30 ene 2026

LOS VENGADORES EN LOS AÑOS 70 (22)




(Viene de la entrada anterior)

 

En el nº 106 (diciembre 72, con una portada que nada tiene que ver con lo que ocurre en su interior, una estrategia habitual por entonces) empieza un arco que puede calificarse de desordenado y confuso, tanto en el plano argumental como en el gráfico. Englehart recupera aquí el hilo de la Visión tentado por el Segador para que traicione a sus amigos a cambio de conseguir la plena humanidad. Pero esta trama tuvo que compartir foco narrativo con una historia sacada del inventario Marvel y nunca antes publicada, escrita por Stan Lee y dibujada por George Tuska en 1969 como secuela directa de “Capitán América” nº 113 (uno de los legendarios números dibujados por Jim Steranko en el que el Capi y Rick Jones se enfrentaban a Hydra), pero luego archivada después de que el guionista y editor decidiera llevar la colección por otros derroteros una vez finalizada su asociación creativa con el genial dibujante.  

 

Rich Buckler, quien figuraba como dibujante titular de “Los Vengadores”, comenzó a retrasarse en sus fechas de entrega con más frecuencia de la admisible debido a su reciente matrimonio y nacimiento de su hijo. Poco después, su traslado definitivo a la colección de “Los Cuatro Fantásticos” dejó a “Los Vengadores” sin un artista oficial durante varios números. Antes de eso e intentando aliviar su carga de trabajo, Roy Thomas rescató aquella historia desechada del Capitán, que ya estaba dibujada a lápiz, y le pidió a Englehart que la aprovechara arreglándoselas para engarzarla con la trama en curso.

 

Englehart, como recién llegado a la editorial, no tenía más opción que agachar la cabeza y tragarse estos sapos. El otro que le endilgó por aquella misma época Roy Thomas fue el de explicar que el Capitán América de los años 50 no había sido Steve Rogers, misión que acometió con bastante buen resultado entre los números 153 y 156 de esa colección (septiembre-diciembre 72). No fue el caso de este arco de Los Vengadores, en el que incorporó las páginas de Lee y Tuska como flashback inserto en la trama del Segador y la Visión, desembocando en el regreso del Fantasma Espacial, al cual no se había visto desde el nº 2 de la serie. Toda la historia ermina siendo un emplasto ilógico y ridículamente enrevesado en el que los héroes se salen con la suya por pura suerte.

 

En el número anterior, la Bruja Escarlata había arrastrado a los Vengadores hasta la Tierra Salvaje buscando a su hermano Mercurio (desaparecido en el nº 104) en lo que acabó siendo un callejón sin salida. Ahora la vemos siguiendo otra posible pista en Nueva York acompañada de Iron man, Ojo de Halcón y Pantera Negra. Entretanto, el Capitán América llega a la Mansión, tras regresar de sus vacaciones con Sharon Carter en Miami (en los mencionados “Capitán América” nº 153-156). El único Vengador presente es un meditabundo Visión, que decidió no acompañar a sus camaradas y que ahora se confiesa ante su amigo: “No, no estoy enfermo. Me hallo en perfectas condiciones. Ninguna de las facultades que poseo funciona mal. El fallo estriba en una facultad que no poseo (…) He descubierto que soy incapaz de amar, un defecto bastante común entre los humanos, pero devastador para alguien tan solitario como yo”.

 

Antes de que el Capi pueda aconsejarle, irrumpe Rick Jones, todavía resentido porque su antiguo camarada no le dejó acompañar al grupo cuando fueron tras los Centinelas en el nº 103, una decisión que obedeció a su deseo de proteger a su amigo al no tener éste ningún superpoder –y no arriesgarse a repetir el trauma de perder a otro Bucky-. Jones quiere demostrarle al Capitán lo equivocado que estaba puesto que ahora ha vuelto a fusionarse con el Capitán Marvel, en el que empieza a transformarse tras entrechocar sus negabandas. Sin embargo, la reacción de su amigo no es la que esperaba, porque éste cae víctima de un súbito dolor en su cabeza.

