(Viene de la entrada anterior)
El número 112 (junio 73) es, básicamente, de relleno, una historia autoconclusiva con un villano nuevo que no tendrá apenas recorrido a posteriori. La acción arranca directamente de los acontecimientos narrados en el episodio precedente, aunque el inicio es una escena que tiene lugar cuatro días antes: un periodista, el señor Umbala, es conducido ante la manifestación de un auténtico dios-león africano, sólo para encontrarse arrojado al mismo como sacrificio por sus seguidores.
En la Mansión de los Vengadores, la Viuda Negra, que había
decidido unirse a s
us filas en el número anterior tras su discusión con
Daredevil, es blanco de un inoportuno intento de flirteo por parte de Iron Man
antes de que la Bruja Escarlata le muestre su habitación. Pantera Negra se
pregunta si la incorporación de Natacha le permitirá a él, por fin, abandonar
el grupo para satisfacer las demandas de su pueblo, que quiere que regrese a
Wakanda. Sus reflexiones quedan interrumpidas cuando el Capitán América, Thor y
Visión ven a un grupo de manifestantes negros, algunos de ellos armados,
aporreando la puerta de la Mansión, exigiendo ver a Pantera. Parecen estar
liderados por Umbala y, cuando T'Challa intenta hablar con ellos, atacan a los
Vengadores. Obviamente, no tienen nada que hacer y los héroes los reducen sin
problemas.
Los agresores exigen que Pantera Negra regrese a África y
cuando éste se encara con Umbala, inexplicablemente, el monarca wakandiano se
postra ante él y lo sigue. Cuando los Vengadores se dan cuenta de que sucede
algo raro y se aprestan a intervenir, Umbala se transforma en el Dios León, que
incita a la multitud a atacar de nuevo a los héroes. No es más que una
distracción y cuando la deidad y Pa
ntera desaparecen, los manifestantes se
dispersan, confundidos, como si todo el tiempo hubieran estado sometidos a algún
tipo de control mental.
Un breve interludio de tres viñetas nos presenta a una mujer hasta ahora desconocida que se hace llamar Mantis y que está hablando con un hombre cuya identidad permanece oculta al lector. Éste le dice que Ojo de Halcón ha dejado los Vengadores (desde el nº 109) y Mantis considera que ha llegado la oportunidad perfecta para unirse a sus filas. Esta es la primera aparición de esta enigmática mujer, a quien Englehart convertirá en un componente clave de la trama principal hasta “Giant-Size Avengers” nº 4 (junio 75). La posible razón por la que Mantis piensa que es el momento de acercarse a los Vengadores, es porque su misterioso compañero es, tal y como se revelará en el número 114, el Espadachín, viejo enemigo del grupo y, por razones que se explicaron en el nº 19, alguien a quien Ojo de Halcón –que, repito, ya no está en el grupo- guarda un especial rencor.
Mientras tanto, el Dios León le revela a Pantera Negra,
ahora ya liberado del co
ntrol mental pero todavía cautivo que él y el Dios
Pantera de Wakanda han sido rivales durante siglos. Su intención es que T'Challa
le revele todos los secretos de ese culto para así poder derrotar a su enemigo
y reinar supremo sobre África. Si se niega, amenaza con usar su poderoso bastón
tótem para matar a los Vengadores. Éstos, entretanto, se preguntan cómo
localizar a un dios. El Capitán América se marcha a buscar información en los
archivos de SHIELD. Thor admite que los asgardianos nunca se han interesado por
los panteones más al sur de las tierras boreales que ellos dominaban. El problema
se resuelve cuando el Dios León irrumpe en la Mansión llevando consigo al cautivo
Pantera.
Sigue el tradicional combate, que se extiende siete páginas y donde ni la Viuda ni la Bruja Escarlata se lucen demasiado. Al final es Thor el que resuelve la situación, invocando un rayo que devuelve al Dios León a su reino espiritual jurando, eso sí, que atacará de nuevo.
