(Viene de la entrada anterior)
Como comenté en la entrada anterior sobre “Los Vengadores” nº 113, el guionista Steve Englehart había introducido un misterio en el episodio anterior, el 112, presentando brevemente a un personaje completamente nuevo, Mantis, y a su compañero sin nombre, que solo aparecía entre las sombras. Lo único que se nos había dicho sobre este último, ya fuera en su primera o segunda aparición igualmente fugaz (en el 113), fue que tenía una relación previa con el supergrupo que da nombre a la colección y que tenía opiniones muy negativas acerca de uno de sus miembros, Ojo de Halcón.
Pues bien, cuando salió el nº 114 (agosto 73), los lectores
ni siquiera tuvieron que
abrir el comic para descubrir la respuesta al enigma,
ya que la portada (atribuida a John Romita) mostraba de forma muy prominente a
Mantis y a su misterioso amante; tanto, de hecho, que la parte superior de las
cabezas de la pareja tapaban parte del logo. Y si, aún así, alguien hubiera
experimentado algún momento de confusión al intentar ubicar al caballero de
bigote y uniforme morado que dominaba la mitad izquierda de la portada, la
leyenda al pie le habría dado la solución: “La Noche del Espadachín”.
Quienes hubieran seguido la colección desde sus inicios, ya
conocían bastante bien a ese personaje. Por ejemplo, que en su primera
historia, allá por los números 19 y 20 (agosto-septiembre 65), había sido
miembro oficial del equipo durante apenas cinco minutos, antes de que se
revelara que no solo era un criminal oportunista, sino un infiltrado al
servicio del Mandarín. Sus creadores, Stan Lee y Don Heck, le habían aportado una
cantidad inusual de matices en aquel debut, retratándolo como una figura gris
en lugar del habitual negro absoluto e irredimible. Matices que, sin embargo,
n
o se conservaron en otras apariciones posteriores, como en “Capitán América”
nº105 (septiembre 68), donde se unió a otros dos villanos -Batroc y el Láser
Viviente- desenvolviéndose como un villano común y corriente. Poco menos de un
año después, en el nº 65 de “Los Vengadores” (junio 69), se enfrentaba al grupo
en solitario sin dar ninguna pista de que su carácter de enemigo despiadado
fuera a cambiar.
Es cierto que el Espadachín se unió al equipo en el nº 100 (junio 72) en la batalla por salvar a la Tierra de la invasión de criaturas asgardianas lideradas por Ares y la Encantadora, pero aquello pareció más bien un caso aislado. Los Vengadores sólo habían aceptado a regañadientes la ayuda del Espadachín en un momento de crisis, y éste tampoco parecía interesado en convertirse en un héroe a tiempo completo. Así que los lectores debieron quedar bastante desconcertados por la gran revelación de este nº 114.
La acción comienza con Wanda recorriendo la Mansión
reflexionando sobre el rechaz
o generalizado que ha experimentado a tenor de su
ahora pública relación con la Visión. En especial, se siente particularmente afectada
por la violenta reacción de su propio hermano Pietro, también mutante y blanco
de los prejuicios de la sociedad, ante la idea de que ella y un ser artificial
puedan albergar sentimientos mutuos. Pietro optó por ocultarse del mundo de los
humanos para vivir con su amada Crystal en el Gran Refugio de los Inhumanos (nº
110), pero ella y Visión no tienen esa opción y deben soportar el odio e
intolerancia de una parte de la sociedad. Recordemos que, en el episodio
precedente, el grupo había tenido que enfrentarse a un pequeño pero decidido
grupo de extremistas que se convirtieron en bombas vivientes para destruir a
Visión. Casi lo consiguen y ahora éste prueba su recuperación en un combate
simulado contra el Capitán América e Iron Man.
Visión demuestra haberse recuperado lo suficiente como para
volver al servicio activo, pero, aunque Wanda no puede evitar alegrarse por
ello, le molesta un comentario casual del Capitán Am
érica: “¡Puedes llamarte dichoso de ser un androide! ¡Un humano herido de esa
gravedad aún estaría en posición decúbito supino!”. “¡Hasta nuestros amigos nos recuerdan continuamente que somos distintos!”,
piensa enfurecida. Para despejarse, cambia su uniforme por ropas de civil y sale
a dar un paseo. Pero he aquí que un grupo de obreros la reconocen y uno de
ellos la insulta: “No todos los días los
tipos corrientes conocemos a una chica que disfruta besando a un montón de
plástico (…) Lástima que no estés disponible, cielo. ¡Lástima que no
consiguieran matar a tu amante!”. Esto es la gota que colma el vaso y Wanda
reacciona lanzando un hechizo que golpea al musculoso bocazas.
