23 abr 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (25)


 (Viene de la entrada anterior)

 El número 112 (junio 73) es, básicamente, de relleno, una historia autoconclusiva con un villano nuevo que no tendrá apenas recorrido a posteriori. La acción arranca directamente de los acontecimientos narrados en el episodio precedente, aunque el inicio es una escena que tiene lugar cuatro días antes: un periodista, el señor Umbala, es conducido ante la manifestación de un auténtico dios-león africano, sólo para encontrarse arrojado al mismo como sacrificio por sus seguidores.

 

En la Mansión de los Vengadores, la Viuda Negra, que había decidido unirse a sus filas en el número anterior tras su discusión con Daredevil, es blanco de un inoportuno intento de flirteo por parte de Iron Man antes de que la Bruja Escarlata le muestre su habitación. Pantera Negra se pregunta si la incorporación de Natacha le permitirá a él, por fin, abandonar el grupo para satisfacer las demandas de su pueblo, que quiere que regrese a Wakanda. Sus reflexiones quedan interrumpidas cuando el Capitán América, Thor y Visión ven a un grupo de manifestantes negros, algunos de ellos armados, aporreando la puerta de la Mansión, exigiendo ver a Pantera. Parecen estar liderados por Umbala y, cuando T'Challa intenta hablar con ellos, atacan a los Vengadores. Obviamente, no tienen nada que hacer y los héroes los reducen sin problemas.

 

Los agresores exigen que Pantera Negra regrese a África y cuando éste se encara con Umbala, inexplicablemente, el monarca wakandiano se postra ante él y lo sigue. Cuando los Vengadores se dan cuenta de que sucede algo raro y se aprestan a intervenir, Umbala se transforma en el Dios León, que incita a la multitud a atacar de nuevo a los héroes. No es más que una distracción y cuando la deidad y Pantera desaparecen, los manifestantes se dispersan, confundidos, como si todo el tiempo hubieran estado sometidos a algún tipo de control mental.

 

Un breve interludio de tres viñetas nos presenta a una mujer hasta ahora desconocida que se hace llamar Mantis y que está hablando con un hombre cuya identidad permanece oculta al lector. Éste le dice que Ojo de Halcón ha dejado los Vengadores (desde el nº 109) y Mantis considera que ha llegado la oportunidad perfecta para unirse a sus filas. Esta es la primera aparición de esta enigmática mujer, a quien Englehart convertirá en un componente clave de la trama principal hasta “Giant-Size Avengers” nº 4 (junio 75). La posible razón por la que Mantis piensa que es el momento de acercarse a los Vengadores, es porque su misterioso compañero es, tal y como se revelará en el número 114, el Espadachín, viejo enemigo del grupo y, por razones que se explicaron en el nº 19, alguien a quien Ojo de Halcón –que, repito, ya no está en el grupo- guarda un especial rencor.

 

Mientras tanto, el Dios León le revela a Pantera Negra, ahora ya liberado del control mental pero todavía cautivo que él y el Dios Pantera de Wakanda han sido rivales durante siglos. Su intención es que T'Challa le revele todos los secretos de ese culto para así poder derrotar a su enemigo y reinar supremo sobre África. Si se niega, amenaza con usar su poderoso bastón tótem para matar a los Vengadores. Éstos, entretanto, se preguntan cómo localizar a un dios. El Capitán América se marcha a buscar información en los archivos de SHIELD. Thor admite que los asgardianos nunca se han interesado por los panteones más al sur de las tierras boreales que ellos dominaban. El problema se resuelve cuando el Dios León irrumpe en la Mansión llevando consigo al cautivo Pantera.

 

Sigue el tradicional combate, que se extiende siete páginas y donde ni la Viuda ni la Bruja Escarlata se lucen demasiado. Al final es Thor el que resuelve la situación, invocando un rayo que devuelve al Dios León a su reino espiritual jurando, eso sí, que atacará de nuevo.