E
n la última página, Natasha renuncia al equipo,
argumentando que no se siente cómoda formando parte de grupos numerosos. Además,
tras ver a Visión y Wanda enamorados, se ha dado cuenta de que debe hacer caso
a su corazón y regresar a San Francisco con Daredevil. No es que las palabras
de despedida de T´Challa sea muy elogiosas: “Sólo os reclutamos para que nos ayudárais contra Magneto, y esa
necesidad ya no existe”. Él, por su parte, decide quedarse con los
Vengadores, con quienes podrá combatir cualquier mal en cualquier parte del
mundo, sin limitarse a su reino africano.
Un número este, en fin, muy mediocre con un villano
desechable y cuyo principal propósito parece ser justificar la decisión de
Pantera Negra de permanecer en los Vengadores. El Dios León atacará de nuevo
dentro de dos números. Pero después de eso, no se volverá a saber de él. De
hecho, probablemente Englehart lo inventó tan solo para proporcionar a Mantis y
el Espadachín un rival contra el que demostrar su valía en el nº 114. Puede que
el guionista tuviera buenas intenciones al crear este villano, quizá intentando
aportar un contrapunto a todos los dioses europeos que ya habían
ido
apareciendo en los cómics de Marvel hasta entonces. El problema fue que Englehart
no tenía los conocimientos necesarios de la cultura o la mitología africanas como
para plasmarlo correctamente.
Puede que el guion fuera mediocre, pero no tanto como para merecer un dibujo tan infame que tampoco pudo mejorar el entintado de Frank Bolle, un profesional veterano que trabajó muy poco para Marvel y que realizó gran parte de su carrera en Magazine Enterprises en los 50, en Dell/Gold Key en los 60, en Warren a comienzos de los 70 y como dibujante de una famosa tira de prensa, “Winnie Winkle”, en los 80 y 90.
Por cierto, que la portada incluye una de esas burbujas de
texto absolutamente engañosas y colocadas para incitar al lector a llevarse el
tebeo a casa: “¡El Final de un Vengador!” Dentro, por supuesto, no hay nada tan
dramático y a lo que hace referencia es a la marcha de la Viuda Negra, que
volvería al lado de Daredevil en el número 101 de su colección y do
nde
permanecería hasta el nº 124. Parece ser que Steve Gerber, a la sazón guionista
de la colección del héroe ciego, quería a Natacha fuera de esa serie porque
pensaba que éste funcionaba mejor en solitario. Por su parte, Englehart quería
prescindir de Ojo de Halcón en los Vengadores. Así que llegaron a un acuerdo:
el arquero saldría del grupo y su hueco lo llenaría la Viuda.
Fueron aquellos años muy ajetreados para Roy Thomas, que
había sucedido a Stan Lee como editor en jefe de Marvel y que tenía claras
dificultades para coordinar todos los títulos, por lo que entra dentro de lo
factible que Englehart y Gerber urdieran este intercambio por su cuenta y
riesgo y para cuando llegó a manos de Thomas, el proceso de producción de los
tebeos de aquel mes ya estuviera muy avanzado. Al final, la Viuda Negra sólo
combatió junto a los Vengadores en este número, por lo que, probablemente,
Thomas desautorizó a los guionistas y devolvió a la ex espía rusa (que, por
otra parte, superaría su aversión a los grupos fundando los Campeones y, años
más tarde, integrándose como miembro regular de los Vengadores) a los brazos de
Daredevil. El doble hueco que ahora tenía Englehart en la alineación del equipo
lo llenaría con Mantis y el
Espadachín, presentados en este mismo número.
Una vez pasada la impactante –y, de nuevo, engañosa- portada obra de Rich Buckler y Joe Sinnott, el nº 113 (julio 73) comienza con el grupo arreglando el desastre provocado por el alienígena gigante Gog (presentado en “Amazing Spiderman” nº 103, diciembre 71) durante su lucha contra Ka-Zar (en “Astonishing Tales” nº 18, junio 73). Aunque el Señor de la Tierra Salvaje salvó el día, no podía esperarse que él y su tigre de Dientes de Sable se encargaran de reparar los desperfectos, en este caso reconstruir la destrozada Estatua de la Libertad. ¿A quién iba a llamar el alcalde de la ciudad para ello? Pues a los Vengadores, claro.
