5 jun 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (27)



(Viene de la entrada anterior)

 

Según Steve Englehart, el evento al que la mayoría nos referimos como la Guerra de los Vengadores/Defensores tuvo su origen en su afecto personal por los clásicos Anuales de Marvel que él disfrutó como lector aficionado en la década de 1960. Eran aquéllas historias a menudo extravagantemente épicas y repletas de acción como la accidentada boda de Reed Richards y la Chica Invisible en “Fantastic Four Annual” nº 3 (1965); o la batalla para salvar la línea temporal entre los Vengadores "nuevos" y los "veteranos” en “Avengers Annual” nº 2 (1968).

 

Sin embargo, la política editorial contemporánea, enfocada a reducir costes, había convertido esos especiales veraniegos en meras reimpresiones de antiguas historias. Sólo podían tener interés para aquellos lectores que en su momento no hubieran comprado ese material, pero en cualquier caso carecían de la misma emoción que las aventuras nuevas y de mayor extensión que habían incluido esos números en sus primeras entregas.

 

Así pues, a Englehart se le ocurrió la idea de montar un evento veraniego propio que involucraría a los protagonistas de dos de las colecciones que escribía en ese momento: los Vengadores y los Defensores. Sin embargo, en lugar de publicarse como uno o dos especiales, este evento se serializaría de forma alternada en los números regulares de ambos títulos. Para que esto funcionara, claro, la periodicidad de “Los Defensores” tendría que ajustarse, aumentándola de bimensual a mensual, al menos durante la duración del crossover. El editor jefe, Roy Thomas accedió a ello. Al fin y al cabo, él mismo había escrito un par de esos anuales en los 60 y comprendía la añoranza de Englehart. Eso sí, le puso una condición: no incumplir ninguna de las fechas límite de entrega, ya que ello desincronizaría el crossover. Englehart prometió que no lo haría y él y sus colaboradores artísticos (Bob Brown en “Los Vengadores” y Sal Buscema en “Los Defensores”) se pusieron manos a la obra.

 

No dudo de que Englehart, -fanático acérrimo de Marvel desde su juventud antes de convertirse en profesional- se inspirara principalmente para su “Guerra de los Vengadores/Defensores” en sus entrañables recuerdos de los clásicos especiales de verano de Marvel. Dicho esto, en el verano de 1973, ya existía otra tradición bien establecida muy similar en DC, que probablemente él conocía: el encuentro anual de la Liga de la Justicia y la Sociedad de la Justicia en la colección de los primeros. De hecho, cabe pensar que lo que Marvel buscaba con aquellos anuales estivales era conseguir algo equivalente a lo que DC había estado ofreciendo a los fans de los superhéroes cada verano desde 1963, y que, sin duda, habían llevado a otro nivel un año antes con un evento en el que ambos grupos no sólo se reunían durante tres números (en lugar de los dos habituales), sino que incluso añadió un tercer equipo: los Siete Soldados de la Victoria).

 

Para ser justos, debo mencionar que Englehart hace una breve referencia a esa tradición de DC en su introducción al volumen de “Marvel Masterworks” que incluye el evento que nos ocupa, diciendo: “Por supuesto, había una similitud con los crossovers de la Liga de la Justicia y la Sociedad de la Justicia que había hecho DC, y a Roy le encantaban ese tipo de cosas, así que le gustó la idea…”. Imagino que así fue, sobre todo cuando Englehart ideó una estructura argumental que se ajustaba fielmente a la fórmula de “grupo de héroes que se divide en unidades más pequeñas, sigue pistas y confluye al final para derrotar a la amenaza”, que tan bien había funcionado para la Sociedad de la Justicia durante años en los queridos “All-Star Comics” de Thomas, por no mencionar a sus sucesores, empezando por la propia Liga de la Justicia en sus inicios.

 

Al final, los detalles sobre el origen de la “Guerra Vengadores/Defensores” no importan demasiado. Lo que cuenta son los resultados, y éstos conforman una de las sagas de supergrupos más disfrutables de los 70.