 

En la última página, Natasha renuncia al equipo, argumentando que no se siente cómoda formando parte de grupos numerosos. Además, tras ver a Visión y Wanda enamorados, se ha dado cuenta de que debe hacer caso a su corazón y regresar a San Francisco con Daredevil. No es que las palabras de despedida de T´Challa sea muy elogiosas: “Sólo os reclutamos para que nos ayudárais contra Magneto, y esa necesidad ya no existe”. Él, por su parte, decide quedarse con los Vengadores, con quienes podrá combatir cualquier mal en cualquier parte del mundo, sin limitarse a su reino africano.

 

Un número este, en fin, muy mediocre con un villano desechable y cuyo principal propósito parece ser justificar la decisión de Pantera Negra de permanecer en los Vengadores. El Dios León atacará de nuevo dentro de dos números. Pero después de eso, no se volverá a saber de él. De hecho, probablemente Englehart lo inventó tan solo para proporcionar a Mantis y el Espadachín un rival contra el que demostrar su valía en el nº 114. Puede que el guionista tuviera buenas intenciones al crear este villano, quizá intentando aportar un contrapunto a todos los dioses europeos que ya habían ido apareciendo en los cómics de Marvel hasta entonces. El problema fue que Englehart no tenía los conocimientos necesarios de la cultura o la mitología africanas como para plasmarlo correctamente.

 

Puede que el guion fuera mediocre, pero no tanto como para merecer un dibujo tan infame que tampoco pudo mejorar el entintado de Frank Bolle, un profesional veterano que trabajó muy poco para Marvel y que realizó gran parte de su carrera en Magazine Enterprises en los 50, en Dell/Gold Key en los 60, en Warren a comienzos de los 70 y como dibujante de una famosa tira de prensa, “Winnie Winkle”, en los 80 y 90.

 

Por cierto, que la portada incluye una de esas burbujas de texto absolutamente engañosas y colocadas para incitar al lector a llevarse el tebeo a casa: “¡El Final de un Vengador!” Dentro, por supuesto, no hay nada tan dramático y a lo que hace referencia es a la marcha de la Viuda Negra, que volvería al lado de Daredevil en el número 101 de su colección y donde permanecería hasta el nº 124. Parece ser que Steve Gerber, a la sazón guionista de la colección del héroe ciego, quería a Natacha fuera de esa serie porque pensaba que éste funcionaba mejor en solitario. Por su parte, Englehart quería prescindir de Ojo de Halcón en los Vengadores. Así que llegaron a un acuerdo: el arquero saldría del grupo y su hueco lo llenaría la Viuda.

 

Fueron aquellos años muy ajetreados para Roy Thomas, que había sucedido a Stan Lee como editor en jefe de Marvel y que tenía claras dificultades para coordinar todos los títulos, por lo que entra dentro de lo factible que Englehart y Gerber urdieran este intercambio por su cuenta y riesgo y para cuando llegó a manos de Thomas, el proceso de producción de los tebeos de aquel mes ya estuviera muy avanzado. Al final, la Viuda Negra sólo combatió junto a los Vengadores en este número, por lo que, probablemente, Thomas desautorizó a los guionistas y devolvió a la ex espía rusa (que, por otra parte, superaría su aversión a los grupos fundando los Campeones y, años más tarde, integrándose como miembro regular de los Vengadores) a los brazos de Daredevil. El doble hueco que ahora tenía Englehart en la alineación del equipo lo llenaría con Mantis y el Espadachín, presentados en este mismo número.

 

Una vez pasada la impactante –y, de nuevo, engañosa- portada obra de Rich Buckler y Joe Sinnott, el nº 113 (julio 73) comienza con el grupo arreglando el desastre provocado por el alienígena gigante Gog (presentado en “Amazing Spiderman” nº 103, diciembre 71) durante su lucha contra Ka-Zar (en “Astonishing Tales” nº 18, junio 73). Aunque el Señor de la Tierra Salvaje salvó el día, no podía esperarse que él y su tigre de Dientes de Sable se encargaran de reparar los desperfectos, en este caso reconstruir la destrozada Estatua de la Libertad. ¿A quién iba a llamar el alcalde de la ciudad para ello? Pues a los Vengadores, claro.

