14 ago 2026

1994-HELLBOY – Mike Mignola (8)




(Viene de la entrada anterior)

 

Quizás se deba a que en todos sus demás comics trabaja con otros artistas, pero casi nunca se habla de Mignola como guionista. Sólo después de escribir “Hellboy” durante casi dos décadas, empezó a reconocérsele como tal. Incluso cuando ha trabajado con otros dibujantes como P. Craig Russell, Kevin Nowlan o Richard Corben, Mignola mantuvo su propio ritmo y estilo en las historias del personaje y ninguna de ellas se aleja, en el espíritu, de lo que él mismo habría dibujado. Con el paso de los años, perfeccionó el tipo de historia concisa, autónoma y evocadora que trata tanto sobre sus personajes como sobre el folclore, la mitología o el terror. En “La Tormenta y la Furia” (2010), con la que cierra la trilogía compuesta, además, como ya vimos, de “La Oscuridad Llama” (2007) y “La Cacería Salvaje” (2008) y pone punto final al épico arco de Hellboy en la Tierra, retomando las semillas que durante dos décadas fue sembrando en las narraciones más breves y construyendo una epopeya a partir de ellos.

 

La acción comienza de forma bastante tranquila, con Hellboy y Alice Monaghan conduciendo un pequeño coche de alquiler por la campiña inglesa. Muy pronto se topan con el primero de muchos enfrentamientos violentos que irán sucediendo hasta el final. Mientras tanto, Hellboy deberá decidir si es el destructor o salvador del mundo; qué hacer con ejércitos de nobles británicos muertos que se levantan de sus tumbas para ponerse a su servicio como futuro rey; esquivar la magia de Morgana le Fay, la reina Mab y Merlín; determinar el destino final de la espada Excalibur; enfrentarse a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, el rey Voldemort y la Cacería Salvaje, una visita de Azaroth, e incluso pactar con Baba Yaga. La intriga y la acción no cesan ni un instante en las 176 páginas de este comic (que, originalmente, Dark Horse publicó como dos miniseries de tres números cada una, “La Tormenta” y “La Furia”).

 

En los veinte años de trayectoria que ya acumulaba su personaje en este punto, Mike Mignola nunca trató de engañar al lector respecto al destino de Hellboy: gobernar este mundo como el Infierno en la Tierra. Sus enemigos creían firmemente que él sería el diablo que ganaría la batalla entre el Bien y el Mal. Eso es lo que hizo que esta extraña historia de terror sobrenatural acerca de un tipo que parecía un demonio fuera tan fascinante. Mignola lo representaba como alguien “normal”, cercano a nuestras emociones e instintos, pero el mundo que lo rodeaba rebosaba de monstruos, magia y fenómenos extraordinarios.

 

En “La Tormenta y La Furia”, todos esos horrores y maravillas han alcanzado por fin a Hellboy, quien acaba de descubrir en “La Cacería Salvaje” que en realidad desciende del Rey Arturo por parte de madre. Puede que el linaje paterno quiera que reine en el Infierno, pero el materno desea que se alce como el próximo y glorioso rey de Gran Bretaña. Mignola aborda y resuelve por fin el conflicto central de la vida de Hellboy. Durante toda su existencia se le ha dicho que está destinado a ser el catalizador del fin del mundo, el rey de las hordas infernales y la mano derecha del Mal. La historia explora su resistencia a aceptar un destino impuesto por la sangre y las profecías, defendiendo su derecho a elegir su propio camino. Y a ese conflicto, se añade otro, porque el héroe se encuentra atrapado no sólo entre dos posibles destinos, sino, como he dicho, entre dos herencias imposibles: por parte de su padre biológico, está destinado al Infierno, pero en esta etapa se descubre también genealogía materna que lo marca como descendiente directo del Rey Arturo, lo que le otorga derechos legítimos al trono de Inglaterra y a portar la espada Excalibur. Hellboy resolverá el dilema cortando el nudo gordiano, esto es, rechazando tanto la corona celestial de Inglaterra como el trono infernal. 