 

Rick Jones había estado vinculado con el exiliado Kree desde “Capitán Marvel” nº 17 (octubre 69) a través de las negabandas que les permitían intercambiar sus cuerpos de la Tierra a la Zona Negativa. Pero aquella colección se interrumpió en el número 21 (agosto 70), por lo que la pareja hubo de continuar su peculiar drama en otros rincones del Universo Marvel, concretamente en el nº 89 de “Los Vengadores”, en el que, como vimos, encontraron una manera de coexistir simultáneamente en la Tierra justo al comienzo de la Guerra Kree-Skrull. Al final de aquella saga, el Capitán Marvel le cedió su fuerza vital a Rick para salvarle la vida. Pero he aquí que la editorial decidió renaudar la interrumpida colección del Capitán Marvel en el nº 22 (septiembre 72), retomando éste y Rick su anterior dinámica.

 

Todo lo antedicho sucedió después de que el Capitán América y Rick Jones hubieran formado equipo en la etapa de Steranko, así que no hay razón para que aquél se sorprendiera tanto al descubrir la asociación de su excompañero con Mar-Vell. En realidad, lo que le ha ocurrido es que la pirotecnia del cambio dimensional ha despertado en su interior lo que parece un recuerdo durmiente que remite a “Capitán América” nº 113 (mayo 69), donde él y Rick (con el uniforme de Bucky), combatieron contra los hombres de Hydra. La líder entonces de esa organización, Madame Hydra, murió y sus secuaces atacaron al duo buscando venganza. Tras darlos por muertos, se retiraron.  

 

De vuelta al presente, Rick ha recuperado su propio cuerpo y el Capi explica que la sorpresa de ver a Rick como alguien ya independiente le trajo recuerdos de cuando formaban equipo. Sin embargo, lo que acaba de venir a su memoria es la primera vez que lo experimenta. Es más, Rick no recuerda que nada de todo eso hubiera sucedido.

 

Tratando de profundizar en el enigma, el Capi regresa al cementerio donde tuvo lugar aquel combate y esa visita despierta nuevos recuerdos de cómo él y Rick siguieron a las tropas de la organización hasta un edificio, cayeron a un sótano y encontraron el acceso a una base subterránea. Pero al tomar el ascensor para descender aún más, se encontraron con que era una trampa, de la que consiguen escapar sólo para tener que luchar contra más agentes de Hydra. El Capi recuerda la localización de ese edificio y corre a investigar el lugar.

 

Mientras tanto, el resto de los Vengadores –excepto Visión- registran el lugar donde se informó de la desaparición de un hombre, un misterio que Wanda espera esté relacionado con la de Pietro en Australia. Les acompaña Pantera Negra, que sólo había acudido de visita en el número anterior pero que ahora valora si quedarse una temporada. De repente, Ojo de Halcón cae por un agujero en el pavimento que había sido deliberadamente camuflado. Los otros tres lo siguen por un túnel y se separan en dos direcciones: Wanda y Iron Man por un extremo y T´Challa por el otro.

 

De repente, a Pantera le ataca Ojo de Halcón, pero no disparando sus flechas, sino tratando de apuñalarlo con ellas. Obviamente, no es un adversario para T'Challa en el cuerpo a cuerpo y éste se lo quita de encima sin dificultades. Sus dos camaradas escuchan la conmoción y acuden corriendo. Durante un instante, todo se oscurece y, al volver la luz, un confundido Clint parece volver en sí sólo para encontrarse con que ahora es Iron Man quien ha enloquecido, golpeando a Pantera. Sin embargo, igual que Ojo de Halcón no supo utilizar sus flechas, Iron Man parece no estar seguro de cómo disparar sus armas. El arquero lo agarra por detrás para desviar los rayos repulsores y el hechizo de la Bruja Escarlata absorbe la mayor parte de la explosión.