Ninguno de los creativos involucrados en la creación de aquel
número de “Astonishing Tales” (Mike Friedrich y Dan Adkins) participó en este
de “Los Vengadores”, que supuso el comienzo de la etapa de Bob Brown como
dibujante de la misma y a donde llegó tras encargarse de Batman junto con Neal Adams.
Si a
lguno lo hubiera hecho, es de
suponer que recordarían que la corona de la Estatua no había sufrido daño
alguno, al menos no que los lectores del cómic hubieran visto. Pero incluso si
la continuidad entre series no fue perfecta en este caso, seguía siendo una
idea bastante interesante, una solución que uno podía imaginar fácilmente en
los días previos a que se presentara Control de Daños en el Universo Marvel en
1988, aunque tales actividades no se mostraran normalmente en las viñetas.
Visión salva a la Bruja Escarlata de ser golpeada por unos
escombros, a lo que sigue una demostración espontánea de cariño que es inmediatamente
captada por todos los medios. Su romance, que había estado gestándose desde el
número 81 (cuando Roy Thomas aún escribía la serie), fue reconocido por los
implicados y sus camaradas ya en la etapa de Steve Englehart, si bien no habían
compartido su recién descubierta felicidad con el resto del mundo hasta este
momento. La reacción del público es mayoritariamente favorable. Sin embargo,
entre las cartas que se se reciben en la Mansión, el Capitán América encuentra
un
a de ellas tan rebosante de odio la arroja al fuego indignado.
Entre los más ofendidos por esa relación, hay un grupo en particular cuyos miembros convocan una reunión en la que su líder expresa su temor sobre la posibilidad de que los androides obtengan derechos y lleguen a gobernar a la humanidad: “¡No podemos permitirlo! ¡Todo sería distinto de haberse mantenido la Visión apartado! Pero, como quiere dárselas de humano y abrirse camino en nuestra sociedad, ¡debe morir!. Ahora bien, los Vengadores están entrenados para superar cualquier peligro… Podríamos meter la pata. Así que debemos seguir el ejemplo de los generales de Hitler, que decidieron que sólo podrían asesinarlo acercándole una bomba; o del de los kamikazes japoneses, que estrellaban sus aviones llenos de explosivos contra los barcos americanos”. En fin, que se convertirán en terroristas suicidas y actuarán bajo el nombre de las Bombas Vivientes.
Tene
mos aquí un grupo de extremistas de derecha inesperadamente
diverso porque, además de individuos negros de ambos sexos, estoy casi seguro
de que también se distinguen otros de ascendencia latina y asiática. Entiendo
lo que Englehart trataba de transmitir, pero habida cuenta de las preferencias
de este tipo de organizaciones supremacistas blancas, misóginas y xenófobas, tal
diversidad puede resultar algo inverosímil para el lector moderno (aunque,
obviamente, no imposible).
La transición de la escena que presenta a las "Bombas Vivientes" a la siguiente, donde los Vengadores combaten una especie de protonazis revoltosos, resulta, cuanto menos, problemática. ¿Quiénes son esos tipos uniformados y equipados con armamento militar? ¿Se supone que existe alguna conexión entre ellos y el grupo terrorista que acabamos de ver? Evidentemente no, más allá de que ambos eligieron el camino de la violencia. Tampoco se explica ni se muestra por qué se llamó a los Vengadores para lidiar con lo que parece ser una amenaza, sí, pero no una que no hubiera podido manejar la policía de Nueva York.
Una vez neutralizada esa banda, uno de los militantes de las
Bombas Vivie
ntes aparece en escena y se inmola junto a Visión que, tomado por
sorpresa, no tiene tiempo de tornarse intangible. Su cuerpo se endureció por
reflejo, pero sus circuitos internos quedaron gravemente dañados. Gracias al
viaje que el Hombre Hormiga hizo por el interior del cuerpo del androide en el
nº 93, los Vengadores saben ahora mucho sobre su funcionamiento interno. Thor e
Iron Man dicen que el Dr. Donald Blake y Tony Stark podrían repararlo, así que
se marchan a "alertar" a sus otras identidades. La operación tendrá
lugar en Industrias Stark y Pantera Negra, también un científico de talento,
les ayudará.
