6 ene 2026

1994-HELLBOY – Mike Mignola (2)



(Viene de la entrada anterior)

  

Aunque desde el punto de vista de la cronología interna, a “Semilla de Destrucción” la seguirían algunos relatos cortos a los que se había hecho referencia de pasada en aquella miniserie y de los que hablaré más adelante, la siguiente aventura de cierta extensión (cinco números, de junio a octubre de 1996) fue “Despierta al Demonio”.  

 

Si bien esta miniserie cuenta su propia historia, con principio, desarrollo y desenlace, se inspira y deriva directamente de los acontecimientos narrados en “Semilla de Destrucción”, por lo que no podemos calificarla de completamente autónoma y sí recomendar su lectura consecutiva respecto a aquélla.

 

Hellboy y varios otros agentes de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal investigan el asesinato de un antiguo nazi que desde hacía años dirigía un Museo de los Horrores en Nueva York. Un crimen que parece estar relacionado con el robo del cadáver de Vladimir Giurescu, un hombre cuya leyenda se remonta a las guerras napoleónicas y del que, con el paso de las décadas y los siglos, siempre se había sospechado su naturaleza vampírica. De hecho, podría incluso haber servido de inspiración para el mito de Drácula. Así que varios equipos de la AIDP parten hacia diferentes localizaciones de Rumanía para investigar y, de ser ello necesario, impedir la resurrección de Giurescu. Hellboy, habida cuenta de sus características sobrehumanas, va solo y, precisamente, el lugar que le han asignado resulta ser el castillo del noble desaparecido.

 

La conexión con “Semilla de Destrucción” radica en que el robo del cuerpo de Giurescu ha sido perpetrado por la misma camarilla de exnazis ocultistas liderados por Rasputín cuyo propósito de destruir a la Humanidad trayendo de vuelta a unos oscuros dioses transdimensionales, fue lo que condujo a Hellboy a la Tierra. Pues bien, resulta que Rasputín, aunque su cuerpo fue destruido al término de aquella primera aventura, ha regresado en forma espiritual para continuar su misión guiando a sus sicarios. Conforme avanza la historia, va aportándose más información respecto a la razón de la presencia de Hellboy en la Tierra y atando cabos pendientes de la miniserie anterior.

 

Parte del atractivo de los comics de Hellboy reside en que Mignola no es solo alguien que cultivó su amor por el terror y la fantasía oscura a partir de las novelas de Stephen King y las películas de terror de la Hammer, sino que posee una amplia cultura en el ámbito de las leyendas antiguas, mitos y cuentos de hadas. “Hellboy” está impregnado de ese sabor folclórico combinado con una atmósfera onírica que facilita que no todo lo que ocurre tiene una explicación racional. “Despierta al Demonio” transita por una fina línea, siempre a punto de perder el foco y degenerar en una narración errática y desordenada en la que las ideas e imágenes no acaban de encontrar su lugar en un todo coherente. De hecho, próximo el final de la historia, el propio Hellboy comenta que ni siquiera él está seguro de lo que ha sucedido: “No sabíamos qué demonios estaba pasando y seguimos igual. Yo estaba en el centro de todo, y creo que sólo vi la punta del iceberg". Sin embargo, el lector sí tiene una mejor visión global dado que ha presenciado escenas y conversaciones en las que Hellboy no participó.

 

El propio Mignola reconoció que la historia acabó desviándose en una dirección diferente a la inicialmente pretendida. Giurescu, que era de quién, en principio, trata la historia, queda enseguida relegado a un segundo plano mientras Rasputín y sus planes para el apocalipsis vuelven a cobrar protagonismo. El autor comentaría que este fue su proyecto más ambicioso hasta ese momento y, si bien todos los hilos y personajes no acaban de fusionarse en un conjunto del todo bien cohesionado, esa misma involuntaria complejidad puede potenciar la inmersión del lector, que pasa página tras página hasta llegar al final saltando de una subtrama a otra y de un personaje al siguiente aunque a menudo tenga la sensación de que ha perdido el hilo general.