 

Una pequeña pero significativa parte del placer de leer este crossover reside en la habilidad con la que Englehart había ido preparando el conflicto a lo largo de los varios meses precedentes en ambas colecciones. Dado que ya he resumido en las entradas anteriores de este serial lo que había ocurrido en “Los Vengadores”, trataré de no repetirme con este grupo. Eso sí, conviene recordar un par de eventos clave. El primero fue la salida de Ojo de Halcón del equipo en el nº 109; y el segundo, más reciente, la llegada del antiguo maestro del arquero –y luego enemigo-, el Espadachín, quien, acompañado por su amante, la misteriosa Mantis, ofrece sus servicios como reemplazo de aquél asegurando haberse reformado. Pese a las reticencias del Capitán América, es aceptado como miembro oficial –Mantis prefiere mantenerse algo más al margen-.

 

Mientras tanto, en “Los Defensores” habían ocurrido muchas cosas. Algún día comenzaré una revisión completa de esta interesante colección, pero entre tanto baste decir que Valkiria se había unido al equipo al mismo tiempo que otro aliado, el Vengador conocido como Caballero Negro (Dane Whitman), fue convertido en piedra por la malvada Encantadora, la hechicera asgardiana. Al final de aquella historia, el líder de los Defensores, el Doctor Extraño, selló con un hechizo mágico el Castillo Garrett, la residencia inglesa del Caballero, mientras que Valkiria se hizo cargo temporalmente de su Espada de Ébano y su caballo alado, Aragorn. Posteriormente, todo el grupo transportó el cuerpo petrificado de Dane Whitman de regreso al Sancta Sanctorum de Extraño en Nueva York, donde podrían mantenerlo a salvo mientras el Maestro de las Artes Místicas buscaba una cura.

 

Después del encuentro con Omegatrón en el nº 5 (abril 73), en el nº 6 tuvo lugar el regreso de Silver Surfer, a quien se había visto por última vez abandonando enfurecido el equipo al final del nº 3, pero que desde entonces se había calmado lo suficiente como para reconocer que era injusto de su parte culpar a sus colegas por su fracaso en liberarlo de la barrera con que Galactus lo había confinado en la Tierra. Luego, en el nº 7 (mayo 1973), apareció Ojo de Halcón, cuyo camino se había cruzado con el grupo a través de una aparición especial en el nº 166 de “Incredible Hulk” (agosto 73, otro título con guion de Englehart). Tras el final de esa historia ambientada en Nueva York, el arquero siguió a Hulk mientras éste se dirigía a la casa del Doctor Extraño, encontrándose por el camino con Valkiria y Namor.

 

Pero el mago no se encontraba en su residencia, ocupado como estaba por los eventos que se desarrollaban en su serial en “Marvel Premiere” (otra cabecera escrita por Englehart). Mientras los cuatro héroes lo esperan, llega la noticia de que el viejo enemigo de Namor, Attuma, esta a punto de lanzar un ataque contra Atlantic City. Cuando Namor voló para frustrar la inminente invasión, lo acompañaron no solo Hulk y Valkiria, sino también Ojo de Halcón (quien, después de todo, no tenía nada más que hacer ese día). Por desgracia, las cosas no salieron muy bien para los buenos, y los Defensores (incluido el ex Vengador) fueron capturados, con la excepción de Hulk, que simplemente saltó alejándose del bochornoso resultado de la batalla. Al acercarse el final del número, se reveló que Attuma trabajaba con otro villano veterano de Marvel, el Fantasma Rojo, quien había perfeccionado su técnica para de mentes mediante rayos cósmicos, lo que le permitió no sólo usurpar la voluntad de marsopas, calamares y otros habitantes de las profundidades, sino también la de los Defensores cautivos.

 

Esto nos lleva a junio de 1973; pero antes de ver cómo los Defensores salieron de su apuro, debemos repasar la situación con sus futuros adversarios. En el nº 115 de “Los Vengadores”, éstos viajaban a Inglaterra para comprobar si el Caballero Negro se encontraba bien. Cuando Magneto les puso en una situación muy complicada allá por los nº 110-111, hicieron un llamamiento general para pedir ayuda a antiguos miembros, petición a la que Dane Whitman no respondió. Al principio pensaron que simplemente estaba ocupado con alguno de sus asuntos, pero tras varias semanas sin noticias, se preocuparon y fueron al Castillo Garrett a investigar.

 

Enseguida se toparon con la barrera invisible que el Doctor Extraño había levantado mágicamente para proteger el castillo en ausencia del Caballero Negro; pero, gracias a las habilidades místicas de Mantis (cuyos poderes exactos empezaban a revelarse poco a poco), al menos pudieron determinar quién era el responsable… aunque, por supuesto, no las razones por las que hizo tal cosa.

