30 ago 2025

1999- THE AUTHORITY - Warren Ellis y Bryan Hitch (2)

 


(Viene de la entrada anterior)

 

Para ser alguien de quien muchos han dicho que detesta a los superhéroes, Ellis ofrece en su arco final, “Oscuridad Exterior”, un espectacular homenaje a la legendaria “Trilogía de Galactus” que realizaron en 1966 Stan Lee y Jack Kirby dentro de la colección de “Los Cuatro Fantásticos”. Ambas historias presentan insuperables amenazas cósmicas que reclaman el mundo como suyo sin tener en cuenta a sus habitantes. Hay otros guiños como que a los exploradores del recién llegado “Dios” se les denomine "heraldos". Es difícil no ver que “Oscuridad Exterior” representa una suerte de actualización de aquella historia clásica para una nueva era y, por eso, fue tan apropiado que pocos años después, en 2004, fuera Ellis el elegido para escribir “Ultimate Galactus Trilogy” para el Universo Ultimate de Marvel.

 

Es más, Ellis se deleita utilizando las herramientas narrativas clásicas del cómic superheroico, como los largos monólogos de los villanos que sirven como pasaje expositivo, o la forma en que Midnighter habla de sí mismo y de Apollo en tercera persona, quizá un guiño al estilo amanerado de los comics clásicos.

 

Y hablando de villanos, incluso en este aspecto, podría decirse que Ellis defiende el género de superhéroes en su vertiente tradicional mucho mejor que otros de sus colegas. Después de todo, los adversarios de las dos primeras aventuras se asemejan a los antiguos enemigos de las ficciones pulp o los comics de la Edad de Oro: ahí está Kaizen Gamorra, la actualización del rancio “peligro amarillo”, mientras que la invasión del segundo arco argumental no esconde, sino todo lo contrario, su feroz imperialismo haciendo que todos los agresores vistan variaciones de uniformes británicos. Ante estos adversarios armados con una tecnología muy sofisticada, los superhéroes parecen pobres salvajes primitivos. Y, sin embargo, resisten el ataque de estos dos antiguos arquetipos y prevalecen.

 

Por último, Ellis enfrenta al equipo contra lo que él describe repetidamente como "dios". Es muy revelador que la historia presente al equipo en acción como un "panteón", y creo que el guionista quiere sugerir de esta forma que estos héroes han creado una mitología moderna que ha reemplazado a la de los dioses clásicos. Después de todo, la criatura regresa a la Tierra sólo para descubrir que ha sido sustituida, que su hogar de retiro ha sido usurpado y está defendido por superhéroes. Es una idea muy interesante y, claramente, Ellis se divierte mucho desarrollándola. Una vez más, los héroes triunfan, confirmando su derecho a permanecer en el lugar antiguamente destinado a los dioses. En este sentido, “The Authority” podría interpretarse como una defensa de los superhéroes frente a su predecesor cultural y mitológico. Y, argumenta Ellis, salen victoriosos del choque.

 

Y ello, al menos en parte, obedece a que los héroes tienen más oportunidades para impactar en la sociedad actual. Gamorra ha sido literalmente aislada del mundo por un líder psicótico obsesionado con la venganza por algo que ocurrió hace tiempo. Albión es una sociedad imperialista en estancamiento crónico. De hecho, con su mezcla de steampunk e imperialismo clásico, Ellis quizá pretenda incluir algunas observaciones sobre el propio género superheroico: “¿Comprendes que nuestras innovaciones tecnológicas han venido arrastrándose estos últimos cincuenta años hasta casi detenerse? (…) Somos una civilización moribunda”. Gamorra y Albión son sociedades ancladas en sus viejas costumbres y reacias a cambiar. Si no se transforman, morirán. Y en el ámbito del comic, ese cambio es a lo que Ellis aspiraba con esta serie.

 

El tema del cambio ya había sido uno de los centrales de su etapa como guionista de “StormWatch”, la inmediata predecesora de “The Authority”. Y aquí lleva esa directriz un paso más allá. Los miembros del grupo no se refieren a sus responsabilidades en términos reactivos, como "defender", "proteger" o "preservar". En cambio, usan palabras como "cambiar". Tal y como le aconseja su predecesor al Doctor: "Y eso se convirtió en tu trabajo como lo fue el mío y el de todos nosotros. Cambiar el mundo. Porque la magia es cambio”. Cuando Jenny Sparks tuvo que interrumpir el contacto con la dimensión de Albión en los años 50, sus pensamientos no tenían nada que ver con el odio o el miedo: “Yo todavía soñaba con llegar a una igualdad de términos con Albión, traer su tecnología aquí. Qué mundo hubiéramos creado”. En el número 8, tras conjurar la amenaza de la Tierra alternativa, Jenny dice: “Puede que sólo hayamos hecho lo que siempre dijimos que haríamos: cambiar las cosas para mejor”. Todo esto va mucho más allá de los meros "proteger y servir".

