Para muchos aficionados, el renacimiento de Alan Moore comenzó en 1999, cuando, bajo el sello Wildstorm, lanzó los títulos de la línea “America´s Best Comics” (ABC) tras haber pasado buena parte de esa década guionizando colecciones no demasiado interesantes para Image (con la excepción de sus “WildC.A.T.s”). Es posible que, de entre todos los comics de ese nuevo sello, “Top Ten” se cuente entre los más recomendables. “Tom Strong” es comic puro de aventuras y muy entretenido; “Tomorrow Stories” es algo irregular en calidad; “Promethea” es Moore tratando de demostrar que es más culto e inteligente que todos los demás; y “La Liga de los Extraordinarios Caballeros” acabó estando menos centrada en la historia que contaba que en la cantidad de cameos y referencias que podía insertar en la misma.
Pero la miniserie de doce números “Top 10”, consigue ese
punto justo de sabor por el que Moore es tan apreciado. Parece más relevante
que “Tom Strong” o “Tomorrow Stories”, menos pedante que “Promethea” y menos
dependiente de los guiños y homenajes que “La Liga”. Moore escoge un subgénero
mundano –un procedimental policiaco- y lo sumerge en lo fantástico, pasándolo por
el filtro de su gran imaginación sin perder en el proceso el sentido de lo
realista ni la coherencia. Es también un tebeo humanista, inteligente sin
pavonearse y más divertido de lo que a primera vista pudiera parecer. Moore,
aunque no lo suele mostrar en su trabajo, tiene un gran sentido del humor y
“Top 10” es un buen ejemplo de ello.
Neópolis es una ciudad en la que todos sus habitantes
tienen algún tipo de superpoder. Es básicamente un gueto en el que las
autoridades colocaron a todo aquél con capacidades sobrehumanas para que no
acabaran destruyendo el resto del país, si bien este es un aspecto que Moore,
acertadamente, no sitúa en el centro de la historia. No fueron pocos los que han
apuntado a las similitudes con “Astro City” (1995), sobre todo por la
aproximación “realista”, de hombre de la calle, que también adopta Moore. Pero,
en primer lugar, Astro City era una ciudad “con” superhéroes, mientras que
Neópolis lo es “de” superseres; y, por otra parte, el enfoque elegido por Moore
ha sido el habitual a lo largo de toda su carrera y no le ha hecho falta
“plagiar” o “inspirarse” en ninguna obra ajena.
Lo que sitúa a “Top 10” por encima de muchos otros comics
del género superheroico es que aquí no existe una diferenciación entre
superhéroes y supervillanos por un lado y población civil por otro. Todo el
mundo tiene superpoderes pero no todo el mundo es un superhéroe o un
supervillano. Digamos que, a su manera, son ciudadanos corrientes. Los hay
respetuosos con la ley y sus semejantes, y los hay que cruzan la línea del
crimen más o menos a menudo. Así que se hace necesaria una fuerza policial. Y
eso es lo que nos presenta Moore: una especie de “Canción Triste de Hill
Street” (serie televisiva cuya influencia admitió el propio guionista) pero
protagonizada por policías actuando en una ciudad donde todo el mundo tiene
superpoderes, incluidos ellos. Estos policías, además de con los peligros
propios de su oficio han de lidiar con la burocracia, sospechosos que no
confiesan, abogados rapaces y chismorreos de oficina junto a sus propios
problemas personales y familiares. Los policías de la Comisaría 10 (en cada
dimensión hay una Neópolis alternativa con una comisaría semejante que lleva
otro número) salen a la calle todos los días para seguir pistas de los casos de
los que se ocupan, tratan de establecer conexiones entre hechos, encontrar
sospechosos, interrogarlos, perseguir a los culpables para arrestarlos y
sobrevivir a todo ello. Moore siempre ha sido muy hábil a la hora de crear
cotidianeidad a partir de lo fantástico y ese contraste entre todos estos
personajes dotados de poderes sorprendentes y el tedio ocasional por el que
discurren sus vidas le proporciona a la colección tensión y humor. Es, en
definitiva, una premisa de partida muy interesante.
