(Viene de la entrada anterior)
En las dos décadas y media que llevan trabajando juntos, Ed Brubaker y Sean Phillips han convertido el noir en uno de los territorios fundamentales de su producción. Desde “Sleeper” hasta “Criminal”, pasando por “The Fade Out”, “Kill or Be Killed” o “Pulp”, ambos autores han explorado el género desde perspectivas muy diferentes, pero siempre con una especial atención a sus mecanismos narrativos, sus atmósferas y, sobre todo, a los personajes que habitan sus zonas más oscuras.
“Reckless”
supuso, en cierto modo, una nueva vuelta de tuerca den
tro de esa trayectoria.
Concebida para la editorial Image como un homenaje y evolución de las novelas
populares de misterio que Brubaker leyó en casa de su padre cuando era joven (volúmenes
de llamativas portadas y firmados por autores como Donald E. Westlake o John D.
MacDonald), en principio, “Reckless” iba a ser una colección de novelas
gráficas autoconclusivas. Cada volumen contaría una historia completa y podría
funcionar como puerta de entrada para nuevos lectores, como sucede con muchas
de las novelas y películas en las que se inspira. Sin embargo, a medida que
avanzan las entregas, se hace evidente que Brubaker y Phillips están
construyendo algo más ambicioso: no sólo un vasto tapiz sociológico y criminal ambientado
en la California de finales de los años 70 y la década de los 80, sino un
estudio de personajes de gran profundidad emocional cuyas experiencias en cada
uno de los casos en los que intervienen van moldeando su carácter y forma de
ver el mundo y a sí mismos. Este equilibrio entre independencia y continuidad
es uno de los grandes aciertos de la serie.
L
os primeros
tres volúmenes están protagonizados fundamentalmente por Ethan, un antiguo
agente infiltrado del FBI en los 70, que se ha establecido como mercenario
solucionador de problemas e investigador privado sin título oficial. Él y su
socia y ayudante, Anna Keller, regentan el cine El Ricardo, convertido en
centro de operaciones de sus actividades. Ninguno de los dos encaja exactamente
en la figura tradicional del detective privado, y esa condición les permite
introducirse en asuntos que no tienen necesariamente la trascendencia de un
gran crimen, pero que siempre conducen a los rincones más turbios de la
sociedad. Son historias de misterio, violencia y delincuencia, pero también de
personas desesperadas, heridas y atrapadas en circunstancias que no saben cómo
manejar.
Pero la cuarta entrega, “El Fantasma Dentro de Ti”, marca un punto de inflexión en lo que había sido la estructura de los anteriores álbumes al desplazar temporalmente al protagonista principal para cederle toda la atención a Anna.
Como es ya
la tónica de la serie, esta entrega da un salto en el tiempo respecto
a la
precedente, situando la acción en el invierno de 1989. Ethan se ha marchado a
San Francisco por un caso y Anna se queda al frente del cine. En esa rutina tranquila
irrumpe Lorna Valentine, una antigua estrella de películas de terror y ciencia
ficción de bajo presupuesto. Durante los años 60 y 70 fue conocida por su
nombre artístico, Evillina, y llegó a formar parte del grupo de las llamadas
"Scream Queens”, “reinas del grito", las actrices que encarnaban a
las víctimas femeninas del cine de terror y que lanzaban los gritos de rigor
ante vampiros, zombis, alienígenas y hombres lobo.
En el declive de su carrera, Lorna había alcanzado además cierta notoriedad televisiva presentando películas de terror los sábados por la noche. Para Anna, que tiene un gran conocimiento de la historia del cine y que admiraba a aquella actriz desde niña, no es una clienta cualquiera. La actriz acaba de heredar de un fan una mansión en las colinas de Hollywood y sospecha que está encantada. Están ocurriendo fenómenos extraños en su interior (ruidos inexplicables, cosas que parecen haberse movido de sitio de un día para otro), quizá relacionados con ciertas leyendas de asesinatos y siniestros sucesos que tuvieron lugar en ella. Y, para complicar todavía más las cosas, su perro ha desaparecido.