 

Porque lo único a lo que aspira Hellboy es a recuperar su vida, reunirse con sus amigos en la AIDP y sentar la cabeza con Alice, una chica agradable y normal (aunque bastante más mayor de lo que aparenta) a la que una vez salvó de una amenaza sobrenatural. Pero antes de conseguirlo, debe luchar contra un dragón por su propia alma. En las páginas previas a la batalla climática que Mignola ha estado preparando desde el primer número de “Semillas de Destrucción”, permite finalmente que su personaje se encuentre a sí mismo y descubra quién quiere ser. En las tres miniseries dibujadas por Duncan Fegredo, Mignola recoge casi todo lo que ha pasado años insinuando sobre la verdadera naturaleza de Hellboy y lo aclara y remata (a pesar de que al finalizar el comic todavía queden algunos misterios por revelar).

 

Al principio de “La Tormenta y la Furia”, Hellboy decide enfrentarse a sus enemigos en solitario. Podría haber contado con la ayuda un gran ejército de resurrectos guerreros británicos, pero Mignola sabe que su héroe jamás haría eso. Incluso en su estado de embriaguez, huyendo de su supuesto destino, Hellboy sabe que no puede dejar que nadie más luche sus batallas. Ante la inminencia del apocalipsis y el despliegue de ejércitos colosales, tanto los monstruos y brujas de la Reina de la Sangre como los ejércitos ancestrales de Inglaterra, Hellboy toma la decisión de apartar a sus amigos y marchar en solitario. Asume que hay batallas y cargas personales que uno debe librar por sí mismo para proteger a los demás. 

 

“La Tormenta y la Furia” no es solamente un espectáculo de monstruos, fantasmas y duendes, sino una historia de personajes. Quizás por primera vez en veinte años, Mignola pone todo su empeño en desarrollar su héroe, convirtiéndolo en algo más que un simple secundario con el que recrear leyendas, mitos y cuentos folclóricos. Tras tantos años contando las andanzas de Hellboy por el mundo, su creador le da una auténtica razón para luchar por la justicia y el futuro de la especie entre la que ha vivido; una misión trascendente que va más allá de la simple caza de criaturas sobrenaturales como medio de evadir su profetizado destino. De esa forma, Mignola consigue que el lector empatice y simpatice con este Hellboy que se presenta como figura sacrificial e irónica, a saber, como demonio del infierno que encarna algunas de las mejores y más admirables virtudes de la humanidad.

 

Para conseguir la vida que, después de tanto tiempo, se da cuenta que desea, Hellboy debe enfrentarse al dragón místico que lo ha estado manipulando desde el principio. A medida que el personaje avanza en su viaje, Mignola no deja de lado la acción que también ha caracterizado siempre la serie. Las batallas están bien escritas y son entretenidas tanto a nivel visceral como motor para el desarrollo de los personajes. Paralelamente a ellas transcurre algún tipo de narración paralela de un evento que acontece en otro lugar, proporcionando información adicional y significado a la escena principal.

 

Hay mucha acción, sí, pero no por ello se descuida la atmósfera, tan importante también en la serie. Eliminando casi toda referencia al mundo real (excepto cuando el apocalipsis empieza a abatirse sobre el planeta), Mignola logra que cada página destile el sabor de un cuento de hadas. De hecho, los momentos más dramáticos de la miniserie no son tanto las batallas y duelos singulares como aquellas escenas en las que parece que el tiempo se ha detenido en el tránsito de una era a otra. “La Tormenta y la Furia” entrelaza de manera orgánica el mito artúrico, la brujería tradicional británica y las mitologías nórdica y eslava para contarnos el colapso de la era de la magia y la transición inevitable hacia un nuevo orden cósmico aterrador.

 

Puede sonar extraño, ya que se trata de su personaje, pero Mike Mignola no era el dibujante idóneo para esta historia. Reclutar a Duncan Fegredo para ilustrar estas épicas miniseries fue un acierto completo, puesto que este artista británico es capaz de plasmar a la perfección tanto las batallas grandiosas como las luchas internas que Hellboy afronta en estas páginas. Si observamos los cómics anteriores, Mignola es un maestro en dar vida a sus historias, pero Fegredo las hace brotar de los personajes, manteniéndose fiel al estilo narrativo que aquél estableció desde el principio en “Semilla de Destrucción”.

