(Viene de la entrada anterior)
Aunque desde el punto de vista de la cronología interna, a “Semilla de Destrucción” la seguirían algunos relatos cortos a los que se había hecho referencia de pasada en aquella miniserie y de los que hablaré más adelante, la siguiente aventura de cierta extensión (cinco números, de junio a octubre de 1996) fue “Despierta al Demonio”.
Si bien esta miniserie cuenta su propia historia, con principio, desarrollo y desenlace, se inspira y deriva directamente de los acontecimientos narrados en “Semilla de Destrucción”, por lo que no podemos calificarla de completamente autónoma y sí recomendar su lectura consecutiva respecto a aquélla.
Hellboy y varios otros agentes de la Agencia
de Investigación y Defensa Para
normal investigan el asesinato de un antiguo
nazi que desde hacía años dirigía un Museo de los Horrores en Nueva York. Un
crimen que parece estar relacionado con el robo del cadáver de Vladimir
Giurescu, un hombre cuya leyenda se remonta a las guerras napoleónicas y del
que, con el paso de las décadas y los siglos, siempre se había sospechado su
naturaleza vampírica. De hecho, podría incluso haber servido de inspiración para
el mito de Drácula. Así que varios equipos de la AIDP parten hacia diferentes
localizaciones de Rumanía para investigar y, de ser ello necesario, impedir la
resurrección de Giurescu. Hellboy, habida cuenta de sus características
sobrehumanas, va solo y, precisamente, el lugar que le han asignado resulta ser
el castillo del noble desaparecido.
La conexión con “Semilla de Destrucción” radica
en que el robo del cuerpo de Giurescu ha sido perpetrado por la misma camarilla
de exnazis ocultistas liderados por Rasputín cuyo propósito de destruir a la
Humanidad trayendo de vuelta a unos oscuros dioses transdimensionales, fue lo
que condujo a Hellboy a la Tierra. P
ues bien, resulta que Rasputín, aunque su
cuerpo fue destruido al término de aquella primera aventura, ha regresado en
forma espiritual para continuar su misión guiando a sus sicarios. Conforme
avanza la historia, va aportándose más información respecto a la razón de la
presencia de Hellboy en la Tierra y atando cabos pendientes de la miniserie
anterior.
Parte del atractivo de los comics de Hellboy
reside en que Mignola no es solo alguien que cultivó su amor por el terror y la
fantasía oscura a partir de las novelas de Stephen King y las películas de terror
de la Hammer, sino que posee una amplia cultura en el ámbito de las leyendas
antiguas, mitos y cuentos de hadas. “Hellboy” está impregnado de ese sabor
folclórico combinado con una atmósfera onírica que facilita que no todo lo que
ocurre tiene una explicación racional. “Despierta al Demonio” transita por una
fina línea, siempre a punto de perder el foco y degenerar en una narración
errática y desordenada en la que las ideas e imágenes no acaban de encontrar su
lugar en un todo coherente. De hecho, próximo el final de la historia, el
propio Hellboy comenta que ni siq
uiera él está seguro de lo que ha sucedido: “No sabíamos qué demonios estaba pasando y
seguimos igual. Yo estaba en el centro de todo, y creo que sólo vi la punta del
iceberg". Sin embargo, el lector sí tiene una mejor visión global dado
que ha presenciado escenas y conversaciones en las que Hellboy no participó.
El propio Mignola reconoció que la historia acabó desviándose en una dirección diferente a la inicialmente pretendida. Giurescu, que era de quién, en principio, trata la historia, queda enseguida relegado a un segundo plano mientras Rasputín y sus planes para el apocalipsis vuelven a cobrar protagonismo. El autor comentaría que este fue su proyecto más ambicioso hasta ese momento y, si bien todos los hilos y personajes no acaban de fusionarse en un conjunto del todo bien cohesionado, esa misma involuntaria complejidad puede potenciar la inmersión del lector, que pasa página tras página hasta llegar al final saltando de una subtrama a otra y de un personaje al siguiente aunque a menudo tenga la sensación de que ha perdido el hilo general.