 

La escritura de Mignola no es demasiado evocadora, pero sí transmite la sensación de camaradería que disfrutan los agentes de la AIDP y diferencia las personalidades de los partícipes en la historia, incluidos los villanos, cada uno con su propia agenda y actitud. A veces, la prosa se recarga de forma deliberada para crear la atmósfera que debe imperar en una historia con criaturas de otro mundo que pronuncian discursos crípticos. Algunos de los diálogos entre Rasputín y sus seguidores recuerdan pasajes de los Evangelios, reforzando la sensación de inminente apocalipsis; otros, en cambio, tienen diálogos distendidos y más realistas, incorporando incluso observaciones mordaces y un sentido del humor sardónico.

 

Y, por supuesto y a pesar de toda la atmósfera y el terror, este sigue siendo un cómic mainstream sobre un superdemonio aparentemente indestructible que se enfrenta cuerpo a cuerpo contra los monstruos más grotescos imaginables causando todo tipo de destrozos por el camino.

 

El otro gran atractivo de “Despierta al Diablo” es el arte de Mignola, engañosamente simple pero muy meditado para crear, con tan solo unas pocas líneas o pinceladas, una gran atmósfera y diversidad de ambientes poblados por personajes a menudo inexpresivos. Las aventuras de Hellboy se desarrollan en entornos exageradamente góticos, como, en este caso, un castillo europeo en ruinas o las enormes cavernas de dimensiones catedralicias que se esconden en su subsuelo. Utilizando una narrativa muy cinematográfica, suele intercalar primeros planos de estatuas o murales que contribuyen a intensificar la atmósfera y la tensión, como si lo inanimado tuviera conciencia y se encontrara observando los acontecimientos a la espera de intervenir. De nuevo, mención aparte merece el colorista James Sinclair, que entiende cómo potenciar el ambiente claustrofóbico y onírico concebido por Mignola

 

“Despierta al Demonio”, aunque tiene un guion más deslabazado que “Semilla de Destrucción”, es un comic eficaz en cuanto a su dibujo y su capacidad de fascinar y entretener. No es, eso sí, la mejor puerta de entrada al personaje dado que, como ya dije, dimana en buena parte de la miniserie anterior. Aunque ambos comics cuentan su propia historia, los dos conforman también una epopeya y pueden considerarse una unidad. Y como Rasputín y los nazis no vuelven a aparecer durante un tiempo en la serie, también hay una mayor sensación de cierre en cuanto a los temas abordados (aunque sí queden algunos cabos sueltos, como la escena en la que se descubre un homúnculo).

 

Entre la primera miniserie, “Semilla de Maldad”, y la segunda, “Despierta al Demonio”, pasaron dos años. Tanto en ese intervalo como más adelante, Mignola se sintió más cómodo en un formato por lo demás muy asociado al género del terror: el cuento. Desde el principio, el autor prefirió estructurar el universo de Hellboy a base de relatos breves y miniseries en lugar de una serie abierta con cadencia regular. Al ser un artista muy exigente consigo mismo, comprendió que el formato mensual le impediría dedicarle el tiempo necesario a cada detalle, eligiendo así la única forma de trabajo que le garantizaba la calidad que buscaba.

 

En estas historias, la fórmula solía ser la misma: Hellboy, a iniciativa de la Agencia o llamado por un tercero, solía acudir a algún lugar siniestro, apartado y/o desierto para enfrentarse a algún fenómeno extraño, criatura monstruosa o ser extraído del folklore local que estuviera amenazando la vida de alguien. En varios de estos cuentos, a menudo teñidos de un humor irónico, Mignola fue dejando pistas sobre el origen y propósito original de Hellboy, que luego recogería y daría sentido en “Despierta al Demonio”, así como narrando episodios de su vida desde su niñez, algunos de los cuales serían mencionados también en esa miniserie.

 

En las ediciones integrales que han aparecido recogiendo todo el material publicado del personaje, estos cuentos se han ordenado de acuerdo a la cronología interna de la serie, esto es, empezando por la niñez de Hellboy, que es lo que nos presenta en sólo dos páginas “Tortitas” (“Dark Horse Presents Annual 3”, 1999). La trama es muy sencilla y muestra a Hellboy cuando era niño en 1947, viviendo con los militares en una base de EE. UU. Al principio, el pequeño Hellboy se niega rotundamente a probar las tortitas, diciendo que prefiere sopa de fideos, pero, tras el primer bocado, queda fascinado por su sabor. Lo divertido de la historia es que, simultáneamente, en el Infierno, un grupo de demonios observa la escena con horror: al haber probado el sabor de las tortitas de la Tierra, Hellboy ha quedado "atado" al mundo de los mortales y nunca regresará para liderar las fuerzas del Mal. Los demonios concluyen con desesperación: "Ya no volverá junto a nosotros. Estamos viviendo nuestro peor momento”.

