30 ago. 2016

1973- CONAN - Roy Thomas y John Buscema (6)




(Viene de la entrada anterior)

Desde sus comienzos, “La Espada Salvaje” fue criticada por la aproximación gráfica que de Conan hizo John Buscema, dotándolo de una apariencia en absoluto noble o épica, sino ruda y estulta a tenor de algunos. Buscema soslayó el problema con su acertado lápiz y gran dominio anatómico, prueba de ello es el premio de la ACBA como mejor dibujante que obtuvo en 1974, y la aceptación mayoritaria de “La Espada Salvaje” por parte del público. El éxito de ventas permitió el incremento constante de sus páginas de historieta, todas ellas magníficas adaptaciones de relatos de Howard, pasando de las 36 planchas del número dos, a las 45 del tres y hasta las 55 páginas del ejemplar número cinco.


El fenómeno de Conan seguía pegando fuerte, con artistas de lo más diverso encantados de colaborar en los pin-ups que solía incluir la revista. También seguía presente la influencia de Barry Smith, cuyo intrincado estilo continuó inspirando a otros artistas aun cuando ya llevara tiempo alejado del mundo hibóreo. Pero mientras que sus imitadores interpretaron mal a su modelo, creyendo que el detalle era lo que lo definía, Smith regresó una última vez en el número 16 de “La Espada Salvaje” (diciembre 1976) para demostrar lo equivocados que estaban.

“Gusanos de la Tierra” era una adaptación de un relato de Howard que Smith había comenzado años atrás como continuación a “Clavos Rojos” y que los fans llevaban demasiado tiempo esperando ansiosos desde el anuncio del proyecto. Pasaron meses, y luego años, sin que se volviera a saber nada de Smith. Al final, cansado de esperar, Thomas decidió dar salida a las páginas ya terminadas por Smith y completar y terminar a historia
recurriendo a Tim Conrad, un artista de nueva hornada cuyo estilo estaba modelado a partir del de Smith. Y, con todo, incluso aunque sólo las primeras siete páginas del primer capítulo estaban firmadas por Smith, quedó perfectamente claro que en el momento en el que las dibujó, seguía siendo el mejor artista de comics del momento. Puede que Kirby fuera el mejor dibujante de comic books, pero Smith, que empezó su carrera como imitador de “El Rey”, le había superado en técnica.

La acción de “Gusanos de la Tierra” transcurría durante la ocupación de Gran Bretaña por los romanos y se abría con una escena de crucifixión en la que Smith plasmaba toda la intensidad del horror y el drama. Pero esa perfecta historieta termina abruptamente en la página siete. Aunque Conrad realiza un trabajo admirable (de hecho, sería uno de los más prometedores valores de Marvel en aquellos años), son esas primeras planchas las que sirven de tristes ecos postreros de la gloria de Marvel en los setenta.

La historia principal de ese número 16, no obstante, es la que da inicio a la historia “El Pueblo del
Círculo Negro”, que continuaría en los números 17 al 19. Se trata de una de las mejores historias de Conan, publicada originalmente en “Weird Tales” en 1934. En este punto de la vida del cimmerio, cuando tiene alrededor de 34 años, ha dejado a sus kozakos para viajar aún más al este, a Afghulistan (el Afganistán de la Era Hiboria), donde se convierte en el líder guerrero de unas tribus de montaña. Tiene en mente levantar un imperio mediante la unión de varios de esos pueblos primero y la lucha contra el poderoso reino de Vendhya (la India), al sur y el imperio turanio al oeste a continuación.

En Vendhya, el rey muere víctima de la brujería y su hermana Yasmina jura vengarse de quien cree responsable: los temidos brujos de Yimsha, que moran en una remota fortaleza en las montañas, ajenos normalmente a los afanes de los hombres, aunque en esta ocasión, por razones no muy claras, decidieron intervenir a favor de Turán. Yasmina saldrá en busca del único hombre que piensa puede ayudarla en su venganza: Conan, a quien pretende chantajear usando como rehenes a sus
capitanes tomados presos en una refriega anterior. Por supuesto, las cosas se tuercen debido a las intrigas políticas y las ansias de poder de ciertos individuos, y Yasmina acaba secuestrada por el cimmerio y expuesta a peligros mundanos y sobrenaturales. A destacar en esta historia tanto la dinámica trama como el personaje de Yasmina, una de las pocas mujeres de las historias de Conan que demuestra tener auténtica personalidad a pesar de no ser del tipo guerrero como Belit, Valeria o Red Sonja.

