Uno de los periodos más fructíferos y polémicos de la historia de Marvel fue aquel en el que su destino estuvo regido por Jim Shooter, editor en jefe desde 1978 hasta su abrupta salida de esa casa en 1987. A nivel creativo tuvo grandes aciertos, como el establecimiento de la línea Epic o la inauguración de la colección de Novelas Gráficas; pero también fracasos estrepitosos, como “Secret Wars” (que, financieramente, funcionó muy bien siendo como era un comic mediocre) o lo que se dio en llamar como Nuevo Universo.


El lanzamiento del Nuevo Universo vino acompañado por una fuerte campaña publicitaria pero lo cierto es que los ocho títulos de los que constaba no fueron bien acogidos por el público. Cuatro de ellos fueron cancelados al final del primer año, un quinto fue pasado a bimensual y el resto renqueó sin que los esfuerzos realizados por el sucesor de Shooter al frente de la editorial, Tom DeFalco, sirvieran para mucho. Es cierto que las colecciones supervivientes tenían ventas que quizá hubieran justificado su continuación, pero en ese momento de auge de la editorial se pensó que los artistas y recursos empleados en ellas tendrían mejor aprovechamiento en otros lugares del universo tradicional. Por tanto, en 1989, la línea se cerró. Tras ser despedido en 1987, Shooter responsabilizó muy convenientemente del fracaso a su sucesor, el mencionado DeFalco, y a los ejecutivos que recortaron el presupuesto asignado a esas colecciones impidiendo la contratación de equipos creativos de empaque. Más tarde, utilizaría los mismos conceptos básicos para construir Valiant Comics.

Con la excepción de pequeños cruces o fusiones con el Universo Marvel tradicional o adyacentes (Peter David en “Spiderman 2099” o Mark Gruenwald en “Quasar”), el Nuevo Universo permaneció vivo sólo en la memoria del puñado de nostálgicos que lo recordaban con benevolencia hasta que en 2006, el entonces editor en jefe de Marvel Joe Quesada y el editor Mark Paniccia prepararon una serie de eventos conmemorativos del vigésimo aniversario del Nuevo Universo, una extraña decisión dado el escaso interés que los lectores en general habían demostrado en su recorrido inicial. A finales de febrero y comienzos de marzo de aquel año, Marvel lanzó “Untold Tales of the New Universe”, una miniserie que en cinco semanas recuperó a los personajes y que enlazó con “Newuniversal”, destinado a ser, al menos inicialmente y a la espera del resultado, una miniserie de doce números guionizada por un escritor tan conocido como polémico: Warren Ellis. El apartado artístico se encargó al genial dibujante valenciano Salvador Larroca.

Las ventas parecieron responder y Marvel anunció que los dos primeros números se habían agotado, con nuevas portadas. Pero tras el número 6, la colección se paralizó. Por algún motivo, Warren Ellis empezó a espaciar cada vez más la entrega de sus guiones hasta el punto de que pasaban los meses y Salvador Larroca tuvo que buscar otros trabajos para no quedarse totalmente parado. Finalmente, abandonó el proyecto.
En 2008, la historia halló su continuación en una miniserie, “Newuniversal: Shockfront”, escrita por Ellis e ilustrada por Steve Kurth y Andrew Hennessy, a la que se añadieron dos números unitarios en los que se exploraba el pasado de esa línea temporal: “Newuniversal: Conqueror” y “Newuniversal: 1959”. En 2009, Ellis dijo haber perdido sus archivos tras algún tipo de accidente informático y anunció que el proyecto había muerto, lo cual dice mucho del poco interés que tenía por él. Había durado incluso menos que el “viejo” Nuevo Universo
Es difícil saber lo que hubiera podido llegar a ser esta reinvención de uno de los peores fracasos de la historia de Marvel. La comparación más obvia con el trabajo de Ellis en el Nuevo Universo es lo que Ronald D.Moore hizo con la vetusta serie setentera “Battlestar Galactica”,

Como el Nuevo Universo original, NewUniversal está ambientado en un mundo en el que cierto número de gente, de forma súbita tras un misterioso acontecimiento cósmico, manifiesta capacidades sobrehumanas. Sin embargo, mientras que se suponía que el Nuevo Universo era nuestro mundo, el punto de arranque de NewUniversal es claramente el de una línea temporal alternativa. Así, Estados Unidos se ha convertido en un país aislacionista, la Rusia soviética se derrumbó en una etapa temprana y China lidera la tecnología espacial y es el principal exportador de cultura popular. Hay otros cambios “menores” pero que sirven para enfatizar la diferencia con nuestro mundo: Paul McCartney murió y John Lennon vivió; los atentados del 11-S en 2001 nunca tuvieron lugar y Hillary Clinton es la

Ellis, por otra parte, era hasta ese momento un completo ignorante acerca del Nuevo Universo y no tuvo reparos, tal y como es su costumbre, en dar la interpretación de aquellos personajes que a él más le conviniera, tomando lo que le gustaba y descartando lo que no. Para empezar, fusionó lo que habían sido originalmente cuatro colecciones independientes (“Starbrand”, “Nightmask”, “Justice” y “Spitfire and the Troubleshooters”) en una sola línea narrativa.
La trama de ámbito mundial recuerda quizá demasiado a la serie televisiva “Héroes”, pero Ellis sabe llevarlo a su terreno e insuflar su propio estilo, aunque tampoco es que lo haga de forma muy original. En el Nuevo Universo de los ochenta, Kenneth Connell, alias Star Brand, era un antihéroe sólidamente escrito por Shooter; aquí, se convierte en un tipo pasivo deudor de Akira. John Tenson, alias Justice, era otro antihéroe, este violento, que, como en muchas películas de acción de la época, actuaba de juez y verdugo. Peter David escribió la mayor parte de los números pero el concepto nunca

Como suele ser habitual en Ellis, el salto entre las escenas protagonizadas por los diferentes héroes está rellenado con excavaciones arqueológicas que descubren antiguas conspiraciones, agencias gubernamentales moralmente ambiguas y, en general, un tono pesimista. Casi todos los personajes están cortados con ese molde cínico tan utilizado por el guionista en todos sus comics.

Una de las cosas que más llaman la atención de este comic a nivel gráfico es el uso que Larroca hace de rostros de actores conocidos para encarnar a ciertos personajes. Según declaró, el veía esta historia como una superproducción y decidió realizar su propio “casting”. Así, vemos a George Holloway, Bruce Willis, Angelina Jolie, James Gandolfini, Gene Hackman, Johnny Depp, Leonard Nimoy, James Cromwell, Nicole Kidman e incluso la reina Leticia en su época de presentadora televisiva. Esa decisión creativa, aunque ocasionalmente divertida, puede tener –y de hecho los tuvo- efectos secundarios no deseados. Por ejemplo, que resulte demasiado fácil salirse de la historia y distraerse con el juego de identificación de tal o cual rostro; o cometer errores en la

Pero dicho esto, el trabajo de Larroca en los seis números de la miniserie es sobresaliente en todos los aspectos: narración, encuadres, diseño de tecnologías futuristas, dibujo de figuras… Basta echar un vistazo a sus páginas en blanco y negro, antes de que Jason Keith aplicara el color, para darse cuenta del inmenso trabajo que volcó en cada una de ellas.

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