Moore también presenta una oficial de policía novata, Robyn “Toybox” Slinger, que va actuar como enlace entre el espectador y ese mundo fantástico. Se trata de una figura que siempre funciona bien en este tipo de narraciones y, nominalmente, Robyn es la protagonista principal del comic (aunque hay multitud de personajes, ella será siempre la que intervendrá, a veces de forma crucial, en uno u otro caso). Recién salida de la Academia, en su primer día se le asigna como compañero a Jeff Smax, un gigantón azul, hosco y taciturno que, como se descubrirá más adelante, tiene su propia e interesante vida interior con más sentimientos de los que está dispuesto a admitir.
Acompañando a Robyn en estas historias, Moore crea docenas
de personajes, todos ellos fascinantes. Siempre ha tenido talento para imaginar
personajes interesantes de la nada y perfilarlos con cuatro trazos y, gracias a
la premisa del comic –a saber, que los policías son, al fin y al cabo, trabajadores
“corrientes”- tenemos oportunidad de verlos en todo tipo de situaciones cotidianas,
lo que le permite a Moore esquiva esos melodramáticos diálogos de superhéroes a
menudo tan estirados e irreales.
La historia que se extiende a lo largo de los doce números
de que consta la maxiserie (dejando aparte spin-offs ) transcurre a lo largo de
unas cuantas semanas de octubre de 1999 y Moore narra prácticamente hora a hora
lo que va ocurriendo. Esto significa que la policía no siempre está ocupada en
casos emocionantes. Obviamente, algunos de ellos lo son (el primer asesinato es
parte de un asunto bastante enrevesado que abarca varias dimensiones y que no
se resuelve hasta el décimo episodio, momento en el que, entonces sí, tenemos
la gran batalla entre superhéroes y supervillanos) pero en otras ocasiones los
personajes tienen que enfrentarse a situaciones más, digamos, “convencionales”,
como una infestación de ratones inteligentes en la casa de la madre del oficial
Duane Bodine (situación que empeora hasta niveles verdaderamente surrealistas e
hilarantes y que Moore aprovecha para insertar una parodia de los macroeventos
Marvel y DC); los cuidados que requiere el padre de Robyn, que aunque hoy
padece Alzheimer en el pasado fue oficial de policía (aparece en la novela
gráfica derivada “The Forty-Niners”, sobre los primeros días de Neópolis.
También el capitán Traynor, hoy al cargo de la Comisaría 10, fue un conocido
policía en aquella época).
Los casos que investigan los detectives de la Comisaría 10, ya lo he comentado, son típicos casos policiales con el matiz de que en ellos intervienen superpoderes. La primera llamada que reciben Robyn y Smax, por ejemplo, es para denunciar un caso de violencia doméstica relacionado con un individuo que puede estirar su cuerpo, lo cual es muy útil si quieres estrangular a tu cónyuge. El primer asesinato, de un tipo vestido de cowboy, es el que tantos números costará resolver pero es al principio de esa investigación cuando una de las policías, Sinestesia Jackson, utiliza sus poderes (la sinestesia es la interpretación de las señales recibidas por un órgano sensorial como provenientes de otro, por ejemplo, escuchar un sonido y ver colores) para hallar una pista relevante.
Al comienzo de la serie, la policía ya se halla inmersa en
el caso Libra, un asesino en serie que actúa los meses de octubre y que lleva
atemorizando a la ciudad varios años. Libra asesina a prostitutas y vagabundos
y su identidad es otro giro sorpresa de la historia dado que alguien como él sólo
podría existir en este tipo de universo. Por otra parte, hay alguien que se
dedica a manosear los traseros de las mujeres por toda la ciudad y que resulta
ser un “fantasma”, algo con todo el sentido en una ciudad como Neópolis. Smax
arresta a una pequeña criatura similar a Godzilla que resulta tener un padre de
colosales dimensiones que amenaza con destruirlo todo si no se libera a su
hijo. Hay un poderoso psicokinético que se cree Santa Claus y al que la policía
le cuesta detener dados sus poderes. También tratan de resolver el asesinato de
un dios nórdico, Baldur, en lo quizá sea el episodio más divertido de la serie.
