2 ago 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (32)



(Viene de la entrada anterior)

 

Como ya apunté en la entrada anterior, el cierre definitivo de la saga de la Guerra Vengadores-Defensores tuvo lugar en el nº 11 de “Los Defensores” (diciembre 73), si bien la portada de Sal Buscema no daba indicación alguna de que así fuera. Aún así, la primera página incluye un cuadro de texto que aclara: “Capítulo 12 y último de la Supersaga más impresionante que se ha narrado nunca”.

 

Por cierto, si estás contando con los dedos, intentando recordar los once números anteriores de “Defensores” y “Vengadores” que narran esta saga, no te molestes. La estructura del crossover de Englehart, bastante confusa y fragmentada, comenzaba en las últimas tres páginas de “Vengadores” nº 115 con un prólogo, luego pasaba a las últimas cuatro páginas de “Defensores” nº 8 para el capítulo uno, después volvía a “Vengadores” nº 116 para los capítulos dos y tres, y así sucesivamente. En cualquier caso, mi opinión es que habría tenido más sentido plantear este episodio de “Los Defensores”, titulado "Un Caballero Oscuro y Atormentado" como un epílogo, dado que los Vengadores desaparecen de la narrativa después de la segunda página. Al fin y al cabo, a esta saga se la conoce como "La Guerra de los Vengadores/Defensores", no "La Búsqueda del Alma del Caballero Negro". Pero bueno, da igual.

 

Antes de continuar con la historia, cabe destacar la ilustración de la primera página, un curioso retrato de los Defensores distorsionado por la lente del Ojo del Mal que sostiene el Doctor Extraño. Obra de Sal Buscema y Frank Bolle, es una de las planchas más originales de todo el crossover. Además, en mi opinión, los Defensores ganaron la batalla en lo que se refiere al dibujo, ya que sus números siempre tuvieron una mayor calidad.

 

La primera página muestra los momentos inmediatamente posteriores a la derrota de Dormammu y Loki. Los Defensores y los Vengadores se separan de manera amistosa tras haber recuperado el Ojo del Mal, y el Doctor Extraño utiliza ese objeto místico combinado con sus propios poderes para reparar todos los daños que Dormammu había causado en la Tierra y, para proteger el secreto de la existencia de los Defensores, los borra de la memoria colectiva del mundo entero (incluyendo a Nick Furia), dejando únicamente a los Vengadores con el recuerdo de su alianza. Quizá en 1973, los lectores no quedaran muy impresionados por semejante hazaña, pero hoy se antoja un gesto bastante autoritario, por no mencionar invasivo y posiblemente peligroso.

 

Con la crisis mundial conjurada, el Doctor Extraño, Hulk, Namor, Silver Surfer, Valkiria y Ojo de Halcón regresan al Sancta Sanctorum del mago en Greenwich Village. Allí se encuentra la estatua de piedra en la que había quedado atrapado Dane Whitman, el Caballero Negro. Si se piensa bien, resulta un poco extraño que los Vengadores no acompañen a los Defensores de vuelta a la base de éstos para estar presentes en el rescate del Caballero. Al fin y al cabo, Dane Whitman sigue siendo un miembro de pleno derecho del equipo original, aunque su petrificación hubiera ocurrido en la colección de los Defensores.

 

Extraño intenta utilizar el Ojo del Mal para liberar el alma y el cuerpo de Dane Whitman de su prisión dimensional en el Limbo. Sin embargo, el hechizo y el artefacto sufren una distorsión inesperada y el hechicero no logra encontrar al Caballero. Siempre me ha chirriado la forma en que Englehart trate con tanta ligereza el hecho de que los Defensores usen el Ojo del Mal para intentar rescatar al Caballero Negro. Después de todo, la única razón por la que el equipo creyó que sería útil en esa misión es que Dormammu los había engañado, así que resulta un poco chocante que, de repente, den por sentado que ese objeto místico les va a ser de ayuda. Hubiera venido bien algún diálogo previo (incluso al final de “Vengadores” nº 118) del tipo: “Oid, ¿creeis que Dormammu podría haber tenido razón todo este tiempo? Deberíamos intentarlo, de todos modos”. Pero el comentario casual que hace Extraño justo al comienzo de su exploración astral del Limbo, es lo más cerca que llega Englehart a expresar esa idea: “Qué irónico resulta que Dormammu quisiera engañarnos al decirnos que sólo salvaríamos al Caballero con el Ojo del Mal y que al final resulte que es exactamente así”.