La escritura de Mignola no es demasiado
evocadora, pero sí transmite la sensación de camaradería que disfrutan los
agentes de la AIDP y diferencia las personalidades de los partícipes en la
historia, incluidos los villanos, cada uno con su propia agenda y actitud. A
veces, la prosa se recarga de forma deliberada para crear la atmósfera que debe
imperar en una historia con criaturas de otro mundo que pronuncian discursos
crípticos. Algunos de los diálogos entre Rasputín y sus seguidores recuerdan
pasajes de los Evangelios, reforzando la sensación de inminente apocalipsis;
otros, en cambio, tienen diálogos distendidos y más realistas, incorporando
incluso observaciones mordaces y un sentido del humor sardónico.
Y, por supuesto y a pesar de toda la atmósfera y el terror, este sigue siendo un cómic mainstream sobre un superdemonio aparentemente indestructible que se enfrenta cuerpo a cuerpo contra los monstruos más grotescos imaginables causando todo tipo de destrozos por el camino.
El otro gran atractivo de “Despierta al
Diablo” es el arte de Mignola, engaños
amente simple pero muy meditado para
crear, con tan solo unas pocas líneas o pinceladas, una gran atmósfera y
diversidad de ambientes poblados por personajes a menudo inexpresivos. Las
aventuras de Hellboy se desarrollan en entornos exageradamente góticos, como,
en este caso, un castillo europeo en ruinas o las enormes cavernas de
dimensiones catedralicias que se esconden en su subsuelo. Utilizando una
narrativa muy cinematográfica, suele intercalar primeros planos de estatuas o
murales que contribuyen a intensificar la atmósfera y la tensión, como si lo
inanimado tuviera conciencia y se encontrara observando los acontecimientos a
la espera de intervenir. De nuevo, mención aparte merece el colorista James
Sinclair, que entiende cómo potenciar el ambiente claustrofóbico y onírico
concebido por Mignola
“Despierta al Demonio”, aunque tiene un guion
más deslabazado que “Semilla de Destrucción”, es un comic eficaz en cuanto a su
dibujo y su capacidad de fascinar y entretener. No es, eso sí, la mejor puerta
de entrada al p
ersonaje dado que, como ya dije, dimana en buena parte de la
miniserie anterior. Aunque ambos comics cuentan su propia historia, los dos
conforman también una epopeya y pueden considerarse una unidad. Y como Rasputín
y los nazis no vuelven a aparecer durante un tiempo en la serie, también hay
una mayor sensación de cierre en cuanto a los temas abordados (aunque sí queden
algunos cabos sueltos, como la escena en la que se descubre un homúnculo).
Entre la primera miniserie, “Semilla de Maldad”, y la segunda, “Despierta al Demonio”, pasaron dos años. Tanto en ese intervalo como más adelante, Mignola se sintió más cómodo en un formato por lo demás muy asociado al género del terror: el cuento. Desde el principio, el autor prefirió estructurar el universo de Hellboy a base de relatos breves y miniseries en lugar de una serie abierta con cadencia regular. Al ser un artista muy exigente consigo mismo, comprendió que el formato mensual le impediría dedicarle el tiempo necesario a cada detalle, eligiendo así la única forma de trabajo que le garantizaba la calidad que buscaba.
En estas historias, la fórmula solía ser la
misma: Hellboy, a iniciativa de la Ag
encia o llamado por un tercero, solía
acudir a algún lugar siniestro, apartado y/o desierto para enfrentarse a algún
fenómeno extraño, criatura monstruosa o ser extraído del folklore local que
estuviera amenazando la vida de alguien. En varios de estos cuentos, a menudo
teñidos de un humor irónico, Mignola fue dejando pistas sobre el origen y
propósito original de Hellboy, que luego recogería y daría sentido en
“Despierta al Demonio”, así como narrando episodios de su vida desde su niñez,
algunos de los cuales serían mencionados también en esa miniserie.
En las ediciones integrales que han aparecido
recogiendo todo el material publicado del personaje, estos cuentos se han
ordenado de acuerdo a la cronología interna de la serie, esto es, empezando por
la niñez de Hellboy, que es lo que nos presenta en sólo dos páginas “Tortitas”
(“Dark Horse Presents Annual 3”, 1999). La trama es muy sencilla y muestra a
Hellboy cuando era niño en 1947, viviendo con los militares en una base de EE.