“El Pueblo del Círculo Negro” es el momento en el que comienzan a evidenciarse las grietas en el equipo Buscema-Alcalá. El minucioso y barroco entintado del segundo requería una gran cantidad de trabajo y a la altura del número 18 queda claro que Alcalá necesitaba un descanso. Era la tercera parte de un serial de cuatro y difícilmente puede encontrarse otra explicación a lo que sucede en el entintado –los lápices de Buscema siguen siendo igual de buenos que siempre- a no ser el agotamiento o las fechas de entrega –o ambos-. Probablemente, Alcalá se dio cuenta de que no podría entintar todo el capítulo a tiempo, así que debió echar un vistazo por su estudio hasta que su mirada recayó en unos pedazos de carbón tirados por ahí…y decidió utilizarlos para experimentar sobre los lápices de
Buscema en lugar de seguir pasando interminables horas aferrado a la plumilla y el pincel. Y, francamente, el resultado es bastante decepcionante, tanto en la calidad como en el mantenimiento de la coherencia gráfica de toda la aventura.

Probablemente, a Thomas no se le pasó por alto este bache, pero también era sabedor de que los problemas con las fechas de entrega eran el principal problema de la Marvel de aquellos años y sin duda decidió que era mejor un mal número que ningún número. “Quizá, después de todo, a los fans les guste este experimento”, debió pensar en un intento de racionalizar su visto bueno a ese número. No debió ser así y esa solución de emergencia por parte de Alcalá no volvió a aplicarse. En el siguiente número, el 19, vuelve a ofrecer el maravilloso trabajo de línea y sombreado que había seducido a tantos lectores. La cuarta entrega es tan buena como mediocre la tercera, un regreso a los mejores momentos del equipo Buscema-Alcalá, con esa improbable pero exitosa combinación del naturalismo fosteriano del primero con el barroquismo influido por Gustavo Doré del segundo. John Buscema se quejó de que el entintado de Alcalá convertía a las mujeres que él dibujaba en una especie de actrices de cine mudo. Y tenía cierta razón, pero resultó ser un acierto para esta historia en particular gracias a su ambientación exótica en la lejana Vendhya.

El nº 20 (Julio 1977) incluía “La Sombra Deslizante”, una de las más tópicas y menos apreciadas historias del personaje, publicada originalmente como relato en “Weird Tales” en septiembre de 1933. Conan ha servido como mercenario en un ejército aplastado en la batalla, por lo que se ve obligado a huir a través del desierto junto a Natala, una prostituta a la que rescató del pillaje en el último momento. Cuando ambos están a punto de morir, vislumbran una misteriosa ciudad y, al llegar a ella, encuentran que está habitada por humanos que pasan la mayor parte del tiempo sumidos en un sopor onírico producido por las droga y esperando a que una monstruosa criatura salga de los subterráneos y se alimente de ellos.

Es una historia que sigue una receta predecible y común a muchos otros relatos de Howard: un héroe perdido encuentra una ciudad perdida, algo de acción con un monstruo, unos toques sexuales (y, en este caso, lésbico-sadomasoquistas) y un desenlace feliz. A pesar de estos elementos reciclados, la historieta mantiene el sabor pulp de los relatos de los años treinta y es un thriller intenso bastante disfrutable, en buena medida gracias al gran trabajo de entintado de Alfredo Alcalá, aquí en su estilo “Gustavo Doré”. Además, aunque no tiene ni de lejos el carisma de Belit o Yasmina (de “El Pueblo del Círculo Negro”), Natala no es un mal personaje habida cuenta de lo breve que es el relato.

“El Estanque del Negro” (nº 22 y 23, septiembre y octubre 1977) adaptaba una historia de Robert
E.Howard publicada en 1933. En ella, un Conan náufrago es recogido por el navío del pirata Zaporavo, donde no tarda en ganarse el aprecio de la tripulación. Al llegar a una isla, Conan desafía a Zaporavo en duelo por el mando del barco. Mientras tanto, Sancha, la amante del pirata, es secuestrada por unos gigantescos humanoides negros que habitan en una extraña ciudad y realizan grotescos ritos al borde de un estanque. Conan rescata a la muchacha, pero las criaturas, mientras tanto, secuestran al resto de la tripulación.

La historia, aunque sencilla y previsible, es una de las que mejor capturan el sentido del horror cósmico propio de muchos relatos de Howard. El origen de la amenaza sobrenatural nunca se explica pero el guión consigue el equilibrio idóneo entre lo grotesco y el terror puro. Además, se muestra a Conan bajo una luz bastante menos favorable que en otras ocasiones: asesinando por simple interés personal, algo que podría esperarse de un bárbaro, un ladrón y un saqueador, pero que resulta inquietante e incómodo cuando lo hace el supuesto héroe protagonista.

