La renovación editorial que inició DC apoyándose en la maxiserie “Crisis en Tierras Infinitas” (1985-86) incluyó la renovación, modernización y simplificación más o menos integral de sus personajes de bandera como Superman, Wonder Woman o la Liga de la Justicia… pero no de Batman. La mitología de éste se consideró tan compacta y eficaz que no requería de una actualización a los tiempos modernos. Sí se llevó a cabo, no obstante, un refuerzo de sus orígenes y de su lado más oscuro.
En respuesta a las preguntas de los lectores al respecto de los planes que la compañía tenía para

Esa purificación comenzó en 1986, aunque de forma un tanto cautelosa ya que se realizó fuera de la continuidad oficial e incluso ajena a las colecciones regulares. Se trató de “Batman: El Regreso del Caballero Oscuro”, de la que ya hablé en una entrada anterior y que fue realizada por el que entonces era el artista más cotizado de la industria del comic-book: Frank Miller. Aquella versión futurista y achacosa de un Batman traumatizado se ganó inmediatamente las alabanzas de críticos y lectores y, junto con “Watchmen” sigue estando hoy considerada como una de las obras seminales de la década.

Para aquellos lectores más jóvenes que sólo conozcan a Miller por su obra de las últimas dos décadas, ya sea su serie detectivesca de homenaje al pulp “Sin City” o su regreso al universo de Batman con “Batman DK2” o la retroserie “All-Star Batman & Robin”, puede resultar difícil asociar los adjetivos “brillante” y “sutil” con Miller. Pero en la década de los ochenta del pasado siglo, este autor desplegaba un talento extraordinario, capaz de ofrecer caracterizaciones repletas de matices y tocar temas polémicos con habilidad combinando un potente estilo narrativo con un buen ojo para la composición y el planteamiento de las escenas. Por desgracia, Miller es un autor cuyo trabajo parece perder madurez conforme él envejece y sus obras más recientes son más propias de un adolescente -con talento, sí, pero adolescente al fin y al cabo- que de alguien con sus credenciales en el medio.
Pero, en cualquier caso y como he dicho, los ochenta fueron su edad dorada, algo que


Pero este comic, tanto o más que de Batman, trata sobre el teniente de policía James Gordon. Ambos llegan a Gotham simultáneamente aunque su percepción de la ciudad no puede ser más diferente: Wayne en avión privado, la contempla desde el aire, por encima de toda la mugre y congestión con la que se topa Gordon viajando en tercera clase en el tren. Todo lo que ocurre a partir de ese inicio es narrado alternativamente por uno o por otro de acuerdo a sus respectivos puntos de vista (un recurso habitual en la novela negra) y conforme van encontrando su lugar en la ciudad y la forma de luchar contra el crimen. Gordon es un policía honesto que llega a Gotham castigado por algún tipo de infracción no especificada y que se encuentra con un Departamento corrupto hasta la cúspide. La forma en que lucha por mantener su integridad personal –lucha que llega al plano físico, algo novedoso para el personaje- y al tiempo

Igualmente, el guión va trenzando el destino de ambos hasta que policía y justiciero toman conciencia no sólo de la naturaleza del otro y de que militan en el mismo bando, sino de que se necesitan mutuamente en su cruzada común contra el crimen. El uno es un policía mal pagado pero honrado, eficaz y con experiencia; el otro un millonario muy adiestrado y motivado y con inmensos recursos materiales a su disposición.
Miller no había llegado todavía –aunque le quedaba muy poco- a su fase autoparódica, a los personajes extremos e inverosímiles que desfilarían, por ejemplo, por las páginas de “Sin City”. El trabajo de caracterización de “Año Uno”, en cambio, es muy sólido, contenido y rico en matices. Incluso los personajes secundarios, algunos de los cuales sólo asoman brevemente por los rincones de la historia, tienen asimismo su propia personalidad: Merkel, el fiel ayudante de Gordon; la

Miller toma otra decisión creativa que le había funcionado bien en “Daredevil”. Cuando se hizo cargo del héroe ciego de la Marvel lo apartó de las coloristas peleas con supervillanos para colocarlo en un entorno urbano y eminentemente

Miller, por tanto, elimina buena parte del aire fantástico propio del género superheroico para asentarlo en al realismo. De hecho, no aparecen otros superhéroes y sólo se menciona de pasada a cierto hombre volador de Metrópolis. De acuerdo con esta premisa, Batman es un hombre macizo con un traje no particularmente glamuroso al que se le puede sorprender y herir –a veces hasta de forma insultantemente sencilla- y que prepara sus dramáticas apariciones utilizando sus propios focos. Pero también y al mismo tiempo es alguien superior al hombre corriente, capaz de efectuar hazañas atléticas y marciales y dotado de una voluntad de hierro. El realismo se extiende a las escenas de acción, muy físicas, y también al clímax, con un peligro más personal e íntimo que el derivado de una espectacular batalla contra un supervillano.