Instalan un amplificador solar para alimentar la joya de la frente de Visión y, después de que Wanda hable con él para suplicarle que colabore en lo que pueda, comienza la intervención.
Tras un breve interludio de tres viñetas en el que Mantis y
su misterioso compañero se dirigen a Nueva York para reunirse con los
Vengadores, volvemos a encontrar a las Bombas Vivientes atacando las
instalaciones de Stark y enfrentándose al Capitán América. Uno de ellos se
inmola, pero la explosión es c
analizada a través del techo por un hechizo de la
Bruja Escarlata. Como de costumbre, el poder de Wanda se agota por completo tras
un solo uso, dejando al Capitán América a cargo de contener a los terroristas (que
no quieren gastar todos sus explosivos antes de llegar a su objetivo principal,
Visión). El Vengador regresa a la sala de operaciones para alertar a los demás.
Stark dice que Blake y T'Challa tienen la operación bajo control, así que irá a
buscar a Iron Man, el cual se une inmediatamente a la lucha.
Puede que no fueran tan pintorescos como los villanos que solían poblar las aventuras de los superhéroes Marvel, pero hay que admitir que las Bombas Vivientes tuvieron su punto de originalidad en el sentido de que no eran los peones de algún villano (como los que habían acompañado al Dios León del episodio precedente), sino una organización autónoma, motivada ideológicamente y compuesta por humanos normales que se las arreglan para poner en apuros a los héroes. Por desgracia, la sensación de amenaza queda diluida por su ridícula facha y la forma casi cómica en que se lanzan a la autoinmolación.
Poco después, Tony regresa al quirófano, porque la siguiente
et
apa de la intervención requiere de conocimientos de ingeniería más que
médicos, así que Blake y T´Challa salen para contener a las Bombas Vivientes. Mientras
Blake se marcha en busca de Thor, Tony le da a entender sutilmente al doctor
que su identidad secreta no lo es tanto como creía, un guiño que es recíproco. Por
entonces, esta revelación (si es que se le puede llamar así) debió parecer algo
importantísimo. En retrospectiva, claro, parece mucho menos trascendental,
teniendo en cuenta que Thor abandonó la identidad de Don Blake, quizá para
siempre, desde los años 80; y que Tony Stark sea quien se “oculta” bajo la
armadura de Iron Man es de dominio público en el Universo Marvel desde hace
casi la mitad de ese tiempo.
Con los terroristas fuera de combate, Tony Stark anuncia que Visión se recuperará. Pero Wanda está harta del odio que el mundo proyecta contra quienes son diferentes. Incluso su hermano mutante, Mercurio, se opone fervientemente a su relación con el androide: “¡Muy bien!”, exclama iracunda, “¡Si debemos ser los dos contra el mundo, así será! ¡Pero ten cuidado, mundo!”.
Es un
final sombrío para una historia igualmente sombría, y,
por desgracia, bastante actual. Si bien Steve Englehart aún no había terminado
con el tema –muy propicio para elaborar alegorías- del sentimiento
anti-androide/romance mutante, los siguientes números de “Los Vengadores” se
centrarían en asuntos menos trascendentales. No es que vaya a faltar drama, ni
mucho menos, sino que este se desarrollaría dentro de una narrativa más
tradicional del género de superhéroes. A partir del siguiente número, la
llegada de Mantis y su misterioso acompañante daría inicio a una trama que
dominaría las páginas de los Vengadores durante la mayor parte de los dos años
siguientes -aunque mucho antes desembocaría en el mayor crossover que Marvel
Comics había intentado hasta entonces-.
En cuanto al grafismo, tengo poco que decir, al menos elogioso. No creo que el talento de Bob Brown se adaptara especialmente bien al tipo de dinámicas secuencias de acción con múltiples figuras con las que Jack Kirby y otros artistas de la primera generación de Marvel habían deleitado a los fans de la editorial. Pero, al menos, cumple su cometido mejor que Don Heck.
(Continúa en la siguiente entrada)

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