18 sept 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (34)



(Viene de la entrada anterior)

 

El número 121 (marzo 74), dibujado por John Buscema, continúa la saga del Zodiaco a partir del clímax del episodio anterior, donde ambos equipos se habían enfrentado en lo alto de una de las Torres Gemelas. El líder de los villanos, Tauro, mantiene a raya a los Vengadores amenazando a la inconsciente Mantis con su enorme Arma Estelar que, aunque dañada, sigue siendo peligrosa. Visión intenta ganar tiempo afirmando que Mantis es tan solo la novia del Espadachín, no una Vengadora y que, por tanto, no vale la huida del Zodiaco. Este breve intercambio le da tiempo a la Bruja Escarlata para reunir fuerzas y acabar definitivamente con el arma lanzando un hechizo.

 

A continuación, se desata una batalla entre los Vengadores y todo el grupo del Zodiaco, incluyendo a Tauro, que empuña la versión portátil del Arma Estelar que ya detuvo a Thor en el número anterior. Iron Man es el cuarto Vengador presente. Los bandos parecen igualados hasta que el Capitán América se une repentinamente a la lucha.

 

Aries detiene la batalla arrojando a Mantis desde lo alto del edificio. Visión salta tras ella. Mantis despierta y extiende sus extremidades para amortiguar la caída mientras el androide usa su limitada capacidad de vuelo para alcanzarla. La agarra y luego solidifica un brazo para frenar el descenso abriendo una profunda grieta en la pared del edificio. Pero, aun así, golpean el suelo con fuerza.

 

Los demás Vengadores optan por ignorar al Zodiaco y se concentran en evitar que el edificio dañado se derrumbe. Es ahora cuando se descubre que la gran Arma Estelar es, en realidad, el extremo superior de una nave en la que los villanos escapan. Thor sostiene el edificio mientras Iron Man sella la grieta.

 

Los Vengadores saben que el Capitán América está siendo buscado por asesinato, tras haberse fugado de la cárcel en el nº 171 (marzo 74) de su propia colección. Les explica que fue incriminado, pero se vio obligado a abandonar sus intentos de demostrar su inocencia al ver a sus compañeros en peligro. Ahora los vuelve a dejar solos para que no los acusen de dar refugio a un fugitivo. Más tarde, mientras los Vengadores siguen luchando contra el Zodiaco, el Halcón (ya con sus nuevas alas proporcionadas por Pantera Negra en Wakanda) encuentra al Capitán, pero los villanos los capturan a ambos, desembocando así en los números 172-175, conocidos conjuntamente como la Saga del Imperio Secreto, que terminará con el suicidio de un alto cargo del gobierno y la decepción de Steve Rogers, que abandonará su papel de Capitán América para adoptar la identidad de Nómada.

 

Mantis tiene algunas heridas internas y entra en trance para recuperarse. Sus amigos la llevan de vuelta a la Mansión, donde su amante, el Espadachín, también está convaleciente. El alter ego de Thor, el Dr. Don Blake, la examina y descubre que, efectivamente, se está curando. Aprovechando ese momento de efímera tranquilidad, Iron Man le pregunta a Espadachín sobre la misteriosa mujer con la que se presentó a ellos, pero él solo puede contarle cómo la conoció. Trabajaba para Monsieur Khruul, un mafioso survietnamita, ahogando en alcohol el desprecio que sentía por sí mismo. Conoció a Mantis en la playa y ésta intentó convencerlo de que merecía algo mejor. Después de que resultara herido en una guerra entre bandas, ella lo cuidó hasta que se recuperó. Pero él estaba tan absorto en sí mismo que nunca preguntó por la vida de ella.

 

En este punto, Pantera Negra regresa de Wakanda, donde, como he apuntado, le regaló unas alas de alta tecnología al Halcón, y se une al grupo para dar caza al Zodiaco. Pero antes de partir, Visión le hace un curioso comentario al Espadachín: “Es toda una mujer. Incluso herida, el control de su mente y su cuerpo se acerca a la perfección”. Es una declaración de admiración tan impropia de él que hace pensar al Espadachín si el androide podría estar enamorado de ella.

 

En su guarida secreta, el nuevo Aries intenta, sin éxito, arrebatarle el liderazgo del Zodiaco a Tauro retándolo a un combate cuerpo a cuerpo del que sale derrotado. Sin embargo, eso no apaga su ansia de poder y convoca a la mayoría del grupo a una reunión para animarles a rebelarse contra el mando de Tauro. Los excluidos de esta conspiración son Capricornio y Virgo, por ser signos zodiacales de tierra, al igual que Tauro; y a Géminis porque Tauro le salvó de la cárcel. Los demás aceptan ayudar a Aries, excepto Libra, quien, considerándose él mismo como neutral y contrapeso, prefiere mantenerse al margen.