 

Otro período de oscuridad e Iron Man se queda sin fuerzas, como recuperándose de un vahído. Ahora es T'Challa quien noquea a Clint. Pantera amenaza a Wanda, cuyos poderes se han agotado temporalmente, pero un ya recuperado Iron Man lo neutraliza. Un último “apagón” y todos ellos parecen haber regresado a la normalidad. Es ahora cuando Iron Man se figura lo que ha ocurrido y, efectivamente, así es: el Fantasma Espacial ha regresado tras su última aparición en, como dije, el nº 2 de la colección. El resto de los Vengadores presentes no lo conocen personalmente dado que no pertenecían al equipo por entonces, pero sí han leído los informes de aquel temprano encuentro.

 

En la más clásica tradición supervillana, el Fantasma procede a explicar sus maquiavélicos planes. Lo que ha hecho hace un momento ha sido tomar la forma de sus adversarios uno a uno, enviándolos al Limbo entretanto y usando la oscuridad para encubrir el cambio. Más allá de eso, ha estado esperando desde hace mucho tiempo el momento oportuno para destruir al equipo. Él fue quien envió al Limbo al hombre cuya desaparición investigaban los Vengadores con el fin de atraerlos a su guarida. Los héroes se lanzan al ataque, pero el Fantasma los detiene con un rayo paralizante antes de revelar que, para asegurar su victoria y hacerla más hiriente, se ha aliado con el Segador.

 

Aunque personalmente me parecen una pareja de villanos ridículos (especialmente el Segador, difícilmente un enemigo que pudiera poner en problemas a uno solo de los Vengadores), parece que con ellos Englehart trató de ir atando los dos hilos narrativos que habían quedado sueltos en números anteriores: la búsqueda de Pietro y las dudas de Visión. También utilizó al Fantasma, como veremos, para ordenar un poco el caos en que había incurrido la continuidad de la colección del Capitán América en relación a su identidad secreta. Y es que éste había revelado públicamente su identidad de Steve Rogers en “Tales of Suspense” nº 95 (noviembre 67), pero no tardó en lamentar esa decisión y en “Capitán América” nº 111 (marzo 69) fingió su propia muerte dejando pruebas falsas que apuntaban a que Rogers no era alguien real. En el mencionado nº 113, volvió a la acción esperando que el mundo creyera que bajo la máscara se ocultaba otro hombre desconocido, o que quizá era un Capitán América diferente. Es posible que llenar los llamativos agujeros de esa colección fuera la intención de Roy Thomas cuando recuperó la historia del inventario de la editorial y se le pasó a Englehart.

 

La identidad visual de la colección fue uno de los aspectos más irregulares desde sus inicios y ahora volvemos a otra etapa cuando menos mediocre. En este número tenemos a un Rich Buckler en su “modo Neal Adams” ilustrando los segmentos que transcurren en el presente, mientras que George Tuska se encarga, como dije, de los flashbacks del pasado. Si el número consigue mantener su coherencia estética es gracias a Dave Cockrum, que entinta los lápices de sus colegas aportando solidez y definición.

 

Cockrum se había introducido en el mundo del comic a comienzos de los años 70 cuando, tras pasar seis años en los Marines, empezó a colaborar para la editorial Warren en sus revistas de terror. Luego entró en DC, para la que su trabajo más destacado fue la remodelación de la Legión de Superhéroes (por entonces sin cabecera propia, estando alojada en la de “Superboy”). En ello estaba cuando realizó estos sus primeros trabajos para Marvel, incluyendo el entintado de estos números de “Los Vengadores”. No mucho después, Cockrum tendría un serio conflicto con DC a raíz de la denegación de devolución de sus originales, lo que motivó su marcha definitiva a Marvel justo cuando Roy Thomas estaba buscando una forma de relanzar a los X-Men como un equipo internacional. Pero de eso hablaremos en otro artículo.

