En 1999, Warren Ellis abandonó la colección “Hellblazer” debido a la controversia que generó su historia "Dispara”, en la que trataba el controvertido fenómeno de los tiroteos en institutos. De forma harto inoportuna, la publicación de aquel número iba a coincidir con masacre del instituto de Columbine, en la que dos estudiantes mataron a 12 compañeros y un profesor, dejando a otros 20 heridos. Aunque la intención de Ellis era, precisamente, hacer crítica social al respecto, la concurrencia de los eventos hizo que la editorial Vertigo (un sello de DC Comics), decidiera aparcar aquella historia. A raíz de ello, Ellis, frustrado por la censura y los remilgos de lo que supuestamente era un sello adulto, decidió dejar la serie tras diez números (“Dispara” terminó publicándose años después).
A pesar de esa situación, Ellis siguió trabajando para DC
y, de hecho, se convirtió en uno de los guionistas más respetados de la
industria, gracias a su trabajo en series como "StormWatch" y
"Transmetropolitan". Sin embargo, sus dos nuevas series para 1999,
“The Authority” y “Planetary”, lo llevaron a un estadio todavía superior.
A primera vista, ambas colecciones parecían propuestas bastante
típicas del universo Wildstorm de Jim Lee, protagonizadas por héroes moralmente
ambiguos y con actitudes poco convencionales que se enfrentaban a amenazas
extrañas y a menudo incomprensibles, mientras intercambiaban frases ingeniosas
y exhibían superpoderes extravagantes. Pero un análisis más detallado revelaba
que ambos comics presentaban un nuevo enfoque narrativo para el milenio que
estaba por inaugurarse. Tenían un estilo diferente al de cualquier otro cómic
de la época. A diferencia de la acción de corte clásico que ofrecían Marvel y
DC en títulos como "Los Vengadores" o "La Liga de la
Justicia", "The Authority" y "Planetary" combinaron la
aventura en cinemascope con una narrativa descomprimida. Ellis y su dibujante,
Bryan Hitch, se tomaron su tiempo para contar aquellas historias, con largas
escenas de ambientación intercaladas con estallidos de acción y violencia.
Ambas series exigían del lector atención y compromiso para detectar y
comprender el subtexto de cada historia. De “Planetary” ya hablé en sus entradas respectivas, así que en esta ocasión me centraré exclusivamente en “The
Authority”.
Ilustrada por Bryan Hitch y Paul Neary, “The Authority”
era, de las dos propuestas, la que más se aproximaba al concepto tradicional de
grupo de superhéroes. Su origen estaba en “StormWatch” y, más concretamente, en
el especial “WildC.A.T.s/Aliens” de 1998 (de todo esto ya hablé en otra
entrada), con el que Ellis despejó el camino para su nueva y ambiciosa idea. El
número 1 (mayo 1999), comienza con una escena de destrucción e impotencia cuando
los antiguos líderes de StormWatch, Jackson King y Christine Trelane,
contemplan, incapaces de responder después de que el gobierno desmantelara su
grupo, cómo unos superhumanos atacan y diezman Moscú. Su miseria autocompasiva
es interrumpida por la aparición, a través de un portal, de Jenny Sparks,
luciendo bajo un traje blanco una llamativa camiseta con la Union Jack. Les
cuenta que ha reunido un grupo con supervivientes de StormWatch y nuevos
miembros, y que no dejarán que una matanza así vuelva a suceder. Cuando King le
pregunta quién va a detenerles, Sparks responde: “Una Autoridad superior”, entendemos que superior a los gobiernos de
la Tierra.
Saliendo por el otro extremo del portal, Sparks se reúne con sus compañeros de The Authority, el nuevo equipo de superhéroes comprometidos a garantizar la seguridad del mundo contra cualquier amenaza, utilizando cualquier medio que sea necesario. Éstos son:
-La mencionada Jenny Sparks, encarnación del "espíritu del siglo XX" y dotada de poderes eléctricos.
-Jack Hawksmoor puede fusionarse con el espíritu intangible de las ciudades gracias a las transformaciones que sobre su cuerpo forzaron unos alienígenas.
-Swift es una mujer tibetana con alas y garras.
