(Viene de la entrada anterior)
Whedon no tiene reparos en demostrar su apego a la etapa más clásica de los personajes y crear con ello un vínculo con los lectores veteranos que abandonaron los comics de los X-Men sobrepasados por el maremagnum editorial de los noventa. De esta forma, trae de vuelta elementos de los años en que Chris Claremont estuvo al frente de la colección (como el Club Fuego Infernal o el dragón mascota de Kitty, Lockheed) y construye un relato netamente aventurero basado en profecías galácticas y extraños alienígenas.
Hay momentos en los que parece que pone en juego demasiados elementos como para poder

Algo parecido ocurre con los principales villanos de esta etapa, especialmente el alienígena Ord. En parte ello se debe a su poco inspirado diseño, pero también a que nunca parezca constituir una seria amenaza para los X-Men. Asusta a los niños y lanza discursos grandilocuentes, pero sus actos nunca quedan a la altura de sus bravatas, ni siquiera cuando vence a los héroes titulares en una brutal escena. En el resto de la saga no pasa de ser un comparsa progresivamente más y más patético, especialmente cuando la acción se traslada a su mundo natal, Breakworld.

Pero si Whedon no nos ofrece una historia particularmente original ni con ideas del todo bien desarrolladas… ¿por qué obtuvieron estos números tanta aceptación por parte de público y crítica? Al fin y al cabo, los comics de superhéroes están repletos de grandes conceptos torpemente desarrollados.
Pues bien, Whedon es un experimentado guionista de cine y televisión que comprende perfectamente que lo que interesa al lector no es tanto el argumento en sí como los personajes que lo desarrollan. Y en este sentido, triunfa plenamente: hay caracterización de personajes, emoción y diálogos agudos y naturales al tiempo. De hecho, ya en el primer número, se diría que Whedon hubiera estado escribiendo las aventuras de los X-Men durante años tal es su grado de conocimiento y comprensión de los personajes. Éstos distan de ser –como ocurre en muchas colecciones- peones intercambiables, clones unos de otros, meros

En “Astonishing X-Men” los protagonistas acumulan sobre sus espaldas no pocos traumas. Jean Grey está muerta; el Profesor X ha desaparecido; Genosha y sus 16 millones de mutantes han sido convertidos en cenizas… Los miembros del grupo que aún siguen en pie han abandonado su estilo de vida superheróico para concentrarse en enseñar y educar en el uso de sus poderes a los jóvenes mutantes de la Escuela Xavier. Pero la propia escuela es una olla a presión bullendo con conflictos emocionales. La antigua villana Emma Frost ocupa ahora un puesto relevante en el equipo, en buena medida gracias a su relación sentimental con Scott Summers (alias Cíclope), relación que constituirá uno de los focos de tensión de toda la etapa. Lobezno odia a Scott por haber superado tan fácilmente la muerte de Jean. Kitty Pryde, que regresa a la Escuela para ocupar una plaza de profesora, desprecia y desconfía de Frost por su pasado como villana. Hank McCoy, alias la Bestia, tiene

Whedon diseña una serie de historias en las que cada miembro del equipo tiene su ocasión de brillar individualmente. En algunos momentos utiliza el humor para aliviar tensión dramática, pero incluso en los socarrones intercambios dialécticos de algunos personajes se hallan matices que completan su personalidad.
La Bestia muestra más humanidad y profundidad moral en las páginas de “El Don” que en miles

Resulta chocante y bienvenida por lo inhabitual la decisión de Whedon de no otorgar a Lobezno un protagonismo especial. De hecho, él mismo ha declarado en más de una ocasión que es un personaje que funciona mejor en pequeñas dosis. Vuelve a recuperar para él su papel de mentor de un pupilo juvenil de sexo femenino, como ya había hecho antes con Gata Sombra o Júbilo. En esta ocasión se trata de otra oriental, Hisako,

Como era de esperar, se produjo algo de controversia entre los fans más acérrimos en relación al regreso de Coloso, un personaje que llevaba muerto para el Universo Marvel desde 2001. Es cuestión de opiniones, pero la mía es que, aunque la situación se maneja de manera muy contenida, también resulta algo artificial. Más allá de su relación con Kitty, no llegamos a ver lo que debieran haber sido las devastadoras consecuencias derivadas de esa dramática reaparición tras un largo cautiverio dominado por el aislamiento y las torturas.
Sí en cambio se dedica la necesaria atención a la relación de Coloso con Kitty Pryde. El shock que ésta sufre a causa de la reaparición de su antiguo amor le despierta inseguridades que la hacen vulnerable a la manipulación mental de Casandra Nova. Ésta la sume en una alucinación (excelentemente narrada