UU. Al principio, el pequeño Hellboy se niega rotundamente a probar las
tortitas, d
iciendo que prefiere sopa de fideos, pero, tras el primer bocado,
queda fascinado por su sabor. Lo divertido de la historia es que,
simultáneamente, en el Infierno, un grupo de demonios observa la escena con
horror: al haber probado el sabor de las tortitas de la Tierra, Hellboy ha
quedado "atado" al mundo de los mortales y nunca regresará para
liderar las fuerzas del Mal. Los demonios concluyen con desesperación: "Ya no volverá junto a nosotros. Estamos
viviendo nuestro peor momento”.
Obviamente, “Tortitas” no es más que una anécdota divertida que surgió a raíz de una sugerencia de alguien de la editorial. Mignola pensó que nadie se lo tomaría en serio y que no gustaría demasiado, pero resultó tener más éxito de lo esperado.
“La Naturaleza de la Bestia” fue una de las
primeras historias de Hellboy que imaginó Mignola, aunque su realización
definitiva no llegó hasta mucho más tarde (“Dark Horse Presents” nº 151,
febrero 2000
). A diferencia de "Tortitas", que es pura comedia, esta
historieta (basada en un cuento popular del siglo VI sobre San Leonardo el
Ermitaño) establece el tono melancólico y mitológico de la serie. La trama se
sitúa en Inglaterra, en 1954. El Club Osiris, una sociedad secreta británica
que se mantiene vigilante ante cualquier evento sobrenatural, invita a Hellboy
a participar en una "prueba". Le informan sobre la aparición de un
peligroso dragón que está asolando la campiña. Aunque escéptico, Hellboy sale a
cazar a la bestia y, tras una pelea brutal, logra matarla. Al final del
combate, la sangre del dragón se derrama sobre el suelo y, de forma milagrosa,
brotan flores de lirio.
Cuando Hellboy regresa con los miembros del Club Osiris para contarles lo sucedido, ellos se muestran distantes. Esta es una de las primeras veces que vemos cómo este tipo de sociedades esotéricas temen a Hellboy no por lo que hace, sino por lo que podría llegar a ser (Anung Un Rama, el heraldo del Apocalipsis).
Mignola utiliza esta historia para decirnos
que, aunque Hellboy tenga cuernos y cola, su alma es capaz de generar vida y
bondad. En pocas páginas, condensa el conflicto central de Hellboy: el destino
frente al libre albedrío. El hecho de que del fruto de su violencia broten
flores hermosas sugiere que, a pesar de su apariencia demoníaca, hay
una pureza
o una santidad intrínsecas en sus acciones, apuntando la idea de que Hellboy no
es "malo" por naturaleza, sino que sus actos definen quién es.
En “El Rey Vold” (publicado en el volumen “La Mano Derecha del Destino”, 2000), Mignola vuelve a rescatar tradiciones populares, en este caso dos cuentos, “El Cazador Errante” y “El Gigante Verde”, para unirlos en una historia impregnada de folklore noruego que muestra el lado más sombrío y mitológico de las misiones de Hellboy.
En 1956, Hellboy viaja a las montañas de Noruega para ayudar a un profesor y arqueólogo, el Dr. Edig, obsesionado con una leyenda local: la del Rey Vold. Según el mito, era un antiguo monarca que, tras su muerte, fue condenado a cabalgar por las montañas en un caballo blanco, acompañado por sus perros de caza. Se dice que el rey todavía sale de "caza" y que aquel que se cruce en su camino o intente comunicarse con él sufrirá un destino terrible.
El profesor Edig, cegado por su deseo de
conocimiento, intenta llamar la atención del Rey cuando este aparece en una
procesión espectral. Hellboy intenta inter
venir para salvar al sabio, pero se
encuentra con una entidad que no puede ser derrotada con fuerza física. A
diferencia de otros monstruos a los que Hellboy se limita a golpear hasta
dejarlos fuera de combate, el Rey Vold es una fuerza elemental de la naturaleza
para la que no es adversario. La historia termina muy al estilo de Mignola,
esto es, de forma trágica y con un punto de cinismo. El Rey Vold no es un
villano con un plan, sino una figura del pasado que, simplemente, sigue sus
propias reglas. El profesor termina pagando un alto precio por su curiosidad.
A destacar la habilidad con la que Mignola utiliza
el espacio negativo y las sombras para representar el frío y la soledad de las
montañas noruegas. Con “espacio negativo” se entiende el espacio vacío que
rodea al sujeto principal de una imagen. En la mayoría de los cómics, los
dibujantes utilizan abundantes líneas para transmitir sensación de volumen.