Incluso los accidentes de tráfico son extraños: uno de ellos ocurre cuando dos
“voladores” se teleportan al mismo lugar al mismo tiempo, con resultados
predeciblemente trágicos. Pero incluso en situaciones tan grotescas y
fantásticas como esa, Moore no pierde el foco en lo mundano: ese accidente es
solo eso, un accidente ante el que hay que seguir el protocolo establecido. También
hay en la ciudad una red pornográfica o drogas potentes. Moore hace un buen
trabajo conectando algunos de los casos o dejando pistas que permitan avanzar
la investigación…
En general, lo que nos ofrece “Top 10” es un buen tebeo de
policías. Los superpoderes son, al final, tan sólo un aderezo. Moore es tan
buen guionista, tiene tanta imaginación y experiencia que puede escribir
superhéroes mientras se echa una siesta pero en “Top 10” los utiliza como mera
distracción. Son la parte extravagante, incluso divertida de la historia –Moore
es capaz de imaginar poderes verdaderamente extraños- pero no interfieren en lo
que al guionista verdaderamente le importa, que es describir una sociedad y
cómo funciona. Moore siempre ha sido uno de los autores con mayor conciencia
social del medio y en este comic examina el mundo de Neopolis –y más allá-
poblándolo con personajes muy verosímiles –dejando aparte sus poderes, claro-
que tienen problemas reales. Aunque Neopolis no sea sólo el culmen de la
modernidad sino también del futurismo, sus habitantes siguen siendo gente
corriente y la forma en que reaccionan ante determinadas situaciones o se
relacionan con el prójimo constituyen el auténtico núcleo y tensión del comic.
Moore está fascinado –algunos dirían que hasta obsesionado-
con la sexualidad y cómo la vivimos, así que ya en el primer número nos
presenta a Jackie Kowalski, una lesbiana que se insinúa levemente a una reacia
Robyn. A los hombres de la comisaría, en general, les fastidia que Jackie sea
gay (es bastante atractiva), pero al menos ella no esconde sus gustos. En
cambio, Steve “Jetman” Traynor, el capitán de la comisaría, que también es gay,
oculta su condición (no es que esté “en el armario” exactamente dado que vive
desde hace mucho tiempo con su pareja, pero está claro que sus subordinados no
lo saben). Una de las subtramas tiene que ver con la utilización como
sirvientes sexuales de los tradicionales sidekicks juveniles de los superhéroes
veteranos.
Es interesante que Moore se sintiera impulsado a escribir sobre estos temas en el cambio de siglo, interpretando acertadamente que seguía existiendo un estigma social en lo relativo a la homosexualidad masculina, como es el caso de Traynor. En cambio, el lesbianismo de Jackie se tolera, posiblemente porque es una mujer atractiva con la que los hombres pueden fantasear. Moore añade otra capa de ironía a la situación porque Traynor, tras descubrirse el caso de los sidekicks víctimas de abusos sexuales en el presente, recuerda a su pareja que cuando empezaron su relación ellos tenían 16 y 24 años respectivamente. Como de costumbre en Moore, no hay respuestas fáciles a los dilemas que plantea.
La sexualidad no es el único tema relevante que Moore
introduce en “Top 10”. También examina los prejuicios sociales. Ya desde el
principio, deja claro que en Neopolis el prejuicio contra los robots
inteligentes está muy presente incluso entre algunos policías. Esto aflora
trágicamente a la superficie cuando en el número 10 uno de los agentes muere en
acto de servicio y es reemplazado por un androide (parecido a los robots
japoneses de Go Nagai) que demuestra no sólo tener sentido del humor sino ser
insultantemente eficaz, lo que le vale la ojeriza de alguno de sus compañeros.