Wanda brilló con luz propia bajo la dirección de Englehart.
Hasta ese momento, nadie había mostrado su lado más agresivo. Siempre a la
sombra de su hermano, cuando se unió a los Vengadores fantaseaba románticamente
con el Capitán América y, bastante más tarde, se enamoró de Visión. La larga
relación entre ambos sentó las bases para prácticamente todo lo que le sucedió
después. Sin embargo, eso sería en el futuro porq
ue en este momento y en una
nueva muestra de lo poco consideradas que estaban las superheroinas por
entonces -incluso por guionistas que querían aportarles mayor profundidad- los
poderes de Wanda no bastan ni para dejar fuera de combate a un tipo corriente,
que se recupera inmediatamente y la abofetea. Y es entonces cuando interviene
una mujer de rasgos vietnamitas con antenas en la cabeza y utiliza las artes
marciales para dejar al hombre inconsciente.
Ahora que Mantis hace su primera aparición en esta historia,
vale la pena señalar que su aspecto ha sido alterado sutil pero
significativamente desde su presentación hace apenas dos números. En el nº 112,
Don Heck (quien recibe crédito de cocreador con Steve Englehart cada vez que el
personaje aparece en las películas de Marvel) la dibujó con dos gruesos rizos sobre
la frente. En el nº 113, el nuevo dibujante regular, Bob Brown, siguió ese
mismo modelo. Pero ahora, en el 114, el peinado es un flequillo y de él surgen las
dos antenas que son, sin duda, uno de los aspectos más distintivos del diseño
clásico del pe
rsonaje. Steve Englehart confirmó en 2015 que fue John Romita, a
la sazón recién nombrado Director Artístico de Marvel, quien modificó el diseño
original de Heck para darle a Mantis el que muchos fans consideran su aspecto
definitivo
Además de un nuevo peinado, Mantis luce ahora un atuendo algo diferente al que Heck le diseñó para el nº 112, uno que, cabe destacar, cubre mucho menos. Estoy seguro de que Marvel pensó que, como artista marcial, su uniforme debía permitirle la máxima libertad de movimientos… por no mencionar que resultaba mucho más sexy, claro. Pero de esto hablaré un poco más en un momento.
La enigmática mujer acompaña a Wanda de regreso a la Mansión
de los Vengadores. El Capitán América se muestra preocupado por dejar entrar a
una desconocida, y sus temores se confirman cuando aparece a continuación el
Espadachín. Dice que le tomó el gusto a ser un héroe cuando los ayudó contra
Ares y la Encantadora en el n
º 100, y que ahora quiere ocupar el puesto dejado
vacante por Ojo de Halcón. El Capitán América les recuerda a sus camaradas cómo
confiaron en él en su primera aparición sólo para encontrarse con que los traicionó,
enfrentándose contra ellos en varias ocasiones desde entonces. El villano
explica que su vida criminal lo llevó a perderse en el alcoholismo hasta que
Mantis lo salvó y lo convenció para reformarse. Por cierto, que el toque de
humor involuntario de este episodio es, precisamente, cuando vemos al
Espadachín en su momento más bajo, borracho en un bar de mala muerte… ¡con su
disfraz completo, máscara incluida! Es una idea tan ridícula que es difícil no
sonreir.
En cualquier caso, es obvio que ni los niños ni los censores
del Comics Code entendieron lo que Englehart estaba deslizando aquí. En números
posteriores se aportarían más detalles sobre ese período, como que ambos se
conocieron en Vietnam y que ella era trabajadora sexual en ese momento (aunque,
por supuesto y tratándose de un título sancionado por el Comics
Code Authority,
nunca se imprimió una palabra tan explícita como "prostituta").
Al Capitán América no le convencen esas explicaciones, pero sus compañeros le recuerdan cómo él mismo dio una segunda oportunidad a Ojo de Halcón, la Bruja Escarlata y Mercurio, que también habían tenido un pasado delictivo antes de unirse a los Vengadores. Thor se ofrece a hacerse cargo del Espadachín y el Capitán acepta a regañadientes.
