28 jul 2026

1963- VOLTAR – Alfredo Alcalá



Alfredo Alcalá fue uno de los artistas filipinos más destacados de las décadas de 1960 y 1970, emigrando finalmente a Estados Unidos llevado por su fama y en un momento en el que editoriales de ese país, como Warren o Marvel, buscando dibujantes baratos, contrataron a muchos artistas, guionistas y entintadores de Filipinas, como Néstor Redondo, Alex Niño, Tony de Zuñiga o Rudy Nebres. 

 

Siendo un adolescente, Alfredo Alcalá abandonó la escuela para dedicarse al arte. Realizó diversos trabajos ocasionales, como pintar letreros y diseñar utensilios domésticos. Era todavía un adolescente cuando Japón invadió Filipinas en 1941. Enterró su colección de cómics estadounidenses bajo las tablas del suelo de su casa para esconderlos de las fuerzas de ocupación y se dedicó a usar su talento artístico contra los invasores: recorría en bicicleta los campamentos militares y las posiciones de artillería japonesas, los dibujaba de memoria y entregaba luego los planos a las fuerzas estadounidenses en la zona.

 

Influenciado por dibujantes e ilustradores estadounidenses como Hal Foster, Alex Raymond, Lou Fine, Howard Pyle, N.C.Wye o Franklin Booth, Alcalá comenzó su carrera en el mundo del cómic en 1948. Trabajó para Ace Publications, la editorial más grande de Filipinas, donde desarrolló la ética de trabajo y la velocidad que lo hicieron famoso. Se dice que llegó a dibujar doce páginas en nueve horas y que nunca dormía en la cama sino en el suelo de su estudio o su mesa de trabajo.

 

Convertido en una estrella consolidada del cómic filipino, el trabajo de Alcalá apareció en la revista “Alcalá Komix Magazine”, en cuyo número de julio de 1963, debutó su personaje "Voltar", uno de los más espectaculares comics de Espada y Brujería que jamás haya dado el género fantástico y que le valió fama internacional. Ganador del prestigioso Premio de la Sociedad de Ilustradores y Dibujantes de Filipinas en numerosas ocasiones a principios de la década de 1970, “Voltar” también captó la atención de los fans estadounidenses, figurando en lugar destacado en varios eventos de ciencia ficción y fantasía de ese país.

 

Tras la masiva llegada de artistas filipinos a la industria estadounidense, el personaje fue rescatado para el público occidental, reapareciendo oficialmente en las páginas del número 1 de la revista “Magic Carpet”, una breve iniciativa –contabilizó sólo dos números- impulsada por el escritor e historiador de cómics Manuel Auad (quien también ejerció de guionista y editor del material para reintroducir a Voltar en el mercado estadounidense) y el historiador Bill Blackbeard. Allí fue donde Alcalá actualizó al personaje con nu
evas páginas e historias más largas apoyándose en guionistas como el mencionado Manuel Auad o Will Richardson (alias de Bill Dubay).

 

Posteriormente, las aventuras de Voltar encontraron acomodo en la editorial Warren Publishing, que, aunque se había hecho famosa por sus revistas de terror en blanco y negro como “Creepy” y “Eerie”, tenía en su catálogo otra cabecera, “The Rook”, especializada en ciencia ficción y aventuras de corte pulp. Fue allí, entre sus números 2 al 9, donde se publicó “El Fin de los Tiempos”, una historia larga con guiones del antedicho Bill DuBay. Debido a la enorme admiración que despertaba el dibujo de Alcalá, en 1979 también se comercializó en EE UU. un portafolio de ilustraciones dedicado exclusivamente a esa creación.

 

Si imaginas a Conan en la versión gráfica de John Buscema, y ​​le añades un casco alado como el de Thor, tienes a Voltar. Esta descripción podría llevar a pensar que ese musculoso guerrero no es más que una burda copia de ambos personajes, pero, como he dicho, Voltar debutó en 1963, siete años antes de que Conan fuera adaptado en Marvel por Roy Thomas y Barry Windsor-Smith, y solo un año después de la primera aparición de Thor en “Journey into Mystery”, también en Marvel. Claramente inspirado en el personaje de Robert E. Howard, y en otras fuentes evidentes (“El Señor de los Anillos”, la mitología nórdica y los relatos bíblicos), Voltar no es tanto un bárbaro como un oficial militar del ejército del reino ficticio de Elysium.

 

Batiburrillo incongruente de leyendas, mitos e Historia, “Voltar” no destaca por sus guiones simplones, predecibles, incoherentes y con nula caracterización. Sus peripecias no son más que un encadenamiento de encuentros con bestias salvajes y criaturas extrañas mientras busca venganza y justicia en antiguas ciudades invadidas por sanguinarios bárbaros o brujos al frente de ejércitos. La mayoría de estos encuentros se narran de forma episódica: Voltar conoce a un personaje, ambos luchan durante unas pocas viñetas y, al pasar la página, ya ha salido victorioso y se dirige al siguiente choque.

 

Cualquier tebeo de Conan, ya sea de su colección de comic-book o de “La Espada Salvaje de Conan”, es más entretenido que las historias de “Voltar”. Hay que reconocer que el formato tampoco jugó a favor del personaje. Durante casi dos décadas, sus aventuras se dispersaron en una serie de relatos cortos que saltaban de una cabecera a otra, pasando de una etapa en la que Alfredo Alcalá asumió todo el proceso creativo a otra en la que guionistas diversos impusieron su visión. El resultado fue una trayectoria fragmentada que impidió al héroe consolidarse y adquirir una personalidad diferenciada.

 

Ahora bien, la razón para leer este comic no es la calidad de su prosa ni la inventiva de sus conceptos, sino su sombrío e impresionante dibujo.

 

Tradicionalmente, la producción de cómics se realizaba en equipo para maximizar las ganancias de las editoriales y aprovechar la popularidad de los artistas del género. Por eso, cuando una aventura épica de la magnitud de Voltar fue escrita, dibujada a lápiz, entintada, rotulada y publicada por una sola persona, este logro resulta aún más increíble al contemplar la impecable calidad del resultado. Alcalá estaba convencido de que "en el momento en que dejas que alguien más intervenga en tu trabajo, ya no eres tú".

 

No creo exagerar al decir que las escasas páginas de Voltar contienen algunas de las ilustraciones de cómic más bellas de la Edad de Bronce. Realizadas con un exuberante estilo de grabado, “Voltar” rivalizaba con las obras de los grandes maestros del comic y la ilustración, exhibiendo uno de los trabajos a pluma más detallados jamás vistos en el medio. De hecho, su obsesión por el detalle fue tal que, en los años 50, llegó a desarrollar un pincel recargable en cuya técnica era muy difícil de dominar, pero cuyo resultado era sencillamente impresionante.

 

Lejos de conformarse con los estándares de la época, su propuesta gráfica despliega un barroquismo visual y un nivel de detalle sobresalientes. Claramente influenciada por maestros como Alex Raymond, Will Eisner, Harold Foster o Burne Hogarth, cada lámina de este volumen se convierte en una pieza de orfebrería artística. Mediante un magistral dominio de la iluminación y los claroscuros, Alcalá construye una atmósfera profundamente sombría que transporta de inmediato al lector a un universo de magia, brutalidad y seres extraordinarios.

 

En “El Fin de los Tiempos”, cada pocas páginas, intercala una impactante ilustración a doble página que contribuye a que las historias se sientan como algo más que simples relatos de aventuras, otorgándoles una cualidad mítica. Sus diseños de personajes son excelentes, y es interesante observar que Voltar luce (al menos sin su casco) exactamente como Conan será dibujado por legiones de artistas en las décadas siguientes. Ahora bien, Voltar no es precisamente un bárbaro; no parece provenir de una nación no civilizada, no es un guerrero iracundo. Llamarlo "Voltar el Bárbaro" es, por tanto, inapropiado aunque es un epíteto que suele atribuírsele como si en el género de Espada y Brujería no bastara con sólo el nombre (“Thongor de Lemuria”, “Claw the Unconquered”, “Kull el Conquistador”, “Ator el Invencible”… son otros ejemplos).

 

Voltar y el resto de los personajes irradian musculatura y vigor y siempre se mueven con dinamismo. Los villanos portan cascos angulosos y puntiagudos o prominentes mandíbulas de orco que delatan sus lealtades. Los paisajes son maravillosamente dramáticos y evocadores, realizados con una técnica de plumilla al alcance de muy pocos maestros: imponentes castillos que se alzan entre escarpadas paredes rocosas, rayos de luz que atraviesan impenetrables masas de nubes….

 

“Voltar” es, en fin, un comic altamente recomendable por la calidad gráfica de sus páginas y que debería figurar en la colección de cualquier amante no ya del género de Espada y Brujería, sino de cualquier aficionado al noveno arte.

 

 

 

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