 

Y es Dave Cockrum quien repite como entintador en el nº 107 (enero 73), esta vez mejorando el estilo de George Tuska (cuyas páginas siguen ilustrando los flashbacks del Capitán América) y un primerizo Jim Starlin que, si no me fallan los datos, debutó en Marvel como dibujante con este episodio tras haberse encargado de los fondos de “Amazing Spiderman” nº 113 (octubre 72). Y también aquí es Cockrum el que evita que el número pierda coherencia gráfica debido a los muy diferentes estilos de los dos dibujantes que intervinieron en él.

 

Continuando con el final del episodio anterior, el Segador y el Fantasma Espacial han capturado en un campo antigravedad a Pantera Negra, Ojo de Halcón, Iron Man y la Bruja Escarlata. El primero quiere matarlos inmediatamente, pero el alienígena prefiere aguardar a tener todo el grupo a su merced. Esto significa que todavía deben atrapar al Capitán América, Thor y Visión (como muchos enemigos cuya única obsesión es destruir a los Vengadores, el Fantasma sólo considera la alineación actual, aun cuando la mayoría de ellos no hubieran estado presentes en su encuentro original). Saben que Thor está en Vermont (donde, en el número 207 de su propia serie, estaba enfrentándose al Hombre Absorbente y Loki), pero ignoran el paradero del Capi. Por otra parte, han acordado que el "hermano" del Segador, Visión, no sufrirá daño alguno ya que aquél espera ponerlo de su lado (aunque, también como todo buen supervillano que se precie, el Fantasma no tiene intención de cumplir su promesa).

 

El lector, por su parte, sí sabe dónde se encuentra Steve Rogers en ese momento. Como se vio en el número anterior, ha estado siguiendo el rastro de un recuerdo enterrado en su memoria, cada vez más nítido conforme avanza en sus pesquisas. Ahora ha llegado a una antigua base subterránea de Hydra, donde recupera más fragmentos de aquel suceso. Recuerda estar con Bucky luchando contra más hombres de Hydra, los cuales emplearon un dispositivo antigravedad cuya tecnología estaba fuera del alcance de la organización. Luego activaron unidades que los hicieron invisibles (como “fantasmas”, dijo Rogers). El dúo escapa a una cocina y cuando los asesinos invisibles de Hydra los siguen, los cubren con harina para marcar sus cuerpos y saber dónde golpear.

 

Los hombres de Hydra escapan por una trampilla secreta y el Capi y Rick los siguen preguntándose por qué aquéllos no se están esforzando más por matarlos, como si tuvieran órdenes de mantenerlos con vida. De repente, aparece el Hydra Supremo y confirma su suposición antes de dispararles un rayo reductor. Los miniaturizados héroes escapan y se cuelan por el panel de control del líder terrorista mientras éste despotrica que había estado comandando las tropas de Hydra convenciéndolas de que en realidad, tras la máscara, se ocultaba su antigua jefa, Madame Hydra.

 

El Capi alcanza el control del rayo reductor y lo invierte, volviendo a su tamaño original junto con su compañero. Acaban rápidamente con los agentes de Hydra en la sala (quienes, aparentemente, no han escuchado la confesión de su líder). El Capi noquea al Hydra Supremo y lo desenmascara llevándose una sorpresa… que el lector deberá esperar a compartir porque en ese punto el recuerdo se interrumpe y el Capi, en el presente, se da cuenta de que todos aquellos sucesos han tenido que ser borrados de las mentes suya y de Rick, probablemente por el líder de Hydra. Steve aún no recuerda de quién era el rostro que vio bajo la capucha, pero se adentra en el complejo abandonado con la esperanza de refrescar más su memoria.

 

Mientras tanto, Visión ha salido a dar un paseo por el parque, atormentado por la idea de que no es humano y, por lo tanto, incapaz de corresponder al amor de la Bruja Escarlata. El Segador lo aborda y repite la oferta que le hizo en el nº 102: introducir su mente, modelada a partir de las pautas cerebrales del hermano del villano, Simon Williams, alias Hombre Maravilla, en el cuerpo preservado de éste. De tal forma, Visión sería plenamente humano y el Segador recuperaría a su hermano. El precio a pagar sería colaborar en la destrucción de los Vengadores. Sin embargo, ahora el Segador simplifica el trato, asegurando que los héroes ya están prácticamente muertos. Visión sigue negándose.