Utilizando el sentido común, al Capitán América le sobran
razones para sus reparos. Independientemente de las veces que se ha enfrentado
a él, ya sea en solitario o como parte del equipo, casi con toda seguridad el
Espadachín es un prófugo de la justicia (en el nº 100 se insinuó claramente que
se había fugado de prisión). Eso por no hablar de que la trayectoria criminal
de este sujeto era mucho más extensa que la de Clint, Wanda o Pietro. Lo único
lógico y responsable que podrían hacer los Vengadores era arrestarlo y avisar a
las
autoridades competentes. Pero claro, tratándose de un cómic de superhéroes
de la Edad de Bronce, no es eso lo que deciden sin pensarlo mucho, y a los
lectores –la mayoría infantiles o adolescentes- no les importó demasiado. Irónicamente,
a la vuelta de unos pocos meses, el propio Capitán América sería acusado de
asesinato y se vería obligado a huir para limpiar su nombre y destapar una
vasta conspiración criminal. Esto sucedería en su propia colección, también
escrita por Englehart, que estaba haciendo un gran trabajo con el personaje no
sólo ahí, sino también, como vemos, en “Los Vengadores”.
Con todo, esta es una muestra de que Englehart estaba empezando a encontrar su propio estilo para la colección. Tan solo unos años antes, los Vengadores habrían aceptado entre sus filas sin pestañear a un Espadachín arrepentido. El hecho de que, no solo el Capitán América, sino, como también veremos, Pantera Negra y Visión, duden de su sinceridad es un cambio de considerables proporciones en el espíritu de la serie.
Mantis, po
r su parte, no desea unirse al grupo, pero
pregunta si puede quedarse con su compañero. Dado que, tras la marcha de la
Viuda Negra y la Avispa, ella es ahora la única fémina, Wanda agradece la
compañía femenina. Mención especial para el dibujante Bob Brown y el entintador
Mike Esposito por las impagables expresiones en los rostros del Capitán América
y Thor tras recibir en forma de beso la gratitud de Mantis, así como por la
sutil sugerencia de una sonrisa en la máscara de Iron Man.
Algo que me llama la atención de los últimos años de las
historias de los Vengadores es cómo los Tres Grandes -Capitán América, Iron Man
y Thor- frecuentan la Mansión desde que se reincorporaron como miembros
regulares en el número 93, lo cual no encaja del todo con sus aventuras en sus
respectivas colecciones. En los “viejos tiempos”, cuando Lee escribía las
cuatro series, intentaba que todo encajara lo mejor posible, llegando incluso a
sacar a Thor e Iron Man del grupo en ciertos números para evitar incoherencias,
ya que las historias en sus propias cabeceras iban tornándose cada vez más
largas y complejas. Llega
dos a este punto, aunque Englehart se esfuerza por
mantener la congruencia, al menos dentro de los títulos que escribe, no parece
haber forma de explicar cómo los tres aparecen regularmente en dos lugares a la
vez (o incluso en tres si contamos sus intervenciones esporádicas en títulos
como “Marvel Team-Up”).
Durante la semana siguiente, el Espadachín demuestra su habilidad y audacia contra varios oponentes. Apreciando su coraje, Thor lo recomienda para ser Vengador de pleno derecho, pero Pantera Negra y Visión quieren ponerlo a prueba en un combate simulado. El Espadachín usa uno de los rayos que el Mandarín añadió a su espada para vencer a Visión y su agilidad le permite incluso superar a Pantera, el cual, por cierto, expresa sus todavía vivas reticencias: “Creo que, en mitad del simulacro de combate, podrías matarnos “accidentalmente” si quisieras y nadie se daría cuenta. Así que no voy a darte la oportunidad”.
C
omo ya he comentado en entradas anteriores, unos cinco
meses antes (en el nº 109), Englehart había sacado a Ojo de Halcón de los
Vengadores y desde entonces había aparecido en “Daredevil” nº 99 (mayo 73) y,
este mismo mes, se había colado en las páginas de “Hulk” nº 166, otra de las
colecciones que en ese momento escribía Englehart. Curiosamente, la aparición
del arquero como estrella invitada no mereció ni siquiera una breve nota en la
portada, aunque en este episodio de los Vengadores su colaboración con Hulk
contra el villano Zzzax sí aparece en el boletín de noticias que están viendo
los héroes. Espadachín le resta importancia diciendo que él le enseñó al
arquero todo lo que sabe. Ese comentario no ayuda a disipar las sospechas del
Capitán: “¿Le preocupa que lo echemos si
Ojo de Halcón regresa…o se trata de algo más?”.