 

Los más tradicionalistas han tachado a “The Authority” de ser una serie en exceso oscura y ultraviolenta, pero si se observa con atención, se descubre que esa violencia la despliegan mucho más los villanos que los héroes. Después de que en el nº 2, Jenny Sparks electrocute en el Támesis a un grupo de superterroristas de Gamorra (“Os vais a llevar vuestro merecido”), les dice a dos asombrados miembros del equipo que acaban de contemplar el despliegue de su poder: “Dejad de mirarme y a limpiar”, lo que sugiere que este comportamiento no es la norma.

 

Incluso el acto de violencia más infame de la serie, la destrucción de la Italia alternativa en el nº 8, para acabar con la aristocracia alienígena que dirige ese mundo, probablemente lo interpretó Ellis como una especie de recuperación cariñosa de la reconfortante y simplista moralidad en blancos y negros bajo la que operaban los viejos superhéroes. Batman jamás mataría a un humano, pero la regla era más flexible cuando se trataba de robots o extraterrestres. Si Flash llegaba a una línea temporal alternativa, se apresuraba a "arreglar" lo que considerara incorrecto, aun cuando ello significara reescribir miles de millones de vidas, un acto aceptable porque no esos son ciudadanos de "su mundo". Pensar que en estos comics las acciones de Authority castigan exclusivamente a los malvados, es, simplemente, ridículo y exige del lector, por tanto, un esfuerzo de suspensión de la incredulidad, aunque no mayor que pensar que Hulk jamás ha matado a nadie en sus ataques de ira o que ninguna de las épicas batallas de Superman sobre Metrópolis se ha zanjado sin una sola víctima civil. The Authority son una suerte de comandos de choque que intervienen de forma expeditiva, sin contemplaciones ni las inhibiciones propias de los superhéroes tradicionales respecto al uso de fuerza letal o la administración sumaria de justicia. Asumen con serenidad (aunque algunos puedan verlo como indiferencia y no puedo decir que estén necesariamente equivocados) que, habida cuenta de la escala de los enemigos a batir y los medios a utilizar para ello, inevitablemente habrá cientos o miles de víctimas civiles.

 

Para ser justos con Ellis, presenta esos actos de violencia como algo más complejo de lo que la mayoría de sus detractores sugieren. En muchos sentidos, Ingeniera y, en menor medida, el Doctor actúan como puertas de entrada del lector a ese universo. Ambos cargan con el peso de un legado que no creen merecer ni saben cómo manejar al tiempo que entran en batalla codo con codo con auténticos titanes de probada veteranía. Ingeniera se muestra inicialmente reacia a adoptar medidas que provoquen graves bajas y se siente insegura en el equipo. Aunque en los siguientes capítulos, como he apuntado anteriormente, llega a disfrutar plenamente del poder que posee y sentirse bastante cómoda abatiendo a sus enemigos sin escrúpulo alguno, es quien comprende la ambigüedad moral de lo que hace el grupo y el complejo de mesías en el que pueden caer. En el nº 8, tras la derrota de Albión, dice: “Acabamos de hacer algo realmente aterrador. Hemos cambiado un mundo. Llegamos allí y cambiamos las cosas para que fueran según creíamos que tenían que ser”. Desde luego, es mucho poder para depositarlo en manos de un grupo autoerigido “autoridad” superior a los gobiernos y la misma voluntad de los pueblos. A través de Ingeniera, Ellis nos dice que deberíamos temer a la tentación que encierra el poder y sentirnos sobrecogidos por la aplicación del mismo.