 

Mientras esperan el regreso del Doctor Extraño de su búsqueda astral, Ojo de Halcón medita sobre su destino: “O sea, los Vengadores no me dijeron nada sobre mi ingreso en los Defensores, ni tampoco parecían echarme de menos. Dejé mi grupo porque quería probarme en solitario. ¿De qué me sirve mudarme de un grupo a otro? Aunque me caeís bien, no estoy haciendo lo que quería hacer”. Estos pensamientos darán pie a su marcha de los Defensores al final de este episodio, una decisión que también tomarán Namor, Silver Surfer y Hulk.

 

De repente, Extraño regresa y antes de que pueda informar a sus compañeros del fracaso de su búsqueda, el grupo entero es transportado a través del tiempo hasta el Oriente Próximo del siglo XII, en plenas Cruzadas. El Caballero Negro (habitando el cuerpo de uno de sus antepasados, Sir Percy de Garrington) se les acerca y grita: “¡Nos atacan los árabes!”. A pesar de un poco convincente gesto de neutralidad a través de una frase de Extraño (“No es nuestra guerra”), Englehart inmediatamente establece las equivalencias clásicas de “cristianos = buenos / musulmanes = malos”, algo por lo demás muy común en la cultura occidental de la época.

 

Los Defensores no tienen demasiados problemas para encargarse del ejército de árabes vociferantes, pero entonces aparece en su bando un gigantesco gnomo elemental de la tierra llamado Temax. Podría pensarse que no es rival para Hulk, pero cuando éste le propina un puñetazo, el gnomo no sólo lo resiste sin problemas, sino que se lo devuelve a su adversario lanzándolo por los aires. Al darse cuenta de que su derrota es inminente, el Doctor Extraño lanza un hechizo que transporta mágicamente a nuestros héroes a varios kilómetros de distancia.

 

Informados por Whitman sobre el cautiverio del rey Ricardo y la conspiración de su hermano, el Príncipe Juan, ayudado por un reencarnado Mordred (el hijo ilegítimo del rey Arturo), los Defensores se disponen a infiltrarse en el castillo donde los árabes tienen retenido al monarca inglés.

 

En este punto, conviene no llevarse las manos a la cabeza con las inexactitudes (por llamarlas de alguna manera) históricas en que incurre Englehart, empezando por situar a Juan junto a Ricardo en Tierra Santa, en lugar de dejarlo en Inglaterra durante la Tercera Cruzada. Y aunque Ricardo sí estuvo prisionero, fue en Europa, no en territorio musulmán. Lo más aconsejable es recordar que, por supuesto, estamos hablando del Príncipe Juan del Universo Marvel, no de la figura histórica de nuestro pasado.

 

Los siete héroes, encapuchados y por la noche, burlan a los centinelas y se dividen en dos grupos: uno liderado por el Doctor Extraño al que acompañan Hulk y Namor: “intentaremos acabar con la hechicería creada contra nosotros”. Los otros, Ojo de Halcón, Valkiria, Silver Surfer y el Caballero Negro, tratarán de liberar al rey Ricardo. El equipo de Extraño es el primero en toparse con problemas, cuando un vigilante nota que uno de los sacerdotes que pasa a su lado (a quienes probablemente se debería llamar de otra manera: imanes, tal vez, ¿o muláhs?) tiene los pies verdes. El descubridor y sus compañeros no mantienen la consciencia el tiempo suficiente para dar la alarma.