En el curso de una investigación, uno de los policías
llamado Rey Pavo Real, ha de viajar a la dimensión principal siguiendo una
pista. Es un lugar en el que el Imperio Romano siguió siendo la potencia
mundial y la gente es tremendamente racista, lo cual le genera un problema puesto
que él es negro (o “nubio”, como insisten en denominarle despectivamente). Y el
marido de Irma Wornow, una de las policías, está en paro porque es precognitivo
y existen leyes que les vetan a estos individuos el desempeño de muchos
trabajos. Este prejuicio codificado es otro aspecto interesante de la vida en
Neopolis, un lugar cuya maravillosa tecnología no ha conseguido diluir los
defectos humanos. Incluso el abogado de Libra argumenta que los asesinatos
obedecen a una predisposición genética de su cliente y que la policía está
demasiado influida por sus prejuicios para verlo. Por cierto, que Moore se permite
darle un toque paródico a la situación al representar a un abogado (no el de
Libra) como, literalmente, un hombre tiburón. Aunque desconozco si Moore siente
alguna animosidad personal contra esa profesión, imagino que sus tiras y
aflojas con DC a lo largo de los años no han contribuido a que la tenga en gran
estima.
Naturalmente, dado que se trata de un comic de Alan Moore,
las historias no son solo comentario social porque, como decía, él puede
escribir historias de superhumanos como nadie. Aquí, imagina cómo
interactuarían esos seres en un mundo con problemas y desafíos reales que el
lector puede entender, lo que hace de los argumentos algo mucho más interesante
que el material superheroico convencional. ¿Qué sucedería si los Estados Unidos
hubieran ofrecido santuario a los científicos nazis tras la Segunda Guerra
Mundial a cambio de que ayudaran a construir Neopolis? ¿Por qué un determinado
policía decidiría no llevar ropa encima y qué problemas le acarrearía eso con
su jefe? ¿Qué alteraciones causaría en una ciudad llena de superseres una
enfermedad de transmisión sexual o una droga muy potente? ¿Cómo resolverían su
conflicto unos ratones y gatos superpoderosos? ¿Cómo se investiga un asesinato
en el que se halla involucrada una deidad?... Moore se toma su tiempo para
reflexionar cómo respondería la gente a situaciones como estas, pero siempre
siendo fiel a la esencia y carácter de cada personaje. Por eso, todo el mundo
en “Top 10” se toma las cosas de manera algo diferente a los demás, haciendo de
este comic un producto mucho más diverso y animado que la narrativa tradicional
de superhéroes, donde los personajes suelen actuar no de acuerdo a sus
personalidades sino a como mejor convenga a la trama.
Imagino que, a pesar de los desencuentros que a lo largo de
los años ha tenido Moore con algunos de los dibujantes con los que ha
colaborado, muchísimos artistas querrían trabajar con él. Y es que la
imaginación del británico siempre brinda oportunidades gráficas para brillar. En
este caso, los elegidos fueron Gene Ha y Zander Cannon (este último aparece
acreditado como dibujante principal en los cinco primeros episodios y como
abocetista en el resto, pero es probable que hiciera esta última tarea en toda
la serie). El estilo de Ha, angular y detallista, casa perfectamente con la
arquitectura futurista de Neopolis. Moore tiene la reputación de ser
extremadamente meticuloso y detallista en sus guiones, así que imagino que
mucho de lo que Ha dibuja proviene de aquél, pero, aún así, realiza una labor
espectacular diseñando cientos de personajes perfectamente diferenciados entre
sí.
La primera página de la serie es un buen ejemplo de esto. Robyn está sentada en el vagón del tren, de camino a su primer día en la comisaría; y no se mueve de su asiento en todo el trayecto, con gente entrando y saliendo del vagón en cada una de las cuatro viñetas de que consta la plancha. Ha cambia la postura de sus piernas en cada viñeta para mostrar cómo la joven ajusta su cuerpo para aliviar el cansancio de lo que suponemos un trayecto largo, pero aparte de eso, ella no se mueve. Los pasajeros fluyen a su alrededor, algunos llevando disfraces, otros no, algunos en buena forma física, otros demasiado corpulentos o esmirriados, pero siempre dibujados con detalle.