 

Ninguno de los creativos involucrados en la creación de aquel número de “Astonishing Tales” (Mike Friedrich y Dan Adkins) participó en este de “Los Vengadores”, que supuso el comienzo de la etapa de Bob Brown como dibujante de la misma y a donde llegó tras encargarse de Batman junto con Neal Adams.  Si alguno lo hubiera hecho, es de suponer que recordarían que la corona de la Estatua no había sufrido daño alguno, al menos no que los lectores del cómic hubieran visto. Pero incluso si la continuidad entre series no fue perfecta en este caso, seguía siendo una idea bastante interesante, una solución que uno podía imaginar fácilmente en los días previos a que se presentara Control de Daños en el Universo Marvel en 1988, aunque tales actividades no se mostraran normalmente en las viñetas.

 

Visión salva a la Bruja Escarlata de ser golpeada por unos escombros, a lo que sigue una demostración espontánea de cariño que es inmediatamente captada por todos los medios. Su romance, que había estado gestándose desde el número 81 (cuando Roy Thomas aún escribía la serie), fue reconocido por los implicados y sus camaradas ya en la etapa de Steve Englehart, si bien no habían compartido su recién descubierta felicidad con el resto del mundo hasta este momento. La reacción del público es mayoritariamente favorable. Sin embargo, entre las cartas que se se reciben en la Mansión, el Capitán América encuentra una de ellas tan rebosante de odio la arroja al fuego indignado.

 

Entre los más ofendidos por esa relación, hay un grupo en particular cuyos miembros convocan una reunión en la que su líder expresa su temor sobre la posibilidad de que los androides obtengan derechos y lleguen a gobernar a la humanidad: “¡No podemos permitirlo! ¡Todo sería distinto de haberse mantenido la Visión apartado! Pero, como quiere dárselas de humano y abrirse camino en nuestra sociedad, ¡debe morir!. Ahora bien, los Vengadores están entrenados para superar cualquier peligro… Podríamos meter la pata. Así que debemos seguir el ejemplo de los generales de Hitler, que decidieron que sólo podrían asesinarlo acercándole una bomba; o del de los kamikazes japoneses, que estrellaban sus aviones llenos de explosivos contra los barcos americanos”. En fin, que se convertirán en terroristas suicidas y actuarán bajo el nombre de las Bombas Vivientes.

 

Tenemos aquí un grupo de extremistas de derecha inesperadamente diverso porque, además de individuos negros de ambos sexos, estoy casi seguro de que también se distinguen otros de ascendencia latina y asiática. Entiendo lo que Englehart trataba de transmitir, pero habida cuenta de las preferencias de este tipo de organizaciones supremacistas blancas, misóginas y xenófobas, tal diversidad puede resultar algo inverosímil para el lector moderno (aunque, obviamente, no imposible).

 

La transición de la escena que presenta a las "Bombas Vivientes" a la siguiente, donde los Vengadores combaten una especie de protonazis revoltosos, resulta, cuanto menos, problemática. ¿Quiénes son esos tipos uniformados y equipados con armamento militar? ¿Se supone que existe alguna conexión entre ellos y el grupo terrorista que acabamos de ver? Evidentemente no, más allá de que ambos eligieron el camino de la violencia. Tampoco se explica ni se muestra por qué se llamó a los Vengadores para lidiar con lo que parece ser una amenaza, sí, pero no una que no hubiera podido manejar la policía de Nueva York.

 

Una vez neutralizada esa banda, uno de los militantes de las Bombas Vivientes aparece en escena y se inmola junto a Visión que, tomado por sorpresa, no tiene tiempo de tornarse intangible. Su cuerpo se endureció por reflejo, pero sus circuitos internos quedaron gravemente dañados. Gracias al viaje que el Hombre Hormiga hizo por el interior del cuerpo del androide en el nº 93, los Vengadores saben ahora mucho sobre su funcionamiento interno. Thor e Iron Man dicen que el Dr. Donald Blake y Tony Stark podrían repararlo, así que se marchan a "alertar" a sus otras identidades. La operación tendrá lugar en Industrias Stark y Pantera Negra, también un científico de talento, les ayudará.