 

Obviamente, “Tortitas” no es más que una anécdota divertida que surgió a raíz de una sugerencia de alguien de la editorial. Mignola pensó que nadie se lo tomaría en serio y que no gustaría demasiado, pero resultó tener más éxito de lo esperado.

 

“La Naturaleza de la Bestia” fue una de las primeras historias de Hellboy que imaginó Mignola, aunque su realización definitiva no llegó hasta mucho más tarde (“Dark Horse Presents” nº 151, febrero 2000). A diferencia de "Tortitas", que es pura comedia, esta historieta (basada en un cuento popular del siglo VI sobre San Leonardo el Ermitaño) establece el tono melancólico y mitológico de la serie. La trama se sitúa en Inglaterra, en 1954. El Club Osiris, una sociedad secreta británica que se mantiene vigilante ante cualquier evento sobrenatural, invita a Hellboy a participar en una "prueba". Le informan sobre la aparición de un peligroso dragón que está asolando la campiña. Aunque escéptico, Hellboy sale a cazar a la bestia y, tras una pelea brutal, logra matarla. Al final del combate, la sangre del dragón se derrama sobre el suelo y, de forma milagrosa, brotan flores de lirio.

 

Cuando Hellboy regresa con los miembros del Club Osiris para contarles lo sucedido, ellos se muestran distantes. Esta es una de las primeras veces que vemos cómo este tipo de sociedades esotéricas temen a Hellboy no por lo que hace, sino por lo que podría llegar a ser (Anung Un Rama, el heraldo del Apocalipsis).

 

Mignola utiliza esta historia para decirnos que, aunque Hellboy tenga cuernos y cola, su alma es capaz de generar vida y bondad. En pocas páginas, condensa el conflicto central de Hellboy: el destino frente al libre albedrío. El hecho de que del fruto de su violencia broten flores hermosas sugiere que, a pesar de su apariencia demoníaca, hay una pureza o una santidad intrínsecas en sus acciones, apuntando la idea de que Hellboy no es "malo" por naturaleza, sino que sus actos definen quién es.

 

En “El Rey Vold” (publicado en el volumen “La Mano Derecha del Destino”, 2000), Mignola vuelve a rescatar tradiciones populares, en este caso dos cuentos, “El Cazador Errante” y “El Gigante Verde”, para unirlos en una historia impregnada de folklore noruego que muestra el lado más sombrío y mitológico de las misiones de Hellboy.

 

En 1956, Hellboy viaja a las montañas de Noruega para ayudar a un profesor y arqueólogo, el Dr. Edig, obsesionado con una leyenda local: la del Rey Vold. Según el mito, era un antiguo monarca que, tras su muerte, fue condenado a cabalgar por las montañas en un caballo blanco, acompañado por sus perros de caza. Se dice que el rey todavía sale de "caza" y que aquel que se cruce en su camino o intente comunicarse con él sufrirá un destino terrible.

 

El profesor Edig, cegado por su deseo de conocimiento, intenta llamar la atención del Rey cuando este aparece en una procesión espectral. Hellboy intenta intervenir para salvar al sabio, pero se encuentra con una entidad que no puede ser derrotada con fuerza física. A diferencia de otros monstruos a los que Hellboy se limita a golpear hasta dejarlos fuera de combate, el Rey Vold es una fuerza elemental de la naturaleza para la que no es adversario. La historia termina muy al estilo de Mignola, esto es, de forma trágica y con un punto de cinismo. El Rey Vold no es un villano con un plan, sino una figura del pasado que, simplemente, sigue sus propias reglas. El profesor termina pagando un alto precio por su curiosidad.

