31 ago 2022

1981- DAZZLER (y 5)


(Viene de la entrada anterior)

En este punto, tenemos que hacer un paréntesis en el recorrido por la serie regular dado que la historia de la heroína continúa en una novela gráfica que apareció en 1984, “Dazzler The Movie”, escrita por Jim Shooter y dibujada por Frank Springer y Vince Colletta.

 

Después de una de sus clases de aerobic, un hombre llamado Eric Beale aborda a Alison y le pide salir. Ella declina la invitación arguyendo que la política del gimnasio prohíbe a los monitores tener citas con los alumnos. Pero Beale no es un tipo cualquiera y compra el gimnasio para cambiar esa política aunque Alison sigue sin ceder a sus pretensiones. Unos días después, se encuentra con la sorpresa de que Roman Nekoboh ha anunciado a la prensa que va a protagonizar una película con ella, un proyecto del que no tenía la menor noticia. Cuando regresa a su apartamento, Roman la está esperando y trata de imponérsele, pero Alison detiene sus avances.

 

Sin embargo, el actor, en horas bajas y necesitado de dinero, no va a aceptar fácilmente un “no” por respuesta en lo que a la película se refiere y Alison acaba aceptando con reparos. Sorprendentemente, mientras tratan de encontrar la película adecuada, acaban estableciendo una relación más afectuosa y convirtiéndose en pareja (lo cual es lo más inverosímil de toda la historia). El problema es que nadie quiere financiarles dado que Dazzler había sido vista con los X-Men, lo que la señala automáticamente como mutante. Dada la histeria antimutante que permea la sociedad, tener a uno de ellos en el reparto podría significar un desastre económico. Al final, no tienen más remedio que recurrir a Eric Beale. 

 

Un día y sin previo aviso, Alison se encuentra con un titular en el periódico que afirma que es una mutante. El responsable de la filtración es Nekoboh, que intenta utilizar esa información como publicidad para la película. Es más, quiere que Alison exhiba sus poderes públicamente para demostrar que no hay nada que temer. Como era previsible, en lugar de apaciguar el temor popular, sus poderes no hacen más que aumentarlo y el sentimiento anti-mutante termina por hacer mella en la producción del film que, por otra parte, pretende lanzar un mensaje defendiendo la convivencia de humanos y mutantes. El resultado es una buena película… que nadie verá nunca. Beale, que es quien ha estado manipulando todo el tiempo a Nekoboh, es el único que posee una copia de la misma. Llama a Alison para chantajearla: distribuirá la cinta si ella se aviene a firmar un contrato en exclusiva con él. Cuando la actriz se niega, Beale destruye la película y se marcha.

 

En esta novela gráfica ya pueden encontrarse los temas que alimentarían el “Nuevo Universo” de Jim Shooter y sus posteriores comics de la editorial Valiant: superhéroes con un trasfondo realista, pocos disfraces y escasos supervillanos. Es como si Shooter, que llevaba escribiendo superhéroes profesionalmente desde su adolescencia, buscara cómo alejarse de la fantasía desbordada pero sin dejar de satisfacer la demanda del mercado. El resultado es este terreno intermedio entre lo “super” y lo humano. Pues bien, lo que encontramos en las 62 páginas de “Dazzler The Movie” es más drama que aventura.

 

Da la impresión de que Shooter hubiera extraído su inspiración de alguno de aquellos viejos melodramas de Hollywood protagonizados por una jovencita ingenua que trata de abrirse paso como actriz en una jungla de codicia y engaños (como “Ha Nacido Una Estrella” 1937), y decidiera llevar esa fórmula al campo de los superhéroes y, concretamente, al de los mutantes, introduciendo de paso el tema de la “amenaza mutante” tan popular ya por entonces en los comics Marvel. Hay que alabar la audacia de Shooter al tratar de demostrar que el género de los superhéroes podía servir para contar historias más complejas que el típico enfrentamiento contra supervillanos disfrazados y egomaniacos.

 

El problema reside en la ejecución. Como guionista, Shooter tenía sus fortalezas y debilidades. No puede negársele una ambición genuina por bajar a los personajes superheroicos de sus pedestales y explorar su parte más humana. Su trabajo en el Nuevo Universo (“Star Brand”) y Valiant es buena prueba de ese enfoque entonces inusual, sin mucha acción y con un ritmo pausado tanto en su estructura como en sus tramas. Pero, al mismo tiempo, esa visión se veía lastrada por un estilo demasiado directo y nada sutil propio del comic-book. Por cada personaje complejo y multidimensional, había otro igualmente tópico, soso y predecible. Con todo, Shooter sabía mantener el ritmo: no es fácil escribir 62 páginas sin apenas acción física ni aventura y que el lector medio siga pasando página tras página hasta el final.