 

A continuación, Aries contacta con Cornelius Van Lunt, el patrocinador financiero del Zodiaco. Resulta que no se ahogó en el nº 81, pero tuvo que esconderse cuando los Vengadores descubrireron su conexión con el Zodiaco en el episodio siguiente. Conciertan una reunión en uno de los almacenes del millonario, donde los conspiradores le piden que financie armas que rivalicen con las de Tauro.

 

Sin embargo, Thor, que patrullaba el cielo, había avistado la nave estelar del Zodiaco y la siguió hasta allí, avisando a continuación a los Vengadores. Cuando éstos irrumpen en la reunión, Van Lunt se escabulle mientras los dos grupos se enfrentan. De repente, unas persianas de acero tapan las ventanas y accesos y un monitor se enciende para mostrar el rostro de Van Lunt. Les deja claro a todos que no solo es el patrocinador financiero del Zodiaco, ¡sino que también es Tauro! Atrajo a los conspiradores a una trampa y, como ventaja adicional e inesperada, tiene a cinco Vengadores también atrapados. El almacén es, en realidad, una nave que despega hacia el espacio.

 

Bob Brown, entintado por Mike Esposito, regresa en el nº 122 (abril 74) para dibujar esa loca idea de un almacén de madera y uralita lanzado al espacio sin que la estructura reviente. Incluso Thor queda inmovilizado en el suelo por la fuerza de la aceleración en otro ejemplo de cómo se minimizan sus poderes cuando colabora con Los Vengadores (esto se explicaría más adelante, de forma poco convincente, como que se contuvo a propósito para no eclipsar a sus compañeros de equipo).

 

Al llegar a la órbita, se abre la persiana metálica de una puerta, confirmando que, efectivamente, están fuera de la Tierra. Esa abertura está protegida por un campo de fuerza que ni siquiera Iron Man ni Visión pueden atravesar. El martillo de Thor pasa a través de esa barrera invisible sin dificultad, pero, cuando debe regresar a su mano, resulta que el movimiento orbital del edificio le ha trasladado rápidamente y el arma mística queda en el exterior (una estupidez supina que no entiendo como Englehart no vio, dado que Mjolnir nunca ha regresado necesariamente al mismo lugar desde el que fue lanzado).

 

Hasta la llegada de Walter Simonson a la colección de “Thor” en 1983, el dios nórdico siguió cargando con la vulnerabilidad que ideó para él Stan Lee originalmente: a los 60 segundos de perder contacto con su martillo, Thor revertía a su forma humana de Donald Blake. Y ahora, antes de que eso ocurra y se revele ante el mundo su identidad terrestre, se esconde tras unas cajas. El Zodiaco, detectando su movimiento y dándose cuenta de que allí puede haber una debilidad, se lanza al ataque. Iron Man, el único que conoce el secreto de Thor, acude en su defensa, secundado por los demás Vengadores hasta que Visión les grita a todos que se detengan: deben cooperar para salvar sus vidas o, de lo contrario, todos morirán (excepto, quizá, Iron Man, cuya armadura podría protegerle del vacío y la reentrada).

 

Mientras tanto, en la Tierra, Tauro sermonea a los cuatro miembros del Zodiaco que no participaron en la conspiración, tachándolos de cobardes: Capricornio, Géminis y Virgo, además de Libra, quien sabía de la intriga, pero se mantuvo neutral. Más tarde, Géminis está charlando con Libra cuando éste lo deja inconsciente. A continuación, despierta al hermano cautivo de Josh Link, Damian, quien viste otro traje de Géminis. Le dice al policía que finja ser su gemelo villano y mantenga a Tauro distraído mientras él roba la nave espacial-arma estelar que vimos en los dos números anteriores.

 

En el espacio, los combatientes acuerdan una tregua y los Vengadores idean un plan. La Bruja Escarlata abre brevemente un agujero en el campo de fuerza con un hechizo, e Iron Man sale volando. Recupera a Mjolnir -que puede manejar mientras está en ingravidez-, y luego comienza a empujar el almacén-cohete hacia la Tierra. En una escena que no deja de tener su gracia por absurda, cuando la gravedad vuelve a hacer efecto, Mjolnir se pega a la estructura del edificio atrapando la muñeca de Iron Man e imposibilitándole cambiar de posición para frenar el descenso.

 

Aquí se produce la confusión habitual entre peso y masa. El almacén-cohete era ingrávido porque estaba en órbita, pero aun así tenía la misma masa y, por lo tanto, la misma inercia, así que a Iron Man no le habría resultado más fácil moverlo. Pero no me cabe duda de que, en el Universo Marvel, podría haberlo hecho de todos modos. Por la misma razón, la ingravidez no debería haberle permitido manejar a Mjolnir. Si es la masa lo que hace imposible que los indignos lo levanten, entonces debería haber sido inamovible también en el vacío. De hecho, es más probable que se trate de un efecto mágico, pero esa es precisamente la razón por la que la ingravidez no debería marcar la diferencia.