Por alguna razón, la historia fue dividida en dos números sin que su extensión o estructura
narrativa exigieran tal corte. El que la primera parte, con John Buscema entintado por Sonny Trinidad, luzca bastante mejor que la segunda, con entintado de Alfredo Alcalá, sugiere algún tipo de problema para cumplir las fechas de entrega. Trinidad, que había empezado a colaborar en la colección en el número anterior para aliviar la carga de trabajo de Alcalá, realiza un excelente trabajo: las escenas con múltiples figuras, los ropajes, los rostros, la exuberante naturaleza de la jungla, la extraña arquitectura de la ciudad perdida… La segunda parte, como dije antes, no tiene demasiado sentido como unidad narrativa en sí misma. Sólo dura 19 páginas y es básicamente una larga secuencia de acción que cierra la trama planteada en la primera. No es que el dibujo de Buscema y Alcalá parezca apresurado, pero muestra sobre todo figuras y descuida los fondos. Además, el entintador utiliza su técnica de aguada, más rápida y menos definida que el magnífico y barroco estilo de plumilla con el que había acabado otros trabajos.

La historia de Conan y Sancha iniciada en “El Estanque del Negro” tendría una conclusión años después en la aventura “El Botín de la Isla Muerta” (nº 67, agosto 1981), en la que el barco pirata de Conan localiza y aborda un navío fantasma a bordo del cual se esconde un botín…y lo que queda de la espantosamente mutada tripulación. De nuevo un guión sencillo con algunos elementos interesantes. Por ejemplo, que el brujo de turno no sea la principal amenaza del episodio; o que las aguas tóxicas hayan afectado tanto a la fauna del lugar como a los humanos. Pero, sobre todo, nos ofrece la oportunidad de saber qué sucede con las muchísimas “novias” de Conan una vez que la aventura ha concluido. En este caso, la chica es, como ya dije, Sancha, sobrina del duque de Kordava, en Zingaria, que había sido secuestrada por el pirata Zaporavo y obligada a convertirse en su amante. Cuando Conan asesinó a Zaporavo, Sancha pasó a ser “de su propiedad”. A Sancha le gusta Conan pero no está enamorada de él y le pide que la deje en libertad; cuando el cimmerio le pone impedimentos, la muchacha lo traiciona para conseguir sus objetivos, un giro interesante respecto al tópico ya instalado en la serie.

También destacable es el apartado gráfico, a cargo de Buscema, Alfredo Alcalá y Kerry Gammill,
un dibujante muy sólido al que creo que nunca se ha valorado lo suficiente. Resulta un acierto que, a pesar de haber transcurrido más de tres años desde la publicación de la historia que precedía cronológicamente a esta, Buscema y Alcalá respetan el mismo estilo de dibujo y entintado, retratando a Sancha con igual aspecto que entonces.

En el número 24, Thomas vuelva a adaptar el clásico relato “La Torre del Elefante”, que seis años antes ya había dibujado Barry Smith para el número 4 de la colección mensual a color. Esta nueva versión es uno de los grandes momentos artísticos en la historia del personaje, auténtico derroche de genialidad por parte de Buscema y Alcalá. Tras acumular ya una larga experiencia con Conan, Roy Thomas decidió regresar al relato de Howard aprovechando el talento y la muy diferente aproximación gráfica de ambos artistas. Comparar ambas versiones, la de Smith y la de Buscema/Alcalá es la forma perfecta de ver las grandes diferencias entre ambas revistas. La de “La Espada Salvaje” parece menos apresurada, más evocadora y ajustada al texto original y, sobre todo, una obra más madura destinada a un público más maduro.

Los nº 26 y 27, “Más Allá del Río Negro y “Las Bestias de Jhebbal Sag” (enero y marzo de 1978) adaptan una historia original de Conan escrita por Howard y publicada en 1935. Es una de las aventuras más apreciadas por los fans del personaje,
quizá porque se aleja de la archiconocida fórmula de este tipo de relatos y de su habitual ambientación exótica. Howard sitúa la acción en la frontera occidental de Aquilonia, una transposición directa del este americano en el siglo XVIII, un mundo de bosques tupidos habitados por aquilonios vestidos de ante y pictos que actúan como indios al estilo de “El Último Mohicano”. Conan no es el “extraño entre nosotros” ni el salvaje primario que se abre camino entre las decadentes civilizaciones hiborias; no, aquí está en su elemento, y aunque es un explorador y guerrero más dotado que sus compañeros aquilonios, se le retrata como el primero entre iguales.

La trama descansa principalmente en la aventura y Howard probablemente introdujo el elemento mágico sólo para satisfacer las exigencias del editor de “Weird Tales”, la revista en la que se publicó el relato original. Aquilonia, el reino más occidental del mundo hibóreo, ha ido extendiéndose hacia el territorio picto que lo separa del océano, colonizando una franja de territorio localizada entre los ríos Negro y Trueno. Los colonos
y soldados que los protegen son gente endurecida por la vida de frontera y el continuo estado de guerra que viven contra los nativos de la zona, los pictos. Conan es explorador en el Fuerte Tuscelán, encargado de mantener a los colonos a salvo. Pero la historia no está narrada desde su punto de vista, sino desde el de un joven aquilonio, Balthus, recién llegado a la zona. Ambos se encontrarán en territorio hostil justo cuando un hechicero picto llamado Zogar Sag, que tiene un extraño control sobre las bestias del bosque, está reuniendo a las tribus de la región para lanzar un ataque exterminador sobre los colonos blancos.