El
caso
parece de perfil bajo: encontrar un perro y averiguar si una casa está realmente
encantada. Anna ni siquiera posee licencia como investigadora privada, pero eso
nunca le ha impedido ayudar a Ethan, y en este caso existe además una
motivación personal: Lorna fue amable con ella en una convención
cinematográfica durante los años 70, cuando todavía era una niña que acudía al
evento acompañada por su padre. Su antigua admiración por la actriz la lleva a
aceptar el caso.
Naturalmente, estamos en “Reckless”, no en una historia sobrenatural. Las apariciones y los fantasmas son el punto de partida y no la explicación del enigma. Como sucede en los demás volúmenes, un misterio aparentemente menor conduce a una historia mucho más compleja. La investigación de Anna va profundizando en el pasado de la mansión, el de Lorna, el mundo del Hollywood clásico y toda una serie de abusos y secretos que permanecían ocultos bajo la superficie de la fama.
Pero el
drama no habita solamente en la casa. Mientras investiga, Anna debe
enfrentarse
también a la reaparición de su madre, una mujer alcohólica que ha cambiado su
nombre por Savannah después de pasar por Alcohólicos Anónimos. La relación
entre ambas constituye el núcleo emocional de la historia y hace que la
investigación exterior termine funcionando como un reflejo de los problemas
personales de Anna. El caso de la mansión, por tanto, acaba siendo una
investigación sobre su propio pasado. Y, como suele ocurrir en la colección, descubrir
la verdad no significa necesariamente llegar a una resolución perfecta. No
existe una gran victoria final en la que todos los culpables reciban su
castigo. El guionista opta por una conclusión más amarga y coherente con una
serie en la que las heridas personales suelen ser más importantes que los crímenes
que se investigan.
Uno de los
principales atractivos de esta entrega es la utilización del cine como tema y
estructura narrativa. Anna es una auténtica cinéfila y la investigación le
permite sumergirse en una parte de la historia de Hollywood especialmente
apropiada para “Reckless”: la de las
películas de serie B, las estrellas
olvidadas y las figuras femeninas convertidas en iconos efímeros. Lorna
representa perfectamente esa idea. En su juventud fue una celebridad, pero su
fama estaba construida sobre un tipo de cine considerado menor. Como "reina
del grito", su función en las películas en las que participaba consistía
en encarnar el miedo y la vulnerabilidad. Décadas después, aquella fama se ha
convertido en una reliquia. La mansión que hereda funciona de manera parecida:
en otro tiempo representaba glamour y éxito, pero ahora se encuentra asociada
con el deterioro y la decadencia.
Brubaker utiliza así el Hollywood de los años ochenta para hablar de la diferencia entre la fachada pública y la realidad. El éxito material no garantiza la felicidad, y detrás del glamour puede esconderse un trasfondo de explotación, injusticias y violencia. La historia aborda también la marginación de las mujeres en la industria cinematográfica y la manera en que el poder económico y social permite que determinados abusos permanezcan impunes.
La mansión
constituye una magnífica metáfora de todo ello. Puede estar encanta
da o no,
pero lo importante es que está llena de fantasmas en un sentido mucho más
amplio: recuerdos, abusos, personas olvidadas y acontecimientos que el tiempo no
ha conseguido borrar. En ese sentido, el título, “El Fantasma dentro de Ti” no
alude únicamente a lo sobrenatural. El verdadero fantasma es aquello que cada
personaje arrastra consigo.
Y así, el
comic aborda de forma incisiva la manera en que lidiamos con los traumas
heredados y las cargas del pasado. Mientras que los primeros tomos de la serie
examinaban, a través de los ojos y pensamientos de Ethan, el sentimiento de
culpabilidad política y el desencanto generacional de los años 70, “El Fantasma
Dentro de Ti” se orienta hacia las complejidades de las relaciones familiares y
cómo éstas pueden afectar a la salud mental. Anna mantiene una relación
intermitente pero tensa con su madre, una mujer inestable y con problemas de
adicción, que la obliga a replantearse si está destinada a cargar con los
errores de su progenitora o si, por el contrario, puede trazar su propio
camino. A diferencia de las tramas de conspiraciones económicas o políticas de
los álbumes anteriores, en esta ocasión y como ya apunté, el
misterio externo funciona
como un espejo de los conflictos internos de la investigadora, subrayando que
los verdaderos fantasmas habitan en la psique humana, no en las mansiones
decrépitas de antiguas estrellas de Hollywood.