 

A destacar la habilidad con la que Mignola utiliza el espacio negativo y las sombras para representar el frío y la soledad de las montañas noruegas. Con “espacio negativo” se entiende el espacio vacío que rodea al sujeto principal de una imagen. En la mayoría de los cómics, los dibujantes utilizan abundantes líneas para transmitir sensación de volumen. Mignola hace lo contrario: usa grandes manchas de negro puro. A veces, por ejemplo, no dibuja el borde de un brazo, dejando que la sombra del fondo "moldee" la figura. Esto obliga al cerebro del lector a completar la imagen y, así, ve la forma de Hellboy aunque la mitad de su cuerpo sea solo un bloque de color negro que se funde con la oscuridad de una cueva. Se trata de un recurso muy potente que, bien utilizado, genera atmósfera (en este caso sensación de soledad, frío y misterio) y aporta claridad visual al eliminar detalles innecesarios que distraigan el ojo del lector. 

 

"El Cadáver" es, posiblemente, una de las historias más emblemáticas de Hellboy. Publicada originalmente en 1995, en entregas de dos páginas para “Advance Comics” (el catálogo de novedades de la distribuidora Capital City), en ella Mignola adaptó a su manera un cuento popular irlandés titulado “Teig O´Kane y el Cadáver”, al que añadió elementos de otros cuentos, y lo utilizó para resumir lo que viene a ser el trabajo diario de Hellboy: resolver situaciones extrañas que transcurren en los márgenes de la realidad cotidiana.

 

La historia transcurre en Irlanda, en 1959. Hellboy es enviado a ayudar a un matrimonio cuya hija recién nacida ha sido secuestrada por las hadas y sustituida por un "cambiante". Para recuperar a la niña, el protagonista debe cumplir una misión que le imponen esas criaturas mágicas: darle sepultura cristiana al cadáver de un hombre llamado Tam O'Clannie. El problema es que los espíritus de todos los cementerios locales se niegan a aceptar el cuerpo de un hombre tan pecador, y Hellboy tiene que cargar con el cadáver a cuestas durante toda la noche mientras es acosado por distintas criaturas del folklore irlandés.

 

La imagen de Hellboy cargando resignadamente con un muerto que no para de hablar es la esencia misma del personaje: una mezcla perfecta de terror y humor negro. Al final, tras una noche agotadora de peleas y caminatas, logra enterrar el cuerpo en el último momento, salvando a la niña, pero dejando una profunda marca en el mundo sobrenatural de Irlanda, próximo a desaparecer ante el avance de la modernidad. Aquí aparece por primera vez Gruagach, un ser que se convertirá en un adversario recurrente a raíz de la humillante derrota que le inflige Hellboy. 

 

En "Zapatos de Hierro" (publicado originalmente en 1995, en un volumen junto a “El Cadáver”), Mignola vuelve a recurrir al bestiario tradicional, en este caso la figura del Redcap o Gorro Rojo, una de las criaturas más aterradoras y sanguinarias del folklore de las Tierras Bajas de Escocia y la frontera con Inglaterra. Se trata de un anciano bajito pero muy robusto, de ojos rojos brillantes, pelo gris alborotado y colmillos prominentes, que lleva zapatones de hierro y suele vivir en ruinas de castillos o lugares donde se han cometido crímenes atroces o batallas sangrientas.

 

En 1961, en Irlanda, Hellboy se encuentra investigando una antigua torre en ruinas que, según los lugareños, está encantada por un demonio que lleva zapatos de hierro, el sonido de cuyos pasos es un presagio de muerte. A diferencia de otros enfrentamientos casi épicos, ésta historia de seis páginas es casi un entremés: Hellboy entra en la torre y se encuentra con una criatura pequeña, deforme y con grandes zapatones metálicos que lo ataca. La resolución es rápida y cargada de ese humor socarrón característico de la serie, dando a entender que lo sucedido no es más que un día cualquiera en la vida de Hellboy: mientras que el resto del mundo ve a un demonio aterrador, él sólo ve un pesado irritante al que tiene que dar una lección.

 

Baba Yaga, la legendaria bruja del folklore ruso, no es una criatura más en el universo de Hellboy, sino una de sus enemigas más persistentes, aterradoras y fascinantes. Mignola la presentó en la miniserie “Despierta al Diablo” como aliada de Rasputín, contando allí que, en el pasado, Hellboy le arrancó un ojo. Y en el cuento que lleva su nombre, “Baba Yaga”, ambientado en la Rusia de 1964, vemos la cadena de acontecimientos que llevaron a esa mutilación. Hellboy viaja a ese país para investigar la desaparición de varios niños y descubre que la bruja los ha estado secuestrando para comérselos. Sale a su encuentro en un cementerio y, sin apenas pelea, le dispara en la cara y le salta el ojo izquierdo, una pérdida que marcará a la malvada mujer para siempre ya que pierde gran parte de su poder y queda confinada en una dimensión de bolsillo que recrea una Rusia antigua y mítica. Jura venganza eterna contra Hellboy y, desde este momento, cada vez que aparezca, exigirá un "un ojo por ojo".