Whedon hace también un excelente trabajo con Cíclope retomando la idea de que sus rayos ópticos no son en realidad involuntarios sino una especie de trauma subconsciente. Le da al personaje unas aristas que lo alejan del perfil de tipo gruñón y depresivo que otros guionistas se habían empeñado en asignarle, y ponerle en la piel de un verdadero líder aun cuando pierde temporalmente sus poderes. A lo

En cuanto a Charles Xavier, el guionista lo aparta deliberadamente de la trama principal, probablemente para permitir a Cíclope desarrollar plenamente su capacidad de liderazgo alejándolo de la sombra de su antiguo mentor. En realidad, el único propósito de la intervención de Xavier en esta etapa es minar la fe y la confianza de Scott –y del resto de los X-Men- en él, enlazando con un tratamiento del personaje que ya habían ido conformando guionistas como Matt Fraction o Ed Brubaker en arcos argumentales como “Complejo de Mesías” o “Nación X” y en los que era presentado como un individuo intransigente y antipático. Aún así, Whedon le regala también a Xavier su propio momento de gloria en la explosiva escena en la que se enfrenta a Peligro.
Mención especial merece la agente Abigail Brand, la directora de S.W.O.R.D, un nuevo personaje que en el último arco argumental pasa a disfrutar de un papel protagonista. Es tan inteligente como despiadada, arrogante y éticamente ambigua, pero a pesar de ello –o quizá precisamente por ello-

Los personajes cobran vida no solo gracias a Whedon, sino al excelente dibujo de John Cassaday, perfectamente sincronizado con el estilo de aquél. Necesitó tres años para dibujar 25 episodios, pero la espera mereció la pena. El no tener que apresurar su trabajo para entregar en fechas concretas le permitió invertir en cada capítulo todo su considerable talento. Su representación de los personajes, sencilla, limpia y con un ligero aire “cartoon”, resulta más afinada y realista que las de sus antecesores gráficos en la serie. Artistas como Jim Lee o Joe Madureira habían establecido la imagen “moderna” de los X-Men, pero al lado de Cassaday, el estilo de aquellos se antoja pasado de moda, aburrido y efectista. Demuestra una aptitud especial a la hora de dar a cada personaje su particular lenguaje corporal y facial –las escenas del Lobezno infantilizado o la Bestia enfurecida son magníficas- así como una meticulosa atención en los detalles tanto en las figuras (por ejemplo, la barba progresivamente más espesa de algunos personajes según pasan los días) como en los fondos, que no duda en sacrificar en los momentos en los que sea la sencillez la que potencie el efecto dramático.

Muestra de la sobresaliente coordinación de todo el equipo creativo (el guionista Joss Whedon, el

En resumen, el Astonishing X-Men de Whedon y Cassaday no es perfecto. En primer lugar –y esto no es exactamente un defecto sino una característica propia de los títulos superheróicos- para su pleno disfrute se hace necesario cierto conocimiento previo de los personajes, al menos de la etapa de Morrison (en particular por la intervención del Club Fuego Infernal, la masacre de Genosha y el argumento relacionado con Cassandra Nova). Un lector completamente ajeno a la mitología mutante, aunque pueda apreciar el bello dibujo y la eficiente narrativa de Cassaday o los

Pero ello no estropea la sensación de hallarse ante una de las más interesantes etapas de los X-Men en mucho tiempo. Joss Whedon entiende lo que hizo a los mutantes tan populares. No sólo eso, sino que sabe integrarlo en historias originales con una narrativa sólida, giros inesperados, tensión creciente y acertada combinación de humor, acción y drama. Maneja bien la dinámica de grupo, haciéndolo actuar como un verdadero equipo al tiempo que equilibrando la participación individual de todos sus miembros, mezclando las diversas personalidades y extrayendo de su interacción diálogos inteligentes y verosímiles.
Y todo ello recibió la justa apreciación. La etapa de Whedon no pudo ser más triunfal, saldándose con un resonante éxito de crítica y público. Su idea de una “cura mutante” sería trasladada a la pantalla como uno de los pilares argumentales de la película “X-Men: La Decisión Final”. La crítica se rindió también a la original dinámica entre los personajes y sus agudos diálogos teñidos de humor: en 2006, la colección ganó el Premio Eisner a

Los cuatro arcos argumentales que abrieron “Astonishing X-Men” resultaron ser una sólida historia superheróica que permitía disfrutar de los veteranos personajes sin necesidad de haber asimilado la confusa continuidad mutante de los últimos años, una aventura de ritmo frenético que, sin embargo, sabe dedicar tiempo a sus personajes. Diez años después de su publicación original, sigue siendo perfectamente legible y ya se puede asegurar que formará parte de ese selecto conjunto de obras que serán conocidas como “clásicos”.
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