Las preocupaciones del Capitán América parecen quedar
justificadas cuando el Espadachín sube a la azotea de la Mansión para
encontrarse con Mantis. Ésta utiliza sus limitados conocimientos místicos para invocar
al Dios León, con quien los Vengadores se habían enfrentado en el episodio
precedente.
A continuación, atraen al coloso hasta el resto de los Vengadores y
lo ayudan a reducirlos. El dios ya no quiere extraer de T´Challa los secretos
de su rival, el Dios Pantera, sino tan sólo sacrificarlo a su gloria.
La verdad es que toda esa secuencia no es muy emocionante. El propio Englehart reconoció años más tarde que el Dios León fue uno de los peores villanos que jamás creó, tanto por su origen como por su aspecto y motivaciones. Además, la facilidad con la que caen los Vengadores es insultante. Iron Man queda neutralizado con un simple rayo; el Espadachín le dispara una descarga eléctrica a Visión y lo deja fuera de combate; y Mantis no sólo tumba a Capitán América con una pinza de sus piernas, sino que abate al mismísimo Thor (capaz de soportar los golpes de Hulk) con un golpe de kung fu en el cuello.
Pero entonces, el Espadachín con su espada y Mantis con una
danza erótica, hipnotizan al Dios León y lo colocan en una posición que permite
a Iron Man atraparlo con un cilindro de adamantium que luego Thor envía a otra
dimensión.
Si todo esto parece ridículo, es porque lo es. Pero también dice mucho de la forma en la que Englehart concibió originalmente a Mantis y el papel que debía desempeñar en la colección y que, según él mismo admitió, consistía en aportar un toque “picante” introduciendo un elemento de intriga sexual en la dinámica interpersonal del grupo. Tras pasar medio año tratando de imitar lo mejor posible a su predecesor en la serie, Roy Thomas, Englehart estaba ansioso por encontrar su propio estilo y pensó que el sexo podría ser la clave… “siempre y cuando no le causara problemas a Marvel”. Tal y cómo explicó: “Coloquemos entre los hombres a una mujer sexy en toda regla”. Por supuesto, debía tener poderes, un nombre y un traje, pero su objetivo último era, simplemente, inyectar sensualidad y sembrar discordia entre sus compañeros masculinos.
Según Englehart, su raza asiática surgió después de definir
su carga sexual y vino inspirada por los titulares de la época, centrados en la
Guerra de Vietnam. Al co
njunto le añadió su fascinación por el kung fu y de ahí
extrajo su nombre dado que ese arte marcial tiene una forma de Mantis.
Si el guionista nunca hubiera desarrollado a Mantis más allá de su concepción original, es muy probable que recordáramos su etapa en los Vengadores de forma muy distinta. Afortunadamente, otra idea que tuvo para los Vengadores (y, simultáneamente, los Defensores) acabó transformando su enfoque. Así, Mantis, que se había unido al grupo como mujer fatal, al luchar junto a Pantera Negra contra el Doctor Extraño, demostró que era una compañera fiable, que tenía habilidades extraordinarias y que se desenvolvía bien en combate. De repente, Englehart se encontró con que su idea inicial era difícil de llevar a cabo y rehízo su historia para darle mayor complejidad, convirtiéndola de prostituta de Saigón a Vengadora y, de ahí, a Madona Celestial. Pero de eso iremos hablando en entradas futuras.
En la última página del comic, Mantis explica que había presentido que el Dios León planeaba atacar en cuanto ella llegara, así que decidió atraerlo en sus propios términos, capturarlo mediante hipnosis y permitir que los Vengadores se deshicieran de él de una vez por todas. Como sabía que sus anfitriones no la creerían, tuvo que engañarlos. El resto del grupo le compra la historia, pero el Capitán sigue sin estar convencido: “¡Podría tratarse de una astuta pantalla de humo para cegarnos de cara a alguna estratagema futura!”.
La última viñeta del comic incluye un adelanto de lo que
está por venir: “Próximamente: ¡En Busca
del Caballero Negro!”. Por supuesto, los lectores de este número y que
también seguían el otro cómic de Englehart, “Los Defensores”, sabían
exactamente dónde podían encontrar los Vengadores a su ocasional camarada
británico. Y es que el pobre formaba parte de la decoración del Sancta Sanctorum
del Doctor Stephen Extraño tras haber sido convertido en estatua de piedra por
la Enc
antadora en el clímax del nº 4 de “Los Defensores” (febrero 73). Junto
con la aparición de Ojo de Halcón en el antes mencionado episodio de Hulk, Englehart
estaba sentando las bases para el mayor crossover que Marvel Comics había
intentado hasta la fecha: un choque entre los dos supergrupos que se
desarrollaría durante todo el verano tanto en “Los Vengadores” como en “Los
Defensores”.