 

En “Cabezas” (1998), Mignola salta de continente para adaptar un cuento japonés. La trama se sitúa en Kioto, Japón, en el año 1967. Hellboy, aceptando la invitación de un amable anciano, acude a pasar la noche a una casa aislada en las colinas de la que se dice pende una maldición y está ocupada por fantasmas. Allí se encuentran ya otros invitados que, cuando llega la medianoche, el protagonista descubre que son Nukekubi, criaturas de la mitología japonesa cuyas cabezas se desprenden del cuerpo durante la noche para flotar libremente y devorar carne humana. En lugar de simplemente golpearlos, Hellboy utiliza un truco clásico del folclore: mientras las cabezas están fuera cazando, él las priva de sus cuerpos arrojándolos a un pozo. Sin cuerpo al cual regresar, las cabezas quedan vulnerables a la luz del amanecer, letal para ellas. Es una historia de diez páginas en la que Mignola, sin necesidad de incorporar apenas diálogos, captura perfectamente el horror tradicional japonés con su estilo minimalista y sombrío.

 

“Adiós, Señor Tod” (1999) es otro homenaje de Mignola a los monstruos de H.P.Lovecraft. La historia transcurre en 1979, en Portland. Hellboy es enviado a investigar a un hombre llamado Mister Tod, un médium espiritualista que ha llevado sus habilidades demasiado lejos. No es el típico estafador: realmente puede conjurar ectoplasmas y preguntar a los muertos, pero últimamente y a raíz de algunos problemas que le impedían concentrarse, empezó a tomar drogas para desatar sus poderes de contacto con el más allá. Durante su último trance, Tod abre una puerta a una dimensión oscura y trae a la nuestra a un ectoplasma monstruoso que se alimenta de su fluido corporal. Hellboy utiliza una de sus hierbas mágicas para que el ectoplasma vuelva a introducirse en el cuerpo del médium, provocando su explosión. A diferencia de otros enemigos contra los que Hellboy se enfrenta, el Señor Tod es una víctima de su propia ambición que termina sufriendo un destino peor que la muerte. Por otra parte, al introducir el concepto de estas criaturas a mitad de camino entre lo extraterrestre y lo espiritual y con intención de reclamar la Tierra, esta breve historia de ocho páginas sirve como preludio temático para una de las sagas más importantes del personaje, “El Gusano Vencedor”.

 

“El Varcolac” (1998) es la incursión de Mignola en la tradición vampírica rumana. En 1982, Hellboy viaja a Yorkshire, Inglaterra, para culminar la larga búsqueda de los restos de la condesa Ilona Kakosy, cuyo ataúd encuentra en una mansión abandonada. Cuando se dispone a clavarle una estaca, ella despierta violentamente y le advierte de que no está sola. Es entonces cuando se manifiesta el Varcolac, una entidad que no es un simple vampiro, sino algo mucho más antiguo y poderoso que se manifiesta como una criatura colosal, esquelética y de aspecto lupino que parece estar hecha de humo, sombras y estrellas. No lucha con fuerza física, sino que ataca la psique de Hellboy, atrapándolo en una alucinación en la no sólo lo ridiculiza, sino que le revela su naturaleza: “A ti te destrozará completamente. Te hará pedazos y te reducirá a polvo. No por lo que eres, sino por lo que podrías ser y no eres”. Un mensaje que se repite en otros cuentos y que conecta directamente con el dilema nuclear del personaje: su lucha contra su propia naturaleza y su rebeldía frente al destino que otros han escrito para él.