 

Conviene recordar que, en esta etapa de la historia del Universo Marvel, la interacción entre el Doctor Extraño y los Vengadores, tanto individualmente como en grupo, había sido mínima, aunque, como señala Pantera Negra, habían colaborado en el nº 61 (febrero 69), una aventura que, casualmente, también contó con la participación especial del Caballero Negro (a quien en ese momento aún le faltaba un año para ser miembro de pleno derecho del equipo).

 

Mientras aún procesan la información descubierta por Mantis, los Vengadores son atacados repentinamente por trogloditas subterráneos liderados por un tipo llamado Skol. Resulta que son descendientes de campesinos ingleses que fueron literalmente obligados a vivir bajo tierra varios siglos antes. Y no, no serían capaces de causarle problemas ni a uno sólo de los Vengadores ni durante treinta segundos, mucho menos a todos ellos, razón por la cual ese guion es mediocre hasta el ridículo. Sea como sea, esos brutos consiguen mantener ocupados a los héroes hasta la página 16, al final de la cual los vemos regresando a Estados Unidos en el quinjet, decididos a llevar sus pesquisas hasta la puerta del Sancta Sanctorum de Extraño en Greenwich Village.

 

Pero ojo, porque las últimas tres páginas del número están dedicadas a un… ¿prólogo?  En “Thor” nº 207 (enero 73), Loki, cegado por el rayo divino de su hermano, intentaba detener el coche robado de Steve Englehart, pero el conductor lo ignora, y el Dios del Mal se precipita por un acantilado en Rutland, Vermont, durante el desfile de Halloween, al que habían acudido varios miembros del staff de Marvel. El caso es que Loki acaba materializándose en una dimensión donde le espera Dormammu, la némesis del Doctor Extraño, quien le promete devolverle la vista si le ayuda a recuperar el Ojo del Mal, un artefacto arcano de gran poder que se había visto por primera y última vez en “Cuatro Fantásticos” nº 54 (septiembre 66). Al término de aquella aventura, ese dispositivo parecía haberse sobrecargado y explotado, pero, en realidad, según revela Dormammu, sólo se dividió en seis partes que él y Loki, usando sus poderes, podrían reconstruir y luego conquistar la Tierra.

 

No puede criticarse la elección de villanos de Englehart para esta épica historia. Después de todo, Loki, era el villano que dio origen a Los Vengadores; y si bien los Defensores no llevaban activos el tiempo suficiente como para contar con una lista de villanos de peso, sí se enfrentaron a Dormammu en su segunda aparición, en “Marvel Feature” nº 2 (marzo 72). Además, Dormammu era, sin duda, el archienemigo de su líder, el Doctor Extraño, y, al igual que Loki, sus poderes son tan impresionantes que es fácil creer que juntos podrían ser más que suficiente para derrotar a los Vengadores y los Defensores combinados, especialmente porque planean actuar sigilosamente y con engaños en lugar de lanzar un ataque directo.

 

Siguiendo las instrucciones del final de “Vengadores” nº 115, habría que pasar a “Defensores” nº 8, también a la venta en junio de 1973 (aunque con fecha de portada de septiembre), donde se resuelve el conflicto con Attuma y el Fantasma Rojo. Este último había logrado someter mentalmente a Namor, Valkiria y Ojo de Halcón y planea atacar Atlantis junto con su socio en cuanto tenga un número suficiente de criaturas marinas bajo su control. Mientras tanto, tras concluir su larga batalla contra Shuma-Gorath en “Marvel Premiere” nº 10 (septiembre 73) y convertido ya en Hechicero Supremo, el Doctor Extraño regresa a su mansión. Después de un breve periodo de adaptación, logra un importante avance en la misión de los Defensores para salvar al Caballero Negro. Comparte con alegría esta buena noticia con su sirviente Wong y su amante Clea, pero cuando intenta seguir la sugerencia de ésta y convocar a los Defensores, solo consigue contactar con Silver Surfer y Hulk. Los recuerdos del gigante esmeralda le dan la clave sobre la situación en la que se encuentran el resto de sus compañeros y poco después él y Silver Surfer parten en su busca, dejando al impredecible Hulk sumido en un sueño mágico.