Mignola hace lo contrario: usa grandes manchas de negro puro. A veces, por
ejemplo, no dibuja el borde de un brazo, dejando que la sombra del fondo
"moldee" la figura. Esto obliga al cerebro del lector a completar la
imagen y, así, ve la forma de Hellboy aunque la mitad de su cuerpo sea solo un
bloque de color negro que se funde con la oscuridad d
e una cueva. Se trata de
un recurso muy potente que, bien utilizado, genera atmósfera (en este caso
sensación de soledad, frío y misterio) y aporta claridad visual al eliminar
detalles innecesarios que distraigan el ojo del lector.
"El Cadáver" es, posiblemente, una de las historias más emblemáticas de Hellboy. Publicada originalmente en 1995, en entregas de dos páginas para “Advance Comics” (el catálogo de novedades de la distribuidora Capital City), en ella Mignola adaptó a su manera un cuento popular irlandés titulado “Teig O´Kane y el Cadáver”, al que añadió elementos de otros cuentos, y lo utilizó para resumir lo que viene a ser el trabajo diario de Hellboy: resolver situaciones extrañas que transcurren en los márgenes de la realidad cotidiana.
La historia transcurre en Irlanda, en 1959.
Hellboy es enviado a ayudar a un matrimonio cuya hija recién nacida ha sido
secuestrada por las hadas y sustituida por un "cambiante". Para
recuperar a la ni
ña, el protagonista debe cumplir una misión que le imponen
esas criaturas mágicas: darle sepultura cristiana al cadáver de un hombre
llamado Tam O'Clannie. El problema es que los espíritus de todos los
cementerios locales se niegan a aceptar el cuerpo de un hombre tan pecador, y
Hellboy tiene que cargar con el cadáver a cuestas durante toda la noche
mientras es acosado por distintas criaturas del folklore irlandés.
La imagen de Hellboy cargando resignadamente con un muerto que no para de hablar es la esencia misma del personaje: una mezcla perfecta de terror y humor negro. Al final, tras una noche agotadora de peleas y caminatas, logra enterrar el cuerpo en el último momento, salvando a la niña, pero dejando una profunda marca en el mundo sobrenatural de Irlanda, próximo a desaparecer ante el avance de la modernidad. Aquí aparece por primera vez Gruagach, un ser que se convertirá en un adversario recurrente a raíz de la humillante derrota que le inflige Hellboy.
En
"Zapatos de Hierro" (publicado
originalmente en 1995, en un volumen junto a “El Cadáver”), Mignola vuelve a
recurrir al bestiario tradicional, en este caso la figura del Redcap o Gorro
Rojo, una de las criaturas más aterradoras y sanguinarias del folklore de las
Tierras Bajas de Escocia y la frontera con Inglaterra. Se trata de un anciano
bajito pero muy robusto, de ojos rojos brillantes, pelo gris alborotado y
colmillos prominentes, que lleva zapatones de hierro y suele vivir en ruinas de
castillos o lugares donde se han cometido crímenes atroces o batallas
sangrientas.
En 1961, en Irlanda, Hellboy se encuentra
investigando una antigua torre en ruinas que, según los lugareños, está
encantada por un demonio que lleva zapatos de hierro, el sonido de cuyos pasos es
un presagio de muerte. A diferencia de otros enfrentamientos casi épicos, ésta
historia de seis páginas es casi un entremés: Hellboy entra en la torre y se
encuentra con una criatura pequeña, deforme y con grandes zapatones metálicos
que lo ataca. La resolución es rápida y cargada de ese humor socarrón
característico de la serie, dando a entender que lo sucedido no es más que un
día cualquiera en la vida de Hellboy: mientras que el resto del mundo ve a u
n demonio
aterrador, él sólo ve un pesado irritante al que tiene que dar una lección.
Baba Yaga, la legendaria bruja del folklore ruso, no es una criatura más en el universo de Hellboy, sino una de sus enemigas más persistentes, aterradoras y fascinantes. Mignola la presentó en la miniserie “Despierta al Diablo” como aliada de Rasputín, contando allí que, en el pasado, Hellboy le arrancó un ojo. Y en el cuento que lleva su nombre, “Baba Yaga”, ambientado en la Rusia de 1964, vemos la cadena de acontecimientos que llevaron a esa mutilación. Hellboy viaja a ese país para investigar la desaparición de varios niños y descubre que la bruja los ha estado secuestrando para comérselos. Sale a su encuentro en un cementerio y, sin apenas pelea, le dispara en la cara y le salta el ojo izquierdo, una pérdida que marcará a la malvada mujer para siempre ya que pierde gran parte de su poder y queda confinada en una dimensión de bolsillo que recrea una Rusia antigua y mítica. Jura venganza eterna contra Hellboy y, desde este momento, cada vez que aparezca, exigirá un "un ojo por ojo".