 

Ahora bien, en el fondo, buena parte de la etapa de Ellis en “The Authority” es pura palabrería. Simplifica la narrativa a su mínima expresión, dejando de lado reflexiones profundas sobre el poder, el desarrollo de personajes y sus motivaciones. Expone las ideas y los temas, pero no los explora a fondo. Su equipo de superhéroes promete "cambio", pero se define exclusivamente por las amenazas a las que se enfrenta. Aun cuando la editorial obligó a su sucesor, Mark Millar, a cambiar la ubicación geográfica de las escenas iniciales de su etapa, su trabajo se interpretó desde el principio como una propuesta mucho más comprometida políticamente y más escandalosamente incómoda que la de Ellis. Éste describió el escenario y el reparto y luego “se limitó” a plantear la idea de enfrentar a su equipo contra enemigos que, de diferentes formas, pretenden hacer que la Humanidad retroceda (después de todo, “Dios” quiere "desterraformar" el planeta para devolverlo a un statu quo prehistórico). Millar, como veremos, cogería el relevo y, con esos fundamentos ya bien asentados, radicalizaría el tono político haciendo de estos héroes unas figuras más intervencionistas y desafiantes a los gobiernos humanos, legítimos o no.

 

En fin, que Ellis se centra en la acción, sacrificando la profundidad en favor de la espectacularidad. Por ejemplo, en el primer número, el equipo se forma sin una explicación clara de cómo se reunieron. Los autores emulan el estilo de las superproducciones de Hollywood, priorizando la acción visual y los argumentos sencillos por encima del desarrollo de personajes. De los variopintos miembros del equipo, tan sólo Ingeniera y el Doctor cuentan con algo parecido a un leve arco personal, mientras que el resto no experimenta transformación alguna a raíz de las increíbles aventuras que corren. Está claro que al guionista no le interesan tanto los personajes individuales como preguntarse sobre el papel que desempeñan en la sociedad y la forma en que asumen su rol de “tutores” de la misma.

 

Por otra parte, las tramas siguen un patrón repetitivo: una amenaza global cada vez mayor y más destructiva, un evento impactante (algo que "cae del cielo"), seguido de una pelea y una épica batalla final para derrotar al villano. Esta fórmula se repite tres veces a lo largo de los doce números, lo que resulta en una historia predecible que no sólo muestra signos de desgaste en muy poco tiempo, sino que limita el potencial de la serie.

 

Con todo y con eso, Ellis y Hitch realizaron un comic de superhéroes excelente del que resulta difícil exagerar su influencia y no sólo en el plano conceptual y tonal. Narrativamente, estos doce episodios se resuelven a través de amplias viñetas panorámicas que permiten exponer la acción con el más mínimo detalle, pero que, al mismo tiempo, ralentizan el ritmo de lectura al animar al lector a que se demore en la contemplación de cada plano. Este recurso, denominado “descompresión”, no era nuevo –se llevaba tiempo utilizando en el manga- pero sí relativamente poco usado en los comic-books norteamericanos.

 

Bryan Hitch se reveló en esta colección como uno de los dibujantes más dotados de su generación. En los últimos números de “StormWatch” y el arranque de “The Authority” sigue siendo patente la clara influencia de su compatriota y principal influencia, Alan Davis, pero a medida que avanza la serie, su estilo se afirma, encontrando una voz propia sin renunciar al dinamismo y la expresividad que ya había dominado. La colaboración del entintador Paul Neary (con quien Alan Davis había trabajado en numerosas ocasiones) y la colorista Laura Depuy (que haría doblete en “Planetary”, recibiendo por ambos trabajos un Premio Eisner), redondean un apartado artístico impecable que en su momento fue revolucionario y que muchos otros profesionales adoptaron para sus obras.

 

“The Authority” (a decir de Grant Morrison, “el primer gran comic de superhéroes del siglo XXI) es el nexo intermedio que conecta al benevolente superdictador “Miracleman” y los neuróticos vigilantes ochenteros de “Watchmen” imaginados por Alan Moore, con Los Vengadores marvelitas y la Liga de la Justicia de DC. Podríamos pasarnos horas discutiendo las implicaciones de la filosofía superheroica de Ellis, o las dos docenas de ingeniosos conceptos propios de la Ciencia Ficción más moderna que integra con fluidez en sus tramas y diálogos. Como he dicho, tiene aspectos que quedan cojos y que lastran el potencial de la colección, pero ello no le resta interés a un comic de superhéroes muy entretenido que nos ofrece aventuras épicas que satisfacen las convenciones del género al mismo tiempo que se muestran deliberadamente provocadoras; y que están narradas con una ironía mordaz, un brío sarcástico y una gran belleza gráfica por un guionista muy hábil y un dibujante de primera división. ¿Se puede pedir más?

 

(Continúa en la siguiente entrada) 


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