Las escenas de acción son espectaculares y dramáticas. Especialmente aquélla en la que un equipo de SWAT acorrala a Batman en un edificio en ruinas es una de las más memorables de toda la historia del personaje, efectuando éste una huida melodramática imposible de olvidar –que luego fue copiada en la película “Batman Begins” con resultados muy inferiores-.
Otro aspecto a destacar es que “Año Uno” hace honor a su título, esto es, narra lo que ocurre

Pero este comic no habría podido alcanzar una cota de calidad tan elevada sin el concurso de su dibujante, David Mazzuchelli. Éste había colaborado anteriormente con Miller en “Daredevil: Born Again”, también con resultados inmejorables. Pocos autores han existido en el ámbito del comic-book con una evolución gráfica tan rápida y personal como la que llevó a cabo Mazzuchelli. Con tan sólo un puñado de obras, pasó de la esperada bisoñez de un recién llegado a dominar el naturalismo idealizado y de ahí al minimalismo y al expresionismo. Y esto, en sí mismo, no es baladí porque en el género superheroico las derivas respecto a los cánones gráficos bien establecidos no solían ser tolerados (hoy las cosas han cambiado bastante). Se permitía a los dibujantes pulir su estilo,

Miller era consciente de que había escrito no tanto un comic de superhéroes como una novela negra y sabedor de que necesitaba al dibujante adecuado, se lo ofreció a Mazzuchelli. Éste llega en “Año Uno” a su plena madurez artística, aportando un tono realista y al mismo tiempo desnudo y minimalista, engañosamente tosco, que inevitablemente remite al de Alex Toth, pero pasado por un filtro mucho más sombrío, deudor quizá del estilo de Milton Caniff, Will Eisner en “Spirit” o José Muñoz en “Alack Sinner”. No hay exageraciones anatómicas ni posturas forzadas, pero sí una elegante plasticidad y un extensísimo rango de matices en las expresiones y manera de moverse de los diferentes personajes. Su conocimiento de la anatomía y de la expresividad, habida cuenta de la relativa escasez de su obra, ha de responder no sólo a la práctica incesante sino a un talento innato.
Si la Nueva York que había dibujado para “Daredevil: Born Again” era una ciudad sucia pero,

Mazzuchelli utiliza abundantes espacios negros que cubren la mayor parte de muchas planchas. Es un tebeo que podría haberse publicado en blanco y negro, aunque el trabajo de la colorista Richmond Lewis no sobra en absoluto, aportando con su contenida paleta de tonos tierra y grises una capa adicional de mugre, de atmósfera opresiva y desesperanza. Una elección cromática que, además, aleja la obra del brillo habitual en el género de los superhéroes para afianzarla aún más si cabe en el campo del género negro o la aventura de corte más clásico.

Hay quien ha afirmado que la única pega de “Batman: Año Uno” es que es un comic demasiado bueno. No es raro, y puede que incluso sea inevitable, que tras leerlo, el resto de las historias de superhéroes –y muchas de otros géneros- palidezcan en comparación. Pocas ofrecen la misma mezcla de profundidad intelectual, intensidad emocional y aventura de estilo clásico. Pero también es cierto que tan buena como es esta versión que nos ofrece “Año Uno” del famoso superhéroe, a largo plazo no habría sido sostenible. Miller construye unos personajes y situaciones muy particulares que él maneja a la perfección, pero que en manos de de otros guionistas no darían ni de lejos el mismo resultado. Ahí tenemos al mismo Batman, un personaje heroico pero obviamente desequilibrado por su trauma infantil a la hora de ver y relacionarse con el mundo; de ahí que James Gordon ayude a nivelar la trama con su humanidad y su cordura. Todo el entramado funciona de maravilla para esta

Pese a publicarse originalmente en la serie regular, “Batman Año Uno” es claramente un comic para lectores adultos, tanto por su trama y sus temas como por la construcción de personajes, su nivel de violencia, su estilo narrativo e incluso su dibujo. No sólo fue un trabajo seminal en el comic de superhéroes, sino que resultó tremendamente influyente, inspirando a muchos otros guionistas y dibujantes (no siempre con resultado afortunado hay que decir). Hoy, tres décadas después, sigue manteniendo toda su frescura, intensidad y capacidad para maravillarse ante una obra perfecta y llena de matices. Para muchos, es la mejor historia jamás narrada del personaje y aunque deja subtramas inconclusas –como la de Catwoman o la guerra mafiosa entre los Romano- otros autores las continuarían en sagas destacables –aunque no tan insignes como esta- como “El Largo Halloween” (1996) o “Presa” (1990)
Un clásico imprescindible, se sea o no fan del comic de superhéroes.
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