 

En una historia en la que toda vida corre peligro de muerte, Fegredo logra, de forma imperceptible, transformar la perspectiva de un “hombre” que busca su lugar en el mundo a la de un héroe que libra una de las batallas más importantes de la Historia. Es un cambio sutil pero esencial. El arte de Fegredo tiene un toque duro. En el rostro de Hellboy, tal y como lo dibuja, se puede apreciar la carga y el cansancio que hacen mella en su espíritu. Ha pasado por mucho y, sin embargo, ha logrado encontrar la felicidad con Alice sin necesidad de seguir bebiendo para olvidar. Fegredo transita con fluidez y sin aparente dificultad de los momentos de acción desmesurada en los que, por ejemplo, Hellboy lucha contra una especie de orco gigante, a otra escena íntima en la que el protagonista medita sobre su futuro sentado en una taberna rural. Es un maestro en la representación de bosques y aldeas tranquilas tanto como de escenas multitudinarias, moviéndose con facilidad y coherencia entre lo espectacular y lo sobrio, lo épico y lo íntimo. Pero, sobre todo, es la humanidad y emoción que transmite en cada viñeta lo que hace que "La Tormenta y la Furia" destaque por sobre todas las historias que la precedieron.

 

Como ya he hecho otras veces, tengo que destacar el extraordinario trabajo del colorista habitual de “Hellboy”, Dave Stewart, que sabe acentuar el dramatismo de la historia y el dibujo. Los bosques lucen un verde exuberante, los castillos un azul solitario, y la violencia se representa con rojos y amarillos intensos. La violencia del color disminuye en el acto final, a medida que los personajes comprenden la tragedia del desenlace.

 

Mi principal crítica a “La Tormenta y la Furia” es que, en algunos momentos, parece que la historia se acelera demasiado, dejando sin desarrollar eventos interesantes relacionados con la batalla final. El ejército de muertos vivientes, por ejemplo, es una aparición espeluznante, pero apenas se le utiliza. Todo sucede muy rápido y hay poco tiempo para asimilarlo. Es una historia con mucha acción, sí, pero eso no significa necesariamente que todo tenga que discurrir apresuradamente. Un número más habría dado al lector más tiempo para comprender bien lo que ocurre.

 

Por otra parte, el papel que desempeña Alice quizá no justifica que aparezca tanto. Sin duda, está involucrada en la acción, pero dados los pocos detalles que se habían dado sobre su pasado, el lector puede asumir que tendrá un cometido más activo en la trama, en lugar de ser un mero elemento al que otros personajes aporten información y expliquen ciertos detalles. La forma en que el guion junta a Hellboy y Alice no resulta en un romance convincente, al menos tal y como Mignola plantea sus diálogos (¿Llevan saliendo una semana y ya planean mudarse juntos a Estados Unidos? ¿A otro continente? En un comic lleno de demonios, dragones y caballeros zombis esa conversación es lo más descabellado que sucede). Al menos, en las viñetas donde Fegredo los muestra pasando tiempo juntos o riendo, puede creerse que son una pareja que se preocupa el uno por el otro. El arte, en este caso, tiene que encargarse de lo que el guion no consigue y Fegredo lo hace únicamente a través del lenguaje corporal y las expresiones faciales.

 

Pero estas pegas, en realidad, son menores. En general, “La Tormenta y la Furia” es una buena lectura, y una excelente conclusión a una larga trayectoria en la que Mignola logra encontrar el equilibrio perfecto entre el héroe y el monstruo. Hellboy se enfrenta al fin del mundo y lo hace solo, sin equipo que lo respalde ni aliados que lo acompañen. Está solo, abriéndose paso entre hordas de soldados no muertos para llegar hasta el dragón y hacer el sacrificio supremo para salvar al mundo. Entre brujas, trolls, cerdos parlantes y aterradoras criaturas cósmicas, Mignola por fin encuentra el corazón y el alma de su personaje emblemático.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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