 

Englehart había introducido una subtrama allá por “Defensores” nº 5 relacionada con el enamoramiento de Valkiria por el Caballero Negro, a pesar de haber coincidido con él muy brevemente (en el nº 4) antes de convertirse en estatua de piedra. Es evidente que el guionista reconsideró la idea a posteriori, pero al menos nos hace el favor a los lectores de abordar el tema en este punto antes de descartarlo sin más: “¡Qué raro! Ahora que vuelvo a encontrarme con el Caballero, esperaba que surgiera el amor que creía tenerle, pero no siento nada. ¡Nada!”.  Dado que se suponía que la Valquiria era una creación de la magia de la Hechicera, y fue el beso de esta última lo que petrificó a Dane Whitman, parece razonable suponer que el enamoramiento de Val fue una especie de efecto secundario temporal del hechizo de la bruja asgardiana, que con el tiempo habría ido disipándose.

 

El equipo saca al monarca de su celda, pero entonces aparecen tres gnomos gigantes que les dejan fuera de combate. Esta secuencia pone de manifiesto dos hechos: primero, que el mero valor no siempre basta para vencer a una fuerza superior, por mucho que nuestras ficciones de aventuras heroicas nos aseguren lo contrario; y segundo, que los "malos" también pueden ser valientes. Así que voy a perdonar a Englehart que los golpes de gnomos gigantes lo suficientemente poderosos como para tumbar a Silver Surfer, no les rompan todos los huesos a Ojo de Halcón y el Caballero Negro, que no poseen una resistencia física sobrehumana.

 

Namor, Hulk y Extraño encuentran el origen de los gnomos: una sala donde el hechicero Chandu, observado por Mordred y el Príncipe Juan, está creando a esas criaturas monstruosas a partir de la arena del desierto. El personaje de Chandu probablemente es un guiño de Englehart a Chandu el Mago, el héroe de un serial radiofónico de los años 30 que también parece haber inspirado la creación y desarrollo del Doctor Extraño (o, al menos, la contribución de Stan Lee al personaje concebido originalmente por Steve Ditko).

 

Los héroes se preparan para atacar a Chandu, pero éste lanza un rayo contra el Doctor Extraño y lo deja fuera de combate. Sin embargo, Namor sí llega a golpear a Chandu justo antes de que un gnomo se abalance sobre él, cayendo ambos en un oasis cercano. El agua destruye al gnomo debido a la oposición de los elementos (agua contra tierra). Entonces, Namor asesta un golpe que empuja el agua del oasis contra el castillo y disuelve al resto de los gnomos. Mordred y el Príncipe Juan siguen teniendo en su poder el Ojo del Mal pero justo cuando lo van a utilizar contra los ya debilitados héroes, se materializa el Preste Juan, poseedor original de ese artefacto originario de Avalón, y se lo arrebata.

 

En el nº 54 de “Los Cuatro Fantásticos” (septiembre 66) se nos había contado cómo ese caballero recibió el Ojo en Avalon, durante la Edad Media. La Antorcha Humana se lo arrebató para intentar destruir con él el campo de fuerza que impedía el acceso al Gran Refugio de los Inhumanos, donde se hallaba atrapada su amada Crystal, pero el artefacto acabó roto en seis pedazos por un disparo del amigo de Johnny Storm, Wyatt Wingfoot. Como hemos visto, La Guerra entre los Vengadores y los Defensores lo recompuso, algo que Preste Juan afirma haber detectado y seguido en el tiempo hasta este momento preciso. No se si es una paradoja temporal o un fallo de Englehart, pero esto ocurre “antes” de que recibiera por primera vez el Ojo del Mal en Avalón.

 

Pero Preste Juan hace otra cosa: privarle de sentido a toda esta saga. Lo que inició esta larga aventura fue el deseo de los Defensores de devolver al siglo XX a su camarada, convertido en estatua de piedra. Pero ahora, el recién llegado Preste Juan le dice: “Y tú, Dane Whitman, con tu valor, tu habilidad con la espada y tu amor por la vida de caballero…perteneces aquí”…”  Aquél ni se lo piensa: “¡Tiene razón! Nunca me sentí a gusto en el siglo XX. Por eso nunca quise ser Vengador a tiempo completo. ¡Me quedo, Extraño!”. Y el mago, sin fruncir el ceño, se congratula: “¡Felicidades Dane! Y, como el hechizo de Merlín ya te ha dado cuerpo aquí, no necesitarás el cuerpo de piedra de nuestro tiempo”. En fin, tantos desvelos y tanto riesgo corrido para que al final la estatua se quede como está.