-Apollo, un metahumano versión gay de Superman que extrae sus inmensos poderes de la energía solar.
- Midnighter, amante del anterior y trasunto de Batman, cuenta con fuerza, velocidad, sentidos y capacidad táctica superiores.
- Ingeniera es una científica que reemplazó su sangre por fluido nanotecnológico con el que puede transformar su cuerpo en cualquier maquinaria que se le ocurra, desde un arma a motores a propulsión, siendo además capaz de fundirse con los sistemas informáticos.
- El Doctor es el operativo “místico”, un drogadicto holandés que puede recurrir a la sabiduría y poderes de los cien chamanes que lo precedieron en este papel de protector mágico de la Tierra (vamos, una suerte de Doctor Extraño algo sonado).
El grupo tiene su base en un lugar que es una de las ideas
más ingeniosas de Ellis: el Transporte, una gigantesca nave viviente interdimensional
que existe en todos los lugares a la vez y al mismo tiempo, capaz de
trasladarse a través de la Sangría a cualquier plano imaginable de existencia y
al que los miembros del equipo se refieren en femenino. De hecho, puede ser
considerado como un miembro más del equipo, varado en la órbita terrestre mientras
espera a que su familia lo encuentre.
La etapa de Ellis y Hitch en la serie comprendió tres actos de cuatro episodios cada uno. Cada amenaza es más letal que la anterior: un terrorista internacional, una invasión desde una Tierra alternativa y un "Dios" que resulta ser el creador alienígena del Sistema Solar. Los niveles de violencia y destrucción masiva van incrementándose en correspondencia con la magnitud de esas amenazas.
En “El Círculo”, el primero de esos arcos argumentales, The
Authority hace su primera aparición pública para enfrentarse a Kaizen Gamorra,
un viejo enemigo de Stormwatch, quien quiere aprovechar la disolución de esta
organización para vengarse tomando el control del mundo. Para lograrlo, envía superterroristas
clonados y modificados genéticamente para destruir primero Moscú y luego
Londres (la ciudad natal de Jenny Sparks) antes de preparar un asalto final a
Los Ángeles. Mientras el grupo trata de impedir el ataque a la capital
británica, Midnighter usa la nave del equipo, el gigantesco Transporte, para
destruir la fábrica de clones sobrehumanos en la isla de Gamorra.
En “Naves Transmutadoras” (nº 5-8), el grupo debe detener
una invasión desde una Tierra paralela en la que la potencia dominante es una
Inglaterra distópica y fascista llamada Albión. Este mundo no es desconocido
para Jenny Sparks, quien ya contactó con sus habitantes en la década de 1920,
cuando las primeras naves de esa dimensión hicieron su aparición en la nuestra
sin que ello trascendiera al público. Albión está en un planeta Tierra en el
que extraterrestres y humanos han convivido desde el siglo XVI y que ahora,
después de un largo hiato del que nada se supo en nuestra dimensión, está
gobernada por un régimen imperialista similar al Imperio Británico victoriano.
Tras repeler una primera oleada de ataques y por iniciativa de Jenny, llevan el Transporte al universo paralelo, donde el Doctor borra literalmente del mapa la Italia de esa dimensión, el territorio donde residían sus líderes. Dirigiéndose a los habitantes del planeta, Sparks les aconseja aprovechar la oportunidad que se les presenta para construir un mundo mejor, advirtiéndoles al mismo tiempo de que sufrirán represalias si intentan otra invasión. En este arco es también donde se expone de forma abierta la relación homosexual entre Apollo y Midnighter, la cual anteriormente sólo se había insinuado.
“Oscuridad Exterior” (nº 9-12) transcurre durante los
últimos días de 1999. Unas extrañas criaturas alienígenas levantan estructuras
en África y la Luna, acontecimientos que, según revela un antepasado del
Doctor, son un anticipo a la llegada del creador original de la Tierra, el ser más
cercano que existe a nuestro concepto de "Dios". Está volviendo tras
un gran viaje por el Universo y se ha encontrado su hogar invadido por una
plaga no deseada: la Humanidad. Para erradicarla, "Dios" –que adopta
la forma de una inmensa pirámide del tamaño de la Luna- ha iniciado una
terraformación mediante la que devolverle las condiciones primigenias, ideales
para él/ello, pero intolerables para los humanos.