También aparece una reflexión sobre el poder y la aplicación selectiva de la ley. Los personajes que poseen dinero o prestigio pueden escapar de las consecuencias de sus actos, mientras que quienes carecen de ambas cosas quedan atrapados en las reglas de una sociedad que no siempre protege a los más vulnerables. Incluso la resolución del caso introduce una ironía interesante ya que en ella juega un papel esencial el arranque de nobleza de alguien que, objetivamente, tampoco puede considerarse una buena persona.
El mayor
acierto de “El Fantasma Dentro de Ti” reside en el desarrollo de Anna, un personaje que hasta entonces,
con su característico pelo morado, actitud punk y amor incondicional por el
cine clásico, había ejercido de “sidekick” carismática del héroe nominal. Brubaker
utiliza esta aventura suya en
solitario para hacer por ella lo que en el primer
libro hizo por Ethan: rascar bajo su coraza de sarcasmo e independencia para sacar
a la luz su vulnerabilidad. Así, vemos a una Anna que intenta desesperadamente
ejercer de adulta funcional y cuidadora de una madre incapaz de sostenerse a sí
misma, reproduciendo dinámicas de codependencia dolorosamente reales. Su
evolución a lo largo de las páginas no se mide por cuántos golpes es capaz de
encajar o repartir al estilo de un héroe de acción tradicional, sino por su
capacidad para aceptar lo que no puede cambiar, establecer límites mentales a
lo que puede asumir y perdonarse a sí misma por ello.
Asimismo, la
ausencia temporal de Ethan refuerza el vínculo entre ambos porque así
demuestran que su relación no se sostiene por una mera dependencia simbiótica,
sino por un genuino respeto. Pero que Ethan no esté presente en esta
investigación tiene más consecuencias porque, ya que Anna es un soplo de aire
fresco cuando interviene en los casos de Ethan, es natural que en esta intriga
en la que ella lleva la batuta, todo tenga un matiz más ligero y desenfadado.
Lo cual no quiere decir, ojo, que Brubaker descuide el argumento ni la
caracterización.
Anna es un personaje complejo, el tipo de persona que no está
segura de creer en los fantasmas, pero sí que la gente no es de fiar. Es rápida
para sonreír, pero aún más para fruncir el ceño.
En el plano
artístico, Sean Phillips vuelve
a demostrar un dominio absoluto del medio, secundado magistralmente en los
colores por su hijo Jacob Phillips.
El diseño de la mansión de Hollywood es sobresaliente, utilizando la
arquitectura gótica y decadente para evocar una sensación constante de asfixia y
misterio. Las transiciones visuales que muestran el contraste entre el
esplendor pasado de la casa y su ruina actual están resueltas con maestría a
través del uso de tramas y densidades de línea. El trazo puede ser firme y
pesado cuando necesita transmitir violencia o realidad física, pero se vuelve
más ligero y quebradizo cuando representa el pasado. Un ejemplo interesante, de
nuevo, es la mansión. Phillips representa el edificio desde un punto de vista
similar en dos momentos temporales diferentes. En su época de esplendor, las
líneas tienen algo de cuento de hadas; décadas después, el trazo es más
irregular y áspero. Brubaker no nec
esita explicar verbalmente la decadencia,
porque la propia línea dibujada por su socio la transmite.
Y, como siempre, Phillips padre destaca por su capacidad para plasmar las complejidades de la comunicación no verbal: las expresiones faciales, las miradas cansadas de los personajes y el lenguaje corporal transmiten un realismo y una finura psicológica que hacen que los protagonistas se sientan como personas absolutamente verosímiles.
En su manera
de colocar al personaje y su punto de vista, Phillips –ignoro si por decisión
propia o siguiendo indicaciones de Brubaker- también tiene en cuenta la
ausencia de Ethan. Una de las cosas que diferencia a éste de su ayudante es la
forma que tiene de relacionarse con el resto del mundo. Ethan tiene una
presencia imponente; es alguien seguro de sí mismo y al que a menudo se retrata
mirando desde arriba a las personas de las que obtiene información. Anna, en
cambio, mira a la gente hacia arriba. Podría atribuirse a una simple diferencia
de altura, pero hay varios momentos reveladores en “El F
antasma Dentro de Ti” en
los que Sean Phillips demuestra que hay mucho más en juego.