 

Por otra parte, no parece que Shooter tuviera idea de cómo funcionaba realmente el negocio del espectáculo, lo que agrieta la verosimilitud de la historia y la convierte en algo tan fantástico como un combate con monstruos alienígenas. Reitero mi sospecha de haberse fijado en las películas de treinta o cuarenta años antes (que tampoco eran particularmente fieles a la realidad de Hollywood). Mi anterior mención a “Ha Nacido Una Estrella” parece justificada habida cuenta de que la trama incluye a un famoso actor maduro en decadencia profesional y física que se asocia profesional y sentimentalmente con una jovencita en ascenso y que comienza maravillada por el glamour de lo que cree un cuento de hadas solo para darse cuenta gradualmente de que está perdiendo su identidad y empezar a reafimarse y tomar el control de su destino.

 

En el mismo sentido, la relación entre Alison y Roman es, cuanto menos grimosa, si recordamos la decadencia física que de él se nos había mostrado en la serie regular. Y eso por no hablar de las confusas señales que lanza el hecho de que, tras rechazar sus propuestas sexuales al principio, Alison acabe enamorándose de él: ¿acoso sexual mezclado con la utilización del sexo como arma para impulsar la propia carrera artística? No parece la misma Alison que habíamos visto hasta el momento. Y, desde luego, este material sería inadmisible hoy, en plena época del MeToo.

 

El tema del sentimiento antimutante está tratado también de forma un tanto burda teniendo en cuenta las ambiciones que evidentemente tenía Shooter para esta historia. Algunas veces, representar sutilmente el prejuicio es más desasosegante y eficaz que mostrar turbas enfurecidas irrumpiendo en unos estudios de cine, sobre todo cuando esto parece incoherente con que en otras escenas Dazzler pueda caminar despreocupadamente por las calles de Los Ángeles.

 

En cuanto al apartado artístico, poco nuevo se puede decir dado que se trata del mismo equipo que se encargaba de la serie regular. Hay que admitir que aquí Springer y Colletta realizan un trabajo algo mejor, aunque lastrado por su escaso dinamismo. Es un estilo plano aunque narrativamente eficaz que Shooter luego adoptaría en sus comics de Valiant: cuenta la historia, transmite lo que el guionista desea, pero sin causar la menor emoción en el lector. Aunque mantener a Springer y Colletta como dibujante y entintador respectivamente garantizaba una continuidad visual con la colección mensual, no es menos cierto que el lector tenía derecho a esperar y exigir un trabajo gráfico superior en la colección de Novelas Gráficas.

 

Inicialmente, las novelas gráficas con las que Marvel abrió esta nueva línea editorial supieron aprovechar la no injerencia del Comics Code Authority, la cesión de derechos de autor a los creadores y la mejor calidad de papel y reproducción para tentar a autores de talento dispuestos a contar historias diferentes y más arriesgadas gráfica y conceptualmente, como Jim Starlin, P.Craig Russell, Walter Simonson, Rick Veitch, Steve Gerber, Mike Kaluta… Pero a no mucho tardar, empezaron a incluir también historias que no eran mucho mejores que las que se publicaban en las colecciones regulares, como “Los Nuevos Mutantes” o esta que ahora nos ocupa. Un poco más filo en la historia y la representación de las figuras (hay un casi desnudo de Dazzler), personajes que se acuestan (fuera de plano ¿eh?)… pero por lo demás un material que no merecía una edición de lujo y que hubiera encontrado perfecto acomodo en la serie mensual.

 

Más o menos por entonces, apareció una serie limitada de cuatro números, “La Bella y la Bestia” (diciembre 84-junio 85), coprotagonizada por Dazzler (la Bella del título), escrita por Ann Nocenti y dibujada por Don Perlin y Kim DeMulder. La Bestia en cuestión es Hank McCoy, mutante, X-Man, Vengador y, por entonces, miembro de Los Defensores.  

 

El origen de esta miniserie se encontraba en el deseo de Marvel de captar más lectoras. El público que acudía a las convenciones y los remitentes de correo a las colecciones eran casi todos masculinos y nadie en la editorial se explicaba muy bien la causa. Hicieron algún intento con colecciones realizadas por mujeres, como “Misty”, escita por Ann Nocenti y dibujada por Trina Robbins; o “Power Pack”, con Louise Simonson. “La Bella y la Bestia” trató de atraer a las lectoras con una historia de amor entre dos superhéroes.