Ha refleja bien la camaradería reinante entre los policías,
algo que Moore describe con sus palabras pero que es más difícil traducir
gráficamente en, por ejemplo, las expresiones faciales de los personajes. El
artista, no obstante, muestra que en la comisaría pueden no ser todos amigos,
pero sí saben trabajar y bromear juntos. Incluso personajes relativamente
menores como Janus, la telefonista de dos caras de la comisaría, transmiten
vida y emoción. Ha no sólo tiene que crear cientos de personajes y figurantes
sino exprimir su creatividad en lo que se refiere a vestuario y poderes. A
Moore le encanta incorporar personajes y detalles (como los anuncios
publicitarios o los grafitti) que no desempeñan papel alguno en la narración y
Ha tiene que encontrar la forma de integrarlos de manera natural en las viñetas
correspondientes. El gusto de Moore por incorporar personajes de la cultura
popular en los fondos no es aquí tan evidente como en “La Liga de los Extraordinarios
Caballeros” pero aún así, si el lector se fija bien, podrá distinguir a Marvin
el Marciano, Asterix y Obélix, Flash, personajes de “Los Autos Locos”,
Rocketeer, Bat-mito, Spock o Ulyses 31 por nombrar sólo unos pocos.
Por si esto no fuera ya suficiente, Ha plasma a la
perfección en sus viñetas la maravilla de Neopolis sin olvidar que es una
ciudad muy grande y que, además de rascacielos de cristal y panorámicas
futuristas que dejan sin aliento, también tiene barrios degradados y poco
recomendables. Cuando tiene que dibujar algo auténticamente horrible, también
está a la altura, como las escenas de caza de un monstruo por las alcantarillas.
Su línea fina y atención al detalle le permiten insuflar auténtica vida a lo
que Moore imagina. Esta meticulosidad hizo que la publicación del comic se
dilatara más de lo debido (doce números en dos años, aunque desconozco si Moore
también jugó algún papel en ello), pero la espera mereció la pena.
Moore cerró todas las subtramas de “Top 10” en la propia maxiserie así que no estoy muy seguro si ello fue por voluntad propia o ateniéndose a directrices editoriales. Pero, en cualquier caso, es un comic que se puede leer de forma completamente autónoma. Obviamente, los personajes podían protagonizar muchas otras historias (de hecho, como mencioné, hubo un par de spin-offs: una miniserie cómica sobre Smax en 2003; y una novela gráfica, “The Forty-Niners”, de 2005, ambientada en el pasado de Neópolis), pero Moore hace un buen trabajo terminando las historias como y cuando era conveniente.
En su momento, cuando salió en forma de comic-books individuales, “Top 10” fue una obra difícil de leer habida cuenta de los densos guiones de Moore y el tiempo que pasaba entre la aparición de un número y otro. Hoy, que ya se puede conseguir en un tomo recopilatorio, es una lectura absolutamente satisfactoria, un comic bien escrito y dibujado en el que además de la desbordante imaginación, perfecta caracterización y meticulosa planificación por los que es famoso Alan Moore, encontramos más humor del que suele demostrar en sus comics. Una mezcla de drama, thriller y culebrón policiaco con un aderezo de superpoderes y ciencia ficción que, como es habitual en el guionista británico, llama a más de una lectura para poder absorber todo lo que en él se cuenta.
Coincido en el cariño por Top Ten. Es uno de mis tebeos favoritos de Moore por lo bien escrito que está y la carga emocional que pone en cada uno de los personajes, todos imprescindibles y perfectamente caracterizados hasta en los secundarios. Además, es divertidísimo y uno puede pasarse literalmente horas encontrando todos los chistes que hay ocultos en sus páginas. The Forty-Niners me parece también una serie tan recomendable como la serie madre. Smax, también, pero no tanto. En artículos tan expansivos como los tuyos es difícil meter cuchara y uno debe limitarse a leer y asentir con la cabeza. De todos modos, me gustaría añadir algo que esperaba que anotaras en este. El emocionante final del capítulo ocho, el del accidente de tráfico, sería después calcado para el final de la primera temporada de la magistral serie de televisión True Detective, hecho que los propios realizadores reconocieron. Y es un momento igualmente emocionante y reflexivo.
ResponderEliminarSi, tienes razón. Ese capítulo es excelente. La verdad es q bien podría haber comentado capítulo a capítulo, pero se me hubiera hecho algo largo...
EliminarEs un cómic genial.
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