 

En cualquier caso, el almacén comienza a arder en la reentrada, pero justo a tiempo llega Libra en la nave espacial que ha cogido del Zodiaco para salvarlos con otro campo de fuerza.

 

Entretanto, en la Mansión de los Vengadores, el herido Espadachín cuida de Mantis, todavía sumida en un trance curativo. De repente, ella despierta llorando porque ha sentido que Visión está en peligro y debe ir a ayudarlo. Esto, por supuesto, aumenta el temor del Espadachín a perderla a manos del androide. Demasiado débil todavía, no puede seguirla.

 

Tauro se desahoga con Géminis, el único al que ha confiado su identidad como Cornelius Van Lunt (además de a sus ex socios y Vengadores, a los que ya da por muertos). Pero cuando Damian Link, que ahora es quien lleva el traje de Géminis, da muestras de desconocer de lo que está hablando su interlocutor, éste lo desenmascara y deja fuera de combate. A él se unen Capricornio y Virgo, justo cuando Libra, los Vengadores y el resto del Zodiaco aterrizan. La tregua se rompe y ambos grupos vuelven a enzarzarse en una batalla de la que saldrán victoriosos los héroes.

 

En el curso de la pelea, Visión lanza a Tauro a una piscina, y el villano comienza a ahogarse, tal y como supuestamente ocurrió en la inundación al final del nº 81. Tauro suplica por su vida, diciendo que solo sobrevivió por casualidad, porque en realidad no sabe nadar (¿para qué entonces tiene una piscina en su mansión?). Visión se dispone a saltar al agua para salvarlo, pero descubre que se ha quedado inmóvil, igual que le había pasado en el nº118. Por suerte, Mantis llega y rescata a Tauro. Visión, una vez más, no puede explicar su parálisis, pero un recuerdo se agita vagamente en su mente antes de que lo rechace por miedo a que su cerebro robótico esté funcionando mal (esta es una pista de su conexión con la primera Antorcha Humana).

 

Entonces Thor le pregunta a Libra, quien se había mantenido al margen de la lucha, por qué los ha rescatado de la muerte en el espacio. Libra admite que fue un error: pensó que Mantis estaba con los Vengadores e hizo lo que hizo porque es su padre. Acaba de dar comienzo la Saga de la Madonna Celestial.

 

Nunca me ha convencido el Zodiaco. De hecho, jamás he llegado a entender cómo un grupo de villanos tan extravagante se apañó para aparecer tantas veces en las páginas de Marvel. Siempre me han parecido un colectivo absurdo. No derramaría ni una sola lágrima si no los volviese a ver, aunque solo sea por el alivio de no tener que descifrar las constantes idas y venidas de clones y sucesores (por ejemplo, si el Aries de turno es el I, II, III o más allá). Sin embargo, hay que reconocer que en este este arco argumental, Englehart acierta al centrarse tanto en las intrigas políticas, las luchas de poder y las traiciones internas del grupo como en el conflicto directo con los Vengadores.

 

Ahora bien, sigo teniendo serias reservas sobre su planteamiento. Se supone que estamos hablando de doce magnates del hampa y jefes del crimen organizado que se asocian para coordinar grandes golpes. Entonces, ¿cómo se explica que su plan maestro aquí consista en asesinar a todos los habitantes de Nueva York nacidos bajo el signo de Géminis? Eso es una excentricidad propia de un supervillano con aspiraciones de dominador mundial, no una estrategia que interese a capos de la mafia. Ya en el pasado habían intentado algo igual de peregrino, como exigir un rescate por toda la ciudad; al menos aquello tenía un beneficio económico, pero esto último roza el sinsentido.

 

Resulta especialmente decepcionante cuando el propio arco argumental revela que detrás de este tinglado está Cornelius van Lunt, un empresario corrupto y despiadado con mentalidad de estratega financiero al que resulta difícil creer capaz de llenar un traje tan imponente como el de Tauro. Por si fuera poco, las facciones internas se agrupan absurdamente en función de los elementos del horóscopo: los "signos de agua" se alinean con el nuevo Aries para hacer frente a Tauro, mientras que Libra se mantiene neutral porque... bueno, supongo que alguien tenía que hacer honor a su propio nombre y representar el equilibrio. ¿De verdad se creen estos zumbados toda esa filfa del zodiaco?

 

Al final, como era de esperar, los Vengadores desbaratan el plan de los villanos casi sin inmutarse. El único momento de auténtico dramatismo llega cuando Mantis, debido a su extrema vulnerabilidad empática, se ve afectada por el dispositivo cósmico de Tauro, a pesar de que -tal y como los héroes se habían tomado la molestia de comprobar antes de la batalla- ella ni siquiera había nacido bajo el signo de Géminis.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 

 

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