 

En una fiesta de Hollywood, Alison trata de pasar desapercibida tras haberse revelado en la novela gráfica su condición de mutante. Un tal Alexander Flynn se le acerca afirmando que conoce a alguien dispuesto a contratar mutantes, y le presenta a Hugo Longride, al que le gusta lo que ve y la contrata sin pensárselo dos veces. Lo que no sabe Alison, es que Flynn es el hijo del Doctor Muerte.

 

Hank McCoy, la Bestia, que está en Los Ángeles de vacaciones, se encuentra con Alison y trata de convencerla de que no participe en lo que parece un negocio turbio y ella, que está perdiendo el control sobre sus poderes, accede. La Bestia va a buscarla al Heartbreak Hotel, un refugio para mutantes que o no quieren usar sus poderes o éstos son inútiles (esto sucedía al mismo tiempo que el evento “Masacre Mutante” en los títulos de X-Men). Allí, los dos empiezan un romance que, una vez más, resulta inverosímil: ¿la reina rubia y cabeza hueca de la música disco con un intelectual como Hank? Ni siquiera Ann Nocenti, a tenor de sus declaraciones, se creía lo que estaba escribiendo, y se nota.

 

Pero Flynn reaparece para exigirle a Alison que cumpla con su contrato y cuando ésta lo acompaña, se encuentra conque su trabajo no consiste en cantar. Hugo dirige un espectáculo ilegal de combates de gladiadores a los que asisten los ricos para ver matarse entre sí a los mutantes. Es un escenario que Nocenti, que también trabajaba de periodista, sacó de un artículo que estaba escribiendo sobre peleas ilegales entre presidiarios organizadas por los celadores. La Bestia trataba de rescatarla y acababa en la arena luchando contra ella.

 

Por otra parte, Flynn decide quitar de enmedio a Hugo y resulta muerto en un motín de mutantes. O eso es lo que parece. Resulta que Hugo era un robot enviado por el Doctor Muerte para vigilar a su hijo y cuando deja de recibir información, opta por involucrarse personalmente. Otros mutantes empiezan a sentirse muy recelosos hacia Flynn y descubren que, además de tener él poderes de manipulación, les está administrando drogas para mantenerlos bajo su control (drogas que eran la causa de las perturbaciones en los poderes de Dazzler). Cuando llega el Doctor Muerte, reniega de Flynn y pone fin a su nefando tinglado.

 

Resulta difícil de creer que la guionista de esta miniserie fuera la misma que tan solo unos meses después empezara a escribir una de las mejores etapas de Daredevil. Parece a todas luces un encargo que llevó a cabo sin ganas y que resultó en una historia dispersa, aburrida e incoherente. Para colmo, no le hicieron ningún favor asignándole a Don Perlin como dibujante, alguien que por alguna razón había conseguido alcanzar el estatus de veterano de la casa (entró en Marvel en 1974), pero cuyo estilo ya parecía anticuado diez años antes y que, aparte de poder contar una historia en viñetas, tenía un dibujo soso y mecánico con el que jamás pudo ofrecer ni un solo momento memorable. En fin, una miniserie decepcionante en todos los aspectos, pero cuya idea central, la del circo de gladiadores mutantes, volvería a emerger en la franquicia mutante poco después, concretamente en “Los Nuevos Mutantes”.  

 

Y tras este largo interludio, regresamos a la serie mensual, concretamente a su número 35 (enero 85), el último escrito por Shooter y Springer, pasando Mike Carlin al puesto de editor. Tras los acontecimientos narrados en la novela gráfica, Alison sigue tratando de encontrar un empleo, pero su condición mutante lo hace imposible. Incluso sus caseros la invitan a abandonar el apartamento. Al final, se emplea de camarera en un club solo para mujeres (que, aunque no se diga explícitamente, tiene todo el aspecto de ser un establecimiento para lesbianas). Allí, un grupo de patinadoras agresivas le complican la vida al personal y Alison se ve obligada a participar en una gresca de la que sale victoriosa sin utilizar sus poderes mutantes. No obstante, se da cuenta de que ese trabajo no es para ella y lo abandona.

 

El número 36 está escrito por Linda Grant, cuya labor en Marvel por entonces era principalmente de editora pero que también hizo pinitos de guionista en títulos como “Caballero Luna”, “Star Wars” o “Dazzler”. El dibujo corre a cargo otra vez de Geoff Isherwood. En esta ocasión, la historia es una versión del clásico “El Fantasma de la Ópera”, siendo el villano un tal Andrajoso, que espanta a las mujeres que contrata un club en el que solía cantar una antigua amante suya. El nº 37 es una historia de casas encantadas guionizada por Bob DeNatale y dibujado por Tom Morgan (su primer trabajo para la editorial) y Danny Bulanadi. 

 

La decadencia de la colección era patente. La dirección impresa por Shooter, alejando a Alison del mundo de la música, abandonando el melodrama costumbrista y victimizándola como mutante, se demostró errónea. Ya había suficiente angustia existencial en los cada vez más numerosos títulos mutantes como para ahondar más en el tema. El baile de guionistas y dibujantes y la sucesión de tres números irrelevantes que no aportaban nada al desarrollo del personaje, hacía presagiar un próximo cierre.

 

Hubo un último intento de revitalización a partir del número 38 (julio 85), donde debuta un nuevo equipo creativo compuesto por Archie Goodwin en los guiones y Paul Chadwick y Jackson Guice en el dibujo, con seguridad el mejor duó gráfico que había pasado por la colección hasta ese momento. Chadwick había llamado la atención de Goodwin cuando, siendo éste editor del sello Epic, le hizo llegar su primera propuesta para lo que un día sería “Concrete”. Un año después, en la San Diego Comic-Con, le mostró lo que estaba realizando para Pacific Comics y Goodwin puedo apreciar su evolución positiva. Así que cuando Marvel encargó a Goodwin la reformulación de Dazzler, éste decidió darle la oportunidad a ese joven talento, que así tuvo su primer encargo en esta editorial.

 

El cambio se evidencia claramente ya en el propio logo de la portada. También Dazzler viste un nuevo uniforme inspirado en el aerobic pero que la acerca más al comic de superhéroes convencional. En un claro intento de conseguir apoyo de nuevos lectores, en el primer número de esta nueva etapa se requiere la presencia de los X-Men, los personajes más famosos de Marvel en aquellos años. Alison trata de unirse a sus filas pero, aunque incluso Pícara (que ya llevaba un tiempo integrada en el grupo) opina a favor, Lobezno se opone por no considerarla una profesional a la altura de los desafíos que deben afrontar. Así que Alison propone zanjar el asunto con una prueba final fuera de los trucos de la sala de peligro: Lobezno y Coloso la perseguirán por California tratando de atraparla y enzarzándose en una violenta batalla que detendrá Cíclope declarando a Dazzler digna de unirse a los X-Men, si bien ella decide finalmente seguir su camino en solitario. En este número se presenta también al cazador de recompensas O.Z. y su mastín Cerberus, que en el futuro serán fuente de problemas para la protagonista.

 

El siguiente adversario de Dazzler fue Deathgrip, un hombre cuya hija estaba sumida en un estado catatónico tras verla actuar en directo. Amargado, culpa a la cantante y se fabrica un traje lleno de armas con el que hacerle frente. El intenso combate que sigue saca a su hija de la catatonia… sólo para hacerle caer a él en el mismo estado. También nos enteramos de que O.Z ha sido contratado para capturarla, cosa que consigue al término de este episodio. Gráficamente, destaca la nueva representación gráfica de los poderes de Dazzler, obra de Paul Chadwick, que trató de escapar del aburrido rayo de luz utilizando repeticiones de formas geométricas o círculos.

 

El nº 40 (noviembre 85) forma parte del absurdo e innecesario evento “Secret Wars II” y, de hecho, su trama deriva de uno de los números de la miniserie principal. En un bar de carretera, O.Z. es atacado por unos moteros que andan buscando a Dazzler. Inicialmente, ambos dan buena cuenta del trío de macarras, pero cuando resultan tener unos extraños poderes que podrían invertir el resultado, es necesaria la intervención del Todopoderoso para zanjar el asunto.

