel. En abril había vencido su contrato y ninguna de las dos partes estaba interesada en renovarlo. Ninguno de los proyectos del autor había obtenido buenos resultados en cuanto a ventas, y los nuevos ejecutivos y editores de la casa –que había sido adquirida por Cadence Industries- no sentían ningún respeto por él. Por su parte, Kirby también se sentía decepcionado no sólo por la falta de aceptación de sus proyectos más queridos (que no fue la Pantera Negra, sino obras más personales como “Los Eternos” o “2001: Una Odisea del Espacio”) sino por el trato que recibía y las interferencias y presiones que había sufrido. Ya nunca más volvería a trabajar para Marvel.

La partida de Jack Kirby supondría para la Pantera Negra el comienzo de un largo hiato como “actor invitado” en otras colecciones y miembro ocasional de Los Vengadores, hasta que nueve
años después, en 1988, se le dedicó por fin una miniserie escrita por Peter B.Gillis y dibujada por Denys Cowan (otro afroamericano) en la que se retomaba la orientación social y política del personaje. Pero eso es otra historia…

Puede que en el momento de su publicación original “Pantera Negra” no fuera sino un anacronismo histórico que no supo encontrar su público en ese momento de caos editorial que fue la Marvel de los setenta; pero hoy los doce números de Kirby pueden leerse con agrado –siempre y cuando sientas cierta querencia por el peculiar estilo del autor, claro-. Su dibujo es tan poderoso como de costumbre y hay encanto y magia en sus páginas, siempre y cuando no te las tomes demasiado en serio. Carece de la profundidad y las pretensiones de los guiones que McGregor hizo para el personaje, pero a cambio tenemos el desbordante genio de Kirby en creaciones inimitables como la Rana del Rey Salomón, Mr.Little y la Princesa Zanda, el Hombre de los Seis Millones de Años, los Mosqueteros Negros o Kiber el Cruel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario