(Viene de la entrada anterior)
Con los dos deslumbrantes éxitos de crítica y ventas que fueron “El Cazador” y “La Compañía”, Darwyn Cooke demostró que había comprendido, asimilado y reflejado a la perfección la esencia de las aventuras de Parker, el despiadado ladrón creado por Donald Westlake bajo el seudónimo de Richard Stark. La genialidad de Cooke residió en respetar la personalidad brutal pero carismática de este criminal que no teme a nada ni a nadie, tan rápido y expeditivo con sus enemigos como meticuloso en la ejecución de sus robos; y en traducir sus audaces atracos en imágenes, con una narrativa y unos recursos visuales estimulantes e impactantes a la vez que perfectamente integrados en la historia.
En 2012, IDW publica al tercer álbum de la serie, “El Golpe”, adaptación de la novela del mismo título aparecida en 1964 y quinta de la saga del personaje…
13 de abril
de 1964. Parker sale de su hotel y enseguida percibe que un homb
re de
apariencia inofensiva lo sigue discretamente. Enseguida lo acorrala y, cuando
este saca una navaja, lo mata con sus propias manos. Sin embargo, hubiera hecho
mejor dejándolo con vida porque tras cogerle la cartera, no averigua nada sobre
él salvo el nombre: Howard Owen.
Unos días antes, Parker se relajaba en una playa de Miami con una atractiva rubia cuando recibió una llamada de Joe Sheer, quien había conseguido su número a través de un hombre llamado Paulus. Sheer le pedía que lo ayudara con un atraco, la especialidad de Parker. Aunque no necesitaba el dinero en ese momento, el ladrón aceptó por la sencilla razón de que estaba empezando a aburrirse.
En Jersey
City, Paulus le presenta a Edgar, quien había puesto la idea del golpe sobre la
mesa. Había sido este individuo quien lo había hecho seguir para evaluarlo. Sin
embargo, a Parker no le convence la propuesta. Este atraco no cumple con ninguna
de las condiciones que él
siempre exige: está organizado por un aficionado,
requiere demasiados hombres y, además, el objetivo se encuentra en un callejón
sin salida. Al final, que hombres de su plena confianza, como Grofield y Wycza,
estén en el ajo, lo lleva a reconsiderar su postura y ponerse al frente de la
misión. La cual no es poca cosa: robar un pueblo entero de 2.600 habitantes,
Copper Canyon, que vive de la explotación de una mina. El saqueo incluiría su
banco, joyería y otros negocios, cortando entretanto toda comunicación con el
mundo exterior y neutralizando discretamente su comisaría y estación de
bomberos. Para llevar a cabo esta misión tan descabellada como emocionante,
Parker reúne a una docena de hombres y elabora un plan perfecto…. Que resulta
no serlo tanto. Y es que, desde el principio, tenía razón al no querer trabajar
con desconocidos que siempre tienen algo que ocultar...
Al elegir “El
Golpe” para su tercera entrega (en una colección que hubiera debido incluir otras
cinco, más un relato corto autoconclusivo, pero que no pudo completar debido a
su prematuro fallecimiento en 2016), Darwyn Cooke optó por un materi
al menos
ambicioso, como si rechazara los excesos de la sofisticación formal, queriendo
volver a lo básico y permitir a los lectores apreciar el simple placer de una
historia de gángsters ambientada en el contexto de un atraco de altos vuelos.
En otras palabras, Cooke eligió una novela cuyo principal atractivo reside en
su trama más que en sus personajes.
Esta
decisión puede resultar decepcionante para algunos, especialmente después del
deslumbrante espectáculo estético y dramático que nos brindó “La Organización”.
Quizás también era hora de avanzar y explorar otra vía, mostrando a Parker en
acción, pero alejado de su confrontación con la Organización y sus líderes. Al
mismo tiempo, Cooke podía jugar otras cartas, ya que “El Golpe” incluye una
galería de personajes secundarios que dan algo de variedad y profundidad al
séquito de Parker, aunque nunca superen el rol de extras. Después de habérnoslo
presentado en los álbumes anteriores como un lobo solitario enfrentado a un
todopoderoso sindicato criminal, esta historia muestra a Parker como líder de
una banda. El huraño forajido se ha convertido en jefe de un equipo. Eso sí, la
misión que tiene que organizar
y ejecutar es casi descabellada: robar un pueblo
entero en una sola noche, neutralizar silenciosamente cualquier oposición y
escapar con el botín…
Lo asombroso
de Cooke, y de este tercer volumen, es, en última instancia, cuánto se parecen
el artista y su personaje: al igual que Parker, Cooke trabaja con una profesionalidad
y eficiencia impecables, busca la economía de medios, mide cuidadosamente los
efectos narrativos y gráficos, apuesta por la sencillez y demuestra una
facilidad casi insolente al escribir y dibujar este comic. Narra con claridad y
fluidez la preparación del atraco (inicialmente considerado una fantasía, pero
cuya dificultad motiva a Parker tomándolo como un desafío a superar), su
ejecución y, finalmente, lo que ocurre cuando las cosas se tuercen y la banda debe
afrontar lo imprevisto. La historia no termina ahí: todo el último capítulo
muestra las consecuencias del golpe, cuando los ladrones deben permanecer
escondidos en su guarida mientras la policía los busca, la tensión aumenta
entre ellos, tienen que lidiar con los más impacientes (incluso si eso
significa tomar medidas extremas) y, por fin, una vez que la costa se ha
despejado, repartir el botín y dispersar el grupo. Parker concluye su ave
ntura fiel
a su estilo, sin que sepamos si matará al último testigo o le perdonará la vida
por una simple corazonada. Esta maestría narrativa y la elegancia formal de sus
ilustraciones siguen siendo tan impresionantes como siempre, como si Cooke las
escribiera y dibujara sin esfuerzo alguno.
Aunque en
esta ocasión, además de ser más breve que los dos volúmenes anteriores (unas
veinte páginas menos), “El Golpe” se centre más en la trama que en los
personajes, todavía reserva alguna gran sorpresa en este sentido. Y es que
Parker a punto está de quedar eclipsado por otro personaje. Y, en este caso, la
palabra “personaje” es, sin duda, la adecuada. Se trata de uno de los secuaces:
Alan Grofield, un ladrón que sueña con ser actor, encantador y extravagante a
la vez. Es la antítesis de Parker: posee un físico atractivo y una personalidad
caprichosa que lo convierten en el complemento perfecto para su taciturno y
violento jefe. Cooke enfatiza deliberadamente ese contraste, confirmando en una
entrevista que optó por adaptar esta novela principalmente para poder dar vida
al personaje de Grofield, para quien se inspiró en Burt Lancaster. Esta
inclusión le confiere a “El Golpe” una ligereza y un humor irresistibles y le permite
a Coo
ke crear algunas secuencias magníficas y poco convencionales (como cuando
habla de la música que Grofield usa para acompañar sus acciones o cuando tiene
relaciones sexuales con una telefonista de Copper Canyon, a quien finalmente se
lleva consigo cuando huye para exasperación de Parker.
Así como es imposible no dejarse cautivar por Grofield, es inútil resistirse al encanto de “El Golpe”, un comic que es imposible de soltar hasta que no se llega al final. No importa que sea menos sofisticado, innovador o más lineal y clásico que “El Cazador” o “La Organización”; es una lectura adictiva, entretenida y emocionante.
El aspecto
puramente gráfico de “El Golpe” reserva otra sorpresa: además del blanco y
negro, Cooke abandonó el azul de los álbumes anteriores sustituyéndolo por el
naranja. Esta elección puede resultar desconcertante al principio, pero queda
justificada por el hecho de que la mayor parte de la acción transcurre de día,
en una región árida y soleada, donde el calor juega un papel importante (sobre
todo en los nervios de los protagonistas). Los efectos resultantes se explotan
con ingenio,
especialmente cuando la situación se intensifica y una serie de
explosiones iluminan las escenas nocturnas.
Para el “casting”, Cooke se divirtió dándoles a los miembros de la pandilla los rostros de varios de sus amigos y colegas (Jim Steranko , Dave Johnson, Phil Noto, Frank Tieri, Jimmy Palmiotti ...). Como anécdota, sus modelos para Parker fueron Jack Palance y Michel Constantin (en la película “Saqueo en la Ciudad”, 1967).
A lo largo de los años, dejándose influir por Bruce Timm, Jack Kirby o la estética del cine de los años 50, Cooke fue moldeando un estilo gráfico muy personal, una mezcla de naturalismo y expresionismo con líneas sencillas, espacios abiertos y poses cuidadosamente estudiadas, dando siempre prioridad a la legibilidad. Esta curiosa combinación de espontaneidad y manierismo, de modernidad y sabor retro, permite que sus cómics atraigan tanto a un lector exigente (que apreciará la maestría y la autoexigencia del artista) como a un lector menos experimentado (que encontrará coherencia y dinamismo en esta sencillez).
I
ncluso en
mayor medida que en los dos volúmenes precedentes, el lector puede disfrutar de
la representación que hace Cooke de la década de los 60 a través de la
precisión con la que dibuja los accesorios, los vehículos, la ropa y los
escenarios de la época. Un despertador de marca conocida entonces, una
apropiada referencia cinematográfica (el póster de la película de Stanley
Kramer, “¡El mundo está loco, loco, loco!”, que cuenta la historia de cómo un
gánster, antes de morir, revela a un grupo de personas que ha escondido un
alijo de dinero, lo que desencadena una persecución frenética), el nombre de
una compañía telefónica, los estampados de las cortinas, las gasolineras... ¡Y
también, por supuesto, los suntuosos atuendos y peinados de las mujeres!
Pero todo
esto se limitaría a ser un adorno bonito si no estuviera inserto con tanta
maestría en la narración secuencial. De no conocer de antemano el material
literario de origen, es imposible adivinar que “El Golpe” es una adaptación. La
transposición es tan refinada y sutil que resulta indetectable. No es una
novela que cobre vida visualmente, sino una auténtica novela gráfica en la que
el au
tor aprovecha a la perfección su estilo. Sin bloques de texto indigestos,
sin diálogos forzados, sin amaneramientos artificiales… tan sólo una fluidez
asombrosa en las transiciones entre acción y diálogo, en el hábil equilibrio
entre tensión y calma. Cooke sabe cómo dotar a la narración de un ritmo natural
y constante: cada interacción entre dos o más personajes se desarrolla en un
escenario específico, lo que la distingue de todas las demás. Además, sabe
modular a la perfección sus efectos, inyectando una energía al estilo Kirby
cuando la acción se intensifica y suavizándola cuando es necesario. Una lección
magistral de narrativa gráfica impartida por un gran
maestro.
“El Golpe”, contradiciendo su aparente sencillez clásica, es en realidad un mecanismo de relojería, una partitura muy precisa, características, por otra parte, de la obra de Donald Westlake, que destacó por la inventiva de sus tramas y el equilibrio entre lo extravagante y lo creíble para ofrecer un entretenimiento que logra ser plausible a través una absorbente historia de criminales. Para alcanzar el nivel de su referente, Cooke siempre ha conseguido ofrecer soluciones visuales elegantes y efectivas, adaptando las tramas sin perder su verosimilitud. Obviamente, la sorpresa que supuso “El Cazador”, ya había perdido su efecto a estas alturas, pero Cooke siguió adaptando las novelas de Parker manteniendo un altísimo nivel de calidad. Pocos cómics están elaborados con tanto talento.
(Finaliza en la siguiente entrada)

No hay comentarios:
Publicar un comentario