 

El Segador cree que el sintozoide rechaza la oferta porque no cree que el cuerpo de Simon Williams pueda ser revivido, así que lo lleva al lugar donde lo tiene almacenado, admitiendo, ahora sí, que está irrevocablemente muerto (en este punto, aún se ignoraba la transformación que había experimentado Williams durante su estasis y que lo haría prácticamente inmortal). Entonces, Eric Williams, el Segador, le cuenta a su interlocutor el verdadero plan: con su ayuda, le entregará a Visión nada más y nada menos que el cuerpo del Capitán América.

 

El villano pasa a relatar la historia secreta del Fantasma Espacial. Al final del nº 2 de “Los Vengadores, el alienígena quedó confinado en el Limbo al intentar replicar a Thor. No mucho después, en “Thor” nº 108 (septiembre 64), Loki envió a Jane Foster a esa dimensión, liberando inadvertidamente al Fantasma. Éste contactó con el Segador porque necesitaba de su conocimiento sobre los Vengadores y luego reemplazó a Madame Hydra (presumiblemente, enviándola al Limbo, porque en el nº 180 de “Capitán America”, septiembre de 1974, reaparecerá asumiendo el nombre de Víbora y liderando el Escuadrón Serpiente) en medio de la batalla narrada en “Capitán América” nº 113 y justo antes de que ella terminara la refriega matándose accidentalmente con sus propios misiles. El Fantasma asumió entonces el control de la organización como nuevo Hydra Supremo con el rostro oculto por una capucha (lo cual no concuerda exactamente con lo que el villano le dijo a los Vengadores en este mismo número). Luego se dejó capturar y desenmascarar en el flashback que acabamos de ver.

 

Pero justo en ese momento, dispara un rayo paralizante contra el Capitán y Rick Jones. Les explicó que su excelente desempeño en el enfrentamiento contra Hydra le había confirmado que Steve Rogers era el espécimen físico más perfecto y, por tanto, el ideal para contener la mente de Visión. Pero el trasplante de mentes requiere que el Capi esté en paz, por lo que utilizó su tecnología alienígena para borrar de todas las mentes del planeta el conocimiento de que el héroe abanderado y Steve Rogers son la misma persona, completando así con éxito el intento de restaurar su identidad secreta que aquél había llevado a cabo en el nº 111 de su colección. A continuación, borró de las mentes del Capi y Rick el recuerdo de este encuentro y esperó a que Steve alcanzara la serenidad mental que ansiaba.

 

Ahora, Steve tiene a su novia Sharon Carter; y un nuevo compañero, el Halcón. Está más feliz que nunca antes, por lo que el Fantasma estima llegado el momento de culminar el plan que ha trazado junto al Segador. Y esta vez, Visión dice que sí.

 

Nada de todo esto tiene demasiado sentido y resulta excesivamente confuso y dependiente de lo ocurrido en la colección del Capitán América. Tampoco se explica cómo ni por qué el Fantasma no borró el conocimiento de la identidad secreta del Capi de las mentes de, por ejemplo, Sharon Carter o el Halcón. El villano también afirma que mantuvo deliberadamente con vida al Capitán, haciendo que sus soldados se retiraran fingiendo creerle muerto… pero cabe preguntarse entonces qué hizo para evitar que otros enemigos del héroe lo mataran en aventuras posteriores, dado que si esto hubiera pasado su retorcido plan se habría venido abajo por completo. Al final, el Fantasma desempeña el papel de villano genérico al servicio de un guionista perezoso o, como creo que aquí le ocurrió a Englehart, incapaz de darle sentido a una historia y utilizándolo como maquiavélica mano negra en la sombra para resolver todos los agujeros de guion que él no supo solventar de forma lógica (lo cual es irónico dado que esta historia tenía el propósito de solucionar un problema de continuidad, no simplemente hacerlo desaparecer).

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 

 

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