Por un lado, la colocación de Anna en cada escena transmite una clara incomodidad con el trabajo de campo. No se muestra tan segura como Ethan al tratar con extraños. Sin embargo, cuando está investigando -algo que le encanta y en lo que se siente mucho más competente que su socio-, siempre aparece con una expresión concentrada y segura de sí misma. Así, cuando se cita con un antiguo novio en busca de ayuda, ambos se encuentran sentados en una cafetería, cara a cara y a la misma altura. Lo mismo ocurre cuando el antiguo contacto de Ethan en el FBI, Frank, le entrega información sobre alguien que investigó en el pasado: Anna se sitúa por encima de él, totalmente absorta en los papeles, mientras Frank está tumbado en una cama. Su postura cambia y se afianza cuando busca y analiza hechos y pistas, mientras que en cuanto se mete en una habitación llena de gente, su sonrisa irónica se convierte en una mueca de determinación y se encoge ante la presencia ajena. Hará el trabajo, pero desde luego no lo disfrutará.
Por otra
parte, Sean Phillips experimenta bastante con la rotulación. Encontramos
recursos ya conocidos -como letras diminutas dentro de un bocadillo grande para
indicar que un personaje habla entre dientes, o contornos rectos en los
bocadillos cuando alguien entra en pánico- que permiten representar claramente la
quietud o el miedo del momento. Pero otros efectos son más novedosos en la
serie. Por ejemplo, cuando Anna reproduce discos de punk rock antiguo en su
apartamento, las letras aparecen en globos irregulares con un contorno negro,
grueso y áspero, donde las palabras apenas caben y algunas se difuminan en los
bordes. Lo que importa no es lo que dicen textualmente, sino el sonido y la
sensación que transmiten. Otro ejemplo: tras una pelea, alguien le pregunta a
Anna “Hey, ¿estás bien?” con una tipografía borrosa, como si atravesara una
espesa niebla. Al leerlo, casi se puede escuchar el zumbido en los oídos de
Anna ahogando todo lo demás.
Jacob
Phillips, por su parte, abandona los tópicos grises del noir tradicional
para dotar a la obra de una paleta vibrante que rebosa textura y personalidad.
Logra transmitir una intensa luz en cada escena sin perder el acabado
pi
ctórico. Utiliza tonos fríos, destellos de púrpuras, azules pálidos y verdes
para las secuencias de suspense, y colores cálidos pero desvaídos para evocar
la nostalgia de época. Haces de luz se deslizan sobre edificios y calles con
trazos de pincel irregulares; los árboles y los fondos se muestran en colores
difusos, asemejándose a veces a pintura salpicada sobre un lienzo.
En un momento dado, por ejemplo, Anna se mueve a oscuras por una casa, guiada sólo por la luz de una linterna, cuyo resplandor se refleja en sus gafas en bloques amarillos y naranjas que se abren frente a sus ojos. La mejor forma de describir el trabajo cromático de Phillips es como si un pintor impresionista hubiera dado vida a estas páginas. Su dominio de las luces y las sombras es absoluto: la disposición de los colores es precisa, pero éstos parecen librar una guerra entre sí, chocando, mezclándose y solapándose para crear efectos visuales deslumbrantes.
Leyendo este
volumen, no sorprende que “Reckless” siga siendo una gran serie; lo
extraño
sería que este equipo creativo publicara algo inferior a la excelencia. Y, aún
así, “El Fantasma Dentro de Ti” es una de sus entregas más maduras, íntimas,
entrañables y redondas. Al arriesgarse a apartar momentáneamente al
protagonista titular para centrarse en su compañera, Brubaker demuestra que el
universo de “Reckless” tiene un potencial, flexibilidad y profundidad humana
muy superior a lo que suele ofrecer el cómic de género más comercial. Combinando
el ritmo sostenido de la novela negra tradicional con elementos de misterio
clásico y un desgarrador estudio sobre la maduración personal, este tebeo de
ejecución impecable trasciende los convencionalismos del pulp para ofrecer una
lectura absorbente y profundamente humana.
(Continúa en la siguiente entrada)

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