En “Cabezas” (1998), Mignola salta de
continente para adaptar un cuento japonés. La trama se sitúa en Kioto, Japón,
en el año 1967. Hellboy, aceptando la invitación de un amable anciano, acude a
pasar la noche a una casa aislada en las colinas de la que se dice pende una
maldición y está ocupada por fantasmas. Allí se encuentran ya otros invitados
que, cuando llega la medianoche, el protagonista descubre que son Nukekubi,
criaturas de la mitología japonesa cuyas cabezas se desprenden del cuerpo
durante la noche para flotar libremente y devorar carne humana. En lugar de
simplemente golpearlos, Hellboy utiliza un truco clásico del folclore: mientras
las cabezas están fuera cazando, él las priva de sus cuerpos arrojándolos a un
pozo. Sin cuerpo al cual regresar, las cabezas quedan vulnerables a la luz del
amanecer, letal para ellas. Es una historia de diez páginas en la que Mignola,
sin necesidad de incorporar apenas diálogos, captura perfectamente el horror
tradicional japonés con su estilo minimalista y sombrío.
“Adiós, Señor Tod” (1999) es otro homenaje de
Mignola a los monstruos
de H.P.Lovecraft. La historia transcurre en 1979, en
Portland. Hellboy es enviado a investigar a un hombre llamado Mister Tod, un
médium espiritualista que ha llevado sus habilidades demasiado lejos. No es el
típico estafador: realmente puede conjurar ectoplasmas y preguntar a los
muertos, pero últimamente y a raíz de algunos problemas que le impedían
concentrarse, empezó a tomar drogas para desatar sus poderes de contacto con el
más allá. Durante su último trance, Tod abre una puerta a una dimensión oscura y
trae a la nuestra a un ectoplasma monstruoso que se alimenta de su fluido
corporal. Hellboy utiliza una de sus hierbas mágicas para que el ectoplasma
vuelva a introducirse en el cuerpo del médium, provocando su explosión. A
diferencia de otros enemigos contra los que Hellboy se enfrenta, el Señor Tod
es una víctima de su propia ambición que termina sufriendo un destino peor que
la muerte. Por otra parte, al introducir el concepto de estas criaturas a mitad
de camino entre lo extraterrestre y lo espiritual y con intención de reclamar
la Tierra, esta breve historia de ocho páginas sirve como preludio temático
para una de las sagas más importantes del personaje, “El Gusano Vencedor”.
“El V
arcolac” (1998) es la incursión de
Mignola en la tradición vampírica rumana. En 1982, Hellboy viaja a Yorkshire,
Inglaterra, para culminar la larga búsqueda de los restos de la condesa Ilona
Kakosy, cuyo ataúd encuentra en una mansión abandonada. Cuando se dispone a
clavarle una estaca, ella despierta violentamente y le advierte de que no está
sola. Es entonces cuando se manifiesta el Varcolac, una entidad que no es un
simple vampiro, sino algo mucho más antiguo y poderoso que se manifiesta como
una criatura colosal, esquelética y de aspecto lupino que parece estar hecha de
humo, sombras y estrellas. No lucha con fuerza física, sino que ataca la psique
de Hellboy, atrapándolo en una alucinación en la no sólo lo ridiculiza, sino
que le revela su naturaleza: “A ti te
destrozará completamente. Te hará pedazos y te reducirá a polvo. No por lo que
eres, sino por lo que podrías ser y no eres”. Un mensaje que se repite en
otros cuentos y que conecta directamente con el dilema nuclear del personaje:
su lucha contra su propia naturaleza y su rebeldía frente al destino que otros
han escrito para él.