Por desgracia, ese primer paso de la saga es uno de los episodios más flojos de la serie en bastante tiempo, tanto en su guion como en su dibujo (a cargo de Bob Brown y Mike Esposito).
El número 115 (septiembre 73) comienza cuando el grupo llega a Inglaterra en un quinjet, solo para encontrarse con un agente de la rama británica de SHIELD que no está dispuesto a dejar entrar en el país al Espadachín, al fin y al cabo un criminal buscado. Sin embargo, acaba aceptando a regañadientes las garantías que le dan los Vengadores.
El quinjet aterriza en las cercanías del Castillo Garrett,
hogar ancestral del Caballero Negro. Ya se había comentado que el equipo había
intentado contactar c
on Dane Whitman entre el nº 110 y el 99 de “Daredevil”, en
un momento en el que, con sus filas muy mermadas, tenían que enfrentarse a Magneto.
En ese momento no le habían dado mayor importancia al silencio de su compañero
dado que solía estar ausente corriendo sus propias aventuras. Pero el tiempo ha
pasado y siguen sin saber nada de él.
Al aproximarse al castillo, se topan con una barrera invisible que resiste los embates del martillo de Thor, los disparos de la espada del Espadachín y la intangibilidad de Visión. El hechizo de la Bruja Escarlata tiene un pequeño efecto temporal, lo que sugiere que la barrera es de naturaleza mágica. Mantis usa su poder empático para descubrir que el obstáculo fue erigido por el Doctor Extraño (en “Los Defensores” nº 4). Pantera Negra recuerda que Extraño y el Caballero ayudaron a los Vengadores en el nº 61, pero desconocen qué función cumple esa barrera ni cómo atravesarla.
De re
pente, son atacados por trogloditas que emergen de
túneles ocultos en el subsuelo. Pantera Negra, Mantis, Bruja Escarlata y
Espadachín son tomados por sorpresa y quedan inconscientes. El Capitán América,
Iron Man y Thor son neutralizados por un gas. Desde luego, esta podría figurar
entre las actuaciones más lamentables del grupo: derrotados por cavernícolas
sin poderes.
El gas anula sus voluntades y son conducidos ante el rey troglodita, Skol, quien afirma haber visto a seres disfrazados de la superficie llevarse al Caballero Negro y crear la barrera invisible. Cree que han sido los Vengadores y les exije que eliminen la barrera. Al parecer, siglos atrás, los caballeros del rey oprimieron al pueblo de estos salvajes y sus ancestros encontraron refugio bajo tierra. Allí se han ocultado desde entonces, robando comida del castillo al que accedían por un túnel. Ahora, con la barrera, les resulta imposible dado que ésta se extiende tanto bajo tierra como sobre la superficie.
Thor intenta explicar que no han sido ellos los responsables
del muro invisible y que no pueden destruirlo, pero Skol no les cree y los
arroja, aún atados, a un pozo
donde un escorpión albino gigante los ataca. Como
ahora ya se encuentran fuera alcance del gas que debilita la voluntad, Thor se
libera, Visión se libra de sus ataduras y Mantis de las suyas. Dios y androide
hieren a la bestia, pero ésta se debate y atrapa con su enorme pinza a Wanda,
aún atada. Mantis mata a la criatura con un solo golpe certero.
Los trogloditas apagan las antorchas y dejan sumido todo el lugar en la más absoluta oscuridad. Ellos están acostumbrados, pero todos los Vengadores, excepto Pantera Negra, no pueden ver. El entrenamiento del wakandiano –y las hierbas que consume periódicamente- agudizan sus sentidos y consigue que Thor les desate a todos antes de guiarlos para formar un muro defensivo frente a una abertura por donde espera que salgan sus enemigos. Luego, él mismo se adentra en el túnel, utilizando el reducido espacio a su favor y derrotando a todos los atacantes. Tras tumbar a Skol de un puñetazo, éste se rinde.
Más tarde, los Vengadores informan a las autoridades sobre estos moradores del subsuelo para que reciban atención médica y se les ayude a salir a la superficie y comenzar una nueva vida. El equipo se marcha, decidido a descubrir qué han hecho el Doctor Extraño y sus compañeros Defensores con su aliado, el Caballero Negro.
(Continúa en la siguiente entrada)

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