The Authority es incapaz de detener el proceso ya en marcha
y optan por una confrontación directa. Ingeniera convence al Transporte para que
abandone la órbita terrestre y luego pilota la nave para aproximarse a
"Dios". Penetran en él a través de un poro y llegan hasta su cerebro.
En su recorrido, se encuentran con el sistema inmunitario del ser así como una
civilización que ha evolucionado a partir de parásitos a lo largo de miles de
millones de años. Durante los últimos minutos del 31 de diciembre de 1999,
Jenny Sparks lleva a cabo su acto final como Espíritu del Siglo XX,
electrocutando el cerebro del ser y muriendo a continuación en brazos de Jack
Hawksmoor. Su fallecimiento coincide con el nacimiento de una bebé, Jenny
Quantum, el Espíritu del Siglo XXI que comienza en el mismo instante de su
alumbramiento.
Echando la vista atrás, resulta difícil comprender hasta qué punto la etapa de Warren Ellis en “The Authority” supuso una revolución para el género superheróico. Si bien el guionista ya había abordado la idea de un equipo de superhéroes más realista (al menos en términos políticos y filosóficos) en su etapa en “Stormwatch”, fue con “The Authority” que Ellis y Hitch lograron redefinir la estética y espíritu de los cómics de superhéroes del siglo XXI. No es casualidad que los dos creadores de la también inmensamente influyente aunque posterior “The Ultimates” (la versión “realista” de Los Vengadores marvelitas), Hitch y Mark Millar –que sustituiría a Ellis en el número 13-, se bregaran en “The Authority”. Para ser más exactos, “The Authority” puede interpretarse más que como un texto genuinamente revolucionario, como una expresión de las meditaciones filosóficas de Ellis sobre la naturaleza de los superhéroes.
Como reflejan las sinopsis de las tres aventuras escritas
por Ellis, los héroes de The Authority deben enfrentarse cada vez a un enemigo progresivamente
más poderoso que, a su vez, representa un arquetipo de las amenazas convencionales
en el género: un terrorista internacional, la invasión de una Tierra paralela y
una criatura incognoscible cuyo poder es inmenso. Ellis disfruta desviándose de
los códigos tradicionales y subvirtiéndolos al tiempo que imita a sus figuras
más reconocibles.
Y es que, a pesar de lo que pudiera parecer a primera
vista, hay bastante sabor a “vieja escuela” en “The Authority” en el sentido de
que Ellis rechaza el tipo de actitud, comportamiento y filosofía que se prodigó
en el comic de superhéroes de los 90. No hay aquí ningún Lobezno sentado al
fondo de las reuniones informativas haciendo comentarios sarcásticos; no hay incómodos
triángulos amorosos que interfieran con las misiones; no hay celos, rivalidades
ni disputas banales. No hay pena ni autocompasión y relativamente poca angustia
existencial. Los héroes disfrutan con su misión de salvadores por muy
invencible que pueda resultar la amenaza. En un momento dado, por ejemplo,
mientras Ingeniera modifica su cuerpo para aproximarse a “Dios”, se permite
decir a sus compañeros que “me lo
montaría con Kevin Bacon” antes de exclamar eufórica mientras se proyecta
al espacio: “¡Me encanta! ¡Me encanta!”.
Estos héroes comprenden perfectamente que un gran poder conlleva una gran responsabilidad,
pero no están tan absortos en sus monólogos internos como para no apreciar el
sentido de la maravilla que les brindan sus poderes y estas aventuras.
“Adoro mi vida", dice Apollo mientras sale al espacio. Y da la sensación de que realmente es así, entre otras cosas porque nunca se pone en duda que The Authority saldrá victoriosa. De hecho, una regla general no escrita es que incluso los personajes secundarios con una línea de diálogo sobrevivirán ilesos. Sólo fenecerán o sufrirán los desconocidos integrados en una masa de víctimas o los efectivos anónimos de los ejércitos adversarios. El lector nunca tiene que preocuparse por quién sobrevivirá, porque sabe con certeza y desde el principio quién no morirá.
(Continúa en la siguiente entrada)
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