 

"Navidades Subterráneas" (1997) está considerada como una de las mejores historias cortas de la serie. Publicada originalmente en un especial de Navidad de 1997, mezcla la melancolía, el terror gótico y la redención. En la Nochebuena de 1989, Hellboy visita en Inglaterra a una anciana en su lecho de muerte que le entrega un amuleto y le hace una última petición: bajar a las profundidades para salvar el alma de su antaño desaparecida hija Ann, quien se le aparece por las noches. En el cementerio cercano, por donde la muchacha solía ir a dar paseos nocturnos, Hellboy encuentra un pasadizo subterráneo bajo una tumba al término del cual descubre un reino habitado por criaturas que parecen sacadas de una pesadilla victoriana, incluyendo a Ann, que se casó allí con un misterioso príncipe oscuro.

 

El principal logro de esta historia es el contraste que establece Mignola entre el ambiente navideño que reina en el inframundo y la naturaleza de los invitados a esa fiesta, que son cadáveres y espíritus. Por otra parte, mientras Hellboy lucha a puñetazos con el demonio que ha subyugado a Anni, el sacerdote salva a la madre mediante un acto de fe, lo que otorga a la historia un tono espiritual propio de los cuentos navideños más clásicos. Pese a tener el aspecto de un demonio (algo que nunca parece sorprender ni asustar a quienes tratan con él), Hellboy es el único que se preocupa por cumplir la promesa hecha a una anciana desconocida, pasando su Navidad en un agujero inmundo solo para traer paz a un alma perdida. Ese contraste lo utiliza también el autor en el plano gráfico: la oscuridad, frío y ambiente lúgubre de la superficie es lo opuesto a la deslumbrante luz y calidez del inframundo.

 

"El Ataúd Encadenado" (1995) fue un proyecto de adaptación de otro cuento popular en el que Mignola empezó a trabajar antes de crear a Hellboy. Ya inmerso en el universo del personaje, pensó que podía no sólo insertarlo en el mismo con algunos cambios, sino convertirlo en una de las historias más importantes para entender su origen. Y es que lo que experimenta aquí el protagonista –que no interviene directamente en la acción para distorsionar lo menos posible el cuento original- no es el enfrentamiento contra el monstruo de turno, sino una auténtica tragedia personal.

 

La historia, narrada en forma de carta dirigida a Abe Sapiens, cuenta cómo Hellboy regresa a East Bromwich, Inglaterra, el mismo lugar donde apareció por primera vez en nuestro mundo en 1944. Se sienta entre las ruinas de aquella iglesia y es testigo de una visión del pasado que le revela quién fue su madre humana: una bruja llamada Sarah Hughes que, en su lecho de muerte en 1637, arrepentida, intentó retractarse de los pactos que había hecho en su juventud con el infierno. Para proteger su alma, sus dos hijos, un monje y una monja, rodearon su ataúd con cadenas y velaron el cuerpo en suelo sagrado durante tres días y tres noches. En la tercera noche, el mismo padre de Hellboy, un terrorífico demonio, se materializa, mata a los hijos de Sarah y reclama a ésta como esposa, llevándosela con él al infierno.

 

En “El Ataúd Encadenado”, Mignola nos confirma visualmente que Hellboy es el hijo nacido en el infierno de esa unión impía. Es aquí donde se empieza a dar peso a la Mano Derecha del Destino, explicando que Hellboy no es solo un demonio cualquiera, sino uno con un linaje específicamente destinado a desencadenar el Apocalipsis. Sin esta historia, no se puede entender la carga emocional que arrastra el personaje en los volúmenes finales de la serie porque es aquí donde, por fin, comprende que su auténtica lucha no la debe librar contra monstruos encontrados aquí y allá, sino contra su propia "familia" y herencia “biológica”.

 

Mignola utiliza el tono de cuento de hadas más lúgubre posible: sin grandes diálogos ni peleas, pero sí mucho silencio, simbolismos y sensación de decadencia y destino inevitable. La atmósfera está perfectamente conseguida gracias a la ya proverbial habilidad del autor con las sombras, que utiliza para crear imágenes impecablemente equilibradas y sugerentes que parecen sacadas de una vidriera catedralicia. No es de extrañar que muchos coloristas sufran con las páginas de Mignola porque deja en ellas tan poco espacio "en blanco" sobre el que trabajar que el color debe ser muy plano y atmosférico para no arruinar el contraste de los negros. Por eso, el trabajo de Dave Stewart, su colorista habitual, es tan valorado: él entiende que el negro es el protagonista.

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 


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