 

Y eso es todo respecto a Dane Whitman, el Caballero Negro, quien permanecerá para siempre en el siglo XII… bueno, en realidad no. Por supuesto que regresará, aunque no hasta dentro de nueve años. En 1982, el guionista Steven Grant trajo de vuelta a Whitman en “Vengadores” nº 225 y 226, una historia de dos partes en la que el grupo es transportado al siglo XII para ayudar al Caballero a salvar la mítica isla de Avalón de la invasión de los Fomor, una raza divina de la mitología irlandesa, uno de cuyos miembros, Balor del Ojo Malvado, fue ingeniosamente incorporado por Grant a la historia del origen del Ojo del Mal de Marvel). En la conclusión de esa aventura, el espíritu de Dane volvía a su tiempo original, donde reconstituyó y reanimó su cuerpo de piedra (que había quedado reducido a escombros desde “Los Defensores” nº 11, una larga historia), retomando la carrera de superhéroe.

 

En cuanto a lo que estuvo haciendo el Caballero Negro entre “Defensores” nº 11 y “Vengadores” nº 225, los lectores tuvieron que esperar otros ocho años para obtener siquiera una respuesta parcial a ese misterio. Y cuando llegó, fue de nuevo de la mano de Steven Grant y en forma de miniserie de tres partes publicada en “Marvel Fanfare” nº 52-54 (agosto-diciembre 90). Según una entrevista de 2015 con Grant, estas historias se propusieron originalmente alrededor de 1979-80 (lo que significa que son anteriores a sus guiones para “Los Vengadores”). Cabe destacar que ofrecen una representación históricamente más precisa de las Cruzadas que la que se vio en el número de “Los Defensores” que estamos comentando, ya que el Caballero Negro se ve involucrado en los eventos que llevaron a la masacre de más de 2.000 prisioneros musulmanes por parte de Ricardo Corazón de León tras la caída de la ciudad de Acre. El tercer y último episodio de la serie termina con un desilusionado Dane Whitman dejando atrás a Ricardo y las Cruzadas.

 

El final de “Defensores” nº 11, además de ofrecernos el desenlace "oficial" de la guerra entre Vengadores y Defensores, también marca el final definitivo e inequívoco de la etapa de Steve Englehart como guionista de la serie. Tras haber escrito el guion de cada número desde que el grupo obtuvo su propia colección en 1972, Englehart se despide dejando un legado que, entre otras cosas, consolidó el carácter independiente de los Defensores como su rasgo más distintivo de cara al futuro.

 

Al dejar la serie, Englehart dio vía libre al siguiente guionista, Len Wein, haciendo que todos los miembros del equipo se marcharan excepto el Doctor Extraño y Valikiria (y es de suponer que, si hubiera podido encontrarle otro destino a la asgardiana, también la habría despedido). Cabría suponer que al menos uno de los Defensores que abandonaban aquí, regresaría en el siguiente número. Y estarían en lo cierto, aunque eso no significaba que Wein iba a conformarse con recuperar el mismo elenco de superhéroes que ya habíamos visto en las páginas de la colección. Pero quiénes serían los elegidos será tema para las entradas que en el futuro dedique a esta interesante cabecera de Marvel.

 

“La Guerra Vengadores – Defensores” fue un éxito rotundo entre los lectores. El evento también reflejó cómo los fans convertidos en profesionales habían alcanzado posiciones que les permitían crear los cómics que siempre habían querido leer. Como reflexiona Englehart: “Fue muy divertido para mí trabajar con estos muchachos y crear historias originales”. Lo único que no le gustó, dado que era objetor de conciencia del ejército, fue el uso de la palabra “guerra” en el título de la saga. Englehart siempre se referiría a ella como “El Choque entre Vengadores y Defensores”, pero ese término nunca caló entre los fans.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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