 

Finalmente, los dos Defensores encuentran a sus tres camaradas hipnotizados en la vanguardia de las tropas de Attuma, justo cuando comienza el asalto a Atlantis. Combinando sus poderes, Extraño y Silver Surfer logran crear una barrera alrededor de la Tierra que bloquea los rayos cósmicos de los que depende el control mental del Fantasma Rojo. A partir de ahí, el rumbo de la batalla cambia por completo. Los dos villanos y sus secuaces son rápida y contundentemente derrotados, las criaturas marinas esclavizadas son liberadas para regresar a sus hogares acuáticos y todos los Defensores (y Ojo de Halcón) regresan a Nueva York para que Extraño pueda ponerlos al tanto sobre su descubrimiento respecto a su petrificado amigo: engañado por Loki y Dormammu –que han interceptado una sonda mágica suya que encuentra al Caballero-, les dice que, para traerlo de vuelta, deben encontrar los fragmentos perdidos del Ojo del Mal. En definitiva, que le van a hacer el trabajo sucio a los villanos en la sombra.

 

Y no, todo este desvío no tiene realmente nada que ver con la Guerra de los Vengadores/Defensores, pero quería mencionarlo para ejemplificar el tipo de interacción entre personajes del Universo Marvel que Englehart manejaba tan bien y que lo convirtieron en uno de los guionistas más apreciados por los fans.

 

Y ahora sí, cerrado el Capítulo Uno de la Guerra de los Vengadores/Defensores, llegamos al segundo, desarrollado en el nº 116 de “Los Vengadores” (octubre 73) y que cuenta con una dramática portada realizada por John Romita y Mike Esposito.

 

Buscando al Caballero Negro, los Vengadores se presentan en el Sancta Sanctorum del Doctor Extraño. Dado que éste había asistido a la boda de la Avispa y Chaqueta Amarilla, y los ayudó en el pasado –como recordó Pantera Negra- a derrotar a Surtur e Ymir, cabría esperar una visita amistosa. Pero no. Sin motivo aparente, están con ganas de camorra, como si fueran a enfrentarse contra alguien de quien nunca hubieran oído hablar. Al negárseles la entrada, hacen lo que cualquiera con superpoderes haría: derriban la puerta principal y agreden al sirviente, Wong. Tras ser expulsados ​​de la casa por un hechizo protector, se plantan en la calle y despotrican anunciando que volverán para darle a Extraño la paliza que tanto se merece. ¿De verdad se creen los buenos?

 

Francamente, en estas primeras páginas, los Vengadores no parecen más que una banda de matones y ni siquiera de los listos. Su estupidez queda perfectamente reflejada en las palabras de Iron Man, quien deja claro que jamás confiaría en alguien que utiliza la magia… sin recordar que a su lado están Thor y la Bruja Escarlata.

 

De todas formas, sus esfuerzos hubieran sido inútiles aunque hubieran conseguido entrar en la Mansión, ya que los Defensores no se encuentran allí: han dividido sus fuerzas para dirigirse a diferentes puntos del planeta en los que se encuentran los Ojos de Poder. Mientras tanto, Loki se ha dado cuenta de que Dormammu no es de fiar. Sospecha que no le devolverá la vista una vez le ayude y que, aún peor, utilizará el artefacto ya completo para invadir también Asgard. Así que, utilizando una proyección mística, avisa a los Vengadores, pero sólo les cuenta lo que le interesa para detener el plan de Dormammu: los Defensores son un equipo de villanos que se dirigen a recuperar objetos con los que podrán dominar el mundo.

 

Al nombrar a los miembros de los Defensores, Loki se asegura de señañar aquellos aspectos de cada uno que podrían razonablemente despertar o confirmar la sospecha de los Vengadores sobre su perfidia. Obviamente, esto era fácil en el caso de Hulk y Namor, con quienes ya habían tenido varios choques en el pasado. Según supieron los Vengadores en el nº 83, Valkiria "sigue" siendo un disfraz de la Encantadora, otra vieja y recurrente adversaria del equipo. El conocido "resentimiento" de Silver Surfer por haber sido aprisionado en la Tierra es, al menos, una explicación plausible para su supuesta actual rebeldía. Y, finalmente, Ojo de Halcón, cuyos últimos encuentros con sus ex camaradas no habían sido precisamente amistosos.

 

Al igual que con los Defensores, la división de los ocho Vengadores (incluyendo a Mantis, por supuesto) en seis unidades parece lógica. La única sorpresa aquí es la decisión de Mantis de acompañar a Pantera Negra en lugar de al Espadachín, siguiendo una "corazonada" de que el africano la necesitará más.