Instalan un amplificador solar para alimentar la joya de la frente de Visión y, después de que Wanda hable con él para suplicarle que colabore en lo que pueda, comienza la intervención.

 

Tras un breve interludio de tres viñetas en el que Mantis y su misterioso compañero se dirigen a Nueva York para reunirse con los Vengadores, volvemos a encontrar a las Bombas Vivientes atacando las instalaciones de Stark y enfrentándose al Capitán América. Uno de ellos se inmola, pero la explosión es canalizada a través del techo por un hechizo de la Bruja Escarlata. Como de costumbre, el poder de Wanda se agota por completo tras un solo uso, dejando al Capitán América a cargo de contener a los terroristas (que no quieren gastar todos sus explosivos antes de llegar a su objetivo principal, Visión). El Vengador regresa a la sala de operaciones para alertar a los demás. Stark dice que Blake y T'Challa tienen la operación bajo control, así que irá a buscar a Iron Man, el cual se une inmediatamente a la lucha.

 

Puede que no fueran tan pintorescos como los villanos que solían poblar las aventuras de los superhéroes Marvel, pero hay que admitir que las Bombas Vivientes tuvieron su punto de originalidad en el sentido de que no eran los peones de algún villano (como los que habían acompañado al Dios León del episodio precedente), sino una organización autónoma, motivada ideológicamente y compuesta por humanos normales que se las arreglan para poner en apuros a los héroes. Por desgracia, la sensación de amenaza queda diluida por su ridícula facha y la forma casi cómica en que se lanzan a la autoinmolación.

 

Poco después, Tony regresa al quirófano, porque la siguiente etapa de la intervención requiere de conocimientos de ingeniería más que médicos, así que Blake y T´Challa salen para contener a las Bombas Vivientes. Mientras Blake se marcha en busca de Thor, Tony le da a entender sutilmente al doctor que su identidad secreta no lo es tanto como creía, un guiño que es recíproco. Por entonces, esta revelación (si es que se le puede llamar así) debió parecer algo importantísimo. En retrospectiva, claro, parece mucho menos trascendental, teniendo en cuenta que Thor abandonó la identidad de Don Blake, quizá para siempre, desde los años 80; y que Tony Stark sea quien se “oculta” bajo la armadura de Iron Man es de dominio público en el Universo Marvel desde hace casi la mitad de ese tiempo.

 

Con los terroristas fuera de combate, Tony Stark anuncia que Visión se recuperará. Pero Wanda está harta del odio que el mundo proyecta contra quienes son diferentes. Incluso su hermano mutante, Mercurio, se opone fervientemente a su relación con el androide: “¡Muy bien!”, exclama iracunda, “¡Si debemos ser los dos contra el mundo, así será! ¡Pero ten cuidado, mundo!”.

 

Es un final sombrío para una historia igualmente sombría, y, por desgracia, bastante actual. Si bien Steve Englehart aún no había terminado con el tema –muy propicio para elaborar alegorías- del sentimiento anti-androide/romance mutante, los siguientes números de “Los Vengadores” se centrarían en asuntos menos trascendentales. No es que vaya a faltar drama, ni mucho menos, sino que este se desarrollaría dentro de una narrativa más tradicional del género de superhéroes. A partir del siguiente número, la llegada de Mantis y su misterioso acompañante daría inicio a una trama que dominaría las páginas de los Vengadores durante la mayor parte de los dos años siguientes -aunque mucho antes desembocaría en el mayor crossover que Marvel Comics había intentado hasta entonces-.

 

En cuanto al grafismo, tengo poco que decir, al menos elogioso. No creo que el talento de Bob Brown se adaptara especialmente bien al tipo de dinámicas secuencias de acción con múltiples figuras con las que Jack Kirby y otros artistas de la primera generación de Marvel habían deleitado a los fans de la editorial. Pero, al menos, cumple su cometido mejor que Don Heck. 

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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