En el número 46 de “La Espada Salvaje” (noviembre 1979) se publicaría una secuela a esta aventura, titulada “Luna de Sangre”, escrita por Roy Thomas (a partir de una novela de L.Sprague de Camp y Lin Carter), dibujada por Ernie Colon y entintada por DeZuñiga. Era, básicamente, la misma historia que ya se había contado en la primera parte: un nuevo chamán picto, un nuevo compañero aquilonio para Conan, un traidor en las filas de los “blancos” y el protagonista salvándolos a todos matando al brujo. Pero es entretenido, hay mucha acción y se nos muestra cómo Conan ascendió de capitán de exploradores en los territorios pictos a general del ejército aquilonio, justo antes de los eventos narrados en “El Tesoro de Tranicos”. En años
posteriores irían apareciendo más relatos de Conan en su etapa de explorador en las Marcas Occidentales aquilonias, llegando incluso a presentar una especie de némesis en el lugar, el picto Shooz Dinj.

“Más allá del Río Negro” es, además, la primera ocasión en la que los dibujos de John Buscema son entintados en solitario por Tony DeZuñiga, que había realizado la misma labor en aventuras anteriores pero siempre como parte de la Tribu (en los números 5 y 10). Su llegada coincide con la disolución del binomio artístico Buscema-Alcalá, que había proporcionado quizá los mejores comics de Conan hasta la fecha (con permiso de Barry Smith) eclipsando los trabajos de otros autores.

DeZuñiga tenía una forma muy diferente de terminar los lápices de Buscema. El suyo era un estilo deudor del de Neal Adams: realista, sobrio y elegante al tiempo que áspero, que ya había podido verse en un relato de complemento de doce páginas publicado en el número 3. Pero no fue hasta que formó equipo con Buscema que su trabajo llamó verdaderamente la atención, pasando a estar
considerado ese tándem como uno de los mejores en la historia gráfica del cimmerio, para muchos, a la altura del de Buscema-Alcalá.

El suyo es un Conan ojeroso, con una mandíbula más suave que la que dibujaba Alcalá, más bronceado y con una mirada de acero que denotaba astucia y experiencia. DeZuñiga fue el único entintador que consiguió lo que parecía imposible: salvar la brecha entre el Conan de Buscema y el de Neal Adams. Sus terminaciones de los bastos bocetos de Buscema aportaban la verosimilitud y realismo propios del trazo de Adams.

En pocos años, DeZuñiga demostró que podía aportar a “La Espada Salvaje” una calidad similar a la de Alfredo Alcalá, pero adoptando una forma de trabajo que le permitía cumplir sin problemas las fechas de entrega. A diferencia de Alcalá, que recurría a una minuciosa técnica de plumilla para llenar las viñetas de detalles que aportaran tridimensionalidad y textura, DeZuñiga
combina en los fondos pincel, pluma, tramas mecánicas y aguadas, pero siempre de forma bastante simplificada para así atender las exigencias de calendario propias de una serie mensual. Puede que los comics de Alfredo Alcalá dejaran boquiabiertos a los lectores e hicieran de él una leyenda entre los aficionados al personaje, pero a medio plazo su meticulosa forma de trabajar resultó ser insostenible. En cambio, DeZuñiga le ofrecía a Roy Thomas la seguridad de que respetaría los plazos de entrega sin descuidar el resultado artístico. Era su momento de gloria. Tras crear a Jonah Hex para DC y dibujar algunos otros westerns también para esa editorial, “Más Allá del Río Negro” marcó su llegada a la primera división de Marvel. En poco tiempo, sustituyó a Alfredo Alcalá como principal entintador de Buscema en “La Espada Salvaje” (Alcalá, por cierto, prestó ayuda a su amigo en este número 26, tal y como se puede apreciar en las páginas 35, 37, 39 y 40).

(Continúa en la siguiente entrada)

2 comentarios:

  1. Pues de todas estas la que más me gusta es la de la Sombra Deslizante. Lo comento porque hasta que lo has dicho no me había dado cuenta de que es una versión menor de Clavos Rojos.

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  2. Esa historia captura la esencia del pulp, origen del personaje, aunque cuando has leido mucho de Conan, ya no te suena para nada nuevo u original. Gráficamente, en general, casi todo lo que entintó Alcalá es magnífico -¡esas splash-pages de apertura!-.

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