 

El Capítulo 3 narra el choque entre Silver Surfer por una parte y Visión y la Bruja Escarlata por otra, en una isla de la Polinesia. Quizás me equivoque, pero algo en la representación que hacen Bob Brown y Mike Esposito de Silver Surfer me dice que intentan emular el diseño original de Jack Kirby, en contraposición a la versión posterior, algo más estilizada, de John Buscema (cuyo modelo es el que, en gran medida, sigue su hermano, Sal Buscema, en “Los Defensores”).

 

Surfer registra toda la isla antes de decidir que el volcán activo es el único lugar en el que no ha buscado. Naturalmente, la lava fundida no le preocupa en absoluto, ya que “eso no afecta a quien ha volado en el interior de un sol”. Al llegar Visión y la Bruja Escarlata en un quinjet, el primero, que no ha quedado muy conforme con la historia de Loki, decide hablar con el Defensor, pero cuando las maniobras de Surfer provocan accidentalmente una erupción, la nave de los Vengadores resulta dañada y Wanda cae al vacío. Visión la salva, pero ello le provoca un ataque de ira que le impulsa a atacar. En esta escena, Englehart evita hábilmente una de las objeciones más comunes de los fans a las peleas entre héroes –a saber, "¿por qué, simplemente, no hablan entre ellos?" - creando una situación en la que los dos combatientes son, literalmente, incapaces de oírse, incluso si lo intentaran.

 

Surfer hace que su tabla ataque a Visión por la espalda, hundiéndolo en la lava, pero luego, al intentar alejarse del cráter, calcula mal la distancia entre el humo y la ceniza volcánica y se estrella contra una pared. Entretanto, los habitantes del pueblo aledaño al volcán deciden que, para apaciguarlo, tienen que realizar un sacrificio humano. ¿Y a quién eligen? Pues a la inconsciente Bruja Escarlata –que, una vez más, hace un papel bien pobre permaneciendo desmayada toda la batalla-.

 

Los lectores de 1973, seguramente aceptaron sin inmutarse el uso que hizo Englehart del manido recurso del “sacrificio de una hermosa mujer al iracundo dios volcánico”. Actualmente, me siento obligado a señalar que, si bien parece haber al menos alguna evidencia de que tales cosas han ocurrido en el mundo a lo largo de la historia de la Humanidad, no he encontrado nada que sugiera que algo así fuera costumbre en la isla polinesia de Rurutu… y mucho menos en la segunda mitad del siglo XX.

 

Al final, para evitar que Wanda muera desintegrada por el avance de la lava, Visión se lanza a rescatarla, dejando via libre a Surfer –que aparentemente, no siente el mismo respeto por la vida humana- para que se haga con el Ojo y escape con él. Al terminar la batalla, ambos combatientes están convencidos de que el otro atacó sin provocación, una actitud sobre la que pretenden advertir a sus compañeros.

 

Dejando de lado la actitud condescendiente hacia los polinesios "supersticiosos" (un prejuicio que, lamentablemente, no era nada inusual en los comics de aquella época), el primer enfrentamiento real entre miembros de los dos supergrupos protagonistas hubiera funcionado de haberse presentado como una batalla de uno contra uno entre Silver Surfer y Visión. Pero como este capítulo se anunciaba como "Silver Surfer contra Visión y la Bruja Escarlata", la decisión de Englehart de relegar por completo a Wanda Maximoff hace casi inevitable restarle varios puntos. Es un extraño error por parte del mismo guionista que, desde prácticamente la primera página de su etapa en “Los Vengadores”, había empezado a escribir a la Bruja Escarlata como un personaje más fuerte e independiente y, que, de hecho, continuaría desarrollándola como una potencia a tener en cuenta en los meses siguientes.

 

Tengo también que reconocer que, aunque esta es la colección de “Los Vengadores”, desde el principio al final de este número cada uno de los miembros del equipo se comporta de forma abofeteable. A pesar de ser los invitados, los Defensores se muestran mucho más maduros y seguros de sí mismos que sus supuestos oponentes y, al final de la historia, es difícil no alegrarse de que hayan ganado la primera ronda. Es cierto que las acciones de Surfer al bombardear repetidamente el interior de un volcán con sus rayos cósmicos en su intento por encontrar el Ojo, no sugieren que sea la persona más responsable de la galaxia, pero al menos puede justificarlo como ignorancia. No sé cuál es la excusa de los Vengadores.

 

(Continúa en la siguiente entrada

 


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