"Navidades Subterráneas" (1997) está
considerada como una de las mejores historias cortas de la serie. Publicada
originalmente en un especial de Navidad de 1997
, mezcla la melancolía, el
terror gótico y la redención. En la Nochebuena de 1989, Hellboy visita en Inglaterra
a una anciana en su lecho de muerte que le entrega un amuleto y le hace una
última petición: bajar a las profundidades para salvar el alma de su antaño
desaparecida hija Ann, quien se le aparece por las noches. En el cementerio
cercano, por donde la muchacha solía ir a dar paseos nocturnos, Hellboy
encuentra un pasadizo subterráneo bajo una tumba al término del cual descubre
un reino habitado por criaturas que parecen sacadas de una pesadilla
victoriana, incluyendo a Ann, que se casó allí con un misterioso príncipe
oscuro.
El principal logro de esta historia es el
contraste que establece Mignola entre el ambiente navideño que reina en el
inframundo y la naturaleza de los invitados a esa fiesta, que son cadáveres y
espíritus. Por otra parte, mientras Hellboy lucha a puñetazos con el demonio
que ha subyugado a Anni, el sacerdote salva a la madre mediante un acto de fe,
lo que otorga a la historia un tono espiritual propio de los cuentos navideños
más clásicos. Pese a tener el aspecto de un demonio (algo que nunca parece
sorprender ni asustar a quienes tratan con él), He
llboy es el único que se
preocupa por cumplir la promesa hecha a una anciana desconocida, pasando su
Navidad en un agujero inmundo solo para traer paz a un alma perdida. Ese
contraste lo utiliza también el autor en el plano gráfico: la oscuridad, frío y
ambiente lúgubre de la superficie es lo opuesto a la deslumbrante luz y calidez
del inframundo.
"El Ataúd Encadenado" (1995) fue un proyecto de adaptación de otro cuento popular en el que Mignola empezó a trabajar antes de crear a Hellboy. Ya inmerso en el universo del personaje, pensó que podía no sólo insertarlo en el mismo con algunos cambios, sino convertirlo en una de las historias más importantes para entender su origen. Y es que lo que experimenta aquí el protagonista –que no interviene directamente en la acción para distorsionar lo menos posible el cuento original- no es el enfrentamiento contra el monstruo de turno, sino una auténtica tragedia personal.
La historia, narrada en forma de carta
dirigida a Abe Sapiens, cuenta cómo H
ellboy regresa a East Bromwich,
Inglaterra, el mismo lugar donde apareció por primera vez en nuestro mundo en
1944. Se sienta entre las ruinas de aquella iglesia y es testigo de una visión
del pasado que le revela quién fue su madre humana: una bruja llamada Sarah
Hughes que, en su lecho de muerte en 1637, arrepentida, intentó retractarse de
los pactos que había hecho en su juventud con el infierno. Para proteger su
alma, sus dos hijos, un monje y una monja, rodearon su ataúd con cadenas y velaron
el cuerpo en suelo sagrado durante tres días y tres noches. En la tercera
noche, el mismo padre de Hellboy, un terrorífico demonio, se materializa, mata
a los hijos de Sarah y reclama a ésta como esposa, llevándosela con él al
infierno.
En “El Ataúd Encadenado”, Mignola nos confirma
visualmente que Hellboy es el hijo nacido en el infierno de esa unión impía. Es
aquí donde se empieza a dar peso a la Mano Derecha del Destino, explicando que
Hellboy no es solo un demonio cualquiera, sino uno con un linaje
específicamente destinado a desencadenar el Apocalipsis. Sin esta historia, no
se puede entender la carga emocional que arrastra el perso
naje en los volúmenes
finales de la serie porque es aquí donde, por fin, comprende que su auténtica
lucha no la debe librar contra monstruos encontrados aquí y allá, sino contra
su propia "familia" y herencia “biológica”.
Mignola utiliza el tono de cuento de hadas más lúgubre posible: sin grandes diálogos ni peleas, pero sí mucho silencio, simbolismos y sensación de decadencia y destino inevitable. La atmósfera está perfectamente conseguida gracias a la ya proverbial habilidad del autor con las sombras, que utiliza para crear imágenes impecablemente equilibradas y sugerentes que parecen sacadas de una vidriera catedralicia. No es de extrañar que muchos coloristas sufran con las páginas de Mignola porque deja en ellas tan poco espacio "en blanco" sobre el que trabajar que el color debe ser muy plano y atmosférico para no arruinar el contraste de los negros. Por eso, el trabajo de Dave Stewart, su colorista habitual, es tan valorado: él entiende que el negro es el protagonista.
(Continúa en la siguiente entrada)

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