 

Resulta que esos matones formaban parte de un experimento gubernamental dirigido por Polvo y Silencio, líderes de una suerte de secta con paralelos en la Cienciología. El primero puede pasar de cuerpo a cuerpo, si bien en el proceso destruye su anterior anfitrión; la segunda tiene poderes psíquicos. Y ambos quieren a Dazzler dado que sus poderes mutantes pueden despertar las habilidades que han desarrollado en sus seguidores a través de drogas y experimentos biológicos. Mientras tanto, O.Z. cree que las cosas están escapando a su control y entrega a Alison a su cliente, que resulta ser su padre… o eso parece, porque cuando ella se marcha con él de buen grado, el cazarrecompensas descubre un cuerpo pulverizado en la habitación del juez: ha sido poseído por Polvo. O.Z. y Dazzler lo derrotan, pero Silencio jura venganza, el cuerpo del padre queda a medio destruir y, para colmo, Alison se entera de que también tienen cautiva a su madre.

 

Lo que nos lleva al último número de la colección, el 42 (marzo 86). Para entonces, el equipo creativo ya estaba cerca de la meta que se había fijado, así que la cancelación no les supuso una gran decepción. Chadwick ya estaba listo para dedicarse en exclusiva a su creación, Concrete, que empezaría a aparecer en la editorial Dark Horse solo unos pocos meses después. De haber tenido más éxito esta colección (algo improbable a la vista de la deriva que seguía), quizá Concrete no habría nacido. De hecho, le ofrecieron dibujar “Los Nuevos Mutantes”, pero esa misma semana se casaba y marchaba de luna de miel, así que hubo de rechazar la oferta.

 

Alison, como su madre, ha sido capturada por Silencio, que la usa para activar los poderes de sus seguidores. Uno de ellos, sin embargo, se vuelve contra su creadora une fuerzas con Dazzler, O.Z y la Bestia (que han irrumpido en el complejo de la secta). En la refriega, Alison parece morir tiroteada, pero no es más que un truco que le va a permitir escapar de la fama y comenzar una nueva vida. En la última viñeta, tras despedirse de su madre y de O.Z., se marcha con la Bestia hablando sobre la posibilidad de unirse a Factor-X.

 

Por cierto, si alguien tiene la impresión de que hay algo raro en la portada de este último número, tiene toda la razón. El editor le dio la oportunidad a Chadwick de dibujar en solitario su primera portada para Marvel. La idea que le sugirió Goodwin, con O.Z. sosteniendo el cuerpo muerto de Dazzler y mirando al lector acusadoramente (al fin y al cabo, ¿no había sido la falta de apoyo de los fans la causa de la muerte de la colección?) era potente y Chadwick la compuso y ejecutó a la perfección. Pero he aquí que alguien en la editorial pensó que cómo era posible que en ese comic apareciera un mutante, la Bestia, y a nadie se le hubiera ocurrido colocarlo en portada. Y así, cogieron al vuelo a Bill Sienkiewicz mientras estaba de visita en las oficinas y le hicieron añadir a la Bestia con su estilo algo tosco, que contrastaba negativamente con las serenas figuras dibujadas por Chadwick con su fino trazo. 

 

Así, en este punto no sólo se cierra la etapa de Goodwin, Chadwick y Guice en “Dazzler”, sino la del propio personaje. Su trayectoria posterior estaría ya ligada durante mucho tiempo a la franquicia mutante. Después de aparecer como invitada en títulos como “Los Nuevos Mutantes” o “Los Vengadores”, fue aceptada como miembro de los X-Men en el número 214 (febrero 87) de su propia colección. Posteriormente, se integraría en otros grupos, pero eso ya es otra historia, más larga y quizá menos interesante.

 

Hay muchas razones por las que se puede calificar a “Dazzler” de comic mediocre: diálogos torpes, tramas inverosímiles, dibujo poco inspirado… Pero también ofreció razones para ser tenido en cuenta. Aunque tuvo mayor recorrido que la mayoría de colecciones protagonizadas por superheroínas y de que no se trataba de una versión femenina de otro personaje (como el caso de Hulka o Ms Marvel, por ejemplo), no goza de demasiado reconocimiento en la actualidad. Y ello a pesar de que la premisa no sólo era bastante original en su día, sino que, a la luz de la futura evolución que experimentaría el género, fue incluso clarividente: Alison Blaire era una mujer sin interés en utilizar sus poderes para luchar contra el crimen y que sólo trataba de perseguir su sueño. Cuando tenía que combatir contra alguna amenaza lo hacía a regañadientes para salvar a algún amigo o inocente, no solía vestir con su uniforme (que, de hecho, era el traje con el que actuaba. Fuera del escenario, nunca lo llevaba) y, más que a la acción, se dio importancia al melodrama sentimental y costumbrista. Quizá “Dazzler” no sea un comic que vaya a pasar a la historia por su calidad, pero sí que merece la pena ser sacado del olvido.

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